_____________________

_____________________

lunes, 30 de junio de 2008

UNA ADVERTENCIA SOBRE LA PROFANACIÓN DEL RÍO MAPOCHO

La siguiente carta fue publicada con algunas modificaciones el día viernes 7 de junio de 2002, en el diario "El Mercurio" de Santiago, bajo el título "Profanación del Mapocho". A la fecha se estaban realizando los trabajos de la Avenida Costanera Norte en el subsuelo de la extensión del río. Al ver el espiral de decadencia y corrupción en que ha caído la ciudad de Santiago en los escasos cinco años que han transcurrido desde la publicación de esta elocuente advertencia del ex embajador y poeta Miguel Serrano, no se puede hacer menos que revisarla como una profesía cumplida. Aquí reproducimos, por lo tanto, la carta en su redacción original.
Señor Director:
Nace del entrecejo de la cabeza de un gigante prisionero de la roca de los Andes. Y es como su pensamiento o su sueño de libertad, proyectado hacia la inmensa lejanía, hacia la eternidad del mar. Por ello recorre llanos, colinas y praderas, haciendo -en un tiempo ya lejano- la alegría de los cóndores, de los sauces, de las diucas y chincoles, reverenciado por los antiguos habitantes de estas frágiles regiones que lo adoraron y agradecieron, jamás pensando interrumpir su curso, su "pensamiento" sagrado y poderoso.

domingo, 29 de junio de 2008

LAS PALOMAS QUE SE APODERARON DE LA PLAZA DE ARMAS


Tomé esta imagen con el grupo anterior de fotos en 1993, más o menos, para mi curso de fotografía, con un anciano alimentando las palomas. Nótese que las palomas se veían entonces mucho más numerosas que en nuestros días.
Coordenadas: 33°26'16.50"S 70°39'1.20"W
Hace varios años, creo que en un día de esos en que vestía aún de uniforme escolar y paseaba por la Plaza de Armas perdiendo el tiempo después de clases, los transeúntes de este sector de Santiago sentimos una especie de latigazo sobre las ramas de uno de los árboles que por entonces se encontraban del lado poniente de la plaza, mucho antes de la remodelación con características de desmantelamiento que sufriría este lugar. El golpe vino acompañado de una lluvia de hojas cortadas por un rayo oscuro y la gritadera histérica de pájaros en los alrededores, principalmente gorriones.
Un anciano que barría tranquilamente el piso, mientras usaba su cotona de empleado municipal, observó casi sin sorpresa. “Es un chuncho”, aseguró con propiedad a los presentes, sin distraerse demasiado de su trabajo, salvo para tratar de espantar al depredador con el palo del escobillón. En efecto, entre las hojas verdes, entonces pude ver la faz hipnótica de un pequeño pero feroz chuncho de cabeza redonda y gris, con no más de quince centímetros de altura, con sus característicos ojos penetrantes y en una de cuyas patas se sacudía con las tercianas de la muerte un infeliz gorrión que le serviría de cena.

martes, 24 de junio de 2008

“EL JOTE”: UN HISTÓRICO BAR QUE YA SE ECHÓ AL VUELO

Antiguo cartel de "El Jote", con su pajarraco colgante (Fuente imagen: "El Santiago que se fue", Oreste Plath).
Coordenadas: 33°26'3.68"S 70°39'8.39"W
En calle San Pablo 1070, casi esquina Bandera, funcionó por muchos años un bar-restaurante que llegó a ser un símbolo de la bohemia del llamado “barrio chino” de Mapocho y un centro de recreación obligado en el Centro de la Capital: “El Jote”, elogiado por Oreste Plath, quien se encargara de rescatar del olvido tan glorioso pasado de nuestra historia urbana. Nos apoyamos en él para traerlo de vuelta a este siglo.
Devenido también el cabaret, “El Jote” era anunciando en su entrada por un enorme cartel colgante con forma de jote, aunque Plath le encontraba más aspecto de cóndor. Fundado por Carlos Arriagada, al pasar bajo este pájaro monumental que nunca se defecó sobre sus comensales, estos visitantes pasaban hacia un patio empedrado alrededor de una pileta. Luego de haber inspeccionado este sector de la capital, cuesta creer que un local de tal prestigio y características haya tenido acogida en este antiguo y un tanto siniestro sector de la ciudad, pero ésa fue la curiosa impronta del antiguo "barrio chino" de Bandera y San Pablo.
Las comidas de “El Jote” eran esencialmente tradicionales chilenas y a precios muy convenientes, aunque con carta para todos los bolsillos. Anota Plath que el platillo más recurrido era el “chupe de guatitas”, acompañado con vino “de la casa”. El mismo autor agrega que el 10% de la propina se incluía en la cuenta y que esto se le advertía a los clientes.
“Se reunían poetas –escribe Plath-, escritores y artistas. Algunas noches caía Pablo Neruda y era la figura central junto a Tomás Lago, el Huaso; Rubén Azócar, el Chato Azócar, Alberto Valdivia, el Cadáver Valdivia; Abelardo Bustamante, Paschin, Lalo Paschin; Alberto Rojas Jiménez, El Marinero, por su jersey a rayas y fumar pipa; Orlando Oyarzún, El Patón; Homero Arce, El Príncipe de los amigos; Diego Muñoz, Diego de la Noche; Antonio Roco del Campo, Roco del Cántaro; Raúl Fuentes Bessa, el Ratón agudo; Julio Ortiz de Zárate, el Maestro o Buonaroti; Álvaro Hinojosa, el Obispo; Federico Ricci Sánchez, El Monarca; Ricardo Gilbert Avendaño, El Loro Gilbert; Miguel González Herrera, el Choique y Rafael Hurtado, el Huaso Hurtado. Otras noches alternaban Humberto Díaz Casanueva, Luis Enrique Délano, Hernán del Solar, Ángel Cruchaga Santa María, Andrés Silva Humeres y George Sauré”.

sábado, 21 de junio de 2008

EL MONUMENTO DE LA COLONIA ITALIANA: TRISTE REFLEJO DE NUESTRA BICENTENARIA INDEPENDENCIA

Imagen del monumento con su primer pedestal e instalaciones del entorno, en la actual Plaza Baquedano, hacia 1915.
Coordenadas: 33°26'11.84"S 70°38'6.10"W
Hemos sido educados con la idea de que el centro de Chile se encuentra en la Plaza de Armas, nuestro kilómetro cero nacional. Sin embargo, cada vez que se trata de celebrar alguno de nuestros escasísimos y casi fortuitos triunfos deportivos, o bien sea para protestar públicamente por alguna de las razones que sobran, nuestra chusma prefiere sacar pasajes hasta el sector de “Plaza Italia” y Plaza Baquedano, en el Metro Baquedano donde se dividen las comunas de Santiago Centro y Providencia. Sus pobres jardines y monumentos se llevan el peso de las iras y las alegrías de este infeliz y aburrido pueblo que, para ambos casos, se manifiesta de las mismas formas: con vandalismo y destrucción frenética.
¿Qué impulsa a la masa y a veces también a su peso muerto a arrojarse colérica de risa o de llanto a este sector de la ciudad, donde se abre la arteria de tránsito más importante de toda la capital? ¿Será, acaso, que en nuestro subconsciente colectivo se desliza la idea de es allí donde se encuentra el verdadero centro de Santiago, su kilómetro cero?

lunes, 16 de junio de 2008

EL RESTAURANT "CAPILLA LOS TRONCOS" Y LA SAGRADA ORDEN DE LA CHANCHADA

La tradicional "chanchada", servida y calentita
Coordenadas: 33°26'6.42"S 70°42'7.61"W
La partida de mi hermano Marcelo hacia otras latitudes del planeta nos dio una excusa para hacerlo de manera bien chilenaza durante la noche del pasado jueves, en uno de los pocos locales que sobreviven a la tradición secular del “shisha y shansho” nacional que, como podrá adivinarse a estas alturas, tampoco me resultará desconocido: la sagrada sede de la "Capilla los Troncos”, o “Los Troncos” para sus amigos creyentes, monasterio de peregrinación de los borrachines devotos de nuestra Santa Señora de Parrilla y la Caña de Pipeño. Pocos lugares se parecen a éste. Chileno y tradicional hasta las lágrimas. Si hubiesen arañas de rincón (no vi ninguna, aclaro), hasta éstas le zapatearían cueca.
Pero también tiene algo atípico: situado en medio de un barrio de avenida Andes del Santiago antiguo, sector capitalino sin grandes características comerciales. Parece arrancado a la fuerza desde algún pasaje de avenida San Diego, de Estación Central o de Mapocho y llevado a rastras hasta donde hoy se lo encuentra.
La hospitalidad que alguna vez fue proverbial en nuestra chilenidad, se conserva fresca en “Los Troncos” desde el cuidador de vehículos hacia adentro. Dos etapas de crecimiento del local están señaladas en el par de carteles que se le aparecen al visitante de camino hacia el interior del santuario: uno blanco, muy sencillo y con dibujos casi infantiles, seguido más adentro de otro de madera pulcramente tallada repitiendo el nombre del sitio.

RECLAMADO POR LOS HIELOS: EL PROFESOR EDUARDO GARCÍA SOTO

Fotografía del monte Fitz Roy, tomada por García Soto (Fuente "La Definición del Límite o el Límite de la Indolencia", de Antonio Horvath).
Está pendiente el pago de la deuda que Chile contrajo con Eduardo García Soto.
Pendiente, insisto... Pero como la historia ha sido ingrata y evasiva para reconocer su legado, este ilustre intelectual y hombre de acción ha pasado directamente a la leyenda, saltándose así los aburridos libros del academicismo y las discusiones insípidas en las que se entretienen los adoradores de la imprenta.
García Soto era un hombre completo. Un hombre de acción. Todo lo que de él sobrevive ha tenido que ser recortado de sus intervenciones en la prensa, de sus declaraciones e incluso de sus clases. Como don Diego Portales, no se gastó elaborando discursos ni redactando textos de escritorio. Lo suyo era la acción, la dinámica. Un intelectual en terreno.
Académico, geólogo y, en sus últimos años de vida, experto en materias limítrofes, por lo que muchos recurrieron a él buscando luz sobre las controversias de Laguna del Desierto y Campo de Hielo Patagónico Sur, que él conocía mejor que su propio rostro. Fue miembro de la Sociedad Chilena de Historia y Geografía pero, a diferencia de la entelequia intelectualista chilena, fue también un activo y apasionado excursionista, montañista enérgico que siempre estuvo rodeado de un círculo de jóvenes amigos y alumnos universitarios. Trabajaba como profesor de la Escuela de Ingeniería Forestal y la Escuela de Geología de la Universidad de Chile.

lunes, 2 de junio de 2008

UNA LEYENDA DE LA CRIMINOLOGÍA CHILENA: HAEBIG Y EL “CEMENTERIO” DE DARDIGNAC 81

"Este es el homicida más inteligente que he conocido. Pasarán muchos años antes de que en Chile parezca otra persona igual" (Hernán Romero, jefe de la BH, después de interrogar por segunda vez a Roberto Haebig Torrealba). Imagen de los cráneos de las víctimas (Fuente: revista “Ercilla” Nº 1342)
Coordenadas: 33°26'0.43"S 70°38'16.42"W ("Cementerio de Dardignac")
El siguiente texto corresponde al reportaje del conocido periodista Carlos Jorquera, publicado por la revista “Ercilla” Nº 1342 del miércoles 8 de febrero de 1961, páginas 15 a 18, titulado “HAEBIG, el hombre del cementerio privado”.
FUE EL AFÁN de figuración lo que perdió, finalmente, a Benjamín Emilio Roberto Haebig Torrealba (65 años, casado), el criminal más desconcertante de la historia policial chilena. La misma sed de convertirse en “personaje”, que nubla mentes de políticos y coristas, lo impulsó a elaborar un verdadero guión cinematográfico, en el cual él y nadie más que él sería el gran protagonista. Los demás actores –policías, jueces, periodistas y el país entero- tendrían que moverse como marionetas, dirigidas por los hilos invisibles de su inteligencia.