lunes, 29 de abril de 2019

LAS CRUCES DE BASE ESCALONADA EN LA RELIGIOSIDAD POPULAR ANDINA

Con la llegada del mes del próximo mayo al territorio andino y altiplánico, tiene lugar también una de las fiestas más importantes de aquellas regiones: celebraciones en donde la cruz pasa a ser el símbolo sublime de devociones y honores, más que en cualquier otra época del año.
No cuesta advertir que dos cosas sobre la religiosidad popular en los caminos desérticos y feroces del Norte Grande de Chile, por lo mismo: primero, la cantidad de cruces que existen en lugares específicos de la ruta, laderas de cerros y cumbres bajas, a modo de pequeños altares comunitarios o familiares; y segundo, que estas cruces corresponden a un diseño bastante particular, tanto en su plinto escalonado como en el tipo de decoración que reciben de los devotos, con ramos y flores.
Por allá encontraremos que la abundante cantidad de cruces responde a aquel patrón más o menos común y unas características muy propias, que recogen elementos estéticos y místicos de las culturas locales, abundando especialmente en algunos valles y quebradas en donde van de la mano con la fe popular y del folklore religioso que allí sobreviva.
La principal influencia que motiva la presencia de estas innumerables cruces en las regiones de Arica y Parinacota, de Tarapacá y de Antofagasta, entonces, proviene de un símbolo compartido por todo el horizonte cultural andino y altiplánico, de países como Bolivia y Perú, llegando su influyo incluso sobre el Norte de Argentina inclusive. Es un caso perfectamente equilibrado de sincretismo de religiosidad, entre elementos cristianos y otros de la cosmovisión precolombina de los pueblos altiplánicos.

viernes, 26 de abril de 2019

"LA ANTOÑANA": NARRACIÓN PARA UN ANTIGUO BOLICHE DE BARRIO MAPOCHO

Publicidad para "La Antoñana" en la prensa, hacia inicios de los setenta.
Coordenadas: 33°26'02.4"S 70°39'11.8"W
Hace unos años, observamos por acá la destrucción de los antiguos inmuebles que quedaban en la cuadra del 800 de calle Bandera, y que habían pertenecido a varios de los locales de la bohemia del "barrio chino" de Mapocho, clásico sector de clubes, bares y salones de baile al que acudían intelectuales de la talla de Pablo Neruda, Alberto Rojas Jiménez, Pablo de Rokha, Isaías Cabezón y muchos otros.
Eran aquellos parte de los últimos vestigios que quedaban en la calle, llevándose la mejor época que tuvo el comercio de estas manzanas y algunos de los restaurantes y clubes nocturnos más célebres de la historia de la recreación popular en Chile, como el cabaret "Zeppelin", el "Hércules" y "La Estrella de Chile", entre otros.
En el lugar donde están ahora las galerías comerciales Santiago-Bandera, que pasaron por un largo período de decadencia desde no mucho después de ser construidas, existió otro de aquellos míticos centros de diversión variada: "La Antoñana", uno de los más cotizados y concurridos de su época, de hecho. El entonces famoso lugar tuvo su dirección en Bandera 826, myy cercano a otro lugar de gran fama bohemia, como era el "American Bar", aunque ciertas reseñas lo ubicaban en sus inicios vecino también del también al "Zeppelin", un poco más al Norte de la cuadra y con el que compartía mucha de su clientela habitual y las figurillas que visitaban el barrio en las noches perdidas de aquel Santiago extinto.
Correspondía "La Antoñana" a un dancing y restaurante así bautizado por uno de sus dueños fundadores, el español Félix Gómez, en homenaje a su villa natal Antoñana. El nombre se mantuvo cuando el establecimiento pasó a manos de un nuevo propietario, el palestino nacionalizado chileno Selim Carraha, como señala Oreste Plath en "El Santiago que se fue".

jueves, 18 de abril de 2019

LA MALDICIÓN DE LA LLORONA... EN CHILE

Fuente imagen: guioteca.com
Llama la atención el enorme despliegue publicitario que se ejecuta, en estos momentos, con relación al filme de terror "La Maldición de La Llorona" ("The Curse of La Llorona"), de Michael Chaves. Ayer fue estrenado formalmente al público, pero ya se ha insistido por semanas en promocionarlo, incluso en noticiarios y en canales de corte cultural, aprovechando en este último caso que se trate de un personaje que trasunta desde el elemento mitológico y folklórico al argumento y el propio título de esta obra de cine.
El nuevo filme da empleo a la Llorona, esa vieja y terrorífica figura asentada en el legendario de prácticamente toda Iberoamérica, muy probablemente con sus orígenes en México. Corresponde a la mujer fantasmal que vaga por las noches buscando a sus hijos perdidos y llorando o gritando de dolor, de manera espeluznante. No parece descabellado pensar que otro filme de terror anterior, "Mama" de Andrés Muschietti, también esté haciendo un eco arquetípico a la misma leyenda que ahora llega dramatizada en "La Maldición de La Llorona".
La primitiva Llorona que encontramos en el rico legendario mexicano, posible matriz de todas las versiones que se conocen, parece guardar relación con ciertas figuras femeninas de la religiosidad mitológica aztecas, zapotecas y mayas, que aparecen como seres provenientes del mundo de los muertos e intermediando ante los hombres vivos. La leyenda se moderniza con el mestizaje y la Colonia, especialmente con la historia de la náhuatle Malinche, la consejera y amante de Hernán Cortés. Así, se vuelve una mujer en perpetuo vagar fantasmal, en pena constante, llorando y lamentándose por sus hijos, los que perdió o bien debió asesinar en un acto de irracionalidad, suicidándose después o muriendo de pena.
De esa manera, el mito se expande en diferentes versiones por el continente y pero siempre refiriéndose a la mujer proveniente del inframundo que vaga por las noches llorando con espeluznantes gemidos causando pavor, en la inútil e interminable búsqueda de sus retoños,  al grito sufriente: "¿¡Dónde están mis hijos!?". Es, en esencia, el mismo personaje al que se da trabajo ahora en el filme de Chaves, si nos fiamos por los varios trailers.

viernes, 5 de abril de 2019

"QUIEN NO CONOCE EL MANHATTAN, NO CONOCE ARICA": UNA LEYENDA DE LA BOHEMIA Y DEL ESPECTÁCULO NOCTURNO EN EL NORTE DE CHILE

El famoso e inolvidable logotipo del "Manhattan".
Coordenadas: 18°28'44.44"S 70°18'56.07"W
Parte de la historia popular de Arica se escribió en el "Manhattan", club de espectáculos y presentaciones atrevidos que llenó algunas de las páginas más coloridas de la ciudad cabecera del Norte de Chile, dejando como legado una leyenda que, a pesar de todo, aún sobrevive y parece no querer desaparecer. De hecho, su epopeya constituye casi un orgullo para las generaciones que alcanzaron a conocerlo antes de su extinción.
Muchos mitos circulan alrededor de este sitio, pero pocas reseñas sobre su historia. Una de las mejores fue publicada en un artículo del diario "La Estrella de Arica" del 15 de febrero de 2004, titulada "La verdadera historia del 'Manhattan'", del periodista Pedro Clemente. También hemos encontrado otros importantes datos en un trabajo reciente, titulado "Bohemia Arica: Catálogo de la bohemia ariqueña: rescate y difusión del patrimonio inmaterial de Arica", de Pablo López y Mauricio Navarro.
La boite y centro de eventos "Manhattan" se ubicaba en calle Maipú 543, llegando a Patricio Lynch, en un inmueble con aspecto de un largo galpón de un solo piso y techo a dos aguas. Sitio de buena categoría en sus días luminosos, su dueño fue el empresario de espectáculos Tino Ortiz Vera, apodado el Rey de la Bohemia, el Rey de la Noche y el Rey de las Noches Ariqueñas, quien había entrado a estos círculos tras pasar por la intensa actividad recreativa de Santiago, primero cantando tangos y luego como director artístico de su propia orquesta. Ortiz se dedicó también a representar artistas y organizar shows, haciendo giras por diferentes ciudades.
En el señalado artículo del diario "La Estella", recordaba su hijo y a la sazón chef del también mítico restaurante "D'Aurelio", Tino Ortiz Barrientos, que en los tiempos del Puerto Libre de Arica su padre llegó para desempeñarse como administrador del Casino Balneario La Lisera, bajo concesión de don Gastón Berríos Castañón. Ortiz traería hasta allí  importantes estrellas latinas como Libertad Lamarque, Pedro Vargas, la Orquesta de Pérez Prado y la bailarina Tongolele, desde mediados de la década del cincuenta.

miércoles, 3 de abril de 2019

LA CASONA DE LA SALLE: RECUERDOS DEL FUNDO "EL PROVENIR" EN LA FLORIDA

Coordenadas: 33°32'40.5"S 70°34'04.6"W
Hace varios años, publiqué acá un texto sobre la historia y los recuerdos del antiguo bodegón del Instituto de La Salle de La Florida, cuyo origen se remontaba a los tiempos en que esta propiedad había sido de terrenos agrícolas con una importante viña del sector precordillerano de Santiago.
Bien, es hora de hablar de su gran chalet: la Casa o Mansión de La Salle, que fuera parte del mismo fundo original y que, a diferencia del bodegón, aún se encuentra en pie, formando parte del complejo educacional, con frente hacia avenida La Florida, ocupando el número 9742, a la altura del paradero 20 de la misma vía.
Este inmueble es uno de los últimos que quedan de las antiguas estancias y chacras que existían en todo este lado otrora campestre de Santiago, en lo que ahora son las comunas de La Florida y Puente Alto, desaparecidos precisamente en los procesos de urbanización del territorio, aún en curso en varios sectores, de hecho. La cantidad de bodegas en ruinas que quedaron de aquella época (en las calles San Carlos, Los Toros, Las Tinajas, El Hualle Sur, etc.) son otros testimonios de la época de huasos a caballo y de la fuerte actividad vitivinícola que estuvo asentada acá.
En el caso particular de la Casa de La Salle, es claro que ahora luce bastante bien conservada pero, con el tiempo, los lasalianos y administradores del instituto han ido cercándola y alejándola del acceso al público, impidiendo algo que era posible todavía en la proximidad del año 2000 y hasta la construcción del nuevo acceso. Hay algo de Síndrome de Área 51 en este excesivo celo, sin duda, pero también abundan las razones para avalar estas medidas, a causa de las malas experiencias provocadas por extraños ingresando a este recinto, como fue el incendio intencional de su gran bodegón, sucedido en los años noventa.

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