viernes, 6 de diciembre de 2019

EL "HOMENAJE A LA NEUROCIRUGÍA" DE MARTA COLVIN

Fuente imagen base: Avanza Chile.
Coordenadas: 33°26'12.6"S 70°37'20.9"W
Es uno de los monumentos y símbolos institucionales más hermosos y característicos de todo Chile. Resulta imposible imaginarlo en otro contexto o, incluso, en alguna otra ubicación geográfica. De hecho, quienes nunca hayan estado en el Instituto de Neurocirugía de Santiago, probablemente reconocerán la obra escultórica gracias a todas las fotografías y despachos noticiosos en donde la inconfundible figura ha sido un icono determinante para identificar el complejo.
El Instituto de Neurocirugía "Dr. Alfonso Asenjo" se encuentra en avenida José Manuel Infante 553, en la comuna de Providencia y vecino a las dependencias del Hospital del Tórax, en el barrio sanitario de Salvador. Fue fundado en dependencias del Hospital Salvador el Instituto de Neurocirugía, en 1939 y bajo el Gobierno de Pedro Aguirre Cerda. A partir de 1950, ya en el Gobierno de Gabriel González Videla,  el Ministerio de Educación Pública lo transforma por decreto supremo en el Instituto de Neurocirugia e Investigaciones Cerebrales de Chile, independiente del Hospital Salvador, y procediendo a iniciarse las obras de construcción de sus propias dependencias en calle José Manuel Infante, a espaldas del Hospital Salvador.
El nuevo edificio, correspondiente a un complejo altamente moderno en los estándares de la época, fue inaugurado el 25 de abril de 1953, ya en el Gobierno de Carlos Ibáñez del Campo, tomando años más tarde el nombre de su principal fundador, el Dr. Asenjo, como un homenaje a su legado y a su rol precursor de la misma casa de salud. Además, el Instituto había pasado a ser dependiente de la Facultad de Medicina de dicha Universidad de Chile desde antes del traslado a sus nuevas dependencias.
En plenos trabajos de construcción del complejo, sin embargo, la eximia escultora chillaneja Marta Colvin Andrade (1907-1995) se haría cargo de un particular desafío: construir una obra que sirviera de imagen característica e identificadora para la noble institución, casi como su sello corporativo como resultó ser a la larga, concibiendo así la preciosa obra titulada "Homenaje a la Neurocirugía".

miércoles, 4 de diciembre de 2019

AUGUSTO ORREGO LUCO: EL MÉDICO CON TALENTOS DE BRUJO Y ARQUETIPO DEL "DOCTOR DEL PUEBLO"

El Dr. Orrego Luco en retrato fotográfico  de 1884, atesorada en la sección de fotografías de la Sala Medina, Biblioteca Nacional de Santiago. Fuente imagen: Biblioteca Nacional Digital.
Un importante antecedente "callejero" sobre la preocupación por la salud en la sociedad chilena lo representa el chileno Dr. Augusto Orrego Luco, prominente médico del siglo XIX, escritor, articulista, académico, hermano mayor del pintor y diplomático Alberto Orrego y del escritor y político Luis Orrego, el conocido autor de "Casa Grande".
Nacido en Valparaíso en 1849, Augusto Antonio Orrego Luco era hijo del empresario Antonio Orrego Garmendia, recordado por haber introducido la cera en el mercado chileno, y de doña Rosalía Luco León de la Barra. Todos sus primeros estudios tuvieron lugar en el puerto hasta que llega a Santiago a matricularse en el Instituto Nacional, donde funda un semanario junto a su amigo Luis Montt. Pasará desde allí a la Universidad de Chile en 1866, primero estudiando derecho.
Por alguna razón, el joven Augusto descubre sobre la marcha que las leyes no son los suyo, y decide cambiar su proa hacia la medicina. Su acaudalada familia lo complace, enviándolo a Europa para realizar aquellos estudios superiores. No obstante, y muy para su desgracia, malas decisiones económicas y problemas inesperados empobrecen rápidamente a su padre en ese mismo período, viéndose obligado a regresar a Santiago. Acá entrará a la Escuela de Medicina de la Universidad de Chile, pagándose con su esfuerzo la carrera. Para este objetivo, trabajaba como periodista en el diario "La Patria" de Valparaíso y luego "El Ferrocarril" de Santiago, además de hacer algunos aportes para la Academia de Bellas Artes.
Empero, justo en aquel entonces, una feroz epidemia de viruela atacaría al país poniendo a prueba las capacidades de la medicina chilena para enfrentar semejante calamidad. En respuesta, el 12 de junio de 1872 se crea la Junta Central de Lazaretos, comité integrado por Monseñor Ignacio Víctor Eyzaguirre, el Dr. José Joaquín Aguirre, José Manuel Guzmán, Valentín Marcoleta, Vicente Izquierdo, Matías Ovalle y Manuel Arriarán, como secretario este último, con la misión de tomar las decisiones necesarias para combatir la epidemia que asolaba a Santiago.

martes, 3 de diciembre de 2019

IRENE VÉJAR: LA MISTERIOSA "BOMBERA" DE LOS ÁNGELES

Coordenadas: 37°28'22.6"S 72°20'58.2"W (sector donde solía rondar)
Tía Nena o Nina de decía su familia, antaño, así como sus amigos más cercanos. Pero la comunidad de Los Ángeles, en la provincia homónima, la conocía simplemente como "la Bombera", recordándola así hasta ahora. Su nombre real era casi desconocido, sin embargo: Elsa Irene Véjar Pérez. Muy pocos los sabían, salvo quienes conocieron sus tiempos más cuerdos y mentalmente sanos, que habían quedado muy, muy atrás. La mujer que después vagaba por aquellas calles, era otra persona por completo diferente.
Los extraños atuendos con los que paseaba por el centro de la ciudad, inducían al apodo de "la Bombera" y a confusiones sobre su razón de andar diariamente por las calles, acaso como esperando el advenimiento de un secreto milagro o resolviendo un misterio íntimo al que nunca le pudo hallar salida.
Los angelinos intentaban explicarse su caso de todas las formas posibles, entonces, siendo la historia más popular, quizá, una que hablaba de un supuesto amor de su vida que murió en forma trágica cuando recién había contraído matrimonio o se preparaba para tomar el sagrado vínculo, desencadenándose la esquizofrenia que la acompañó durante toda su época convertida en personaje callejero de Los Ángeles. Tal vez confundían su caso con el de otra famosa y distinguida mujer de las calles de la ciudad motejada en su tiempo "la Novia", a mediados de los ochenta aproximadamente, de la que se recuerda que vagaba con un gran peinado de tocado, cartera y guantes blancos, cargando a sus espaldas la historia de un abandono en el altar que no pudo resistir, al menos en la habladuría popular.
Elsa, en realidad, nunca se casó ni tuvo hijos. No alcanzó, más bien, porque los padecimientos psiquiátricos la alcanzaron antes de poder formar familia propia, probablemente para mejor. Ni siquiera le conocieron alguna pareja en toda su vida.

lunes, 2 de diciembre de 2019

EL BLACK FRIDAY, LA LEYENDA NEGRA

Fuente imagen: BBC.
Es algo definitivo que el Black Friday (Viernes Negro) llegó para quedarse a nuestro país, introducido por las grandes cadenas del retail y los expertos en marketing. La compañía Walmart ha sido especialmente importante en su expansión por Sudamérica, además, aunque no la única. Breve pero intenso festival de descuentos y liquidaciones del comercio, se prolonga como temporada hasta el también popular Cyber Monday (Ciber Lunes) que lo sigue de tan cerca en el calendario, dedicado a las ventas de internet a partir de su creación en 2005.
Podríamos decir que esta inauguración de las temporadas de ofertas es, en su esencia, profundamente gringa y de innegable naturaleza capitalista, pues el original Black Friday se celebra el viernes siguiente al Día de Acción de Gracias que, en los Estados Unidos, cae en el cuarto jueves del mes de noviembre. Abría el período de ofertas de las fiestas de fin de año, con el frenesí de consumo que acá mismo hemos visto imitado... E imitado bastante bien, debemos agregar, pues habría que ser muy filántropo e idealista para negar que los descuentos de 30%, 50% y hasta más del 70% en algunos casos, facilitan mantener el grosor de la billetera en un mes tan oneroso como suele ser el de diciembre, especialmente para la clase media y baja.
Para muchos, además, el Black Friday es la mejor oportunidad del año para adquirir algunos artículos hogareños de mayor valor, generalmente relacionados con línea blanca, mueblería, electrónica y computación, aunque es claro que la conveniencia de precios toca también los intereses en adquirir prendas, artículos deportivos, gastronomía y todo cuando aguante la tarjeta de crédito, con endeudamiento incluido.
Ahora bien, ha sido quizá esta misma ligazón fundamental del Black Friday con el librecambismo lo que ha llevado a algunos medios de comunicación a expandir una leyenda negra y muy imprecisa sobre su supuesto origen, vinculándola a los tiempos del esclavismo y de la trata de personas. En términos generales, esta creencia fomentada por la imparable máquina de mentiras de la internet, ha fomentado en muchos el convencimiento de que el Black Friday original era una suerte de temporada de venta de esclavos negros (de ahí el nombre) en los Estados Unidos o en las colonias europeas, para la demanda que se intensificaba a fin de año. En este 2019, ha sido especialmente fuerte la embestida desinformadora.

domingo, 1 de diciembre de 2019

BURDELES, NOCTÁMBULOS Y RUFIANES: CRÓNICA DEL EXTINTO BARRIO ROJO DE LOS CALLEJONES DE RICANTÉN

Calle Lira en 1962. Fuente imagen: sitio web del Liceo Confederación Suiza.
Coordenadas: 33°27'03.9"S 70°38'17.0"W
Hubo una época de los prostíbulos, mancebía y bohemia en Santiago que resulta inolvidable a quienes la vivieron: la epopeya del barrio Los Callejones, en Diez de Julio Huamachuco, hasta donde acudían con el pecho ardiente desde modestos folcloristas, tangueros y cuequeros pagados con cañas de vino, hasta prominentes hombres públicos que derramaron algunos de sus más grandes secretos en la memoria de aquellas cuadras.
Los Callejones parecen haber sido el primer barrio rojo moderno de la capital chilena, al menos en los términos que lo reconocemos ahora, además del más famoso. Este concepto va mucho más allá de ser sólo un concentración de prostíbulos y tugurios, por supuesto, aunque también ha quedado sumido en la tendencia a poetizar el recuerdo por parte de aquellos que lo conocieron y que hoy lo contemplan desde el observatorio de la nostalgia, no siempre muy objetivo. Lo cierto es que había en él elementos igualmente pintorescos o encantadores conviviendo con otros oscuros y problemáticos, que acabaron sobrepasando sus atracciones y condenándolo a desaparecer, finalmente.
Llamado también Barrio Ricantén, Callejones de Ricantén (Licantén en algunas versiones, por corrupción fonética) o, simplemente Barrio Callejones, correspondía a un cuadrante de viejas calles y cuadras estrechas distribuido entre las vías Diez de Julio Huamachuco, Dr. Brunner-Tocornal, Argomedo y Raulí-Portugal, llamadas Freire-Maestranza en esos años. La concentración de prostíbulos, bares "con niñas" y quintas de remolienda en esas pocas cuadras fue asombrosa, llegando a desbordar los límites del marco original expandiéndose así por casi todo este sector de Diez de Julio.
Al centro de este trazado estaba el corazón de los temidos callejones, entre Lira y Raulí por la calle Sucre, poco después llamada también Ricantén, cuando terminó de abrirse la vía y conectó con la de este nombre. En nuestros días, corresponde a Antonio Ricaurte, en homenaje al oficial independentista de las Provincias Unidas de Nueva Granada. Este último nombre, que aparecía ya en algunos planos de 1911, lo recuperó hacia 1952, pues parece que Ricantén fue una adaptación fonética del original Ricaurte, que afectó rápidamente en la denominación de la misma.

sábado, 30 de noviembre de 2019

EL MAGO DE LA POLLA GOL: LA VERDAD HECHA LEYENDA DE ROBERTO JACOB HELO

Don Roberto, en imagen de su libro "Un poco antes de la muerte".
Hacia la primera y segunda cuadra del paseo Ahumada en los ochenta, cerca de los principales cafés y sobre una banca para el descanso peatonal, era habitual encontrar en aquellos años a don Roberto Jacob Helo, más conocido para la posteridad como el Mago de la Polla Gol.
Por entonces, el singular personaje y "guía" hacia la esperanza de riquezas, ofrecía al público sus fórmulas, folletos y recomendaciones varias, con demostraciones incluidas, para enseñar el procedimiento que empleaba exitosamente para pegarle al premio mayor del famoso concurso de la Polla Chilena de Beneficencia, con base en pronósticos del campeonato nacional de fútbol. Cerca un centenar de ocasiones llegó a ganarse el premio mayor, de hecho, dejando demostrado su dominio en el famoso concurso, que alimentaba las ilusiones de tantos chilenos en aquellos años de crisis económica.
Por sus características, el caso del llamado Mago de la Polla Gol debe ser uno de los más pintorescos de la historia popular chilena y de sus semblanzas callejeras. Fue incluido por Nicolás Rojas en su trabajo "Grito y plata. Historias de casinos, hípica y juegos de azar en Chile", y por Cristián Venegas en "Fuera de juego. Breves crónicas de fútbol chileno". Hasta hoy, muchos lo recuerdan como una parte importante de las memorias de su propia vida en la ciudad de Santiago, extrañando su presencia en el mismo paseo Ahumada.
Casi desde el momento mismo en que se creara la Polla Gol para recaudación del Estado de Chile, originalmente orientada al fomento deportivo a mediados de los años setenta, la esperanza de un cambio de vida con el dinero del premio nubló consciencias y obsesionó a algunos ilusos, algunos de ellos llegando hasta la tumba en la periódica espera de atinarle a los famosos 13 puntos de los pronósticos en cada cartilla, con las opciones empate, local y visita.

viernes, 29 de noviembre de 2019

EL CENTENARIO "CHANCHO CON CHALECO" DE MAIPÚ

Fachada antigua de la quinta de recreo y restaurante "El Chancho con Chaleco", demolida en 2008. Fuente imagen: guía Restaurantesen.org.
Coordenadas: 33°31'34.09"S 70°45'24.81"W
Con el cierre de "La Higuera" en calle Chacabuco, la bohemia y la diversión en Maipú recibieron una irreparable lesión, un daño profundo en el ambiente, el mismo que ha ido viéndose complicado con las situaciones de desórdenes callejeros de las últimas semanas. A pesar de todo, se mantiene en pie otro de sus centros históricos de vida nocturna comunal: el inefable club de "El Chanco con Chaleto", boliche de fiestas de madrugada por el que han pasado generaciones de aventureros y vividores, en poco más de un siglo de existencia.
Guido Valenzuela Silva menciona a este tradicional centro culinario en "Brochazos y pinceladas de un maipucino antiguo", del año 2008. Sin embargo, hay varias alusiones más a él en la literatura nacional, pues se hace difícil hablar de Maipú pasando por alto su notoria existencia. Debe ser uno de sus hitos más históricos, si hilamos fino, por supuesto que después de los teatros de la batalla que aseguró la Independencia de Chile y otros puntos parecidos de su recorrido patrimonial.
Ubicado al inicio de la avenida Los Pajaritos, en el número 99, llegando a antiguo Camino a Melipilla y casi enfrente de la Capilla del Niño Jesús de Praga de Maipú, el histórico restaurante y centro de eventos nació hacia 1918 como la quinta de recreo "Venecia", así llamada por la gran cantidad de canales y acequias que rodeaban en aquel entonces al establecimiento cercano a la vieja Estación Maipú del ferrocarril, por lo que el negocio pasó a ser el favorito de los muchos pasajeros de los trenes del ramal Santiago-Rancagua que subían o bajaban a los andenes de esa desaparecida terminal, ubicada junto a la actual calle Alberto Llona.
Dos años después, el "Venecia" ya habría definido su rol como el de una chanchería popular, a la que acudían personajes como el Dr. Eduardo Ahués Salamé y los miembros del Rotary Club de Maipú, según un encuentro descrito allí por Valenzuela Silva. Debe haberse tratado del más importante y concurrido lugar de este tipo por aquel sector de Santiago, cuando aún no era absorbido por el crecimiento de la ciudad.

jueves, 28 de noviembre de 2019

"YO PIDIENDO, NO ROBANDO": RAMÓN BELMAR, EL TÍO DE TODOS EN COYHAIQUE

Coordenadas: 45°34'18.3"S 72°04'11.3"W (sector donde solía deambular)
Podría parecer raro que las ciudades con climas extremos, especialmente las más frías o lluviosas, tengan mendigos ancianos en su fauna humana-urbana más pintoresca y característica. Lo usual, o más bien lo esperable, es que sobrevivan (sí, así de cruel como suena) principalmente los más jóvenes, tanto por la resistencia física como por la capacidad de movilizarse a otros destinos con mayor facilidad, eludiendo temporales o nieves. No facilita mucho las cosas el que ciertos vagabundos lleguen a establecerse en precarias viviendas tipo "rucos", pues la protección que estas suelen brindar a sus humildes moradores, por lo general queda neutralizada con los climas menos benignos.
Hay excepciones más notables, sin embargo; o mejor dicho, demostraciones de que eso no es tan real. Una de ellas la constituía el abuelo indigente Ramón Belmar Roldán, de Coyhaique, de la Región de Aysén del General Carlos Ibáñez del Campo. Fue un incansable luchador contra condiciones más sádicas del invierno austral, con las que terminó perdiendo la guerra ya en muy avanzada edad, en una noche del año 2014.
Don Ramón lucía una larga barba blanca, nariz aguileña prominente y un fetichista gorrito de lana, cargando siempre un par de sacos encima. Había algo de mago Gandalf en aquel personaje, que también llegó a ser uno de los más populares y queridos de toda la zona. De hecho, aseguraba tener conciencia de que era "más conocido que el alcalde", según comentó a la prensa de la ciudad de Coyhaique en alguna de las ocasiones en que se le acercaron periodistas de los medios regionales.
La vida detrás del encantador y alegre abuelo de las calles de la urbe patagónica, sin embargo, era una historia dura de pérdidas y de errar constante. Aunque se construyeron infinidad de versiones al respecto, intentando llevar la luz a los enigmas sobre su origen y como es habitual en esta clase de personajes, él aseguraba haber nacido en la misma ciudad austral en 1936. Agregaba que había perdido a sus padres siendo muy niño, por lo que quedó encargado a sus abuelos maternos. Estos decidieron mudarse más al norte del país y llevárselo para asegurar que continuara sus estudios, pero la tragedia volvió a golpear al pequeño cuando los abuelos fallecieron sin que alcanzara a terminar de cursar el sexto año básico.

miércoles, 27 de noviembre de 2019

PLAZA PUNTA DE RIELES: REMINISCENCIAS DE LOS AÑOS DEL TRANVÍA EN MACUL

El tranvía de la Línea N° 23 de avenida Macul, hacia la década de los años veinte. Tenía su parada justo en la Punta de Rieles de Macul.
Coordenadas: 33°29'7.19"S 70°35'59.56"W
El político y prominente hombre público José Pedro Alessandri (1864-1923),  importante personaje de la historia de Ñuñoa, hizo abrir la avenida Macul de Santiago cuando recién había pasado el Primer Centenario Nacional. En principio llamada Gran Avenida, como el camino llevaba hasta el entonces pueblito de Macul, de origen indígena, pasó a tomar este mismo nombre al poco tiempo. Este aporte vial fue para la creciente urbe fue un enorme impulso de desarrollo, en especial para aquellos caseríos del sector, permitiendo también la llegada del tranvía hasta allí.
Hacia los años veinte y treinta la Línea N° 23 del tranvía de Santiago, llamada en aquel tiempo "Macul" y después "Avenida Macul", partía su recorrido desde la avenida Irarrázaval, el antiguo camino de Ñuñohue o de Ñuñoa, hacia Macul, llegando hasta lo que era por entonces el final de la misma en el límite urbano suroriente de la capital chilena. Su recorrido de vuelta era por el mismo trayecto, como señala el "Baedeker de Chile" de Carlos Tornero, de 1930, permitiendo así la conexión de los residentes de la zona con los recorridos más céntricos del mismo sistema de tranvías, en cada jornada.
El punto final del trayecto de la Línea N° 23 tuvo dos o tres paradas últimas o puntas de rieles, como se les llamaba entonces al punto final de los carriles, a la sazón ubicados en la comuna de Ñuñoa. Sin embargo, el más importante de ellos fue el que estaba en la intersección de las avenidas Macul y Quilín, que distaba mucho de tener entonces el mismo paisaje urbano de nuestros días, viéndose más parecido a lo que serían los límites de una ciudad con los terrenos rurales y de grandes parcelas que se extendían hacia el Sur.
La guía del "Plano de Santiago" de la casa Karstulovic, de 1941, señala que, para entonces, el nombre de la Línea N° 23 era "Macul-San Martín", y podemos verificar en el detalle de su recorrido que se había ampliado mucho, desde la Alameda hasta lo que entonces se conocía como el camino Macul-Lo Cañas, que hoy conocemos como Quilín. Era en ese mismo sector en donde estuvo la Punta de Rieles de Macul, precisamente. En "Los viejos tranvías se van", de 1955, Ramón Lira Lira confirma que el recorrido sufrió muchos cambios de punto de partida, llegando un momento en que iniciaba y concluía sus recorridos de regreso en el sector de Mapocho.

lunes, 25 de noviembre de 2019

LA BOHEMIA OBESIDAD DEL "GUATÓN BAR"

Volante publicitario del "Guatón Bar" impreso en el año 1910 por la Litografía Barcelona, reproducido por Pedro Álvarez Caselli en su trabajo "Chile: marca registrada".
Coordenadas: 33°25'59.7"S 70°39'06.7"W
Hubo algunos boliches de barrio Mapocho en Santiago que, definitivamente, resaltaron en la historia local como pioneros o precursores en el rol de popularizar el concepto del mismo vecindario como sitio de entretención, comidas, barras y bailables, prestigio que tuvo en exceso en alguna época. Esta fama de Mapocho como centro bohemio llegó a su edad dorada con los boliches del llamado "barrio chino" de calle Bandera, sobreviviendo de aquellos años algunos cuantos ejemplos como "La Piojera" y el "Bar Touring", entre otros decanos.
De entre todos ellos, entonces, el "Guatón Bar" parece haber sido también uno de los más antiguos centros de parranda en los límites del barrio nocherniego de Mapocho aunque más cerca del Mercado Central, exactamente en la dirección de calle Puente 884-896 esquina con avenida Mapocho y, según refiere su optimista publicidad en los días del Primer Centenario de la Independencia, cerca de la antigua Estación Mercado cuya punta de rieles y nudos estuvieron muy cerca de allí, exactamente al frente.
Propiedad de don Enrique Valenti, quien era dueño también de la marca de cigarrillos "Guatón Cigarrettes", se recuerda a este local como uno propio de la época del 1900 y de sus periplos, tanto por la oferta como por el ambiente reinante en sus salas. Y por haber nacido con la generación inicial de este tipo de establecimientos recreativos al lado del río Mapocho, compartía sus parroquianos con otras célebres cantinas como el "Dos Canarios" y "Los Buenos Amigos".
Tales refugios constituían, además, un territorio atractivo para poetas malditos y trágicos, como Pedro Antonio González, Antonio Bórquez Solar y, más tarde, un joven Alberto Rojas Jiménez, todos bastante dados a los placeres del vaso en las mesas mapochinas. Hacia los años veinte se haría habitual la presencia de vates y escritores en el barrio, por las mismas razones, entre ellos el propio Pablo Neruda.

jueves, 21 de noviembre de 2019

EGIDIO ALTAMIRANO: RECUERDOS DEL SEÑOR DEL ACORDEÓN

Coordenadas: 33°26'53.0"S 70°39'03.5"W (barrio bohemio de calle San Diego)
En abril de 2013, la comunidad bohemia y nictófila de calle San Diego de Santiago, perdió a uno de sus más históricos y célebres iconos: el cantante popular y folclórico Egidio "Huaso" Altamirano Lobos, veterano acordeonista y cantor de larga trayectoria en los principales bares de estos barrios, a quien tuvimos en gusto de conocer y cruzar algunas palabras en el bar y estaurante "Las Tejas", en varias de aquellas noches nuestras de concurrencia asidua en los años noventa y la década siguiente.
Don Egidio era especialmente conocido allí, en ese antiguo boliche que inició sus días en los barrios de calle San Pablo y que hoy ocupa lo que fuera el antiguo y romántico Teatro Roma, otrora novedoso y concurrido centro revisteril de los años cincuenta vecino al también histórico Teatro Cariola, todavía en sus funciones originales. Siempre de terno, peinado hacia atrás su pelo que lograba resistir las canas y cargando su pesado instrumento de más de 10 kilos, era tan habitual ver al "Huaso" Egidio por quienes frecuentan la cantina y sus alrededores, que cuando no aparecía algún día viernes comenzaban de inmediato las preocupaciones intentando explicar su ausencia en posibles estados de salud, especialmente hacia el final de su vida.
Era comprensible que un hombre mayor y tan querido generara aquellas atenciones, por supuesto. Empero, cuando parecía haber faltado despertando inquietudes del público, todo se resolvía dentro de la misma noche y de la mantera más natural: simplemente, Egidio llegaba más tarde que de costumbre, para repartir otra vez su música entre mesas cojas y sillas con patas de fierro, hasta altas horas de la noche. Era un infaltable, un imprescindible.
Don Egidio algunas veces se presentó también en el célebre club "Los Canallas" de la misma calle, el célebre local del santo y seña nacido como asaduría de pollos a inicios de los ochenta, a poca distancia de "Las Tejas" y antes de el boliche que emigrara a calle Tarapacá. Aquellas cuadras de calle San Diego, entonces, eran las mismas del conocido acordeonista: sus reinos, cruzando de una vera a otra o paseando siempre de camino a alguno de los locales en donde extendía su devoción musical.

martes, 19 de noviembre de 2019

JOSÉ MIGUEL Y RICARDO DODDS: LA LEYENDA DE LOS VADULLI EN LAS CALLES DE ARICA

Hay personajes callejeros que, como los ya míticos hermanos Vadulli, llegan a tener los niveles de popularidad asombrosos, cruzando dos o más generaciones con su leyenda. Y aunque fueron famosísimos en la ciudad de Arica, resultan inmensamente desconocidos en el resto del país, razón por la que fueron de aquellos muchos emblemas que hacen a los ariqueños tales: quien desconozca la existencia de estos personajes, difícilmente podría ser considerado un auténtico habitante de la nortina urbe.
Convertida su memoria en parte de la identidad local, entonces, se trataba de dos sujetos reconocidos como "locos lindos" callejeros que han generado una especie de culto con su presencia en las calles céntricas de la ciudad nortina, cada uno con un distintivo, características personales y hasta aspectos físicos opuestos, pero que, a su vez, se han llenado de anécdotas e historias creativas sobre cuál sería el origen común de tan intrigante par de hermanos.
La creencia más difundida entre los ariqueños aseguraba que ambos eran hijos de una familia multimillonaria caída en privaciones económicas o que fueron abandonados por los problemas mentales repetidos en los dos, por obra del destino, por errores en sus planos genéticos o por los excesos de la droga, situación que los llevó a la vida de vagancia y devoción por el vino, determinando sus existencias. Como en todas estas habladurías, hay elementos reales y otros no en estas convicciones.
Como sea, todos conocían a los Vadulli en sus buenos tiempos, cuando llegaron a ser las celebridades callejeras en Arica: los estacionadores de vehículos, los carabineros, los trabajadores del puerto, los comerciantes, los repartidores de periódicos, los kiosqueros, los funcionarios municipales, etc. Ellos, a su vez, se hacían conocidos entre los botilleros, paseantes y en edificios públicos, donde llegaban pidiendo permiso para ocupar los servicios higiénicos o pegarle retoques a sus presentaciones personales, por lo general no muy para la gala.

lunes, 18 de noviembre de 2019

LA MARINITA Y SU TRAGEDIA: LA ANIMITA DEL PARQUE O'HIGGINS

Placas de agradecimientos y ofrendas para la Marinita hacia 2003, en imagen publicada en "Templos de Chile" de Juan Forch. Fuente imagen base: Memoriachilena.
Coordenadas: 33°27'54.3"S 70°39'41.8"W
La celebérrima animita de Santiago conocida como La Marinita o Animita del Parque O'Higgins, se encuentra a un costado del famoso óvalo del Campo de Marte, al Sur-poniente de este sector entre el patinódromo y las canchas del club de tenis, junto a los juegos infantiles y los quinchos para asados. Es un rincón gratamente sombreado por los árboles y en donde pareciera que la devoción nunca se acabará, a pesar de los cambios que ha experimentado la sociedad y la fe en nuestra época.
La persona venerada en esta animita es Marina Silva Espinoza, una niña de la que se sabe muy poco, incluso entre sus devotos, ya que su recuerdo es orbitado por varios mitos. El dato principal entre todos ellos, es que habría sido cruelmente violada y asesinada en 1945 por su padrastro y que era sordomuda. Y cuentan las leyendas, además, que el fantasma de la niña se aparece jugando ante los visitantes del parque, o que los cercanos columpios infantiles se mueven solos durante las noches. Algunos cuidadores aseguraban que esto sucedía en el parque.
Aferrándonos a datos más reales, sin embargo, el crimen de Marinita sucedió exactamente el 23 de mayo de aquel año, y muy posiblemente bajo el mismo árbol que ha seguido creciendo sobre el lugar de su recargada y querida animita. Esta última parece ya un pequeño santuario, asegurándose allí también que la niña suele ser muy milagrosa y cumplidora, como sucede con todas las animitas que perduran y se perpetúan en su popularidad. Algunos comerciantes, de hecho, venden velas a ciertas horas del día.
El crimen sucedió en los tiempos en que Parque O'Higgins aún era conocido como Parque Cousiño y no tenía esas rejas de seguridad que ahora lo cercan por todo el perímetro. El cadáver de la pequeña fue descubierto dentro del terreno hacia las 9:00 horas de la mañana del 24 de mayo de 1945, bajo un árbol del sector que da hacia la avenida Beaucheff, enfrente de la calle Antofagasta y cerca de la tribuna de la elipse. El hallazgo, realizado accidentalmente por Ismael Badilla García, soldado de los cercanos Arsenales de Guerra, desencadenó de inmediato una frenética búsqueda para dar con la identidad de la niña y la del desalmado y cruel asesino.

viernes, 8 de noviembre de 2019

MEMORIAL DEL PUENTE DE PALO EN EL RÍO MAPOCHO

El Puente de Palo, levantado sobre los bloques de las bases-arranques de los que habían sido los arcos del anterior Puente de Ladrillo, que alcanzan a distinguirse en esta imagen de 1870-1880, aproximadamente.
Coordenadas: 33°25'58.92"S 70°38'55.04"W (ex ubicación del puente aprox.)
Un lugar donde tanto el pueblo residente de los barrios ribereños de Santiago como los caprichos impetuosos e impredecibles del río Mapocho encontraron espacio para picardías y malicias humanas, llegando a hacer necesario instalar un vigilante de punto fijo sobre él (en beneficio de la buena conducta), fue la pasarela que existió allí sobre las ruinas del viejo Puente de Ladrillo, primero que tuvo el Mapocho e instalado precisamente encima del sistema de tajamares más antiguo que conoció la ciudad.
Le llamaban Puente de Palo, y aunque su historia fue opacada por la magnitud y la belleza del Puente de Cal y Canto, se trató de uno de los pasos históricos y más importantes que tuvo Santiago sobre el Mapocho, abarcando buena parte de su vida entre entre la Colonia y la República por más de un siglo de existencia. Por sus rasgos pintorescos, Ismael Espinosa lo comparaba con el famoso puente de madera de Lucerna, Suiza (el turístico Kapellbrücke), en su "Historia Secreta de Santiago de Chile":
"El puente de palo era, además, el pasaje obligado para dirigirse a las chacras de la Chimba, abundante en famosas cazuelas de ave y en exquisiteces criollas de toda especie. Por él discurrían también los padres de la Recoleta Franciscana, donde vivieron los dos santiaguinos por adopción que más se han acercado a la gloria de los altares: el Siervo de Dios fray Pedro de Bardeci, y el abnegado y milagroso fray Andresito".
A menudo, sin embargo, este puente es confundido con el también viejo pero posterior Puente de los Carros, situado hacia donde mismo está el que hoy lleva ese nombre entre los mercados del barrio, aunque ya en su versión metálica. El error es muy comprensible, sin embargo, cometido incluso por expertos y profesionales de estos temas que aquí tratamos de forma más ligera, pues son engañados tanto por el parecido de ambos puentes como por la proximidad que tuvieron los dos en este tramo urbano central del río Mapocho.

sábado, 2 de noviembre de 2019

MATAPACOS: LA LEYENDA DEL PRIMER RIOT DOG CHILENO

Fuente imagen: La Izquierda Diario.
Ya he comentado fugazmente que preparo la publicación de mi segundo libro, esta vez dedicado a crónicas de perros populares de la historia chilena ("Cronicanes"). Sin embargo, la circunstancia actual de disturbios y manifestaciones glorificando a uno de ellos, el inolvidable Matapacos, me parece apropiada para recordar algo sobre este insólito can que hoy aparece convertido en un emblema de los rebeldes y hasta internacionalizado, con alusiones a su recuerdo en las protestas de New York, ni más ni menos.
Dejaré acá, entonces, esta versión más light del capítulo que irá en mi libro dedicado a este personaje cuadrúpedo.
Matapacos, en su origen conocido como el Negro, será recordado siempre como el principal y acaso primer riot dog o "perro de disturbios" popular en Chile, pues se hizo famoso en las postales de las mayores protestas y revueltas estudiantiles hacia 2011 y 2012, siempre en la primera línea de choque por las calles de Santiago. Y si bien ya han existido desde antaño perros callejeros que participan de esta clase de manifestaciones y enfrentamientos de naturaleza política, éste parece ser el primero en alcanzar una estrella propia en tal categoría y en quedar identificado de manera indivisible con tales episodios, con una épica personal, además.
Se trataba de perro negro semidoméstico del barrio República que, según se recuerda, sería su lugar de origen o de inicios de su fama, cuanto menos. Adoptado en una casa hacia los días del terremoto del 2010, su dueña, la señora María Campos, había notado que el Negro regresaba en cada una de las noches de sus escapes a la calle con un misterioso pañuelo amarrado en el cuello. El perro también comenzaba a inquietarse y alborotarse en cada ocasión que había marchas estudiantiles en el barrio universitario y en el sector de la Alameda Bernardo O'Higgins, momentos en los que empezaba a rasguñar la puerta y a suplicar con gemidos que lo dejasen salir a las calles, deseoso de hacerse parte de las turbas.

miércoles, 30 de octubre de 2019

MELANCOLÍAS EN SILENCIO DEL TEATRO AMERICAN CINEMA

El Edificio del Frontón, luego American Cinema, en plena construcción o acaso modificación, en su esquina de Arturo Prat con Alonso de Ovalle. Fuente imagen: colecciones de Pedro Encina en "Santiago Nostálgico".
Coordenadas: 33°26'45.16"S 70°38'58.66"W
Un edificio de cierto aire neoclásico, de albañilería reforzada en marcos de acero y techado de galpón con más de un siglo a cuestas, está situado al final de la primera cuadra de la calle Arturo Prat (ex  Nueva de San Diego) caminando unos pasos desde la Alameda en Santiago hacia el Sur. Con estupendas dimensiones y altura en cuatro niveles, calla en mutismo absoluto su secreto allí, en este popular lado de la ciudad, intrigando con sus formas ostentosas y confundiendo también sobre pasado como uno de los primeros sitios de exhibiciones cinematográficas en Chile.
Después de un largo período de decadencia, ha debido ser restaurado hasta el año pasado por sus propietarios actuales y para evitar pleitos con la administración municipal, según cuentan, cambiando felizmente su aspecto por uno más recuperado y restaurado. Esto no extraña: a pesar de su misterio, figura entre las fichas de los Inmuebles de Conservación Histórica de la Comuna de Santiago, con el folio N° 1356 de 2015. Es, pues, el único edificio que queda en Santiago junto al Teatro Municipal, de los más de 50 en donde se alcanzaron a exhibir películas en plena época del Primer Centenario Nacional.
Sin embargo, no queda mucho de sus características como teatro y cine. Construido a inicios del siglo XX, de unos 1841 metros cuadrados y modificado en su momento para un capacidad de hasta 5.000 personas, en el edificio ya no cuelga el cartel luminoso de los fierros empotrados en la fachada, sobre lo que fueron sus accesos, y tampoco se puede reconocer interiormente la sala, totalmente desmantelada para otros usos en arriendo que se dieron al lugar, tras dejar de servir como espacio de presentaciones de vodevil y teatro de variedades.
La publicación del grupo de investigación y asesorías Santiago a Pie, titulada "The American Cinema o el gran frontón Chile", señala que el inmueble fue primero una cancha cerrada con graderías para el juego de la pelota vasca o jai-alai, establecimiento de 1903 llamado Gran Frontón Chile y perteneciente al Club Vista Alegre. El juego todavía era relativamente popular hacia entonces, en varias ciudades del país y practicado desde los tiempos de la Colonia.

martes, 29 de octubre de 2019

LOS VARIOS TIEMPOS DE LA PLAZA DE ARMAS DE CHAÑARAL (Y ALGO ADICIONAL SOBRE SU MONUMENTO A O'HIGGINS)

La Plaza de Armas de Chañaral hacia los años veinte. Se observa la antigua glorieta y odeón entre la vegetación de entonces, con la fuente central tipo taza baja doble al centro, y atrás las fachadas de la Iglesia de Nuestra Señora del Carmen y de la Casa Molina. Fuente imagen: semanario "7 Días".
Coordenadas: 26°20'52.6"S 70°37'20.6"W
Prácticamente desde sus orígenes, la Plaza de Armas Manuel Antonio Matta de Chañaral, en la Región de Atacama, ha ocupado una planta en forma de un trapecio cercado por las calles Buin, Carrera y Templo, en el corazón histórico del centro urbano. Y a pesar de la sequedad del entorno, también se le procuró el rasgo de área verde, con vegetación otrora más exuberante y una glorieta o cenador central que gratificaba con su sombra a los paseantes, aunque ya desaparecida.
Como todas las plazas mayores, la historia de ésta va de la mano con la ciudad misma. Sucedió que, después del hallazgo del mineral cuprífero de Las Ánimas en 1824 por el explorador Diego de Almeyda, primer exportador de cobre en Chile, fue fundado el campamento original el 26 de octubre de 1833, fecha de nacimiento de la futura ciudad. Poco después, en 1835, es descubierto el yacimiento de El Salado por Pedro de Luján, dotando al poblado minero de sus primeras instalaciones portuarias al año siguiente. El caserío creció rápidamente y, poco más tarde, pasó a ser la ciudad de Chañaral de las Ánimas.
La llegada de la Fundición de A. Edwards y Cía. hacia 1860, con sus instalaciones en el sector donde estará tiempo después la Hostería de Chañaral, inicia el mayor período de auge económico local atrayendo otras intervenciones de desarrollo y comercio. Poco después, se construye la Iglesia de Nuestra Señora del Carmen de Chañaral, entre 1861 y 1864, sobre unos terrenos ubicados en el sector adyacente al pie del cerro y al final de la subida desde el borde costero. En el mismo período, además, se inicia la construcción de los ferrocarriles hacia las minas de Las Ánimas y El Salado, y en 1871 se inauguró el que iba a Pueblo Hundido, hoy Diego de Almagro. Al año siguiente, llegó a instalarse a la ciudad la planta fundidora de la Compañía de Minas, otro gran impulso de progreso, aunque con sus costos de contaminación y daño ambiental.
Justo enfrente del nuevo templo, se mantuvo abierta una suerte de explanada correspondiente a la Plaza de Armas, que venía a funcionar a modo de un atrio o prolongación del frente de la iglesia y al inicio de la calle San Martín, con el centro de ambos planos perfectamente alineados entre sí. Fue plaza dura y plana en principio, y su aridez era parte de un problema que afectaba a la ciudad completa, desde los orígenes: la escasez de agua, como comentaba Francisco Marcial Aracena en sus "Apuntes de Viaje. La industria del cobre en las provincias de Atacama y Coquimbo", de 1884.

lunes, 28 de octubre de 2019

ARCO DEL TRIUNFO A LAS GLORIAS DE ATACAMA: EL CURIOSO CASO DE UN MONUMENTO CONMEMORATIVO FALLIDO

El Arco del Triunfo a las Glorias de Copiapó, poco después de ser inaugurado. Fuente imagen: "El Diario de Atacama", 19 de enero de 2011.
Coordenadas: 27°21'43.6"S 70°20'28.5"W (exubicación)
Son raros los casos en donde un monumento o pieza conmemorativa deba ser retirada de su sitio por razones que no tengan que ver con motivaciones políticas o con revisión histórica, como ha sucedido ya con algunos ejemplos en Chile. El llamado Arco Triunfal de Copiapó, Portal de Atacama o Arco del Triunfo a las Glorias de Atacama, que estaba situado hacia el final de la Alameda de la ciudad de Copiapó, representa un caso de aquellos: una obra conmemorativa que no cumplió con los estándares y, por lo mismo debió ser removida en medio de una gran polémica al respecto.
De 11 metros de alto y 16 de largo, el arco estuvo por sólo siete años en la conjunción de la vía recta de las calles Juan Martínez y Atacama, en el cruce con la Alameda Manuel Antonio Matta, a metros de la ex Casa de Empleados del Ferrocarril de Copiapó. Poco más al poniente, además, está la vieja Estación de Copiapó. Del otro lado de la Alameda, da inicio de uno de los barrios más bohemios de la ciudad.
Los vehículos pasaban por aquel amplio arco tipo escarzano, en el inicio de Atacama, yendo en dirección hacia el centro urbano. En su parte más alta estaban los postes con las banderas de Chile, de la Región de Atacama y de la Ilustre Municipalidad de Copiapó, flameando como orgullos locales.
En su falsamente macizo aspecto, sin embargo, era una estructura más bien ligera en cuanto a materialidad, tan simple que podríamos asegurar, sin exagerar, que todo comenzó mal para el monumento desde la misma economía con el que fuera concebida su construcción: un armazón de andamios metálicos verdes al interior, cubiertos totalmente por chapas de planchas de madera prensada y ésta, a su vez, revestida de un revoque que imitaba en color y textura al concreto o la roca, por lo que realmente parecía sólido hasta que alguien se aventurara a percutir encima del mismo con los nudillos. Sólo las bases de los arranques en cada extremo del arco, uno a cada lado de calle Atacama, correspondían a materiales más resistentes de concreto.

domingo, 27 de octubre de 2019

EL PARQUE JUAN XXIII DE ÑUÑOA: EL PASEO ENTRE JARDINES E HISTORIAS COMUNALES

Entrada al parque casi recién inaugurado. Fuente imagen: revista "En Viaje", 1964.
Coordenadas: 33°27'26.7"S 70°35'15.9"W (inicio) / 33°27'49.5"S 70°35'19.6"W (final, anfiteatro)
Después de estos días de fuerte agitación social y de reacciones masivas, que quizá aún mantienen con tiritones a nuestra ilustre casta política, quisiera comentar algo más amigable relativo al valor que tiene la comuna de Ñuñoa dentro de la historia urbana de Santiago, por tratarse de un territorio que convive con parte de su pasado a la vista todavía después de haber sido devorada por el avance de la ciudad hasta las faldas precordilleranas en tiempos relativamente recientes, absorbiendo lo que fueron antes antiguos fundos, rancheríos, propiedades agrícolas, casas patronales y los caminos de la antigua comarca de Ñuñohue.
El Parque Juan XXIII es un perfecto ejemplo de ello. Abarca unos 750 metros de longitud y 28.870 metros cuadrados, ubicados entre las vías Dublé Almeyda y Dr. Agustín Andrade. Está cercado por las residencias que se han construido en el borde de las calles de sus costados, correspondientes a las calles Los Jardines y Juan Moya Morales. Lamentablemente, la realidad de nuestra época exige mantener el parque cerrado durante las noches, evitando hechos delincuenciales y malos comportamientos de personajes que, a veces, asoman por este lugar. No obstante, algunos vecinos tienen en sus casas comunicación más directa con esta área verde, en la parte posterior de sus residencias.
La continuidad del paseo está cortada, sin embargo: la necesidad de mejorar las conexiones viales por este lado de santiago, seccionó su franja verde al trazar las calles Alcalde Eduardo Castillo Velasco y Los Almendros, dejando al parque en tres segmentos. Y si contamos las áreas verdes que originalmente le pertenecían al Parque Santa Julia sobre el que nació éste, como veremos, sus segmentos serían cinco, considerando el que corresponde al de la Casa de la Cultura de Ñuñoa y, en el extremo opuesto, el de las plazas y patios de un Centro Comunitario que daba hacia avenida Grecia.

jueves, 17 de octubre de 2019

PASCUAL LIBERONA: UN BANDOLERO APODADO "EL BRUJO"

"Vista de El Carmen Bajo de Santiago de Chile al mismo tiempo se ve la cordillera de los Andes". Aguada de Juan del Pozo, probablemente de fines del siglo XVIII, recreando la observación del templo de calle Independencia desde donde está actualmente el inicio de calle Vivaceta, por entonces llamada Las Hornillas. El original está en el Archivo Central Andrés Bello de la Universidad de Chile.
Ya me he referido en este sitio a la larga historia de la avenida Fermín Vivaceta de Santiago, que comenzó su existencia como el Callejón de las Hornillas y el Camino a Colina, en el extremo poniente del territorio de La Chimba.
En los años en que aún se construía el Puente de Cal y Canto sobre el río Mapocho, conectando Santiago con su territorio de chimbero de extramuros en la ribera Norte, una figura temida y respetada comenzó a erigirse como amenaza para la autoridad colonial de entonces, proyectando después su sombra sobre una ciudad que, sin embargo, no tardó en convertirlo en un rufián-héroe, según parece: idealizándolo al estilo Robin Hood, de la misma manera que ha sucedido -en mayor o menor medida- con generaciones posteriores de bandoleros, entre ellos Vicente Benavides, José Miguel Neira o la famosa banda de Los Pincheiras.
Como sucedió con aquellos casos, pues, la memoria del "El Brujo" Liberona experimentaría esa misma extraña mitificación sobre su recuerdo y su obra que, en rigor, no fue más que una épica delincuencial, concentrada principalmente en el período de años de 1780 a 1795, aproximadamente.
De acuerdo a su mito propio, la historia de Pascual Liberona comienza con la formación de los primeros poblados suburbanos de Las Hornillas, actual Vivaceta, camino llamado de aquella forma por la presencia de hornos de fabricación de ladrillos, según parece. Estos territorios del otro lado del río, en donde la gran quinta del Corregidor Luis Manuel de Zañartu era más bien un oasis aislado y ajeno al entorno, tenían fama de bastión impenetrable para la autoridad de aquellos años, sirviendo así de refugio y dominio para algunos de los temidos rufianes que se conocieron en la Colonia y entre los que, sin duda, destacó de manera especial Liberona, como uno de los primeros en asumir la característica del bandolero. Fue conocido como "El Brujo", precisamente por lo escurridizo y por su velocidad para cometer sus fechorías y echarse al vuelo, haciéndose invisible a la mano del castigo.

miércoles, 16 de octubre de 2019

"COSAS DE LA EDUCACIÓN" DE JUAN GUILLERMO PRADO: EL ANECDOTARIO HISTÓRICO QUE FALTABA

"Sala de clases", fotografía de José Muga, c. 1960, que se usó en la portada de "Cosas de la educación" de Juan Guillermo Prado. Fuente imagen: Memoria Chilena.
Hace una semana, en horas de la tarde del pasado miércoles 9 de octubre de 2019, se lanzó el nuevo libro de investigador, periodista y destacado director de área de la Biblioteca del Congreso Nacional, don Juan Guillermo Prado. Se titula "Cosas de la educación. Anecdotario de la enseñanza en Chile desde la Colonia a 1920", publicado bajo sello de Narrativa Punto Aparte, para su colección denominada "Expedientes". Pudimos estar allí, felizmente.
La presentación de la obra, con oradores invitados, cóctel y música folklórica, tuvo lugar en la exsala de sesiones de la Cámara de Diputados del Congreso Nacional de Santiago, lugar que Prado conoce bastante bien desde hará unos 40 años ya. La gran concurrencia llenó el espacio, haciendo una idea de la expectativa e interés que generó el lanzamiento. Entre otros ilustres asistentes, estuvieron en el público el abogado y exdiputado Hugo Zepeda Coll, el profesor y fundador del CEDECH don Pedro Godoy, la investigadora Karen Müller y el artista de dioramas históricos Rodolfo Gutiérrez, más conocido como Zerreitug.
La inspiración para el libro, según revelación del propio autor aquella noche, estuvo en la clásica obra "Cosas de la Colonia" de don José Toribio Medina, soporte de un importante flujo de información pintoresca e interesante pero muy valiosa sobre el período colonial chileno. Prado hace lo propio, ofreciéndonos la misma idea pero sobre temas educacionales, con una avalancha de información para el lector y gran cantidad de datos y observaciones escasamente conocidas, muchas de ellas. Como prologuista del libro, participó Sergio Martínez Baeza, Presidente de la Sociedad Chilena de Historia y Geografía, de la que Prado es también Director.
Muy al estilo del autor, entonces, "Cosas de la educación" repasa una gran cantidad de hechos curiosos y llamativos de la historia de la educación chilena desde sus orígenes, que más allá de corresponder a datos novedosos o de mero interés, cargan con un auténtico valor histórico para completar la huella del desarrollo de la enseñanza en nuestro país, como podrá verificar el lector. Parte, de este modo, por los tiempos de la Conquista y la Colonia, avanza por el período de formación de la Patria, el florecimiento de la República, los años bajo la Constitución de 1833, el agitado período de mediados del siglo XIX, la llegada de los colegios extranjeros y el camino que llevó a la célebre Ley de Instrucción Primaria Obligatoria de 1920.

lunes, 14 de octubre de 2019

EL SENDERO ZORRO VIDAL EN EL CERRO SAN CRISTÓBAL: LA RUTA DEL CAMINANTE QUE QUIERE VIVIR MÁS Y MEJOR

Cumbre del Cerro San Cristóbal, vista hacia el sector de la actual Plaza México, con la Casa de las Arañas y el Casino Cumbre atrás, vistas desde el Santuario de la Virgen en fotografía c. 1930. El camino que se observa a la izquierda, abajo en el encuadre de la fotografía, corresponde al actual Sendero Zorro Vidal. Fuente imagen: sitio "Fotos históricas de Chile" del coleccionista fotográfico patrimonial Alberto Sironvalle.
Coordenadas: 33°25'34.8"S 70°38'15.3"W (inicio) / 33°25'26.4"S 70°37'58.1"W (final)
Desde hace un par de años he regresado regularmente y por razones recreativas al Cerro San Cristóbal, al menos cada vez que estoy en Santiago. Son notables las posibilidades que ofrece este lugar a la distracción y el ejercicio. En general, lo es todo el Parque Metropolitano de Santiago (Parquemet), aunque por momentos pareciera que los turistas extranjeros cotizan mucho más que los propios chilenos esta generosidad.
Las prácticas deportivas deben estar entre las más beneficiosas, por supuesto, todas al aire libre, gratuitas y en uno de los mejores paisajes posibles de encontrar en la capital chilena. Sólo se castiga con pago de entrada el uso de vehículos motorizados, los que se pretende reducir al mínimo en algunos años más.
El Sendero Zorro Vidal, ubicado en la cara poniente del cerro, es el camino más importante para los ascensos de trekking o a trote en el San Cristóbal, a diferencia del principal asfaltado que fue pensado más bien para ruedas, hoy automóviles, motocicletas y bicicletas. Recuerdo mi primera vez intentando subirlo: primerizo y tras un período de gran descuido físico, no llegué ni a la primera de sus cinco vueltas, jadeando penosamente antes de levantar la blanca bandera de la humillación. Ya al final de todo el tiempo de porfía, sin embargo, podía subir a la cumbre sin hacer detenciones, ni siquiera para beber agua. Supongo que lo mismo sucedió a muchos, al menos a los que están en mi rango etario.
Son aquellas buenas posibilidades de autosuperación física a las que me refiero como bondades del cerro, justamente: esas que ofrece a los visitantes con sus cerca de siete caminos de ascenso, de los que el Sendero Zorro Vidal debe ser el más popular y concurrido para los que suben caminando.
El ingreso al sendero se encuentra a unos 600 metros del acceso principal al parque, situado enfrente a calle Pío Nono. Se separa del camino principal Alberto Mackenna pasadas las instalaciones deportivas y perdiendo de vista al funicular, subiendo por la pendiente del cerro hacia el Norte.

jueves, 10 de octubre de 2019

EL EDIFICIO QUE ALBERGÓ AL HOSPITAL INGLÉS Y AL COLEGIO DE ANTOFAGASTA

El edificio en 1938. Fuente imagen: Timeline.cl.
Coordenadas: 23°38'17.4"S 70°23'37.7"W
Un antiguo edificio de madera se encuentra muy visible en la esquina de avenida Iquique con José Ignacio Zenteno en Antofagasta, junto a los históricos rieles del vecindario ferroviario y en las lindes del Barrio Bellavista. Su estado es lamentable en muchos sentidos, sin embargo: abandonado, deteriorado y ocupado frecuentemente por vagos, drogadictos y delincuentes que, casi por divina providencia, aún no lo han terminado de destruir a fuego. Paradójicamente, en el año 2006 fue reconocido como Patrimonio Cultural de Antofagasta.
No es fácil adivinar a qué clase de inmueble corresponde, pero claramente no es una residencia particular ni un palacio corriente. Su proximidad a los ferrocarriles, además, sugiere alguna relación con la actividad de los trenes, pero el detalle del resbalín que baja desde el balcón del segundo piso hacia el nivel inferior por el costado que da a la avenida, marea y desalienta cualquier esfuerzo deductivo.
Su estilo tiene algo de historicismo georgiano y victoriano, con la tradicional fábrica nortina de pino Oregón, en este caso madera de origen inglés, sobre un armazón de tipo balloon frame. Semeja bastante a la arquitectura histórica de otros casos en la ciudad, como la Estación del Ferrocarril, el Museo Regional o la Casa de Huéspedes, aunque un poco más retirado del núcleo urbano principal.
Las escalas posteriores y frontales se elevan a un segundo piso con pasillos de balcones laterales a ambos lados del inmueble y también al frente, sostenidos por postes formando un porche y con alero en su parte más elevada, en donde pueden observarse también bellos balconetes cerrados tipo bow windows. El nivel más alto cuenta con un ático de ventanales propios. El acceso principal estaba al centro del primer piso hacia calle Iquique, con un zaguán cerrado como recibidor, aunque con sus puertas hoy cerradas.

lunes, 7 de octubre de 2019

UNA CAPILLA PARA NUESTRA SEÑORA DE FÁTIMA EN LAS ALTURAS DE SANTIAGO

La capilla, ya cerca de ser concluidas las obras de su construcción, en 2011. Fuente imagen base: sitio web de Plataforma Arquitectura (fotografía de N. Quezada y R. Sotomayor).
Coordenadas: 33°32'8.66"S 70°32'41.71"W
Se sabe que la Virgen de Fátima es bastante popular en Chile, como quedó en evidencia con la reciente visita de una efigie oficial de esta advocación mariana al país. Dicha imagen fue enviada por El Vaticano y recibida con gran pompa, a pesar de las críticas que generan en nuestra época estas formas de devoción y la participación de autoridades del Estado en las ceremonias relacionadas con la religión.
Los aficionados a visitar los bosques y senderos de El Panul en la precordillera a la altura de La Florida en Santiago, en tanto, seguramente ubican bien un curioso templo para aquella advocación mariana, que probablemente sea uno de los más modernos y vanguardistas de Santiago, además de estar entre los de mayor altura en la cota urbana de la capital chilena. Corresponde a la Capilla de Nuestra Señora de Fátima, justamente.
La capilla es dependiente de la cercana Parroquia Jesús Maestro, ubicada a la misma altura de la ciudad pero más abajo, en calle Enrique Olivares, misma comuna de La Florida. Y, de acuerdo a la información parroquial, ambos templos debieron ser levantados en aquellas nuevas urbanizaciones por solicitud popular y por acuerdos de los proyectos con las inmobiliarias. Todos estos terrenos, además, han tenido tradicional influencia de la Iglesia, ya que varias propiedades de la precordillera le habían pertenecido.
Se encuentra, más precisamente, en el tramo final de la calle Rojas Magallanes 4295 esquina Las Perdices, entre villas profusamente construidas y pobladas a partir del último cambio de siglo. Antes, el final de esta vía era sólo de potreros y terrenos rurales en los que vivimos algunas malas experiencias con residentes cercanos, durante nuestra infancia como floridanos, y de las que hablé en otro artículo. Hoy, en cambio, se trata de un amplio plano residencial con una gran cantidad de habitantes, por lo que no extraña que muchos de ellos hayan requerido de un espacio para su credo, concedido con este edificio.

jueves, 3 de octubre de 2019

EL ÚLTIMO DE LOS CINCO CEMENTERIOS DE MEJILLONES

Fuente imagen base: Sitio web de la Ilustre Municipalidad de Mejillones.
Coordenadas: 23°06'19.8"S 70°25'34.5"W
No es uno de los camposantos más grandes de Chile, ni de los más espectaculares, tal vez. Tampoco es del tipo laberinto de nichos decimonónicos, en su caso careciendo de los mausoleos más ostentosos y aristocráticos que abundan en otros recintos funerarios. Sin embargo, el Cementerio Municipal de la ciudad de Mejillones, en la Provincia de Antofagasta, sigue siendo uno típico del Norte Grande, particularmente del territorio salitrero, y no deja de ser uno de los más interesantes del Chile tanto por su historia, sus características y algunos de sus personajes allí sepultados.
Ubicado en el borde Sur de la Ruta B-262, la misma que pasa a ser la avenida Andalicán a partir de la entrada a la ciudad, este cementerio se sitúa enfrente del barrio industrial del puerto y en los límites del área urbana, aunque no tan retirado para quien quiera ir a pie bajo el inclemente Sol atacameño, quizá.
Se puede llegar a él pasando el cruce de la vía férrea, esa en donde el hiperquinético y enérgico alcalde Marcelino Carvajal Ferreira, que estuvo en el cargo desde 1992 a 2016, hizo colocar los discos "Pare" con la palabra también en coreano, luego que inmigrantes de esta nacionalidad residentes en la ciudad no lo acataran y se excusaran diciendo que no entendían la señal en castellano. Algún accidente ha ocurrido allí por esta clase de desobediencias, según se recuerda.
A pesar de ser un cementerio histórico, el de Mejillones es, sin embargo, sólo el último de cinco que tuvo antes la ciudad. Es muy posible que hayan existido otros anteriores de origen indígena, de hecho, según evidencia arqueológica hallada entre 1987 y 1999 en el lugar que ocupa la planta de la Compañía de Explosivos Enaex en la avenida de la Compañía de Fertilizantes de Mejillones, junto a la costa y cerca de un kilómetro hacia el Nor-poniente del actual cementerio. También se han realizado hallazgos en los sectores de Cerro Moreno y Los Canastos, más al Sur.

miércoles, 2 de octubre de 2019

EL LEGENDARIO TEATRO Y CENTRO DE EVENTOS DE "EL TROLLEY"

El edificio de "El Trolley", en sus últimos días. Fuente imagen base: blog "El Trolley": Resistencia Cultural Subterránea.
Coordenadas: 33°26'7.31"S 70°39'30.41"W
Cuesta hacer un relato preciso de un lugar como "El Trolley" de Santiago, del que todos quienes lo conocieron parecen recordarlo con un cariño generacional, cuando nuestra impresión no fue tan ajustada a la de esa gran mayoría, debo confesar. La mía, particularmente, coincide mucho más con la muy escueta y crítica de Roberto Merino en "Todo Santiago: crónicas de la ciudad", que con otras que llegan a describirlo con algún grado de elogio.
Junto con otros refugios de la bohemia contracultural de esos años en la capital chilena, como el "Garage" de Matucana 19 o después el mítico patio de Serrano 444, "El Trolley" con su galpón de pino Oregón, fue un símbolo de los años ochenta y de la resistencia cultural y política de entonces, aunque diría que la idealización ha hecho lo suyo y, de este modo, generaciones más nuevas de tribus urbanas adoptaron una impresión un tanto exagerada de todo lo que llegó a ser: su importancia real, sus proporciones ("inmensas", según las define un autor), la cantidad de artistas que allí se presentaron, etc.
El singular espacio se ubicaba en un caserón con sala de teatro, de dos niveles al frente  y de principios del siglo XX en su simplísimo estilo, en calle San Martín 841. Esto es entre Vicuña Subercaseaux y San Pablo, pleno centro de Santiago y a escasa distancia del Teatro Teletón (ex Casino Las Vegas), del Instituto Traumatológico, la antigua terminal de buses de Mapocho (ya desaparecida) y, lo que era peor para muchos de sus parroquianos, del Cuartel General Mackenna de la Policía de Investigaciones.
En medio del barrio, el Centro de Eventos "El Trolley" no pasaba tan advertido entre tanta casa vieja de entonces. Si no había un choclón de gente afuera en alguno de sus eventos y vestida a la usanza más dadaísta, como era lo habitual, alguien distraído podía hasta pasarse de largo buscándolo.

martes, 1 de octubre de 2019

FOLKLORE Y TRADICIONES DEL VELORIO DEL ANGELITO

Un auténtico Velorio del Angelito, con la familia Cisternas Valencia de Loncura, Región de Valparaíso, en 1943. Fuente imagen: Sitio web del Museo Campesino en Movimiento (MUCAM).
Hace muy poco, confirmamos que está instalado bajo el panteón de acceso al Cementerio General de Recoleta, en el vestíbulo, un montaje reproduciendo la escena del llamado Velorio o Velatorio del Angelito, forma de despedida de niños pequeños alguna vez popular en los estratos modestos y campesinos de Chile. Se observa en ella la efigie de un bebé sentado en su altar funerario (un muñeco, más bien), vestido de blanco y con decoraciones del mismo color, despidiéndose de su breve paso por la tierra para proceder a entrar con boleto directo y sin escalas al Cielo de los Justos, privilegio que sólo tienen los santos y los infantes muertos prematuramente... Es decir, los angelitos.
Muchos folklorólogos, antropólogos e investigadores costumbristas han tomado notas importantes sobre esta tradición en Chile, como Rodolfo Lenz, Oreste Plath, Fidel Sepúlveda, Manuel Dannenmann, Miguel Jordá, Maximiliano Salinas y, más recientemente, la dupla de Danilo Petrovich y Daniel González. Con su esfuerzo, han ayudado a compensar en buena parte la falta de información que existe sobre esta antigua costumbre, tal vez mirada a menos por estar asociada a las capas marginales y más pobres de las sociedades, con el desprecio de las instituciones muchas veces.
El tema del Velorio del Angelito ha sido, sin embargo, de una enorme atracción para artistas, pintores y folkloristas, todavía en nuestra época. Margot Loyola, por ejemplo, trató también el tema y nunca olvidó haber asistido en Linares, siendo muy niña, a uno de estos eventos fúnebres, como se comenta en el trabajo de Sonia Montecino Aguirre titulado "Mitos de Chile: Enciclopedia de seres, apariciones y encantos". La fallecida era una pequeña llamada Melania Zuñiga, y en la ocasión, Margot se encaramó en un pequeño piso para tocarle el rostro a la niña ángel, muy bien pintado y con los ojos abiertos gracias a palitos de escoba (curagüillas).
Su colega y amiga Violeta Parra, más tarde, puso mucha atención a las tradiciones del angelito en los campos chilenos, escribiendo algún texto al respecto y dejando para la posteridad el famoso tema "Rin del angelito", uno de los más importantes y hermosos registros musicales suyos, de 1966, que dice inspirado en esta clase de velatorios:

domingo, 29 de septiembre de 2019

GRATITUDES DE MATILLA PARA EL RECUERDO DEL "CHINITO" JUAN LEE

Coordenadas:  20°30'51.76"S 69°21'40.57"W
Los oasis chilenos al interior de la Provincia del Tamarugal, en la Región de Tarapacá, mantienen memorias de una infinidad de personajes populares que forman parte de la historia de cada poblado en el que construyeron su recuerdo, pero resultando desconocidos para el resto del país e incluso en las ciudades más cercanas a estas localidades, infelizmente.
San Antonio de Matilla está en la comuna de Pica y a sólo unos pocos kilómetros más al poniente en el célebre vergel de los cítricos, frutas tropicales y piscinas cochas en medio del desierto tarapaqueño. Hace un tiempo comenté algo en este sitio sobre el fascinante pueblito matillano, a propósito de la desaparecida industria vitivinícola y del vetusto lagar colonial que existieron acá. Uno de estos curiosos personajes suyos es recordado frente a la esquina Sur-oriente de la Plaza de Armas de Matilla, a escasa distancia del templo de San Antonio: el Chino Lee, con un pequeño memorial instalado por la municipalidad y los propios vecinos.
Juan Lee, apodado cariñosamente el Chinito, era un comerciante de ese origen instalado en Iquique y en Matilla. En esta última localidad tenía un pequeño almacén de abarrotes y mercaderías varias, en una de las esquinas cerca de la plaza. Posible descendiente de esclavos culíes liberados en suelo peruano por los chilenos durante la Guerra del Pacífico, Lee era un hombre muy generoso, un benefactor, reconocido como un vecino solidario y caritativo, por lo que muchos matillanos le tenían especial afecto al personaje.
Al parecer, Lee tuvo una relación con el radicalismo en Tarapacá y un hermano llamado José lo ayudaba en las actividades de ventas y negocios. Es, en general, muy poco lo que se sabe en la región sobre lo que fuera su vida y su origen, a pesar del cariño que genera la casi leyenda de caridad asociada a su nombre.

viernes, 27 de septiembre de 2019

UN MAUSOLEO VACÍO: EL MEMORIAL DE LOS MÁRTIRES DE SANTA MARÍA DE IQUIQUE EN EL CEMENTERIO N° 3

Imagen de prensa, mostrando el acto de inauguración del monumento. Fuente imagen: diario "La Tercera" del domingo 9 de diciembre de 2007.
Coordenadas: 20°13'05.4"S 70°08'02.7"W
He publicado varias veces en este blog algunos textos relacionados con la Masacre de la Escuela Santa María de Iquique (21 de diciembre de 1907) y sus consecuencias, ya que aquel trágico suceso conforma un aspecto indivisible de la historia urbana, patrimonial y obrera del Norte Grande de Chile; un antes y un después de alguna manera, muy especialmente de Tarapacá.
En uno de aquellos referidos artículos, vimos algo sobre el primer monumento que tuvieron las víctimas en Iquique, en la fosa del desaparecido Cementerio N° 2 de la ciudad, correspondiente a un mausoleo con la estatua de un obrero salitrero en la cúspide. Un memorial basado en aquél fue reconstruido en el frente del Cementerio N° 1 de calle 21 de Mayo con San Martín, para el centenario de la Masacre de Santa María de Iquique. Desde entonces, éste parece ser el más importante homenaje que existe en la ciudad para los obreros caídos aquella aciaga jornada de 1907, o al menos el más conocido. Hemos hablado del mismo en otro artículo de este sitio.
Sin embargo, la ciudad posee otro monumento con el mismo espíritu y homenaje, en gran parte también basado en el desaparecido mausoleo, su materialidad de madera y la figura de un obrero sobre él, aunque por alguna razón no es tan conocido ni visitado. Fue levantado dentro del Cementerio N° 3 en Pedro Prado (hoy Salvador Allende) con Bernardo O'Higgins, casi enfrente de la entrada, al inicio de la calle interior Vicente Zegers de la necrópolis. Técnicamente, de hecho, éste es el oficial de la conmemoración del centenario, aunque las circunstancias que veremos opacaron su importancia, realzando más el del Cementerio N° 1.
Como puede recordarse, este cementerio tuvo protagonismo en el centenario de la masacre, ya que a pesar de ser el más nuevo de los camposantos "históricos" en Iquique, contenía la fosa en la que supuestamente habían sido trasladados los restos de los masacrados, hacia los años cincuenta. Empero, al tratar de ser ubicados los restos a partir de julio de 2007, no pudieron ser identificados como tales, dejando abierto hasta ahora un misterio que no ha sido resuelto, sobre el destino de los cuerpos.