viernes, 12 de enero de 2007

UN ANTIGUO BURDEL DE ESTACIÓN CENTRAL SEGÚN LA DESCRIPCIÓN DE EDWARDS BELLO



Estación Central en 1890.

Coordenadas: 33°27'17.73"S 70°40'50.37"W

Cuando la importancia de la Estación Central comenzó a decaer, llevándose al comercio elegante y a los grandes hoteles del sector, el barrio entró en un período de decadencia similar han que han experimentado varios otros sectores de la capital, convirtiéndose en refugio de vividores y gente de vida licenciosa. Los bares obreros, los garitos y las casas de remolienda proliferaron en lo que, hasta principios del siglo XX, era casi el segundo centro de Santiago.

Uno de los burdeles que vio la luz en este período, quedaba a un costado de la Estación Central, regentado por la "Tía Emma". Muy poco habría sobrevivido en la literatura sobre él, salvo por una asombrosa excepción: don Joaquín Edwards Bello, en su libro de 1920 titulado "El Roto", a quien se le debe, además, ser reconocido para la posteridad con el nombre de "La Gloria".

Probablemente, muchos pensarán que don Joaquín jamás pudo conocer en persona los prostíbulos de los barrios más oscuros de Santiago. Es difícil imaginarse a alguien que presume tanto de sus apellidos aristocráticos, bailando con la "niña feliz" al compás de un piano desafinado tocando una polka. Pero el burdel de "La Gloria", que describe en su novela, efectivamente no es fruto del capricho ni de lo captado a oídas: aunque algunos cronistas parecen desconocer este dato, don Joaquín conoció personalmente el prostíbulo original cuando tenía sólo 23 años. Esto es reconocido por él mismo en su trabajo "Recuerdos de un cuarto de siglo", publicado en 1966 por Editorial Zig-Zag:

"En la misma época conocí el prostíbulo de Ema Laínez, en la calle Borja Nº 227, en el que anduve perdido después de publicar El Inútil, en 1910. De mis observaciones de dicho prostíbulo, y de otro, de Rosa San Martín, hice el prostíbulo y la patrona que aparecen retratados en El Roto".

Para nuestro gusto, entonces, la descripción que Edwards Bello construye en su famoso libro, no debe estar muy alejada de lo que se sabía entonces al respecto y, por la misma razón, le damos el crédito como fuente válida.

Joaquín Edwards Bello, hacia 1930.

"La Gloria" de Edwards Bello, como el burdel de la "Tía Emma", quedaba exactamente al lado de la Estación, "al reverso de esa decoración flamante que se llama Alameda", según el comentario del autor en "El Roto". Hoy, esta calle "típica de los barrios bajos santiaguinos" es llamada San Francisco de Borja. Por supuesto que era muy distinta de lo que es ahora, según Edwards Bello. Estaba plagada de ratas enormes que vivían en las acequias, llenas de mosquitos. Sólo una horrible muralla salpicada de dibujos y palabras obscenas la separaba de las líneas férreas. Sobrevive sólo un fragmento de esta pared en nuestros días, en la famosa animita de Romualdito, hacia la entrada de la calle.

Sin embargo, estas calles pertenecían al Arzobispado, según lo dice el propio autor en el texto, en un hecho que ha sido bastante polémico y que causó roces entre algunos denunciantes con la Iglesia. De hecho, no fue el único rincón de amores pecaminosos que funcionó en este barrio. La descripción que hace el escritor es la que sigue:

"Se entraba al prostíbulo por una mampara iluminada en las noches con un pesado farol que recordaba la Colonia. Seguía un pasadizo y adentro estaba el patio, rodeado de piezas -corazón del lupanar. Además de las niñas, vivían allí la criada y la patrona. En cada habitación había tres o cuatro lechos, separados unos de otros por cortinas corredizas colocadas sobre cordeles que cruzaban de una a otra pared; en los lavatorios -donde los había- veíanse flores de papel, cajitas redondas de polvos de Kananga; otras más pequeñas de crema de almendras y algunos frasquitos con medicamentos de raro aspecto, recetados por las meicas del vecindario".

Sobre el característico salón de los burdeles, el de la "La Gloria" habría tenido las siguientes características:

"El salón era lo más hermosos de la casa: ancho, grande, alfombrado de rojo y empapelado de verde, con gran espejo, piano y sillas poltronas tapizadas del mismo color de la alfombra. En el testero principal, una oleografía llamativa de la familia real italiana, y en los laterales estampas en colores y de grandes dimensiones representaban escenas polares: una caza de osos blancos en el Mar del Norte, y un barco de pescadores surcando un mar plagado de témpanos, bajo los rayos rojizos del Sol de Medianoche".

Era un burdel de mucha pobreza, según los detalles que registra: puertas sin chapas, ventanas interiores sin vidrios, tapadas con diarios y cartones. En los muros colgaban "fotograbados, imágenes, recortes de periódicos, anuncios en colores, viejos retratos desteñidos, abanicos sucios, con exuberantes escenas bucólicas o marinas", características más o menos comunes a los viejos prostíbulos de Santiago.

No sabemos hasta cuándo habrá funcionado el burdel de la "Tía Emma". En general, las viejas casas de remolienda del sector de Estación Central, fueron desplazadas por otros más nuevos, hacia mediados de siglo, conforme se recuperaba para el barrio un carácter de comercio popular que hasta hoy se mantiene. Según las notas preliminares que Alfonso Calderón anota en la edición de "El Roto" de 1968, publicada por Editorial Universitaria, el sitio del burdel original fue ocupado después de un señor de apellido Gatti, que instaló un almacén en el lugar, ya desaparecido. En su lugar, hoy existe una vieja casona de dos pisos que sirve de local relacionado con la mecánica automotriz.

martes, 2 de enero de 2007

EL FASTUOSO DEBUT DEL PRIMER ESCUDO PATRIO CHILENO: ¿QUIÉNES SON SUS DOS FIGURAS TENANTES?

"Nuestro primer Presidente / Don José Miguel Carrera
Nos dio una Constitución / Con Patria, Escudo y Bandera"
(Letra de una cueca de la tradición folklórica urbana chilena)
Como se sabe, el primer Escudo de Chile fue creado por quien fuera, en la práctica, también su primer Presidente de la República (y a pesar del dogma técnico de los historiadores): el ilustre General don José Miguel Carrera y Verdugo. Sin embargo, aun existiendo el consenso de que se trata del primer escudo patrio chileno, su aspecto y su empleo oficial han generado algunas sutiles diferencias e incoherencias en el relato y las interpretaciones que hacen de él los distintos autores.
Gastón Soublette rescata en su trabajo "La Estrella de Chile", una nota dada por el diario "La Aurora de Chile" sobre el debut de este escudo, el 4 de julio de 1812, durante una fiesta pública celebrada en Santiago por don José Miguel y sus hermanos, en homenaje al aniversario de la Independencia de los Estados Unidos. Recuérdese que Carrera siempre tuvo una gran amistad con el representante de la Unión, Mr. Joel Robert Poinset. Las referencias históricas también enseñan que, en ese mismo encuentro, se presentó la primera Bandera Nacional, bordada por la propia Javiera Carrera, según cuenta la tradición. El número 22 de este primer diario de Chile describió esta noticia.
Versión del Primer Escudo Nacional publicado en la obra "La Estrella de Chile" de Gastón Soublette, en este caso realzando mucho los rasgos indígenas y autóctonos atribuibles al diseño del mismo.
Este hermoso escudo iba a ser mostrado en acto oficial ante el público el 18 de septiembre siguiente, en el aniversario de la Declaración de Independencia. Sin embargo, los costos de los preparativos postergaron la presentación hasta el 30 de septiembre. Ese día, el General Carrera presentó solemnemente los emblemas ante la nutrida concurrencia y se realizó durante la mañana un Te Deum en la Catedral de Santiago.
La fiesta se prologó hasta el amanecer del día siguiente, desde las ocho de la noche hasta las seis de la mañana, luego de los actos realizados durante la noche frente al Palacio de la Casa de Moneda, futura residencia de los presidentes de Chile. Según Claudio Gay, en el baile que se ejecutó en este edificio, algunas damas asistieron vistiendo atuendos de inspiración indígena, como símbolo de rebeldía contra la corona española (ojo con este detalle, porque parece repetir su intención en el diseño del propio escudo), aunque una crónica de Manuel Talavera, testigo de los hechos, dice que estas ropas las traína sólo dos de las 61 damas presentes. Los varones concurrentes, según él, sumaban 200.
Talavera informa también que más de ocho mil velas de distintos tamaños fueron distribuidas en el frontis del Palacio y sus patios durante aquel gran encuentro. Los salones dispuestos para la recepción fueron tres: uno para el baile de invitados, otro con una gran mesa para pasteles, dulces y frutas; y un tercero para el banquete de "250 fuentes de viandas de todas clases".
Se sabe también de doña Javiera Carrera se presentó en la ocasión luciendo una corona invertida, es decir colocada al revés, simbolizando la caída de la monarquía española en Chile y América. El mensaje no podía ser más desafiante para el trono hispánico, y está actualmente en el prendedor de su busto colocado junto al acceso Norte del paseo de Cerro Santa Lucía.
Algunos han discutido si la representación del primer escudo era de indígenas o dioses del mundo clásico. La representación de la izquierda corresponde a uno de los escudos que especulamos más fieles al posible aspecto original del creado por Carrera hacia 1812, y figura en la obra "Chile en 1910: edición del centenario de la independencia", de Eduardo Poirier y Marcial Martínez. Las imágenes de la derecha en fondo oscuro corresponden a estatuas de los dioses romanos Marte (en Lugo) y Venus (en Roma).
Una versión del primer escudo publicada por la revista "Zig Zag" en septiembre de 1912, donde los personajes del heraldo aparecen como figuras de evidente influencia greco-romana. Autores como José Miguel Barros defienden la idea de que representaban más bien dioses clásicos y no indígenas, teoría refutada por otros historiadores.
Este primer Escudo Patrio presentado talla de madera policromada aquel 30 de septiembre de 1812, habría sido obra del artista Ignacio de Andía y Varela, el mismo que esculpió el Escudo de Armas de España que hoy está en el Cerro Santa Lucía. Estaba compuesto su diseño de una columna que representaba el Árbol de la Libertad, con un globo terráqueo en la cúspide, coronado por una alabarda cruzada con una rama de palma, sobre las cuales había una estrella  representada usualmente en fondo blanco o azul (astro diurno, explícita alusión a la Estrella Venusina o de la Mañana que saltó después a la bandera).
A ambos lados del emblema central, había figuras tenantes: un hombre y una mujer, que la tradición identifica con personajes indígenas representando el sentido de pertenencia patriota y localismo. Iban acompañados de las frases "Post tenebras lux" ("Después de la oscuridad, la luz") y "Aut consilio aut ense" ("Por consejo o por la espada"), en alusión a la defensa de la libertad y la independencia nacionales.
Cabe añadir que la esencia de este mensaje, se ha repetido y se ha mantenido -de alguna manera- en nuestro actual escudo, en su lema "Por la Razón o la Fuerza", pese a que algunos fantasiosos han creído que el texto tuvo su origen en la Guerra contra la Confederación de 1836-1839 o en la Guerra del Pacífico de 1879-1884.
Reconstrucción imprecisa del Primer Escudo Nacional, en el Museo Histórico Nacional en óleo sobre tela de autor anónimo (siglo XX), mostrando dos figuras indígenas de varones en lugar de una femenina y otra masculina, como aclara Fray Melchor Martínez en en realidad era el diseño.
La referencia sobre el aspecto indígena de los personajes señalados proviene de la descripción del escudo que realizara el escritor realista Fray Melchor Martínez, en la "Memoria Histórica de la Revolución de Chile", al verlo en la presentación oficial del 30 de septiembre. Dice, citado por Soublette:
"En lo más elevado de la portada principal se veía un alto monte o cordillera sobre cuya eminencia aparecían muchos rayos de luz con una inscripción en la parte superior que decía: Aurora Libertates Chilensis (La Libertad aleja las tinieblas). Al pie de este lienzo estaba colocado otro de figura ovalada, cuyo centro ocupaba un grande escudo, y en él se veía retratada una robusta columna, en cuya cúspide aparecía un globo, y en su cumbre una lanza y una palma cruzadas; sobre todo esto se descubría una radiante estrella encumbrada con alguna distancia.
A la siniestra de la columna, estaba gallardo un joven vestido de indio, y a la diestra una hermosa mujer con el mismo traje; una inscripción superior decía: Post Tenebras Lux; y a la inferior: Aut Concilio Aut Ense (La luz después de las tinieblas y Por consejo o por la espada). Ambos lienzos estaban interior y exteriormente graciosamente iluminados, para que desde lejos pudieran ser vistas y notadas claramente todas sus particularidades, y con el mayor cuidado, el nuevo y característico escudo adoptado por la reciente República chilena".
Sin embargo, un grupo de autores entre los que está don José Miguel Barros, ha puesto en duda que se trate de indígenas y creen que tal identidad de los tenantes sería sólo una confusión convertida en mito, interpretación que es rechazada por otros escritores como el historiador Julio Retamal, sin embargo. La mayoría de las versiones que se conocen del escudo nacional de la Patria Vieja, además, son sólo reproducciones a memoria o tomadas de crónicas como la que hemos citado recién, ya que el original nunca llegó a ser publicado como dibujo por don José Miguel Carrera en "La Aurora de Chile". Tampoco ha sobrevivido ningún boceto del escudo en su etapa creativa.
Aunque se discuten algunos detalles como estos sobre su aspecto y si realmente mostraba indígenas o dioses clásicos que se cree identificar, el convencimiento general ha popularizado como "oficial" la versión que aquí ofrecemos como la más fiel al escudo de la Patria Vieja que los Carrera presentaran a la sociedad chilena en la Catedral de Santiago y el Palacio de la Moneda, en los tempranos tiempos de 1812.

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