sábado, 15 de diciembre de 2018

UNA TUMBA Y UNA TRAGEDIA: LA ANIMITA DE "BOTITAS NEGRAS" EN CALAMA

La tumba y animita poco antes de su último mejoramiento, en el Cementerio de Calama. Fuente imagen: diario "La Estrella" de Antofagasta (2009).
Coordenadas: 22°27'46.6"S 68°54'22.9"W
Por fin he conocido la tumba de Irene, la llamada Botitas Negras del Cementerio Municipal de Calama, convertida en una  de las animitas más célebres y veneradas del país, como lo demuestran las  infinidad de placas de agradecimientos y pequeña ofrendas que le han dejado sus fieles seguidores.
El sobrecogedor caso que dio origen a esta canonización popular comenzó con el hallazgo de un cuerpo femenino, de varios días fallecido, el 8 de septiembre de 1969. Los restos estaban apenas sepultados con poca tierra, en por la salida de Chuquicamata hacia Tocopilla, cerca de la mina Andacollo. Es un sector junto al Cerro Negro, cercano al lugar llamado Punta de Rieles, famoso alguna vez por ser una aldea colmada de prostitución y cafés chinos para los mineros.
Cuando el personal policial llegó con el Juez de Primer Juzgado del Crimen de Calama, se encontraron con una escena por completo macabra y repugnante: un cadáver destazado, disperso y parcialmente devorado por zorros y ratones. Los restos parecían de una mujer de entre 20 a 30 años y de 1,65 metros de altura, pero le faltaba parte del rostro, las orejas, el pelo, las mamas y piel de las extremidades, haciendo más difícil poder reconocerla. El cuchillo del asesino, acaso, se había empeñado en ocultar la identidad de la víctima, aunque se ha dicho también que parte del descuartizamiento se habría realizado para meter el cuerpo en la cajuela de un misterioso vehículo que la llevó hasta allá, ya que no cabía completo.
Según detalló la prensa de entonces, la fallecida llevaba también un vestido de flores cafés sobre amarillo, y un calzón bajado hasta los tobillos de sus pierna moreteadas, calzando botas de color negro, detalle de gran importancia en esta historia. "La mujer de las botas negras", fue llamada por los calameños y en la propia prensa, mientras no recuperaba su nombre, por lo mismo.

sábado, 1 de diciembre de 2018

SE NOS VA "LA HIGUERA" DE MAIPÚ: OTRA CRÓNICA PARA EL PANEGÍRICO DE SANTIAGO

La entrada al local, poco después del Bicentenario.
Coordenadas: 33°30'32.98"S 70°45'30.69"W
Tendré que concluir esta larga temporada de publicaciones desde mi Santiago querido y antes de iniciar nuevos periplos de viajes, con una entrada que nunca hubiese querido existiera en este blog: sobre el cierre ya inminente e irremediable del bar y restaurante "La Higuera", una de las últimas y auténticas picadas tradicionales que quedan en la capital chilena.
Ya me había referido a "La Higuera" años atrás, a propósito del ciclo de guías con buenos tragos terremotos de la ciudad. Nada hacía avizorar, por entonces, que el quizá más folklórico y criollo boliche de Maipú, que aún conservaba sus aires de vieja cantina pueblerina y quinta de recreo, iba a desaparecer víctima de los mismos cambios de paisaje urbano y desarrollo que no hace mucho se llevaron también al antiguo inmueble de la casa funeraria "La Univer", no muy lejos de aquí, víctima de las adaptaciones forzadas de la ciudad para la calamidad del Transantiago.
El histórico centro culinario y recreativo de calle Chacabuco 84, cerca del cruce con Monumento en el sector central de Maipú y a pasos de la Plaza de Armas, de la Municipalidad y del Templo Votivo, se empinaba ya por los 66 años de existencia, abriendo todos los días de la semana y hasta horas de la madrugada cuando hay ambiente. Por eso aparece mencionado, por ejemplo, en el libro "Brochazos de un maipucino antiguo", de Guido Silva Valenzuela.
"La Higuera" nació en 1942, como un negocito de los antiguos que hubo en Maipú, cuando su conexión con el resto de Santiago era por el casi rural Camino de los Pajaritos, hoy avenida, además de las vías férreas más al Sur. Su fundador fue don José Castro, aunque con ayuda de su amada esposa Luisa, la recordada doña Luchita. Ambos están retratados en una imagen conmemorativa dentro del local, en los muros del sector techado al fondo, y en una ilustración en el sector de enfrente, en los comedores.

domingo, 25 de noviembre de 2018

RETRATOS HISTÓRICOS DE LOS VENDEDORES AMBULANTES Y COMERCIANTES CALLEJEROS DEL CHILE QUE YA NO EXISTE

"Vendedores en las calles", del "Atlas de la historia física y política de Chile" de Claudio Gay, publicado en París en 1854. De izquierda a derecha: heladero, brevero (vendedor de higos y brevas), velero (vendedor de velas), dulcero (vendedor de golosinas y dulces) y lechero.
Quiero tomarme un respiro con los textos más extensos y publicar algo ligero en esta ocasión, dedicado a los clásicos vendedores y personajes del comercio callejero más clásico de Santiago: esos con características de pregoneros que existieron durante la Colonia, gran parte de la República y que recién en el siglo pasado comenzaron a desaparecer irremediablemente, aplastados por la realidad de los tiempos siempre cambiantes.
Por algunos períodos de la historia, la única forma de proveerse de algunos productos fue a través de esta clase de vendedores al detalle. La concentración de los mismos en algunos puntos específicos de cada ciudad o pueblo, fue lo que dio origen a las respectivas ferias o mercados de los mismos, en varias ocasiones. También tenían alguna clase de convivencia conflictiva y nunca bien resuelta con la autoridad: históricamente, lidiaron con restricciones y prohibiciones, en algunos casos con períodos de persecución y en otros de vista gorda, tolerancia esta última que se debía al hecho de que sus ventas terminaban siendo necesarias para el abastecimiento del pueblo.
Muchos cronistas del siglo XIX dejaron retratos interesantes (textuales y gráficos) sobre aquellos personajes que eran comunes en las calles de Chile en aquellos años: Claudio Gay, Recaredo Santos Tornero, Melton Prior, entre otros. Sus observaciones y sus ilustraciones han permitido ahorrarle imprecisiones a la imaginación y ver con mayor ajuste el aspecto, la estampa, la indumentaria y los caballos o mulas de aquellos pregoneros antiguos del país. Dejamos de lado, sin embargo, a otros personajes que estuvieron en la misma relación de la vida urbana y callejera, como los serenos, los pregoneros de anuncios públicos o los cataneros de vigilancia policial, pues no tenían una orientación comercial en su quehacer.
Cabe notar que, entre los comerciantes ambulantes de antaño, había un grupo estable y permanente, casi infaltable, cuyos productos muchas veces compartían el mismo canasto o "cuna" de mimbre: los vendedores de huevos duros, pan amasado, de tortillas de rescoldo y pequenes, eran un buen ejemplo de ellos, sobrevivientes todavía hacia los años setenta. Lo más parecido a los mismos en nuestros días, quizá sean los vendedores de sánguches, de desayunos o de bocadillos en estaciones, terminales de buses y lugares al paso de viajeros y trabajadores. Del mismo modo, el antiguo dulcero o vendedor de golosinas confitadas y pequeños pastelitos para niños, puede tener una línea histórica con el rol de las actuales palomitas o vendedoras de dulces típicos chilenos.

martes, 20 de noviembre de 2018

LA CAPILLA DEL SAGRADO CORAZÓN Y LA PLAZA DE LOS ARTESANOS DEL 900 EN EL BARRIO SANTA ISABEL

La Capilla del Sagrado Corazón en la Plaza Artesanos del 900. Imagen publicada por Consuelo A. Christen (U. Diego Portales) en informe "Práctica en Oficina: Subdirección de Patrimonio-Serplan - I. Municipalidad de Santiago".
Coordenadas: 33°26'50.0"S 70°38'17.8"W
En la manzana capitalina ubicada entre las calles Portugal (ex De la Ollería y luego De la Maestranza), Santa Victoria (ex Infante), Marín y el callejón corto de Angamos (ex San Martín), en pleno barrio Santa Isabel de Santiago Centro, estuvieron ubicados por largo tiempo los claustros conventuales del la antigua Congregación del Sagrado Corazón de Santa Magdalena Sofía Barat, conocidas como las Madres de los Sagrados Corazones, lugar de la primera Escuela Normal del país.
Del antiguo internado de las monjas, aún sobrevive el estupendo edificio decimonónico de la casa central, ocupado por la sede de la Universidad Mayor (Facultad El Claustro). En estos pasillos y cuartos vivieron importantes religiosas de la época, como la fundadora de la orden en Chile-, la enérgica madre francesa Ana du Rousier (quien dirigió el trazado del edificio y sus patios), la que había llegado a Chile con sus hermanas de congregación la inglesa Mary Mac Nally y la italiana Antonieta Pissorno, hacia 1853. Su iniciativa fue la que trajo a América Latina a las hermanas del Sagrado Corazón a partir de este complejo, además.
Otras célebres monjas residentes en este complejo destacaron en años posteriores, como Sor Juana Fernández Solar, luego Santa Teresa de los Andes. La orden también tuvo un colegio de alumnos externos o Externado, en el sector de la Alameda de las Delicias a partir de 1885, más o menos en donde ahora está la Torre Entel.
Dos edificios de nuestra época ocupan lo que eran los jardines del conjunto, hacia la avenida Portugal, además de un fragmento de los antiguos tajamares coloniales del río Mapocho que allí fue ubicado. A espaldas de los ex claustros, en cambio, creció sobre los patios y huertos del convento, una pintoresca y pulcra villa obrera llamada Claustro del 900, distribuida entre las calles Turquesas, Amatista, Malaquita y Diamantes. Es al final de ella que está la plaza y la capilla de nuestro interés en esta entrada.

jueves, 15 de noviembre de 2018

EL "NÓRDICO" DE MULCHÉN: LA PIEZA ARQUEOLÓGICA CON UNO DE LOS MÁS GRANDES ENIGMAS DE CHILE, EN EL MUSEO DILLMAN BULLOCK DE ANGOL

Fotografía de David Lowry e lustraciones del profesor Israel González, para el informe de 1965 de Dillman S. Bullock sobre el misterioso objeto lítico de Mulchén, hoy en la cartilla que lo acompaña en la oficina del conservador del museo.
Coordenadas: 37°49'28.6"S 72°39'45.6"W (Museo Dillman S. Bullock)
He coronado mi reciente visita a Angol, en el marco de las premiaciones del concurso "Escrituras de la Memoria" (Ministerio de las Culturas), con la satisfacción de un largo anhelo: conocer directamente, en persona, la misteriosa pieza arqueológica apodada el "nórdico" o  el "vikingo" en el Museo Dillman S. Bullock, ubicado en el Instituto Agrícola del Fundo El Vergel, perteneciente a la Corporación Metodista de Chile. Este histórico complejo está el kilómetro 5 del Camino Angol-Collipulli (carretera Dillman Bullock), por la salida de la localidad de Huequén, en la Región de la Araucanía.
La pequeña roca tallada pulcramente por desconocidas manos expertas, carga uno de los enigmas más grandes y profundos del territorio chileno, hasta ahora no resuelto y en algún momento casi desdeñado, tal vez por las complejidades que acarrea su desafío a la ciencia y a las convicciones historiográficas más sólidas o convencionales. Como era inevitable, además, su sentido arcano ha atraído la mirada más interesada y temeraria de investigadores de temas esotéricos y cazadores de misterios, seducidos con el secreto de este objeto único quizás en toda América.
Los simples mortales no podemos fingirnos estrictamente científicos al contemplar este increíble artículo, tan sabroso para la imaginación y para la atracción ineludible de lo fascinante y fuera de normalidades. Así, estando próximos al aniversario 140° del nacimiento del naturalista fundador del museo y de los 54 años de la llegada de esta controvertida pieza al mismo sitio, se hace preciso remontarnos un poco para explicar lo poco que se conoce de tal enigma lítico, aún escasamente conocido en el país, incluso entre algunos miembros de la comunidad científica chilena.
Dillman Samuel Bullock Lytle, nacido el 28 de noviembre de 1870 en Michigan, Estados Unidos, pastor metodista, llegó a la zona de la Araucanía a trabajar como agricultor profesional, pero desarrollando paralelamente una prodigiosa labor como naturalista, impulsor de los estudios de la culturas premapuches kofkeche y pitrén, además del descubrimiento de varias especies naturales en la cordillera de Nahuelbuta, geológicamente muy anterior a la de los Andes.

martes, 13 de noviembre de 2018

"EL QUINCHO DE MANOLO", UNA PARADA NECESARIA EN ANGOL

Entrada a estacionamientos del restaurante, cuando éste aún era "El Quincho de Angol" (hasta 2015). Fuente imagen: Turismovirtual.cl.
Coordenadas: 37°47'43.8"S 72°42'26.5"W
No suelo dar acá mucho espacio a bares, restaurantes y picadas relativamente jóvenes, principalmente por el miedo a que no sobrevivan demasiado como para llegar a ser populares y consagrados en la oferta recreativa y culinaria de cada ciudad. La experiencia me susurra al oído que una gran cantidad de estos clubes y quintas no suele llegar a los diez años de vida, por las dificultades de los mercados actuales, el comportamiento de los consumidores frente a los factores ambientales y las duras demandas que enfrenta la administración de esta clase de establecimientos.
Sin embargo, el caso de "El Quincho de Manolo" me parece toda una excepción y me obliga a romper mi propia norma, pues se trata de una auténtica picada que, en poco más de cinco años, se ha ganado la notoriedad y la categoría de uno de los más importantes centros de comidas típicas chilenas de la pintoresca ciudad de Angol, capital de la Provincia del Malleco en la Región de la Araucanía.
El folklórico boliche estaba en la mayoría de nuestras paradas de almuerzo y cena, en el programa de premiación del concurso del Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio titulado "Escrituras de la Memoria", donde obtuve una mención por mi trabajo inédito "Santiago noches de plata: recuerdos de la bella época de las candilejas", junto al escritor Julio Ignacio Gálvez por su trabajo "Luis Enrique Délano, profesional de las distancias". La obra inédita ganadora fue "Oh Humanidad (memorias de un cantor)" de Gabriel Pablo Gallardo Andonie y el maestro Luis Alberto Martínez, sobre la vida de este último, eximio y veterano bolerista de Valparaíso.
Todos los premiados fuimos a Angol, entre el 7 y 10 de noviembre pasados, a recibir nuestros reconocimientos en el marco de la Feria de las Artes de Wallmapu, organizada por la Seremi de las Culturas timoneada por doña Mariela Silva. Esto, porque desde hace un par de años este certamen literario se concreta en la Región de la Araucanía, en un esfuerzo de descentralización a través de los eventos culturales. La organización del programa estuvo a cargo de la Frontera Sur Producciones -con excelentes resultados que merecen ser agradecidos- y el lugar escogido para la hora de las comilonas (porque en realidad lo eran, en abundancia y agasajos) fue "El Quincho de Manolo"... Así fue como llegamos hasta allá.

domingo, 4 de noviembre de 2018

EL TEATRO ROMA: DÍAS IMPERIALES DE LA CALLE SAN DIEGO

El Teatro Roma se presenta gallardo al público de calle San Diego, en imagen tomada desde la altura del vecino Teatro Cariola hacia los años setenta. Fotografía de los Archivos del Comité de Desarrollo Barrio Arturo Prat - San Diego. Se observan enfrente, entre muchas otras cosas, las instalaciones de las tiendas de moda Enrique Guendelman, ya desaparecidas.
Coordenadas :33°26'52.6"S 70°39'03.0"W
El cartel de lectura vertical del Teatro Roma ya es casi un elemento legendario en la arqueología urbana de calle San Diego y los restos vestigiales de toda la ciudad de Santiago. Ubicado encima del célebre bar "Las Tejas", sobrevive hablando en silencio: recordando escenas del pasado original que tuvo el salón de esta popular cantina, con su escenario y balcón de galerías para grandes encuentros artísticos que han vuelto a celebrarse allí en "el palacio del terremoto".
El Teatro Roma nació del impulso que tuvo la calle San Diego con la llegada de proyectos de salas como el vecino Teatro SATCH, rebautizado Teatro Cariola. Antes aún de concluido este último, la sala del Roma se estaba construyendo para la misma oferta de candilejas, por lo que tanto éste como el Cariola fueron inaugurados en el mismo período, cuando la avenida era una boyante concentración de actividad nocturna, bohemia y artística, aunque con todos los claroscuros que implica tal fama.
Así, exactamente al lado del Cariola en la cuadra entre calles Tarapacá y Eleuterio Ramírez, el Teatro Roma surgió con un proyecto inmobiliario que dio origen al pequeño Edificio Roma, de sólo 4 niveles, en cuyos bajos y zócalo llegó a alojarse la sala, exactamente en la dirección de San Diego 236. Fue presentado al público como uno teatro elegantísimo y con todas las comodidades para un centro de este tipo en la época, publicitándose mucho el que fuera "el único teatro de Chile que cuenta con una pasarela de cristal iluminada, al estilo de los grandes teatro revisteriles del mundo".
Aunque su nombre evocaba a los circos de muchedumbres de la Roma Imperial, su orientación era desde el inicio hacia el teatro frívolo, de humor y las compañías de revistas, pasando por su escenario importantes figuras de la época dorada del espectáculo popular chileno. Con aforo para hasta unas 2.000 personas, sin embargo, su show era más recatado que otras ofertas de la ciudad, elaborado con un perfil más familiar y menos escandaloso que el disponible en otras carteleras, o al menos eso era lo que prometía.

martes, 30 de octubre de 2018

EL CASO DEL MONSTRUO DE CARRASCAL: UN VERDADERO "VIEJO DEL SACO" EN LA CRIMINOLOGÍA CHILENA

El universal mito del Viejo u Hombre del Saco, tuvo un caso real en Chile...
Coordenadas: 33°24'57.3"S 70°42'18.8"W (lugar del crimen)
Muchos niños caídos en la vagancia y en una situación extrema de vulnerabilidades en el viejo barrio de los mercados del Mapocho, no alcanzaron a ser acogidos por algún brazo protector como los que ofrecieron instituciones benéficas y filántropos, entre ellos Polidoro Yáñez Andrade y, con más éxito, el Padre Alberto Hurtado Cruchaga y su Hogar de Cristo. Penosamente, gran parte de estos niños seducidos o empujados a una vida miserable arriba y abajo de los puentes, provenían del sector más al poniente de Santiago, desde los oscuros secretos que se esconden entre callejones peligrosos, de esforzados vecindarios colonizados por las clases populares.
Ha sido en las riberas mapochinas donde, coincidentemente, se había gestado la aparición de importantes personajes populares recurridos por madres desesperadas de distintas épocas, para motivar con el miedo a los niños porfiados de comerse su cena, no callejear o sólo portarse bien, bajo amenaza de su llegada a la casa en caso de que desobedezcan. Así, si en tiempos coloniales se le podía adjudicar el cargo de verdugo castigador de niños al propio Corregidor Luis Manuel de Zañartu (célebre por su endemoniado mal carácter e implacable afán de provocar escarmiento), en el siglo XIX fue don Paco, el encargado de la vigilancia de los puestos de la plaza del Mercado de Abasto (hoy Mercado Central) y posible gestor involuntario del apodo con el que conocemos hasta ahora a las fuerzas uniformadas de orden, bien sean los carabineros en las calles o de gendarmes en los recintos penitenciarios.
Sin embargo, otro recurrido y aún medianamente vigente en el imaginario de los refuerzos negativos para la educación familiar, si bien tiene un vínculo indirecto con la vida en las riberas mapochinas, se relaciona con un episodio nada pintoresco y, por el contrario, sangrientamente trágico ocurrido en Carrascal: un infanticidio que horrorizó a la sociedad chilena de aquellos años.
Nos referimos al famoso Viejo del Saco, una popular leyenda que, aunque puede ser de origen hispánico (el Hombre del Costal o el Viejo de la Bolsa) y existe también en varios países de América (como el Ropavejero mexicano, que muchos conocimos gracias al programa humorístico "El Chavo del 8" a través del personaje encarnado por el comediante Ramón Valdés), en Chile tuvo una terrorífica correlación real que ayudó a difundir con mayor potencia traumática el mito, haciéndolo sobrevivir incluso hasta nuestros días y en franca competencia con el más internacional cuco o coco.

viernes, 26 de octubre de 2018

EL CABARET ZEPPELIN: EL LARGO VUELO DE UN DIRIGIBLE QUE NUNCA SALIÓ DE TIERRA

Publicidad del Zeppelin para sus eventos de Año Nuevo de 1956.
Coordenadas: 33°26'01.3"S 70°39'11.8"W (antigua ubicación)
El llamado "barrio chino" de calle Bandera, con su corazón bohemio y nocherniego en la cuadra del 800, alguna vez fue iluminado por clubes, dancings y restaurantes con orquestas de amanecida. Ya hemos hablado en este blog de aquel intenso trajín que incluyó legendarios locales como el Teutonia, el Hércules, La Antoñana, El Patio Criollo, El Jote, El Far West, La Estrella de Chile, El Ciclista, el American Bar, El Valparaíso y tantos otros ya desaparecidos.
Entre ellos, el cabaret Zeppelin fue uno de los primeros establecimientos en instalarse y fue también uno de los últimos en partir, dejando una huella que le agradecerá por la eternidad misma esta ciudad al empresario de diversiones y espectáculos Humberto Tobar. Ubicado en Bandera 856 junto al ex Hotel Bandera y casi enfrente de la calle Aillavilú, el cabaret fue el precursor de este género de negocios en Santiago, popularizado especialmente en las noches de los años cuarenta a cincuenta.
El Zeppelin tenía un fuerte brillo propio, con sus seductores lemas promocionales como "donde la noche es corta" y "Un paraíso bajo las estrellas". Fue, esencialmente, un restaurante de día y un cabaret con bailables de noche, que aspiró al buen pelo social y pasó a la historia como el antecesor de los establecimientos tipo night clubs y cafés topless que aparecerán en la ciudad de entonces. Puede haber sido, inclusive, el más importante de todos los clubes y restaurantes populares de Santiago, en su mejor tiempo.
El Zeppe, como le llamaban muchos de sus comensales, había sido fundado en 1926 por don Carlos Simón, el mismo dueño del restaurante La Marina, que también fue un atractivo para escritores e intelectuales en su momento. El nombre se debía a la tecnología de vuelos en dirigibles, aparatos que estaba en su apogeo en aquellos años. Según el peruano Luis Alberto Sánchez, que parece haberlo conocido bastante bien, este zeppelín de tierra fue concebido "para gente de bronce y marfil".

domingo, 21 de octubre de 2018

HOTEL MÓNACO: DEL ESPLENDOR A LA AGONÍA EN QUINTERO

El hotel en 1932, con su flamante arquitectura ecléctica y sus frondosos jardincitos de ventanales. Fuente imagen: Documentales de Bolsillo: Hotel Mónaco de Quintero.
Coordenadas:  32°46'54.51"S 71°31'39.38"W
El balneario de Quintero en la Región de Valparaíso, está dando noticias poco gratas en estos días, consecuencia acumulada en más de cinco décadas de desidia de las autoridades por el destino de la llamada zona de sacrificio del litoral central, rodeada del cordón industrial y acosada por la polución ambiental. Daños que ya parecen comenzar a ser controlados, es verdad, pero que se visualizan cada vez más difícil de revertir por completo, acaso imposible.
Hubo un tiempo en que Quintero daba tema de sobremesa por otras razones mucho más alentadoras y plausibles, cuando era uno de los principales atractivos de los viajeros y vacacionistas en la región, con sus prístinos paisajes y playas de color turquesa. El edificio del Hotel Mónaco, en calle 21 de Mayo número 1390, esquina con Gregorio Arrieta, constituye quizás el símbolo en decadencia de aquellos prósperos y esplendorosos días para el turismo local.
Me parece recordar el haber estado en el Mónaco hace mucho tiempo, quizás en algunas vacaciones familiares de mi temprana niñez. Espero no estar confundido: el recuerdo es vago, muy difuso, aunque me permiten reconocer el edificio y saber cómo era parte de sus interiores. Me parece incluso que mi abuela materna fue pasajera del mismo en varias ocasiones, pues era una amante de la localidad de Quintero.
De cara a la bahía, a las playas de Loncura-Ventanas y a los puertos, cercano a la Parroquia Santa Filomena y la Plaza de Armas, este singular inmueble hotelero hoy está en un estado penoso, que no augura mucho tiempo más de existencia esperando esa nunca llegada restauración. El alguna vez más importante hotel de la ciudad, a cuyo bar, restaurante y sala orquestada iban políticos, artistas e intelectuales, atrajo tradicionalmente a los pasajeros del tren de la Estación Quintero, en el muy próximo Parque Ignacio Carrera Pinto, edificio de estilo británico inconfundible y hoy usado por oficinas de cultura y turismo.
Los orígenes del hotel se relacionan con la explosión comercial y turística que se imprimió a Quintero con la creación del puerto y las inversiones que hizo allá don Luis Cousiño Squella, a partir de 1871, obra continuada a su muerte por su hijo Luis Cousiño Goyenechea, fundando la Sociedad Ferrocarril, Puerto y Balneario de Quintero en 1913, encargada de implementar las infraestructuras necesarias, especialmente las requeridas tras el terremoto de 1906.

martes, 16 de octubre de 2018

CRÓNICAS DE LA AVENIDA FERMÍN VIVACETA

Imagen de los murallones del convento de Las Rosas en Vivaceta desde la esquina con Comandante Canales, a espaldas del templo del Buen Pastor (los campanarios se ven al fondo), en los años cuarenta. Imagen publicada por revista "Zig-Zag".
Coordenadas:  33°25'47.30"S 70°39'37.98"W (inicio) / 33°23'09.6"S 70°40'46.2"W (fin)
Hace poco publiqué acá una entrada dedicada enteramente al famoso lupanar y centro de eventos de la tía Carlina en avenida Fermín Vivaceta, en Independencia, legendario lugar de las noches de un Santiago ya extinto, para alegría de unos y para lamento de otros.
Sin embargo, el caso del inolvidable club fue sólo uno de los ejemplos de la extensa historia popular que ha arrastrado desde sus inicios la avenida Vivaceta y sus barrios de escondrijos, sector de la capital chilena nacido como el alguna vez infame Callejón de Las Hornillas, en los tiempos coloniales, devenido después en un barrio obrero de residencias modestas, típicas de las clases trabajadoras de algún período del país. Tanto con el nombre de Las Hornillas como Vivaceta, la avenida aparecía mencionada en varias cuecas urbanas y centrinas, pues siempre tuvo cierta seducción para los cultores del folklore y su público.
Con sus cerca de 6 kilómetros de longitud, desde la bajada del Puente Manuel Rodríguez en el río Mapocho, comuna de Independencia, hasta su empalme con avenida Independencia a la altura de Zapadores, ya en la comuna de Conchalí, Vivaceta es un trazo urbano de carácter rotundo, a pesar de sus mutaciones imparables. Sus barrios con el encanto de lo sencillo se comparten con templos parroquiales en toda esta longitud. Y entre uno y otro: prostíbulos, restaurantes, botillerías, plazas, moteles, escuelas, algunos de sus últimos cités, etc.
Lo que hoy es Vivaceta fue alguna vez, la periferia de la periferia de Santiago, además: el extremo arrabalero y menos urbano de los barrios de La Chimba, al otro lado del río Mapocho, ubicada al poniente de La Cañadilla, después llamada avenida Independencia. Muy lejos de este rasgo original, Vivaceta sigue experimentando la transformación que también dejará atrás sus actuales características, como puede apreciarse con sólo una visita.

martes, 9 de octubre de 2018

LOS ANTIGUOS CALABOZOS COLONIALES DEL EDIFICIO DE LA MUNICIPALIDAD DE SANTIAGO

Los excalabozos antes de completarse la remodelación. Fuente imagen: "La Tercera".
Coordenadas: 33°26'13.6"S 70°39'01.5"W
Se ha notado quizá que no he viajado mucho en estos meses y que, por lo mismo, he vuelto un poco al espíritu original de este blog, más recopilador y menos nómada. Por la misma razón, he reservado para esta entrada algo más profundo, sobre una historia que tenía pendiente desde hace mucho: los restos de los calabozos coloniales en los subterráneos del Edificio Consistorial de la Plaza de Armas, sede de la Ilustre Municipalidad de Santiago. Forman parte de la declaratoria de Monumento Histórico Nacional de 1976, además, por abarcar ésta a todo el inmueble.
Pocos conocidas y muy inadvertidas por el público, estas sencillas galerías de rústico acabado con pasillos abovedados, se distribuyen en 172 metros cuadrados por el subsuelo del edificio, con entrada a un costado del zócalo del mismo, de frente a la plaza en calle Catedral-Monjitas. Corresponden a los espacios en donde estuvo la antigua cárcel colonial de Santiago, lugar de detenciones, penitencias y espera de ejecuciones para los condenados al cadalso, que se encontraba al centro de la plaza.
No es mi aspiración hacer acá un recuento general de la historia de la Cárcel Pública del Santiago Colonial, pero sí se me hace necesario revisar parte de la misma para comprender cómo se llega a estos pasadizos en los sótanos de la Municipalidad de Santiago y su relación con un sistema penitenciario que comenzó allí para la ciudad, además.
Como se recordará, este espacio perteneció en la Colonia a las sedes del Cabildo y de la Cárcel Pública, esta última con sus pabellones en el nivel inferior. La primera casa de los cabildantes fue construida allí a partir de 1578, sobre los terrenos legados por el ya fallecido Conquistador Pedro de Valdivia, cuya estatua ecuestre se halla hoy justo enfrente, el vértice de la plaza.

viernes, 5 de octubre de 2018

EL EDIFICIO COMUNIDAD MONEDA-AGUSTINAS Y SU ASOMBROSA GALERÍA COMERCIAL SECRETA

El Edificio Comunidad Moneda-Agustinas, esquina de Agustinas con Ahumada, años ochenta. Imagen publicada en "Arquitectura y modernidad en Chile / 1925-1965. Una realidad múltiple", de Humberto Eliash Díaz.
Coordenadas: 33°26'28.5"S 70°39'00.2"W
Ya es casi una leyenda en el sector de calle Matías Cousiño: una gran galería comercial escondida dentro de uno de los edificios que dan forma a este céntrico pasaje de Santiago. Prácticamente, nada afuera del mismo hace sospechar de su existencia, por lo que su presencia allí se ha convertido en una suerte de secreto iniciático, de los buenos conocedores del barrio. Galería y edificio están en su aniversario octogenario, este año, además.
El inmueble del que hablamos es el Edificio Comunidad Moneda-Agustinas, situado en la cuadra entre las calles Moneda, Agustinas y Matías Cousiño, ocupando la mayor parte de la misma manzana, incluso hasta la esquina de Ahumada con Agustinas. El resto del rectángulo de la cuadra lo forman los edificios del lado de la peatonal Ahumada, incluyendo el que acogió en sus sótanos al clásico club "Waldorf" y luego a los entretenimientos "Diana".
En sus pisos se encuentran oficinas privadas, oficinas de organismos públicos, centros dentales, locales de belleza, casas de abogados, etc. En los bajos exteriores del inmueble, en tanto, los locales comerciales se dispersan por todo el zócalo del edificio contorneado por una larga cornisa tipo alero, con las más variadas propuestas que incluyen actualmente bares, restaurantes, librerías, cafés, un centro de apuestas hípicas, oficinas bancarias, centros comerciales, casas de modas, notarías y el estacionamiento de motocicletas tradicionalmente alineadas frente al pasaje Ramón Nieto, en Matías Cousiño.
Los señalados locales comerciales del primer nivel y los accesos, están distribuidos por los números 946 a 996 de Agustinas, 102 a 192 en Matías Cousiño, 951 a 973 en Moneda y 183 a 199 en Ahumada, incluyendo entre estos últimos uno en donde estuvo alguna vez el famoso centro de entretenimientos eléctricos "Games Center". Además, por el pasaje de acceso al edificio por la dirección de Agustinas 972 y Moneda 973, existe también otro par dd  grupos de pequeños locales comerciales que anteceden el vestíbulo y la recepción.

martes, 2 de octubre de 2018

LA ESTATUA ECUESTRE DE PEDRO DE VALDIVIA EN LA PLAZA DE ARMAS: OTRO MONUMENTO QUE "CAMINÓ" POR LA CAPITAL CHILENA

La escultura ecuestre de Valdivia en la Plaza de Armas, hacia 1970, con su antigua posición mirando hacia el oriente. Imagen perteneciente al Archivo Fotográfico y Digital de Fondo Sala Medina, Biblioteca Nacional. Fuente imagen: Memoriachilena. cl.
Coordenadas: 33°26'14.5"S 70°39'00.4"W
Ya he comentado algunas veces acá, sobre esa curiosa costumbre nacional de hacer "caminar" las estatuas y los monumentos, cambiándolos constantemente de lugar o de posición por razones siempre relacionadas con el afán de alterar nuestro espacio urbano, a veces para bien y no pocas para mal. Algunas efigies y piezas conmemorativas o históricas han peregrinado por tantos lugares que llega a ser un desafío seguirle el hilo a tal ruta, como la famosa Llama de la Libertad o la Fuente Colonial del Palacio de la Moneda.
Un caso con la señalada característica, es el de la maciza y enorme estatua ecuestre del conquistador y fundador de la ciudad hispana de la capital chilena, don Pedro de Valdivia, en la Plaza de Armas de Santiago, justo enfrente del edificio de la Municipalidad. Reúne ambas características que lo han hecho "caminar": primero, éste no era el lugar de su ubicación original, y segundo, su posición tampoco es la misma con la que llegó a alojarse justo en aquella esquina de la plaza, en Catedral-Monjitas con Estado. También tuvo un breve traslado hacia otro punto de la plaza, durante la gran última remodelación de este sitio.
La enorme estatua es uno de los monumentos más importantes y fáciles de identificar de Santiago, además de un reconocimiento tácito a los orígenes hispánicos de la sociedad colonial chilena. Por esto último, hay quienes no pueden evitar ver en la obra esas connotaciones negativas y contradictorias relacionadas con el proceso de la Conquista. Casi no parece casual que la escultura indigenista en la misma Plaza de Armas, el Monumento a los Pueblos Indígenas de Enrique Villalobos, halla sido ubicada en 1992 justo en la esquina diametralmente opuesta a la de Valdivia, como evitando toda proximidad entre ambas y estableciéndolas en los polos más opuestos de la manzana.
Cosas muy reales y cotidianas suceden en torno al monumento, actualmente. Esa parte fundacional de la historia citadina que representa, convive también con rasgos varios de la misma urbe, incluyendo su decadencia. Así pues, la conmemoración monumental y sus símbolos, comparten espacio con el turismo, el comercio, los predicadores, los inmigrantes, los niños jugando, perros callejeros, las parejas que lo eligen como lugar de encuentro, la prostitución diurna, el discreto narcotráfico, los jubilados, etc. Pocas cosas acaban siendo un espejo tan santiaguino como el lugar preciso del Monumento a Pedro de Valdivia, ahí en la plaza.

lunes, 1 de octubre de 2018

LOS TOROS DE MAIPÚ: UNA HISTORIA COMUNAL QUE COMIENZA EN MEDIALUNA Y CONCLUYE EN PISTA DE PATINAJE

Coordenadas: 33°30'33.1"S 70°45'17.9"W
En calle Alberto Llona 1899, enfrente de Chacabuco y al lado de la boyante y activa Plaza de Maipú, en Santiago, está el viejo pasaje con arquerías y explanada de la Municipalidad, en donde funcionan dependencias de la Tesorería Provincial de Maipú, el Departamento Municipal de Eventos con su Salón Auditorio y la Sala de Reuniones del Concejo. Al fondo del mismo, están las escalinatas y portal de acceso al anfiteatro, en donde destacan, en lo alto las dos figuras taurinas que han vigilado por décadas la entrada y salida del público desde este sitio.
Las dos bestias metálicas tenantes, conocidos popularmente como los Toros de Maipú, exhiben su gallarda estampa y musculatura en actitudes bravas, como ostentando su superioridad en un imaginario rebaño bovino. Uno de ellos, a la izquierda, mira hacia el horizonte en forma altiva y desafiante, como buscando un enemigo, mientras que el otro, a la derecha, parece congelado en un instante previo a un ataque, bufando y cabeza gacha listo para embestir.
Tras el portal de acceso en donde se lucen estas figuras, está un viejo anfiteatro municipal (no confundir con el actual, del auditorio), cuyas líneas y circunferencia evocan inmediatamente a una medialuna. No es coincidencia que así sea, como no lo es tampoco que los toros de lidia se encuentren coronando su acceso.
Considerado inmueble de Conservación Histórica, la vida de este sitio se inicia en 1937, cuando el 30 de julio comienza a ser construida allí la Medialuna Municipal de Maipú, en tiempos en que la comuna aún convivía con sus rasgos rurales y de tradiciones más relacionadas con el campo, antes de ser absorbida por el crecimiento urbano de la urbe.

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