_____________________

_____________________

sábado, 21 de septiembre de 2019

IGLESIA DE SANTA LUCRECIA: LA PARROQUIA DE LA BENEFICENCIA DEL BARRIO HUEMUL

La entonces pequeña iglesia de calle Placer, junto a los edificios de La Gota de Leche (izquierda) y el Asilo de las Madres (derecha), en el folleto "Población Huemul: inauguración de la Sección Beneficencia", de 1918. Se observa la cruz sobre chapitel que tenía el templo en su torre, originalmente.
Coordenadas: 33°28'34.2"S 70°39'03.7"W
Es preciso hablar de la historia del conocido Barrio Huemul de Santiago para poder abrirse paso en la de su Iglesia de Santa Lucrecia, uno de los símbolos arquitectónicos más característicos de aquellas cuadras cercanas cercanas al final de calle San Diego y los mercados Matadero, Franklin y Bio-Bío.
Como se sabe, el Gobierno de Germán Riesco promulgó en 1906 la Ley N° 1.838, que permitió construir con ciertas facilidades y bajo la evaluación de "higiene" del  Consejo Superior de Habitaciones Obreras, conjuntos habitacionales obreros que resolvieran las necesidades que afectaban por entonces a muchas familias de las clases trabajadoras. Eran, además, tiempos influidos por la floreciente Doctrina Social de la Iglesia, luego de conocida la famosa Encíclica Papal "Rerum Novarum" de 1891 y dada la persistencia de las cuestiones sociales derivadas de la sociedad industrializada.
Por aquellas razones, entre 1911 y 1918, la Caja de Crédito Hipotecario hizo construir un vecindario propio en el sector industrial que se había formado en el ramal del Ferrocarril del Llano de Maipo que salía desde la estación Ñuñoa (actual sector de Estación Metro Ñuble) hacia el poniente, doblando por encima de la Avenida Vicuña Mackenna (puente del sector Copesa y ex viña Manquehue) para enfilar entre galpones y grandes fábricas hacia el Oeste, por el actual Parque Santa María y la calle Centenario (pasando por donde ahora están las Estaciones Metro Bio Bio y Franklin). Este ferrocarril terminaba conectando con las vías de la Estación Central, por el sector de la Población San Eugenio.
El pintoresco nuevo vecindario surgido de aquel proyecto, el Barrio Huemul, muy cercano a la Estación San Diego del ferrocarril, se constituyó así con la lógica de los campamentos obreros y con gran autosuficiencia como la que se podía ver, por ejemplo, en las oficinas salitreras del Norte Grande, pues los residentes contaban con oficinas públicas, escuelas, plaza, biblioteca, comercio, teatro, hospital y, por supuesto, un lugar apropiado para el servicio religioso, cual pequeña ciudadela.

martes, 17 de septiembre de 2019

EL PALACIO DEL REAL TRIBUNAL DEL CONSULADO Y LA PRIMERA JUNTA NACIONAL DE GOBIERNO: EL EDIFICIO EN DONDE COMENZÓ EL PROCESO DE INDEPENDENCIA DE CHILE

El Palacio del Consulado hacia 1920, con la estatua de don Andrés Bello en su exterior y la inscripción de la Biblioteca Nacional en la fachada. Fuente imagen: Biblioteca del Congreso Nacional.
Coordenadas: 33°26'20.5"S 70°39'10.1"W
Debo confesar que soy de los porfiados que sí creen en que las Fiestas Patrias de nuestro 18 de septiembre justifican celebrar también el concepto de la Independencia de Chile, no sólo la Primera Junta Nacional de Gobierno. Así lo entendieron próceres como el General José Miguel Carrera, de alguna manera, al instruir la celebración del aniversario de la Junta. Y cuando la República por fin estuvo solidificada, el Gobierno de Manuel Montt celebró el 50° aniversario de la Primera Junta con la erección del obelisco conmemorativo en plena Alameda de las Delicias.
Así lo entendieron también las autoridades de la organización republicana y de primeros años de la estabilización política, permitiendo que esta fiesta se mantuviese de entre las tres que había al año asociadas a la lucha de la Independencia, incluyendo las del aniversario de Chacabuco y Maipú. Sólo aquella conmemorando el hecho ocurrido en el edificio del que ahora intentaré hacer un pequeño caudal a modo de reseña, se mantuvo como nuestra definitiva fecha de Fiestas Patrias.
No siempre parece muy arraigado el concepto de conmemorar los procesos históricos en su exacto origen, por este lado del mundo, sino más bien en su conclusión. Sin embargo, así como la Guerra del Opio partió con el bloqueo decretado por del emperador Daoguang o la Primera Guerra Mundial lo hizo con el asesinato del Archiduque Franz Ferdinand, las cruzadas de la Independencia en Chile necesitaron de un hecho concreto detonante, correspondiente a la formación de la Primera Junta Nacional de Gobierno, por tibio o vago que pueda ser interpretado este hito. Y aunque se ha repetido hasta el hastío que fue un acto de sumisión y de lealtad a la corona más que uno de rebeldía, fueron independentistas quienes estaban detrás de esta acción, aprovechando la oportunidad histórica dada por la invasión napoleónica en España y en el momento en que se bosquejaban las corrientes políticas de la emancipación que harían frente a las de los realistas.
Como se sabe, el liderazgo de aquella Primera Junta recayó en el ya anciano y próximo a morir don Mateo Toro y Zambrano, el Conde de la Conquista, de corazón realista pero sobrepasado completamente por la situación que llevara al clamor popular del "¡Junta queremos!". Sintiéndose obligado a llamar al Cabildo Abierto del 18 de septiembre de 1810, que fue convocado por invitación, decidió renunciar a su cargo de Gobernador Real de Chile y comunicarlo en el mismo encuentro junto a su secretario José Gregorio Argomedo.

lunes, 16 de septiembre de 2019

EL MUSEO DE LA CHILENIDAD EN EL PARQUE SANTA ROSA DE APOQUINDO

La exposición del museo en el Día del Patrimonio de 2014, antes de la renovación de sus salas y vitrinas. Fuente imagen: Portal Caballo y Rodeo.
Coordenadas: 33°25'07.8"S 70°32'17.5"W
Es inevitable que la estética y la representación general de las Fiestas Patrias de Chile, adopten el rasgo de identidad que conocemos en torno a la figura del huaso de campo a caballo, personaje más bien centrino en su origen. Empero, es un hecho también que el estereotipo folklórico ya existe en prácticamente todo el territorio, especialmente en los valles agrícolas, aunque con sus matices fundiéndose entre la idealización y la autenticidad. Como los primero gauchos que salieron de Santa Fe y alrededores convirtiéndose en el personaje nacional de Argentina, pues, nuestra cultura huasa fue expandiéndose por el resto de Chile, apoyada muchas veces por clubes y sociedades folklóricas en cada ciudad.
Hay mucho de huaso y campesino en nuestra forma tradicional de celebrar las fiestas patrias, por lo tanto; o al menos en la forma más visible, con las fondas y ramadas colmadas de empanadas, asados de carne y chichas. El consenso cultural ha asumido tales expresiones como la más genuina y reconocible cara de la chilenidad, más allá de la presencia de otros referentes en el tradicionalismo local de las regiones no centrales y del desarrollo del folklore urbano.
Un lugar en donde puede conocerse más de esta chilenidad  "típica", está en el Parque Santa Rosa de Apoquindo de la comuna de Las Condes, en la actual Avenida Padre Hurtado Sur 1155-1195, llegando a Cristóbal Colón. Corresponde al Museo de la Chilenidad (MUCH), creado el año 2012 en un esfuerzo conjunto de la Federación de Criadores de Caballos Chilenos y la Municipalidad de Las Condes.
Como se sabe, este parque pertenece a una antigua propiedad que perteneció, entre otros, a Manuel Blanco Encalada en 1859, siendo comprada y convertida en hacienda agrícola y ganadera por don Eugenio Guzmán Irarrázaval, hacia 1898. Con lechería y viñas, recibe entonces el nombre de Hacienda Santa Rosa de Apoquindo, y queda convertida en una típica propiedad rural de los grandes campos de la zona central, con la residencia del siglo XVIII que hoy es su central casa-museo y con dependencias adicionales para los inquilinos y las actividades que demandara la finca: establos, llaverías, bodegas, graneros, talleres, etc.

viernes, 13 de septiembre de 2019

CARTA-RECETARIO DE LA MUERTE: HORRIPILANTES E INMUNDOS TRAGOS DE LA SUBCULTURA CARCELARIA CHILENA

Incautación de botellas con chichas artesanales hechas con restos de frutas, en la Cárcel de San Felipe, agosto de 2018. Al parecer, las estaban preparado para celebrar la Fiestas Patrias. Fuente imagen: Portal SoyValparaíso.
Vinos, chichas, "terremotos", borgoñas, arreglados y cervezas... Pero hay una categoría de bebidas alcohólicas que no se verán mucho en estas Fiestas Patrias, salvo que se esté en cana: los tragos de las cárceles chilenas, cotizados en las comunidades penales especialmente en períodos del año como las celebraciones que ya se vienen y después en la Navidad.
En octubre de 2014, los resultados publicados de un estudio encargado a la consultora  Euromonitor International por la Asociación de Productores de Cerveza de Chile (ACECHI), revelaron que los niveles de comercio ilegal de bebidas alcohólicas en Chile eran bajísimos: sólo 6,1% del total, del cual, a su vez, un  63,6% corresponde a adulteración. Como referencia, el promedio de la región subcontinental de alcoholes ilegales es de 25,9% (ver artículo "Un 6,1% del alcohol que se comercializa en Chile es de origen ilegal", en la sección Economía y Negocios del diario "El Mercurio", martes, 28 de octubre de 2014).
Sin embargo, el estudio reveló algo interesante y casi intrigante: un 0,3% de aquel alcohol ilegal se relaciona con producciones informales dentro de condiciones de privación de libertad, por parte de reos. La cifra también es muy baja, especialmente si es comparada con otros países, pero revela que aún existe una pequeña "industria" de creación de bebidas alcohólicas con ingeniosos, extraños y a veces repugnantes procedimientos, destinados a satisfacer las adicciones incontrolables de algunos presos.
Ese mismo año, un grupo de reos de nacionalidad chilena y peruana fueron descubiertos en la Cárcel de San Pedro de La Paz, Bolivia, con todo un taller de producción de bebidas alcohólicas dentro del penal y valiéndose de frutas fermentadas en grandes baldes plásticos para ello. El producto era bebido por los propios fabricantes y comerciado con otros de los prisioneros del complejo. 544 litros de chicha macerada fueron detectados y decomisadas allí, en julio de 2014.

miércoles, 11 de septiembre de 2019

EL "HUACHO": MITO Y REALIDAD DEL ÚLTIMO ÁLAMO DE LA ALAMEDA DE SANTIAGO

Detalle central de una fotografía de la Alameda de Santiago en 1980. Imagen publicada en sitio EnTerreno (enterreno.com) por el usuario Francisco Elías Calaguala. Se observa, sobre la puerta de la liebre o microbus que dobla entre el bandejón central, un árbol de copa un tanto cónica, correspondiente al álamo solitario de la Alameda con su altura en esos días.
Coordenadas: 33°26'37.2"S 70°38'60.0"W
"Al hombre le ocurre lo mismo que al árbol. Cuanto más quiere elevarse hacia la altura y hacia la luz, tanto más fuertemente tienden sus raíces hacia la tierra, hacia abajo, hacia lo oscuro, lo profundo... hacia el mal" (Friedrich Nietzsche, "Así hablaba Zaratustra").
Ya es una especie de leyenda urbana viviente de la capital chilena. O bien una reliquia del pasado, sobreviviendo más por la suerte que por su propia resistencia. Varios saben de su existencia y la admiran en cada mirada durante la jornada de un día en Santiago, pero la mayoría ni siquiera lo percibe: está en plena Avenida Bernardo O'Higgins llegando a las bocas enfrentadas del paseo Ahumada y, enfrente, la calle Arturo Prat. Esto es a pasos de la casa central de la Universidad de Chile y del Edificio Santiago Centro, ante un grupo de locales en donde está la tradicional "Casa Royal" y el acceso lateral a la Estación Metro Universidad de Chile.
El árbol se encuentra en el bandejón central de la arteria, la más importante de la capital y que, por alguna resistencia, seguimos llamado Alameda, precisamente como recuerdo de los álamos que alguna vez enseñorearon y embellecieron este sitio, cuando era la Alameda de las Delicias. Está adyacente a un corral enrejado sobre las ventilaciones de la estación subterránea, además. La contaminación de nuestros días y el encierro entre el gris de los edificios, le ha dado un aspecto opaco y mustio, pero sigue vivo y su aspecto varía según la estación del año.
Desde que este álamo fuera "redescubierto" por la ciudadanía, hace pocos años, algún par de imprecisas leyendas populares rondan sobre el mismo, en particular sobre su origen y su antigüedad, así que queremos echarle una mirada más detallada acá a su historia y a lo que representa en los hilos de la vida de esta ciudad.

domingo, 8 de septiembre de 2019

LAS VIDAS DEL TEATRO NOVEDADES DE SANTIAGO

Antigua imagen de la fachada del teatro, años treinta. Se observan algunas diferencias con respecto al aspecto actual, especialmente en los vanos y la cornisa del alero o marquesina, producto de las remodelaciones. Fuente: Flickr de don Patricio Lazcano Campino (tomada de la página web oficial del Teatro Novedades).
Coordenadas: 33°26'33.3"S 70°40'19.7"W
El milagro es doble con relación al Teatro Novedades de la capital chilena: no sólo ha sobrevivido al tiempo en el típico Barrio Yungay, sino que su recuperación ha sido plena, permitiendo que aún siga en actividades del mundo de las artes escénicas. Ha sido declarado Inmueble de Conservación Histórica por decreto municipal y, actualmente, es administrado por la Corporación de Desarrollo de Santiago. Tan querido e importante es, de hecho, que el humorista Eduardo Thompson pidió ser velado aquí al morir, en 2007.
El viejo teatro de fachada con eclecticismos del art decó y el neoclásico que algunas creencias han atribuido a Luciano Kulczewski, se ubica en la dirección de calle Cueto 257, llegando a Portales, en la comuna de Santiago. Su primer edificio data de 1913, año en que fuera inaugurado un 7 de septiembre y con la presentación de la opereta "El conde de Luxemburgo", durante el Gobierno de Ramón Barros Luco. Era propiedad del Círculo Español, que ofrecía en él espectáculos de alta calidad para el público.
En el salón se proyectaban también películas mudas con un cinematógrafo, amenizadas por un pianista en vivo como se estilaba entonces. Había presentaciones de zarzuelas o presentaciones de compañías españolas de espectáculos en su cartelera permanente, muy asociadas al gusto popular de aquellos años a pesar de que, en sus orígenes, atraía al público de clase alta que habitaba originalmente el barrio.
Recuerda el director Rogel Retes en sus memorias de "El último mutis", que el inmigrante español Santiago Serra se hizo cargo del Teatro Novedades en este período, poco después de haber arrendado un tiempo el Teatro Almagro, en la plaza del mismo nombre, y antes de que se consagrara al lograr adquirir el Teatro Coliseo Nacional, en 1926.

viernes, 6 de septiembre de 2019

UN MONUMENTO AL PERDÓN: LA PIRÁMIDE DEL CERRO SAN CRISTÓBAL

Antigua imagen del obelisco o pirámide, al oriente del Cerro San Cristóbal. Fuente imagen: Archivo Histórico Fotográfico de la Ilustre Municipalidad de Providencia.
Coordenadas: 33°23'11.0"S 70°36'06.4"W
El obelisco de nuestra atención está en los deslindes de Parque Metropolitano con la ribera Norte del Río Mapocho, en el sector oriente de la ciudad de Santiago, en la comuna de Vitacura. Hoy se encuentra casi invisible, perdido entre trazados de caminos hacia el San Cristóbal y El Carbón, entre rotondas y bajo la sombra de la pasarela de la Avenida Américo Vespucio y la Autopista Nororiente. Está a escasa distancia del Colegio Saint George, en una terraza conocida como el Mirador de la Pirámide y encima de la caída de aguas de antiguas canalizaciones del valle, que daba nombre al camino y al sector de El Salto.
Siendo uno de los monumentos públicos más antiguos de Chile, su importancia ha sido enorme en la semblanza de la ciudad, incluyendo aspectos de la toponimia y el registro de un hecho histórico del que hoy se habla muy poco, relacionado con la última fase de las Guerras de Independencia. Y como antaño los obeliscos eran llamados con el impropio nombre de pirámides (como en los casos de la que estuvo ubicada en San Pablo o la de los tajamares del Mapocho), se la conoció popularmente también como la Pirámide del Cerro San Cristóbal, por encontrarse en uno de sus accesos orientales.
La historia de este sitio y su monumento se remonta a los días inmediatos al triunfo definitivo en Maipú contra los realistas, consumado el 5 de abril de 1818. Días en que, acá al otro lado del valle mapochino, tenía una propiedad el insigne intelectual, educador y patriota Manuel de Salas, correspondiente a una chacra adyacente al río y a espaldas del cerro. Eran, a la sazón, terrenos muy retirados del área urbana de la pequeña ciudad capital, con modestos senderos que lo salvaban del total aislamiento.
Sólo unos días después de la victoria, el 12 de abril, habrían llegado hasta la chacra de Salas el General José de San Martín y su entonces Ayudante de Campo, el General Juan O'Brien, héroe de origen irlandés comprometido en la causa de la liberación americana y la Logia Lautaro. Traían con ellos un saco de correspondencia secreta que había sido incautado a las postas militares del recién vencido Comandante Mariano Osorio. Por alguna sabia intuición, decidieron apartarse hasta este sitio para revisar las muchas cartas de aquel botín.