miércoles, 28 de noviembre de 2012

LA TRISTE RAZÓN DE UNA ANIMITA A LOS PIES DE MORRO DE ARICA

Coordenadas: 18°28'44.50"S 70°19'28.59"W
Muchas animitas han pasado por los jardines a los pies del Morro de Arica... Y muchas almas atormentadas, de seres humanos que han elegido la altura del peñón para saltar hacia la liberación de los tormentos y el calvario de vidas tortuosas, han dado razones para que siempre exista alguna por allí, frente a la Costanera San Martín.
Nacido el 20 de diciembre de 1971, Juan Salvador Huerta Fuentes apreció allí hacia el mediodía de ese despejado domingo 13 de junio de 2010 hasta el Morro, decidido también a poner fin a sus 38 años de vida, saltando al vacío frente al mar infinito y desde un sector tras el Museo Militar, a 130 metros de altura. Llamado como la famosa gaviota que aprendía a volar en la fábula de Richard Bach, llegó hasta esas alturas cortadas por los vientos costeros y las alas de las aves marinas, para luego buscar una saliente del acantilado y preparar desde aquel sitio su salto final hacia la muerte, tal como otros lo habían hecho allí mismo antes que él.
Huerta vivía cerca, en la Población Cerro La Cruz, desde donde llegó al Morro a bordo del vehículo propiedad de su madre. También trabajaba como Disc Jockey en una famosa discoteca local, por lo que era bastante conocido en el ambiente de los noctámbulos de la Ciudad de la Eterna Primavera, en sus noches cálidas y de luces coloridas.
Personal militar del Museo advirtió la presencia de Juan y sospechó que podría ser un suicida, llamando de inmediato a efectivos de Carabineros de Chile. Ante la alerta, comenzaron a apilarse personas arriba y abajo del lugar de la angustiante escena, quizás sin comprender que estaban a punto de ver un suicidio en vivo. Un carabinero se acercó hasta el borde mismo del barranco, intentando persuadirlo de la decisión que ya parecía haber tomado de manera categórica. En su primer intento, quedó claro que los uniformados no pudieron: por el contrario, el DJ comenzó a acomodarse cada vez más cerca del borde, con la determinación de quien no quiere dar marcha atrás.
Durante esas conversaciones, de las que mucho quedará en el misterio y la reserva, se supo en la prensa que Juan se veía dolido y triste, alegando que no le era posible ver a sus hijos. Lo mismo se verificará después en las cartas que dejó explicando sus motivaciones, añadiendo que pasaba por una profunda depresión y problemas sentimentales. Abajo, en tanto, la muchedumbre tomaba fotografías y no faltó quien grabara en video la situación, inconsciente de que iba a registrar una trágica muerte.
En un momento, visiblemente angustiado y nervioso, Huerta pareció retroceder un poco y pidió un cigarrillo. Los presentes le consiguieron uno y se lo pasaron encendido. Lo tomó y comenzó a darle pitadas con sus manos tiritonas, fumándolo rápidamente y dándole a los uniformados una tenue esperanza de que echara pie atrás en su decisión de acabar con todo. Eran las 12:45 horas.
Secuencia del suicidio registrada por un testigo (Fuente imagen: LUN.cl).
Placa colocada por los deudos, dentro de la animita.
Pero nada podría haberlo obligado a recapacitar: volviendo a acomodarse, en las rocas, Juan Salvador Huerta volteó y saltó desde la altura, abriendo los brazos tras dar una última mirada hacia el océano azul... Su muerte fue instantánea y sin sufrimientos extras, al menos.
Sus consternados amigos y familiares instalaron la animita de albañilería cubierta con azulejos y techo de latón a dos aguas. Dentro de la misma, hay una placa con el siguiente mensaje:
"Duerme en paz que pronto estaremos contigo. Tu recuerdo vivirá por siempre en nuestros corazones. Tus amigos de la pachanga y familiares".
Muchos devotos son estos ex amigos y compañeros de correrías de Juan Salvador. De día, su animita se distingue por las flores coloridas que la adornan allí, en los jardines ocupados por parejas y familias que cada domingo se tienden sobre el pasto al lado de la animita, quizás olvidando ya el drama que ella resguarda. Y por las noches, en las mismas jornadas que el suicida DJ llenaba con música y festejo, se puede advertir por sus velas ardiendo con luces danzarinas a los pies del inmenso Morro de Arica.

lunes, 26 de noviembre de 2012

JORNADAS Y POSTALES DEL SEGUNDO FESTIVAL DE "JAZZ A LA VEGA"

Coordenadas: 33°25'43.60"S 70°38'57.63"W (Patio de Remates)
El año pasado, por estos mismos días, comenté algo sobre el Primer Festival "Jazz a la Vega", espectáculo gratuito de dos noches ofrecido en el famoso Patio de Remates del mercado de La Vega Central. Pues bien: acaba de tener lugar el segundo festival durante los días viernes 24 y sábado 25 de noviembre recién pasados, de 19:00 a 22:30 horas, y la experiencia nuevamente arroja un positivo saldo cultural y un buen recuerdo más para la intensa historia veguina.
Tal como señalé hace un año, queda claro por la convocatoria y por la calidad de los músicos exponentes, que con "Jazz a la Vega" ha comenzado una nueva etapa para la ciudad de Santiago con este singular encuentro organizado por el Colectivo Mapocho y especialmente por su fundador, el pintor y fotógrafo Senaquerib Astudillo. Y aunque soy enemigo acérrimo de ese concepto de mass media descrito como "la tradición que llegó para quedarse" (porque si algo acaba de llegar, no puede ser "tradición"), no hay duda de las grandes proyecciones que tiene "Jazz a la Vega", ni de la indiscutible integración cultural que el festival tiene con su escenario allí, en el antiguo mercado chimbero.
En esta nueva versión del encuentro desfilaron figuras de la talla de los maestros Daniel Lencina, Rodrigo González, Pancho Aranda o Carl Hammond. Patrocinaron la Comunidad Vega Central, la Ilustre Municipalidad de Recoleta y el Instituto Profesional Projazz, sonando desde sus escenarios una notable gama de melodías asociadas al jazz tradicional, el jazz vanguardista, el swing, influencias de foxtrot, bop y orquestal cabaret, más novedosas combinaciones que van desde el ska hasta el tango.
Orfeón de Carabineros, al mando del Suboficial Robinson Leal.
LA PRIMERA NOCHE
La jornada comenzó con un fastuoso cóctail inaugural (nada que envidiarle al del año pasado), con presencia de autoridades veguinas, representantes de los trabajadores del mercado, figuras destacadas del medio y los organizadores.
La jornada es abierta con el Orfeón de Carabineros de Chile a cargo de la batuta del Suboficial Robinson Leal y que, si bien no estaban en el programa original, fueron incorporados al festival haciendo una brillante presentación instrumental con el saborcillo y estilo de esos conjuntos bailables de la vieja bohemia, pasando por un repertorio de jazz, algo de mambo y melódico más canciones populares, que alargaron su presentación mucho más que las tres canciones que se había contemplado para esta apertura.
Las presentaciones de los grupos en el escenario quedaron a cargo de la actriz nacional Lorene Prieto, quien es conocida también por sus talentos musicales (proviene de una familia de músicos, justamente) que tendrían oportunidad de lucirse en este festival, como veremos. Tal como hace un año, el "vamos" lo da allí arriba el representante de la comunidad veguina don Robinson Ahumada con su discurso inaugural, mientras que Astudillo, también al igual que el año pasado, corre de un rincón a otro velando por el perfecto desarrollo de esta fiesta y del cumplimiento preciso de los horarios.
La tarde comienza a irse mientras sube al escenario el joven pianista y compositor argentino Rodrigo Ratier, con los músicos que desde el año 2005 trabajar como el "Rodrigo Ratier Quinteto", un curioso y vanguardista proyecto de fusión entre el jazz y el tango (en lo que se ha llamado nuevo tango) donde incluso se da ocasión a hilos de improvisación y momentos de total predominio del saxofón, entre otros detalles que ponen el relieve la frecuencia jazzística en que opera el grupo. Admito que, habiendo escuchado antes algunos trabajos de Ratier, me costó asimilar la fusión tango-jazz, pues creía sentir que la estructura rígida del ritmo argentino tendía a hacer forzada la combinación; pero después de verlos en vivo, ya no tengo dudas de que la mezcla fluye perfectamente y sin asperezas entre teclado, batería, guitarra eléctrica y saxo, a virtud de estos notables músicos que declaran basar gran parte de su inspiración en el legado del insigne bandoneonísta Astor Piazzolla.
Tras una breve pausa, la jornada continúa con "Rodrigo González Cuarteto", grupo del conocido vocalista que ya es un gran señor en este festival, pues el año pasado participó apoyando la presentación del maestro Valentín Trujillo en la inauguración del "Jazz a la Vega". En estos círculos, González goza de una gran reputación y admiración, más o menos desde fines de los años noventa, siendo conocido por su intensa actividad y sus standards de jazz, pasando por repertorios de swing y adaptaciones de canciones populares. Acompañado de piano, bajo y batería, González pasea así por piezas de connotados compositores y artistas como Van Heusen, Chabuca Granda,  Irving Berlin, Cole Porter o George Gershwin.
Finalmente, se cierra la jornada con un clásico: el maestro trompetista, cantante y showman Daniel Lencina, uruguayo de nacimiento pero chileno por adopción sentimental, que se ha convertido en una figura de enorme solidez en el ambiente jazzístico histórico de nuestro país aunque sus actuaciones se han extendido por toda América, llegando a ser comparado con Louis Armstrong por su versatilidad, energía y talentos. Quedó clara la vigencia de este músico septuagenario allí en el escenario y aún abajo del mismo, cuando pidió por un rato descender el micrófono a nivel del público para tocar y cantar frente a ellos, siempre acompañado por batería, teclado y contrabajo. En algún momento invita a compartir micrófono a Rodrigo González, de hecho.  Tuve el honor, además, de conseguirle una copita de vino a don Daniel, luego que me viera rondando cerca del escenario y me pidiera una para acompañar su presentación con pequeños brindis que cerraron una noche impecable de "Jazz a la Vega".
"Rodrigo Ratier Quinteto".
"Rodrigo González Cuarteto".
Don Daniel Lencina y sus músicos.
LA SEGUNDA NOCHE
Esta segunda jornada abrió cerca de las 19:30 horas con la banda "Santiago Downbeat", que realiza tanto presentaciones instrumentales como vocalizadas por su entonada y potente cantante Natalia Ramírez, única mujer entre esa docena de músicos varones. En actividad desde el año 2008, esta orquesta se aproxima más a vanguardias  de gusto juvenil dentro del jazz, realizando una singular combinación del ritmo con otros de base jamaicana, especialmente el ska, rocksteady y algo de reggae, aunque su repertorio incluye temas antiguos, adaptaciones de temas modernos y también temas propios. Algunas de sus piezas, además, son tomadas de la mítica "Orquesta Huambaly", de la época dorada de los grandes bailables y candilejas chilenas.
Viene después "Pancho Aranda Trío", con un verdadero señor de la música a la cabeza. Jazzista, compositor, director de orquesta y con gran experiencia en el extranjero, principalmente en Italia (algo que se nota en parte de sus repertorios escogidos), desde el piano eléctrico de Aranda brotan melodías que van desde el cabaret y el jazz clásico hasta temas tan asociados a la cultura popular como la canción central de "La Pantera Rosa" y el tema de "Spiderman", mientras es acompañado con batería y contrabajo, este último a cargo de su propio hijo. También incluye temas propios en este libreto. En un momento se suman la voz y desplante de la propia presentadora, Lorene Prieto (muy adecuadamente vestida para este instante, hay que decirlo) y el sonido claro de otro conocido de este festival: Andrés Pérez, quien ya tuvo su propia presentación durante la temporada anterior del "Jazz a la Vega". Ha sido un momento de gran deleite para el público, que incluso reclama al momento de salir Pancho Aranda del escenario para cumplir con los rigores de tiempos y plazos.
Finalmente, este tremendo espectáculo tenía que ser cerrado con un golpe a la altura de la circunstancia: "Carl Hammond Big Guns", la Big Band con 20 eximios músicos al mando del maestro Hammond, conocido como todo un "querido viejo loco" de la música en estas aguas de talentos y virtudes musicales desbordadas, donde tiene un enorme prestigio. Doctorado en Composición en Sydney, Master en Teoría y Composición Musical en Estados Unidos y Profesor de la Academia ProJazz acá en Chile, se le reconoce como uno de los directores de orquesta de más experiencia internacional y profesionalismo que han tocado estas tierras, además de poseer un especial carisma y simpatía de "gringo" que lo acercan al público de manera muy personal. Rodrigo González vuelve a ser invitado al escenario, poniendo su portentosa y afinada voz varonil a disposición de esta excelente orquesta, que es ovacionada por los presentes y que casi no los dejan bajar del escenario.
Llega así el cierre de un festival que llenó de música a La Vega Central de Santiago, por segundo año consecutivo y ojala por muchos más, con auspiciosa cantidad de público y más aún de aplausos... Al menos, la promesa para el 2013 ya está hecha.
"Santiago Downbeat".
"Pancho Aranda Trío".
Carl Hammond y su Big Band.

EL "DON FRANCIS" DE PESCADOS Y MARISCOS EN EL MERCADO CENTENARIO IQUIQUEÑO

Coordenadas: 20°12'58.83"S 70° 8'50.27"W
En el segundo piso del Mercado Centenario de Iquique, hacia el lado de calle Barros Arana, se encuentran algunos de los más conocidos restaurantes-marisquerías populares de este edificio, que al santiaguino promedio podrán recordarle mucho a los puestos más antiguos de La Vega Central en las riberas del Mapocho, pues también constituyen un sitio de peregrinación para los amantes de los productos marinos y de los "componedores de caña" por la vía de mariscales o pailas marinas. Hoy quiero partir hablando de ellos, pero poniendo la atención en uno particularmente.
Justo al centro, por el frontón que da hacia la calle en el frente del edificio y exactamente ante el último peldaño de la unión de las escalas interiores de acceso a este segundo piso, en el antiguo local 94 del complejo, se encuentra el restaurante "Don Francis" de pequeño tamaño pero gran fama allá, con una sala única llena de mesas cojas y una cocinería al lado, desde donde salen los platillos repartidos por las camareras.
Según me cuentan aquí mismo, el boliche fue fundado sobre uno anterior por un señor que era apodado Don Francisco, por su parecido con el animador de televisión Mario Kreutzberger, que usa este pseudónimo. De ahí que fuera nombrado formalmente como "Don Francis" hacia el año 1997, según calculan las trabajadoras. Actualmente, la patrona de este cuartel marisquero es doña Myrta Benavides, también muy conocida en el sector.
Vista del antiguo mercado, justo por el lado donde está el "Don Francis" en las dependencias que se ven exactamente sobre el acceso central al edificio. Fotografía expuesta dentro del propio restaurante.
Sobre el gran acceso al restaurante, hay un cartel pintado a mano con una caricatura del personaje "Condorito" de Pepo siendo alegremente atendido por una atractiva y esbelta garzona (aunque no es retrato de ninguna de las que trabaja allí... sin ofender), mientras se lee el lema: "del mar a su paladar", además de la proclama adjunta: "Bienvenido su majestad el cliente". Otros carteles y letreros del mismo estilo gráfico declaran la oferta de planos disponibles, a ambos lados de este acceso. La decoración adentro intenta evocar al generoso mar que provee a estas ollas y mesas (se ven naves a escala y cuadros de marinas), aunque este sitio esta dominado por el color verde apastelado, en muros y manteles, con un televisor encendido en lo alto de un rincón.
Visitado por familias, turistas y trabajadores del barrio, el "Don Francis" caracteriza su oferta como casi todos los restaurantes del mercado: productos marinos frescos conseguidos allí mismo en el recinto, por el lado de las pescaderías del lado de calle Sargento Aldea, a precios de sueño para un avaro. Incluso encuentro allí al Pope, un amigo más que he conocido durante la Fiesta de la Tirana y que volveré a ver varias veces después (incluso en el bus de regreso a Santiago), mientras ofrece sus artesanías a los clientes que sabe llegan allí al local atraídos por las extraordinarias ofertas y la contundencia de las colaciones.
Lo más solicitado del "Don Francis" es su mariscal y su pescado frito, seguido de ceviches, pailas marinas y caldillos de mariscos. Sus cartas-menús plagadas de precios enmendados y correcciones a mano (con nombres de los platillos en español e inglés) ofrece también locos mayo, pulpo mayo, perol, pastel de jaiba, erizos en salsa verde, chupe de loco, reineta, cojinova, congrio, albacora, cabrilla, etc. Si alguien quiere carne, puede echarle manos al cerdo, el vacuno o el ave, pero los mariscos y peces parecen ser del mayor interés de los turistas. También hay disponibles vinos y cervezas, para mejorar la comilona antes del postre.
A futuro publicaré entradas sobre las demás cocinerías del Mercado Centenario de Iquique, pero por mientras les dejo recomendado este negocio tan conveniente al bolsillo y al paladas del visitante, con platos de volúmenes tales que hasta algunos enfrentamos el temor de capitular en el intento, cuando los tuvimos frente a nuestros ojos.
Acceso al "Don Francis".
Vista de la sala, desde la entrada.

jueves, 22 de noviembre de 2012

UNA JOYITA COQUIMBANA: LA CASA MAC-AULIFFE DE CALLE VARELA

Coordenadas: 29°57'14.31"S 71°20'13.22"W
En calle Francisco Antonio Varela número 1092 de Coquimbo, muy cerca de la esquina con Bilbao y por el lado de la cuadra poniente, está la fachada de una hermosa casona de aspiraciones palaciegas, conocida como la Casa Mac-Auliffe, que constituye un verdadero tesoro en el patrimonio arquitectónico e histórico de la ciudad.
La casa es de fachada neoclásica y tintes victorianos que acusan su influencia de origen británico del siglo XIX. Si bien muestra gran simetría en el frente y en su parte trasera, las caras laterales son distintas, de modo de cada uno de sus cuatro lados luce diferente. Como se ubica en un desnivel descendente del terreno, su frente cuenta con dos pisos mientras que su fondo con tres, al que se le adicionó una habitación alta a modo de cuarto piso en remodelaciones posteriores, también por su parte posterior.
El inmueble fue construido en 1889, originalmente con los planos del arquitecto inglés Robert Owen Parker, quien junto a Joseph Bradford hizo la dupla que configuró el célebre estilo y aspecto que se observa en sitios como el Barrio Inglés de la ciudad. La elegante casa fue comprada por la familia del comerciante, empresario y agente naviero galés John J. Mac-Auliffe, para establecer allí su residencia, y de ahí el nombre con el que se la conoce hasta ahora.
Como se recordará, este importante personaje de la historia coquimbana llegado a Chile hacia los días de la Guerra Civil (y sobrino de otro prestigioso británico de la zona: don Guillermo Mac-Auliffe), era propietario de una firma naviera, de una fundición y de una maestranza, además de compañías comerciales, siendo su familia dueña de muchos de los terrenos sobre los cuales creció la ciudad de Coquimbo.
Popularmente, se dice que la suntuosa casa de los Mac-Auliffe era como un pequeño museo en su época, por su decoración en los años en que pertenecía a la familia. Lo más parecido a este dato que consigo encontrar en la literatura lo aporta David Schidlowsky, quien cuenta en "Neruda y su tiempo" que, hacia 1971, el clan guardaba el timón original del navío capitaneado por el Almirante Nelson durante el Combate Naval de Trafalgar, enterándose Neruda que estaba en venta gracias a su amigo el poeta serenense Roberto Flores Álvarez, interesándose por esto en adquirirla.
Según tengo entendido, después de dejar de ser ocupada a la familia, la casona fue traspasada al sector público y entregada a concesión a particulares, para ser ocupada por ciertas actividades comerciales, hasta que la Municipalidad de Coquimbo decidió ponerla a disposición de sus oficinas ya en el presente siglo, siendo hasta ahora la sede del Departamento de Educación Municipal (DEM).
La casa está justo en el casco histórico de Coquimbo, en lo que hoy se denomina Sector Puerto Centro. Hace pocos años, hacia 2008, fue incorporada a un circuito turístico local planificado con participación de los propios vecinos, y que incluye también sitios de interés como la Plaza de Armas, la Iglesia San Pedro, la Plaza Gabriela Mistral y el Barrio Inglés. Aunque por ahora recibe pocas visitas, su cercanía al mercado del puerto y a las calles que llevan hacia la plaza y a la Cruz del Tercer Milenio, servirían para incorporarla definitivamente a las rutas del turismo de Coquimbo y de toda la región del mismo nombre.

LA LARGA Y AGITADA HISTORIA DE LA ISLA ALACRÁN (AUNQUE YA NO SEA ISLA)

La Isla Alacrán en 1959, antes de ser convertida en península y cuando el faro aún estaba cerca del centro de la misma. Fotografía de don Adolfo Arenas Arancibia, publicada en el grupo Facebook "Ese Arica de Antes".
Coordenadas: 18°28'49.80"S 70°19'55.31"W
Actualmente, se desarrolla en la Corte Internacional de La Haya el proceso en torno a la cuestión que el Perú ha presentado en contra de Chile, a propósito del mar soberano frente a la costa de Arica. En esta circunstancia, puede que ante los jueces del tribunal pasee alguna referencia fugaz a la curiosa e histórica ex Isla Alacrán de las costas ariqueñas, si bien no incide directamente sobre el límite paralelo que ha sido cuestionado, pues se encuentra a cierta distancia del mismo y es una isla adyacente al borde costero.
Convertida desde los años sesenta en una península por trabajos realizados a la par de la construcción del gran puerto, este sólido islote de roca y arrecife ha palidecido en los catálogos turísticos ante la presencia imponente del Morro de Arica, pero de todos modos constituye uno de los tractivos más importantes de la Ciudad de la Eterna Primavera. Si historia involucra aspectos de geología, arqueología, biología, historia militar, historia náutica y arquitectura decimonónica.
Con unos 50 mil metros cuadrados, 310 de longitud y 250 de ancho, esta isla de rocas está ubicada casi enfrente del costado Sur del Morro de Arica, del que algunos presumen fue parte alguna vez o bien correspondió a un primitivo fragmento desprendido de su peñón, y se halla separada por unos 455 metros de la orilla, actualmente cubiertos por un terraplén que permite el tránsito a pie y vehicular, además de algunos interesantes restaurantes o centros de recreación distribuidos en el sector. Existen planes y proyectos concretos para mejorar su aspecto y potenciarlo como atracción turística, pero veremos que estos todavía rondan en las intenciones más que en hechos concretos, por ahora.
Vista actual de la ex Isla Alacrán.
LA ISLA EN LOS ORÍGENES DE ARICA
El nombre de la Isla Alacrán o Isla del Alacrán tiene más de una explicación teórica. Provendría, según cierta tradición oral, supuestamente de la forma que tenía la este piélago dibujado en los mapas, pues en su costado Norte (donde ahora está un muelle con malecón), una cola de rocas se prolongaba y volteaba paralela a la isla, apuntando hacia la costa, que hacía a su silueta parecida a un escorpión o alacrán. Otra leyenda dice que, en los tiempos de la fiebre guanera, unos aventureros o filibusteros se organizaron para ir a buscar un supuesto tesoro pirata escondido en la isla, hallando en su lugar sólo unos agresivos alacranes que le dieron el nombre a la isla. Es algo sabido que, en aquellos años, abundaban en Arica esta clase de escorpiones de pequeño tamaño.
Para el investigador peruano y oriundo de Arica don Rómulo Cúneo Vidal, sin embargo, el nombre del islote proviene de ciertos ritos realizados por indígenas del interior de Azapa y de las faldas del Morro, que representaban luchas heroicas contra monstruos con aspecto de escorpiones durante la Fiesta de las Llallaguas (en quechua: alacranes), ceremonias que después fueron mal vistas por la cristianización y que habrían obligado a estos indígenas a esconder sus disfraces y atuendos rituales en la isla de marras. Su descripción, aunque parece un poco rebuscada (aquí la presento muy sintetizada), ha sido acogida por investigadores profesionales y tomada como posible para explicar la toponimia del caso.
Desde tiempos ancestrales esta isla era conocida por los indígenas balseros de Arica, hacía más de 10 mil años según se calcula. Las generaciones de antiguos habitantes fueron los señores de estas tierras hasta la llegada de los españoles y la fundación del poblado en 1541 bajo el patronato de San Marcos. Del paso de estos ancestros por la isla han quedado huellas notables, como restos de arpones, ganchos y anzuelos de los siglos I y II. Se dice incluso que algunas de estas herramientas podrían haber servido para la casa de grandes cetáceos y lobos marinos. Se sabe que los indios camanchacos recolectaban allí mariscos y que también fue un sitio abundante en algas, peces y huevos de aves, productos consumidos por los antiguos habitantes.
Fray Gregorio García cuenta, hacia fines de ese mismo siglo, que los indios iban en sus balsas de cuero de lobo hasta esta isla y otras menores cerca de la costa, señalando también que en las versiones que se hacían por entonces del escudo de armas de la ciudad se colocaban también balsas en la imagen, probablemente por esta misma razón. Estos mismos indios balseros y recolectores del guano de la isla serían los que sitiaron y prendieron fuego a la nave "San Pedro" del Piloto Pedro Gallegos, luego de salir del Callao y llegar a Arica en 1536.
La Isla Alacrán, registrada como la "Isla Guano" en el mapa titulado "Plan d'Arica, sur la cote du Perou" de 1822, de Joseph Lartigue, publicado en Francia.
Migración masiva de aves marinas en la Isla Alacrán, las mismas que la convertían en una importante covadera o yacimiento de guano. Imagen obtenida hacia los años 1945 a 1950, antes de que la construcción del terraplén espantara a las aves. Fotografía subida al grupo Facebook "Ese Arica de Antes" por don Gustavo Baumann.
EN LOS TIEMPOS COLONIALES
Alguna vez fue llamada también Isla del Puerto, en el siglo XVIII, e Isla de Guano por sus covaderas, especialmente entre los viajeros del siglo XIX. Aparece como Isla Guano en el "Plano de Arica, Sur de la costa del Perú" publicado en 1822 por el francés Joseph Lartigue. Amadeo Frezier también la menciona en sus crónicas de 1713, aunque la llama Isla del Guano y reclama por la fetidez que los excrementos de las aves como patillos y cormoranes provocaban en ella.
El cronista Pedro Cieza de León parece ser el primero en mencionar la isla en su "Crónicas del Perú" de 1553, cuando se refiere a que "sobre este Morro hay una isla, y junto a ella al puerto de Arica", luego de pasar por las costas del Pacífico. En esa misma centuria visitan la Arica piratas como Francis Drake y Thomas Cavendish; en el siglo siguiente le toca a Joris van Spilbergen, y más tarde Bartholomew Sharp con John Watling (quien murió allí durante el ataque), pero todavía no se instalaban fortificaciones en la isla que permitieran reprimir las incursiones de estos corsarios. Cuando el pirata John Clipperton bombardeó Arica en 1721, todavía las principales defensas de la ciudad estaban en tierra firme y en el Morro. Estas visitas indeseadas al puerto dejaron sembradas muchas historias de supuestos tesoros piratas, que también involucraron empresas de búsqueda por quienes creían que había alguna sorpresa al respecto en la Isla Alacrán.
Ya entonces, se notaba entre los marineros una particularidad en esta isla: que protegía parcialmente la bahía de Arica de los vientos predominantes haciendo las veces de bloqueo, por lo que los barcos mercantes solían aglomerarse a sotavento de la Isla Alacrán, muy cercas unas de otras, en aquellos tiempos.
Sólo hacia los días de la rebelión de Tupac Amaru y las revueltas de Simón Castillo, cambia en algo la situación de la isla siendo aún peruana en esos años, como se recordará. En un artículo titulado "Amarus y cataris: Aspectos mesiánicos de la rebelión indígena de 1781 en Cuzco, Chayana, La Paz y Arica" y publicado por la "Revista Chungará" en 1983, Jorge Hidalgo señala que los archivos de Lima y Santiago demuestran que se utilizó la Isla Alacrán como presidio para los 28 campesinos alzados en favor de las fuerzas rebeldes de Amaru en los Altos de Arica, quedando 14 días presos allí bajo el cuidado de un capitán de marina, siendo despachados después a la Isla de Iquique y otros más revoltosos a Lima, lo que hace presumir de la presencia de alguna clase de infraestructura o instalaciones en la Alacrán. Entre los presidiarios estaban Juan Buitrón y el indio Alí.
Tras estos incidentes, el Corregidor Ordóñez comenzó a reforzar la defensa de la ciudad y, hacia los mismos días, el Intendente de Arequipa Álvarez y Toledo planificó nuevas fortificaciones para el Morro, proponiendo cerrar el puerto de La Lisera para evitar desembarcos y poner cuatro cañones en la Isla Alacrán, idea que después fue descartada por estimarse que la batería del Morro daba suficiente cobertura al mismo sector. Desgraciadamente, nada de lo planificado por el Intendente pudo concretarse, por falta de fondos y otras urgencias.
Vista de las estructuras fortificadas en la isla en 1971 con el Morro de Arica a espaldas, originalmente de la colección del fotógrafo Baltazar Robles Ponce. Aunque aún no se realizaban los trabajos de limpieza de la Isla Alacrán y el despeje de las ruinas, en la imagen estos muros se ven mucho más limpios e íntegros que en nuestros días.
Las misma estructura circular del Sector A, visto en nuestros días.
EN LA HISTORIA MILITAR DEL SIGLO XIX
Sólo a principios del siglo XIX comenzaron a colocarse auténticas defensas y fortificaciones en la isla, valiéndose de piedra canteada, argamasa y enladrillados. Hacia 1822, además, el Virrey del Perú don José de la Serna destacó una guarnición de Arequipa para la defensa de la ciudad desde la isla, al mando del Coronel Juan Ramón Rodil, empleado para ello estas instalaciones. Corresponden a las mismas que estaban allí dispuestas en la isla durante la Guerra contra España de 1865-1866, ocasión en la que se les dispusieron 8 cañones de 15 pulgadas, habilitándose espacio para un contingente de 150 hombres.
Estas fortificaciones, que algunas leyendas han interpretado como restos de castillos coloniales, se dividen en dos sectores reconocidos hoy por los arqueólogos: la Sección A, más grande y ubicada al oriente de la isla, y la Sección B, de menor tamaño y al poniente del terreno, resguardado desde la vista de los barcos por los roqueríos donde ahora se ubica el faro. Presentan murallones fortificados y galerías de lo que antes habían sido subterráneos y polvorines con cierta semejanza a los que también se construyeron en la cima del Morro.
Las estructuras, de fabricación inconclusa, todavía pueden verse allí a pesar de que "fueron barridas por los terremotos y maremotos de la segunda mitad del siglo", como escribe Roberto Arancibia Clavel en "Breve historia militar de Arica". El más violento fue el del 13 de agosto de 1868, con un tremendo sismo que asoló todo el Sur del Perú y que luego causó un tsumani de tal violencia que dejó al buque de guerra norteamericano "Wateree" varado 400 metros más adentro de la Playa Chinchorro. Este maremoto cubrió de agua la isla y se llevó como si fueran juguetes los enormes y pesados cañones, arrancándolos con sus fundaciones. La marejada, con olas de unos 16 metros, también hizo desaparecer la guarnición de 100 hombres que estaban allí, arrasando a todo el borde de la ciudad junto con dejar aquellas fortificaciones a medio terminar en la isla, tal como se las observa aún. En "Arica 1868 un tsunami y un terremoto", Manuel Fernández dice que los cuerpos de estos infelices acabaron tragados por el mar y, los que no, arrojados en la orilla de la costa. Calcula en 85 las víctimas de este destacamento.
Tras un segundo terremoto con tsunami ocurrido el 9 de mayo de 1877, permanecieron prácticamente abandonadas hasta 1879, al estallar la Guerra del Pacífico, ocasión en la que fueron reforzados y dispuestos para la defensa de la costa, especialmente cuando el Presidente Mariano Ignacio Prado decidió establecer en Arica su dirección militar y administrativa durante la conflagración. El Coronel Leoncio Prado Gutiérrez instaló allí en la isla la División de Torpedos de la Armada del Perú, cuya jefatura quedó en manos de don Pedro Ureta.
La acción conjunta de Prado Gutiérrez en la isla con la batería del monitor "Manco Cápac", permitieron frustrar el primer intento chileno de ocupación de Arica, durante la Batalla Naval de 27 de febrero de 1880, ocasión en la que muere el Capitán Manuel Thompson. El historiador militar Arancibia Clavel hace notar, sin embargo, que la participación de la guarnición de la Isla Alacrán en la posterior Batalla de Arica del 7 de junio de ese mismo año, fue más bien parcial y poco activa. Hay interesante información inédita publicada a este respecto por el profesor Hugo Ramírez Rivera en su artículo "La Isla del Alacrán, durante la Guerra del Pacífico", en un ejemplar de la "Revista Chungará" de 1984.
Vista del Morro de Arica desde el peñón de la isla, junto al faro Se observan también los caminos interiores de la isla y los restos de las estructuras fortificadas tal como se observan hoy.
LA ISLA BAJO BANDERA CHILENA
Con la toma del Morro en la mencionada batalla del 7 de junio -la fecha más importante entre las efemérides de Arica-, pasó la Isla Alacrán con la ciudad completa a manos chilenas, de manera definitiva.
Pero los cataclismos no cesaron en lo que quedaba de aquel siglo y en un fuerte temblor en horas de la madrugada de 1895, la isla quedó casi seca por el recogimiento del mar, causando pánico entre los habitantes ariqueños que aún recordaban las tragedias de 1868 y 1877, alertando a toda la población para escapar de lo que parecían un inminente nuevo maremoto. Sin embargo, la ciudad se salvó de la arremetida de la naturaleza que no llegó a ser tan potente como se creyó en principio, aunque sí fue lo suficientemente enérgica para arrojar contra los roqueríos de la isla a dos embarcaciones: la "Santa Luisa" y el "San Carlos".
Hacia los días del Primer Centenario de la Independencia, la Comisión de Puertos comenzó a estudiar un ambicioso proyecto de habilitación portuaria uniendo con un molo el terreno del Morro con el de la Isla Alacrán, estructura que cercaría el puerto con otro molo y malecones por el lado Norte hasta el frente de la Estación del Ferrocarril de Arica, aunque, finalmente, sólo se concretó la construcción de este último sector para el servicio portuario. según Alberto Decombe en su "Historia del Ferrocarril Arica a La Paz", las obras planificadas para unir la isla con el Morro se calculaban en $430.000 (oro). Quizás estos mismos planes son los que después se decidió retomar para la construcción del actual terraplén que vincula a la Alacrán con la orilla. Si bien se daba por hecho en 1913 que el proyecto iba a ser ejecutado, se lo postergó y quedó apartado del definitivo complejo portuario ariqueño. Sólo en los tiempos del segundo gobierno del General Carlos Ibáñez del Campo se retomó el asunto, especialmente con la creación de la Junta de Adelanto de Arica.
Ese mismo año de 1913 se levantó hacia el centro de la isla, en el Sector A de las fortificaciones, un faro no habitado y después sustituido por otro más moderno y sólido, de operación automática para navegación y de ocho metros de altura. La misma estructura fue cambiada después al Sector B de las fortificaciones, sobre el morrillo de rocas al poniente de la isla, que dejó el haz de luz blanca sobre los 20 metros de altura, instalándoselo justo encima de un antiguo observatorio de vigilancia y defensa allí construido con los fuertes. Antes se podía acceder con más facilidad a la actual ubicación de este faro en lo alto, pero la desaparición de las barandas señalando el camino y facilitando el ascenso por las rocas ya ha desaparecido.
Bajo esta misma roca (la más alta de la isla) se sitúa una gruta con un profundo y aterrador foso, cuyo acceso ha sido cerrado con una puerta metálica de barrotes. Otra leyenda ariqueña dice que en la isla habían túneles conectándola con el Morro y que eran usados por indígenas y luego por los hombres de la guarnición, señalándose a este foso como una posible boca en ruinas de esas míticas galerías.
Restos de las fortificaciones en la isla. Su estado no parece ser el óptimo, por desgracia.
El peñón de rocas y el faro. Abajo, se observa la puerta que cierra el paso hacia el foso subterráneo.
DE ISLA A PENÍNSULA Y DE PENÍNSULA A MONUMENTO
Hasta los años sesenta, la isla permanecía aislada del continente, con el faro casi al centro de la misma y con un pequeño muelle por el lado poniente, hacia el Sur. Sin embargo, un plan surgido en la Junta de Adelanto para conectarla al continente y contrarrestar los efectos del oleaje que corre desde el Suroeste, se tradujo en la construcción del cómodo terraplén a partir de 1964, dejando así de ser isla y transformándose en la actual península.
En una decisión que ha sido controversial, sin embargo, se recuerda en la ciudad cómo se removieron e se incluso dinamitaron rocas de las laderas del Morro de Arica, para conseguir el material que fue usado aquí y también en la construcción del puerto más al Norte. Uno de los tantos mitos adicionales ariqueños dice que, durante la realización de estas explosiones, se descubrieron osamentas de monstruos jurásicos o supuestos pasadizos secretos dentro del Morro, pero todas estas historias parecen ser sólo fruto de la imaginación popular.
El grueso de los trabajos de unión a través del istmo artificial fueron concluidos al año siguiente, pero otras partes del mismo se extendieron hasta 1967, año en que se terminó de abrir totalmente al público y a horario completo, consiguiéndose consolidar así la relación directa con tierra firme y dejando atrás con ello los románticos cuentos de tesoros piratas escondidos en la isla, luego que muchos ilusos corrieran a tratar de confirmar las viejas fábulas sobre fortunas sepultadas entre las rocas o las ruinas del fuerte.
Dicen, sin embargo, que con este cambio se fueron los patillos, cormoranes y pelícanos de la isla, pues dejó de ser un lugar perfecto de migración y anidación como lo había sido por miles de años, quizás millones. El apareo de los antiguos pájaros marinos fue cambiado ahora por el de parejas románticas humanas, que llegaban hasta allí en vehículos o a pie a consumar sus pasiones, aunque sin dejar a cambio toneladas de fétido guano como hacían las aves.
Sólo en 1977 se realizaron trabajos de limpieza y despeje de las fortificaciones en la isla, llevado a efecto por la Municipalidad, el Servicio Nacional de Turismo y expertos de la Universidad de Chile. En aquella ocasión, además de vestigios arqueológicos como los ya mencionados, se encontraron restos de cerámica y posible evidencia de la extracción guanera en épocas precolombinas. En tanto, las calderas del encallado navío "Wateree", que acabó destruido en el otro terremoto con maremoto de 1877, fueron declaradas Monumento Histórico Nacional por Decreto Supremo N° 317 del 4 de junio de 1984, habiendo sido reubicadas en la Isla Alacrán por algún tiempo.
Al año siguiente, por Decreto Supremo N° 1.002 del 13 de diciembre de 1985, se declaró en la misma categoría de Monumento Histórico Nacional a la isla y sus fortificaciones.
Vista actual de la isla desde la altura del Morro de Arica.
Acceso a uno de los pasajes subterráneos de las fortificaciones.
SITUACIÓN ACTUAL DE LA EX ISLA
En el Club de Yate y Deportes Náuticos establecido en la Isla Alacrán también se instaló un mástil de la embarcación "Wateree", en un recinto donde se implementó un pequeño museo náutico en el que se pueden observar incluso cañones de la época de la defensa. En los noventa se evaluó también el traslado de la mítica Tumba de Drake en el Cementerio Municipal hasta la isla, intención que nunca se concretó. Se instalaron algunos puertos comerciales y, como vimos, el faro había sido trasladado hasta el morrillo del extremo poniente. Por el deterioro que estaba sufriendo la estructura de las calderas del "Wateree" a causa de la brisa salina, sin embargo, éstas se trasladaron hacia el año 1998 a la avenida Raul Pey, al costado Sur del Río Lluta en el sector Bajos de Chichorro, unos 5 kilómetros al Norte del centro de la ciudad, donde permanecen hasta hoy.
En tanto, la playa Sur de la ex isla llamada Playa del Alacrán, se ha convertido en un importante atractivo para los practicantes del surf y el bodyboard, tanto así que se ha levantado un monumento a esta actividad justo frente al camino del terraplén, siempre sobrevolado por gaviotas, pelícanos y jotes de mar. Se han realizado también encuentros musicales en ella, y la isla entera se ha vuelto un interesante centro de prácticas deportivas o recreativas, como ciclismo, trote, buceo y pesca. Se da una situación curiosa allí, por cierto: mientras la mejor vista de la isla se obtiene desde el Morro, éste se ve en plenitud también desde la isla, de modo que ambas postales son mutuamente imperdibles y necesarias en una visita. Por las noches, la Península Alacrán es bellamente iluminada con el alumbrado público, contando con un par de restaurantes y estacionamientos para quien llega allí.
Han existido planes para implementar un auténtico museo de historia náutica en la isla, especialmente durante la administración del alcalde Carlos Valcarce. También se ha propuesto atraer más comercio recreativo al lugar. Sin embargo, el plan no se ha concretado y hay ciertos aspectos que deberían ser corregidos pronto dentro del terreno, como evitar que las ruinas de los fuertes con sus murallones, escalinatas y bóvedas sean ocupadas como baños públicos o el no menos dañino ataque de los "grafiteros" a estas seculares estructuras.
El Ministerio de Obras Públicas implementó hace poco un plan de mejoramiento del acceso a la ex isla, pero recientes marejadas sucedidas sólo unas semanas después de tomar las fotografías que aquí publico, destruyeron parte del asfaltado del camino que la circunvala. Actualmente, además, se construye un paseo frente al Morro por la avenida Costanera hasta la proximidad del acceso, que permitirá estrechar el circuito turístico entre el gran peñón ariqueño y esta histórica isla transformada en península.

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