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miércoles, 17 de octubre de 2012

BENJAMÍN GONZÁLEZ CARRERA: ENTRE LOS "RECUERDOS DE UNA FAMILIA" Y "UN CHILENO DE TOMO Y LOMO"

La semana recién pasada, falleció don Benjamín González Carrera, veterano investigador histórico, ex profesor, genealogista y escritor, integrante de varios centros de investigación histórica, ex-miembro del equipo de investigadores del Centro de Estudios Históricos Lircay, ex director del Comité Patria y Soberanía y del Instituto de Investigaciones Históricas José Miguel Carrera, además de descendiente directo del mismo héroe de la Independencia.
Para quienes fuimos sus amigos fue un hecho tan triste como esperable, sin embargo, pues su último tiempo los había pasado con dificultades de salud y ya condenado a una silla de ruedas, a pesar de haber concluido en este mismo período una importante obra que lo colocara merecidamente en las bibliotecas y librerías nacionales.
Nacido el 25 de marzo de 1921, don Benjamín era cuarto hijo de entre 12 hermanos del matrimonio entre don Juan Vicente González Mira y doña Merceditas Carrera Benavente, siendo el mayor de los retoños de la pareja el destacado y querido sacerdote de los Sagrados Corazones, Padre Juan Vicente González Carrera. Recordamos a Benjamín especialmente, sin embargo, por haber sido siempre fue un hombre disponible para asistir a generaciones nuevas de investigadores, sin altanerías ni intereses políticos, pues nunca hizo distinciones entre la gente que se lo solicitara. Un gran sujeto y un gran patriota; pero, sobre todo, un gran amigo.

viernes, 12 de octubre de 2012

EL ENORME GALPÓN DE LA ESTACIÓN DE SERVICIO SUR DE SANTIAGO

Coordenadas: 33°28'6.75"S 70°37'44.75"W

En estas coordenadas puede verse, desde servicios de fotografía aérea o registro satelital, un enorme galpón oscuro situado en calle Padre Orellana 1876, entre las calles Ñuble y General Gana, en medio de este clásico barrio santiaguino. Calculo que debe tener 10 metros de altura, 70 de largo y unos 27 de ancho, proporciones que lo hacen parecer un verdadero hangar enclavado en plena ciudad, dentro de un terreno todavía más grande y que pertenece a la Dirección de Mantenimiento de la Municipalidad de Santiago.

Es una curiosidad que una estructura de tales dimensiones sea tan poco conocida y advertida en la ciudad, perdiéndose entre cuadras antiguas y nuestra inclinación citadina a transitar por la metrópoli casi sin mirarla. Sólo el tránsito de camiones amarillos con sellos municipales que entran y salen desde ella, si es que también alguien los nota, puede motivar quizás la curiosidad de algún santiaguino para preguntarse a qué corresponde este gran espacio techado, del que brotan además los ruidos de motores en marcha y potentes chorros de mangueras de limpieza.

lunes, 1 de octubre de 2012

¿Y LES LLAMAN "PALOMAS"?

Fuente imagen: encuestafacil.com
Ni los varios años que trabajé en publicidad me permitieron saber quién fue el patudo que bautizó como “palomas” a esos adefesios de comunicación comercial y propagandística compuestos de dos paneles con una unión articulada en su parte superior, y que ahora están siendo colocados de a miles por todo el país. Les hubiese quedado mucho mejor la denominación de “buitre”, “jote” o “gallinazo”, si se trataba sólo de comparar su forma con la de un ave. Los colgantes, en cambio, quedarían bien motejados como “murciélagos”, por razones obvias.
La publicidad de las campañas políticas ya tiene sus propios mártires, por cierto. Hace unos cinco años, por ejemplo, un brigadista del comando electoral de un comediante que quiso vivir la experiencia de ser alcalde en La Florida, falleció electrocutado mientras ponía esos carteles colgantes estrictamente prohibidos por la Ley 18.700, Artículo 32. El finado era un padre de familia y tenía 44 años, probablemente rebajándose a trabajar en la propaganda política más por necesidad económica que por convicciones, que ya muy pocos sustentan aún entre la (justificadamente) apática y decepcionada sociedad chilena.
Irónicamente, pocos días antes la misma basura colgante y del mismo candidato, había producido otro grave accidente cuando un camión arrasó postes, tendidos eléctricos y semáforos por pasar a llevar con su altura los cables que estaban totalmente curvados por el peso de estos “murciélagos” de cartón. Milagrosamente, la cuestión no fue peor ni causó más que daños materiales, pese a haber sucedido junto una concurrida feria libre y cuando transitaban muchas mujeres y niños.
Todo aquel desastre se debió al peso de los afiches, con el agravante de que aún no estaba autorizada  siquiera la instalación de propaganda política (se daba el “vamos” en la medianoche). Los brigadistas (quizás incluido el que después murió electrocutado), nuevamente violando las restricciones legales pero cumpliendo órdenes de esos rufianes de mal aspecto y barbas aceitosas que siempre son puestos a cargo de la propaganda política de los comandos, habían colocado una cantidad grosera de publicidad en el cableado, guateando los cables y causando así este accidente.