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sábado, 1 de diciembre de 2018

SE NOS VA "LA HIGUERA" DE MAIPÚ: OTRA CRÓNICA PARA EL PANEGÍRICO DE SANTIAGO

La entrada al local, poco después del Bicentenario.
Coordenadas: 33°30'32.98"S 70°45'30.69"W
Tendré que concluir esta larga temporada de publicaciones desde mi Santiago querido y antes de iniciar nuevos periplos de viajes, con una entrada que nunca hubiese querido existiera en este blog: sobre el cierre ya inminente e irremediable del bar y restaurante "La Higuera", una de las últimas y auténticas picadas tradicionales que quedan en la capital chilena.
Ya me había referido a "La Higuera" años atrás, a propósito del ciclo de guías con buenos tragos terremotos de la ciudad. Nada hacía avizorar, por entonces, que el quizá más folklórico y criollo boliche de Maipú, que aún conservaba sus aires de vieja cantina pueblerina y quinta de recreo, iba a desaparecer víctima de los mismos cambios de paisaje urbano y desarrollo que no hace mucho se llevaron también al antiguo inmueble de la casa funeraria "La Univer", no muy lejos de aquí, víctima de las adaptaciones forzadas de la ciudad para la calamidad del Transantiago.
El histórico centro culinario y recreativo de calle Chacabuco 84, cerca del cruce con Monumento en el sector central de Maipú y a pasos de la Plaza de Armas, de la Municipalidad y del Templo Votivo, se empinaba ya por los 76 años de existencia, abriendo todos los días de la semana y hasta horas de la madrugada cuando hay ambiente. Por eso aparece mencionado, por ejemplo, en el libro "Brochazos de un maipucino antiguo", de Guido Silva Valenzuela.
"La Higuera" nació en 1942, como un negocito de los antiguos que hubo en Maipú, cuando su conexión con el resto de Santiago era por el casi rural Camino de los Pajaritos, hoy avenida, además de las vías férreas más al Sur. Su fundador fue don José Castro, aunque con ayuda de su amada esposa Luisa, la recordada doña Luchita. Ambos están retratados en una imagen conmemorativa dentro del local, en los muros del sector techado al fondo, y en una ilustración en el sector de enfrente, en los comedores.

domingo, 25 de noviembre de 2018

RETRATOS HISTÓRICOS DE LOS VENDEDORES AMBULANTES Y COMERCIANTES CALLEJEROS DEL CHILE QUE YA NO EXISTE

"Vendedores en las calles", del "Atlas de la historia física y política de Chile" de Claudio Gay, publicado en París en 1854. De izquierda a derecha: heladero, brevero (vendedor de higos y brevas), velero (vendedor de velas), dulcero (vendedor de golosinas y dulces) y lechero.
Quiero tomarme un respiro con los textos más extensos y publicar algo ligero en esta ocasión, dedicado a los clásicos vendedores y personajes del comercio callejero más clásico de Santiago: esos con características de pregoneros que existieron durante la Colonia, gran parte de la República y que recién en el siglo pasado comenzaron a desaparecer irremediablemente, aplastados por la realidad de los tiempos siempre cambiantes.
Por algunos períodos de la historia, la única forma de proveerse de algunos productos fue a través de esta clase de vendedores al detalle. La concentración de los mismos en algunos puntos específicos de cada ciudad o pueblo, fue lo que dio origen a las respectivas ferias o mercados de los mismos, en varias ocasiones. También tenían alguna clase de convivencia conflictiva y nunca bien resuelta con la autoridad: históricamente, lidiaron con restricciones y prohibiciones, en algunos casos con períodos de persecución y en otros de vista gorda, tolerancia esta última que se debía al hecho de que sus ventas terminaban siendo necesarias para el abastecimiento del pueblo.
Muchos cronistas del siglo XIX dejaron retratos interesantes (textuales y gráficos) sobre aquellos personajes que eran comunes en las calles de Chile en aquellos años: Claudio Gay, Recaredo Santos Tornero, Melton Prior, entre otros. Sus observaciones y sus ilustraciones han permitido ahorrarle imprecisiones a la imaginación y ver con mayor ajuste el aspecto, la estampa, la indumentaria y los caballos o mulas de aquellos pregoneros antiguos del país. Dejamos de lado, sin embargo, a otros personajes que estuvieron en la misma relación de la vida urbana y callejera, como los serenos, los pregoneros de anuncios públicos o los cataneros de vigilancia policial, pues no tenían una orientación comercial en su quehacer.
Cabe notar que, entre los comerciantes ambulantes de antaño, había un grupo estable y permanente, casi infaltable, cuyos productos muchas veces compartían el mismo canasto o "cuna" de mimbre: los vendedores de huevos duros, pan amasado, de tortillas de rescoldo y pequenes, eran un buen ejemplo de ellos, sobrevivientes todavía hacia los años setenta. Lo más parecido a los mismos en nuestros días, quizá sean los vendedores de sánguches, de desayunos o de bocadillos en estaciones, terminales de buses y lugares al paso de viajeros y trabajadores. Del mismo modo, el antiguo dulcero o vendedor de golosinas confitadas y pequeños pastelitos para niños, puede tener una línea histórica con el rol de las actuales palomitas o vendedoras de dulces típicos chilenos.

martes, 20 de noviembre de 2018

LA CAPILLA DEL SAGRADO CORAZÓN Y LA PLAZA DE LOS ARTESANOS DEL 900 EN EL BARRIO SANTA ISABEL

La Capilla del Sagrado Corazón en la Plaza Artesanos del 900. Imagen publicada por Consuelo A. Christen (U. Diego Portales) en informe "Práctica en Oficina: Subdirección de Patrimonio-Serplan - I. Municipalidad de Santiago".
Coordenadas: 33°26'50.0"S 70°38'17.8"W
En la manzana capitalina ubicada entre las calles Portugal (ex De la Ollería y luego De la Maestranza), Santa Victoria (ex Infante), Marín y el callejón corto de Angamos (ex San Martín), en pleno barrio Santa Isabel de Santiago Centro, estuvieron ubicados por largo tiempo los claustros conventuales del la antigua Congregación del Sagrado Corazón de Santa Magdalena Sofía Barat, conocidas como las Madres de los Sagrados Corazones, lugar de la primera Escuela Normal del país.
Del antiguo internado de las monjas, aún sobrevive el estupendo edificio decimonónico de la casa central, ocupado por la sede de la Universidad Mayor (Facultad El Claustro). En estos pasillos y cuartos vivieron importantes religiosas de la época, como la fundadora de la orden en Chile-, la enérgica madre francesa Ana du Rousier (quien dirigió el trazado del edificio y sus patios), la que había llegado a Chile con sus hermanas de congregación la inglesa Mary Mac Nally y la italiana Antonieta Pissorno, hacia 1853. Su iniciativa fue la que trajo a América Latina a las hermanas del Sagrado Corazón a partir de este complejo, además.
Otras célebres monjas residentes en este complejo destacaron en años posteriores, como Sor Juana Fernández Solar, luego Santa Teresa de los Andes. La orden también tuvo un colegio de alumnos externos o Externado, en el sector de la Alameda de las Delicias a partir de 1885, más o menos en donde ahora está la Torre Entel.
Dos edificios de nuestra época ocupan lo que eran los jardines del conjunto, hacia la avenida Portugal, además de un fragmento de los antiguos tajamares coloniales del río Mapocho que allí fue ubicado. A espaldas de los ex claustros, en cambio, creció sobre los patios y huertos del convento, una pintoresca y pulcra villa obrera llamada Claustro del 900, distribuida entre las calles Turquesas, Amatista, Malaquita y Diamantes. Es al final de ella que está la plaza y la capilla de nuestro interés en esta entrada.

domingo, 4 de noviembre de 2018

EL TEATRO ROMA: DÍAS IMPERIALES DE LA CALLE SAN DIEGO

El Teatro Roma se presenta gallardo al público de calle San Diego, en imagen tomada desde la altura del vecino Teatro Cariola hacia los años setenta. Fotografía de los Archivos del Comité de Desarrollo Barrio Arturo Prat - San Diego. Se observan enfrente, entre muchas otras cosas, las instalaciones de las tiendas de moda Enrique Guendelman, ya desaparecidas.
Coordenadas :33°26'52.6"S 70°39'03.0"W
El cartel de lectura vertical del Teatro Roma ya es casi un elemento legendario en la arqueología urbana de calle San Diego y los restos vestigiales de toda la ciudad de Santiago. Ubicado encima del célebre bar "Las Tejas", sobrevive hablando en silencio: recordando escenas del pasado original que tuvo el salón de esta popular cantina, con su escenario y balcón de galerías para grandes encuentros artísticos que han vuelto a celebrarse allí en "el palacio del terremoto".
El Teatro Roma nació del impulso que tuvo la calle San Diego con la llegada de proyectos de salas como el vecino Teatro SATCH, rebautizado Teatro Cariola. Antes aún de concluido este último, la sala del Roma se estaba construyendo para la misma oferta de candilejas, por lo que tanto éste como el Cariola fueron inaugurados en el mismo período, cuando la avenida era una boyante concentración de actividad nocturna, bohemia y artística, aunque con todos los claroscuros que implica tal fama.
Así, exactamente al lado del Cariola en la cuadra entre calles Tarapacá y Eleuterio Ramírez, el Teatro Roma surgió con un proyecto inmobiliario que dio origen al pequeño Edificio Roma, de sólo 4 niveles, en cuyos bajos y zócalo llegó a alojarse la sala, exactamente en la dirección de San Diego 236. Fue presentado al público como uno teatro elegantísimo y con todas las comodidades para un centro de este tipo en la época, publicitándose mucho el que fuera "el único teatro de Chile que cuenta con una pasarela de cristal iluminada, al estilo de los grandes teatro revisteriles del mundo".
Aunque su nombre evocaba a los circos de muchedumbres de la Roma Imperial, su orientación era desde el inicio hacia el teatro frívolo, de humor y las compañías de revistas, pasando por su escenario importantes figuras de la época dorada del espectáculo popular chileno. Con aforo para hasta unas 2.000 personas, sin embargo, su show era más recatado que otras ofertas de la ciudad, elaborado con un perfil más familiar y menos escandaloso que el disponible en otras carteleras, o al menos eso era lo que prometía.

martes, 30 de octubre de 2018

EL CASO DEL MONSTRUO DE CARRASCAL: UN VERDADERO "VIEJO DEL SACO" EN LA CRIMINOLOGÍA CHILENA

El universal mito del Viejo u Hombre del Saco, tuvo un caso real en Chile...
Coordenadas: 33°24'57.3"S 70°42'18.8"W (lugar del crimen)
Muchos niños caídos en la vagancia y en una situación extrema de vulnerabilidades en el viejo barrio de los mercados del Mapocho, no alcanzaron a ser acogidos por algún brazo protector como los que ofrecieron instituciones benéficas y filántropos, entre ellos Polidoro Yáñez Andrade y, con más éxito, el Padre Alberto Hurtado Cruchaga y su Hogar de Cristo. Penosamente, gran parte de estos niños seducidos o empujados a una vida miserable arriba y abajo de los puentes, provenían del sector más al poniente de Santiago, desde los oscuros secretos que se esconden entre callejones peligrosos, de esforzados vecindarios colonizados por las clases populares.
Ha sido en las riberas mapochinas donde, coincidentemente, se había gestado la aparición de importantes personajes populares recurridos por madres desesperadas de distintas épocas, para motivar con el miedo a los niños porfiados de comerse su cena, no callejear o sólo portarse bien, bajo amenaza de su llegada a la casa en caso de que desobedezcan. Así, si en tiempos coloniales se le podía adjudicar el cargo de verdugo castigador de niños al propio Corregidor Luis Manuel de Zañartu (célebre por su endemoniado mal carácter e implacable afán de provocar escarmiento), en el siglo XIX fue don Paco, el encargado de la vigilancia de los puestos de la plaza del Mercado de Abasto (hoy Mercado Central) y posible gestor involuntario del apodo con el que conocemos hasta ahora a las fuerzas uniformadas de orden, bien sean los carabineros en las calles o de gendarmes en los recintos penitenciarios.
Sin embargo, otro recurrido y aún medianamente vigente en el imaginario de los refuerzos negativos para la educación familiar, si bien tiene un vínculo indirecto con la vida en las riberas mapochinas, se relaciona con un episodio nada pintoresco y, por el contrario, sangrientamente trágico ocurrido en Carrascal: un infanticidio que horrorizó a la sociedad chilena de aquellos años.
Nos referimos al famoso Viejo del Saco, una popular leyenda que, aunque puede ser de origen hispánico (el Hombre del Costal o el Viejo de la Bolsa) y existe también en varios países de América (como el Ropavejero mexicano, que muchos conocimos gracias al programa humorístico "El Chavo del 8" a través del personaje encarnado por el comediante Ramón Valdés), en Chile tuvo una terrorífica correlación real que ayudó a difundir con mayor potencia traumática el mito, haciéndolo sobrevivir incluso hasta nuestros días y en franca competencia con el más internacional cuco o coco.

viernes, 26 de octubre de 2018

EL CABARET ZEPPELIN: EL LARGO VUELO DE UN DIRIGIBLE QUE NUNCA SALIÓ DE TIERRA

Publicidad del Zeppelin para sus eventos de Año Nuevo de 1956.
Coordenadas: 33°26'01.3"S 70°39'11.8"W (antigua ubicación)
El llamado "barrio chino" de calle Bandera, con su corazón bohemio y nocherniego en la cuadra del 800, alguna vez fue iluminado por clubes, dancings y restaurantes con orquestas de amanecida. Ya hemos hablado en este blog de aquel intenso trajín que incluyó legendarios locales como el Teutonia, el Hércules, La Antoñana, El Patio Criollo, El Jote, El Far West, La Estrella de Chile, El Ciclista, el American Bar, El Valparaíso y tantos otros ya desaparecidos.
Entre ellos, el cabaret Zeppelin fue uno de los primeros establecimientos en instalarse y fue también uno de los últimos en partir, dejando una huella que le agradecerá por la eternidad misma esta ciudad al empresario de diversiones y espectáculos Humberto Tobar. Ubicado en Bandera 856 junto al ex Hotel Bandera y casi enfrente de la calle Aillavilú, el cabaret fue el precursor de este género de negocios en Santiago, popularizado especialmente en las noches de los años cuarenta a cincuenta.
El Zeppelin tenía un fuerte brillo propio, con sus seductores lemas promocionales como "donde la noche es corta" y "Un paraíso bajo las estrellas". Fue, esencialmente, un restaurante de día y un cabaret con bailables de noche, que aspiró al buen pelo social y pasó a la historia como el antecesor de los establecimientos tipo night clubs y cafés topless que aparecerán en la ciudad de entonces. Puede haber sido, inclusive, el más importante de todos los clubes y restaurantes populares de Santiago, en su mejor tiempo.
El Zeppe, como le llamaban muchos de sus comensales, había sido fundado en 1926 por don Carlos Simón, el mismo dueño del restaurante La Cabaña, que también fue un atractivo para escritores e intelectuales en su momento. El nombre se debía a la tecnología de vuelos en dirigibles, aparatos que estaba en su apogeo en aquellos años. Según el peruano Luis Alberto Sánchez, que parece haberlo conocido bastante bien, este zeppelín de tierra fue concebido "para gente de bronce y marfil".

martes, 16 de octubre de 2018

CRÓNICAS DE LA AVENIDA FERMÍN VIVACETA

Imagen de los murallones del convento de Las Rosas en Vivaceta desde la esquina con Comandante Canales, a espaldas del templo del Buen Pastor (los campanarios se ven al fondo), en los años cuarenta. Imagen publicada por revista "Zig-Zag".
Coordenadas:  33°25'47.30"S 70°39'37.98"W (inicio) / 33°23'09.6"S 70°40'46.2"W (fin)
Hace poco publiqué acá una entrada dedicada enteramente al famoso lupanar y centro de eventos de la tía Carlina en avenida Fermín Vivaceta, en Independencia, legendario lugar de las noches de un Santiago ya extinto, para alegría de unos y para lamento de otros.
Sin embargo, el caso del inolvidable club fue sólo uno de los ejemplos de la extensa historia popular que ha arrastrado desde sus inicios la avenida Vivaceta y sus barrios de escondrijos, sector de la capital chilena nacido como el alguna vez infame Callejón de Las Hornillas, en los tiempos coloniales, devenido después en un barrio obrero de residencias modestas, típicas de las clases trabajadoras de algún período del país. Tanto con el nombre de Las Hornillas como Vivaceta, la avenida aparecía mencionada en varias cuecas urbanas y centrinas, pues siempre tuvo cierta seducción para los cultores del folklore y su público.
Con sus cerca de 6 kilómetros de longitud, desde la bajada del Puente Manuel Rodríguez en el río Mapocho, comuna de Independencia, hasta su empalme con avenida Independencia a la altura de Zapadores, ya en la comuna de Conchalí, Vivaceta es un trazo urbano de carácter rotundo, a pesar de sus mutaciones imparables. Sus barrios con el encanto de lo sencillo se comparten con templos parroquiales en toda esta longitud. Y entre uno y otro: prostíbulos, restaurantes, botillerías, plazas, moteles, escuelas, algunos de sus últimos cités, etc.
Lo que hoy es Vivaceta fue alguna vez, la periferia de la periferia de Santiago, además: el extremo arrabalero y menos urbano de los barrios de La Chimba, al otro lado del río Mapocho, ubicada al poniente de La Cañadilla, después llamada avenida Independencia. Muy lejos de este rasgo original, Vivaceta sigue experimentando la transformación que también dejará atrás sus actuales características, como puede apreciarse con sólo una visita.

martes, 9 de octubre de 2018

LOS ANTIGUOS CALABOZOS COLONIALES DEL EDIFICIO DE LA MUNICIPALIDAD DE SANTIAGO

Los excalabozos antes de completarse la remodelación. Fuente imagen: "La Tercera".
Coordenadas: 33°26'13.6"S 70°39'01.5"W
Se ha notado quizá que no he viajado mucho en estos meses y que, por lo mismo, he vuelto un poco al espíritu original de este blog, más recopilador y menos nómada. Por la misma razón, he reservado para esta entrada algo más profundo, sobre una historia que tenía pendiente desde hace mucho: los restos de los calabozos coloniales en los subterráneos del Edificio Consistorial de la Plaza de Armas, sede de la Ilustre Municipalidad de Santiago. Forman parte de la declaratoria de Monumento Histórico Nacional de 1976, además, por abarcar ésta a todo el inmueble.
Pocos conocidas y muy inadvertidas por el público, estas sencillas galerías de rústico acabado con pasillos abovedados, se distribuyen en 172 metros cuadrados por el subsuelo del edificio, con entrada a un costado del zócalo del mismo, de frente a la plaza en calle Catedral-Monjitas. Corresponden a los espacios en donde estuvo la antigua cárcel colonial de Santiago, lugar de detenciones, penitencias y espera de ejecuciones para los condenados al cadalso, que se encontraba al centro de la plaza.
No es mi aspiración hacer acá un recuento general de la historia de la Cárcel Pública del Santiago Colonial, pero sí se me hace necesario revisar parte de la misma para comprender cómo se llega a estos pasadizos en los sótanos de la Municipalidad de Santiago y su relación con un sistema penitenciario que comenzó allí para la ciudad, además.
Como se recordará, este espacio perteneció en la Colonia a las sedes del Cabildo y de la Cárcel Pública, esta última con sus pabellones en el nivel inferior. La primera casa de los cabildantes fue construida allí a partir de 1578, sobre los terrenos legados por el ya fallecido Conquistador Pedro de Valdivia, cuya estatua ecuestre se halla hoy justo enfrente, el vértice de la plaza.

viernes, 5 de octubre de 2018

EL EDIFICIO COMUNIDAD MONEDA-AGUSTINAS Y SU ASOMBROSA GALERÍA COMERCIAL SECRETA

El Edificio Comunidad Moneda-Agustinas, esquina de Agustinas con Ahumada, años ochenta. Imagen publicada en "Arquitectura y modernidad en Chile / 1925-1965. Una realidad múltiple", de Eliash y Moreno.
Coordenadas: 33°26'28.5"S 70°39'00.2"W
Ya es casi una leyenda en el sector de calle Matías Cousiño: una gran galería comercial escondida dentro de uno de los edificios que dan forma a este céntrico pasaje de Santiago. Prácticamente, nada afuera del mismo hace sospechar de su existencia, por lo que su presencia allí se ha convertido en una suerte de secreto iniciático, de los buenos conocedores del barrio. Galería y edificio están en su aniversario octogenario, este año, además.
El inmueble del que hablamos es el Edificio Comunidad Moneda-Agustinas, situado en la cuadra entre las calles Moneda, Agustinas y Matías Cousiño, ocupando la mayor parte de la misma manzana, incluso hasta la esquina de Ahumada con Agustinas. El resto del rectángulo de la cuadra lo forman los edificios del lado de la peatonal Ahumada, incluyendo el que acogió en sus sótanos al clásico club "Waldorf" y luego a los entretenimientos "Diana".
En sus pisos se encuentran oficinas privadas, oficinas de organismos públicos, centros dentales, locales de belleza, casas de abogados, etc. En los bajos exteriores del inmueble, en tanto, los locales comerciales se dispersan por todo el zócalo del edificio contorneado por una larga cornisa tipo alero, con las más variadas propuestas que incluyen actualmente bares, restaurantes, librerías, cafés, un centro de apuestas hípicas, oficinas bancarias, centros comerciales, casas de modas, notarías y el estacionamiento de motocicletas tradicionalmente alineadas frente al pasaje Ramón Nieto, en Matías Cousiño.
Los señalados locales comerciales del primer nivel y los accesos, están distribuidos por los números 946 a 996 de Agustinas, 102 a 192 en Matías Cousiño, 951 a 973 en Moneda y 183 a 199 en Ahumada, incluyendo entre estos últimos uno en donde estuvo alguna vez el famoso centro de entretenimientos eléctricos "Games Center". Además, por el pasaje de acceso al edificio por la dirección de Agustinas 972 y Moneda 973, existe también otro par dd  grupos de pequeños locales comerciales que anteceden el vestíbulo y la recepción.

martes, 2 de octubre de 2018

LA ESTATUA ECUESTRE DE PEDRO DE VALDIVIA EN LA PLAZA DE ARMAS: OTRO MONUMENTO QUE "CAMINÓ" POR LA CAPITAL CHILENA

La escultura ecuestre de Valdivia en la Plaza de Armas, hacia 1970, con su antigua posición mirando hacia el oriente. Imagen perteneciente al Archivo Fotográfico y Digital de Fondo Sala Medina, Biblioteca Nacional. Fuente imagen: Memoriachilena. cl.

Coordenadas: 33°26'14.5"S 70°39'00.4"W

Ya he comentado algunas veces acá, sobre esa curiosa costumbre nacional de hacer "caminar" las estatuas y los monumentos, cambiándolos constantemente de lugar o de posición por razones siempre relacionadas con el afán de alterar nuestro espacio urbano, a veces para bien y no pocas para mal. Algunas efigies y piezas conmemorativas o históricas han peregrinado por tantos lugares que llega a ser un desafío seguir el hilo a tal ruta, como la famosa Llama de la Libertad o la Fuente Colonial del Palacio de la Moneda.

Un caso con la señalada característica, es el de la maciza y enorme estatua ecuestre del conquistador y fundador de la ciudad hispana de la capital chilena, don Pedro de Valdivia, en la Plaza de Armas de Santiago, justo enfrente del edificio de la Municipalidad. Reúne ambas características que lo han hecho "caminar": primero, éste no era el lugar de su ubicación original, y segundo, su posición tampoco es la misma con la que llegó a alojarse justo en aquella esquina de la plaza, en Catedral-Monjitas con Estado. También tuvo un breve traslado hacia otro punto de la plaza, durante la gran última remodelación de este sitio.

La enorme estatua es uno de los monumentos más importantes y fáciles de identificar de Santiago, además de un reconocimiento tácito a los orígenes hispánicos de la sociedad colonial chilena. Por esto último, hay quienes no pueden evitar ver en la obra esas connotaciones negativas y contradictorias relacionadas con el proceso de la Conquista. Casi no parece casual que la escultura indigenista en la misma Plaza de Armas, el Monumento a los Pueblos Indígenas de Enrique Villalobos, halla sido ubicada en 1992 justo en la esquina diametralmente opuesta a la de Valdivia, como evitando toda proximidad entre ambas y estableciéndolas en los polos más opuestos de la manzana.

Cosas muy reales y cotidianas suceden en torno al monumento, actualmente. Esa parte fundacional de la historia citadina que representa, convive también con rasgos varios de la misma urbe, incluyendo su decadencia. Así pues, la conmemoración monumental y sus símbolos, comparten espacio con el turismo, el comercio, los predicadores, los inmigrantes, los niños jugando, perros callejeros, las parejas que lo eligen como lugar de encuentro, la prostitución diurna, el discreto narcotráfico, los jubilados, etc. Pocas cosas acaban siendo un espejo tan santiaguino como el lugar preciso del Monumento a Pedro de Valdivia, ahí en la plaza.

lunes, 1 de octubre de 2018

LOS TOROS DE MAIPÚ: UNA HISTORIA COMUNAL QUE COMIENZA EN MEDIALUNA Y CONCLUYE EN PISTA DE PATINAJE

Coordenadas: 33°30'33.1"S 70°45'17.9"W
En calle Alberto Llona 1899, enfrente de Chacabuco y al lado de la boyante y activa Plaza de Maipú, en Santiago, está el viejo pasaje con arquerías y explanada de la Municipalidad, en donde funcionan dependencias de la Tesorería Provincial de Maipú, el Departamento Municipal de Eventos con su Salón Auditorio y la Sala de Reuniones del Concejo. Al fondo del mismo, están las escalinatas y portal de acceso al anfiteatro, en donde destacan, en lo alto las dos figuras taurinas que han vigilado por décadas la entrada y salida del público desde este sitio.
Las dos bestias metálicas tenantes, conocidos popularmente como los Toros de Maipú, exhiben su gallarda estampa y musculatura en actitudes bravas, como ostentando su superioridad en un imaginario rebaño bovino. Uno de ellos, a la izquierda, mira hacia el horizonte en forma altiva y desafiante, como buscando un enemigo, mientras que el otro, a la derecha, parece congelado en un instante previo a un ataque, bufando y cabeza gacha listo para embestir.
Tras el portal de acceso en donde se lucen estas figuras, está un viejo anfiteatro municipal (no confundir con el actual, del auditorio), cuyas líneas y circunferencia evocan inmediatamente a una medialuna. No es coincidencia que así sea, como no lo es tampoco que los toros de lidia se encuentren coronando su acceso.
Considerado inmueble de Conservación Histórica, la vida de este sitio se inicia en 1937, cuando el 30 de julio comienza a ser construida allí la Medialuna Municipal de Maipú, en tiempos en que la comuna aún convivía con sus rasgos rurales y de tradiciones más relacionadas con el campo, antes de ser absorbida por el crecimiento urbano de la urbe.

jueves, 27 de septiembre de 2018

EL MONUMENTO AL DOCTOR LUIS CALVO MACKENNA EN EL PARQUE BALMACEDA

Fuente imagen: Scielo.conicyt.cl (artículo "Escultura pública y la cúpula de la Basílica de Lourdes de Santiago" de Enrique Solanich Sotomayor).
Coordenadas: 33°26'04.9"S 70°37'46.4"W
Hay una característica que me gusta mucho entre los monumentos en Chile: no se olvida en ellos a los médicos que han construido parte importante de la historia nacional. En todas las principales ciudades del país encontramos, en efecto, algún busto, placa o monolito recordando a algún célebre facultativo cuya impronta en la semblanza local trata de seguir siendo reverenciada, aunque sea tibiamente, más allá de que sus nombres también sean asignados a los más importantes centros de salud de cada provincia (y que pocos identifiquen de quién se trata, además).
En el Parque Balmaceda de Santiago, a sólo metros del Café Literario y del Puente Racamalac, se encuentra el monumento para uno de los médicos más importantes de la historia galena nacional. Llamado "La Maternidad", de acuerdo a Liisa Flora Voionmaa Tanner en "Escultura pública: del monumento conmemorativo a la escultura urbana, Santiago, 1792-2004", hay quienes lo señalan también como "Madre e Hijo".
La escultura está dedicada al insigne Doctor Luis Calvo Mackenna (1882-1837), reconocido pediatra chileno, impulsor del movimiento higienista en el país y sucesor del prestigioso médico Roberto del Río en la dirección del Hospital de Niños de Matucana, además de ser un destacado dirigente del Patronato de la Infancia y de la Casa de los Huérfanos, que rebautizó Casa Nacional del Niño.
La dedicación de Calvo Mackenna por los infantes daría para un artículo propio y extenso, tal vez alguno para el futuro de este blog, pero se destaca en su inmenso currículo el haber convocado a los médicos pediatras chilenos, en 1922, para formar con ellos la Sociedad Chilena de Pediatría, asumiendo como primer presidente de la misma. Su aporte a la rama médica fue enorme, como se advierte, dejando sentadas las bases para la fundación del centro médico que, en forma póstuma, tomaría su nombre: Hospital de Niños Doctor Luis Calvo Mackenna.

lunes, 24 de septiembre de 2018

LOS 80 AÑOS DE LA GENERACIÓN LITERARIA DEL 38 Y SU EXPOSICIÓN EN LA BIBLIOTECA NACIONAL

Despedida de Santiago del Campo en el restaurante "Da Osvaldo", con los presentes de la Generación del 38 sentados en las escaleras del Portal Fernández Concha, en 1934. Abajo a la izquierda, Julio Molina Müller y a su lado Iván Romero. Sentados en la fila del centro, el segundo a la izquierda es Manuel Salvat Monguillot (organizador del encuentro e hijo del librero Salvat), junto al "Chico" Vega y Santiago del Campo. Arriba, Héctor Barreto y Miguel Serrano. Fuente imagen: sitio oficial de M. Serrano.
Coordenadas: 33°26'31.5"S 70°38'44.7"W
Desde el mes de junio, está montada en la Sala América de la Biblioteca Nacional de Santiago la exposición sobre la Generación Literaria del 38, dedicada a la prolífica camada de escritores chilenos que muchos consideran la mejor de todas las que han tenido nuestras letras nacionales. La muestra permanecerá montada durante todo este período de 2018 en que se celebran los 80 años de la misma generación.
Así es presentada la muestra, en el panel introductorio que recibe a los visitantes de la gran sala central del edificio:
"A 80 años de la Generación del 38, la reflexión respecto de cómo se constituyó y quiénes conformaron este movimiento literario tan importante para nuestro país, vuelve a ser pensada y trabajada.
Hablar hoy de esta Generación nos plantea nuevas interrogantes a discutir. Creer que simplemente fueron escritores quienes de manera aislada y descontextualizada se posicionaron como los representantes de la vida intelectual del país, sería perder de vista la realidad literaria y editorial existente por aquellos años. La Generación del 38 no hubiera podido nacer sin el trabajo de hombres y mujeres al interior de las diversas editoriales; sin la pluma de los ilustradores y grabadistas; sin los espacios que otorgaban las revistas literarias, y sin un contexto político que posicionaba al arte y la cultura como motor de la visa social. Sin duda alguna, el trabajo literario-editorial es el soporte para la conformación de esta Generación literaria.
La Biblioteca Nacional y la Fundación Nicomedes Guzmán los invitan a recorrer esta muestra que propone esta nueva lectura de la Generación del 38, basada en la caracterización de cuatro movimientos literarios y cuatro puentes socio-culturales.

jueves, 13 de septiembre de 2018

LA LAGUNA DEL PARQUE FORESTAL Y SUS ATRACCIONES: EFÍMERA Y YA DESAPARECIDA, PERO NUNCA OLVIDADA

Imagen de una postal de la romántica laguna del Parque Forestal. Se observa su terraza con balaustras, el kiosco artístico y, al fondo, el Palacio de Bellas Artes y parte del obelisco francés obsequiado a Chile para el Centenario.
Coordenadas: 33°26'9.21"S 70°38'27.86"W
Quienes tengan el hábito de transitar a pie por el Parque Forestal de Santiago, específicamente en la manzana verde enfrente del Museo de Bellas Artes, allí en la proximidad del edificio apodado el Castillito (y su café Castillo Forestal), notarán con facilidad que hay un gran cambio de altura o depresión del terreno entre los árboles y senderos ubicados justo a espaldas de la plazoleta del monumento al Primer Centenario de Chile, obsequiado por la colonia francesa en 1910.
Esta característica del terreno existe allí desde los orígenes de Santiago, pero se recuerda especialmente cuando su lugar era ocupado por la Laguna del Parque Forestal, encantador y romántico sitio del pasado de la ciudad que hoy sólo sobrevive en algunas imágenes antiguas de postales y fotografías de la capital chilena.
A pesar de haber desaparecido en tiempos de la Segunda Guerra Mundial, hace más de 70 años, persisten intereses en reponer su elegante presencia en este sitio, pues la suntuosa laguna aportaba una característica que nunca volvió a tener el parque riberano, con la frescura de sus aguas y las belleza de los reflejos del entorno en el barrio sobre ella, incluyendo el Museo Bellas Artes, surgido con el mismo espíritu y en el mismo período que este estanque desaparecido.
La vida de esta laguna fue corta pero intensa, entonces, combinando en su semblanza elementos del romanticismo centenario, del paisajismo francés, de la vida urbana santiaguina de principios del siglo XX, de la recreación, de la navegación en bote y de los grandes festejos bohemios de la época, entre muchos otros aspectos que trataremos de repasar acá.

domingo, 2 de septiembre de 2018

SELECCIONES DE RAÚL MORALES ÁLVAREZ (PARTE IX): "EL POETA QUE VIENE VOLANDO"

Retrato fotográfico del poeta Alberto Rojas Jiménez. Fuente imagen: escritorjorgearturoflores.wordpress.com.
Este texto es parte de una selección de artículos del periodista chileno Raúl Morales Álvarez (ver el anterior acá: "Mató de cinco martillazos al amigo que lo envenenó con el amor que no muestra el rostro"). Fue uno de los últimos escritos del autor y pertenece a un proyecto de la Agrupación Cultural El Funye (ir al Facebook del grupo), exclusivamente dispuesta para los lectores de este blog. Para más información en nuestro blog sobre el poeta Alberto Rojas Jiménez y su trágica muerte, clic aquí.
¿QUÉ DÍA VA HOY POR EL CALENDARIO? EL 25 DE MAYO, NATURALMENTE. Es la fecha nacional de Argentina. He aquí, sin embargo, que no voy a ocuparme para nada del país vecino.
Me preocupa más un suceder distinto, tatuándome el corazón desde más cerca. El 25 de mayo de 1934 murió en Santiago el poeta Alberto Rojas Jiménez, asesinado por una pulmonía fulminante. Ese fue, al menos, el diagnóstico de los médicos que lo atendieron en la Posta Central de la Asistencia Pública. El 25 de mayo del 34, separado del presente por 59 años de distancia, llovió de modo torrencial en nuestro Santiago de todos los extremos.
El cuerpo de Rojas Jiménez fue recogido en el Parque Forestal, ya en estado agónico, sin chaqueta, sin abrigo y sin sombrero, esto es, sin nada para precaverse de la terrible lluvia que terminó por matarlo casi con cariño, empapándolo primero, para luego hacerlo dormir en su húmedo regazo, botado en un recodo cercano al Bellas Artes, sin que el poeta siquiera pudiese despertar.

jueves, 30 de agosto de 2018

DEL INSTITUTO DE HIGIENE AL FUTURO CENTRO CULTURAL DE LA PDI: HISTORIA DE UN EDIFICIO EN LA ENTRADA DE AVENIDA INDEPENDENCIA

El Pabellón de Higiene y Demografía del Instituto de Higiene, hacia 1910, mismo edificio de la dirección Independencia 56. Fotografía de los archivos del Museo Histórico Nacional. Fuente imagen: Memoriachilena.
Coordenadas: 33°25'52.3"S 70°39'13.0"W
Hace un par de años, publiqué acá algo relacionado con el complejo de la Policía de Investigaciones de Chile (PDI) y el Cuartel Borgoño, en la entrada de la avenida Independencia, entre Santa María y General Borgoño, en la ribera Norte del Mapocho en Santiago. Subí la entrada en pleno período de obras de demolición de sus edificios, noticia que había provocado gran molestia. La declaratoria de Monumento Histórico Nacional llegó poco después, aunque (siendo francos) sólo para salvar cascarones, en una situación muy parecida a lo que sucedió también con las ruinas de la Villa San Luis de Las Condes.
El conjunto de edificios pertenecientes a la PDI, sin embargo, ya tenía uno de sus pabellones con dicha declaratoria de Monumento Histórico Nacional, apartado de las picotas de demolición: es el principal de ellos, de cara a la avenida Independencia, en el número 56 de la misma haciendo esquina con Borgoño, en donde está la Plaza Neruda, antes llamada también Plaza Borgoño. Correspondía en sus orígenes al principal pabellón Instituto de Higiene, y con el tiempo pasó a ser el Instituto Superior de la Dirección General de la institución policial.
El edificio data de principios del siglo XX y fue levantado por una gestión del Gobierno de Germán Riesco, pero su origen se relaciona con una revolución sanitaria que venía teniendo lugar en el país y que dejó varias marcas importantes en el barrio riberano chimbero de Santiago.
Para explicar su historia, entonces, debe señalarse que en los barrios de La Chimba sucedían cosas interesantes hacia la proximidad del Centenario de la República, en materias relativas a innovaciones sobre la salud pública y la medicina. Fue en ese contexto que se construyó este edificio del entonces llamado Instituto de Hijiene (ortografía vigente en la época), otro de los principales referentes arquitectónicos del sector, correspondiendo a un inmueble de estilo neoclásico francés de tres pisos, ocupando terrenos ganados al río Mapocho tras la canalización de 1888-1891 y cerca de los que, durante el siglo anterior, habían pertenecido a la controversial Población Ovalle, conocida también como Barrio del Arenal.

martes, 28 de agosto de 2018

EL RENACER DE UN TRÁGICO SITIO: LA EX CAPILLA DE SANTA TERESA, SU MONUMENTO A LAS VÍCTIMAS DEL ALUVIÓN DE 1993 Y EL PARQUE URBANO QUEBRADA DE MACUL

La capilla después del desastre. Fotografía de 1997 publicada en "La Tercera". Las enormes piedras fueron arrastradas por el aluvión, y hoy están en la plaza adyacente.
Coordenadas: 33°30'50.9"S 70°32'54.3"W
Este año, el pasado 3 de mayo, se cumplieron 25 años desde el trágico Aluvión de la Quebrada de Macul de 1993, dramático episodio de la historia de la Región Metropolitana que dejó un saldo de unos 26 muertos, ocho desaparecidos y más de 30 mil damnificados por la avalancha de agua y lodo que, de un momento a otro, cayó sobre las poblaciones y villas que habían crecido a los lados de la quebrada.
Como se recuerda, la inusual lluvia en alta cordillera y en medio de un temporal, derritió las nieves arrastrando gran parte de los terrenos montañosos, y así el aluvión se desplazó por la quebrada hacia el poniente sin encontrar obstáculos, entre otras razones por la deforestación paulatina a la que había sido sometido el lugar. El alud y el torrente llenaron en minutos el trazado de la quebrada y los cauces del Zanjón de la Aguada, el Canal San Carlos, el Canal las Perdices y hasta la Quebrada de Ramón en La Reina, destruyendo más de 300 viviendas a su paso y dañando más de 5.500, principalmente en el sector de los límites de las comunas de La Florida y Peñalolén, en Santiago.
La zona más cruelmente azotada por la tragedia de 1993, fue la extensión de la calle María Angélica hacia la altura de Villa Santa Teresa, vía que corre paralela a la bajada de la Quebrada de Macul. Hoy, el lugar esconde en su verdor las huellas del doloroso episodio que en vivió aquel otoño ya a las puertas del invierno. Son barrios con cierto encanto social, sin embargo: a diferencia de otros intentos por forzar la integración entre sectores socioculturales altos con otros más modestos, acá parece haberse dado connaturalmente esta convivencia, de modo que es posible encontrar grandes casas-quintas con piscinas a sólo pocos metros de residencias humildes pero muy dignamente mantenidas.
A pesar de las pocas huellas del crimen que aún se pueden reconocer, en el cruce de María Angélica con Las Perdices, cerca del puente, se eleva un curioso templito de sencilla fabricación y materialidad, como único testimonio sobreviviente de aquella tarde triste en la precordillera santiaguina. Corresponde a la ex Capilla de Santa Teresa de Jesús, verdadero símbolo de aquel episodio fatídico de la historia de la comuna de La Florida y de toda la ciudad.

viernes, 24 de agosto de 2018

LOS LOCOMÓVILES: ESAS RELIQUIAS DE MOTORES A VAPOR EN LOS VIEJOS CAMPOS CHILENOS

Grabado de locomóvil Horbsby "con aparato para quemar paja" y el respectivo fogonero operador, publicado en el "Correo de la Exposición" del 2 octubre 1875, en Santiago de Chile.
El campo chileno ha cambiado mucho esa imagen poética y más pintoresca que nos dejó la época más romántica de la historia campesina del país, especialmente en la Zona Central. Qué duda cabe: cercos eléctricos sustituyendo las viejas empalizadas con estacas, huasos montando más bicicletas que a caballos en algunas localidades y las tradicionales ruedas de carretas o carretones reducidas ya a adornos de jardines tras ser relevadas por neumáticos de automóviles ocupando los ejes.
Desde aquellos tiempos más idealizados de los campos chilenos es que tenemos, precisamente, interesantes testimonios mecánicos y termodinámica sobrevivientes de la actividad agrícola: los llamados locomóviles, convertidos en sinónimos de motores portátiles e inexactamente motejados a veces como minilocomotoras. Han sobrevivido en todo el país como ejemplos de un curioso y -en su momento- revolucionario producto de la tecnología del siglo XIX y de la ingeniería a vapor basada en los logros del escocés James Watt, con su sistema patentado ya en 1769.
Los locomóviles, entonces, fueron parte del mismo desarrollo tecnológico de motores a vapor que incluyó a las locomotoras y a los primeros tractores, combinando de alguna manera ambos ingenios de la época victoriana, en el marco de la transición entre la Primera y la Segunda Revolución Industrial.
Correspondían a carros que podían desplazarse sin necesidad de vías o rieles, con una estructura o cuerpo que corresponde principalmente a todo un tanque y motor de vapor con ejes, recordándoselos como artefactos que hicieron saltar a la modernidad los quehaceres del mundo campesino, que llevaban arrastrando por siglos las limitaciones de las herramientas y procedimientos tradicionales de la economía rural más conservadora.

viernes, 17 de agosto de 2018

LA LEYENDA DEL CHANCHO CON CHALECO: UN GRACIOSO RECUERDO DE LA GRAN ÉPOCA DE LOS FERROCARRILES EN CHILE

El personaje "antológico" del chancho con chaleco y sus boletos de tren.
Partamos con una advertencia necesaria, aunque nos suene de Perogrullo: en Chile, es común llamar popularmente chaleco a lo que también se conoce como suéteres y jerseis de lana, no sólo a la prenda sin mangas que detenta dicha denominación formal o ténica y que los chilenos prefieren llamar chaleca. Chancho, en cambio, es el uso también popular para referirse al puerco o cerdo, aunque con connotaciones más peyorativas (por ejemplo: la marcha chancho o hacer "una chanchada").
A pesar de la nula relación entre ambos elementos, resulta que los dos se juntan en la curiosa alusión a una imagen o personaje llamado el chancho con chaleco, coincidente con el nombre de uno de los más célebres y tradicionales boliches de recreación y comida típica en la comuna de Maipú, en Santiago. Recurrida antes mucho más que ahora, la referencia al chancho con chaleco tuvo alguna vez dos orientaciones, según entendemos:
  1. Algo extraño e impropio, carente de sentido lógico, parecido a otras comparaciones animalistas como culebra con orejas, zancudo con bototos o perro verde. Se refiere a algo con características, adiciones o haciendo presencias que, no obstante estar ahí, no corresponden a la normalidad y deberían tener lugar, generando una situación irracional o de desubicación total; de anormalidad.
  2. Alguien negativo y hasta cierto punto despreciable, pero que ostenta con una falsa legitimidad o condición de civilidad, careciendo de ella en su fuero interno. Es una suerte de cruce entre la expresión chancho en misa y el lobo con piel de oveja, que señala así a personas de mala intención o vileza que actúan con cierto cinismo y poder frente al hombre débil o las causas justas.

lunes, 13 de agosto de 2018

EL CERRO CHEQUÉN: UNA HISTORIA EN LOS LÍMITES DE LA FLORIDA Y PUENTE ALTO

Coordenadas: 33°33'08.9"S 70°32'48.6"W
Los que viajan hacia el Cajón del Maipo por avenida La Florida y su continuación Camilo Henríquez, seguramente están familiarizados con la visión de un cerro con una gran cruz haciendo guardia del lado oriente, que parece desprenderse del macizo precordillerano de la Sierra de San Ramón para acercarse hacia la autopista. Es el Chequén, que comienza a hacerse visible en la comuna de La Florida pero que, antaño, cuando las alturas de los edificios eran menores, podía ser distinguido prácticamente desde todo este sector al Sur del valle mapochino, ya cerca de los límites con el río Maipo.
Este cerro isla está ubicado en el extremo Sur de la avenida Tobalaba, entre las riberas de los canales San Carlos y Las Perdices. Supongo que su puntilla debe ser la que aparece señalada a veces como Chequencito y Chequencillo en cartografía antigua y mapas coloniales, ya que había un Chequén mayor en el cordón. Su vistosa posición en el llano lo convertía en una referencia importante para los viajeros del pasado, al igual que sucedía con los cercanos cerros Ballena, Las Cabras y el Cerrillo de Las Vizcachas en Puente Alto.
El nombre del Chequén proviene de la denominación nativa chequeñ, dada a un arbusto de los bosques esclerófilos cordilleranos que crecen entre las regiones de Coquimbo y Los Lagos en Chile, correspondiente a la Luma chequen de los científicos.
A pesar de no ser de gran altura, son las características orográficas del Chequén o Chequencillo de antaño las siempre lo hicieron destacar en la geografía valle, sirviendo de referente y punto de orientación: además de su posición relativamente aislada, el cerro alcanza unos 110 metros de altura y 692 metros sobre el nivel del mar, con unos 60 metros entre sus extremos, más otros 60 metros de alturas mucho más bajas en una prolongación de su masa hacia el poniente, desde su vértice Norte, correspondientes a la señalada puntilla que ha dividido históricamente allí las comunas.

miércoles, 8 de agosto de 2018

FERIA CHILOÉ MUJER 2018: EMPRENDIMIENTOS Y VARIEDADES DE PRODUCTOS TÍPICOS, DESDE LA ISLA A PROVIDENCIA

Coordenadas: 33°25'37.3"S 70°37'01.6"W (Sernatur Providencia)
Hoy fue inaugurada la sexta versión de la Feria Chiloé Mujer: Texturas y sabores, del Servicio Nacional de Turismo (Sernatur). El acto inaugural de esta mañana fue encabezado por la Primera Dama, Cecilia Morel, la Subsecretaria de Turismo, Mónica Zalaquett, y la Directora Nacional de Fundación Promoción y Desarrollo de la Mujer (Prodemu), Paola Diez.
La muestra estará abierta y con entrada liberada hasta el próximo sábado 11 del presente mes, en la sede de Sernatur del ex Mercado Modelo de Providencia, en la avenida Providencia 1550, entre Santa Beatriz y Antonio Bellet, justo enfrente de la Iglesia de la Divina Providencia.
Son 79 las mujeres emprendedoras las que vinieron desde diez comunas de Chiloé a exponer este año en los pabellones, con productos típicos e innovadores que abarcan rubros de la artesanía, gastronomía, tejidos y vestuario, talla en madera, cestería, repostería, cervecería, licorería tradicional, yerbatería y cosmética. Debe ser la versión más grande que se ha hecho hasta ahora de la misma feria, además.
Para quien realmente se interesa en aprender y conocer de estas propuestas -puesto por puesto, expositora por expositora-, es recomendable disponer de cerca de una hora como mínimo para la visita a la feria y alcanzar a ver algunos de los talleres en vivo, si es posible. En horas de la tarde, además, sale al público también algún deleite tradicional de la cocinería, para quienes quieran probarlos. Hoy le tocó a un gran fondo de pulmay (curanto en olla), cuya cocción llenó el salón de olores apetitosos de carne, mariscos, chapaleles y milcaos.

sábado, 4 de agosto de 2018

UN PASEO PARA CUENTOS DE NIÑOS Y GRANDES EN LA PLAZA DEL CERRO NAVIDAD DE LAS CONDES

Coordenadas: 33°24'51.79"S 70°35'15.56"W
En la avenida Apoquindo de Las Condes, en Santiago, en el tramo entre las estaciones Alcántara y Escuela Militar del servicio Metro (Línea 1), se encuentra una plaza de formas poco frecuentes en nuestro urbanismo, más bien parecida a parques con paseos montados en cerros islas como el Santa Lucía de Santiago Centro o el Primo de Rivera en Maipú, aunque en este caso concentrado en un terreno de sólo media manzana, aproximadamente.
Llamado formalmente Plaza Navidad o Plaza del Cerro Navidad, verios vecinos y guías urbanas lo identifican también como la Plaza Mustafá Kemal Atatürk, por el monumento y la fuente de aguas dedicada al militar y estadista turco, que fueran instaladas allí en el vértice Sur-oriente del área verde por iniciativa conmemorativa de la comunidad y la embajada de Turquía en Santiago.
La plaza está en un sector cercano a la bajada-subida poniente del paso sobre nivel que hace cruzar a Apoquindo encima de la Circunvalación Américo Vespucio. Está delimitada por dos calles principales: Jean Mermoz, cuyo nombre rinde homenaje al pionero de la aviación francesa acompañada de un monolito propio instalado en esa punta de la cuadra, y Golda Meir, que hasta hace unos años tenía el nombre Mariscal Petain, título controvertido que fue cambiado por el de la ex Primera Ministra de Israel, aunque también de cierta connotación polémica para algunas opiniones.
La singular plaza se extiende hasta calle Las Torcazas formando un ángulo que sigue la forma curva de Jean Mermoz, mientras que por el fondo se cierra con una prolongación peatonal de la calle El Trovador, surgida tras la construcción de las dos torres habitacionales que allí se elevaron hacia 1996.

miércoles, 25 de julio de 2018

TRES GRANDES VENTRÍLOCUOS Y SUS MARIONETAS EN LA HISTORIA DEL ESPECTÁCULO CHILENO (PARTE III): WILDE Y PAQUITO

Wilde y Paquito en sus buenos años. Fuente imagen: Sitio FB de Angel Wilde.
Ya vimos las partes primera y segunda de esta entrada triple dedicada a tres grandes ventrílocuos que han pasado por los escenarios chilenos, respectivamente a Agudiez y Don Pánfilo y luego a Tato Cifuentes y Tatín. Ahora, cerramos con el recientemente fallecido maestro de la ventriloquia, el argentino de nacimiento y chileno por adopción, Wilde y su muñeco Paquito.
En los mismos años en que Agudiez vivía su época de oro en Chile, el 15 de octubre de 1933 nacía en la capital argentina Ángel Torres, que desde temprano orientaría su vida hacia el humor y el canto de tangos, adoptando el pseudónimo de Wilde.
Exestudiante de la Universidad Nacional de La Plata y amante del fútbol, la historia de cómo llegó a la ventriloquia es bastante azarosa, sin embargo. En 1957, Torres iba caminando por la Estación Carlos Pellegrini del ferrocarril subterráneo de Buenos Aires, distraído en la rabia y ensimismado tras un pleito de abogados. En un descuido, resbaló y se accidentó, dañándose seriamente la espalda y debiendo permanecer enyesado por nueve largos meses. Durante este período de recuperación y tratando de superar las dificultades para dormir, comenzó a practicar yoga y a realizar ejercicios de respiración emitiendo sonidos al exhalar sin mover los labios, descubriendo así que tenía virtudes de ventrílocuo.
Ensayando y desarrollando su talento, entonces, decidió comenzar a probar animando y poniendo voz a un muñeco, que compró al hermano de un luchador llamado Caballero Rojo, de los célebres "Titanes del Ring" de Buenos Aires. El muñeco, al que bautizó Paquito, tenía casi la misma edad de Torres: había sido construido en 1932, aunque originalmente era la representación de un anciano llamado Don Paco, al que adaptó y modificó dándole el aspecto juvenil y encantador, de ojos saltones y cejas en alto. De ahí el nombre, además.

TRES GRANDES VENTRÍLOCUOS Y SUS MARIONETAS EN LA HISTORIA DEL ESPECTÁCULO CHILENO (PARTE II): TATO CIFUENTES Y TATÍN

Tato Cifuentes en Argentina en los sesenta, en sus inicios con la marioneta Tatín, en una imagen del sello discográfico que publicaba sus canciones infantiles. Puede verse el aspecto original del muñeco, antes del definitivo de pecas y labios rojos.
En la entrada anterior vimos algo sobre la historia de la ventriloquia en Chile y su primer gran exponente en las candilejas nacionales modernas, el español Agudiez y su muñeco Don Pánfilo. Ahora, en la proximidad del primer aniversario de su fallecimiento en Argentina, nos corresponde esta entrada para el gran Tato y su muñeco Tatín.
Héctor Raúl Cifuentes Lira, más conocido como Tato Cifuentes, nació el 14 de octubre de 1925 en Santiago, al seno del matrimonio del arquitecto Alejandro Cifuentes con doña Teresa Lira. Trabajando en las tablas desde los 15 años, se dice que fue el primer artista fonomímico chileno del que se tiene noticia y se especializó en rutinas de humor, que más tarde derivaron a la comedia y la ventriloquia.
Hombre de inmensa cultura y educación, con conocimientos en música y magia, hincha del Club Deportivo Universidad Católica y alguna vez director de su barra, no se privó de elaborar libretos para niños y para adultos con prolífica creatividad.
Sus inicios en programas radiales tienen lugar en Radio O'Higgins y Radio del Pacífico. Algunos de estos programas fueron "Copucha, el colegial" con las aventuras de un niño travieso, contando con Eduardo de Calixto como libretista. Tenía la astucia de presentar rutinas muy bien adaptadas y sanas para el ambiente familiar, con un personaje infantil de voz aguda posteriormente llamado Tatín, cuya identidad iba a adoptar a futuro su característico muñeco

TRES GRANDES VENTRÍLOCUOS Y SUS MARIONETAS EN LA HISTORIA DEL ESPECTÁCULO CHILENO (PARTE I): AGUDIEZ Y DON PÁNFILO

Emilio Agudiez y "Don Pánfilo", en fotografía de Alfredo Molina La Hitte tomada entre 1929 y 1935 (Fuente imagen: Exposición DIBAM en Metro Santa Lucía, agosto-septiembre 2011).
El arte titiritero reconoce al menos tres principales formas en que tiene lugar su representación: a través de marionetas movidas por cuerdas, a través de los muñecos manipulados directamente a mano y a través de los grandes disfraces o corpóreos representando al personaje. Hay otras variedades, por cierto, como las figuras de sombra o sombras chinescas, los títeres de guantes, de dedos, los de varilla o javaneses, mecánicos y hasta robóticos, pero los más relacionados con los espectáculos suelen ser los principales mencionados.
En la categoría de los títeres de manipulación manual, se encuentran también los muñecos de ventriloquía, los más relacionados con el mundo de las tablas recreativas y los espectáculos de humor general en las candilejas. Los cultores de este bello y antiguo oficio realizan la vocalización de sus muñecos con una disimulada voz que, en el pasado, se creía proveniente de sus estómagos, y de ahí el nombre de ventrílocuos (del latín ventrilocuus, que significa "hablador por el vientre"), generando así diálogos divertidos con el personaje, para entretención del público.
La evidencia arqueológica sitúa a los más viejos ventrílocuos en el Egipto antiguo, apareciendo mencionados también en la Biblia. Empero, el primero del que se recuerda su nombre fue Eurycles de Atenas. A través de la historia humana, entonces, nunca se detuvo la práctica de este arte y fue siendo perfeccionado y profesionalizado durante la Edad Media y la Moderna, llegándonos con toda una tradición y peso histórico hasta nuestros días.
En Chile tenemos aún excelentes artistas ventrílocuos de circo, teatro adulto o diversión infantil. Muchos fueron fueron influidos por artistas extranjeros con propuestas muy novedosas, como el divertido español Memper con su muñeco robot Don Chispas, en los cincuenta; otros fueron más tradicionales y apegados al oficio en su lado más artístico. Aunque muchos aseguran que la ventriloquia ya está en retirada en nuestro país, generaciones más jóvenes producen la calidad de espectáculos como el de la actriz Claudia Candia y su muñeca Albertina, además de otros cultores de la titiritería "a mano", muchos de ellos saltados desde el espectáculo de calle, manteniendo vigente esta maravilloso arte.

lunes, 9 de julio de 2018

LA TÍA CARLINA, EL "BOSSANOVA" Y EL BLUE BALLET: REPASANDO TODA UNA ÉPOCA DE LA REMOLIENDA Y LA BOHEMIA EN VIVACETA

La mítica tía Carlina, hacia principios de la década del setenta, en la única fotografía que se ha conocido de ella de manera pública, hasta ahora. Fuente imagen: diario "Las Últimas Noticias".
Coordenadas: 33°24'47.3"S 70°39'55.5"W
Muchos recordarán aún que, en la dirección de avenida Fermín Vivaceta 1224-1226, casi enfrente de la calle Río Jachal en Independencia, Santiago, estuvo el quizás más célebre e importante centro de recreación de la época dorada de los lupanares chilenos: la mítica tasca y cahuín de la tía Carlina. En palabras sencillas y honestas, fue el burdel y casa de burlesque más famoso de la historia nacional, mencionado en numerosas canciones del folklore, obras literarias, teatrales y poemas.
Doña Carlina llegó a ser considerada una leyenda viviente. Su popularidad ha trascendido a su propia muerte y a la desaparición de su célebre club devenido en centro de eventos, allí en la populosa Vivaceta. La cueca "Se arrancaron con el piano", tan del repertorio de Nano Núñez con Los Chileneros, la recordaba con otras famosas regentas de la época, como la Lechuguina, la Nena del Bajo y la Chabela:
Se arrancaron con el piano
que tenía la Carlina.
Le echan la culpa a la Lolo,
también a la Lechuguina.
Cómo lo cargarían
Si no es vihuela.
Dijo la Nena el Banjo
con la Chabela
.
Su polémico pero concurrido boliche, en realidad llamado el "Bossanova", albergó por casi 40 años una de las ofertas de espectáculos y recreación más intensos y recordados del Santiago clásico y popular, marcando toda una época en la capital. Los testimonios de sobrevivientes señalaban que comenzó como burdel con disfraz de boite, pero con el tiempo dejaría que los espectáculos se convirtieran en su impronta. Alcanzó así la gloria, con dignísimas visitas de hombres públicos a su salón, pero después cayó en la oscuridad y el olvido totales, superada por las circunstancias.

miércoles, 4 de julio de 2018

EL ALTO DEL PUERTO: LA DESAPARECIDA PUNTILLA ROCOSA QUE TUVO EL CERRO SANTA LUCÍA

El cerro Santa Lucía en el Plano de la Villa de Santiago del viajero francés Amedée François Frezier, de 1716, considerado el primero de carácter científico de la capital chilena. La relación Norte-Sur está invertida. Se observa parte de las canalizaciones que salen del actual tramo de Plaza Baquedano y el sector del Alto del Puerto en el cerro.
Coordenadas: 33°26'15.55"S 70°38'35.73"W
En los primeros tres siglos de la ciudad, existió una curiosa puntilla rocosa del cerro Santa Lucía, que se prolongaba desde éste hacia el Norte levantando el terreno hasta aproximarse a una hondura al borde del río, en la que estuvo después la famosa laguna del Parque Forestal. Era por este sitio donde golpeaban las inundaciones provocadas por el río, además.
Remontándose al más primitivo cerro Santa Lucía y a sus orígenes geológicos, dicha formación de rocas y terreno fue llamada Alto del Puerto o Ejido de la Ciudad, y se ubicaba más o menos desde donde hoy está la fuente de aguas de la calle Merced, lugar en que anudan las calles Santa Lucía y Victoria Subercaseaux formando la punta vial. Ocupaba un tramo importante de este barrio, de hecho.
Hoy, dicho lugar es un llano colmado de cafés, bares, pubs y lugares de interés para la recreación y el turismo, por la conjunción de los barrios Lastarria y Bellas Artes. A la vista, entonces, nada hay en el urbanismo actual que recuerde la existencia de aquella curiosidad que existió por tanto tiempo en el Santiago más viejo y en formación, volviéndose una de las características de aquella capital colonial reconvertida en la urbe de hoy.
El Alto del Puerto, para ser más precisos, era una especie de promontorio de rocas y piedras que se elevaba en la estribación Norte del cerro, hacia el final del llamado Sendero de las Cabras y luego calle del Bretón, así denominada por la residencia del ilustre vecino Reinaldo Le Breton y rebautizada después Santa Lucía, a partir de 1902. En sus primeros años de existencia, esta calle fue llamada también Callejón del Alto del Puerto y Calle del Molino, por razones que veremos más abajo.

martes, 26 de junio de 2018

LA CAPILLA DE ÁNIMAS DE SANTIAGO: EL ARCANO TEMPLO PARA LAS ALMAS DEL PURGATORIO

La Capilla de Ánimas, hacia principios de 2010, poco antes de ser parcialmente destruida por el terremoto del 27 de febrero.
Coordenadas: 33°26'5.59"S 70°39'20.73"W
Ya he comentado antes acá de mi simpatía por la forma en que se ha mantenido vigente el culto a los difuntos en Chile: de una manera extrañamente sobria, misteriosa y casi sombría, manifiesta en expresiones populares como la tradición animística relacionada con las almas de los fallecidos. Llega a haber, pues, una curiosa instancia de convivencia diaria con el concepto de la muerte, haciendo que sus límites con el mundo de los vivos se vuelva a veces muy difuso.
No es coincidencia, entonces, que el quizá más enigmático templo católico de la capital chilena o uno de los más merecidamente así definibles, esté relacionado con las tradiciones religiosas y populares sobre los fallecidos y sus almas: la Capilla de Ánimas, conocida también como Capillas Las Ánimas o Capilla de las Ánimas, entendiéndose estas últimas como las almas que moran provisoriamente en el purgatorio, tras la desaparición física del individuo. Se encuentra en calle Teatinos 765 llegando a San Pablo, aunque no destaca especialmente por sus dimensiones.
Como ya hemos explicado antes en este blog, la fuerte creencia en las animitas o templetes de adoración con pedidos de favores a los fallecidos en los lugares de su muerte o de sepultura, derivan de la creencia cristiana en la transición de las almas de los fallecidos hacia la expiación o purificación necesaria para ascender al Cielo, limpiando la carga de sus pecados cometidos en vida o bien preparándolos para este viaje. El Purgatorio es aquel eslabón entre ambas vidas, y se lo describe de varias formas: desde un proceso invisible de espera de las almas en la antesala de la vida eterna, hasta un espacio de tormentos muy semejante a la clásica descripción del Infierno, como se observa en la iconografía sacra.
Como sea, las animitas son, en la tradición popular, formas de expiación y purificación del ánima o alma que purga, al dársele la oportunidad de conceder favores a los vivos y así reunir mayores méritos para garantizar un entrada al Cielo. Esto está muy presente en las devociones que tienen lugar hasta hoy en la Capilla de Ánimas.

sábado, 23 de junio de 2018

PROGRAMA-MANUAL DE VIDA MEJOR: "BITÁCORA DE UN CAMBIO" DE KATIA MENDIZÁBAL

Conocí a Katia Mendizábal en la Feria Internacional del Libro de Santiago (FILSA) de 2017, en la Estación Mapocho. Estando ambos publicados al alero de Ril Editores, compartimos largas horas en el stand de la editorial y aprovechamos de intercambiar algunas impresiones sobre nuestros respectivos trabajos, en los momentos de menor público en el día. Ambos llegamos a nuestras publicaciones impresas gracias a la actividad en blogs, además.
Al final de aquella experiencia en la feria, nos regalamos mutuamente ejemplares de nuestros debuts literarios: mis "Crónicas de un Santiago Oculto", por su "Bitácora de un cambio". Tenía en deuda publicar algo sobre este interesante trabajo, por lo tanto.
Bien: necesito partir por algunas observaciones y apreciaciones con más tono de infidencias, pero se justifican por las razones que el lector sabrá comprender. Katia es de mi generación, pero salta a la vista que luce como lo haría como una muchacha entrando recién en la treintena. Súmele a eso un carácter muy jovial y enérgico, lo que resulta en una imposibilidad absoluta de percibirla si no es como una persona joven y muy dinámica. Es algo inevitable.
¿De dónde proviene tal energía vital, tan evidente? Comprendo ahora, después de leer su libro, que la razón de tanta vitalidad juvenil -algo poco frecuente en nuestra sociedad- está en el propio contenido del mismo: "Bitácora de un cambio" es, a la vez de manual, una suerte de guía y también una confesión de la propia Katia, sobre cómo encaminar la vida en una forma positiva y de manera permanente, definitiva, no sosteniéndola sólo con instantes para arrancar del estrés o liberarse efímeramente de las cargas de la existencia contemporánea. "Bitácora de un cambio" es un programa, entonces, como lo define su propia autora.