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lunes, 26 de enero de 2015

MEMORIAS Y OLVIDOS DEL EDIFICIO DE LA FACULTAD DE CIENCIAS QUÍMICAS Y FARMACÉUTICAS DE LA UNIVERSIDAD DE CHILE

El edificio de la Facultad, hacia los años 40. Aunque muchos aleguen que sólo la fachada del edificio es patrimonial, lo cierto es que está perfectamente integrada a un pabellón también de carácter histórico y conservando en su interior algunos elementos originales del cuerpo frontal, como el hall de acceso y el espacio de las antiguas bodegas del sótano
Coordenadas: 33°26'17.97"S 70°38'3.82"W
Puede que al palacio universitario de la Facultad de Ciencias Químicas y Farmacéuticas de Vicuña Mackenna 20, a pasos de la Plaza Baquedano, no le quede mucho tiempo más en pie por decisión de la propia casa de estudios superiores a la que pertenece. La impresionante edificación de unos 120 años ahora está abandonada, cual casa embrujada esperando la ejecución de su sentencia de muerte. En sus jardines, el antiguo cántaro o tinaja que alguna vez soñé con tener en mi patio ahora está roto, partido en dos piezas, mientras que el pedestal del busto de uno de los fundadores de la facultad y está vacío, sosteniendo sólo los recuerdos. Tanto la placa de este monumento como la exterior que junto a las grandes rejas del acceso presentaba a la facultad, han sido retiradas.
Destaca este lugar por su estilo neoclásico palaciego muy afrancesado, con fachada de gran simetría, pasillo exterior de columnas, uso de desaparecidas balaustras en la cornisa del segundo piso y pilastras murales. Su acceso está alineado con el frontón central de alto y artístico tímpano sobre ambos pisos e incluso superando al tercer nivel formado por la falsa mansarda con ventanas-óculos, más una terraza-balcón superior de borde enrejado. Interiormente, la parte original del edificio cuenta con salones altos y pasillos estrechos, además de elegantes escaleras de gruesa madera y pisos tablados. A pesar de las intensas remodelaciones se conserva mucho del aspecto original de sus vanos y pasajes, mientras que las áreas modificadas y extendidas hacia atrás conectan bajo techados lo que habían sido antes patios y otras dependencias del bello inmueble.

sábado, 24 de enero de 2015

"LA PIOJERA": LANCES DE TRADICIONES, TRAGOS POPULARES Y MITOS CON PEDICULOSIS

"La Piojera" en los años 60. Imagen de revista "En Viaje".
Coordenadas: 33°26'1.25"S 70°39'7.71"W
No sé si coincide mi apreciación actual de "La Piojera" con las descripciones idealizadas y nostálgicas que ciertos autores asumen, como Maximiliano A. Salinas Campos en su "¡Vamos remoliendo, mi alma!"... Pero es innegable para mí que el boliche que conocí hace tantos años ya, cuando no había que llegar a codazos hasta su antigua caja registradora (una  hermosa National digna de tasar en "El Precio de la Historia" del History Channel) y donde los mozos podían conversar largo rato con uno en la barra de irregular y apozada superficie, ha cambiado mucho desde entonces.
Ubicada en la calle Aillavilú 103o frente a Gabriel de Avilés y llegando a la Estación Metro Puente Cal y Canto, el crecimiento ya no tanto de su popularidad como característica sino más bien su fama transversal como secular y tradicional chichería-restaurante del Barrio Mapocho, le ha significado sacrificar un poco su esencia de "picada" añeja y salvaje, aunque las generaciones más jóvenes que ahora repletan sus salas quizás difícilmente sepan distinguir la diferencia. La irrupción de su imagen como atractivo turístico y la moda de "lo guachaca" han abonado a esta transformación, para bien o para mal dependiendo de cada opinión.
Mencionada por escritores como Waldo Vila Suárez, Javier Mujías, Juan Rubén Valenzuela, André Jouffé Louis, Mónica Echeverría Yáñez y especialmente Ramón Díaz Etérovic en sus sagas del Detective Heredia, "La Piojera" es, sin grietas para la duda, uno de los más internacionales y sólidos símbolos de la actual diversión urbana santiaguina.

jueves, 22 de enero de 2015

EL HOMBRE QUE FOTOGRAFIÓ AL SIGLO XX DESDE EL BARRIO MAPOCHO

Elías Maturana y su vieja cámara. Fuente: diario “La Tercera” junio de 1997.
Coordenadas: 33°25'56.17"S 70°39'9.77"W (Barrio Mapocho)
He comentado en este blog algo sobre los fotógrafos clásicos como Alfredo Molina La Hitte y David Rodríguez Peña, pero también sobre aquellos de cámara minutera que ya están al borde de la extinción; esos típicos de plazas y parques, como era el caso de don Marcos Valenzuela, junto al Cerro Santa Lucía.
Entre los muchos personajes del Barrio Mapocho y del sector de los mercados que sobrevivieron a los drásticos cambios de la ciudad y llegaron a las proximidades del último cambio de siglo como iconos de aquel pasado romántico de las riberas urbanas, estuvo el fotógrafo Elías Maturana, quien fuera identificado en vida como todo un emblema en el arte de la fotografía callejera, además de uno de sus más conocidos exponentes populares en Santiago.
Todos reconocían a don Elías en el barrio, pero a veces costaba un poco pillarlo, haciéndose reconocible sólo por su silueta distante en algún sector junto al río: flacuchento y de gruesos bigotes al estilo mariachi, paseaba por allá su antigua cámara fotográfica de cajón y trípode, me parece que una Kodak de madera o un modelo similar de principios del siglo XX. A veces, intentaba frenar el profundo curtido a Sol de su piel oscurecida con un sombrero artesanal de ala muy grande, que le reforzaba esa falsa apariencia charra.

martes, 20 de enero de 2015

FOLKLORE E HISTORIAS POPULARES SOBRE LA VIRGEN DE LAS VIZCACHAS

Coordenadas:  33°35'50.02"S 70°31'45.85"W
Por la continuación de la avenida La Florida hacia el Sur, la avenida Camilo Enríquez, se llega a Las Vizcachas pasando la curva donde empalma la avenida Eyzaguirre, torciendo hacia las puertas del Cajón del Maipo y pasando a ser el Camino a San José de Maipo desde este punto hacia el interior. Justo atrás de esta vuelta al oriente, está el llamado Cerrillo de las Vizcachas, destacando por su forma redondeada y por la pequeña estación de telecomunicaciones que se encuentra en su baja cumbre, además de una copa de agua.
Ahí, al costado de la ruta y a mitad de la altura del cerrito, se observa la llamada Gruta de la Virgen del Carmen de las Vizcachas, más conocida como la Virgen de las Vizcachas, importante centro de la fe popular y las leyendas en los deslindes urbanos santiaguinos.
La historia de esta gruta y su imagen mariana es poco conocida para el resto de los habitantes de la Región Metropolitana, pues muchos practicantes del turismo cultural por el Cajón del Maipo la pasan de largo, creyendo quizás que su valor sólo se reduce a un asunto de religiosidad.

viernes, 9 de enero de 2015

EL NEGRO ANDRÉS: EL DESCONOCIDO PRIMER "HOMBRE SANTO" DE LA RECOLETA FRANCISCANA DE SANTIAGO

Cuadro de Andrés, en el convento recoleto.
Coordenadas:  33°25'48.86"S 70°38'52.20"W (convento)
Pocos santiaguinos conocen ya este dato: que la Recoleta Franciscana de la capital chilena, ha tenido varios "hombres santos", si así podemos llamar a aquellos con fama de milagrosos e incluso candidatos reales o sugeridos a la beatificación y la canonización. Los casos en orden cronológico son el de Andrés de Guinea, el de Pedro de Bardeci, el más conocido de Andresito García y algunos agregan también al líder sindicalista Clotario Blest, que tomó el hábito de San Francisco de Asís en sus últimos días de vida.
A pesar del desconocimiento casi general en nuestros días sobre el primero de ellos, Andrés de Guinea, existen varias menciones de su singular vida en libros de historia y de crónicas, aunque invariablemente como anexo o dato adicional a textos dedicados más bien la vida de los franciscanos en Chile, de la Recoleta o bien de su muy popular tocayo Fray Andresito. Aparece paseando, por ejemplo, en el "Repertorio de antigüedades chilenas" de Ramón Briseño, en "Fray Andresito en la tradición santiaguina" de Carlos Silva Vildósola y en "Presencia franciscana en Chile" de Marciano Barrios Valdés, por mencionar algunos.
Además de participar en las generaciones pioneras de la recolección franciscana junto al río Mapocho y en la vieja Chimba de Santiago, el recuerdo de Andrés de Guinea despliega particularidades tales como el haber sido un religioso de raza netamente africana, un negro originario traído a América en el siglo XVII. Pero también destaca por ser en Chile, acaso, el primer milagroso y con rasgos de santidad populares vigentes antes de morir. Se recordará que otros “prodigiosos” anteriores como los sacerdotes Martín de Aranda, Horacio Vecchi y el hermano Diego de Montalbán, a diferencia del lego franciscano al que nos referimos, eran jesuitas y sí han tenido sus respectivos procesos de canonización por martirio, aunque sin resultados hasta ahora. En cambio, Andrés fue marginado de esta posibilidad.

miércoles, 7 de enero de 2015

PASIÓN Y MUERTE DE "EL CHANCHO VIÑATERO"

Fachada del local y de la casona hacia inicios del actual siglo.
Coordenadas: 33°25'53.86"S 70°38'53.39"W
La dirección avenida Recoleta 116, entre calles Artesanos y Santa María a un costado de la popular Plaza Tirso de Molina y al borde de la cada vez más dura Plaza de la Recoleta, ya no es la sede del famoso boliche veguino que albergara por tantos años: "El Chancho Viñatero", un palacio rasca de borgoñas, cervezas y pipeños mencionado en su mejor momento por el creador del Detective Heredia, el escritor Ramón Díaz Eterovic, y -según la leyenda- alguna vez visitado por el propio folklorista Roberto Parra, en sus años de correrías por las ferias y mercados chimberos.
Fue una pena enterarme en el recién pasado 2014 que "El Chancho Viñatero", o "El Chanchito" para sus amigos, ya llevaba poco más de un año cerrado, reemplazado por un negocio bastante distinto al que ofrecía sus jarras rebosantes de alegría y bandejas de jugosa suculencia, a los precios generosos que sólo en barrios como La Vega es posible encontrar dentro de la capital chilena.
Situada en los bajos de una antigua casona de dos pisos y del mismo estilo años 30 de la cuadra, con cierta fama pecaminosa sobre su pasado (real o inventada), la cantina y restaurante tenía características de posada. Hay testimonios de que incluso esta picada fue guarida y distracción para algunos opositores durante el Régimen Militar, en los años ochenta. Lo confirmo en un artículo de Ricardo Candia que circula desde 2007 en la red, refiriéndose a los años en que imprimían material político clandestino en la Imprenta Llareta y luego pasaban los nervios "en el Chancho Viñatero con dos jarros de borgoña en frutilla y unos churrascos", según sus palabras.

viernes, 2 de enero de 2015

HIROHITO Y SU CONJUNTO: 86 AÑOS DE AVENTURAS DE UN "VIEJO LOLERO"

Hirohito en la portada del LP "El viejito lolero".
Nació y fue bautizado como Eugenio León Hernández en 1924, pero la historia de la música popular lo tendrá para siempre en el recuerdo como Hirohito, su pseudónimo artístico; y también como el Viejo Lolero, apodo cariñoso que se le regaló por el título de su más famosa canción.
Crecido profesionalmente en un ambiente abundante en cuecas, cha-cha-chás y orquestas bailables tropicales de la vieja bohemia de barrios como Mapocho, Vivaceta, La Chimba y Quinta Normal, Hirohito consiguió fundar con sus cumbias cómicas y guarachas festivas un estilo de letras ladinas.
Como sucediera también con sus contemporáneos musicales como Los CaporalesLos Perlas, y poco más tarde Los Huasos Cochinos y Los Hijos de Putre, su estilo pícaro e irreverente acabaría siendo escuela para muchos otros músicos de canciones graciosas y también de comediantes, en esos años en que el doble sentido era tal: doble sentido, y no el lenguaje explícito y directo de risa burda que es ahora, cuando parece haberse perdido ya ese genio pícaro en nuestra sociedad.
Este verano se cumplirán 5 años desde su fallecimiento, en febrero de 2010, así que vaya para él este pequeño homenaje y recuerdo que tenía pendiente publicar desde el propio día de su triste partida, y al que adjunto una lista de audios con sus más conocidas canciones al final de este mismo artículo.