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martes, 26 de junio de 2018

LA CAPILLA DE ÁNIMAS DE SANTIAGO: EL ARCANO TEMPLO PARA LAS ALMAS DEL PURGATORIO

La Capilla de Ánimas, hacia principios de 2010, poco antes de ser parcialmente destruida por el terremoto del 27 de febrero.
Coordenadas: 33°26'5.59"S 70°39'20.73"W
Ya he comentado antes acá de mi simpatía por la forma en que se ha mantenido vigente el culto a los difuntos en Chile: de una manera extrañamente sobria, misteriosa y casi sombría, manifiesta en expresiones populares como la tradición animística relacionada con las almas de los fallecidos. Llega a haber, pues, una curiosa instancia de convivencia diaria con el concepto de la muerte, haciendo que sus límites con el mundo de los vivos se vuelva a veces muy difuso.
No es coincidencia, entonces, que el quizá más enigmático templo católico de la capital chilena o uno de los más merecidamente así definibles, esté relacionado con las tradiciones religiosas y populares sobre los fallecidos y sus almas: la Capilla de Ánimas, conocida también como Capillas Las Ánimas o Capilla de las Ánimas, entendiéndose estas últimas como las almas que moran provisoriamente en el purgatorio, tras la desaparición física del individuo. Se encuentra en calle Teatinos 765 llegando a San Pablo, aunque no destaca especialmente por sus dimensiones.
Como ya hemos explicado antes en este blog, la fuerte creencia en las animitas o templetes de adoración con pedidos de favores a los fallecidos en los lugares de su muerte o de sepultura, derivan de la creencia cristiana en la transición de las almas de los fallecidos hacia la expiación o purificación necesaria para ascender al Cielo, limpiando la carga de sus pecados cometidos en vida o bien preparándolos para este viaje. El Purgatorio es aquel eslabón entre ambas vidas, y se lo describe de varias formas: desde un proceso invisible de espera de las almas en la antesala de la vida eterna, hasta un espacio de tormentos muy semejante a la clásica descripción del Infierno, como se observa en la iconografía sacra.
Como sea, las animitas son, en la tradición popular, formas de expiación y purificación del ánima o alma que purga, al dársele la oportunidad de conceder favores a los vivos y así reunir mayores méritos para garantizar un entrada al Cielo. Esto está muy presente en las devociones que tienen lugar hasta hoy en la Capilla de Ánimas.

sábado, 23 de junio de 2018

PROGRAMA-MANUAL DE VIDA MEJOR: "BITÁCORA DE UN CAMBIO" DE KATIA MENDIZÁBAL

Conocí a Katia Mendizábal en la Feria Internacional del Libro de Santiago (FILSA) de 2017, en la Estación Mapocho. Estando ambos publicados al alero de Ril Editores, compartimos largas horas en el stand de la editorial y aprovechamos de intercambiar algunas impresiones sobre nuestros respectivos trabajos, en los momentos de menor público en el día. Ambos llegamos a nuestras publicaciones impresas gracias a la actividad en blogs, además.
Al final de aquella experiencia en la feria, nos regalamos mutuamente ejemplares de nuestros debuts literarios: mis "Crónicas de un Santiago Oculto", por su "Bitácora de un cambio". Tenía en deuda publicar algo sobre este interesante trabajo, por lo tanto.
Bien: necesito partir por algunas observaciones y apreciaciones con más tono de infidencias, pero se justifican por las razones que el lector sabrá comprender. Katia es de mi generación, pero salta a la vista que luce como lo haría como una muchacha entrando recién en la treintena. Súmele a eso un carácter muy jovial y enérgico, lo que resulta en una imposibilidad absoluta de percibirla si no es como una persona joven y muy dinámica. Es algo inevitable.
¿De dónde proviene tal energía vital, tan evidente? Comprendo ahora, después de leer su libro, que la razón de tanta vitalidad juvenil -algo poco frecuente en nuestra sociedad- está en el propio contenido del mismo: "Bitácora de un cambio" es, a la vez de manual, una suerte de guía y también una confesión de la propia Katia, sobre cómo encaminar la vida en una forma positiva y de manera permanente, definitiva, no sosteniéndola sólo con instantes para arrancar del estrés o liberarse efímeramente de las cargas de la existencia contemporánea. "Bitácora de un cambio" es un programa, entonces, como lo define su propia autora.

viernes, 1 de junio de 2018

TEORÍAS SOBRE EL ORIGEN DEL NOMBRE DE CHILE: CRÓNICAS, MITOS, CREENCIAS Y PROPUESTAS

Carta de Pedro de Valdivia al Emperador Carlos V, del 9 de julio de 1549: "Habiendo, a imitación de mis pasados, servido a V. M. donde me he hallado y en estas partes de Indias y provincias de esta Nueva Extremadura, dicha antes Chili, y últimamente en la restauración de las del Perú...". Copia facsimilar en el Museo Histórico Nacional.
El próximo domingo 3 de junio, se cumplirán 200 años del decreto que nos convirtió por primera vez y oficialmente, en chilenos definitivos, ya sin otra dependencia gentilicia, al haber quedado atrás el yugo hispánico de los tiempos coloniales. Hijos de Chile, al alero sólo de la bandera y no una corona imperial.
Otro bicentenario, pues, para quienes somos nativos y perpetuadores del ius sanguinis y del ius soli, vinculados a un país cuyo nombre involucra, sin embargo, un enorme y casi insondable enigma nominal... Como chilenos, pues, somos parte de ese mismo arcano problema histórico, geográfico, toponímico y etimológico; casi místico, en algunos de sus alcances, nos guste o no estar involucrados en este asunto.
Menudo misterio y controversia ha sido el de determinar el origen del nombre de Chile, ese que nos hace chilenos. Nuestra mayor instancia identidad nacional es, por esta singular paradoja, una identidad misteriosa e inexplicable, tan oscura como ancestral y difusa; misma que en México nos relaciona con el ají y en el habla inglesa con el frío, por asociaciones homófonas. Ya lo comentaba en 1863 don Francisco Solano Astaburuaga y Cienfuegos en su "Diccionario geográfico de la República de Chile", cita con la que adelantamos parte de lo que verá el lector en este artículo:
"El origen del nombre, así como la procedencia de sus primitivos pobladores, se ocultan en los misterios de los tiempos más lejanos, y ya ninguna conjetura bastará a explicarlos satisfactoriamente. Con respecto a la etimología de la palabra Chile hay quien la encuentra en una del antiguo idioma perulero (tchili), que significa nieve o frío, con que pudo designarse esta región por los que notaron aquí un clima más rígido y más abundancia de nieves que en el Perú; o bien, como es más aceptable según otros, de la coz thili o chili, que repiten unos pajarillos, imitativamente así llamados, de negro reluciente con una mancha de amarillo hermoso bajo el ala, y comunes en los valles del norte y centrales: voz, que tomándola quizás por buen agüero, la aplicaron a todo el país las primeras hordas, que en él se establecieron. Lo que hay de los antiguos peruanos, y de tiempo inmemorial decían los naturales, Chilimapu y chilidugu (país, y lengua de Chile), y Chilhué (dependencia de Chile; o sea  la isla de Chiloé). Este mismo nombre de Chile le confirmó la expedición de Almagro; mas Valdivia, por aquel prurito de los colonizaciones, de dar a los nuevos países en que se asentaban, las denominaciones de los suyos propios, lo cambió por el de Nueva Extremadura, que ni aún en su tiempo prevaleció sobre el que le había consagrado la tradición".