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lunes, 16 de diciembre de 2019

LA VOZ AUSENTE DE ENRIQUE LEYTON: RECUERDOS DE LA ORQUESTA DE CIEGOS Y DE TODO UN PERSONAJE DEL PASEO AHUMADA

El cantante de Ahumada, en mayo de 1991. Fotografía del archivo Fortín Mapocho.
Coordenadas: 33°26'20.6"S 70°39'03.4"W (entrada del Pasaje Matte)
Cada mañana, en la entrada del Pasaje Matte por el lado de Ahumada llegando a la Plaza de Armas, al centro de la cuadra, la corpulenta figura de don Enrique Leyton llegaba con su guitarra, su bastón y una pequeña banquita guardada para él por manos amigas del sector, llenando de música y de hermosa voz aquel sector céntrico y comercial de Santiago. Su presencia era tan habitual, que hasta parecía que nunca iba a desaparecer de allí aquella música y vozarrón inconfundibles, en el acceso del Pasaje Matte, casi en el corazón de la capital chilena.
Don Enrique vivía los descuentos de una vida artística, sin embargo, arrastrando con su macizo volumen y sus talentos una de las historias más pintorescas de la historia bohemia nacional: el capítulo perdido de La Orquesta de Ciegos y sus jornadas en el alguna vez célebre boliche "El Rey de las Papas Fritas", que estuvo ubicado en la esquina de calle Morandé 610 con Santo Domingo, en un local hoy desaparecido y reemplazado por una sosa torre residencial, del que ya hemos hablado antes en este sitio.
Apodado "El Rey" por sus concurrentes, el bar, café y restaurante de don Ernesto Pizarro llegó a ser un querido centro de entretención y encuentros para las románticas formas que asumían por entonces las bohemias capitalinas diurna y nocturna, al alero de ese nombre que jamás ha sido olvidado por sus comensales sobrevivientes, pero sí por el conocimiento popular de los santiaguinos en general. Cada una de sus jornadas era animada por las canciones del Conjunto Forestal, que fue más conocido La Orquesta de Ciegos, una banda musical compuesta exclusivamente de integrantes no videntes, con la voz implacable y portentosa de Leyton al micrófono.
El nombre del boliche donde despegó este cantarín personaje, se debía a la actividad original que dio prosperidad a sus dueños y que se mantuvo en el singular sitio, convirtiéndose con el tiempo en centro de eventos y ofreciendo una cocina algo más sofisticada, con los espectáculos en vivo. Por su popularidad y por sus presentaciones ofrecidas por aquellos músicos ciegos y otros artistas que pasaban por su escenario, se sugería ir a visitarlo a los viajeros extranjeros más temerarios y tentados con la idea de conocer el Santiago profano pero auténtico, pues el local también tenía su fama de bravo.

sábado, 14 de diciembre de 2019

ENRIQUE VENTURINO SOTO: LA VIDA DEL "CÓNDOR" DE LOS ESPECTÁCULOS CHILENOS

Don Enrique "Cóndor" Venturino, célebre dueño del Circo de las Águilas Humanas y del Teatro Caupolicán. Fue el fundador del Teatro Balmaceda, además de un hombre importantísimo en el desarrollo del espectáculo circense chileno y del show revisteril. Imagen de los archivos de la Biblioteca Nacional.
Coordenadas: 33°27'22.5"S 70°38'58.1"W (Teatro Caupolicán)
Don Enrique "Cóndor" Venturino Soto fue, junto con colegas como Humberto "Negro" Tobar,  Ernesto Sottolichio, Buddy Day, Carlos Cariola y José "Padrino" Aravena, entre varios otros, parte de la médula en la camada de empresarios nocturnos de mayor influencia para el Santiago bohemio y candilejero del siglo XX, dejando tras ellos varias huellas imborrables en la memoria más profunda del espectáculo nacional. Eran viñas en las que Venturino gobernó como un verdadero Rey Midas, además, logrando una reputación y una admiración generalizadas en el ambiente.
Venturino fue reconocido como uno de los maestros de la entretención adulta, el mejor empresario del medio revisteril y espectacular de todos los tiempos. También había sido socio ocasional de Tobar en la propiedad de conocidos centros como los clubes santiaguinos "Tap Room" y el famoso cabaret "Zeppelin" de calle Bandera, participando así entre los forjadores de todo este ambiente de entretención asociado a la época, a partir de los años veinte o treinta. Y con nutrida razón, se ha dicho que este empresario oriundo del Norte Grande fue capaz de sellar con el lacre rubí del éxito prácticamente todo cuanto se propuso ofrecerle al público: boxeo, teatro, cine, boîte, espectáculos circenses de prestigio internacional y las famosas luchas libres de Cachacascán.
En su entretenido trabajo de memorias "Buenas noches, Santiago...!", el insigne periodista de espectáculos Osvaldo Muñoz Romero, más conocido por su pseudónimo Rakatán, también dedica parte del libro al recuerdo del mítico industrial de las artes escénicas:
"Alto, macizo, campechano, francote, sabía decir las cosas por su nombre. Era un trabajador infatigable. Él mismo se encargaba de la publicidad de su teatro el ‘Caupolicán’. Tuvo dos hijos que siguieron sus aguas: Sergio, que trabajó en Venezuela, y Hugo, que se encargó de los circos que recorrieron todo el territorio y también a algunos países de América".

viernes, 13 de diciembre de 2019

ESTACIÓN MAPOCHO: UN LARGO CAPÍTULO EN LA HISTORIA DE LA CAPITAL CHILENA

El imponente edificio de la Estación Mapocho en imagen del archivo Chilectra. Fotografía fechada en mayo de 1920. Un carro de la Línea Nº 11 Providencia se desplaza junto a la Plaza Venezuela.
Coordenadas: 33°25'55.8"S 70°39'16.6"W
Nos parece un hecho casi incontestable: el edificio que fuera de la Estación Mapocho, hoy centro cultural y principal referente arquitectónico del sector, debe ser el principal flujo de identidad local en el actual barrio Mapocho de Santiago, superando con su presencia incluso a las otras grandes y más antiguas unidades urbanas o de actividad social en aquellas cuadras, como el cercano Mercado Central, el Mercado de La Vega al otro lado del río y los puentes históricos en el mismo.
A lo largo de la historia de Santiago, este barrio ha tenido varias vidas. Sin embargo, parece haber consolidado su rasgo recién con la construcción de la estación de trenes, recién pasado el Primer Centenario, con la formidable estructura de decoración recargada que también está erigida sobre espacios arrebatados al río durante su canalización, iniciada en los tiempos del Presidente José Manuel Balmaceda. Toda la hotelería, el comercio "moderno" y la intensa bohemia de estas calles en el pasado, se construyeron alrededor de aquella entidad que le daba al lugar un indiscutible rasgo portuario.
Calles y cuadras adyacentes a la terminal ferroviaria, además, se unificaron en lo que se asoció al barrio de la Estación Mapocho propiamente dicho, alcanzando a cubrir otros referentes vecinos como la ex Cárcel Pública, el Parque Centenario (hoy Parque de los Reyes), el edificio del Bristol Hotel y la Plaza Venezuela, entre varios hitos del entorno. Fue un golpe de modernidad tremendo en el lugar, sin duda, que alteró en muchos aspectos y grados este preciso lado de la ciudad de Santiago, otorgándole características que aún lo definen como barrio a pesar de los inevitables cambios.
Por su parte, la avenida Presidente Balmaceda abierta hacia 1927-1928 y pasando exactamente al lado del edificio de la estación, al ser aún conocida por algunos imprecisamente como Mapocho (nombre dado antes a toda la avenida que por acá contorneaba el río), parece haber sido de primaria importancia también para la toponimia de lo que popularmente identificamos como este barrio, en un efecto nominal parecido al de calle Bellavista sobre el grupo de cuadras del mismo nombre y cuya arteria matriz principal es, en realidad, calle Pío Nono en casi toda su longitud.

lunes, 9 de diciembre de 2019

UN DISCURSO FUNERARIO PARA LA CASONA DEL ESCUDO EN ÑUÑOA

Coordenadas: 33°27'02.5"S 70°35'46.3"W
El inmueble ubicado en el encuentro de calle Campoamor con avenida Holanda en Ñuñoa, esa misteriosa e inconfundible casona con el Escudo de Armas de Santiago en su fachada, probablemente era el último representante de la generación de suntuosas viviendas antiguas remontadas al origen urbano de este punto específico en el barrio del empalme de ambas vías. Desde los años ochenta, sin embargo, el cambio del barrio había sido notorio, por el reemplazo de las viejas residencias por colmenas de edificios residenciales.
Este año 2019 que ya se va, arrastró con él también a aquel vestigio final, recuerdo de una importante fracción en la historia de la comuna. Será reemplazada por el respectivo edificio de departamentos como los que ya existen en el lugar, completando el nuevo rasgo que se ha apoderado del mismo barrio del señalado empalme, a pesar de que aún conserva la característica de las gratas arboledas que también lo caracterizan.
Para los vecinos, ha sido una tragedia lo que ha ocurrido en esa esquina, específicamente en la dirección de avenida Holanda 3483: perder un precioso inmueble de influencias neocoloniales en su exquisito eclecticismo de rasgos hispánico-andaluces y criollos. Ya no estará más allí esa fachada de dos pisos, con el blasón de armas de la capital chilena empotrado en su frontis, con preciosos balcones y rejas de vanos con forja antigua sin soldaduras ni piezas de encaje, hechas a puro arte de herreros.
La casa enfrentaba a la calle Holanda, pero el terreno construido se extendía largos metros por el lado de Campoamor, ocupando gran parte de la cuadra con algunos árboles en su interior. Era una residencia independiente, con sello propio y no pareada. Había algo lúdico en su diseño y el de sus piezas, además: una evocación casi romántica, acaso como de la literatura épica clásica, con elementos caballerescos en sus figuras de las protecciones inclusive.

viernes, 6 de diciembre de 2019

EL "HOMENAJE A LA NEUROCIRUGÍA" DE MARTA COLVIN

Fuente imagen base: Avanza Chile.
Coordenadas: 33°26'12.6"S 70°37'20.9"W
Es uno de los monumentos y símbolos institucionales más hermosos y característicos de todo Chile. Resulta imposible imaginarlo en otro contexto o, incluso, en alguna otra ubicación geográfica. De hecho, quienes nunca hayan estado en el Instituto de Neurocirugía de Santiago, probablemente reconocerán la obra escultórica gracias a todas las fotografías y despachos noticiosos en donde la inconfundible figura ha sido un icono determinante para identificar el complejo.
El Instituto de Neurocirugía "Dr. Alfonso Asenjo" se encuentra en avenida José Manuel Infante 553, en la comuna de Providencia y vecino a las dependencias del Hospital del Tórax, en el barrio sanitario de Salvador. Fue fundado en dependencias del Hospital Salvador el Instituto de Neurocirugía, en 1939 y bajo el Gobierno de Pedro Aguirre Cerda. A partir de 1950, ya en el Gobierno de Gabriel González Videla,  el Ministerio de Educación Pública lo transforma por decreto supremo en el Instituto de Neurocirugia e Investigaciones Cerebrales de Chile, independiente del Hospital Salvador, y procediendo a iniciarse las obras de construcción de sus propias dependencias en calle José Manuel Infante, a espaldas del Hospital Salvador.
El nuevo edificio, correspondiente a un complejo altamente moderno en los estándares de la época, fue inaugurado el 25 de abril de 1953, ya en el Gobierno de Carlos Ibáñez del Campo, tomando años más tarde el nombre de su principal fundador, el Dr. Asenjo, como un homenaje a su legado y a su rol precursor de la misma casa de salud. Además, el Instituto había pasado a ser dependiente de la Facultad de Medicina de dicha Universidad de Chile desde antes del traslado a sus nuevas dependencias.
En plenos trabajos de construcción del complejo, sin embargo, la eximia escultora chillaneja Marta Colvin Andrade (1907-1995) se haría cargo de un particular desafío: construir una obra que sirviera de imagen característica e identificadora para la noble institución, casi como su sello corporativo como resultó ser a la larga, concibiendo así la preciosa obra titulada "Homenaje a la Neurocirugía".

miércoles, 4 de diciembre de 2019

AUGUSTO ORREGO LUCO: EL MÉDICO CON TALENTOS DE BRUJO Y ARQUETIPO DEL "DOCTOR DEL PUEBLO"

El Dr. Orrego Luco en retrato fotográfico  de 1884, atesorada en la sección de fotografías de la Sala Medina, Biblioteca Nacional de Santiago. Fuente imagen: Biblioteca Nacional Digital.
Un importante antecedente "callejero" sobre la preocupación por la salud en la sociedad chilena lo representa el chileno Dr. Augusto Orrego Luco, prominente médico del siglo XIX, escritor, articulista, académico, hermano mayor del pintor y diplomático Alberto Orrego y del escritor y político Luis Orrego, el conocido autor de "Casa Grande".
Nacido en Valparaíso en 1849, Augusto Antonio Orrego Luco era hijo del empresario Antonio Orrego Garmendia, recordado por haber introducido la cera en el mercado chileno, y de doña Rosalía Luco León de la Barra. Todos sus primeros estudios tuvieron lugar en el puerto hasta que llega a Santiago a matricularse en el Instituto Nacional, donde funda un semanario junto a su amigo Luis Montt. Pasará desde allí a la Universidad de Chile en 1866, primero estudiando derecho.
Por alguna razón, el joven Augusto descubre sobre la marcha que las leyes no son los suyo, y decide cambiar su proa hacia la medicina. Su acaudalada familia lo complace, enviándolo a Europa para realizar aquellos estudios superiores. No obstante, y muy para su desgracia, malas decisiones económicas y problemas inesperados empobrecen rápidamente a su padre en ese mismo período, viéndose obligado a regresar a Santiago. Acá entrará a la Escuela de Medicina de la Universidad de Chile, pagándose con su esfuerzo la carrera. Para este objetivo, trabajaba como periodista en el diario "La Patria" de Valparaíso y luego "El Ferrocarril" de Santiago, además de hacer algunos aportes para la Academia de Bellas Artes.
Empero, justo en aquel entonces, una feroz epidemia de viruela atacaría al país poniendo a prueba las capacidades de la medicina chilena para enfrentar semejante calamidad. En respuesta, el 12 de junio de 1872 se crea la Junta Central de Lazaretos, comité integrado por Monseñor Ignacio Víctor Eyzaguirre, el Dr. José Joaquín Aguirre, José Manuel Guzmán, Valentín Marcoleta, Vicente Izquierdo, Matías Ovalle y Manuel Arriarán, como secretario este último, con la misión de tomar las decisiones necesarias para combatir la epidemia que asolaba a Santiago.

domingo, 1 de diciembre de 2019

BURDELES, NOCTÁMBULOS Y RUFIANES: CRÓNICA DEL EXTINTO BARRIO ROJO DE LOS CALLEJONES DE RICANTÉN

Calle Lira en 1962. Fuente imagen: sitio web del Liceo Confederación Suiza.
Coordenadas: 33°27'03.9"S 70°38'17.0"W
Hubo una época de los prostíbulos, mancebía y bohemia en Santiago que resulta inolvidable a quienes la vivieron: la epopeya del barrio Los Callejones, en Diez de Julio Huamachuco, hasta donde acudían con el pecho ardiente desde modestos folcloristas, tangueros y cuequeros pagados con cañas de vino, hasta prominentes hombres públicos que derramaron algunos de sus más grandes secretos en la memoria de aquellas cuadras.
Los Callejones parecen haber sido el primer barrio rojo moderno de la capital chilena, al menos en los términos que lo reconocemos ahora, además del más famoso. Este concepto va mucho más allá de ser sólo un concentración de prostíbulos y tugurios, por supuesto, aunque también ha quedado sumido en la tendencia a poetizar el recuerdo por parte de aquellos que lo conocieron y que hoy lo contemplan desde el observatorio de la nostalgia, no siempre muy objetivo. Lo cierto es que había en él elementos igualmente pintorescos o encantadores conviviendo con otros oscuros y problemáticos, que acabaron sobrepasando sus atracciones y condenándolo a desaparecer, finalmente.
Llamado también Barrio Ricantén, Callejones de Ricantén (Licantén en algunas versiones, por corrupción fonética) o, simplemente Barrio Callejones, correspondía a un cuadrante de viejas calles y cuadras estrechas distribuido entre las vías Diez de Julio Huamachuco, Dr. Brunner-Tocornal, Argomedo y Raulí-Portugal, llamadas Freire-Maestranza en esos años. La concentración de prostíbulos, bares "con niñas" y quintas de remolienda en esas pocas cuadras fue asombrosa, llegando a desbordar los límites del marco original expandiéndose así por casi todo este sector de Diez de Julio.
Al centro de este trazado estaba el corazón de los temidos callejones, entre Lira y Raulí por la calle Sucre, poco después llamada también Ricantén, cuando terminó de abrirse la vía y conectó con la de este nombre. En nuestros días, corresponde a Antonio Ricaurte, en homenaje al oficial independentista de las Provincias Unidas de Nueva Granada. Este último nombre, que aparecía ya en algunos planos de 1911, lo recuperó hacia 1952, pues parece que Ricantén fue una adaptación fonética del original Ricaurte, que afectó rápidamente en la denominación de la misma.