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sábado, 14 de diciembre de 2019

ENRIQUE VENTURINO SOTO: LA VIDA DEL "CÓNDOR" DE LOS ESPECTÁCULOS CHILENOS

Don Enrique "Cóndor" Venturino, célebre dueño del Circo de las Águilas Humanas y del Teatro Caupolicán. Fue el fundador del Teatro Balmaceda, además de un hombre importantísimo en el desarrollo del espectáculo circense chileno y del show revisteril. Imagen de los archivos de la Biblioteca Nacional.
Coordenadas: 33°27'22.5"S 70°38'58.1"W (Teatro Caupolicán)
Don Enrique "Cóndor" Venturino Soto fue, junto con colegas como Humberto "Negro" Tobar,  Ernesto Sottolichio, Buddy Day, Carlos Cariola y José "Padrino" Aravena, entre varios otros, parte de la médula en la camada de empresarios nocturnos de mayor influencia para el Santiago bohemio y candilejero del siglo XX, dejando tras ellos varias huellas imborrables en la memoria más profunda del espectáculo nacional. Eran viñas en las que Venturino gobernó como un verdadero Rey Midas, además, logrando una reputación y una admiración generalizadas en el ambiente.
Venturino fue reconocido como uno de los maestros de la entretención adulta, el mejor empresario del medio revisteril y espectacular de todos los tiempos. También había sido socio ocasional de Tobar en la propiedad de conocidos centros como los clubes santiaguinos "Tap Room" y el famoso cabaret "Zeppelin" de calle Bandera, participando así entre los forjadores de todo este ambiente de entretención asociado a la época, a partir de los años veinte o treinta. Y con nutrida razón, se ha dicho que este empresario oriundo del Norte Grande fue capaz de sellar con el lacre rubí del éxito prácticamente todo cuanto se propuso ofrecerle al público: boxeo, teatro, cine, boîte, espectáculos circenses de prestigio internacional y las famosas luchas libres de Cachacascán.
En su entretenido trabajo de memorias "Buenas noches, Santiago...!", el insigne periodista de espectáculos Osvaldo Muñoz Romero, más conocido por su pseudónimo Rakatán, también dedica parte del libro al recuerdo del mítico industrial de las artes escénicas:
"Alto, macizo, campechano, francote, sabía decir las cosas por su nombre. Era un trabajador infatigable. Él mismo se encargaba de la publicidad de su teatro el ‘Caupolicán’. Tuvo dos hijos que siguieron sus aguas: Sergio, que trabajó en Venezuela, y Hugo, que se encargó de los circos que recorrieron todo el territorio y también a algunos países de América".

viernes, 13 de diciembre de 2019

ESTACIÓN MAPOCHO: UN LARGO CAPÍTULO EN LA HISTORIA DE LA CAPITAL CHILENA

El imponente edificio de la Estación Mapocho en imagen del archivo Chilectra. Fotografía fechada en mayo de 1920. Un carro de la Línea Nº 11 Providencia se desplaza junto a la Plaza Venezuela.
Coordenadas: 33°25'55.8"S 70°39'16.6"W
Nos parece un hecho casi incontestable: el edificio que fuera de la Estación Mapocho, hoy centro cultural y principal referente arquitectónico del sector, debe ser el principal flujo de identidad local en el actual barrio Mapocho de Santiago, superando con su presencia incluso a las otras grandes y más antiguas unidades urbanas o de actividad social en aquellas cuadras, como el cercano Mercado Central, el Mercado de La Vega al otro lado del río y los puentes históricos en el mismo.
A lo largo de la historia de Santiago, este barrio ha tenido varias vidas. Sin embargo, parece haber consolidado su rasgo recién con la construcción de la estación de trenes, recién pasado el Primer Centenario, con la formidable estructura de decoración recargada que también está erigida sobre espacios arrebatados al río durante su canalización, iniciada en los tiempos del Presidente José Manuel Balmaceda. Toda la hotelería, el comercio "moderno" y la intensa bohemia de estas calles en el pasado, se construyeron alrededor de aquella entidad que le daba al lugar un indiscutible rasgo portuario.
Calles y cuadras adyacentes a la terminal ferroviaria, además, se unificaron en lo que se asoció al barrio de la Estación Mapocho propiamente dicho, alcanzando a cubrir otros referentes vecinos como la ex Cárcel Pública, el Parque Centenario (hoy Parque de los Reyes), el edificio del Bristol Hotel y la Plaza Venezuela, entre varios hitos del entorno. Fue un golpe de modernidad tremendo en el lugar, sin duda, que alteró en muchos aspectos y grados este preciso lado de la ciudad de Santiago, otorgándole características que aún lo definen como barrio a pesar de los inevitables cambios.
Por su parte, la avenida Presidente Balmaceda abierta hacia 1927-1928 y pasando exactamente al lado del edificio de la estación, al ser aún conocida por algunos imprecisamente como Mapocho (nombre dado antes a toda la avenida que por acá contorneaba el río), parece haber sido de primaria importancia también para la toponimia de lo que popularmente identificamos como este barrio, en un efecto nominal parecido al de calle Bellavista sobre el grupo de cuadras del mismo nombre y cuya arteria matriz principal es, en realidad, calle Pío Nono en casi toda su longitud.

lunes, 9 de diciembre de 2019

UN DISCURSO FUNERARIO PARA LA CASONA DEL ESCUDO EN ÑUÑOA

Coordenadas: 33°27'02.5"S 70°35'46.3"W
El inmueble ubicado en el encuentro de calle Campoamor con avenida Holanda en Ñuñoa, esa misteriosa e inconfundible casona con el Escudo de Armas de Santiago en su fachada, probablemente era el último representante de la generación de suntuosas viviendas antiguas remontadas al origen urbano de este punto específico en el barrio del empalme de ambas vías. Desde los años ochenta, sin embargo, el cambio del barrio había sido notorio, por el reemplazo de las viejas residencias por colmenas de edificios residenciales.
Este año 2019 que ya se va, arrastró con él también a aquel vestigio final, recuerdo de una importante fracción en la historia de la comuna. Será reemplazada por el respectivo edificio de departamentos como los que ya existen en el lugar, completando el nuevo rasgo que se ha apoderado del mismo barrio del señalado empalme, a pesar de que aún conserva la característica de las gratas arboledas que también lo caracterizan.
Para los vecinos, ha sido una tragedia lo que ha ocurrido en esa esquina, específicamente en la dirección de avenida Holanda 3483: perder un precioso inmueble de influencias neocoloniales en su exquisito eclecticismo de rasgos hispánico-andaluces y criollos. Ya no estará más allí esa fachada de dos pisos, con el blasón de armas de la capital chilena empotrado en su frontis, con preciosos balcones y rejas de vanos con forja antigua sin soldaduras ni piezas de encaje, hechas a puro arte de herreros.
La casa enfrentaba a la calle Holanda, pero el terreno construido se extendía largos metros por el lado de Campoamor, ocupando gran parte de la cuadra con algunos árboles en su interior. Era una residencia independiente, con sello propio y no pareada. Había algo lúdico en su diseño y el de sus piezas, además: una evocación casi romántica, acaso como de la literatura épica clásica, con elementos caballerescos en sus figuras de las protecciones inclusive.

viernes, 6 de diciembre de 2019

EL "HOMENAJE A LA NEUROCIRUGÍA" DE MARTA COLVIN

Fuente imagen base: Avanza Chile.
Coordenadas: 33°26'12.6"S 70°37'20.9"W
Es uno de los monumentos y símbolos institucionales más hermosos y característicos de todo Chile. Resulta imposible imaginarlo en otro contexto o, incluso, en alguna otra ubicación geográfica. De hecho, quienes nunca hayan estado en el Instituto de Neurocirugía de Santiago, probablemente reconocerán la obra escultórica gracias a todas las fotografías y despachos noticiosos en donde la inconfundible figura ha sido un icono determinante para identificar el complejo.
El Instituto de Neurocirugía "Dr. Alfonso Asenjo" se encuentra en avenida José Manuel Infante 553, en la comuna de Providencia y vecino a las dependencias del Hospital del Tórax, en el barrio sanitario de Salvador. Fue fundado en dependencias del Hospital Salvador el Instituto de Neurocirugía, en 1939 y bajo el Gobierno de Pedro Aguirre Cerda. A partir de 1950, ya en el Gobierno de Gabriel González Videla,  el Ministerio de Educación Pública lo transforma por decreto supremo en el Instituto de Neurocirugia e Investigaciones Cerebrales de Chile, independiente del Hospital Salvador, y procediendo a iniciarse las obras de construcción de sus propias dependencias en calle José Manuel Infante, a espaldas del Hospital Salvador.
El nuevo edificio, correspondiente a un complejo altamente moderno en los estándares de la época, fue inaugurado el 25 de abril de 1953, ya en el Gobierno de Carlos Ibáñez del Campo, tomando años más tarde el nombre de su principal fundador, el Dr. Asenjo, como un homenaje a su legado y a su rol precursor de la misma casa de salud. Además, el Instituto había pasado a ser dependiente de la Facultad de Medicina de dicha Universidad de Chile desde antes del traslado a sus nuevas dependencias.
En plenos trabajos de construcción del complejo, sin embargo, la eximia escultora chillaneja Marta Colvin Andrade (1907-1995) se haría cargo de un particular desafío: construir una obra que sirviera de imagen característica e identificadora para la noble institución, casi como su sello corporativo como resultó ser a la larga, concibiendo así la preciosa obra titulada "Homenaje a la Neurocirugía".

miércoles, 4 de diciembre de 2019

AUGUSTO ORREGO LUCO: EL MÉDICO CON TALENTOS DE BRUJO Y ARQUETIPO DEL "DOCTOR DEL PUEBLO"

El Dr. Orrego Luco en retrato fotográfico  de 1884, atesorada en la sección de fotografías de la Sala Medina, Biblioteca Nacional de Santiago. Fuente imagen: Biblioteca Nacional Digital.
Un importante antecedente "callejero" sobre la preocupación por la salud en la sociedad chilena lo representa el chileno Dr. Augusto Orrego Luco, prominente médico del siglo XIX, escritor, articulista, académico, hermano mayor del pintor y diplomático Alberto Orrego y del escritor y político Luis Orrego, el conocido autor de "Casa Grande".
Nacido en Valparaíso en 1849, Augusto Antonio Orrego Luco era hijo del empresario Antonio Orrego Garmendia, recordado por haber introducido la cera en el mercado chileno, y de doña Rosalía Luco León de la Barra. Todos sus primeros estudios tuvieron lugar en el puerto hasta que llega a Santiago a matricularse en el Instituto Nacional, donde funda un semanario junto a su amigo Luis Montt. Pasará desde allí a la Universidad de Chile en 1866, primero estudiando derecho.
Por alguna razón, el joven Augusto descubre sobre la marcha que las leyes no son los suyo, y decide cambiar su proa hacia la medicina. Su acaudalada familia lo complace, enviándolo a Europa para realizar aquellos estudios superiores. No obstante, y muy para su desgracia, malas decisiones económicas y problemas inesperados empobrecen rápidamente a su padre en ese mismo período, viéndose obligado a regresar a Santiago. Acá entrará a la Escuela de Medicina de la Universidad de Chile, pagándose con su esfuerzo la carrera. Para este objetivo, trabajaba como periodista en el diario "La Patria" de Valparaíso y luego "El Ferrocarril" de Santiago, además de hacer algunos aportes para la Academia de Bellas Artes.
Empero, justo en aquel entonces, una feroz epidemia de viruela atacaría al país poniendo a prueba las capacidades de la medicina chilena para enfrentar semejante calamidad. En respuesta, el 12 de junio de 1872 se crea la Junta Central de Lazaretos, comité integrado por Monseñor Ignacio Víctor Eyzaguirre, el Dr. José Joaquín Aguirre, José Manuel Guzmán, Valentín Marcoleta, Vicente Izquierdo, Matías Ovalle y Manuel Arriarán, como secretario este último, con la misión de tomar las decisiones necesarias para combatir la epidemia que asolaba a Santiago.

domingo, 1 de diciembre de 2019

BURDELES, NOCTÁMBULOS Y RUFIANES: CRÓNICA DEL EXTINTO BARRIO ROJO DE LOS CALLEJONES DE RICANTÉN

Calle Lira en 1962. Fuente imagen: sitio web del Liceo Confederación Suiza.
Coordenadas: 33°27'03.9"S 70°38'17.0"W
Hubo una época de los prostíbulos, mancebía y bohemia en Santiago que resulta inolvidable a quienes la vivieron: la epopeya del barrio Los Callejones, en Diez de Julio Huamachuco, hasta donde acudían con el pecho ardiente desde modestos folcloristas, tangueros y cuequeros pagados con cañas de vino, hasta prominentes hombres públicos que derramaron algunos de sus más grandes secretos en la memoria de aquellas cuadras.
Los Callejones parecen haber sido el primer barrio rojo moderno de la capital chilena, al menos en los términos que lo reconocemos ahora, además del más famoso. Este concepto va mucho más allá de ser sólo un concentración de prostíbulos y tugurios, por supuesto, aunque también ha quedado sumido en la tendencia a poetizar el recuerdo por parte de aquellos que lo conocieron y que hoy lo contemplan desde el observatorio de la nostalgia, no siempre muy objetivo. Lo cierto es que había en él elementos igualmente pintorescos o encantadores conviviendo con otros oscuros y problemáticos, que acabaron sobrepasando sus atracciones y condenándolo a desaparecer, finalmente.
Llamado también Barrio Ricantén, Callejones de Ricantén (Licantén en algunas versiones, por corrupción fonética) o, simplemente Barrio Callejones, correspondía a un cuadrante de viejas calles y cuadras estrechas distribuido entre las vías Diez de Julio Huamachuco, Dr. Brunner-Tocornal, Argomedo y Raulí-Portugal, llamadas Freire-Maestranza en esos años. La concentración de prostíbulos, bares "con niñas" y quintas de remolienda en esas pocas cuadras fue asombrosa, llegando a desbordar los límites del marco original expandiéndose así por casi todo este sector de Diez de Julio.
Al centro de este trazado estaba el corazón de los temidos callejones, entre Lira y Raulí por la calle Sucre, poco después llamada también Ricantén, cuando terminó de abrirse la vía y conectó con la de este nombre. En nuestros días, corresponde a Antonio Ricaurte, en homenaje al oficial independentista de las Provincias Unidas de Nueva Granada. Este último nombre, que aparecía ya en algunos planos de 1911, lo recuperó hacia 1952, pues parece que Ricantén fue una adaptación fonética del original Ricaurte, que afectó rápidamente en la denominación de la misma.

sábado, 30 de noviembre de 2019

EL MAGO DE LA POLLA GOL: LA VERDAD HECHA LEYENDA DE ROBERTO JACOB HELO

Don Roberto, en imagen de su libro "Un poco antes de la muerte".
Hacia la primera y segunda cuadra del paseo Ahumada en los ochenta, cerca de los principales cafés y sobre una banca para el descanso peatonal, era habitual encontrar en aquellos años a don Roberto Jacob Helo, más conocido para la posteridad como el Mago de la Polla Gol.
Por entonces, el singular personaje y "guía" hacia la esperanza de riquezas, ofrecía al público sus fórmulas, folletos y recomendaciones varias, con demostraciones incluidas, para enseñar el procedimiento que empleaba exitosamente para pegarle al premio mayor del famoso concurso de la Polla Chilena de Beneficencia, con base en pronósticos del campeonato nacional de fútbol. Cerca un centenar de ocasiones llegó a ganarse el premio mayor, de hecho, dejando demostrado su dominio en el famoso concurso, que alimentaba las ilusiones de tantos chilenos en aquellos años de crisis económica.
Por sus características, el caso del llamado Mago de la Polla Gol debe ser uno de los más pintorescos de la historia popular chilena y de sus semblanzas callejeras. Fue incluido por Nicolás Rojas en su trabajo "Grito y plata. Historias de casinos, hípica y juegos de azar en Chile", y por Cristián Venegas en "Fuera de juego. Breves crónicas de fútbol chileno". Hasta hoy, muchos lo recuerdan como una parte importante de las memorias de su propia vida en la ciudad de Santiago, extrañando su presencia en el mismo paseo Ahumada.
Casi desde el momento mismo en que se creara la Polla Gol para recaudación del Estado de Chile, originalmente orientada al fomento deportivo a mediados de los años setenta, la esperanza de un cambio de vida con el dinero del premio nubló consciencias y obsesionó a algunos ilusos, algunos de ellos llegando hasta la tumba en la periódica espera de atinarle a los famosos 13 puntos de los pronósticos en cada cartilla, con las opciones empate, local y visita.

miércoles, 27 de noviembre de 2019

PLAZA PUNTA DE RIELES: REMINISCENCIAS DE LOS AÑOS DEL TRANVÍA EN MACUL

El tranvía de la Línea N° 23 de avenida Macul, hacia la década de los años veinte. Tenía su parada justo en la Punta de Rieles de Macul.
Coordenadas: 33°29'7.19"S 70°35'59.56"W
El político y prominente hombre público José Pedro Alessandri (1864-1923),  importante personaje de la historia de Ñuñoa, hizo abrir la avenida Macul de Santiago cuando recién había pasado el Primer Centenario Nacional. En principio llamada Gran Avenida, como el camino llevaba hasta el entonces pueblito de Macul, de origen indígena, pasó a tomar este mismo nombre al poco tiempo. Este aporte vial fue para la creciente urbe fue un enorme impulso de desarrollo, en especial para aquellos caseríos del sector, permitiendo también la llegada del tranvía hasta allí.
Hacia los años veinte y treinta la Línea N° 23 del tranvía de Santiago, llamada en aquel tiempo "Macul" y después "Avenida Macul", partía su recorrido desde la avenida Irarrázaval, el antiguo camino de Ñuñohue o de Ñuñoa, hacia Macul, llegando hasta lo que era por entonces el final de la misma en el límite urbano suroriente de la capital chilena. Su recorrido de vuelta era por el mismo trayecto, como señala el "Baedeker de Chile" de Carlos Tornero, de 1930, permitiendo así la conexión de los residentes de la zona con los recorridos más céntricos del mismo sistema de tranvías, en cada jornada.
El punto final del trayecto de la Línea N° 23 tuvo dos o tres paradas últimas o puntas de rieles, como se les llamaba entonces al punto final de los carriles, a la sazón ubicados en la comuna de Ñuñoa. Sin embargo, el más importante de ellos fue el que estaba en la intersección de las avenidas Macul y Quilín, que distaba mucho de tener entonces el mismo paisaje urbano de nuestros días, viéndose más parecido a lo que serían los límites de una ciudad con los terrenos rurales y de grandes parcelas que se extendían hacia el Sur.
La guía del "Plano de Santiago" de la casa Karstulovic, de 1941, señala que, para entonces, el nombre de la Línea N° 23 era "Macul-San Martín", y podemos verificar en el detalle de su recorrido que se había ampliado mucho, desde la Alameda hasta lo que entonces se conocía como el camino Macul-Lo Cañas, que hoy conocemos como Quilín. Era en ese mismo sector en donde estuvo la Punta de Rieles de Macul, precisamente. En "Los viejos tranvías se van", de 1955, Ramón Lira Lira confirma que el recorrido sufrió muchos cambios de punto de partida, llegando un momento en que iniciaba y concluía sus recorridos de regreso en el sector de Mapocho.

lunes, 18 de noviembre de 2019

LA MARINITA Y SU TRAGEDIA: LA ANIMITA DEL PARQUE O'HIGGINS

Placas de agradecimientos y ofrendas para la Marinita hacia 2003, en imagen publicada en "Templos de Chile" de Juan Forch. Fuente imagen base: Memoriachilena.
Coordenadas: 33°27'54.3"S 70°39'41.8"W
La celebérrima animita de Santiago conocida como La Marinita o Animita del Parque O'Higgins, se encuentra a un costado del famoso óvalo del Campo de Marte, al Sur-poniente de este sector entre el patinódromo y las canchas del club de tenis, junto a los juegos infantiles y los quinchos para asados. Es un rincón gratamente sombreado por los árboles y en donde pareciera que la devoción nunca se acabará, a pesar de los cambios que ha experimentado la sociedad y la fe en nuestra época.
La persona venerada en esta animita es Marina Silva Espinoza, una niña de la que se sabe muy poco, incluso entre sus devotos, ya que su recuerdo es orbitado por varios mitos. El dato principal entre todos ellos, es que habría sido cruelmente violada y asesinada en 1945 por su padrastro y que era sordomuda. Y cuentan las leyendas, además, que el fantasma de la niña se aparece jugando ante los visitantes del parque, o que los cercanos columpios infantiles se mueven solos durante las noches. Algunos cuidadores aseguraban que esto sucedía en el parque.
Aferrándonos a datos más reales, sin embargo, el crimen de Marinita sucedió exactamente el 23 de mayo de aquel año, y muy posiblemente bajo el mismo árbol que ha seguido creciendo sobre el lugar de su recargada y querida animita. Esta última parece ya un pequeño santuario, asegurándose allí también que la niña suele ser muy milagrosa y cumplidora, como sucede con todas las animitas que perduran y se perpetúan en su popularidad. Algunos comerciantes, de hecho, venden velas a ciertas horas del día.
El crimen sucedió en los tiempos en que Parque O'Higgins aún era conocido como Parque Cousiño y no tenía esas rejas de seguridad que ahora lo cercan por todo el perímetro. El cadáver de la pequeña fue descubierto dentro del terreno hacia las 9:00 horas de la mañana del 24 de mayo de 1945, bajo un árbol del sector que da hacia la avenida Beaucheff, enfrente de la calle Antofagasta y cerca de la tribuna de la elipse. El hallazgo, realizado accidentalmente por Ismael Badilla García, soldado de los cercanos Arsenales de Guerra, desencadenó de inmediato una frenética búsqueda para dar con la identidad de la niña y la del desalmado y cruel asesino.

viernes, 8 de noviembre de 2019

MEMORIAL DEL PUENTE DE PALO EN EL RÍO MAPOCHO

El Puente de Palo, levantado sobre los bloques de las bases-arranques de los que habían sido los arcos del anterior Puente de Ladrillo, que alcanzan a distinguirse en esta imagen de 1870-1880, aproximadamente.
Coordenadas: 33°25'58.92"S 70°38'55.04"W (ex ubicación del puente aprox.)
Un lugar donde tanto el pueblo residente de los barrios ribereños de Santiago como los caprichos impetuosos e impredecibles del río Mapocho encontraron espacio para picardías y malicias humanas, llegando a hacer necesario instalar un vigilante de punto fijo sobre él (en beneficio de la buena conducta), fue la pasarela que existió allí sobre las ruinas del viejo Puente de Ladrillo, primero que tuvo el Mapocho e instalado precisamente encima del sistema de tajamares más antiguo que conoció la ciudad.
Le llamaban Puente de Palo, y aunque su historia fue opacada por la magnitud y la belleza del Puente de Cal y Canto, se trató de uno de los pasos históricos y más importantes que tuvo Santiago sobre el Mapocho, abarcando buena parte de su vida entre entre la Colonia y la República por más de un siglo de existencia. Por sus rasgos pintorescos, Ismael Espinosa lo comparaba con el famoso puente de madera de Lucerna, Suiza (el turístico Kapellbrücke), en su "Historia Secreta de Santiago de Chile":
"El puente de palo era, además, el pasaje obligado para dirigirse a las chacras de la Chimba, abundante en famosas cazuelas de ave y en exquisiteces criollas de toda especie. Por él discurrían también los padres de la Recoleta Franciscana, donde vivieron los dos santiaguinos por adopción que más se han acercado a la gloria de los altares: el Siervo de Dios fray Pedro de Bardeci, y el abnegado y milagroso fray Andresito".
A menudo, sin embargo, este puente es confundido con el también viejo pero posterior Puente de los Carros, situado hacia donde mismo está el que hoy lleva ese nombre entre los mercados del barrio, aunque ya en su versión metálica. El error es muy comprensible, sin embargo, cometido incluso por expertos y profesionales de estos temas que aquí tratamos de forma más ligera, pues son engañados tanto por el parecido de ambos puentes como por la proximidad que tuvieron los dos en este tramo urbano central del río Mapocho.

miércoles, 30 de octubre de 2019

MELANCOLÍAS EN SILENCIO DEL TEATRO AMERICAN CINEMA

El edificio esquina de Arturo Prat con Alonso de Ovalle, luego American Cinema, en plena construcción o acaso modificación. Fuente imagen: colecciones de Pedro Encina en "Santiago Nostálgico".
Coordenadas: 33°26'45.16"S 70°38'58.66"W
Un edificio de cierto aire neoclásico, de albañilería reforzada en marcos de acero y techado de galpón con más de un siglo a cuestas, está situado al final de la primera cuadra de la calle Arturo Prat (ex  Nueva de San Diego) caminando unos pasos desde la Alameda en Santiago hacia el Sur. Con estupendas dimensiones y altura en cuatro niveles, calla en mutismo absoluto su secreto allí, en este popular lado de la ciudad, intrigando con sus formas ostentosas y confundiendo también sobre pasado como uno de los primeros sitios de exhibiciones cinematográficas en Chile.
Después de un largo período de decadencia, ha debido ser restaurado hasta el año pasado por sus propietarios actuales y para evitar pleitos con la administración municipal, según cuentan, cambiando felizmente su aspecto por uno más recuperado y restaurado. Esto no extraña: a pesar de su misterio, figura entre las fichas de los Inmuebles de Conservación Histórica de la Comuna de Santiago, con el folio N° 1356 de 2015. Es, pues, el único edificio que queda en Santiago junto al Teatro Municipal, de los más de 50 en donde se alcanzaron a exhibir películas en plena época del Primer Centenario Nacional.
Sin embargo, no queda mucho de sus características como teatro y cine. Construido a inicios del siglo XX, de unos 1841 metros cuadrados y modificado en su momento para un capacidad de hasta 5.000 personas, en el edificio ya no cuelga el cartel luminoso de los fierros empotrados en la fachada, sobre lo que fueron sus accesos, y tampoco se puede reconocer interiormente la sala, totalmente desmantelada para otros usos en arriendo que se dieron al lugar, tras dejar de servir como espacio de presentaciones de vodevil y teatro de variedades.
La publicación del grupo de investigación y asesorías Santiago a Pie, titulada "The American Cinema o el gran frontón Chile", señala que el inmueble fue primero una cancha cerrada con graderías para el juego de la pelota vasca o jai-alai, establecimiento de 1903 llamado Gran Frontón Chile. El juego todavía era relativamente popular hacia entonces, en varias ciudades del país y practicado desde los tiempos de la Colonia.

domingo, 27 de octubre de 2019

EL PARQUE JUAN XXIII DE ÑUÑOA: EL PASEO ENTRE JARDINES E HISTORIAS COMUNALES

Entrada al parque casi recién inaugurado. Fuente imagen: revista "En Viaje", 1964.
Coordenadas: 33°27'26.7"S 70°35'15.9"W (inicio) / 33°27'49.5"S 70°35'19.6"W (final, anfiteatro)
Después de estos días de fuerte agitación social y de reacciones masivas, que quizá aún mantienen con tiritones a nuestra ilustre casta política, quisiera comentar algo más amigable relativo al valor que tiene la comuna de Ñuñoa dentro de la historia urbana de Santiago, por tratarse de un territorio que convive con parte de su pasado a la vista todavía después de haber sido devorada por el avance de la ciudad hasta las faldas precordilleranas en tiempos relativamente recientes, absorbiendo lo que fueron antes antiguos fundos, rancheríos, propiedades agrícolas, casas patronales y los caminos de la antigua comarca de Ñuñohue.
El Parque Juan XXIII es un perfecto ejemplo de ello. Abarca unos 750 metros de longitud y 28.870 metros cuadrados, ubicados entre las vías Dublé Almeyda y Dr. Agustín Andrade. Está cercado por las residencias que se han construido en el borde de las calles de sus costados, correspondientes a las calles Los Jardines y Juan Moya Morales. Lamentablemente, la realidad de nuestra época exige mantener el parque cerrado durante las noches, evitando hechos delincuenciales y malos comportamientos de personajes que, a veces, asoman por este lugar. No obstante, algunos vecinos tienen en sus casas comunicación más directa con esta área verde, en la parte posterior de sus residencias.
La continuidad del paseo está cortada, sin embargo: la necesidad de mejorar las conexiones viales por este lado de santiago, seccionó su franja verde al trazar las calles Alcalde Eduardo Castillo Velasco y Los Almendros, dejando al parque en tres segmentos. Y si contamos las áreas verdes que originalmente le pertenecían al Parque Santa Julia sobre el que nació éste, como veremos, sus segmentos serían cinco, considerando el que corresponde al de la Casa de la Cultura de Ñuñoa y, en el extremo opuesto, el de las plazas y patios de un Centro Comunitario que daba hacia avenida Grecia.

jueves, 17 de octubre de 2019

PASCUAL LIBERONA: UN BANDOLERO APODADO "EL BRUJO"

"Vista de El Carmen Bajo de Santiago de Chile al mismo tiempo se ve la cordillera de los Andes". Aguada de Juan del Pozo, probablemente de fines del siglo XVIII, recreando la observación del templo de calle Independencia desde donde está actualmente el inicio de calle Vivaceta, por entonces llamada Las Hornillas. El original está en el Archivo Central Andrés Bello de la Universidad de Chile.
Ya me he referido en este sitio a la larga historia de la avenida Fermín Vivaceta de Santiago, que comenzó su existencia como el Callejón de las Hornillas y el Camino a Colina, en el extremo poniente del territorio de La Chimba.
En los años en que aún se construía el Puente de Cal y Canto sobre el río Mapocho, conectando Santiago con su territorio de chimbero de extramuros en la ribera Norte, una figura temida y respetada comenzó a erigirse como amenaza para la autoridad colonial de entonces, proyectando después su sombra sobre una ciudad que, sin embargo, no tardó en convertirlo en un rufián-héroe, según parece: idealizándolo al estilo Robin Hood, de la misma manera que ha sucedido -en mayor o menor medida- con generaciones posteriores de bandoleros, entre ellos Vicente Benavides, José Miguel Neira o la famosa banda de Los Pincheiras.
Como sucedió con aquellos casos, pues, la memoria del "El Brujo" Liberona experimentaría esa misma extraña mitificación sobre su recuerdo y su obra que, en rigor, no fue más que una épica delincuencial, concentrada principalmente en el período de años de 1780 a 1795, aproximadamente.
De acuerdo a su mito propio, la historia de Pascual Liberona comienza con la formación de los primeros poblados suburbanos de Las Hornillas, actual Vivaceta, camino llamado de aquella forma por la presencia de hornos de fabricación de ladrillos, según parece. Estos territorios del otro lado del río, en donde la gran quinta del Corregidor Luis Manuel de Zañartu era más bien un oasis aislado y ajeno al entorno, tenían fama de bastión impenetrable para la autoridad de aquellos años, sirviendo así de refugio y dominio para algunos de los temidos rufianes que se conocieron en la Colonia y entre los que, sin duda, destacó de manera especial Liberona, como uno de los primeros en asumir la característica del bandolero. Fue conocido como "El Brujo", precisamente por lo escurridizo y por su velocidad para cometer sus fechorías y echarse al vuelo, haciéndose invisible a la mano del castigo.

miércoles, 16 de octubre de 2019

"COSAS DE LA EDUCACIÓN" DE JUAN GUILLERMO PRADO: EL ANECDOTARIO HISTÓRICO QUE FALTABA

"Sala de clases", fotografía de José Muga, c. 1960, que se usó en la portada de "Cosas de la educación" de Juan Guillermo Prado. Fuente imagen: Memoria Chilena.
Hace una semana, en horas de la tarde del pasado miércoles 9 de octubre de 2019, se lanzó el nuevo libro de investigador, periodista y destacado director de área de la Biblioteca del Congreso Nacional, don Juan Guillermo Prado. Se titula "Cosas de la educación. Anecdotario de la enseñanza en Chile desde la Colonia a 1920", publicado bajo sello de Narrativa Punto Aparte, para su colección denominada "Expedientes". Pudimos estar allí, felizmente.
La presentación de la obra, con oradores invitados, cóctel y música folklórica, tuvo lugar en la exsala de sesiones de la Cámara de Diputados del Congreso Nacional de Santiago, lugar que Prado conoce bastante bien desde hará unos 40 años ya. La gran concurrencia llenó el espacio, haciendo una idea de la expectativa e interés que generó el lanzamiento. Entre otros ilustres asistentes, estuvieron en el público el abogado y exdiputado Hugo Zepeda Coll, el profesor y fundador del CEDECH don Pedro Godoy, la investigadora Karen Müller y el artista de dioramas históricos Rodolfo Gutiérrez, más conocido como Zerreitug.
La inspiración para el libro, según revelación del propio autor aquella noche, estuvo en la clásica obra "Cosas de la Colonia" de don José Toribio Medina, soporte de un importante flujo de información pintoresca e interesante pero muy valiosa sobre el período colonial chileno. Prado hace lo propio, ofreciéndonos la misma idea pero sobre temas educacionales, con una avalancha de información para el lector y gran cantidad de datos y observaciones escasamente conocidas, muchas de ellas. Como prologuista del libro, participó Sergio Martínez Baeza, Presidente de la Sociedad Chilena de Historia y Geografía, de la que Prado es también Director.
Muy al estilo del autor, entonces, "Cosas de la educación" repasa una gran cantidad de hechos curiosos y llamativos de la historia de la educación chilena desde sus orígenes, que más allá de corresponder a datos novedosos o de mero interés, cargan con un auténtico valor histórico para completar la huella del desarrollo de la enseñanza en nuestro país, como podrá verificar el lector. Parte, de este modo, por los tiempos de la Conquista y la Colonia, avanza por el período de formación de la Patria, el florecimiento de la República, los años bajo la Constitución de 1833, el agitado período de mediados del siglo XIX, la llegada de los colegios extranjeros y el camino que llevó a la célebre Ley de Instrucción Primaria Obligatoria de 1920.

lunes, 14 de octubre de 2019

EL SENDERO ZORRO VIDAL EN EL CERRO SAN CRISTÓBAL: LA RUTA DEL CAMINANTE QUE QUIERE VIVIR MÁS Y MEJOR

Cumbre del Cerro San Cristóbal, vista hacia el sector de la actual Plaza México, con la Casa de las Arañas y el Casino Cumbre atrás, vistas desde el Santuario de la Virgen en fotografía c. 1930. El camino que se observa a la izquierda, abajo en el encuadre de la fotografía, corresponde al actual Sendero Zorro Vidal. Fuente imagen: sitio "Fotos históricas de Chile" del coleccionista fotográfico patrimonial Alberto Sironvalle.
Coordenadas: 33°25'34.8"S 70°38'15.3"W (inicio) / 33°25'26.4"S 70°37'58.1"W (final)
Desde hace un par de años he regresado regularmente y por razones recreativas al Cerro San Cristóbal, al menos cada vez que estoy en Santiago. Son notables las posibilidades que ofrece este lugar a la distracción y el ejercicio. En general, lo es todo el Parque Metropolitano de Santiago (Parquemet), aunque por momentos pareciera que los turistas extranjeros cotizan mucho más que los propios chilenos esta generosidad.
Las prácticas deportivas deben estar entre las más beneficiosas, por supuesto, todas al aire libre, gratuitas y en uno de los mejores paisajes posibles de encontrar en la capital chilena. Sólo se castiga con pago de entrada el uso de vehículos motorizados, los que se pretende reducir al mínimo en algunos años más.
El Sendero Zorro Vidal, ubicado en la cara poniente del cerro, es el camino más importante para los ascensos de trekking o a trote en el San Cristóbal, a diferencia del principal asfaltado que fue pensado más bien para ruedas, hoy automóviles, motocicletas y bicicletas. Recuerdo mi primera vez intentando subirlo: primerizo y tras un período de gran descuido físico, no llegué ni a la primera de sus cinco vueltas, jadeando penosamente antes de levantar la blanca bandera de la humillación. Ya al final de todo el tiempo de porfía, sin embargo, podía subir a la cumbre sin hacer detenciones, ni siquiera para beber agua. Supongo que lo mismo sucedió a muchos, al menos a los que están en mi rango etario.
Son aquellas buenas posibilidades de autosuperación física a las que me refiero como bondades del cerro, justamente: esas que ofrece a los visitantes con sus cerca de siete caminos de ascenso, de los que el Sendero Zorro Vidal debe ser el más popular y concurrido para los que suben caminando.
El ingreso al sendero se encuentra a unos 600 metros del acceso principal al parque, situado enfrente a calle Pío Nono. Se separa del camino principal Alberto Mackenna pasadas las instalaciones deportivas y perdiendo de vista al funicular, subiendo por la pendiente del cerro hacia el Norte.

lunes, 7 de octubre de 2019

UNA CAPILLA PARA NUESTRA SEÑORA DE FÁTIMA EN LAS ALTURAS DE SANTIAGO

La capilla, ya cerca de ser concluidas las obras de su construcción, en 2011. Fuente imagen base: sitio web de Plataforma Arquitectura (fotografía de N. Quezada y R. Sotomayor).
Coordenadas: 33°32'8.66"S 70°32'41.71"W
Se sabe que la Virgen de Fátima es bastante popular en Chile, como quedó en evidencia con la reciente visita de una efigie oficial de esta advocación mariana al país. Dicha imagen fue enviada por El Vaticano y recibida con gran pompa, a pesar de las críticas que generan en nuestra época estas formas de devoción y la participación de autoridades del Estado en las ceremonias relacionadas con la religión.
Los aficionados a visitar los bosques y senderos de El Panul en la precordillera a la altura de La Florida en Santiago, en tanto, seguramente ubican bien un curioso templo para aquella advocación mariana, que probablemente sea uno de los más modernos y vanguardistas de Santiago, además de estar entre los de mayor altura en la cota urbana de la capital chilena. Corresponde a la Capilla de Nuestra Señora de Fátima, justamente.
La capilla es dependiente de la cercana Parroquia Jesús Maestro, ubicada a la misma altura de la ciudad pero más abajo, en calle Enrique Olivares, misma comuna de La Florida. Y, de acuerdo a la información parroquial, ambos templos debieron ser levantados en aquellas nuevas urbanizaciones por solicitud popular y por acuerdos de los proyectos con las inmobiliarias. Todos estos terrenos, además, han tenido tradicional influencia de la Iglesia, ya que varias propiedades de la precordillera le habían pertenecido.
Se encuentra, más precisamente, en el tramo final de la calle Rojas Magallanes 4295 esquina Las Perdices, entre villas profusamente construidas y pobladas a partir del último cambio de siglo. Antes, el final de esta vía era sólo de potreros y terrenos rurales en los que vivimos algunas malas experiencias con residentes cercanos, durante nuestra infancia como floridanos, y de las que hablé en otro artículo. Hoy, en cambio, se trata de un amplio plano residencial con una gran cantidad de habitantes, por lo que no extraña que muchos de ellos hayan requerido de un espacio para su credo, concedido con este edificio.

sábado, 21 de septiembre de 2019

IGLESIA DE SANTA LUCRECIA: LA PARROQUIA DE LA BENEFICENCIA DEL BARRIO HUEMUL

La entonces pequeña iglesia de calle Placer, junto a los edificios de La Gota de Leche (izquierda) y el Asilo de las Madres (derecha), en el folleto "Población Huemul: inauguración de la Sección Beneficencia", de 1918. Se observa la cruz sobre chapitel que tenía el templo en su torre, originalmente.
Coordenadas: 33°28'34.2"S 70°39'03.7"W
Es preciso hablar de la historia del conocido Barrio Huemul de Santiago para poder abrirse paso en la de su Iglesia de Santa Lucrecia, uno de los símbolos arquitectónicos más característicos de aquellas cuadras cercanas cercanas al final de calle San Diego y los mercados Matadero, Franklin y Bio-Bío.
Como se sabe, el Gobierno de Germán Riesco promulgó en 1906 la Ley N° 1.838, que permitió construir con ciertas facilidades y bajo la evaluación de "higiene" del  Consejo Superior de Habitaciones Obreras, conjuntos habitacionales obreros que resolvieran las necesidades que afectaban por entonces a muchas familias de las clases trabajadoras. Eran, además, tiempos influidos por la floreciente Doctrina Social de la Iglesia, luego de conocida la famosa Encíclica Papal "Rerum Novarum" de 1891 y dada la persistencia de las cuestiones sociales derivadas de la sociedad industrializada.
Por aquellas razones, entre 1911 y 1918, la Caja de Crédito Hipotecario hizo construir un vecindario propio en el sector industrial que se había formado en el ramal del Ferrocarril del Llano de Maipo que salía desde la estación Ñuñoa (actual sector de Estación Metro Ñuble) hacia el poniente, doblando por encima de la Avenida Vicuña Mackenna (puente del sector Copesa y ex viña Manquehue) para enfilar entre galpones y grandes fábricas hacia el Oeste, por el actual Parque Santa María y la calle Centenario (pasando por donde ahora están las Estaciones Metro Bio Bio y Franklin). Este ferrocarril terminaba conectando con las vías de la Estación Central, por el sector de la Población San Eugenio.
El pintoresco nuevo vecindario surgido de aquel proyecto, el Barrio Huemul, muy cercano a la Estación San Diego del ferrocarril, se constituyó así con la lógica de los campamentos obreros y con gran autosuficiencia como la que se podía ver, por ejemplo, en las oficinas salitreras del Norte Grande, pues los residentes contaban con oficinas públicas, escuelas, plaza, biblioteca, comercio, teatro, hospital y, por supuesto, un lugar apropiado para el servicio religioso, cual pequeña ciudadela.

martes, 17 de septiembre de 2019

EL PALACIO DEL REAL TRIBUNAL DEL CONSULADO Y LA PRIMERA JUNTA NACIONAL DE GOBIERNO: EL EDIFICIO EN DONDE COMENZÓ EL PROCESO DE INDEPENDENCIA DE CHILE

El Palacio del Consulado hacia 1920, con la estatua de don Andrés Bello en su exterior y la inscripción de la Biblioteca Nacional en la fachada. Fuente imagen: Biblioteca del Congreso Nacional.
Coordenadas: 33°26'20.5"S 70°39'10.1"W
Debo confesar que soy de los porfiados que sí creen en que las Fiestas Patrias de nuestro 18 de septiembre justifican celebrar también el concepto de la Independencia de Chile, no sólo la Primera Junta Nacional de Gobierno. Así lo entendieron próceres como el General José Miguel Carrera, de alguna manera, al instruir la celebración del aniversario de la Junta. Y cuando la República por fin estuvo solidificada, el Gobierno de Manuel Montt celebró el 50° aniversario de la Primera Junta con la erección del obelisco conmemorativo en plena Alameda de las Delicias.
Así lo entendieron también las autoridades de la organización republicana y de primeros años de la estabilización política, permitiendo que esta fiesta se mantuviese de entre las tres que había al año asociadas a la lucha de la Independencia, incluyendo las del aniversario de Chacabuco y Maipú. Sólo aquella conmemorando el hecho ocurrido en el edificio del que ahora intentaré hacer un pequeño caudal a modo de reseña, se mantuvo como nuestra definitiva fecha de Fiestas Patrias.
No siempre parece muy arraigado el concepto de conmemorar los procesos históricos en su exacto origen, por este lado del mundo, sino más bien en su conclusión. Sin embargo, así como la Guerra del Opio partió con el bloqueo decretado por del emperador Daoguang o la Primera Guerra Mundial lo hizo con el asesinato del Archiduque Franz Ferdinand, las cruzadas de la Independencia en Chile necesitaron de un hecho concreto detonante, correspondiente a la formación de la Primera Junta Nacional de Gobierno, por tibio o vago que pueda ser interpretado este hito. Y aunque se ha repetido hasta el hastío que fue un acto de sumisión y de lealtad a la corona más que uno de rebeldía, fueron independentistas quienes estaban detrás de esta acción, aprovechando la oportunidad histórica dada por la invasión napoleónica en España y en el momento en que se bosquejaban las corrientes políticas de la emancipación que harían frente a las de los realistas.
Como se sabe, el liderazgo de aquella Primera Junta recayó en el ya anciano y próximo a morir don Mateo Toro y Zambrano, el Conde de la Conquista, de corazón realista pero sobrepasado completamente por la situación que llevara al clamor popular del "¡Junta queremos!". Sintiéndose obligado a llamar al Cabildo Abierto del 18 de septiembre de 1810, que fue convocado por invitación, decidió renunciar a su cargo de Gobernador Real de Chile y comunicarlo en el mismo encuentro junto a su secretario José Gregorio Argomedo.

lunes, 16 de septiembre de 2019

EL MUSEO DE LA CHILENIDAD EN EL PARQUE SANTA ROSA DE APOQUINDO

La exposición del museo en el Día del Patrimonio de 2014, antes de la renovación de sus salas y vitrinas. Fuente imagen: Portal Caballo y Rodeo.
Coordenadas: 33°25'07.8"S 70°32'17.5"W
Es inevitable que la estética y la representación general de las Fiestas Patrias de Chile, adopten el rasgo de identidad que conocemos en torno a la figura del huaso de campo a caballo, personaje más bien centrino en su origen. Empero, es un hecho también que el estereotipo folklórico ya existe en prácticamente todo el territorio, especialmente en los valles agrícolas, aunque con sus matices fundiéndose entre la idealización y la autenticidad. Como los primero gauchos que salieron de Santa Fe y alrededores convirtiéndose en el personaje nacional de Argentina, pues, nuestra cultura huasa fue expandiéndose por el resto de Chile, apoyada muchas veces por clubes y sociedades folklóricas en cada ciudad.
Hay mucho de huaso y campesino en nuestra forma tradicional de celebrar las fiestas patrias, por lo tanto; o al menos en la forma más visible, con las fondas y ramadas colmadas de empanadas, asados de carne y chichas. El consenso cultural ha asumido tales expresiones como la más genuina y reconocible cara de la chilenidad, más allá de la presencia de otros referentes en el tradicionalismo local de las regiones no centrales y del desarrollo del folklore urbano.
Un lugar en donde puede conocerse más de esta chilenidad  "típica", está en el Parque Santa Rosa de Apoquindo de la comuna de Las Condes, en la actual Avenida Padre Hurtado Sur 1155-1195, llegando a Cristóbal Colón. Corresponde al Museo de la Chilenidad (MUCH), creado el año 2012 en un esfuerzo conjunto de la Federación de Criadores de Caballos Chilenos y la Municipalidad de Las Condes.
Como se sabe, este parque pertenece a una antigua propiedad que perteneció, entre otros, a Manuel Blanco Encalada en 1859, siendo comprada y convertida en hacienda agrícola y ganadera por don Eugenio Guzmán Irarrázaval, hacia 1898. Con lechería y viñas, recibe entonces el nombre de Hacienda Santa Rosa de Apoquindo, y queda convertida en una típica propiedad rural de los grandes campos de la zona central, con la residencia del siglo XVIII que hoy es su central casa-museo y con dependencias adicionales para los inquilinos y las actividades que demandara la finca: establos, llaverías, bodegas, graneros, talleres, etc.

miércoles, 11 de septiembre de 2019

EL "HUACHO": MITO Y REALIDAD DEL ÚLTIMO ÁLAMO DE LA ALAMEDA DE SANTIAGO

Detalle central de una fotografía de la Alameda de Santiago en 1980. Imagen publicada en sitio EnTerreno (enterreno.com) por el usuario Francisco Elías Calaguala. Se observa, sobre la puerta de la liebre o microbus que dobla entre el bandejón central, un árbol de copa un tanto cónica, correspondiente al álamo solitario de la Alameda con su altura en esos días.
Coordenadas: 33°26'37.2"S 70°38'60.0"W
"Al hombre le ocurre lo mismo que al árbol. Cuanto más quiere elevarse hacia la altura y hacia la luz, tanto más fuertemente tienden sus raíces hacia la tierra, hacia abajo, hacia lo oscuro, lo profundo... hacia el mal" (Friedrich Nietzsche, "Así hablaba Zaratustra").
Ya es una especie de leyenda urbana viviente de la capital chilena. O bien una reliquia del pasado, sobreviviendo más por la suerte que por su propia resistencia. Varios saben de su existencia y la admiran en cada mirada durante la jornada de un día en Santiago, pero la mayoría ni siquiera lo percibe: está en plena Avenida Bernardo O'Higgins llegando a las bocas enfrentadas del paseo Ahumada y, enfrente, la calle Arturo Prat. Esto es a pasos de la casa central de la Universidad de Chile y del Edificio Santiago Centro, ante un grupo de locales en donde está la tradicional "Casa Royal" y el acceso lateral a la Estación Metro Universidad de Chile.
El árbol se encuentra en el bandejón central de la arteria, la más importante de la capital y que, por alguna resistencia, seguimos llamado Alameda, precisamente como recuerdo de los álamos que alguna vez enseñorearon y embellecieron este sitio, cuando era la Alameda de las Delicias. Está adyacente a un corral enrejado sobre las ventilaciones de la estación subterránea, además. La contaminación de nuestros días y el encierro entre el gris de los edificios, le ha dado un aspecto opaco y mustio, pero sigue vivo y su aspecto varía según la estación del año.
Desde que este álamo fuera "redescubierto" por la ciudadanía, hace pocos años, algún par de imprecisas leyendas populares rondan sobre el mismo, en particular sobre su origen y su antigüedad, así que queremos echarle una mirada más detallada acá a su historia y a lo que representa en los hilos de la vida de esta ciudad.

domingo, 8 de septiembre de 2019

LAS VIDAS DEL TEATRO NOVEDADES DE SANTIAGO

Antigua imagen de la fachada del teatro, años treinta. Se observan algunas diferencias con respecto al aspecto actual, especialmente en los vanos y la cornisa del alero o marquesina, producto de las remodelaciones. Fuente: Flickr de don Patricio Lazcano Campino (tomada de la página web oficial del Teatro Novedades).
Coordenadas: 33°26'33.3"S 70°40'19.7"W
El milagro es doble con relación al Teatro Novedades de la capital chilena: no sólo ha sobrevivido al tiempo en el típico Barrio Yungay, sino que su recuperación ha sido plena, permitiendo que aún siga en actividades del mundo de las artes escénicas. Ha sido declarado Inmueble de Conservación Histórica por decreto municipal y, actualmente, es administrado por la Corporación de Desarrollo de Santiago. Tan querido e importante es, de hecho, que el humorista Eduardo Thompson pidió ser velado aquí al morir, en 2007.
El viejo teatro de fachada con eclecticismos del art decó y el neoclásico que algunas creencias han atribuido a Luciano Kulczewski, se ubica en la dirección de calle Cueto 257, llegando a Portales, en la comuna de Santiago. Su primer edificio data de 1913, año en que fuera inaugurado un 7 de septiembre y con la presentación de la opereta "El conde de Luxemburgo", durante el Gobierno de Ramón Barros Luco. Era propiedad del Círculo Español, que ofrecía en él espectáculos de alta calidad para el público.
En el salón se proyectaban también películas mudas con un cinematógrafo, amenizadas por un pianista en vivo como se estilaba entonces. Había presentaciones de zarzuelas o presentaciones de compañías españolas de espectáculos en su cartelera permanente, muy asociadas al gusto popular de aquellos años a pesar de que, en sus orígenes, atraía al público de clase alta que habitaba originalmente el barrio.
Recuerda el director Rogel Retes en sus memorias de "El último mutis", que el inmigrante español Santiago Serra se hizo cargo del Teatro Novedades en este período, poco después de haber arrendado un tiempo el Teatro Almagro, en la plaza del mismo nombre, y antes de que se consagrara al lograr adquirir el Teatro Coliseo Nacional, en 1926.

domingo, 14 de julio de 2019

BIOGRAFÍA DEL PARQUE ALMAGRO DE SANTIAGO

El Parque Almagro a inicios de los ochenta, en fotografía de Luis Padilla. Se observa la fuente de aguas con el pedestal antiguo del busto homenaje a Luis Emilio Recabarren, y al fondo la Iglesia de los Sacramentinos. Fuente imagen: Enterreno.com.
Coordenadas: 33°27'06.1"S 70°39'05.6"W
En el Parque Almagro de la capital chilena, conviven las bondades de un pulmón verde en medio de uno de sus barrios más históricos, con las postales perfectas de aquella deslumbrante cordillera como telón de fondo para las cúpulas de la Parroquia de los Sacramentinos, en los barrios de calle San Diego y Santa Isabel.
Mi época de estudios estuvo vinculada a este parque: primero, como alumno del Liceo Manuel Barros Borgoño, con constantes idas hacia el centro de la capital por estas cuadras. Luego, como alumno de la Facultad de Ciencias Políticas y Administrativas de la Universidad Central, por un par de años más. Recuerdo tiempos previos, de hecho, cuando los trabajos de apertura de estas cuadras, para ampliar el parque, habían dejado aquellos barrios convertidos en un desolador campo de escombros, como luciría una ciudad bombardeada de la Segunda Guerra Mundial.
Todavía a fines de los años ochenta y cuando el parque ya estaba entregado a la ciudadanía, se seguían realizando modificaciones agresivas en las cuadras adyacentes, con grandes demoliciones y aparición de fachadas fantasmas, hoy ocupadas por nuevos edificios residenciales, comerciales y especialmente universitarios.
Desde el siglo XVII y por mucho tiempo más, la explanada entre los terrenos periféricos de Santiago en donde ahora está el parque, era empleada por los viajeros de antaño procedentes de la ruta Sur, para las paradas de descanso antes de entrar en la ciudad. Todavía en la mitad del siglo XIX, sin embargo, aquellos terrenos no eran más campos marginales, cuanto mucho utilizados para explotación agrícola y como potreros. Lo que corresponde a la calle San Diego, no se extendía más de 5 ó 6 cuadras desde la Cañada o Alameda de las Delicias hacia el Sur, hacia los años de la organización republicana.

martes, 18 de junio de 2019

TRES OBRAS DESAPARECIDAS DE KULCZEWSKI EN LA CUMBRE DEL CERRO SAN CRISTÓBAL: EL "CASINO CUMBRE", LA CASA DE LAS ARAÑAS Y EL "ROOF GARDEN"

Camino en la cima del Cerro San Cristóbal, en fotografía c.1930, con el Pabellón de la Casa de las Arañas al centro sobre la loma, y parte del "Casino Cumbre" a la derecha más arriba, justo abajo de la cúpula del observatorio. Fuente imagen: Flickr "Santiago Nostálgico" de Pedro Encina.
Coordenadas: 33°25'25.9"S 70°37'56.7"W (sector cumbre)
El acenso al Cerro San Cristóbal en el Parque Metropolitano de Santiago, ya sea por el camino peatonal del Sendero Zorro Vidal o por la ruta asfaltada en Avenida Pedro Bannen, desemboca en la rotonda con fuente de aguas de la Plaza México, allí junto al Vivero y la simpática fontana de los tres querubines abrazados, derramando su hilo de aguas. Hace sólo un par de años, fue remodelado el lugar pero, por desgracia, se destruyó la rotonda verde en donde está la fuente circular, así que el centro de la actual Plaza México es totalmente duro y estéril, delineado sólo por adoquines.
En la mencionada fuente de los tres niños, encontramos un dato interesante anotado en sus inscripciones sobre la piedra: primero, que este sitio se llama Parque Lautaro desde que se inauguró el paseo, "Dedicado a los escritores preclaros de Iberoamérica". El nombre ha caído mucho en desuso, por cierto.
Lo segundo que queda de manifiesto la fuente, es la importancia que tuvo el destacado arquitecto Luciano Kulczewski (1896-1972) en todo el conjunto. Se trata del mismo autor de los edificios de la Piscina Escolae de la Universidad de Chile, el Edificio La Gárgola, la sede del Colegio de Arquitectos y la Población Keller, entre muchos otros conocidos proyectos con su característica firma. Su nombre también está inmortalizado en la roca de a fontana del cerro y por grandes razones, las mismas que llevaron a sus descendientes a cumplir con su petición de esparcir acá la mitad de sus cenizas, y el resto en el Cementerio del Père Lachaise de París.
Más allá de la conocida presencia que tuvo aquel genio de la arquitectura en el proyecto que dio nueva vida al Cerro San Cristóbal, con su mano inconfundible en obras ejecutadas entre 1921 y 1925 como el propio castillo del funicular o el Mirador O'Brien, otros tres trabajos surgidos también de sus tableros enseñorearon la época inaugural del paseo: el "Casino Cumbre", la Casa de las Arañas y la Terraza de Baile "Roof Garden". De ahí que su nombre esté destacado como el arquitecto estrella de la cumbre del cerro, en la fuente de los niños.

viernes, 14 de junio de 2019

CERRO PRIMO DE RIVERA: EL PARQUE DE LA INDEPENDENCIA DE CHILE EN MAIPÚ

Ilustración de la "Batalla de Maipú" del francés Theodore Géricault, c. 1820. A espaldas de San Martín y O'Higgins (centro), se observa el cerro donde se establecieron Primo de Rivera y sus hombres para aquel combate y que hoy lleva su apellido. Fuente imagen: Flickr "Santiago Nostálgico" de Pedro Encina.
Coordenadas: 33°29'40.9"S 70°45'19.0"W
Fuera del radio central de la ciudad de Santiago, uno de los cerros islas más importantes en el plano urbano del Valle del Mapocho es el Cerro Primo de Rivera, convertido en singular y atractivo parque desde los años ochenta, además de se constituirse como otro de los elementos conmemorativos de la lucha por la Independencia de Chile en la histórica comuna de Maipú.
El cerro se sitúa en el Paradero 15 de la avenida Pajaritos, pasado el cruce de Ramón Freire con la Autopista del Sol, entre la calles Cecilia y Anunciación, a escasa distancia de la Estación Metro Santiago Bueras. Con unos 90 metros de largo, es considerado el límite Norte del Centro Histórico de Maipú, además, ubicado a unos 12 kilómetros del corazón de Santiago.
Antaño, este cerrillo lucía como un peñón de escasa seguridad y con senderos casi ruinosos, poco visibles, de escaso atractivo para el público, aunque siempre se tuvo la noción de la importancia que había tenido en las luchas independentistas y particularmente en la Batalla de Maipú. Fue en los ochenta del siglo pasado, recién, cuando comenzó su rescate y la recuperación de esta loma para la comunidad maipucina.
Sucede que el cerro había sido una posición estratégica y, por esta razón, el Coronel del Ejército de España, don Joaquín Primo de Rivera y Ortiz de Pinedo, estableció en él el puesto de mando y al primer cuerpo de las fuerzas realistas, para cuando tuvo ocasión y lugar la decisiva Batalla de Maipú del 5 de abril de 1818. La vista que se lograba desde él sobre los Llanos del Maipo justificaba sobradamente la elección de esta posición, considerando también las desventajas en que se encontraban los realistas, carentes de reserva y con una artillería menor que la de los patriotas.

lunes, 27 de mayo de 2019

SELECCIONES DE RAÚL MORALES ÁLVAREZ (PARTE X): "SAN BERNARDO Y SUS RECUERDOS"

Plaza de San Bernardo hacia el 1900. Fuente imagen: Chiledel1900.blogspot.com.
Coordenadas: 33°35'32.2"S 70°42'16.2"W (Plaza de Armas de San Bernardo)
Este texto es parte de una selección de artículos del periodista chileno Raúl Morales Álvarez (ver el anterior acá: "El poeta que viene volando"). Fue uno de los últimos escritos del autor y pertenece a un proyecto de la Agrupación Cultural El Funye (ir al Facebook del grupo), exclusivamente dispuesta para los lectores de este blog. El artículo, de 1949, está tomado de la selección antológica titulada "Raúl Morales Álvarez y los poetas malditos de Chile". Para más información en nuestro blog sobre el poeta Alberto Rojas Jiménez y su trágica muerte, clic aquí.
EN ESTOS DÍAS, desde el pasado sábado hasta hoy, que amaneció San Lunes, San Bernardo ha celebrado con vehemente euforia los 128 años que ya abultan en su calendario. Hubo desfiles militares ante la estatua de Domingo Eyzaguirre, el fundador, y bailes de emoción pagana en la plaza, con tímidas ninfas y tritones que también temían escuchar la flauta del Hombre del Pan en el follaje, en los mismos sitios donde después se levantaron los altares para la liturgia latina de una misa de campaña, agradeciéndole al Buen Dios -que esta en los cielos-, todo lo que le ha dado a San Bernardo, su aire pulmonar, su baratura, su afincamiento en la buena tierra y el gozo de vivir que se posee cuando se reside en estos lados. Hasta yo mismo, el más forastero de los sanbernardinos -pollo todavía en corral ajeno-, anduve en la tarde del domingo, junto a la fina presencia intelectual de Evaristo Molina, buscando contacto con los queridos fantasmas preferidos que penan alegremente en San Bernardo.
AQUÍ VIVIÓ Baldomero Lillo, el de ''Sub-Terra'' y de ''Sub-Sole''. Por aquí, por estas calles, solo cerrando los ojos un instante, todavía es dable divisar la figura encapada de aquel Augusto D'halmar, a quien el Grupo de los Diez llamaba El Hermano Errante, porque  siempre andaba de viaje, recorriendo el mundo, pero que reconocía, sin embargo, que le  agradaba San Bernardo, como una tumba escogida de antemano. Fue aquí donde Manuel Magallanes Moure plantaba higueras y damascos, escribiendo la magia de unos versos que
aún perduran en el oído de quien los ha leído. El perfil en sombras de Claudio de Alas, siempre muy pálido, también pasó por San Bernardo.

domingo, 26 de mayo de 2019

UNA VISITA AL CEMENTERIO RUSO ORTODOXO DE BAJOS DE MENA EN PUENTE ALTO

Coordenadas: 33°36'55.2"S 70°36'08.7"W
Ubicado casi como el hermano menor del Cementerio Católico de Bajos de Mena, en avenida Eyzaguirre de Puente Alto pasando el cruce con la Autopista del Acceso Sur, el Cementerio Ruso pasa la mayor parte de su existencia cerrado al público, abriendo sólo ocasionalmente a quienes quieran visitarlo. Un cuidador vive con los suyos dentro de este sitio, en donde reinan la paz de los difuntos y la quietud de las historias que allí han quedado reservadas.
El olvido es un fantasma que debe ser conjurado constantemente en este lugar. Las pocas familias rusas fundadoras que quedan y los esfuerzos de la comunidad ortodoxa en Chile, que tiene allí la que parece ser su capilla más austral del mundo, se encargan de darle mantenimiento y no condenar al camposanto al mismo destino de muerte y extinción que sus moradores bajo las criptas.
La apertura al público en ocasiones especiales anunciadas por la Asociación Pro-Cementerio de los Rusos Ortodoxos Residentes en Chile y en el Día del Patrimonio de cada mes de mayo, con visitas guiadas correspondientes, permiten contrarrestar aquel peligro del olvido. Estuvimos en las de el pasado domingo 25, con un recorrido a cargo del Diácono Roberto León Ramírez, de la Iglesia Rusa Ortodoxa en el Exilio (IROE) y uno de los protagonistas de la investigación histórica de la que se vale la Asociación para poner en valor este sitio.
El Cementerio Ruso fue creado por familias rusas llegadas hasta entonces al país y cristianos laicos rusos, pero especialmente después de la Segunda Guerra Mundial. La idea de concluir sus vidas en una Rusia que ya no era afín a sus creencias y que incluso perseguía al clericato ortodoxo, fue la motivación de muchos de aquellos ciudadanos para establecerse en países tan distantes como Chile. Debe recordarse que la colonia rusa era pequeña hasta que, en 1948, el Gobierno de Chile aceptó la propuesta de recibir numerosos grupos de ellos por la Organización Internacional de Refugiados de las Naciones Unidas.

viernes, 24 de mayo de 2019

LA PLAZA JORGE PRAT ECHAURREN: A LOS PIES DE LAS TORRES DE TAJAMAR Y DEL EDIFICIO VÉNETO EN PROVIDENCIA

Detalle de las Torres de Tajamar en plena construcción, en 1964, año en que los trabajos debieron ser paralizados por un tiempo. Aún no se construía el vecino Edificio Véneto ni se abría la calle Pérez Valenzuela hacia la Costanera. El espacio abajo de las torres, junto a la vistosa avenida Providencia, corresponde al sector que ocupa la Plaza Prat Echaurren. Fotografía de Higinio González. Fuente imagen: Archivo Visual de Santiago.
Coordenadas: 33°25′47″S 70°37′23″W
Justo en el sector en donde se separan las avenidas Providencia y Nueva Providencia de la comuna homónima en Santiago, enfrente del empalme con la calle Miguel Claro, se encuentra la Plaza Jorge Prat Echaurren, conocida por estar rodeada de comercio a los pies del conjunto de edificios conocido como las Torres de Tajamar, obra original del arquitecto Luis Prieto Vial que se trazó con colaboración de la oficina BVCH, de Carlos Bresciani, Héctor Valdés Phillips, Fernando Castillo Velasco y Carlos García-Huidobro.
Iniciadas las obras en 1962 e inauguradas en 1967, las Torres de Tajamar fueron uno de los conjuntos residenciales más novedosos e interesantes de su época, allí junto al río Mapocho y a espaldas de la Plaza de la Aviación, sirviendo como fondo a las postales del Parque Balmaceda. Muy diferentes al aspecto mustio que tienen hoy, es preciso acotar, un tanto afectadas por la decadencia y la falta de mantenimiento apropiado. El nombre del conjunto aludía a la entonces llamada avenida del Tajamar (por nacer del paseo de los antiguos malecones coloniales del Mapocho), correspondiente a la actual costanera Andrés Bello, que corre al Norte de los edificios.
Cuando la sociedad constructora de Bolton, Larraín y Prieto concluyó las obras, una de las explanadas a los pies de las torres había quedado destinada a área verde por el Nororiente de la manzana, construyéndose después en ella una simpática placita conectada con la calle de fondo, Pérez Valenzuela, que prolonga la línea de Miguel Claro hacia la actual Costanera Andrés Bello. El nombre de aquella calle alude a los apellidos de don  Ramón Pérez de Valenzuela, uno de los vecinos propietarios de las chacras en donde se fundó la comuna de Providencia, en su caso adyacente al río y con una capilla propia.
La plazoleta vino a funcionar casi como una prolongación de las más grandes que están al poniente de la misma y de la plaza central principal del conjunto, ubicada exactamente entre las torres aunque sólo con una franja verde en su contorno Sur. Otra plaza se construyó al extremo de la manzana, en la ubicación opuesta a la de nuestro interés: la Plaza Atria, colindante con calle Huelén.

viernes, 17 de mayo de 2019

UN EDIFICIO CON CITÉ DE ESPLENDOR ART DECÓ EN CALLE SANTA ROSA

Fuente imagen: ficha de la Municipalidad de Santiago, del catálogo de Inmuebles de Conservación Histórica (2011).
Coordenadas: 33°26'51.5"S 70°38'41.4"W
La dirección de Santa Rosa 276-280, casi llegando a la calle Eleuterio Ramírez en Santiago, guarda un encantador rinconcito del romance capitalino; uno que sobrevive en la ciudad desde sus años más retratados y recordados en fotografías antiguas y las del paso del viejo tranvía, las casitas de remolienda y las noches de bohemia desatada. La Belle Époque, de Santiago, para ser más precisos, con sus claros y oscuros.
Ubicada a pocas cuadras del centro santiaguino, en un sector que se ha visto afectado en nuestra época por furiosas demoliciones, remodelaciones viales y aparición de grandes edificios residenciales, el conjunto destaca por sus rotundas líneas art decó dosificadas con otros elementos eclécticos más sutiles, dando la cara hacia la avenida Santa Rosa con su entrada de arco, hacia el pasaje del mismo nombre por la cuadra, en un cité que se interna casi hasta la paralela calle San Isidro, por atrás.
Desgraciadamente, montones de poco discretos cableados ocultan el sello con el nombre de los arquitectos de este proyecto, en su fachada: Ricardo Larraín Bravo y Víctor Jiménez Cruz, una de las prodigiosas duplas creativas de la historia de la arquitectura chilena en el siglo XX, autores -entre otras obras- de la Población William Noon de Providencia y del Cité Salvador Sanfuentes, ambos proyectos del mismo período que el de nuestra atención y con algunas semejanzas de diseño y estética, muy especialmente en este último caso.
El edificio con cité fue construido en 1929, aunque se remonta a un proyecto particular de 1925, aproximadamente, consistente en un conjunto de viviendas de albañilería y secciones de adobe con tres pisos al frente y dos en las residencias interiores. Al parecer, tuvo algunas remodelaciones en los años cincuenta, pero sus líneas geométricas modernistas han sido las mismas desde sus orígenes.