domingo, 26 de mayo de 2019

UNA VISITA AL CEMENTERIO RUSO ORTODOXO DE BAJOS DE MENA EN PUENTE ALTO

Coordenadas: 33°36'55.2"S 70°36'08.7"W
Ubicado casi como el hermano menor del Cementerio Católico de Bajos de Mena, en avenida Eyzaguirre de Puente Alto pasando el cruce con la Autopista del Acceso Sur, el Cementerio Ruso pasa la mayor parte de su existencia cerrado al público, abriendo sólo ocasionalmente a quienes quieran visitarlo. Un cuidador vive con los suyos dentro de este sitio, en donde reinan la paz de los difuntos y la quietud de las historias que allí han quedado reservadas.
El olvido es un fantasma que debe ser conjurado constantemente en este lugar. Las pocas familias rusas fundadoras que quedan y los esfuerzos de la comunidad ortodoxa en Chile, que tiene allí la que parece ser su capilla más austral del mundo, se encargan de darle mantenimiento y no condenar al camposanto al mismo destino de muerte y extinción que sus moradores bajo las criptas.
La apertura al público en ocasiones especiales anunciadas por la Asociación Pro-Cementerio de los Rusos Ortodoxos Residentes en Chile y en el Día del Patrimonio de cada mes de mayo, con visitas guiadas correspondientes, permiten contrarrestar aquel peligro del olvido. Estuvimos en las de el pasado domingo 25, con un recorrido a cargo del Diácono Roberto León Ramírez, de la Iglesia Rusa Ortodoxa en el Exilio (IROE) y uno de los protagonistas de la investigación histórica de la que se vale la Asociación para poner en valor este sitio.
El Cementerio Ruso fue creado por familias rusas llegadas hasta entonces al país y cristianos laicos rusos, pero especialmente después de la Segunda Guerra Mundial. La idea de concluir sus vidas en una Rusia que ya no era afín a sus creencias y que incluso perseguía al clericato ortodoxo, fue la motivación de muchos de aquellos ciudadanos para establecerse en países tan distantes como Chile. Debe recordarse que la colonia rusa era pequeña hasta que, en 1948, el Gobierno de Chile aceptó la propuesta de recibir numerosos grupos de ellos por la Organización Internacional de Refugiados de las Naciones Unidas.

viernes, 24 de mayo de 2019

LA PLAZA JORGE PRAT ECHAURREN: A LOS PIES DE LAS TORRES DE TAJAMAR Y DEL EDIFICIO VÉNETO EN PROVIDENCIA

Detalle de las Torres de Tajamar en plena construcción, en 1964, año en que los trabajos debieron ser paralizados por un tiempo. Aún no se construía el vecino Edificio Véneto ni se abría la calle Pérez Valenzuela hacia la Costanera. El espacio abajo de las torres, junto a la vistosa avenida Providencia, corresponde al sector que ocupa la Plaza Prat Echaurren. Fotografía de Higinio González. Fuente imagen: Archivo Visual de Santiago.
Coordenadas: 33°25′47″S 70°37′23″W
Justo en el sector en donde se separan las avenidas Providencia y Nueva Providencia de la comuna homónima en Santiago, enfrente del empalme con la calle Miguel Claro, se encuentra la Plaza Jorge Prat Echaurren, conocida por estar rodeada de comercio a los pies del conjunto de edificios conocido como las Torres de Tajamar, obra original del arquitecto Luis Prieto Vial que se trazó con colaboración de la oficina BVCH, de Carlos Bresciani, Héctor Valdés Phillips, Fernando Castillo Velasco y Carlos García-Huidobro.
Iniciadas las obras en 1962 e inauguradas en 1967, las Torres de Tajamar fueron uno de los conjuntos residenciales más novedosos e interesantes de su época, allí junto al río Mapocho y a espaldas de la Plaza de la Aviación, sirviendo como fondo a las postales del Parque Balmaceda. Muy diferentes al aspecto mustio que tienen hoy, es preciso acotar, un tanto afectadas por la decadencia y la falta de mantenimiento apropiado. El nombre del conjunto aludía a la entonces llamada avenida del Tajamar (por nacer del paseo de los antiguos malecones coloniales del Mapocho), correspondiente a la actual costanera Andrés Bello, que corre al Norte de los edificios.
Cuando la sociedad constructora de Bolton, Larraín y Prieto concluyó las obras, una de las explanadas a los pies de las torres había quedado destinada a área verde por el Nororiente de la manzana, construyéndose después en ella una simpática placita conectada con la calle de fondo, Pérez Valenzuela, que prolonga la línea de Miguel Claro hacia la actual Costanera Andrés Bello. El nombre de aquella calle alude a los apellidos de don  Ramón Pérez de Valenzuela, uno de los vecinos propietarios de las chacras en donde se fundó la comuna de Providencia, en su caso adyacente al río y con una capilla propia.
La plazoleta vino a funcionar casi como una prolongación de las más grandes que están al poniente de la misma y de la plaza central principal del conjunto, ubicada exactamente entre las torres aunque sólo con una franja verde en su contorno Sur. Otra plaza se construyó al extremo de la manzana, en la ubicación opuesta a la de nuestro interés: la Plaza Atria, colindante con calle Huelén.

miércoles, 22 de mayo de 2019

HERMÓGENES SAN MARTÍN EN IQUIQUE: LA ANIMITA MÁS GRANDE DE CHILE Y SUS DIFUSOS DESLINDES ENTRE LA VIDA Y LA MUERTE

Aspecto exterior que mantenía la ermita de San Martín hasta hace pocos años. Fuente imagen: "Hermógenes San Martín: ¿La animita más grande de Chile?", de Salinas y Rojas.
Coordenadas: 20°12'42.6"S 70°08'29.7"W (santuario-animita) / 20°13'06.9"S 70°08'41.6"W (salón-sede O'Higgins) / 20°13'05.6"S 70°08'04.7"W (Cementerio N°3, en donde está el mausoleo).
El caso de a animita de Hermógenes San Martín en Iquique, o acaso debiésemos decir de la capilla-ermita que lleva su nombre en calle Esmeralda 1398-B, enfrente de 21 de Mayo, junto al Cementerio N° 1 de la ciudad, es uno de los más desconocidos sobre fe popular de almas de fallecidos fuera de la provincia iquiqueña. A pesar de ello, se trata de la quizá más grande animita de Chile, compitiendo con las de Evaristo Montt en Antofagasta, Petronila Neira en Concepción y Romunaldito en Santiago.
A pesar de lo poco que se sabe de ella fuera de la comunidad de Iquique, sin embargo, la historia de la animita de Hermógenes San Martín han sido tratada por Oreste Plath en "L'Animita. Hagiografía folklórica", por Claudia Lira en "Lecturas de la animita: Estética, identidad y patrimonio", por Víctor Rojas Farías en "Animitas en Chile" y con un libro más reciente para el caso, de Julia Salinas Segura y el mismo Víctor Rojas, titulado "Hermógenes San Martín: ¿La animita más grande de Chile?".
Al ocupar un inmueble completo, con oratorio, un salón y habitaciones, esta animita también se ha vuelto una excepción en la forma en que suele darse el culto popular en Chile, generalmente reducidas a pequeños templetes o habitáculos (salvo por templos oficiales, como el de la Capilla de Ánimas en Santiago) y no por santuarios espaciosos como sería, por ejemplo, el caso de la Difunta Correa de Argentina. Al menos el cartel que se colocó sobre el acceso de la ermita o "gruta", como la llaman sus concurrentes, asegura lo mismo: "La animita más grande de Chile. Hermógenes San Martín".
Súmese a todo lo anterior el hecho de que la animita de San Martín cuenta con una sociedad propia de devotos y un mausoleo en el Cementerio N° 3 de Iquique, por lo que tiene todo un respaldo organizacional en el que participan sus fieles.

lunes, 20 de mayo de 2019

CRÓNICAS PARA EL 21 DE MAYO: LAS HISTÓRICAS BOYAS "ESMERALDA" DE LA RADA DE IQUIQUE

Ceremonia de lanzamiento de corona floral de la Escuela Naval en la Boya "Esmeralda", del 2 de octubre de 1968. La antigua y sencilla boya de la imagen fue reemplazada en 1972. Fuente imagen: Repositorio Digital Archivo Histórico de la Armada de Chile.
Coordenadas: 20°10'58.21"S 70° 8'57.71"W (ubicación de la boya en servicio) / 20°13'22.5"S 70°09'07.7"W (plazoleta con la última boya retirada)
Las boyas "Esmeralda" han señalizado por casi cien años el lugar del Combate Naval de Iquique del 21 de mayo de 1879, que ahora celebra su 140° aniversario, recibiendo las ofrendas florales de cada año. Aparecen en el propio escudo de armas de la ciudad y se aluden en premios como la Boya Dorada, que otorga la Cámara de Comercio Detallista y Turismo de Iquique. Es casi un lugar obligatorio para las visitas de los turistas que toman los recorridos populares en lancha por la rada iquiqueña, por tratarse de un monumento flotante para el episodio histórico más importante de la ciudad, además.
Ubicada en la Rada de Iquique, la creencia popular ha sostenido que la Boya "Esmeralda" indicaría el sitio exacto en donde se hundió la gloriosa corbeta del mismo nombre con todos sus héroes y en donde se encontrarían sus restos, bajo la tumba de agua. El hecho, sin embargo, es que para evitar más saqueos, desde hace años ya indica más bien el punto hacia donde el buque habría recibido el primero de los espolonazos del monitor "Huáscar", ya iniciada la épica batalla. La "Esmeralda" está hundida a poca distancia, más al Norte, en coordenadas que los expertos y los buzos conocen mejor.
Desde la primera boya instalada en este sitio y que alegra el descanso a gaviotas y pelícanos, cada monumento flotante ha recibido restauraciones importantes y, en algún momento, pasa a ser reemplazado por otro más nuevo, relevándolo así de sus servicios generalmente por asuntos de modernización y de aliviar el mantenimiento que demanda la corrosiva agua salina. 
Es interesante tratar de seguirle la huella a estas varias boyas, cinco cuanto menos, y se puede encontrar información útil para ello en artículos como el de Juan Fierro Pesce para la "Revista de Marina" de 2000, titulado "La boya de la Esmeralda sumergida".

viernes, 17 de mayo de 2019

UN EDIFICIO CON CITÉ DE ESPLENDOR ART DECÓ EN CALLE SANTA ROSA

Fuente imagen: ficha de la Municipalidad de Santiago, del catálogo de Inmuebles de Conservación Histórica (2011).
Coordenadas: 33°26'51.5"S 70°38'41.4"W
La dirección de Santa Rosa 276-280, casi llegando a la calle Eleuterio Ramírez en Santiago, guarda un encantador rinconcito del romance capitalino; uno que sobrevive en la ciudad desde sus años más retratados y recordados en fotografías antiguas y las del paso del viejo tranvía, las casitas de remolienda y las noches de bohemia desatada. La Belle Époque, de Santiago, para ser más precisos, con sus claros y oscuros.
Ubicada a pocas cuadras del centro santiaguino, en un sector que se ha visto afectado en nuestra época por furiosas demoliciones, remodelaciones viales y aparición de grandes edificios residenciales, el conjunto destaca por sus rotundas líneas art decó dosificadas con otros elementos eclécticos más sutiles, dando la cara hacia la avenida Santa Rosa con su entrada de arco, hacia el pasaje del mismo nombre por la cuadra, en un cité que se interna casi hasta la paralela calle San Isidro, por atrás.
Desgraciadamente, montones de poco discretos cableados ocultan el sello con el nombre de los arquitectos de este proyecto, en su fachada: Ricardo Larraín Bravo y Víctor Jiménez Cruz, una de las prodigiosas duplas creativas de la historia de la arquitectura chilena en el siglo XX, autores -entre otras obras- de la Población William Noon de Providencia y del Cité Salvador Sanfuentes, ambos proyectos del mismo período que el de nuestra atención y con algunas semejanzas de diseño y estética, muy especialmente en este último caso.
El edificio con cité fue construido en 1929, aunque se remonta a un proyecto particular de 1925, aproximadamente, consistente en un conjunto de viviendas de albañilería y secciones de adobe con tres pisos al frente y dos en las residencias interiores. Al parecer, tuvo algunas remodelaciones en los años cincuenta, pero sus líneas geométricas modernistas han sido las mismas desde sus orígenes.

lunes, 13 de mayo de 2019

EDIFICIO MAINO HNOS.: ESPERANDO UN RENACER EN CALLE TEATINOS

El edificio en 1930. Fuente imagen: revista "Arquitectura y Arte Decorativo".
Coordenadas: 33°26'06.1"S 70°39'21.6"W
El Edificio de Renta y Establecimiento Comercial Maino Hnos., ubicado en calle Teatinos 740-750 de Santiago, en la cuadra entre San Pablo y Rosas, se encuentra casi enfrente de la conocida Capilla de Ánimas, aunque su tiempo de esplendor parece haberse perdido en el actual aspecto, muy decaído y desierto. No obstante, se anuncian tiempos mejores para el mismo.
Existe alguna información publicada sobre este edificio, afortunadamente. El lector puede encontrar algo interesante, por ejemplo, en la clásica revista "Arquitectura y Arte Decorativo" N° 10 de mayo de 1930 y, más brevemente, en el trabajo "La arquitectura moderna en Chile: El cambio de la arquitectura en la primera mitad del siglo XX. El rol de la organización gremial de los arquitectos (1907-1942) y el papel de las revistas de arquitectura (1913-1941)" de Max E. Aguirre González, tesista dirigido por Miguel Ángel Baldellou Santolaria, de la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de la Universidad Politécnica de Madrid, obra de 2004.
Para contextualizar, el edificio forma parte del arribo a este sector de barrios santiaguinos de formas de comercio "modernos", aparejadas con el período de cierta madurez industrial, en plenos días del tranvía y la comedia muda en los teatros. La realidad chilena también se vería afectada por la dramática Caída de la Bolsa de 1929 y la depresión de los años treinta, poco después.
Muchas obras particulares de gran inversión, como el Edificio Maino Hnos., tuvieron lugar en este mismo tramo de tiempo, debiendo enfrentar los vaivenes de la economía mundial reflejada en la local durante los convulsionados años que seguirían. Fue éste el caso, por supuesto, con el edificio de calle Teatinos, terminado en 1927 y perteneciente a la sociedad constituida por los hermanos Ricardo y Agustín Maino, miembros de una conocida familia de comerciantes e industriales italianos residentes en Chile

sábado, 11 de mayo de 2019

UN MISTERIO DE SEIS DEDOS EN LAS SIETE FUNDACIONES: FONTANAS, KIOSCOS Y ESCULTURAS EN LA HISTORIA DE LA PLAZA DE ARMAS DE ANGOL

Vista del espejo de agua y las estatuas de América (adelante) y África (atrás), hacia los años 60. Se ve también el kiosco de retretas (antes de de ser remodelado con su aspecto actual) y, a su espalda, el edificio del desaparecido Teatro Rex. Fotografía de la Biblioteca Municipal de Angol "Víctor Villouta".
Coordenadas: 37°47'55.7"S 72°42'30.8"W
La histórica Plaza de Armas de Angol, o más exactamente la Plaza de las Siete Fundaciones, tiene el mérito de ser conocida como la más atractiva de toda la Provincia del Malleco y una de las más fotografiadas de todo Chile. Ubicada entre las calles Manuel Bunster, Arturo Prat, Chorrillos y Lautaro, ostenta también una abundante y variada vegetación arbórea en sus contornos que incluye tilos, un maitén, un abeto español, una haya y una araucaria brasileña, aunque las remodelaciones han ido variando su aspecto en diferentes épocas de la llamada Ciudad de los Jardines.
Después de la creación del Departamento de Angol en julio de 1869, cuando se independiza el territorio administrativo respecto del Departamento de Nacimiento durante el gobierno del Presidente José Joaquín Pérez, se implementaron los primeros planes para la modernización urbanística de la futura ciudad angolina, incluyendo el mejoramiento de un sector eriazo cercano al centro del poblado, precisamente en donde está la actual plaza.
A la sazón, sin embargo, se trataba aquél de un terreno con caballerizas y estacionamientos para carros, muy distante del aspecto que tendría años más tarde. Lo usaban principalmente los viajeros y los militares de paso por la localidad, fuera de los residentes del pueblo de entonces.
No bien se crea el departamento administrativo, asume en la dirección municipal don Manuel Bunster, bajo cuyo cargo Angol de Los Confines es reconocido como ciudad, en 1871. El alcalde inicia así las obras de mejoramiento de la plaza, construyéndole senderos interiores y escaños de ladrillo para los paseantes.

viernes, 10 de mayo de 2019

PRESENCIA GÓTICA EN BARRIO BRASIL: LA IGLESIA CORPUS DOMINI PARA LA ADORACIÓN PERPETUA DEL SANTÍSIMO SACRAMENTO

Iglesia Corpus Domini y una imagen del interior de la misma, en 1929. Fuente: "Libro de los Expositores de Chile en Sevilla".
Coordenadas: 33°26'14.6"S 70°39'54.2"W
La colorida Iglesia Corpus Domini destaca en la dirección de Santo Domingo 2055-2083 de Santiago, entre las calles Brasil y General Baquedano. Su gran chapitel rematado por la cruz de Cristo se hace visible al fondo de antiguas fotografías del mismo barrio, como aquella de la desaparecida Pirámide de San Pablo (San Pablo con Brasil).
La historia de este centro religioso se remonta a la fundación en la capital chilena del Instituto de las Hermanas de la Adoración Perpetua del Santísimo Sacramento, orden independiente de origen romano creada por la abadesa de filiación franciscana María Magdalena de la Encarnación, en el período 1807-1809, recibiendo la aprobación papal de Pío VII en 1818 y la fundación formal al año siguiente, bajo la regla de San Agustín de Hipona. La misión de sus integrantes es rendir a perpetuidad las devociones de adoración a Dios en augustísimo misterio de la Eucaristía, la Transubstanciación definida en el Concilio de Trento y procedente de los catecismos de San Cirilo de Jerusalén en el siglo IV.
Fue el sacerdote Miguel Tagle quien, en 1884, viajó hasta Roma para ponerse en contacto con la orden y manifestar su intención de instalar un monasterio en Chile. El Padre inició también la preparación de religiosas del Buen Pastor para instalarlas en el nuevo claustro, tarea que fue dirigida por la Madre María de la Inmaculada Concepción Fernández Concha, hermana de la beata  María de San Agustín y de los fundadores del Portal Fernández Concha junto a la Plaza de Armas, Domingo y Pedro Fernández Concha.
El terreno para el monasterio de las sacramentinas fue donado por la aristocrática religiosa Eleodora Goicolea, en la entonces periférica ubicación adyacente a la ex Cañada de Saravia o Callejón de Negrete, hoy calle Brasil, con la autorización papal de León XIII. La propiedad estaba en el sector de loteos que había dado origen, años antes, al Barrio Yungay, aunque aún faltaba para la fundación del Barrio Brasil, a inicios del siglo siguiente. El Instituto recibió la facultad apostólica en Santiago de Chile el 25 de diciembre de 1885, cuando fue erigido por el Obispo de Martiriópolis, Vicario Capitular de la Arquidiócesis don Joaquín Larraín Gandarillas.

martes, 7 de mayo de 2019

IGLESIA DE SAN PEDRO DE ATACAMA: EN EL CORAZÓN DE UN PUEBLO Y SU HISTORIA

La iglesia de San Pedro de Atacama antes de la última gran restauración. Se observa su único contrafuerte en el muro oriental y el color blanco que lucía en aquellos días. Fuente imagen: centroderecursos.educarchile.cl.
Coordenadas: 22°54'39.1"S 68°12'01.8"W
A pesar de la exhuberancia cultural de la localidad de San Pedro de Atacama y sus alrededores en la Provincia del Loa, la postal turística más característica del poblado parece seguir siendo su antigua iglesia, sede de las grandes fiestas santorales la de su patrono cada 29 de junio, el apóstol San Pedro.
Esta iglesia nace en lo que iba a ser el actual centro histórico del poblado a partir del siglo XVII, reemplazando a un templo anterior. Su ubicación es en la esquina de las actuales calles Gustavo Le Paige y Vilana, exactamente a un lado de la plaza principal y casi enfrente del edificio municipal y del cuartel de Carabineros de Chile. La posición tan céntrica favorece el que sea identificado como uno de los iconos más característicos del poblado, además de encontrarse a sólo pasos de los edificios de arcadas y la llamada casa inca, también alrededor de la plaza.
Con planta de cruz latina de 41 metros de largo por 7,5 metros de ancho, abarcando 765 metros cuadrados, el estilo dominante del edificio de una sola nave es acorde al período del barroco mestizo andino, siendo uno de sus exponentes de mayores proporciones en Chile. La materialidad de adobe, vigas de madera y piedra montadas con argamasa coincide con las técnicas de la histórica arquitectura zonal. Su altar mayor, altares menores y retablos también son fieles representantes del estilo general del templo. Sus muros miden cerca de un metro de ancho.
Debe recordarse, sin embargo, que la actual distribución urbana del poblado de Atacama La Alta o San Pedro de Atacama proviene de renovaciones habitacionales y reconstrucciones dirigidas por el Corregidor Francisco de Argumaniz entre 1770 y 1775, algo que se refleja en la arquitectura dominante. Hasta entonces, las residencias y principales edificios no estaban concentrados en un barrio o núcleo, sino dispersos y sin mucho orden ni planificación.

lunes, 29 de abril de 2019

LAS CRUCES DE BASE ESCALONADA EN LA RELIGIOSIDAD POPULAR ANDINA

Con la llegada del mes del próximo mayo al territorio andino y altiplánico, tiene lugar también una de las fiestas más importantes de aquellas regiones: celebraciones en donde la cruz pasa a ser el símbolo sublime de devociones y honores, más que en cualquier otra época del año.
No cuesta advertir que dos cosas sobre la religiosidad popular en los caminos desérticos y feroces del Norte Grande de Chile, por lo mismo: primero, la cantidad de cruces que existen en lugares específicos de la ruta, laderas de cerros y cumbres bajas, a modo de pequeños altares comunitarios o familiares; y segundo, que estas cruces corresponden a un diseño bastante particular, tanto en su plinto escalonado como en el tipo de decoración que reciben de los devotos, con ramos y flores.
Por allá encontraremos que la abundante cantidad de cruces responde a aquel patrón más o menos común y unas características muy propias, que recogen elementos estéticos y místicos de las culturas locales, abundando especialmente en algunos valles y quebradas en donde van de la mano con la fe popular y del folklore religioso que allí sobreviva.
La principal influencia que motiva la presencia de estas innumerables cruces en las regiones de Arica y Parinacota, de Tarapacá y de Antofagasta, entonces, proviene de un símbolo compartido por todo el horizonte cultural andino y altiplánico, de países como Bolivia y Perú, llegando su influyo incluso sobre el Norte de Argentina inclusive. Es un caso perfectamente equilibrado de sincretismo de religiosidad, entre elementos cristianos y otros de la cosmovisión precolombina de los pueblos altiplánicos.

viernes, 26 de abril de 2019

"LA ANTOÑANA": NARRACIÓN PARA UN ANTIGUO BOLICHE DE BARRIO MAPOCHO

Publicidad para "La Antoñana" en la prensa, hacia inicios de los setenta.
Coordenadas: 33°26'02.4"S 70°39'11.8"W
Hace unos años, observamos por acá la destrucción de los antiguos inmuebles que quedaban en la cuadra del 800 de calle Bandera, y que habían pertenecido a varios de los locales de la bohemia del "barrio chino" de Mapocho, clásico sector de clubes, bares y salones de baile al que acudían intelectuales de la talla de Pablo Neruda, Alberto Rojas Jiménez, Pablo de Rokha, Isaías Cabezón y muchos otros.
Eran aquellos parte de los últimos vestigios que quedaban en la calle, llevándose la mejor época que tuvo el comercio de estas manzanas y algunos de los restaurantes y clubes nocturnos más célebres de la historia de la recreación popular en Chile, como el cabaret "Zeppelin", el "Hércules" y "La Estrella de Chile", entre otros.
En el lugar donde están ahora las galerías comerciales Santiago-Bandera, que pasaron por un largo período de decadencia desde no mucho después de ser construidas, existió otro de aquellos míticos centros de diversión variada: "La Antoñana", uno de los más cotizados y concurridos de su época, de hecho. El entonces famoso lugar tuvo su dirección en Bandera 826, myy cercano a otro lugar de gran fama bohemia, como era el "American Bar", aunque ciertas reseñas lo ubicaban en sus inicios vecino también del también al "Zeppelin", un poco más al Norte de la cuadra y con el que compartía mucha de su clientela habitual y las figurillas que visitaban el barrio en las noches perdidas de aquel Santiago extinto.
Correspondía "La Antoñana" a un dancing y restaurante así bautizado por uno de sus dueños fundadores, el español Félix Gómez, en homenaje a su villa natal Antoñana. El nombre se mantuvo cuando el establecimiento pasó a manos de un nuevo propietario, el palestino nacionalizado chileno Selim Carraha, como señala Oreste Plath en "El Santiago que se fue".

jueves, 18 de abril de 2019

LA MALDICIÓN DE LA LLORONA... EN CHILE

Fuente imagen: guioteca.com
Llama la atención el enorme despliegue publicitario que se ejecuta, en estos momentos, con relación al filme de terror "La Maldición de La Llorona" ("The Curse of La Llorona"), de Michael Chaves. Ayer fue estrenado formalmente al público, pero ya se ha insistido por semanas en promocionarlo, incluso en noticiarios y en canales de corte cultural, aprovechando en este último caso que se trate de un personaje que trasunta desde el elemento mitológico y folklórico al argumento y el propio título de esta obra de cine.
El nuevo filme da empleo a la Llorona, esa vieja y terrorífica figura asentada en el legendario de prácticamente toda Iberoamérica, muy probablemente con sus orígenes en México. Corresponde a la mujer fantasmal que vaga por las noches buscando a sus hijos perdidos y llorando o gritando de dolor, de manera espeluznante. No parece descabellado pensar que otro filme de terror anterior, "Mama" de Andrés Muschietti, también esté haciendo un eco arquetípico a la misma leyenda que ahora llega dramatizada en "La Maldición de La Llorona".
La primitiva Llorona que encontramos en el rico legendario mexicano, posible matriz de todas las versiones que se conocen, parece guardar relación con ciertas figuras femeninas de la religiosidad mitológica aztecas, zapotecas y mayas, que aparecen como seres provenientes del mundo de los muertos e intermediando ante los hombres vivos. La leyenda se moderniza con el mestizaje y la Colonia, especialmente con la historia de la náhuatle Malinche, la consejera y amante de Hernán Cortés. Así, se vuelve una mujer en perpetuo vagar fantasmal, en pena constante, llorando y lamentándose por sus hijos, los que perdió o bien debió asesinar en un acto de irracionalidad, suicidándose después o muriendo de pena.
De esa manera, el mito se expande en diferentes versiones por el continente y pero siempre refiriéndose a la mujer proveniente del inframundo que vaga por las noches llorando con espeluznantes gemidos causando pavor, en la inútil e interminable búsqueda de sus retoños,  al grito sufriente: "¿¡Dónde están mis hijos!?". Es, en esencia, el mismo personaje al que se da trabajo ahora en el filme de Chaves, si nos fiamos por los varios trailers.

viernes, 5 de abril de 2019

"QUIEN NO CONOCE EL MANHATTAN, NO CONOCE ARICA": UNA LEYENDA DE LA BOHEMIA Y DEL ESPECTÁCULO NOCTURNO EN EL NORTE DE CHILE

El famoso e inolvidable logotipo del "Manhattan".
Coordenadas: 18°28'44.44"S 70°18'56.07"W
Parte de la historia popular de Arica se escribió en el "Manhattan", club de espectáculos y presentaciones atrevidos que llenó algunas de las páginas más coloridas de la ciudad cabecera del Norte de Chile, dejando como legado una leyenda que, a pesar de todo, aún sobrevive y parece no querer desaparecer. De hecho, su epopeya constituye casi un orgullo para las generaciones que alcanzaron a conocerlo antes de su extinción.
Muchos mitos circulan alrededor de este sitio, pero pocas reseñas sobre su historia. Una de las mejores fue publicada en un artículo del diario "La Estrella de Arica" del 15 de febrero de 2004, titulada "La verdadera historia del 'Manhattan'", del periodista Pedro Clemente. También hemos encontrado otros importantes datos en un trabajo reciente, titulado "Bohemia Arica: Catálogo de la bohemia ariqueña: rescate y difusión del patrimonio inmaterial de Arica", de Pablo López y Mauricio Navarro.
La boite y centro de eventos "Manhattan" se ubicaba en calle Maipú 543, llegando a Patricio Lynch, en un inmueble con aspecto de un largo galpón de un solo piso y techo a dos aguas. Sitio de buena categoría en sus días luminosos, su dueño fue el empresario de espectáculos Tino Ortiz Vera, apodado el Rey de la Bohemia, el Rey de la Noche y el Rey de las Noches Ariqueñas, quien había entrado a estos círculos tras pasar por la intensa actividad recreativa de Santiago, primero cantando tangos y luego como director artístico de su propia orquesta. Ortiz se dedicó también a representar artistas y organizar shows, haciendo giras por diferentes ciudades.
En el señalado artículo del diario "La Estella", recordaba su hijo y a la sazón chef del también mítico restaurante "D'Aurelio", Tino Ortiz Barrientos, que en los tiempos del Puerto Libre de Arica su padre llegó para desempeñarse como administrador del Casino Balneario La Lisera, bajo concesión de don Gastón Berríos Castañón. Ortiz traería hasta allí  importantes estrellas latinas como Libertad Lamarque, Pedro Vargas, la Orquesta de Pérez Prado y la bailarina Tongolele, desde mediados de la década del cincuenta.

miércoles, 3 de abril de 2019

LA CASONA DE LA SALLE: RECUERDOS DEL FUNDO "EL PROVENIR" EN LA FLORIDA

Coordenadas: 33°32'40.5"S 70°34'04.6"W
Hace varios años, publiqué acá un texto sobre la historia y los recuerdos del antiguo bodegón del Instituto de La Salle de La Florida, cuyo origen se remontaba a los tiempos en que esta propiedad había sido de terrenos agrícolas con una importante viña del sector precordillerano de Santiago.
Bien, es hora de hablar de su gran chalet: la Casa o Mansión de La Salle, que fuera parte del mismo fundo original y que, a diferencia del bodegón, aún se encuentra en pie, formando parte del complejo educacional, con frente hacia avenida La Florida, ocupando el número 9742, a la altura del paradero 20 de la misma vía.
Este inmueble es uno de los últimos que quedan de las antiguas estancias y chacras que existían en todo este lado otrora campestre de Santiago, en lo que ahora son las comunas de La Florida y Puente Alto, desaparecidos precisamente en los procesos de urbanización del territorio, aún en curso en varios sectores, de hecho. La cantidad de bodegas en ruinas que quedaron de aquella época (en las calles San Carlos, Los Toros, Las Tinajas, El Hualle Sur, etc.) son otros testimonios de la época de huasos a caballo y de la fuerte actividad vitivinícola que estuvo asentada acá.
En el caso particular de la Casa de La Salle, es claro que ahora luce bastante bien conservada pero, con el tiempo, los lasalianos y administradores del instituto han ido cercándola y alejándola del acceso al público, impidiendo algo que era posible todavía en la proximidad del año 2000 y hasta la construcción del nuevo acceso. Hay algo de Síndrome de Área 51 en este excesivo celo, sin duda, pero también abundan las razones para avalar estas medidas, a causa de las malas experiencias provocadas por extraños ingresando a este recinto, como fue el incendio intencional de su gran bodegón, sucedido en los años noventa.

domingo, 31 de marzo de 2019

LA LEYENDA URBANA DE LA "CASA DE PEDRO DE VALDIVIA" EN LA PLAZA DE SAN PEDRO DE ATACAMA

Antigua fotografía de la llamada "Casa de Pedro de Valdivia" en San Pedro de Atacama. Fuente imagen: blog Imágenes de Chile del 1900.
Coordenadas: 22°54'39.7"S 68°11'59.5"W
Uno de los inmuebles más antiguos de la turística localidad de San Pedro de Atacama, en la Provincia del Loa, se ubica exactamente al lado de su Plaza de Armas. Está en la manzana oriente, por la calle Toconao llegando a Gustavo Le Paige.
Corresponde a una casona con métodos de construcción que fueron muy tradicionales en la zona, con paredes de adobe sobre quincha, vanos de marcos de madera vetusta, vigas de troncos en el cielo y techo en dos aguas, con ramas y pajas cubiertas de barro. Interiormente, tiene muros de piedra en un eje estructural y divisores de espacios, con puertas trapezoidales y perfiles de madera en las puertas que aún resisten el uso y el peso.
Salta a la vista que se trata de uno de los edificios más antiguos que se conservan en aquel sector, incluso más que la iglesia y las arcadas, que por sí mismos ya son de los más viejos y originales de San Pedro de Atacama. Sus proporciones entre tanto volumen, sin embargo, la deja un poco deslucida en la competencia de la percepción del viajero. No destaca demasiado del resto, en consecuencia.
La tradición y el folklore local, sin embargo, le dan un papel protagónico en la historia del pueblo: han dicho desde antaño que este inmueble se remonta a la llegada misma de los españoles al poblado primitivo, que había sido conquistado y asimilado administrativamente en el Tawantinsuyo menos de un siglo antes por las incursiones incas, hacia el año 1450. Correspondería, según aquella creencia, a una casa de don Pedro de Valdivia, que solicitó construir a don Francisco de Aguirre antes del arribo del conquistador de Chile allí, hacia mediados de 1540, para alojar durante la travesía rumbo al Sur.