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lunes, 12 de julio de 2021

LOS BARATILLOS DE CALZADO EN EL ANTIGUO BORDE CHIMBERO DEL MAPOCHO

El galpón de los Baratillos de Calzado, c. 1910. Se observa también el Puente de los Obeliscos o De la Paz en su primera versión metálica. Postal fotográfica de la casa editora de Adolfo Conrads.

Coordenadas: 33°25'54.6"S 70°39'04.0"W

Encontré este viejo material entre mi caótico archivo de discos duros. Lo había dejado afuera de mis intereses sobre la historia del barrio Mapocho, por considerarlo poco relevante. Pero, dada la sequía de contenidos que me impide subir nuevos artículos a este sitio, quizá pueda servir para asegurar al menos una entrada en el presente año. Como nada hace prever que la situación sanitaria (con los archivos o bibliotecas cerrados) cambie en lo pronto, me permito esta licencia, a pesar de que me faltó información para completar bien el tema... Se ara con los bueyes que se tiene, entonces.

Partamos recordando que, después de las formidables obras de canalización del río Mapocho, parte de la lonja del borde norte en la ribera quedó destinada a un extenso espacio de plaza, ubicado entre las avenidas Recoleta e Independencia. Estos terrenos y sus adyacentes eran usados por circos y pequeñas ferias que, tras la fundación del Mercado de La Vega Central en 1895, vinieron a funcionar como un complemento del comercio popular en el mismo costado del río, enfrente de los puentes De los Obeliscos-La Paz, Los Carros y Recoleta-El Abasto. En donde está ahora la Piscina Escolar de la Universidad de Chile, además, existió un pequeño parque o plazoleta que contó alguna vez con un carrusel infantil de modesta factura.

Por la misma época, había funcionado en el sector de la Plaza del Mercado Central, al otro lado del Mapocho, una feria de venta de calzado conocida con nombres como los Galpones de las Zapateras o de los Baratillos de Calzado. En su obra "Las reinas de Estado", Jacqueline Dussaillant Christie concluye que la presencia de aquellos negocios de zapatos del pasado en las inmediaciones del mercado pudo haber dejado la característica comercial de la adyacente calle Puente, con muchos locales de calzado hasta nuestros días. De hecho, se sabe que en la esquina de San Pablo con Puente existió, por muchos años, una fachada con el nombre de Calzados La Iberia en lo alto, todavía visible en los años sesenta, en donde ahora existe una ferretería del barrio

Más tarde, aquellos grupos de comerciantes y artesanos se trasladarán hasta la otra ribera, en el señalado sector en la bajada de los puentes. Su gran cobertizo aparece en algunas fotografías o postales de la época y será mencionado también en ciertos documentos municipales.

viernes, 11 de diciembre de 2020

UNA PROPUESTA SOBRE EL ORIGEN DEL NOMBRE DEL COLA DE MONO (OTRA TEORÍA QUE A NADIE IMPORTA)

En otro desesperado intento por darle algo de material nuevo a este exhausto sitio, quise aprovechar el fin de año para extenderme un poco con una teoría que tengo meditada desde hace tiempo, sobre el posible origen del nombre del cola de mono, nuestro tradicional y folclórico ponche de Pascua de Navidad y de Año Nuevo, aunque sea bebestible de todo el año en la práctica, especialmente en fiestas y celebraciones.

Hace muchos años ya traté acá el tema del origen del ponche y de su etimología, de acuerdo a las principales teorías que rondan al respecto, repetidas por innumerables memorialistas. Casi la totalidad de ellas se relacionan con episodios que supuestamente involucraban al presidente Pedro Montt, sea con sus armas de fuego personales (Cold de Montt) o bien con sus derrotas político-electorales antes de conquistar La Moneda (Cola de Montt). Otras suposiciones asocian la palabra cola con el simio de Anís el Mono, la famosa marca española de anisado y cuya botella habría sido usada para envasar artesanalmente al cola de mono. Personalmente, además, he tratado de buscar también alguna relación con un vino-tónico reconstituyente que fue popular entre fines del siglo XIX y principios del XX, llamado "Kola-Monavón", pero además del parecido fonético no he encontrado aún algo realmente definitivo.

Otro de los planteamientos más frecuentes intentando explicar el nombre, sin embargo, toma la definición de cola de mono hecha por el costumbrista y lexicógrafo Manuel Antonio Román en su “Diccionario de chilenismos y de otras voces y locuciones viciosas” de 1901-1908 (ojo: antes o casi encima de que Montt llegase a la Presidencia de la República), en donde propone que sería el color marrón claro del aromático ponche lo que habría inspirado su particular nombre: "Llama aquí el pueblo, sin duda por el color que toma, una bebida compuesta de aguardiente, café y leche". A partir de esta indicación, hay quienes asumen que Román se refería al color del pelaje de los monos o, con más audacia incluso, algunos lo han relacionado con el color de sus colas. De ahí el título, entonces.

jueves, 26 de noviembre de 2020

POCHITA NÚÑEZ: LA TRÁGICA Y OLVIDADA SHIRLEY TEMPLE CHILENA

 

Imágenes de Pochita, publicadas en la revista "En Viaje".

Tras varios años siguiendo este caso y tratando de rearmarlo, creo que tengo ya material suficiente para sacar a este sitio web de su prolongado letargo, casi en el sueño de los justos... Letargo de un año que no ha sido fácil para la investigación y la divulgación cultural, por supuesto. En nuestro caso, sólo he podido cumplir con dos o tres entradas en todo el período y, muy de seguro, esta será la última por otro largo tiempo, considerando ya la proximidad de fin de año y el verano meridional. Este texto, sin embargo, es un resumen de otro más extenso que forma parte de mi proyecto "El Santiago que nunca aburría". Tómese este artículo, entonces, como un adelanto de aquel.

Coordenadas: 33°27'02.1"S 70°36'41.4"W (sector de su residencia) / 33°24'50.2"S 70°38'47.6"W (mausoleo familiar, aprox.)

María Estela Teresa de Jesús Núñez Cavieres, más conocida en su momento como Pochita Núñez, cabalgó sobre una estrella fugaz en la historia del espectáculo nacional de corte más docto.

Amante de los animales, la lectura y las artes en general, su imagen de Pochita recordaba a esos genios renacentistas con lucimiento en varias disciplinas simultáneamente: su hermosa voz iba a la par de la destreza de sus dedos sobre el piano; ejecutaba la danza con el esplendor de una experimentada bailarina y con su declamación poética ante la audiencia era capaz de sumir en el silencio más completo a la sala, trasportada hasta el país de los éteres oníricos y, desde allí, al momento final de despertar otra vez y romper la hipnosis con los aplausos.

Aunque fue parte de una generación de varios niños prodigios del espectáculo de esos años, Pochita destacó por sobre todos. Su actitud alegre, sus virtudes, su dominio del espacio y su inocente belleza la hicieron una especie de ideal infantil femenino, capaz de conquistar innumerables corazones y de formarse velozmente un público de admiradores y seguidores. Así la recordaba, en un homenaje póstumo, un anónimo redactor de la revista “En Viaje”:

lunes, 7 de septiembre de 2020

“AQUÍ ESTÁ SILVA”: LA LEYENDA DE LAS VIEJAS FONDAS

Detalle de "Aquí está Silva", en el cuadro de Charton de Treville.

Nota: He estado muy apartado de internet y de la posibilidad de hacer nuevas publicaciones en este sitio, en parte por la situación sanitaria en que nos hallamos, y en parte también por las inexplicables sanciones que se me han cursado en varias de mis redes sociales, por infracciones que desconozco. Como estamos en la proximidad de unas Fiestas Patrias bastante anómalas, por la misma situación de cuarentenas y medidas de salud, quise salir de este retiro forzado por un momento y actualizar algo en el sitio, adelantando este capítulo que pertenecerá a la segunda parte de "El Santiago que nunca aburría" y que, del mismo modo, lanzaré por ahora también en formato digital, dedicado enteramente a las entretenciones del período 1840-1910 en la capital chilena, y de las que "Aquí está Silva" fue una de sus principales leyendas.

Ernesto Charton de Treville, eximio artista oriundo de Lyon y llegado a Chile en 1843, pinta dos años después de su arribo a estas tierras un famosísimo cuadro costumbrista al óleo, obra que ha llegado a cristalizarse como un verdadero símbolo histórico de las celebraciones criollas: “18 de septiembre en el Campo de Marte”, será su título.

La detallada pintura llegará a ser la más popular y famosa de todas antiguas escenas que se conocen de las Fiestas Patrias de la antigua Pampilla, en donde estará después el Parque Cousiño, hoy O’Higgins, sumándose a las representaciones pictóricas que se hicieron del mismo lugar partiendo por la del germano Mauricio Rugendas y, después, la que saldrá desde el atril del italiano Giovatto Molinelli, todas ellas representaciones de fuerte carácter popular e infaltables en los tratados sobre criollismo.

sábado, 14 de diciembre de 2019

ENRIQUE VENTURINO SOTO: LA VIDA DEL "CÓNDOR" DE LOS ESPECTÁCULOS CHILENOS

Don Enrique "Cóndor" Venturino, célebre dueño del Circo de las Águilas Humanas y del Teatro Caupolicán. Fue el fundador del Teatro Balmaceda, además de un hombre importantísimo en el desarrollo del espectáculo circense chileno y del show revisteril. Imagen de los archivos de la Biblioteca Nacional.
Coordenadas: 33°27'22.5"S 70°38'58.1"W (Teatro Caupolicán)
Don Enrique "Cóndor" Venturino Soto fue, junto con colegas como Humberto "Negro" Tobar,  Ernesto Sottolichio, Buddy Day, Carlos Cariola y José "Padrino" Aravena, entre varios otros, parte de la médula en la camada de empresarios nocturnos de mayor influencia para el Santiago bohemio y candilejero del siglo XX, dejando tras ellos varias huellas imborrables en la memoria más profunda del espectáculo nacional. Eran viñas en las que Venturino gobernó como un verdadero Rey Midas, además, logrando una reputación y una admiración generalizadas en el ambiente.
Venturino fue reconocido como uno de los maestros de la entretención adulta, el mejor empresario del medio revisteril y espectacular de todos los tiempos. También había sido socio ocasional de Tobar en la propiedad de conocidos centros como los clubes santiaguinos "Tap Room" y el famoso cabaret "Zeppelin" de calle Bandera, participando así entre los forjadores de todo este ambiente de entretención asociado a la época, a partir de los años veinte o treinta. Y con nutrida razón, se ha dicho que este empresario oriundo del Norte Grande fue capaz de sellar con el lacre rubí del éxito prácticamente todo cuanto se propuso ofrecerle al público: boxeo, teatro, cine, boîte, espectáculos circenses de prestigio internacional y las famosas luchas libres de Cachacascán.
En su entretenido trabajo de memorias "Buenas noches, Santiago...!", el insigne periodista de espectáculos Osvaldo Muñoz Romero, más conocido por su pseudónimo Rakatán, también dedica parte del libro al recuerdo del mítico industrial de las artes escénicas:
"Alto, macizo, campechano, francote, sabía decir las cosas por su nombre. Era un trabajador infatigable. Él mismo se encargaba de la publicidad de su teatro el ‘Caupolicán’. Tuvo dos hijos que siguieron sus aguas: Sergio, que trabajó en Venezuela, y Hugo, que se encargó de los circos que recorrieron todo el territorio y también a algunos países de América".

viernes, 13 de diciembre de 2019

ESTACIÓN MAPOCHO: UN LARGO CAPÍTULO EN LA HISTORIA DE LA CAPITAL CHILENA

El imponente edificio de la Estación Mapocho en imagen del archivo Chilectra. Fotografía fechada en mayo de 1920. Un carro de la Línea Nº 11 Providencia se desplaza junto a la Plaza Venezuela.
Coordenadas: 33°25'55.8"S 70°39'16.6"W
Nos parece un hecho casi incontestable: el edificio que fuera de la Estación Mapocho, hoy centro cultural y principal referente arquitectónico del sector, debe ser el principal flujo de identidad local en el actual barrio Mapocho de Santiago, superando con su presencia incluso a las otras grandes y más antiguas unidades urbanas o de actividad social en aquellas cuadras, como el cercano Mercado Central, el Mercado de La Vega al otro lado del río y los puentes históricos en el mismo.
A lo largo de la historia de Santiago, este barrio ha tenido varias vidas. Sin embargo, parece haber consolidado su rasgo recién con la construcción de la estación de trenes, recién pasado el Primer Centenario, con la formidable estructura de decoración recargada que también está erigida sobre espacios arrebatados al río durante su canalización, iniciada en los tiempos del Presidente José Manuel Balmaceda. Toda la hotelería, el comercio "moderno" y la intensa bohemia de estas calles en el pasado, se construyeron alrededor de aquella entidad que le daba al lugar un indiscutible rasgo portuario.
Calles y cuadras adyacentes a la terminal ferroviaria, además, se unificaron en lo que se asoció al barrio de la Estación Mapocho propiamente dicho, alcanzando a cubrir otros referentes vecinos como la ex Cárcel Pública, el Parque Centenario (hoy Parque de los Reyes), el edificio del Bristol Hotel y la Plaza Venezuela, entre varios hitos del entorno. Fue un golpe de modernidad tremendo en el lugar, sin duda, que alteró en muchos aspectos y grados este preciso lado de la ciudad de Santiago, otorgándole características que aún lo definen como barrio a pesar de los inevitables cambios.
Por su parte, la avenida Presidente Balmaceda abierta hacia 1927-1928 y pasando exactamente al lado del edificio de la estación, al ser aún conocida por algunos imprecisamente como Mapocho (nombre dado antes a toda la avenida que por acá contorneaba el río), parece haber sido de primaria importancia también para la toponimia de lo que popularmente identificamos como este barrio, en un efecto nominal parecido al de calle Bellavista sobre el grupo de cuadras del mismo nombre y cuya arteria matriz principal es, en realidad, calle Pío Nono en casi toda su longitud.

lunes, 9 de diciembre de 2019

UN DISCURSO FUNERARIO PARA LA CASONA DEL ESCUDO EN ÑUÑOA

Coordenadas: 33°27'02.5"S 70°35'46.3"W
El inmueble ubicado en el encuentro de calle Campoamor con avenida Holanda en Ñuñoa, esa misteriosa e inconfundible casona con el Escudo de Armas de Santiago en su fachada, probablemente era el último representante de la generación de suntuosas viviendas antiguas remontadas al origen urbano de este punto específico en el barrio del empalme de ambas vías. Desde los años ochenta, sin embargo, el cambio del barrio había sido notorio, por el reemplazo de las viejas residencias por colmenas de edificios residenciales.
Este año 2019 que ya se va, arrastró con él también a aquel vestigio final, recuerdo de una importante fracción en la historia de la comuna. Será reemplazada por el respectivo edificio de departamentos como los que ya existen en el lugar, completando el nuevo rasgo que se ha apoderado del mismo barrio del señalado empalme, a pesar de que aún conserva la característica de las gratas arboledas que también lo caracterizan.
Para los vecinos, ha sido una tragedia lo que ha ocurrido en esa esquina, específicamente en la dirección de avenida Holanda 3483: perder un precioso inmueble de influencias neocoloniales en su exquisito eclecticismo de rasgos hispánico-andaluces y criollos. Ya no estará más allí esa fachada de dos pisos, con el blasón de armas de la capital chilena empotrado en su frontis, con preciosos balcones y rejas de vanos con forja antigua sin soldaduras ni piezas de encaje, hechas a puro arte de herreros.
La casa enfrentaba a la calle Holanda, pero el terreno construido se extendía largos metros por el lado de Campoamor, ocupando gran parte de la cuadra con algunos árboles en su interior. Era una residencia independiente, con sello propio y no pareada. Había algo lúdico en su diseño y el de sus piezas, además: una evocación casi romántica, acaso como de la literatura épica clásica, con elementos caballerescos en sus figuras de las protecciones inclusive.

viernes, 6 de diciembre de 2019

EL "HOMENAJE A LA NEUROCIRUGÍA" DE MARTA COLVIN

Fuente imagen base: Avanza Chile.
Coordenadas: 33°26'12.6"S 70°37'20.9"W
Es uno de los monumentos y símbolos institucionales más hermosos y característicos de todo Chile. Resulta imposible imaginarlo en otro contexto o, incluso, en alguna otra ubicación geográfica. De hecho, quienes nunca hayan estado en el Instituto de Neurocirugía de Santiago, probablemente reconocerán la obra escultórica gracias a todas las fotografías y despachos noticiosos en donde la inconfundible figura ha sido un icono determinante para identificar el complejo.
El Instituto de Neurocirugía "Dr. Alfonso Asenjo" se encuentra en avenida José Manuel Infante 553, en la comuna de Providencia y vecino a las dependencias del Hospital del Tórax, en el barrio sanitario de Salvador. Fue fundado en dependencias del Hospital Salvador el Instituto de Neurocirugía, en 1939 y bajo el Gobierno de Pedro Aguirre Cerda. A partir de 1950, ya en el Gobierno de Gabriel González Videla,  el Ministerio de Educación Pública lo transforma por decreto supremo en el Instituto de Neurocirugia e Investigaciones Cerebrales de Chile, independiente del Hospital Salvador, y procediendo a iniciarse las obras de construcción de sus propias dependencias en calle José Manuel Infante, a espaldas del Hospital Salvador.
El nuevo edificio, correspondiente a un complejo altamente moderno en los estándares de la época, fue inaugurado el 25 de abril de 1953, ya en el Gobierno de Carlos Ibáñez del Campo, tomando años más tarde el nombre de su principal fundador, el Dr. Asenjo, como un homenaje a su legado y a su rol precursor de la misma casa de salud. Además, el Instituto había pasado a ser dependiente de la Facultad de Medicina de dicha Universidad de Chile desde antes del traslado a sus nuevas dependencias.
En plenos trabajos de construcción del complejo, sin embargo, la eximia escultora chillaneja Marta Colvin Andrade (1907-1995) se haría cargo de un particular desafío: construir una obra que sirviera de imagen característica e identificadora para la noble institución, casi como su sello corporativo como resultó ser a la larga, concibiendo así la preciosa obra titulada "Homenaje a la Neurocirugía".

miércoles, 4 de diciembre de 2019

AUGUSTO ORREGO LUCO: EL MÉDICO CON TALENTOS DE BRUJO Y ARQUETIPO DEL "DOCTOR DEL PUEBLO"

El Dr. Orrego Luco en retrato fotográfico  de 1884, atesorada en la sección de fotografías de la Sala Medina, Biblioteca Nacional de Santiago. Fuente imagen: Biblioteca Nacional Digital.
Un importante antecedente "callejero" sobre la preocupación por la salud en la sociedad chilena lo representa el chileno Dr. Augusto Orrego Luco, prominente médico del siglo XIX, escritor, articulista, académico, hermano mayor del pintor y diplomático Alberto Orrego y del escritor y político Luis Orrego, el conocido autor de "Casa Grande".
Nacido en Valparaíso en 1849, Augusto Antonio Orrego Luco era hijo del empresario Antonio Orrego Garmendia, recordado por haber introducido la cera en el mercado chileno, y de doña Rosalía Luco León de la Barra. Todos sus primeros estudios tuvieron lugar en el puerto hasta que llega a Santiago a matricularse en el Instituto Nacional, donde funda un semanario junto a su amigo Luis Montt. Pasará desde allí a la Universidad de Chile en 1866, primero estudiando derecho.
Por alguna razón, el joven Augusto descubre sobre la marcha que las leyes no son los suyo, y decide cambiar su proa hacia la medicina. Su acaudalada familia lo complace, enviándolo a Europa para realizar aquellos estudios superiores. No obstante, y muy para su desgracia, malas decisiones económicas y problemas inesperados empobrecen rápidamente a su padre en ese mismo período, viéndose obligado a regresar a Santiago. Acá entrará a la Escuela de Medicina de la Universidad de Chile, pagándose con su esfuerzo la carrera. Para este objetivo, trabajaba como periodista en el diario "La Patria" de Valparaíso y luego "El Ferrocarril" de Santiago, además de hacer algunos aportes para la Academia de Bellas Artes.
Empero, justo en aquel entonces, una feroz epidemia de viruela atacaría al país poniendo a prueba las capacidades de la medicina chilena para enfrentar semejante calamidad. En respuesta, el 12 de junio de 1872 se crea la Junta Central de Lazaretos, comité integrado por Monseñor Ignacio Víctor Eyzaguirre, el Dr. José Joaquín Aguirre, José Manuel Guzmán, Valentín Marcoleta, Vicente Izquierdo, Matías Ovalle y Manuel Arriarán, como secretario este último, con la misión de tomar las decisiones necesarias para combatir la epidemia que asolaba a Santiago.

domingo, 1 de diciembre de 2019

BURDELES, NOCTÁMBULOS Y RUFIANES: CRÓNICA DEL EXTINTO BARRIO ROJO DE LOS CALLEJONES DE RICANTÉN

Calle Lira en 1962. Fuente imagen: sitio web del Liceo Confederación Suiza.
Coordenadas: 33°27'03.9"S 70°38'17.0"W
Hubo una época de los prostíbulos, mancebía y bohemia en Santiago que resulta inolvidable a quienes la vivieron: la epopeya del barrio Los Callejones, en Diez de Julio Huamachuco, hasta donde acudían con el pecho ardiente desde modestos folcloristas, tangueros y cuequeros pagados con cañas de vino, hasta prominentes hombres públicos que derramaron algunos de sus más grandes secretos en la memoria de aquellas cuadras.
Los Callejones parecen haber sido el primer barrio rojo moderno de la capital chilena, al menos en los términos que lo reconocemos ahora, además del más famoso. Este concepto va mucho más allá de ser sólo un concentración de prostíbulos y tugurios, por supuesto, aunque también ha quedado sumido en la tendencia a poetizar el recuerdo por parte de aquellos que lo conocieron y que hoy lo contemplan desde el observatorio de la nostalgia, no siempre muy objetivo. Lo cierto es que había en él elementos igualmente pintorescos o encantadores conviviendo con otros oscuros y problemáticos, que acabaron sobrepasando sus atracciones y condenándolo a desaparecer, finalmente.
Llamado también Barrio Ricantén, Callejones de Ricantén (Licantén en algunas versiones, por corrupción fonética) o, simplemente Barrio Callejones, correspondía a un cuadrante de viejas calles y cuadras estrechas distribuido entre las vías Diez de Julio Huamachuco, Dr. Brunner-Tocornal, Argomedo y Raulí-Portugal, llamadas Freire-Maestranza en esos años. La concentración de prostíbulos, bares "con niñas" y quintas de remolienda en esas pocas cuadras fue asombrosa, llegando a desbordar los límites del marco original expandiéndose así por casi todo este sector de Diez de Julio.
Al centro de este trazado estaba el corazón de los temidos callejones, entre Lira y Raulí por la calle Sucre, poco después llamada también Ricantén, cuando terminó de abrirse la vía y conectó con la de este nombre. En nuestros días, corresponde a Antonio Ricaurte, en homenaje al oficial independentista de las Provincias Unidas de Nueva Granada. Este último nombre, que aparecía ya en algunos planos de 1911, lo recuperó hacia 1952, pues parece que Ricantén fue una adaptación fonética del original Ricaurte, que afectó rápidamente en la denominación de la misma.

sábado, 30 de noviembre de 2019

EL MAGO DE LA POLLA GOL: LA VERDAD HECHA LEYENDA DE ROBERTO JACOB HELO

Don Roberto, en imagen de su libro "Un poco antes de la muerte".
Hacia la primera y segunda cuadra del paseo Ahumada en los ochenta, cerca de los principales cafés y sobre una banca para el descanso peatonal, era habitual encontrar en aquellos años a don Roberto Jacob Helo, más conocido para la posteridad como el Mago de la Polla Gol.
Por entonces, el singular personaje y "guía" hacia la esperanza de riquezas, ofrecía al público sus fórmulas, folletos y recomendaciones varias, con demostraciones incluidas, para enseñar el procedimiento que empleaba exitosamente para pegarle al premio mayor del famoso concurso de la Polla Chilena de Beneficencia, con base en pronósticos del campeonato nacional de fútbol. Cerca un centenar de ocasiones llegó a ganarse el premio mayor, de hecho, dejando demostrado su dominio en el famoso concurso, que alimentaba las ilusiones de tantos chilenos en aquellos años de crisis económica.
Por sus características, el caso del llamado Mago de la Polla Gol debe ser uno de los más pintorescos de la historia popular chilena y de sus semblanzas callejeras. Fue incluido por Nicolás Rojas en su trabajo "Grito y plata. Historias de casinos, hípica y juegos de azar en Chile", y por Cristián Venegas en "Fuera de juego. Breves crónicas de fútbol chileno". Hasta hoy, muchos lo recuerdan como una parte importante de las memorias de su propia vida en la ciudad de Santiago, extrañando su presencia en el mismo paseo Ahumada.
Casi desde el momento mismo en que se creara la Polla Gol para recaudación del Estado de Chile, originalmente orientada al fomento deportivo a mediados de los años setenta, la esperanza de un cambio de vida con el dinero del premio nubló consciencias y obsesionó a algunos ilusos, algunos de ellos llegando hasta la tumba en la periódica espera de atinarle a los famosos 13 puntos de los pronósticos en cada cartilla, con las opciones empate, local y visita.

miércoles, 27 de noviembre de 2019

PLAZA PUNTA DE RIELES: REMINISCENCIAS DE LOS AÑOS DEL TRANVÍA EN MACUL

El tranvía de la Línea N° 23 de avenida Macul, hacia la década de los años veinte. Tenía su parada justo en la Punta de Rieles de Macul.
Coordenadas: 33°29'7.19"S 70°35'59.56"W
El político y prominente hombre público José Pedro Alessandri (1864-1923),  importante personaje de la historia de Ñuñoa, hizo abrir la avenida Macul de Santiago cuando recién había pasado el Primer Centenario Nacional. En principio llamada Gran Avenida, como el camino llevaba hasta el entonces pueblito de Macul, de origen indígena, pasó a tomar este mismo nombre al poco tiempo. Este aporte vial fue para la creciente urbe fue un enorme impulso de desarrollo, en especial para aquellos caseríos del sector, permitiendo también la llegada del tranvía hasta allí.
Hacia los años veinte y treinta la Línea N° 23 del tranvía de Santiago, llamada en aquel tiempo "Macul" y después "Avenida Macul", partía su recorrido desde la avenida Irarrázaval, el antiguo camino de Ñuñohue o de Ñuñoa, hacia Macul, llegando hasta lo que era por entonces el final de la misma en el límite urbano suroriente de la capital chilena. Su recorrido de vuelta era por el mismo trayecto, como señala el "Baedeker de Chile" de Carlos Tornero, de 1930, permitiendo así la conexión de los residentes de la zona con los recorridos más céntricos del mismo sistema de tranvías, en cada jornada.
El punto final del trayecto de la Línea N° 23 tuvo dos o tres paradas últimas o puntas de rieles, como se les llamaba entonces al punto final de los carriles, a la sazón ubicados en la comuna de Ñuñoa. Sin embargo, el más importante de ellos fue el que estaba en la intersección de las avenidas Macul y Quilín, que distaba mucho de tener entonces el mismo paisaje urbano de nuestros días, viéndose más parecido a lo que serían los límites de una ciudad con los terrenos rurales y de grandes parcelas que se extendían hacia el Sur.
La guía del "Plano de Santiago" de la casa Karstulovic, de 1941, señala que, para entonces, el nombre de la Línea N° 23 era "Macul-San Martín", y podemos verificar en el detalle de su recorrido que se había ampliado mucho, desde la Alameda hasta lo que entonces se conocía como el camino Macul-Lo Cañas, que hoy conocemos como Quilín. Era en ese mismo sector en donde estuvo la Punta de Rieles de Macul, precisamente. En "Los viejos tranvías se van", de 1955, Ramón Lira Lira confirma que el recorrido sufrió muchos cambios de punto de partida, llegando un momento en que iniciaba y concluía sus recorridos de regreso en el sector de Mapocho.

lunes, 18 de noviembre de 2019

LA MARINITA Y SU TRAGEDIA: LA ANIMITA DEL PARQUE O'HIGGINS

Placas de agradecimientos y ofrendas para la Marinita hacia 2003, en imagen publicada en "Templos de Chile" de Juan Forch. Fuente imagen base: Memoriachilena.
Coordenadas: 33°27'54.3"S 70°39'41.8"W
La celebérrima animita de Santiago conocida como La Marinita o Animita del Parque O'Higgins, se encuentra a un costado del famoso óvalo del Campo de Marte, al Sur-poniente de este sector entre el patinódromo y las canchas del club de tenis, junto a los juegos infantiles y los quinchos para asados. Es un rincón gratamente sombreado por los árboles y en donde pareciera que la devoción nunca se acabará, a pesar de los cambios que ha experimentado la sociedad y la fe en nuestra época.
La persona venerada en esta animita es Marina Silva Espinoza, una niña de la que se sabe muy poco, incluso entre sus devotos, ya que su recuerdo es orbitado por varios mitos. El dato principal entre todos ellos, es que habría sido cruelmente violada y asesinada en 1945 por su padrastro y que era sordomuda. Y cuentan las leyendas, además, que el fantasma de la niña se aparece jugando ante los visitantes del parque, o que los cercanos columpios infantiles se mueven solos durante las noches. Algunos cuidadores aseguraban que esto sucedía en el parque.
Aferrándonos a datos más reales, sin embargo, el crimen de Marinita sucedió exactamente el 23 de mayo de aquel año, y muy posiblemente bajo el mismo árbol que ha seguido creciendo sobre el lugar de su recargada y querida animita. Esta última parece ya un pequeño santuario, asegurándose allí también que la niña suele ser muy milagrosa y cumplidora, como sucede con todas las animitas que perduran y se perpetúan en su popularidad. Algunos comerciantes, de hecho, venden velas a ciertas horas del día.
El crimen sucedió en los tiempos en que Parque O'Higgins aún era conocido como Parque Cousiño y no tenía esas rejas de seguridad que ahora lo cercan por todo el perímetro. El cadáver de la pequeña fue descubierto dentro del terreno hacia las 9:00 horas de la mañana del 24 de mayo de 1945, bajo un árbol del sector que da hacia la avenida Beaucheff, enfrente de la calle Antofagasta y cerca de la tribuna de la elipse. El hallazgo, realizado accidentalmente por Ismael Badilla García, soldado de los cercanos Arsenales de Guerra, desencadenó de inmediato una frenética búsqueda para dar con la identidad de la niña y la del desalmado y cruel asesino.

viernes, 8 de noviembre de 2019

MEMORIAL DEL PUENTE DE PALO EN EL RÍO MAPOCHO

El Puente de Palo, levantado sobre los bloques de las bases-arranques de los que habían sido los arcos del anterior Puente de Ladrillo, que alcanzan a distinguirse en esta imagen de 1870-1880, aproximadamente.
Coordenadas: 33°25'58.92"S 70°38'55.04"W (ex ubicación del puente aprox.)
Un lugar donde tanto el pueblo residente de los barrios ribereños de Santiago como los caprichos impetuosos e impredecibles del río Mapocho encontraron espacio para picardías y malicias humanas, llegando a hacer necesario instalar un vigilante de punto fijo sobre él (en beneficio de la buena conducta), fue la pasarela que existió allí sobre las ruinas del viejo Puente de Ladrillo, primero que tuvo el Mapocho e instalado precisamente encima del sistema de tajamares más antiguo que conoció la ciudad.
Le llamaban Puente de Palo, y aunque su historia fue opacada por la magnitud y la belleza del Puente de Cal y Canto, se trató de uno de los pasos históricos y más importantes que tuvo Santiago sobre el Mapocho, abarcando buena parte de su vida entre entre la Colonia y la República por más de un siglo de existencia. Por sus rasgos pintorescos, Ismael Espinosa lo comparaba con el famoso puente de madera de Lucerna, Suiza (el turístico Kapellbrücke), en su "Historia Secreta de Santiago de Chile":
"El puente de palo era, además, el pasaje obligado para dirigirse a las chacras de la Chimba, abundante en famosas cazuelas de ave y en exquisiteces criollas de toda especie. Por él discurrían también los padres de la Recoleta Franciscana, donde vivieron los dos santiaguinos por adopción que más se han acercado a la gloria de los altares: el Siervo de Dios fray Pedro de Bardeci, y el abnegado y milagroso fray Andresito".
A menudo, sin embargo, este puente es confundido con el también viejo pero posterior Puente de los Carros, situado hacia donde mismo está el que hoy lleva ese nombre entre los mercados del barrio, aunque ya en su versión metálica. El error es muy comprensible, sin embargo, cometido incluso por expertos y profesionales de estos temas que aquí tratamos de forma más ligera, pues son engañados tanto por el parecido de ambos puentes como por la proximidad que tuvieron los dos en este tramo urbano central del río Mapocho.

miércoles, 30 de octubre de 2019

MELANCOLÍAS EN SILENCIO DEL TEATRO AMERICAN CINEMA

El edificio esquina de Arturo Prat con Alonso de Ovalle, luego American Cinema, en plena construcción o acaso modificación. Fuente imagen: colecciones de Pedro Encina en "Santiago Nostálgico".
Coordenadas: 33°26'45.16"S 70°38'58.66"W
Un edificio de cierto aire neoclásico, de albañilería reforzada en marcos de acero y techado de galpón con más de un siglo a cuestas, está situado al final de la primera cuadra de la calle Arturo Prat (ex  Nueva de San Diego) caminando unos pasos desde la Alameda en Santiago hacia el Sur. Con estupendas dimensiones y altura en cuatro niveles, calla en mutismo absoluto su secreto allí, en este popular lado de la ciudad, intrigando con sus formas ostentosas y confundiendo también sobre pasado como uno de los primeros sitios de exhibiciones cinematográficas en Chile.
Después de un largo período de decadencia, ha debido ser restaurado hasta el año pasado por sus propietarios actuales y para evitar pleitos con la administración municipal, según cuentan, cambiando felizmente su aspecto por uno más recuperado y restaurado. Esto no extraña: a pesar de su misterio, figura entre las fichas de los Inmuebles de Conservación Histórica de la Comuna de Santiago, con el folio N° 1356 de 2015. Es, pues, el único edificio que queda en Santiago junto al Teatro Municipal, de los más de 50 en donde se alcanzaron a exhibir películas en plena época del Primer Centenario Nacional.
Sin embargo, no queda mucho de sus características como teatro y cine. Construido a inicios del siglo XX, de unos 1841 metros cuadrados y modificado en su momento para un capacidad de hasta 5.000 personas, en el edificio ya no cuelga el cartel luminoso de los fierros empotrados en la fachada, sobre lo que fueron sus accesos, y tampoco se puede reconocer interiormente la sala, totalmente desmantelada para otros usos en arriendo que se dieron al lugar, tras dejar de servir como espacio de presentaciones de vodevil y teatro de variedades.
La publicación del grupo de investigación y asesorías Santiago a Pie, titulada "The American Cinema o el gran frontón Chile", señala que el inmueble fue primero una cancha cerrada con graderías para el juego de la pelota vasca o jai-alai, establecimiento de 1903 llamado Gran Frontón Chile. El juego todavía era relativamente popular hacia entonces, en varias ciudades del país y practicado desde los tiempos de la Colonia.