viernes, 20 de octubre de 2017

LA "CHICHA DURÁN": UNA QUINTA DE TINAJAS CENTENARIAS EN CURACAVÍ

Coordenadas: 33°24'39.67"S 71° 8'58.84"W
La famosa y clásica cueca titulada "Chicha de Curacaví", se ha vuelto una infaltable de las celebraciones del campo y de las Fiestas Patrias en el caso de grandes ciudades. Es una pieza del folklore muy antigua (aparece en la recopilación "Canciones populares chilenas" de Antonio Acevedo Hernández, en 1939), a pesar de que algunos atribuyen su posterior popularidad a figuras como Petronila Orellana, artista de la valiosa generación musical de Violeta Parra, Silvia Infantas y Margot Loyola.
"Chicha de Curacaví" ha sido tocada por grupos como "Los Chileneros", "Los Perlas", "Los Mantagüinos", "Los Huasos Quincheros", "El Dúo Rey-Sivla", "Los Bohemios de Rancagua", "Los Huasos de Algarrobal" y "Los Charros de Luchito y Rafael", entre muchos otros -muchísimos- que han ayudado a extender la fama de esta producción. Hace homenaje en sus versos a los rojizos elíxires de la uva, tan dulces y chispeantes, de dicha zona en la Provincia de Melipilla:
Chicha de Curacaví,
Chicha baya y curadora.
Chicha de Curacaví,
que ponís los pasos lentos.
Me he rendido a los sabores de esta maravilla. Además, un señor miembro del Instituto O'Higginiano, mi amigo don Fernando Corvalán, ha adoptado la saludable y grata costumbre de traerme desde sus idas a Curacaví una garrafa entera del apodado whisky de campo, whisky de uva o champaña de los pobres, que me obsequia generosamente en cada ocasión.
Sucede que, hace sólo unos días, conocí una de las más célebres casas productoras de esta localidad, además de ser conocida como fonda y peña local: la chichería y quinta de "Chicha Durán". Llegué allí como parte del tur Santiago-Curavaví-Valparaíso que se organizó para celebrar los 75 años del grupo folklórico "Los Chinganeros", el pasado sábado 7 de octubre de 2017, extraordinaria experiencia de la que ya hablaré más en este blog. Fue un gran encuentro desplegado entre humeantes hornos de barro, un emparrado en el que ha crecido una gran flor de la pluma, barricas de madera, empanadas con categoría de estar entre las mejores del país, mesas de pesada madera tosca cortadas en rodas de troncos y enormes tinajas de alfarería que se presumen con unos 200 años de antigüedad.

miércoles, 18 de octubre de 2017

EL EVANGELIO SEGÚN EL DIVINO ANTICRISTO

El Divino Anticristo con su característico ropaje y carro de supermercados. Fuente imagen: elmundosinbrando.cl. Desconozco quién es el autor de esta bella fotografía (agradecería el dato si alguien lo conoce).
Coordenadas:  33°26'23.50"S 70°38'27.74"W (lugar donde ponía su "negocio")
Hace unos pocos días falleció el Divino Anticristo, ese personaje que por tantos años ya hormigueaba por el vecindario universitario de la Remodelación San Borja y quien, cruzando la Alameda, paseaba su carrísimo entre la recreación de calle Lastarria, en el Barrio Bellas Artes. Estaría demás decir que quizás se trate de unos de los callejeros más misteriosos pero interesantes de la historia urbana chilena, y del que -como suele suceder- se han tejido cantidades de leyendas, creencias y enigmas.
Con su partida, el Divino Anticristo ha pasado a ser parte de un selecto club de personajes de la calle o la vida popular que, sin proponérselo, han dado identidad a generaciones completas de las respectivas ciudades que habitan. Personajes sumidos en su locura y en su mundo, con un pie en otra dimensión de la comprensión o los convencionalismos. Sin caer en zafarranchos de adulación, hay un aporte cultural e identitario no bien reconocido en esta clase de sujetos; aporte desconcido, principalmente, porque se los quiere mirar sólo como seres frikis de colección sociológica o bien, en el otro extremo, recargándolos de una exagerada pseudopoesía bohemia.
El errante hombre de vestimentas ambiguas se une, ahora, a la memoria de otras de las enigmáticas rara avis que han dejado su huella en las ciudades chilenas y que ya se marcharon, como el querido Rambo Vadulli (José Miguel Dodds Laspiur) de Arica, el Doble de Farkas (Camilo Anuch Alaff) de Iquique, el Car'e Muela (Jorge Barraza Faune) en Antofagasta, Jerémías "Súperman" Varela de Vallenar, Don Pascual de Copiapó, el mítico Loco Pancho (Hendrix Francisco Tabilo) en La Serena; el inocente Loco José de Vicuña; el Ermitaño de Las Chilcas en Llay-Llay, el inolvidable Último de los Mohicanos de la Iglesia de San Francisco, el Cerrajero con su casa rodante verde de madera en San Diego y el predicador Gloria al Pulento (Raúl Gutiérrez Gutiérrez) en Santiago; La Bombera (Elsa Irene Véjar Pérez) que paseaba su uniforme por Los Ángeles, el extravagante y anciano Santiago Salvador (Santiago Salvador Gavilán Palacios) de Temuco; el vendedor callejero Patita Nanay de Puerto Montt, El Venegas (Pedro Ismael Venegas Tureuna) de Ancud, El Tío Ramón Belmar de Coyhaique y Sergio Checho Mansilla de Punta Arenas, entre muchos otros.
Conocí relativamente bien a José Onofre Pizarro Caravantes, el autodenominado Divino Anticristo, durante el tiempo en que ya hacía su fama en las calles de Portugal, Marcoleta, Victoria Subercaseaux y José Victorino Lastarria. Fue mi vecino en un período de varios años, de hecho: primero durante mi último trazo de vida trabajando en diseño gráfico en una agencia del sector, y después siendo yo residente estable del mismo barrio por donde paseaba su carrito de supermercado, a veces dos atados por los extremos... Años en que la proximidad inmediata al Archivo Nacional y a la Biblioteca Nacional me permitieron dar vida a este mismo blog, dicho sea de paso.

lunes, 16 de octubre de 2017

MUSEO PATRIMONIAL CONTEMPORÁNEO DE SAN FRANCISCO DEL MONTE: UN ESPACIO PARA LA HISTORIA Y LA CULTURA EN LA TIERRA CARRERINA

Coordenadas: 33°40'40.31"S 70°58'43.66"W
Como este año se adelantó para el viernes 13 de octubre la celebración oficial del natalicio del General José Miguel Carrera Verdugo (un acto con autoridades civiles y militares, orfeón, cuecas tradicionales y oradores en su estatua ecuestre, en la entrada del Paseo Bulnes), decidí tomarme su día natal, el domingo 15, con un pequeño viajecito a tierra carrerina: la localidad de El Monte, en la Provincia de Talagante de la Región Metropolitana.
El Museo de El Monte, está a un costado de la Plaza Independencia y la arteria del mismo nombre, enfrente de la Municipalidad y donde se reúne la calle Los Carrera con Arturo Prat, casi de frente a Benavente. Se encuentra a un costado del acceso al célebre Túnel de los Carrera (que conectaba el convento con su hacienda familiar) y a pasos de la Iglesia de San Francisco, Monumento Histórico Nacional desde 1974, hoy en afanosas obras de restauración.
Éste es el corazón de todo el barrio histórico del poblado, en el perímetro de la antigua hacienda San Francisco de El Monte, lugar ocupado por los franciscanos en el siglo XVIII. Hay, pues, un potencial de turismo patrimonial e histórico enorme en este sector, pero las políticas culturales con criterios de rentabilidad social y electoral han sido poco generosas con tales posibilidades, salvo quizás en la celebración del Día del Patrimonio. El resto de las responsabilidades y demandas de semejante obra, han sido endosadas más bien a los loables esfuerzos por parte de la Municipalidad de El Monte.

domingo, 15 de octubre de 2017

EL BUQUE "LÜTFI-DJELIL": ¿ACASO UN HERMANO PERDIDO DEL MONITOR "HUÁSCAR"?

El "Lufti-Djelil" en 1877, en "El Periódico Literario Ilustrado".
No pretendo ofrecerme acá como defensor o detractor de la posibilidad de la que intentaré hacer caudal en esta entrada, pero no deja de ser interesante que exista esta teoría de la que, por ahora, desconozco más información que aquella que expondré acá, como una curiosidad pendiente de ser verificada o descartada por quienes corresponda.
Puede sonar un poco descabellado y hasta temerario, a estas alturas, pero para algunos existe la posibilidad de que el célebre e histórico monitor "Huáscar" haya tenido un hermano chileno que murió antes de nacer y que quedó con otra bandera y otra identidad, finalmente. Es un dato muy poco explorado, por supuesto, y del que quiero dejar alguna información a la vista del lector, como he dicho, por si se interesara en estudiar más el asunto, aprovechando que hace pocos días tuvo lugar la efeméride de la captura del "Huáscar" en el Combate Naval de Angamos, del 8 de octubre de 1879.
Conozco este tema gracias al Director del Museo de la Guerra del Pacífico "Domingo de Toro Herrera", Marcelo Villalba S., quien ha estado investigando el asunto desde hace varios años, aunque todavía lidiando con grandes sombras y campos muy inciertos sobre la historia de marras. En tiempos más recientes, además, ha sido asistido en este asunto por el joven historiador Dángelo Lagos, a quien Marcelo y yo habíamos conocido en el Museo Naval de Iquique, donde terminaba ya sus labores, durante nuestro viaje en el buque LSDH-91 "Sargento Aldea" como parte de la delegación cultural que acompañó al Operativo Médico ACRUX-Norte de la Armada de Chile, hace casi exactos cuatro años. Han aparecido otros datos interesantes en esta colaboración, de hecho.

sábado, 7 de octubre de 2017

RECUERDOS EPOPÉYICOS EN COPIAPÓ: EL MONUMENTO A LOS HÉROES DE ATACAMA EN LA ALAMEDA

El monumento en su primera posición y aspecto (mucho antes de ser sustraída la espada de la figura principal), hacia 1910-1920. Fuente imagen: Atacama Viva - La Revista de la Región de Atacama (Atacamaviva.net).
Coordenadas: 27°21'44.39"S 70°20'28.91"W
Esta obra conmemorativa es conocida de varias maneras: Monumento a los Héroes de Atacama, Monumento de Batallón Atacama, Altar de los Héroes, Monumento o Escultura de la Patria y Monumento a las Glorias de Atacama. Es una de las obras históricas y escultóricas más reconocibles de la ciudad de Copiapó, junto con las estatuas de mármol y la Fontana de la Minería en la Plaza Prat.
El imponente trabajo conmemorativo se encuentra en la Alameda Manuel Antonio Matta, cerca de la solemne estatua de este mismo personaje, por ahí en el cruce con las calles Juan Martínez y Atacama, sector que reúne varios atractivos turísticos locales, esculturas y ornamentación urbana. Su homenaje, como es muy bien sabido, va dirigido a los héroes de los hombres del Batallón "Atacama" de la Guerra del Pacífico (1879-1884); jefes militares y soldados que tanta importancia tuvieron durante aquella conflagración y que han sido de singular valor en la identidad regional.
Como se recordará, el Batallón "Atacama" fue fundado el 13 de mayo 1879, en los inicios de la guerra, tomando por base al histórico Batallón Cívico de Copiapó, integrado principalmente por mineros de la provincia y herederos de las fuerzas reunidas en el pintoresco Ejército Revolucionario de los Constituyentes, que de la mano de don Pedro León Gallo se alzara en 1858, llegando a derrotar al Ejército de Chile en una batalla (Combate de Los Loros, La Serena). Sus uniformes eran únicos dentro de la soldadesca chilena en los desiertos de la guerra salitrera: tela negra, incluyendo el kepí, por lo que fueron apodados "los curitas" entre sus camaradas de armas de otras unidades.
Aunque en principio no parecía haber mucho entusiasmo de las autoridades por integrar al "Atacama" directamente en las acciones de guerra, pues fueron destinados a la reserva en Antofagasta, el arrojo demostrado por los copiapinos convenció a los estrategas de dar roles protagónicos a este ejército minero y evitar así que la unidad terminara disuelta o asimilada por otra. Cuenta la tradición que el ilustre Ministro de Guerra, don Rafael Sotomayor, quedó impresionado con los ejercicios y despliegues de los atacameños ejecutados ante él, decidiendo así que serían una de las primeras unidades enviadas a la Campaña de Tarapacá, bajo el mando de su Coronel Juan Martínez, héroe caído después en Miraflores en 1881. Así partieron al Norte, con sus particulares e inconfundibles uniformes oscuros.

martes, 3 de octubre de 2017

LA METÁFORA DEL BICHO-CESANTE: UNA PROPUESTA PARA LA INTERPRETACIÓN DEL DRAMA DE "LA METAMORFOSIS" DE KAFKA

Ilustración de la portada de la edición de Leipzig, en 1916, de "La Metamorfosis". Parece mostrar la desesperación del padre (en la novela se lo describe usando bata de levantarse, en ocasiones) ante la monstruosidad de su hijo detrás de la puerta entreabierta del cuarto. Fue una petición del propio Kafka el que no fuese ilustrado ni mostrado el insecto.
Este es el artículo que quizás más tiempo me ha tomado escribir, si cuento su punto de partida: desde los 16 años, para ser preciso, cuando mi maestro de juventud en el Liceo Manuel Barros Borgoño, el profesor Domingo Espejo, me entregó las que considero -hasta hoy- como las herramientas fundamentales para comprender la magia de la literatura, su ramo en mi querida Universidad del Matadero.
Desde entonces, pues, he tenido una interpretación personal sobre la tragedia del protagonista de unas de las novelas más conocidas de nuestra época secundaria: "La Metamorfosis", de Franz Kafka. Si bien lo había leído en un curso anterior, en otro liceo y durante el segundo año de enseñanza media (ocasión en la que, recuerdo, se nos hizo elaborar un ejemplar de un periódico completamente basado en el contenido, estética, inspiraciones y alusiones al libro), fue sólo en aquella ocasión, bajo la fuerza iluminadora de mi querido maestro de literatura, que pude dar con lo que creo la conclusión que más se ajusta a mi comprensión del mismo trabajo.
Han pasado los años, esperando pacientemente para ver alguna señal de que mi teoría no era tan novedosa o, por el contrario, dando espacio a la posibilidad de que la precipitación juvenil me haya engañado... Pero sigo bastante convencido de mi conclusión hasta hoy, aunque quizás no alcance para explicar toda la batería de contenidos de la breve obra, aclaro. No quiero hacer hipérbole de mi reflexión al respecto, pues.
Antes de entrar en mi modesta idea de la manera más concisa y sintética que me sea posible, cabe recordar que la célebre obra "La Metamorfosis" ("Die Verwandlung", originalmente, traducible del alemán como "La Transformación"), fue publicada en 1915 por el escritor de origen judeo-austrohúngaro Franz Kafka (1884-1924), convirtiéndose en el más conocido y representativo de sus trabajos, muy cargados de simbolismo y perturbación de la sicología de los personajes, y compuesto por trazos alineados con los movimientos expresionistas y existencialistas de la época. La novela, que se iba a convertir en un clásico universal, se habría gestado en su cabeza hacia 1912, según algunos biógrafos del autor. La editorial Penguin Books la ubicó en el ranking de los más grandes libros del siglo XX.

martes, 26 de septiembre de 2017

EL MISTERIO DEL ÁNGEL DE CHILE: UN DESCONOCIDO GENIO ESPIRITUAL DE LA SIMBOLOGÍA PATRIOTA

Figura del Ángel de Chile a cargo de la cofradía de la familia Benítez, en procesión de 1978, en la capital chilena. Imagen del Archivo del Arzobispado de Santiago. Las andas del ángel se sacaban antaño para la Fiesta de la Virgen del Carmen y actualmente para la Oración Por Chile y su romería, simbolizándoselo como guardián y protector de la Patria.
Esta semana, específicamente el último domingo de septiembre y como es tradicional, se realizó la llamada Oración Por Chile, que incluye una procesión entre la Catedral Metropolitana en la Plaza de Armas y el sector del Barrio Cívico. Fue la oportunidad que estaba esperando desde hacía tiempo, para poder observar la figura del llamado Ángel de Chile, suerte de símbolo del genio protector de la devoción patria chilena y custodio de sus destinos.
Ahí estaba también, con su cámara fotográfica, nuestro amigo y colaborador desde hace años, Gonzalo Orellana Hidalgo, con gafete y autorización para estar en el sector de la organización y en el templo. Al igual que yo, coincidentemente, el inquieto y activo Gonzalín estaba interesado en este Ángel de Chile, esa curiosa identidad que aparece recreada en algunas tradicionales procesiones e iconografías religiosas de connotación patria pero que tan pocos podrían identificar en nuestros días, pues ha ido siendo olvidado y casi desdeñado.
Permítame el lector un preámbulo para explicar como llegué a este tema, gracias a otra persona que también considero una gran colaboradora: la leal camarada carrerina y residente magallánica, Safira Tobar Ivelich, quien me hizo -hace sólo unos meses- una consulta que me había tenido de cabeza regresando a los libros y archivos; esos mismos que he estado evitando por el cambio de contenidos que ido dando a este blog. La información que manejaba ella, pues, habla de la existencia del personaje, el Ángel de Chile, presente en la representación pictórica, iconográfica y simbólica patria, que a veces aparece como una entidad femenina, otras veces masculina y en algunas andrógino, como suele suceder con el retrato angelical. Siendo más bien un majestuoso arcángel en sus representaciones de andas y adoraciones, en algunos momentos ofrece características que parecen corresponder a San Gabriel o a San Miguel, según el caso; a veces incluso del arcángel Uriel.

sábado, 16 de septiembre de 2017

MARIO CATALÁN PORTILLA: EL CANARIO DE LA CUECA VEGUINA

Mario Catalán, en imagen publicada por MusicaPopular.cl.
Coordenadas: 33°25'29.14"S 70°38'45.03"W (residencia)
Muchos personajes pintorescos, mezclados entre las artes y el comercio de la ribera Norte del río Mapocho en Santiago, llegaron hasta allá atraídos por la intensidad del ambiente popular que ya existía en la primera mitad siglo XX, reuniéndose en torno al ring de boxeo del "Hippodrome Circo" de la calle Artesanos, en el Mercado de La Vega, La Vega Chica y después las ferias del Tirso de Molina y sus Pérgolas de las Flores. Diariamente arribaban cuequeros y artistas populares en estos patios y pasillos, que llenaron de música bares, hoteles, lupanares y salones de fiestas del sector, principalmente los del lado de Recoleta.
Allí vivieron ellos sus propios períodos de oscurecimiento y ocaso, además, aunque quisiera recordar acá un nombre ilustre en particular dentro de toda aquella pléyade, como pequeño homenaje en estas Fiestas Patrias para su enorme legado sobre el folklore musical cuequero y centrino.
Dentro de tal camada de músicos folclóricos que frecuentaron las tarimas improvisadas entre puestos o ferias veguinas y pisaron las hojas de las lechugas como a la mejor alfombra de salón, estaban los inmortales Nano Núñez, Luis Perico Lizana, Rafael Rafucho Andrade, Lalo Mesías, Segundo Guatón Zamora cantando su  "Adiós, Santiago querido", el maestro de maestros Fernando González Marabolí, la guitarra del Tío Roberto Parra que partiera en territorio mapochino acompañando al músico y payador veguino Lázaro Salgado, cantando entre los toldos y locales de los mercados chimberos. Otros inolvidables, como Domingo Silva, alias Tío Parranda, tocaban con guitarra sus cuecas también por el lado de Vivaceta, cerca del barrio de rotos en torno a la Parroquia del Buen Pastor. Muchos prodigiosos príncipes de la escena cuequera urbana de mediados de aquella centuria pasaron por estos escenarios de hortalizas, frutas y cocinerías, al igual que sucedía en el barrio de la Estación Central y el del Matadero.
Uno de los cantores de los mercados, nuestro personaje de interés, fue el gran Mario Catalán Portilla, regalado al mundo el día 23 de diciembre de 1913. Antofagastino de origen y santiaguino de adopción, llegó a ser todo un símbolo entre los veguinos, al convertirse en reconocido cuequero desde su oficio cantando ofertas de productos al público del mismo mercado. Tanto en La Vega Central como en viajes a provincias, iba vendiendo sus canastas a la par de sus talentos musicales que lo consagraron en el exigente circuito del folclore más subterráneo de esos años.

viernes, 15 de septiembre de 2017

¡BUENAS NOCHES, RAKATÁN!... LAS AVENTURAS DE UN PALADÍN DEL PERIODISMO DE BOHEMIA Y ESPECTÁCULOS

Osvaldo Muñoz Romero, Rakatán, en caricatura de Pepo (René Ríos Boettiger) para el libro "¡Buenas noches, Santiago!".
He invocado varias veces acá el nombre de Osvaldo Muñoz Romero, conocido en sus buenos años de actividad por su apodo de Rakatán, para describir ese Santiago festivo y noctámbulo que difiere mucho -muchísimo- de lo que hoy identificaríamos como la bohemia capitalina, acaso ni la sombra de aquella que que describiremos y que ya parece irremediablemente perdida.
Rakatán es una fuente casi inagotable de información útil al respecto, especialmente por su pequeño pero contundente libro producido hacia el final de su entretenida vida: "Buenas noches, Santiago! medio siglo del espectáculo nocturno capitalino", verdadera pieza de culto entre los estudiosos de la clásica vida nocturna y ventana en el tiempo para los revisores de las carteleras chilenas, publicado en 1986. La portada de esta joyita fue ilustrada también por su amigo René Ríos Boettiger, más conocido como Pepo, el creador de "Condorito". De hecho, aparecen en ella el personaje de la misma tira cómica llamado Garganta de Lata y una sexi bailarina emplumada muy parecida a Yayita y a otras figuras femeninas en las que trabajó el ilustrador antes de concentrarse en su famoso pajarraco.
Osvaldo Alfredo Muñoz Romero nació en 1916 y comenzó su carrera como periodista en 1939, firmando inicialmente con el pseudónimo de Osmur, antes de adoptar el alias Rakatán que sintetizaba bastante mejor la alegría e intensidad de su pluma editorial. Aunque su formación académica era la de ingeniero comercial egresado ese mismo año desde la Escuela de Economía de la Universidad de Chile, la tentación por la crónica fue tan fuerte que no alcanzó a ejercer, quedando seducido para siempre en este oficio que tanto amó y por el que tanto de sí dio.

jueves, 31 de agosto de 2017

COMENTARIOS PARA UN LIBRO EXCEPCIONAL: "LA GENERACIÓN FUSILADA. HISTORIA DEL NACISMO CHILENO (1932-1938)", DE EMILIANO VALENZUELA

Debo partir comentado que comparto ciertas impresiones de que el siglo XX fue extraordinariamente corto, quizás uno de los más breves de nuestra Época Contemporánea. Si cronológica y matemáticamente duró los mismos 100 años de toda centuria, en lo referido a su identidad en la historia humana, al clásico acervo eurocéntrico  y a su propia determinación sobre los calendarios del tiempo, fue asombrosamente corto.
Si acaso podemos ajustarlo a las efemérides, el siglo XX como tal, parte de alguna manera con la Primera Guerra Mundial en 1914, la Gran Guerra principio del fin de los viejos imperios, y culmina con la Caída del Muro de Berlín en 1989, seguido de la disolución del bloque soviético en 1990-1991 y el final de la Guerra Fría, al menos como la habíamos conocido hasta entonces. Todo aquello que ocurrió antes de aquel período dentro del mismo siglo, parece ser más bien un tránsito desde el mundo decimonónico al nuevo; y todo lo que sucedió después, en cambio, no se ofrece más allá que sólo como su consecuencia, ya diluyéndose sobre el aspecto que configurará al mundo del siglo siguiente... Nuestro siglo XXI.
Fue el siglo XX, por lo tanto, un paso vertiginoso, veloz, muy concentrado y enérgico, en el que el vértigo del progreso nos llevó varias a veces a creer posible establecer arbitrariamente y en presente, el inicio de una nueva época o era en la humanidad, pero que no tardaba en ser desplazada por otra aún más novedosa y audaz, y que demarcamos en su momento con hitos como explosión industrial del plástico, la el auge computacional, la energía atómica, la llegada del hombre a la Luna o la creación de las redes digitales mundiales. La humanidad no sabía, pues, que era el período completo del aquel siglo el que acabaría impulsando a esta nueva época, esta en la que actualmente vivimos, disfrutando y/o padeciendo del legado de la pasada centuria en todos sus aspectos y alcances.
La historia del Movimiento Nacional Socialista de Chile (MNS Chile) estuvo en esta misma curiosa sintonía del siglo XX, como rotunda fracción del mismo: intenso, dinámico, intrépido, a veces violento y muchas veces trágico. Tuvo la característica de ocupar, además, un segmento de nuestra historia que era aún transicional, precisamente desde el siglo anterior al XX, con un Chile dependiendo aún de ciertos órdenes sociales y económicos que estaban en caída y dejando atrás otros. Sólo como ejemplo, cabe recordar la otrora próspera industria salitrera, ya en retirada en esos días.

jueves, 24 de agosto de 2017

LA GRÚA 82 DE SAN ANTONIO: UN MONUMENTO AL PROGRESO Y LA INGENIERÍA EN EL PASEO DEL PUERTO

La grúa 82 con su aspecto original, trabajando en el puerto, hacia 1915
Coordenadas: 33°35'10.15"S 71°36'46.69"W
Por todo Chile, pueden encontrarse sorprendentes ejemplares de maquinaria pesada que ha formado parte de la orgullosa historia de la ciudad donde se hallan y la de sus propias comunidades, cuales firmes testimonios de grandes esfuerzos del progreso y la ingeniería desplegada en etapas fundamentales de desarrollo local, ya sea minero, portuario, ferrocarrilero o urbanístico. Es casi como atesorar los pinceles y cinceles de las más grandes obras de arte, pues los hombres mueren y las creaciones quedan.
Uno de estos interesantes casos es el de la llamada Grúa 82 de San Antonio, en la provincia chilena del mismo nombre, declarada Monumento Histórico Nacional por el Decreto Exento N° 495 del Ministerio de Educación, del 2 de agosto 1995. Tras la gran remodelación del Paseo Bellamar del puerto de San Antonio, junto a las vías férreas y la avenida Ramón Barros Luco, esta reliquia quedó en un lugar de áreas verdes y acompañada por otros monumentos que también revisaremos en este texto.
Faltando sólo unos días para la celebración del 55° aniversario de la creación de la Cooperativa de Pescadores de San Antonio Ltda., que por tantos años ha sido dueña de la misma máquina mecánica, quise hacer coincidir este artículo con dichos festejos.
La célebre e histórica Grúa N° 82, denominada así por la cifra de su inventario, fue construida en los talleres de la compañía A. Pinguely de Lyon, Francia, firma fundada por Benoit Alexandre Pinguély en 1881 y célebre en su primera época por la fabricación de máquinas mecánicas y de vapor, especialmente locomotoras. La grúa aún conserva la placa de este fabricante en su estructura, a ambos costados.

miércoles, 16 de agosto de 2017

EL ARCO PARABÓLICO DE TACNA: EL PORTAL DE DOS HÉROES MILITARES EN PLENO PASEO CÍVICO

La plaza con el Paseo Cívico y el Arco, hacia los años 70.
Coordenadas: 18° 0'48.96"S 70°15'2.40"W
Ya he hablado antes de los puntos de interés del Paseo  del Centro Cívico de la ciudad de Tacna, al referirme a la Iglesia Matriz y a la gran fontana francesa de su plaza. Con ellas, en el mismo paseo en calle San Martín con Hipólito Unanué, está otro de los más reconocibles símbolos de la histórica urbe: el Arco Parabólico, conocido también como el Arco de los Héroes o Arco del Triunfo. En algunos cuantos días más se cumplirá otro aniversario de su inauguración.
Este monumento destaca por su estilo un poco rupturista con el clasicismo histórico y con el conservadurismo arquitectónico y urbanístico del entorno, allí en el centro de Tacna. Ciertamente, no tiene la majestuosidad ni las enormes proporciones de un Arco Gateway de Saint Louis (1965) y tampoco ostenta el categórico estilo románico de los arcos triunfales europeos; sin embargo, con un diseño de expresionismo monumental y estructuralista, el Arco Parabólico de Tacna tiene su propia atracción y su propia armonía artística, con una fuerte determinación en el paisaje urbano al que pertenece, lo que le hace un punto referente importante allí.
El Arco Parabólico debe su nombre a la elegante parábola que describe con su estructura de piedra rosácea canteada en bloques, elevándose poco más de 18 metros por encima de los paseantes que transitan por la plaza bajo el mismo lugar. Es de suponer que fue un buen desafío matemático y escultórico el lograrle esta forma tan precisa y sin afectar la resistencia de las estructuras con su esbeltez.
En las bases del arco, al pie de sus arranques y sobre sólidos pedestales, están dos estatuas de bronce que dan sentido y razón al monumento, una a cada lado, correspondientes a representaciones que fueron seleccionadas en un concurso escultórico: los héroes peruanos de la Guerra del Pacífico y máximos de su historia militar, el Almirante Miguel Grau Seminario (1834-1879) y el Coronel Francisco Bolgnesi Cervantes (1816-1880), caídos en combate durante la Batalla de Angamos y la Toma del Morro de Arica, respectivamente. Sus apellidos están grabados en cada lado correspondiente, sobre la roca de la estructura base, representando por extensión a las ramas de la Marina de Guerra y el Ejército de Perú.

jueves, 10 de agosto de 2017

LA IGLESIA DE SAN LORENZO IN FONTE SOBRE LOS CALABOZOS ROMANOS DE HIPÓLITO


Fuente imagen: Romaperilgiubileo.gov.it
Coordenadas: 41°53'44.34"N 12°29'36.97"E
Hoy, 10 de agosto, el santoral celebra la fiesta de San Lorenzo, que recuerda su martirio quemado en una parrilla romana del siglo III de la Era Cristiana.
Hace un año publiqué algo sobre la muerte del diácono en el lugar en donde se levantó la Basílica de San Lorenzo in Panisperna, en Roma, y sólo ayer dejé acá también una reseña sobre la historia del la imagen del santo que se venera el poblado de San Lorenzo de Tarapacá, fundado bajo su patronato en tiempos coloniales.
La historia de Lorenzo mártir dice que fue condenado a muerte por el emperador Valeriano, el 10 de agosto del año 258, luego que éste le exigiera al diácono en plenas persecuciones contra los cristianos, que le entregara todos los tesoros de la Iglesia, a lo que el emplazado respondió llevando hasta el lugar convenido a todos los enfermos, parias, pobres, ancianos abandonados y despreciados de Roma, asegurándole que esos eran los verdaderos tesoros de su Iglesia. En castigo, fue arrestado en el lugar del Foro de Roma donde ahora está la Iglesia de San Lorenzo in Miranda, y se ordenó asarlo vivo en una parrilla según la tradición que rodea a este santo paleocristiano.
Sin embargo, el período de cautiverio sucedido entre su desafiante presentación ante Valeriano y su ejecución, resulta bastante interesante y ha dejado sus huellas por la propia ciudad romana, incluyendo el templo de San Lorenzo in Forte, al que dedicaré esta entrada en la fecha de su fiesta patronal.
La misma leyenda cristiana cuenta que el emperador ordenó encarcelarlo y luego azotarlo, siendo sometido a torturas inenarrables, como dislocarle los huesos y lacerarle la piel con palmetas. La enumeración taxativa de los diferentes tormentos de su martirio la hizo el Papa Inocencio III, y hasta nuestros días los devotos de Lorenzo recitan una letanía recordando los diez crueles sometimientos que culminan con su muerte, asado vivo.

miércoles, 9 de agosto de 2017

LA INCREÍBLE Y PINTORESCA HISTORIA DE LA VENERADA IMAGEN DE SAN LORENZO DE TARAPACÁ

Imagen de la primera figura devocional de San Lorenzo de Tarapacá, en postal de colección particular de la la familia Torres Barraza, que la ha compartido generosamente conmigo. Es la imagen del santo traído en tiempos coloniales y destruida por un incendio. La fotografía podría haber sido tomada hacia 1950, poco antes de su desaparición.
Coordenadas: 19°55'25.48"S 69°30'40.33"W (iglesia de San Lorenzo de Tarapacá)
Mañana será la gran Fiesta Patronal de San Lorenzo de Tarapacá, popular santo español de la época paleocristiana, ejecutado en Roma en una parrilla según la tradición, un día  10 de agosto de 258, a cuyo culto y devoción que he dedicado varias entradas acá en el blog. Ya publiqué, por ejemplo, algo sobre la historia de su fiesta patronal en Chile, las leyendas que le dieron fama de "santo incendiario", las celebraciones de su Octava o "fiesta chica" en Iquique, su santuario en la misma ciudad y la iglesia romana que se construyó en el supuesto lugar de su martirio.
En la imaginería universal de San Lorenzo, se lo retrata como un hombre joven, pues tenía de 27 a 33 años cuando fue quemado por el Emperador Valeriano por llevarle como "tesoros de la Iglesia" que se le exigían, a todos los pobres, despreciados y menesterosos de Roma. Siempre aparece retratado de semblante sereno, vistiendo una dalmática o túnica roja con encajes y bordados amarillos, correspondientes a los colores de su culto. En representaciones que se hacen a cuerpo entero y especialmente en la que se ha afianzado para el santo en Chile, el diácono mártir suele cargar verticalmente una pequeña parrilla en su mano derecha, como símbolo icónico del instrumento de su martirio.
La versión de San Lorenzo que más se repite en el poblado de Tarapacá es, por lejos, aquella donde el santo lleva -además de la parrilla- una Biblia en la mano izquierda (como indicación de su enseñanza de los Evangelios) y la palma (símbolo del martirio y, a la vez, del haber alcanzando la gloria de Cristo), en el otro extremo del mango de la parrilla, acompañado de una abstracción del cáliz sagrado o de una cruz en el pecho, por lo general finamente bordadas en amarillo, blanco, plata o dorado.

lunes, 7 de agosto de 2017

SELECCIONES DE RAÚL MORALES ÁLVAREZ (PARTE VI): "SOLDADO DE LA FORTUNA"

El clásico bar el "Cola de Mono" de calle San Diego (imagen: revista "En Viaje").
Este texto es parte de la selección de artículos del periodista chileno Raúl Morales Álvarez (ver el anterior acá: "Los boliches y los nombres"). El presente artículo, redactado originalmente para Orbe en 1965, pertenece al proyecto editorial "Temporal en Cartagena: antología de Raúl Morales Álvarez", de la Agrupación Cultural El Funye (ir al Facebook del grupo), exclusivamente dispuesta para los lectores de este blog.
COMO SOY MUY VIEJO, he visto ocurrir a mi alrededor una plural abundancia de curiosas cosas. Ciertamente, algunas de ellas fueron mágicas. Sucedió así, por ejemplo, con la de mi nacimiento, porque yo nací cuando ya había cumplido trece años de un vehemente y casi onírico domicilio en la tierra, la noche de un veinticuatro de agosto, por San Bartolomé, cuando aseguran que los diablos andan sueltos; hasta ese instante, yo vivía solamente, todavía sin nacer, ajustado a una conducta de corriente de aire para maltratar las puertas de la casa, cambiar de sitio las habitaciones y alterar a mi acomodo los horarios que fijaban tiempos implacables (…) naturalmente, todo esto hacia que me odiasen con enconada rabia mis hermanas, y que mi madre estuviese perfectamente segura de que yo era un ser absurdo y peligroso, y de que mi hermano, el mayor de la familia, el Cadete Naval, me mirase por encima del hombro, con altos desdenes, cada vez que venía a pasar sus vacaciones con nosotros.
Decidí mi fuga de noche, para que no me viesen bien el rostro ni los pasos. Fue algo muy simple. Solo salir y comenzar a dar trancos, a la deriva, por las calles (...) Y a caminar entonces. Sin rumbo fijo, pero con un gozo de satisfecho explorador en los ojos y en el cuerpo. A la vuelta de esa esquina y de la otra, de todas las esquinas, la ciudad me iba entregando una nueva y desconcertante geografía de las cosas, desconocida para mí hasta ese instante. Cada calle tenía su propio rostro peculiar y hasta su sexo diferente. Cuando llegué a San Diego, me sentí, por eso, preso del ritmo tentacular que surgía de su mucha longura, llamándome de todas partes y de ninguna a la vez, como si se tratase de una mano innumerable, dedicada a hacerme señas, sólo para decirme cuándo yo llegaba hasta ella: ''No. Es más allá. Más allá todavía...''.

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