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martes, 25 de enero de 2011

UN "SANSÓN" EN EL VIEJO BARRIO DEL MERCADO CENTRAL

Paraderos de tranvías Mapocho, en enero de 1935 en calle Puente, junto al Mercado Central. El edificio hotelero que aparece a la derecha alojaba al bar "Sansón" en su primer piso y alcanza a verse su nombre sobre los techos de los carros.
Coordenadas: 33°26'0.09"S 70°39'6.77"W (antigua ubicación)
Investigando para mi libro sobre la historia de Barrio Mapocho, próximo a ser publicado (ya veré oportunamente a través de qué mecanismo), creo haber dado con un dato interesante sobre los antiguos negocios del ex barrio bohemio de sector riberano, con un bar-restaurante del que prácticamente no existen registros salvo una añosa fotografía.
No sé si será coincidencia que, además de un antiguo e histórico local llamado “Hércules” en el sector de calle Bandera llegando a Aillavilú (frecuentado por Pablo Neruda, Oreste Plath y Luis Emilio Recabarren, entre varios más), hubiese otro boliche llamado “Sansón” a la vuelta de calle Puente con General Mackenna, bajo las dependencias del desaparecido “Excélsior Hotel” que se ubicaba en donde ahora está el acceso al Metro Puente Cal y Canto junto al Mercado Central.

sábado, 15 de enero de 2011

LA ESTATUA DEL GENERAL MANUEL BULNES: VICTORIOSO SOBRE UN CABALLO EXHAUSTO

El monumento, hacia los años setenta, con la ubicación y posición que tenía por entonces, muy cercanas a la actual. Fuente imagen: Educarchile.cl
Coordenadas: 33°26'39.81"S 70°39'9.90"W
Se viene el aniversario del triunfo chileno en Yungay y el tradicional Día del Roto Chileno, el 20 de enero, lo que nos motiva a hacer una pequeña aclaración sobre la información que habitualmente circula alrededor de una de las iconografías más importantes de estos festejos históricos.
No pasa inadvertida la estatua ecuestre del General Manuel Bulnes, casi al frente del Palacio de la Moneda y a la entrada del largo paseo que lleva su nombre, custodiado por la gallarda figura monumental de Bernardo O'Higgins, sobre el caballo vigoroso que salta las fuerzas enemigas del Desastre de Rancagua, desde hace poco felizmente acompañado por su otrora adversario en el seno patriota, el General don José Miguel Carrera, en su propio caballo de musculatura y elegancia. Es sector de estatuas en la Alameda: al frente de Bulnes, está don José de San Martín. Su caballo independentista luce también enérgico, a diferencia del que transporta al héroe de Yungay, que parece venir del éxodo por el desierto.

miércoles, 5 de enero de 2011

LOS AÑOS DE ROCK PESADO EN EL PASEO LAS PALMAS

Paseo Las Palmas e inmediaciones de la mítica tienda "Rock Shop" repletas de muchachos rockeros, un sábado hacia el mediodía, en fotografía que tomé hacia principios de los años noventas, creo que en una de las últimas veces que fui a estos encuentros.
Coordenadas: 33°25'18.96"S 70°36'31.53"W
Enclavado en medio del barrio comercial de escaparates en Providencia, el llamado Paseo Las Palmas, que en realidad está compuesto del pasaje Santa Magdalena y la diagonal Las Palmas, existe más o menos desde 1978, cuando fue convertido en paso peatonal marginándolo del tránsito de vehículos que existía hasta entonces. Son los árboles de tipo palmeras los que le dan el nombre.
Los edificios del Panorámico y Dos Providencias (así llamado porque está entre avenida Providencia y Nueva Providencia, luego llamada 11 de Septiembre), más la incorporación al circuito de los subterráneos de la Estación Los Leones a principios de los años ochentas, donde está también la galería de la Zona Franca, le aportaron la vitalidad que conserva hasta ahora. Más tarde llegaron los cafés, las heladerías y, por supuesto, la tienda "Rock Shop" que fuera punta de lanza en cambios radicales de los gustos entre la juventud chilena de aquellos años.

martes, 4 de enero de 2011

EN LOS TIEMPOS DEL NOX

Cada cierto tiempo, se me hace inevitable, y recuerdo cómo entre los que fuimos adolescentes o jóvenes en el Santiago tan cercano y a la vez lejano de fines de los ochentas y principios de los noventas -ese Santiago que tampoco existe ya-, vivíamos en una fantasía aparente y pasajera de comodidad, de accesos: por ejemplo, cuando se intercambiaba música en las populares cintas o cassettes que, en su inmensa mayoría, eran toda una industria de la piratería casera, con una gama que iba desde el new wave con tintes de punk clásico hasta las expresiones más estridentes de rock metal de la época.
Pero eso era de día porque, bajo las estrellas, la transacción se sometía a leyes de trueque muy distintas y mucho más honestas -auténticas, diría hoy-, al menos entre los que morábamos en las horas oscuras de esta ciudad oscura, en tiempos también oscuros. La noche no era mera noche… Era mucho más que eso: era el Nox, un espacio efímero pero seguro en la trama del tiempo, donde todas las complicidades e intimidades se reunían en un encuentro estrecho, imposible de concebir en otros ámbitos. Más aún: la noche superaba en todo al entusiasmo del día, y debe haber generaciones de actuales insomnes pagando la cuota de este enérgica realidad.

RAMÓN Y LA COFRADÍA DE LOS TESOROS PERDIDOS

Coordenadas: 33°32'15.80"S 70°34'25.71"W (ex casa)
Hoy en día, todas las "revelaciones" suenan tan vulgares y tan burdas; tan propias de la atención obnubilada por diatribas y por literatura tipo el "Código Da Vinci" o los videos paranormales del youtube. Ya nada es novedad y todo parece agotado ante el poder de los buscadores, de los bancos de datos y de los grandes ranchos de informática disponibles para la Internet. Al parecer, estamos en la etapa final del valor intrínseco de los contenidos informativos y de la propia sociedad de la información, quizás para disgusto de Alvin Toffler.
Sólo en la época y sólo en el lugar que sucedió, entonces, podría haber conocido a Ramón, El Gordo Raymon para todos nosotros, su círculo de amigos, por allá a principios de los años noventas. El enlace que él ofrecía con el reino de la noche y sus secretos era mucho más potente que el nuestro, pero nos fue revelado sólo cuando el rubor de sus gruesas mejillas inflamadas por los vicios de la gula había aumentado casi hasta rasgarlas; ora producto de las copas, ora producto de la infidencia. Ocasión en que se revelaba también (y al fin) como lo que era: un buscador de tesoros, un cronista y un pionero de viajes todavía hacia los últimos años del siglo XX.
Luego de algunas insistencias y contra su tendencia a refugiar su enormidad física tras el bajo perfil, Ramón se subía solo al caballo indómito y contaba muy orgulloso de su experiencia, por fin; alegre o triste, pero orgulloso. Los elementos de la narración son de un cuento infantil: una isla perdida en el Norte Chico, la Isla Damas, que apenas figura en los mapas regionales; y uno de los tesoros perdidos del capitán Francis Drake, el más famoso de los piratas que tocaron estas tierras. Ramón integró una secreta expedición que creyó encontrar la ubicación de este tesoro en algún recóndito lugar esta islita rocosa, con la que trabajó realizando excavaciones por la entrada de una caverna hasta que… Ya veremos.
La isla Damas se encuentra unos 120 kilómetros al Norte de la Serena, frente a las costas del Cabo de Choros, casi en el límite con la Región de Atacama. Junto a las islas Choros y Gaviotas, forma parte de un pequeño archipiélago cercano a la Reserva Natural de Pingüinos de Humbold. Es el lugar ideal para que un hombre como Ramón mantuviera latente la ilusión de un fantástico tesoro drakeniano, ese imaginario de oro y doblones por el que tantos otros han hecho sendos ridículos en las costas de Quintero o en el archipiélago de Juan Fernández.

EDUARDO THOMPSON: EL HOMBRE QUE NO ESTABA "NI AHÍ”

Eduardo Thompson. Fuente imagen: "El Mercurio", 2007.
No ha faltado el pajarón que atribuye la creación de la expresión popular “No estoy ni ahí” a un conocido ex tenista nacional que usó y abusó por algún tiempo de la misma frase. Esto está muy, muy lejos de ser cierto, sin embargo.
Es difícil rastrear el origen de esta frase usada para señalar que no se siente entusiasmo o interés por algo, que te importa un bledo o no te entusiasma en lo más mínimo la idea de involucrarte con eso: "no estar ni ahí" significa, en otras palabras, estar decididamente lejos, indiferente o distante de un hecho, propuesta, situación o persona. Hay algunos que la suponen incluso originada en el extranjero, particularmente en países centroamericanos, lo que también es un error. Ha dado origen a variantes como "no estar ni a 500 metros" de alguien o algo.
Lo cierto es que la frase de marras se popularizó y masificó especialmente a principios de los 90 pero gracias a los sketches que venía presentando en la TV desde la década anterior (o antes, quizás) el fallecido humorista revisteril nacional Eduardo Thompson (1944-2007), quien la usaba con insistencia en célebres y recordados personajes suyos como el Tetera, el Cabo Dulzura, el Compro Dólares, el Cabro Chico (base de su posterior personaje Lalito) y el maestro albañil Pinto del trío humorístico "Pinto, Paredes y Angulo", que realizaba con los comediantes Gilberto Guzmán y Guillermo Bruce. Al parecer, esta creación provenía desde de sus tempranos años en las presentaciones revisteriles y el vodevil chileno.