sábado, 31 de marzo de 2018

LA IGLESIA DE SAN AGUSTÍN DE MELIPILLA: A PESAR DE TODO, AÚN EN PIE

La iglesia, cuando estaba en mejor estado (antes del terremoto 2010). Fuente imagen: Monumentos.cl.
Coordenadas: 33°41'11.5"S 71°12'38.9"W
A mediados de enero pasado, en la víspera de la controvertida y nada exitosa visita del Papa Francisco a Chile, cierto clan "iconoclasta" del lumpen nacional, no tuvo mejor ocurrencia que manifestar su desagrado por el arribo del pontífice, atacando durante la noche la antiquísima Iglesia de San Agustín de la localidad de Melipilla, con bombas incendiarias que quemaron parte de sus centenarias puertas de madera, obligando a colocar en su lugar una fea plancha como cierre. Fue sólo uno de los seis templos católicos que sufrieron similares agresiones.
Este atentado, sin embargo, sólo se suma al largo historial de daños y necesidades de reparaciones que ha sufrido y sigue sufriendo este templo de atractiva arquitectura, ubicado a sólo dos cuadras de la Plaza de Armas de Melipilla, en la provincia del mismo nombre, a 73 kilómetros de Santiago. Está más exactamente en San Agustín 277 (calle así llamada por la presencia del templo y sus claustros), haciendo esquina con Fuenzalida. Allí ha resistido los embates de la naturaleza y del tiempo.
Cuando Melipilla fue fundada el 11 de octubre de 1742, por el gobernador José Manso de Velasco y con el nombre inicial de Villa Logroño de San José (en honor a su ciudad natal en España), la Orden de San Agustín ya se hizo presente en el lugar. Manso de Velasco les cedió un terreno de 2.500 metros cuadrados, uno o dos años después, para que se trasladaran desde Santa Rita de Perquilauquén. La solicitud de cesión de la propiedad había sido formulada por el sacerdote Francisco de Aranívar, Prior Provincial de San Agustín.
Según el profesor e investigador melipillano Omar Carreño Pérez, el traslado de la orden se inició en 1746. En los terrenos destinados a los agustinos, además, estos levantaron una primera capilla, hacia 1749-1750, primer templo de Melipilla; y luego, establecieron el llamado Convento de Santa Mónica, en 1751, completando así el traslado desde Malloco hasta esta nueva ubicación. Allí estuvieron establecidos por todo lo que quedaba de la Colonia y recibieron al siglo XIX, en el mismo sitio que ahora está el complejo monacal.

viernes, 30 de marzo de 2018

FANTASMAS Y MONSTRUOS EN EL PUENTE DE CAL Y CANTO: UN SINIESTRO CASO DE ATAQUES DE UN GIGANTE Y UNOS DUENDES HACIA 1835

Coordenadas: 33°25'55.6"S 70°39'05.8"W (lugar en donde estaba el puente)
Hemos dicho -en otras entradas de este blog- que, hacia 1782, fue terminado el grueso de la obra del Puente de Cal y Canto en el río Mapocho, en Santiago, con 202 metros de largo (120 de ellos correspondientes al ancho del río) y 12 metros de altura desde el lecho, siendo por ello la obra de ingeniería chilena más famosa e importante de la época y una de las más grandes que se hicieron sólo con erarios municipales en tiempos coloniales de la América Hispánica. Fue, además, la última gran expresión del estilo barroco colonial en territorio chileno.
Tras entregarse la obra a la ciudad, sin embargo, muchas personas comenzaron a querellarse en contra del Corregidor Luis Manuel de Zañartu, gestor y director de la construcción del puente pero, para su desgracia, eternamente colmado de enemigos que le amargaron hasta el último de sus días en la Tierra. Tantos fueron los reclamos, de hecho, que llegaron al Virrey del Perú y, posteriormente, al mismo Rey de España. Llegó a ser tan despreciado por algunos que hasta lo tildaron de ser el mismísimo Diablo. Cierta leyenda decía, además, que había logrado hacer que el Príncipe de las Tinieblas le construyera el puente tras derrotarlo en una apuesta. Y cuando se presentó en su contra un enorme expediente colmado de acusaciones, éste se perdió misteriosamente, por alguna inexplicable intervención diabólica.
Con esta fama del Puente de Cal y Canto y de su constructor, no extraña que las leyendas más aterradoras y siniestras lo acompañaran por el tiempo que permaneció en pie, hasta su infame destrucción en 1888, merced a caprichos humanos coludidos con los de la naturaleza.

miércoles, 28 de marzo de 2018

PARROQUIA LA ANUNCIACIÓN: EL TEMPLO VIGILANTE DE LA PLAZA PEDRO DE VALDIVIA EN PROVIDENCIA

Coordenadas: 33°26'22.7"S 70°36'23.1"W
Este paticular templo es conocido como la Parroquia La Anunciación, aunque a veces se lo ha señalado con otros nombres, como Parroquia Pedro de Valdivia, Parroquia de los Sagrados Corazones o de la Parroquia de la Anunciación del Señor. Su dirección es avenida Pedro de Valdivia 1850, a espaldas de la tradicional Plaza Pedro de Valdivia en la conjunción con avenida Francisco Bilbao, que -a pesar de parecer estar siempre con trabajos de modificaciones- existe allí desde antes la propia parroquia, de hecho.
Destaca del edificio su torre, en la distancia. Está, para ser más específicos, junto al encuentro de las calles cerradas Enrique del Piano y Benvenuto Cellini, al Sur-oriente de la doble plaza unida por su característica pasarela peatonal sobre la avenida Pedro de Valdivia. Desde hace poco, además, la referencia es a sólo pasos de la flamante Estación Metro Inés de Suárez.
Tanto los terrenos de la iglesia como los de sus dependencias aledañas, la oficina parroquial y la ex Parroquia Universitaria de la misma calle Cellini, más ciertos locales comerciales que existieron antaño allí, fueron donados a la Iglesia el 29 de octubre de 1930, por el Presbítero Samuel Silva de la Fuente, terrateniente procedente de una acaudalada familia que vivió en este barrio.
La donación de marras comprendía 500 metros cuadrados de terreno con la amplia capilla de la propiedad, edificio para los servicios de fe de los trabajadores del campo que era entonces este lado de Santiago y que aún existe en aquella calle sin salida, más otras para arriendo y que servirían para dar sostén financiero a la nueva parroquia.

viernes, 23 de marzo de 2018

EL ANCESTRAL SECRETO DE CERRO NAVIA: LA PEQUEÑA COLINA QUE DA NOMBRE A LA COMUNA

"Cerrito de Navia", en plano europeo de Santiago (1929).
Coordenadas: 33°25'27.1"S 70°43'15.3"W
Con sólo 20 metros de altura y 513 metros sobre el nivel del mar, en el sector de avenida Mapocho de la populosa Cerro Navia, está una pequeña colina de forma casi triangular que da nombre a la misma comuna en que se halla, al poniente del Gran Santiago, en la Región Metropolitana.
Si ya es curioso que muchos de los propios habitantes de Cerro Navia no sepan que el nombre de su comuna proviene de este cerrito, más llama la atención que se le desconozca injustamente el valor ancestral y cultural que tuvo para la historia del Valle del Río Mapocho, y que nada recuerde en su paseo interior que el cerro goza de tal categoría ante la historia de Chile.
Siendo uno de los varios cerros islas de la capital chilena, esta loma se encuentra rodeada por la urbanidad y formando una manzana verde que contornean las calles Mapocho, Lo Amor, Cerro Navia, Lo López y 4 de Septiembre. Destaca en la distancia por la copa de agua que se eleva desde su cima, más alta que cualquier edificación en el entorno, de viviendas modestas y muy pintorescas en algunos casos. A un costado del mismo, está la Escuela Básica Provincia de Arauco y, cerca de allí, la calle Celia Sanhueza, que desemboca justo encima del cerro, tomando parte de su pendiente al final de la vía, dándole con ello un simpático aspecto a su pequeño vecindario.
El nombre actual del cerrito y su parque deriva de la última denominación que recibió en tiempos coloniales: Cerro de Navia. Su superficie es de unas 2,7 hectáreas, aunque en la actualidad está muy intervenido por el urbanismo, con su mencionado paseo de escalinatas, senderos delimitados, rejas de protección y murallones contorneando la variación de niveles por avenida Mapocho, reduciendo su área verde a sólo un 50%, aproximadamente, y la arboleda a un 30%, de vegetación no nativa.

martes, 20 de marzo de 2018

LA MAQUETA DEL TEMPLO DE CRISTO REY EN LA BASÍLICA DE SAN IGNACIO DE ROMA: LOS MISTERIOS Y LAS TEORÍAS CONSPIRATIVAS DE UN HOMENAJE AL "UT UNUM SINT"

La maqueta del Templo del Cristo Rey de Pandolfi, en una sala dedicada al autor y su obra. Fuente imagen: Webalice.it/salvapan.
Coordenadas: 41°53'56.8"N 12°28'47.0"E
Quienes tengan la oportunidad de visitar el magnífico edificio renacentista de la Iglesia Basilical de San Ignacio de Loyola en el Campo Marzio, ubicada en Vía del Caravita con la Vía di S. Ignazio de Roma, podrá encontrar cerca de la entrada en la primera capilla de la nave derecha, la consagrada a San Cristóforo (justo enfrente de ésta) y muy cercana a la de San Estanislao, una curiosa maqueta que se viene exponiendo allí desde hace un tiempo. Corresponde a lo que pareciera ser un megatemplo, perteneciente a un supuesto proyecto arquitectónico del que poco y nada se ha dicho oficialmente.
A pesar de las confusiones que pudiese generar la observación y la reseña correspondiente, sin embargo, es la miniatura de un templo que (aún) no existe, para un proyecto arquitectónico que tampoco es real (aún, quizás), y con un propósito profundo o simbología que nadie parece querer explicar en forma categórica y precisa, para que vayamos entendiendo este asunto.
En efecto, casi no existe información sobre ella en literatura y guías turísticas de Roma; ni siquiera hay mucho en la internet, ese espacio en donde tendemos a creer que todo lo que existe en el mundo real debe tener también su respectivo reflejo. Tampoco se explica demasiado de ella a los turistas que tomas las visitas guiadas gratuitas realizadas allí, en el sitio más importante y simbólico para la Compañía de Jesús en la capital italiana afuera de la los muros de la Ciudad del Vaticano. Casi parece deliberado tanto misterio alrededor de la pieza, en cierta forma.
Lo poco que se informa en el lugar sobre esta maqueta, dice que corresponde al maestro ebanista napolitano Vincenzo Pandolfi, nacido en 1905 en Pomigliano d'Arco y fallecido en 2005, y que corresponde a la propuesta artística y de diseño para un (imaginario) Templo de Cristo Rey; o más exactaente, el Tempio di Cristo Re.

lunes, 19 de marzo de 2018

ANIMITA DE LA "NIÑA HERMOSA": EL ÁNGEL DE LOS PELUCHES EN LA AUTOPISTA DEL SOL

La animita de Astrid hacia 2014. Fuente imagen: diario "La Cuarta".
Coordenadas: 33°33'39.2"S 70°50'06.0"W
Por mucho tiempo, fue un completo misterio y un asunto casi intrigante para muchos, la identidad de la animita para la llamada "Niña Hermosa" de la Autopista del Sol (Ruta CH-78), que une Santiago con San Antonio. Su templete popular está en el kilómetro 22 kilómetros de esta autopista, a la altura de Padre Hurtado, sector Malloco, poco antes de aproximarse a Peñaflor en la Provincia de Talagante, de la Región Metropolitana.
Durante la primera década existiendo allí, la imaginación popular fue llenando el vacío de información sobre este sitio y su secreto con diferentes historias, pero siempre involucrando a una muchacha fallecida trágicamente en el lugar. "Ángel de la Carretera", llegó a ser llamada, y no estaban tan perdidos los chismes, después de todo.
Fueron periodistas más sagaces y los propios familiares de la "Niña Hermosa" los que revelaron, finalmente, la identidad y la historia de la muchacha recordada allí, en esa auténtica animita de carreteras que  se ha convertido en una especie de altar popular, en la orilla de la misma autopista que ya se ha cobrado varias otras vidas desde su inauguración como tal, en 1994. Van dos décadas desde la partida de la bella chica aquí recordada, además.
Astrid Alicia Soto Chamorro tenía poco más de 18 años y destacaba por su carisma y enorme belleza, como lo testimonian las varias fotografías que han formado parte de su actual animita. Era una muchacha de rasgos finos, piel muy blanca y de colorina cabellera ondulada. Fue la única hija mujer del matrimonio Julio Soto y Graciela Chamorro, resultando muy popular y admirada en la Población La Bandera, en San Ramón, Comuna en la que su padre llegaría a ser Concejal unos años después de este drama.

domingo, 18 de marzo de 2018

LA LEYENDA DEL "VAMPIRO" EN EL CEMENTERIO DE CALDERA

Coordenadas: 27°04'01.1"S 70°48'52.0"W
Hay varias historias de supuestos vampiros sepultados en los más antiguos cementerios chilenos, combinando tradiciones más locales sobre el asunto con el inevitable influjo de la cultura popular que acoge hasta elementos de la literatura y el cine. Los casos más conocidos quizás sean el de un sepultado en el Cementerio N°1 de Rancagua y otro en el Cementerio Católico de Recoleta, pero hay otros menos divulgados.
En el sector frontal del Cementerio Laico de Caldera, hacia el cruce de avenidas Diego de Almeyda y La Paz, destaca uno de los más viejos mausoleos del camposanto, hecho en carpintería artística sobre rústica albañilería en muros de adobe y entramado interior de caña, pero con líneas de elegante evocación gótica. Está ubicado justo a un lado de otro artístico mausoleo cuya cúpula de bulba debió ser retirada tras el terremoto de 2015, hallándosela hoy cerca del acceso. Su estilo sumado a un estado vetusto y tétrico, quizás hayan fertilizado a la creencia en Caldera de que se trata de la tumba de un peligroso y temido vampiro de fines del siglo XIX o principios del XX.
Cabe recordar que el camposanto del balneario de Caldera, en la Provincia de Copiapó de la Región de Atacama, es considerado el primer cementerio auténticamente laico o lego del Chile republicano, construido por el gobernador Domingo Reyes y Gómez e inaugurado el 20 de septiembre de 1876. Eran los tiempos en que Caldera aún ostentaba la fama de ser uno de los principales puertos mineros de todo este sector del país. Su valor histórico, patrimonial y arquitectónico le valió la declaratoria de Monumento Histórico Nacional, en 1996.
Una gran cantidad de leyendas y tradiciones curiosas se asocian a este cementerio, pequeño comparado con otros del país y de la propia provincia, sin embago. Ya hemos visto, por ejemplo, el caso del Mausoleo del Niño Jesús de Praga y la tumba del sacerdote franciscano Crisógono Sierra y Velásquez, el célebre Padre Negro, a escasos metros de la que acá describimos, o la leyenda de Antonella, una niña fantasma que ronda los pabellones hacia el fondo del recinto.

martes, 13 de marzo de 2018

ALFREDO GÓMEZ MOREL Y SU NOVELA "EL RÍO": LA TRAGEDIA DE LA REDENCIÓN BAJO UNA INELUDIBLE MALA ESTRELLA

Alfredo Gómez Morel, en imagen de la reedición de 1997 de "El Río".
Pocas historias humanas logran ser tan desgraciadas y paradójicas como la del escritor y cronista chileno Alfredo Gómez Morel, un hombre que pareció torcer la mano a un oscuro destino, pero que acabó totalmente dominado por los designios del mismo, de forma implacable, como una maldición inconjurada... Un destino que lo engañó a él y a su entorno, haciéndole creerse redimido ante la vida, pero sólo para volver a caer en el pozo más miserable de la desgracia, en no pudo escapar por más tiempo al asedio de la muerte penosa.
Muchos hombres de esfuerzo y exdelincuentes del Barrio Mapocho que abrazaron la redención, fueron de los pelusitas que buscaban para dar acogida, en sus respectivos proyectos, benefactores de esos años como Polidoro Yáñez Andrade y San Alberto Hurtado, allí en el río de la capital chilena. Y fue Gómez Morel quien proporcionó, quizás, la mejor descripción que podría haberse realizado sobre la forma de vida sórdida y a ratos infrahumana en que se desplazaban estos rapaces y mozalbetes, los "cabros de río" en la jerga del hampa santiaguina.
Gómez Morel fue una de las excepciones en todo este círculo maldito de los bajos fondos capitalinos: primero, porque logró salir de una vida delincuencial y siniestra que parecía haber definido ya su trazado existencia, a diferencia de legendarios hampones de la época como el Cabro Eulalio, el Negro Carlos, el Nimbo, el Veneno y el Rucio Bonito, entre muchos otros que murieron en ella. Y segundo, porque consiguió canalizar el tormento de este lapso de vida sombría hasta las páginas de libros y artículos, que fueron verdaderas revelaciones sobre el mundo del hampa en la sociedad de entonces.
Su gradual introducción al submundo delincuencial, además, mantuvo a Gómez Morel intercambiado espacios de vida entre los islotes o los puentes del río Mapocho y las casas correccionales por las que pasaría a temprana edad, conociendo prematuramente el pandillismo y convirtiendo el delito en su profesión hasta ya adulto. Su cambio, su transfiguración, llegaría cuando ya parecía todo perdido o irreversible, por increíbles circunstancias.

jueves, 8 de marzo de 2018

RECUERDOS PERDIDOS DE CALLE 21 DE MAYO: EL CEMENTERIO COLONIAL DE LOS AJUSTICIADOS Y LOS DESPOSEÍDOS Y LA CAPILLA DE LA CARIDAD

Capilla de la Caridad, probablemente hacia en 1900. Fuente imagen: "Catástrofes de Chile: álbum de prensa de antaño", de Carlos Lanza Lazcano.
Coordenadas: 33°26'07.2"S 70°39'00.1"W
Hace un mes, publiqué acá algo sobre el enorme e insalubre Basural de Santo Domingo, que existió a espaldas del convento del mismo nombre en la capital chilena y cuya inmundicia llegó hasta casi una cuadra y media de distancia de la Plaza Real o Plaza de Armas de Santiago de Chile, durante gran parte de la época colonial.
El terreno principal que antaño ocuparon estos desperdicios en la ribera del río Mapocho, fue utilizado después para instalar el Mercado de Abastos y, actualmente, por el Mercado Central. Sin embargo, casi en las puertas de los basurales del gran vertedero colonial, por la actual calle 21 de Mayo, existió alguna vez también un pequeño cementerio para los desposeídos y los ajusticiados, con una capilla religiosa de singulares características. Nada queda de ellos a la vista, en nuestros días; ni siquiera algo que allí las recuerde.
A la sazón, calle 21 de Mayo era llamada peyorativamente como la Calle que va al Basural o, más sencillamente, la Calle del Basural, ya que había en ella parte de la mala fama del infeccioso botadero al que se llegaba con sólo unos pasos por la misma vía. Antes, se le había llamado Calle del Contador Azócar o simplemente Calle de Azócar, por la residencia que tenía en ella hacia 1616, el distinguido vecino Antonio de Azócar.
Posteriormente, en una plazoleta (ubicada en el lugar en donde estaría después el cementerio y la capilla de nuestra atención) y en locales situados en la estrechez de la vía por el lado de los contrafuertes del templo de Santo Domingo, se establecieron las primeras ventas formales de pescado y marisco en la ciudad de Santiago, razón por la que pasó a ser ahora la Calle de la Pescadería, nombre que le dio espontáneamente el pueblo. Hasta entonces, había sido motejada también como la Calle Atravesada de Santo Domingo o la Atravesada de los Domínicos, entre otros efímeros nombres.

martes, 6 de marzo de 2018

ADIÓS AL MAGO PALITO: HA MUERTO LA MAGIA EN LA PLAZA ARMAS DE SANTIAGO

El Mago Palito en su lugar junto a la Plaza de Armas, entrevistado por Leslie Aguirre en 2008. Fuente imagen base: Vellocino.wordpress.com.
Coordenadas: 33°26'17.0"S 70°39'04.3"W (lugar en donde se ubicaba)
Está a la vista que, tristemente, se nos acaban los personajes urbanos del centro de Santiago, uno a uno. En un breve tramo de años, se han marchado -entre otros- el estimado Rambo suplementero, el inolvidable Gloria al Pulento, el extravagante y misterioso Divino Anticristo... Hoy le tocó al veterano Mago Palito, sempiterno y tradicional juglar de Ahumada, Estado y la Plaza de Armas, a los 80 años de existencia.
No transcurrirá mucho para que llegue el día en que todos aquellos queridos sujetos que fueron parte del paisaje céntrico de Santiago, pasarán a ser sólo recuerdos de generaciones envejecidas, cosas de viejos, como si nunca hubiesen existido. Y es que sólo quien los conoció puede notar sus ausencias, por desgracia. En el caso de nuestro mago callejero, su falta hará ahí a un lado de la Plaza de Armas, enfrente del Palacio Arzobispal, el mismo sitio que tantos años atrás ocupaba el escritor Luis Cornejo para vender sus propios libros de contenido social, cristalizándose en otro de los personajes de la ciudad que han dejado vacíos perpetuos tras sus respectivas partidas.
Su nombre real era René Álvarez, pero la gente le llamaba cariñosamente Mago Palito, aunque él prefería lo de Palito Show para definir sus presentaciones, mote que se podía prestar acaso para ciertas confusiones, ya que el humorista Miguel Servando González, el alguna vez célebre comediante tras el personaje del Chinito Wong, también usó ese apodo hasta su muerte, en 2013.
Sus presentaciones comenzaron muy joven, según comentaba él a los curiosos: tras terminar la enseñaza secundaria y empezar con experiencias de vendedor ambulante, pero habiendo quedado encantado con los shows de los circos desde niño y siempre esperanzando en participar de alguna forma en ese mismo colorido y actividad, aferrándose para ello a la magia. Por eso había algo de circense en él; algo de payaso, inclusive.

domingo, 4 de marzo de 2018

"COCTELERÍA CRIOLLA / CHILEAN DRINKS": LA PRIMERA GUÍA DE TRAGOS CHILENOS

Reconozco que pasé años esperando la publicación de un trabajo como éste, dedicado a la coctelería popular y la "no oficial" de las barras chilenas, esfuerzo que sólo al anunciarse anticipaba, desde ya, una gran cantidad de trabajo y de agotadora dedicación a la que pocos investigadores quizás estén dispuestos, más allá de lo anecdótico y lo simpático para uno que otro artículo editorial en revistas, internet o prensa. Daba flojera hasta pensarlo, si hablamos con franqueza.
La demanda y la deuda con este tema, sin embargo, fue complacida hace pocos meses por la voluntad de la joven periodista Camila Sáez Ibáñez, gestora, directora e investigadora del proyecto que condujo a la publicación de "Coctelería Criolla / Chilean Drinks", subtitulado con justicia como "La primera guía de tragos chilenos"... Y más auténticamente chilenos, agregaríamos de nuestra parte, enfatizando el rasgo popular de los mismos. Por esta razón, Dióscoro Rojas, el Gran Guaripola Guachaca, no tuvo pelos en la lengua para definirlo elogiosamente, de la siguiente manera:
"Este libro, en un acto de justicia, compendia gran parte de la alquimia coctelera de nuestro pueblo, y saca lustre a estas expresiones, prácticas y sentimientos que nos definen mesa a mesa, y brindis a brindis", el ser chilenos".
Lanzado en Santiago en el famoso "Café Torres" de la Alameda, en diciembre de 2017, la guía cuenta con apoyo financiero del Fondo Nacional de Desarrollo Cultural y las Artes (FONDART), del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes, y corresponde a una versión bilingüe, con sello de Montacerdos Editorial. En el proyecto, participaron junto a Camila, en edición, investigación y redacción, su esposo Pablo Durán Vallejos, y en diseño, diagramación y edición digital su amiga y colaboradora María Verónica Boudon Maydl.

viernes, 2 de marzo de 2018

EL ALMUD CHILOTE: UNA RELIQUIA CULTURAL EN PLENA VIGENCIA

Almudes con diferentes productos. Fuente imagen: Fotolog d4n13l4_r4.
Cada vez que visito Chiloé, en la Región de los Lagos en Chile, "descubro" algo nuevo sobre los curiosos almudes, esos curiosos y rústicos cajoncitos de madera para medidas de productos a la venta en ferias abiertas y mercados del archipiélago, tan intrigantes para quien no los conozca. En todo puesto tradicional de venta de hortalizas, papas, legumbres, harinas, manzanas e incluso carbón o mariscos (navajuelas, huepos y ostras), habrá uno de estos al pie de canastos y mesas de los locatarios, o colmados de los productos a la vista del cliente, como exhibidores.
Extrañamente, sin embargo, nunca he fotografiado almudes en las ocasiones que los tuve ante mí, así que, en este verano, tuve que pedir a mi amigo Víctor Cherubini el favor de tomarle por mí algunas imágenes mientras viajaba por la isla, mismas que publico con otras que saqué de internet en esta entrada, con los correspondientes agradecimientos a su generosidad.
El almud es un sólido símbolo de las tradiciones culturales más antiguas de Chiloé, y no cabe duda de que constituye otro de sus innumerables rasgos de identidad tan propia, tan chilota. A su vez, es vestigio de la línea cultural hispánica bajo influjo árabe que tanta importancia tuvo para el mismo archipiélago, en plena vigencia y uso. Su arraigado empleo proviene de esos tiempos coloniales a los que la comunidad chilota se resistía a renunciar en plenas guerras de Independencia, colocándose del lado de los realistas y acogiendo al último bastión español en su territorio.
Para sintetizar, el allmud es un instrumento en forma de caja pequeña de madera con un "fondo" interior que permite, por un lado del cajón, que se pueda cargar una medida y por el otro su mitad. Su nombre proviene de la antigua expresión árabe al-múdd o al-mood, que se asignaba a la mensura de áridos y líquidos, aunque hay quienes ven una relación anterior con los modium o medidas usadas en Roma, equivalente a unos 9 litros cada una. Se sabe que su origen es medieval, y equivalía en la localidad de Navarra a 1/16 parte de la medida llamada robo (28,13 litros, u ocho celemines).

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