martes, 27 de septiembre de 2016

IGLESIA Y CLAUSTROS DE LA COMPAÑÍA EN AREQUIPA: LOS SUNTUOSOS ESPLENDORES DEL BARROCO MESTIZO

Plaza e Iglesia de la Compañía de Arequipa, en litografía del siglo XIX.
Coordenadas:  16°23'59.69"S 71°32'11.46"W (templo)  16°23'59.87"S 71°32'10.51"W (claustros)
Uno de los exponentes más notorios de la arquitectura barroca andina o mestiza del Perú colonial, está a un costado de la Plaza de Armas de la ciudad de Arequipa, frente a los edificios de arcadas del Portal de la Municipalidad y del Portal de las Flores, justo en la esquina de General Morán con Álvarez Thomas: la Iglesia y los Claustros del ex Convento de la Compañía de Jesús.
El gran recinto hoy abarca más de la mitad de la cuadra del Teatro Fénix, con su preciosa iglesia justo en el vértice señalado y los claustros de tres patios llegando hasta la calle de fondo al Sur, la vía Palacio Viejo. De día, una enorme cantidad de turistas extranjeros llegan a este lugar, en parte tentados también con el comercio, los restaurantes y los cafés que existen dentro de los claustros. De noche, inteligentes disposiciones de la iluminación permiten redoblar la admiración contemplativa de los visitantes, obligando a sacar las cámaras fotográficas nuevamente.
La construcción de este templo y los primeros claustros de la Compañía de Jesús de Arequipa en la misma manzana, comenzó en 1578, con planos del arquitecto Gaspar Báez, que habían sido hechos en 1573. Báez fue muy importante y solícito en las grandes obras arequipeñas del siglo XVI.
Esta primera obra estaba casi concluida cuando Arequipa fue azotada por el terremoto del 13 de noviembre de 1582, formidable golpe que la dejó prácticamente en el suelo. Por esta razón fue que, en 1590, el centro religioso comenzó a ser reconstruido desde los escombros, bajo la dirección del padre Diego Felipe, miembro de la congregación. Los planos utilizados volvieron a ser los originales de Báez, y se consagró el lugar al Apóstol Santiago.
Tal cual sucede en casos ya vistos acá, como el de la Casona Santa Catalina o la Casa Tristán del Pozo, el material de roca blanca utilizado en la construcción de esta iglesia, procedió principalmente de las canteras del tutelar Volcán Misti. Según las descripciones que de él se han hecho, este edificio era de una nave única, con dos alas laterales y un coro, interconectado por los arcos de medio punto.
A pesar del daño provocado por el inmisericorde terremoto del 19 de febrero de 1600, que destruyó completa a Arequipa, mayor castigo para este centro religioso parece recibirlo en algún terremoto posterior o por acumulación de daños, pues se han detectado señales importantes de una reconstrucción ejecutada entre 1650 y 1667. Más aún, autores como Alejandro Málaga Medina en "Arequipa. Estudios históricos", señalan que todavía en 1685 se realizaban obras en el convento, algo que se confirma en cartas del Prepósito Provincial, el hermano Francisco Xavier.
La plaza con sus tendales y la iglesia, antes del terremoto de 1868.
La plaza con el campanario reconstruido tras el terremoto.
Estado del templo y del último campanario del siglo XIX, a inicios del siguiente.
Durante este mismo período de años, en 1654, se construyó un arco lateral que conectaba a los claustros, aunque hoy se encuentra condenado y ciego. Esculpido por Simón Barrientos, este paso entre ambos recintos es considerado el primer exponente del barroco andino en Arequipa, a pesar de que el estilo había comenzado a manifestarse en Perú unos 20 ó 30 años antes. Se cree que sus líneas de diseño influyeron en la que se empleó después para el gran portal del frontispicio, como veremos más abajo.
A causa de los retrasos y los terremotos, más de un siglo tardaron los trabajos de la actual iglesia para ser completados, ya a fines del siglo XVII y precisamente en el período en que el barroco andino empezaba a adquirir rasgos muy localistas. Tal es el caso de esta iglesia, pues se trata de un ejemplo muy característico del rasgo arquitectónico y artístico del barroco arequipeño, como es -por ejemplo- la filigrana y el detallismo minucioso pero de relieve más bien superficial, dadas las propiedades particulares de la piedra utilizada.
El templo destaca por su decoradísimo portal en la fachada, considerado el más interesante y mejor conservado exponente del descrito estilo. Sus motivos dominantes son de flora, fauna y mitología. Sin embargo, este magnífico frente proviene de la última etapa del edificio, pues pertenece a la reconstrucción de la fachada ejecutada tras las destrucciones provocadas por el terremoto de 1681. Concluida en 1698, como puede leerse entre las falsas columnas del primer cuerpo, esta obra pone fin a la larga centuria que ocupó a los constructores y reconstructores terminar definitivamente el edificio religioso. Consta de tres niveles:
  • Uno inferior con las puertas de cedro en arco y ocho pilastras en pares, entre las cuales va inscrita la señalada fecha del término del edificio. Se observan también pequeños personajes y querubines, y mucha decoración orgánica.
  • Uno central con hornacina y vano, en cuya ménsula existía antaño una cruz de piedra escoltada por las cuatro pilastras. Hay imágenes e inscripciones alusivas a la Sagrada Familia en su composición, además del emblema de los Habsburgo del Águila Bicéfala, aludiendo a la casa imperial de entonces.
  • Un tercero de frontón como remate, tocado por la hornacina más pequeña al centro, con una figura de San Miguel Arcángel escoltado por otros arcángeles, quizás correspondientes a Gabriel y Rafael.
Iglesia y campanario de la Compañía de Jesús de Arequipa.
Exuberante decoración del portal en el frontispicio, con sus tres niveles.
Frente de balcones del edificio adyacente a la iglesia, con entrada a los claustros.
Decoración en columnas y arcos del Claustro Mayor.
Dentro de los diseños de esta fachada, pueden reconocerse también varias conchas de ostiones o veneras, posible reminiscencia del culto a Santiago Apóstol, además de grutescos y figuras que podrían estar tomadas de leyendas y tradiciones indígenas, en un curioso sincretismo del folklore reflejado en la iconografía usada para la artística decoración. No puede pasarse por alto el acceso al templo por calle Álvarez Thomas, además, donde se ve una gran representación de la advocación de Santiago Matamoros tallado por encima de las puertas.
El edificio tiene su torre campanario adosada, rasgo que no es general en las iglesias del Sur de Perú. En el pasado fue más esplendorosa, sin embargo, acabando destruida por el trágico terremoto del 13 de agosto de 1868, que también desplomó varios otros edificios del entorno de la plaza y de toda la ciudad. Tras este cataclismo, se la reconstruyó más alta y con ciertos rasgos neoclásicos, estilo que logró meterse mucho en las refacciones y restauraciones arequipeñas de la época, en desmedro de sus rasgos barrocos originales, permaneciendo así casi un siglo aunque en algún momento, probablemente por otro terremoto, pierde su chapitel de remate quedando totalmente trunca.
El campanario permaneció con el extraño aspecto descrito hasta que otro de los infaltables terremotos, esta vez del 13 de enero de 1960, lo tiró también al suelo. Fue después de este episodio que se construyó la actual basada en la que existía antes del terremoto de 1868 y que, a pesar de no ser original, da a Arequipa una de las postales más conocidas de la ciudad y de su valioso casco histórico.
Interiormente, la planta del templo es de cruz latina divida en tres naves, constando de una red de capillas inusualmente grandes y profundas, con cúpulas propias. Los tres retablos de su interior están considerados entre los más bellos por su magnífico trabajo de tallado, su imaginería y sus recubrimientos en láminas de oro, mismo tipo de trabajo y cobertura dorada que se observa en el púlpito. Dichos altares con retablos, tras el presbiterio el primero y al fondo de las salas del transepto las segundas, corresponden a los siguientes:
  • El Altar Principal es obra en cedro, roble y sauce del artista  Juan de Salas. Tiene, como centro, un cuadro de la Virgen con el Niño del artista italiano entonces residente en Perú, el jesuita Bernardo Bitti, del siglo XVI. Es, sin embargo, este cuadro sólo es el más valiosos de los 66 óleos que acá se atesoran, algunos de ellos del también sacerdote Diego de la Puente. El sagrario de este lugar es obra de Pedro Gutiérrez.
  • El Altar de los Fundadores consta de un delicado trabajo de carpintería y labrado, con imágenes de los fundadores de las principales órdenes religiosas. Las estatuillas son genuinas representantes del arte religioso peruano y colonial.
  • El Altar del Cristo Crucificado, del lado opuesto, muestra también a la Virgen y algunos de los Apóstoles en un retablo de espectacular belleza y elegancia.
En la capilla de San Ignacio, por su parte, ubicada del lado opuesto a la actual sacristía, pueden verse murales exquisitamente policromados, con motivos vegetales y animales tropicales como decoración. Estos policromados existían antes en el sector de la nave central de la iglesia, pero se perdieron. Otros altares menores o capillas que destacan son la de la Virgen de la Macarena y la del Cristo Señor Justo Juez, que es sacado en andas el Martes Santo, además de guardar en su interior una de las mejores colecciones de artículos de arte cusqueño. El domo de la cúpula, en tanto, es un extraordinario trabajo de puntilloso detalle y con imágenes de santos guardando sus reliquias, todo en colores muy cálidos.
Para ir a los claustros del convento, que en realidad son dos en un mismo conjunto, hay que volver a la calle, pues dijimos que el acceso que los conectaba desde el atrio del templo ya está cerrado. Sólo unos metros más allá del templo se encuentra el arco de acceso, en los bajos del viejo edificio con balcones y refaccionado para acoger al comercio.
Los claustros fueron terminados en el siglo XVIII, pues debieron ser casi totalmente reconstruidos tras otro terremoto, el de 1681 o el de 1687 (las fuentes difieren), en obras encargadas al alarife Pedro Gutiérrez. Se construyeron con piedra ignimbrita de traída desde las canteras de Chilina, y trabajaron en las obras grandes cuadrillas de indígenas, mestizos, españoles y negros. Estas obras habrían sido terminadas en 1738, según informaba una inscripción que existió en el arco de acceso al recinto, pero que ya no existe.
Consta de patios solares con vistosas fuentes de aguas tipo fontana, pileta y taza, rodeados por estupendos peristilos de roca sillar, algunas con una minuciosa decoración orgánica y de grecas sobre las arcadas, también exponentes rotundos del estilo barroco y mestizo colonial, interrumpido sólo por ladrillos de reconstrucciones en cañones o pasos transicionales entre espacios. El patio del Claustro Mayor, de mejor tamaño, es el más antiguo y con más marca ornamental barroca, mientras que el Claustro Menor es más sencillo y posterior. También se observan en ellos gárgolas y grutescos al final de los acanalados del agua lluvia, en lo alto.
Se accede por pasillos a los patios y sus contornos, y por escalas hacia los segundos niveles en donde se puede llegar a caminar por el borde mismo de las cornisas artísticas sobre cada patio principal, con el edificio de la iglesia, su cúpula y su ábside como telón de fondo. Las exhabitaciones y salas de los claustros, por los corredores con techos abovedados de acabado casi gótico, han sido convertidas en diferentes dependencias, oficinas, joyerías y locales comerciales.
Los dos patios cuadrados principales con fuente central, señalan la ubicación de cada uno de ambos claustros. En ellos funcionó por mucho tiempo el Colegio Jesuita de Santiago y, después de la reconstrucción, fue sede también del Seminario de Juniorado de la Compañía de Jesús. Empero, la orden de expulsión de los jesuitas les sorprendió abruptamente en 1767, debiendo dejar el lugar y partir casi con lo puesto. Desde entonces, los claustros pasaron junto a otras propiedades de la orden, a las manos de los sacerdotes de la Congregación del Oratorio de San Felipe Neri.
De acuerdo a la información ofrecida por el profesor Carlos O. Zeballos Barrios en "La Compañía de Jesús en Arequipa", por solicitud del Obispo Chávez de la Rosa, en 1788 se destinaron parte de los claustros ocupados por los padres del oratorio para servir a los niños del Hospicio de los Huérfanos y Expósitos. Años después, al crearse en 1844 la Beneficencia Pública de Arequipa, este organismo se hizo cargo del orfanato y realizó modificaciones en los claustros, hasta 1921, cuando se cambió a una nueva sede en calle en avenida Goyeneche.
Retirado entonces el asilo, se ofrecieron los claustros en venta por loteos, ocho en total, sometidos a remate. Los nuevos propietarios, particulares, modificaron mucho el aspecto del lugar y eliminaron parte del mismo, que a la sazón se encontraba muy envejecido y dañado, construyendo en estos sectores viejas viviendas. Han existido otras intervenciones desde entonces, algunas más positivas que otras; los enladrillados y los arcos ya ciegos de antiguos cuartos son testimonios de estas refacciones.
En 1971, el Banco Central Hipotecario compró lo que quedaba de ambos claustros y ordenó un ambicioso plan de obras ejecutadas por el arquitecto Luis Felipe Calle. Estas intervenciones permitieron recuperar el lugar y ampliar espacios construidos pero, entre otros costos, hicieron desaparecer el sector donde estaba la antigua inscripción de 1738, sobre el acceso al recinto.
La gran obra, culminada hacia 1973-1974, dio a los claustros el aspecto definitivo que puede admirarse ahora y que permitió recuperar su brillante aspecto colonial tardío. Y justo en este período, además, el templo la Compañía de Jesús de Arequipa fue declarado Monumento Histórico de Perú por Resolución Suprema N° 2900-72 E.D., del 28 de diciembre de 1972.
GALERÍA DE IMÁGENES:
IGLESIA Y CLAUSTROS DE LA COMPAÑÍA EN AREQUIPA

sábado, 24 de septiembre de 2016

LA TABULA LUSORIA Y UN VIEJO JUEGO ROMANO EN LAS TERMAS DE CARACALLA

Coordenadas: 41°52'47.14"N 12°29'35.47"E
La sociedad de la antigua Roma era adicta a variados juegos y entretenciones de tableros, con las más variadas presentaciones y reglas para cada caso. El diseño de la respectiva mesa o tabulae (tavolino) ha dejado algunas piezas de interés en la arqueología romana, sobrevivido tableros que permiten deducir a qué tipo de juego pertenecían. Incluso se han encontrado algunos en tumbas, revelando cierta costumbre funeraria de llevarse la entretención hasta el más allá.
Sin embargo, a la sazón estos tableros no eran exclusivamente portátiles, ni se encontraban sólo en hogares o centros de reunión convencionales como salones o plazas de juegos. Por el contrario, a veces eran confeccionados grabándolos sobre lozas o piedras planas fijas, en Basílicas, en Foros y hasta en el baño, tal cual sucedió en las Termas de Caracalla, como puede verse hoy en este sitio.
La situación era aún más popular que con el caso de los tableros de ajedrez que pueden verse hoy en algunas plazas, paseos y parques, alcanzando el interior de edificios públicos y otras instancias.
La tabula lusoria, junto a la antigua piscina.
Vista del Natatio. El tablero está a la derecha, junto a la columna.
Sector del Natatio, por el que antaño fue el pasillo central entre salas termales.
Las Termas de Caracalla, llamadas originalmente Termas Antoninas, fueron célebres y elegantes baños públicos de aguas calentadas por calderas, construido hacia el año 217 después de Cristo, superados en grandeza sólo por las Termas de Diocleciano, en Viale Enrico de Nicola. Sus enormes y cautivantes ruinas se encuentran en la Viale della Terme di Caracalla entre la Viale Guido Baccelli y la Via Antonina, cerca del Circo Massimo y de la parte Sur del Foro Romano. Aunque no se utilizaba desde la destrucción de sus canalizaciones en el siglo VI, el complejo de estos baños se derrumbó con el terremoto del año 847.
El tablero de estas termas, perteneciente a la categoría llamada Tabulae Lusoriae o Tábula Lusoria de juegos romanos, se encuentra en un área cerca del fondo del complejo, llamada Natatio correspondiente a una enorme piscina al descubierto.
Está tallado sobre una gran piedra plana de mármol en el borde de la piscina, por el lado Nororiente del complejo de estos baños romanos. La disposición del tablero señala que la forma de jugarlo más apropiada era sentado en el agua de la misma piscina.
El pesado y duro tablero corresponde a un entretenimiento muy popular de la Roma de esos años, llamado tropo o juego de los hoyuelos (gioco delle fossette). Compuesto de una serie de cavidades o huecos sobre la superficie plana, se jugaba con piezas mármol, nueces o huesos astrágalos a modo de tejos-canicas. El jugador debía deshacerse de ellas haciéndolas caer en todos los huecos o bocas de la piedra y en una secuencia preestablecida, hasta llenar la última de las concavidades.
La forma de jugarlo es parecida al un pequeño golf, entonces, aunque con algo de rayuela, algo de backgammon y algo de billar, aunque tenemos entendido que los juegos de azar estaban prohibidos en Roma, por lo que es factible que sólo se haya tratado de un desafío para medir destrezas.
Este tablero tiene también ciertos detalles bastante curiosos. Se sabe que algunos tableros tienen la última boca de forma rectangular o bien con alguna marca que señala el final de la ruta que debe seguir el juego. Ésta de las Termas de Caracalla, sin embargo, tiene también algunas inscripciones en caracteres latinos que probablemente no eran originales en el tablero y que acabaron siendo agregadas por jugadores que frecuentaban este sitio.
Se puede distinguir lo siguiente, en las señaladas palabras grabadas hacia el extremo delantero:
  • NESCIS
  • PLORAS
  • AGIS
  • CAV(E)BIS
Estas inscripciones se traducen de la siguiente manera, consecutivamente:
  • No sabes
  • Lloras
  • Mueves
  • Serás cuidadoso
Corresponden, probablemente, a mensajes breves concebidos a modo de bromas que se iban intercambiando con los adversarios de cada partida durante el juego.
Algunas fuentes señalan que varios de estos tableros existieron alrededor de las piscinas de la Termas de Caracalla, pero en el complejo sólo queda la descrita. Estando allí casi se puede imaginar a los antiguos romanos medio metidos en el agua y otros al borde de la piscina, jugando alegremente allí y lanzando las piezas sobre esta gran tabla, como lo haría en nuestra época cualquier grupo de viejos amigos en un encuentro de cacho o dominó en un bar.

martes, 20 de septiembre de 2016

ORIGEN DEL NOMBRE DE LA CALLE GALÁN DE LA BURRA, HOY ERASMO ESCALA (Y ALGO SOBRE EL HALLAZGO DE SU PASADIZO SUBTERRÁNEO)

Coordenadas: 33°26'44.51"S 70°40'24.19"W (lugar del hallazgo en Erasmo Escala)
Hallazgos de pasadizos subterráneos en Limache, sumando casi 4 kilómetros de galerías del subsuelo que parten en la antigua Casona Patronal Eastman y que se pierden hacia distintos puntos de la ciudad, calentaron este año el tema de los subterráneos perdidos que existen en Chile, algunos reales, otros fantásticos y no pocos surgidos sólo de interpretaciones equivocadas de los hallazgos. En este caso, los limachinos tenían ya una vieja leyenda relativa a su supuesta existencia, que consideran ahora confirmada. Los túneles reaparecieron durante trabajos municipales realizados por trabajadores en la ex hacienda, a principios del mes de julio de este año.
Pasó una o dos semanas y, para sorpresa de todos, un nuevo encuentro con el pasado subterráneo llamó la atención de reporteros y aficionados a estos temas: se hizo público el hallazgo de un pasadizo de arco en forma de cañón en muy buen estado, que apareció durante las excavaciones para la construcción del Centro de Salud Familiar (CESFAM) en calle Erasmo Escala llegando a Libertad, hacia la quincena del mismo mes de julio de 2016.
Sin embargo, fue en los despachos y notas sobre este hallazgo que circuló una información que estimo imprecisa sobre el nombre antiguo de la calle Erasmo Escala, a pesar de haber sido proporcionada por expertos: que antaño era denominada Calle del Burro. Anda cerca esta aseveración, pero creo que no es la exacta, así que echaré un repaso acá a la singular historia que dio origen a su auténtico nombre zoológico o totémico: Calle del Galán de la Burra.
Detalle del Plano de Santiago del ingeniero Ernesto Ansart, de 1875. El eje Norte-Sur está invertido en esta carta. Se distingue en rojo la extensión que tenía entonces la Calle del Galán de la Burra, entre Matucana y la Calle de la Fontecilla (hoy unificada con Maturana). La estrella señala el lugar del hallazgo del pasaje abovedado subterráneo. Se distingue también la Calle del Nogal (hoy García Reyes), dos cuadras a la derecha, y la antigua planta de gas.
En el Plano de la Ciudad de Santiago de Nicanor Boloña, publicado en 1898, la calle es llamada ya más sencillamente Galán. La línea roja señala la extensión actual de la calle Erasmo Escala, mayor que la de entonces. La línea punteada señala el proyecto que quería abrir la calle hasta la cuadra del Palacio de la Moneda, pero que finalmente llegó hasta Barroso, como se observa en la línea roja que hemos agregado.
Plano "Alcantarillas de Santiago. Importancia de las Canalizaciones", de 1906. La línea roja señala la extensión de la Calle Galán (todavía llamada así, en aquel entonces) y la estrella muestra el lugar del hallazgo del túnel de canalización subterránea.
Erasmo Escala mide poco más de un kilómetro y medio, y recorre un trecho de los barrios Brasil y Yungay, entre las calles Almirante Barroso y avenida Matucana. En el siglo XIX, sin embargo, abarcaba sólo unas ocho cuadras desde en frente de la parte Sur de la Quinta Normal de Agricultura (sector después urbanizado) hasta la Calle de San Miguel, hoy avenida Ricardo Cumming, y la Calle de la Fontecilla, más tarde unida a Maturana y convertida en una con ella. Un proyecto trazado hacia los días de la Guerra Civil consideraba extender la calle abriéndola en las cuadras hasta Teatinos, empalmando frente al Palacio de la Moneda, donde ahora está Valentín Letelier. Sin embargo, por alguna razón en la centuria siguiente sólo se abrió la calle hasta la Calle del Colegio, actual Barroso.
El cómo llegó a tener el extraño nombre de Calle del Galán de la Burra, es algo que han explicado ya algunos autores y cronistas como Luis Thayer Ojeda en "Santiago de Chile. Origen del nombre de sus calles". De las varias versiones, la que acá describiremos fue la más popular y conocida.
Dice la leyenda que don Casimiro era un hombre joven, inocentón y enamoradizo del siglo XVIII (o del siglo XVII, según un artículo de Sergio Martínez Baeza, publicado por la Biblioteca del Congreso). Residía en el viejo barrio del actual casco histórico, por entonces un sector periférico. Gran premio fue para él ser correspondido por la dama más hermosa del sector de la Cañada de Saravia, en lo que ahora es la avenida Brasil. Eludiendo la vigilancia de la conservadora y sofocante madre de la joven, entonces, logró proponerle una reunión para una noche de verano, tras muchas súplicas y cortejos de su parte a la atractiva damisela. Al parecer, habría logrado este acuerdo sobornando a la vieja sirvienta de la niña, para que obrara como su circunstancial estafeta y emisaria ante ella.
En aquellos años, la Cañada de Santiago o de San Francisco, la posterior Alameda de las Delicias, era llamada Cañada de San Lázaro desde el sector aproximado de las actuales avenidas Cumming y Brasil hacia el Poniente, por la presencia de la Plazoleta de San Lázaro. Por allí venía caminando Casimiro a concretar su ansiado encuentro, doblando hacia el Norte en la entonces llamada Calle del Nogal, actual García Reyes, que por entonces era llamada también Calle de los Cachos según Thayer Ojeda,  debido a las muchas cornamentas de ganado que había en las tapias y en el suelo y que provenían del cercano matadero de San Miguel.
Puso proa el aventurero hacia la esquina de esta calle con el punto convenido, junto a la hacienda de la joven, más exactamente en el hueco oscuro de un portezuelo o puerta falsa en un murallón, junto a una acequia que allí existía, razón por la que algunos la llamaban Calle del Cequión (no confundir con la actual calle Antonia López de Bello, alguna vez llamada también así). Tras esperar pacientemente en este sitio, con la escasa luz de la Luna revelando siluetas difusas y engañosas del paisaje, el enamorado oyó por fin unos pasos aproximándose a su lugar, que interpretó como los pies de su amada, aguardándola nervioso y con los ojos cerrados.
Inicio de la calle Erasmo Escala, ex Galán de la Burra, en el cruce con Cienfuegos, y al fondo su empalme con Barroso. En la esquina izquierda, destaca el Palacio Letelier Llona.
Poste de luz de diseño clásico en Erasmo Escala a la altura de Barrio Brasil, sector de Santiago conocido por su bohemia y oferta gastronómica.
El final de Erasmo Escala, con avenida Matucana de fondo.
"¡Ángel de mi vida!" alcanzó a exclamar Casimiro, extendiendo sus manos en la oscuridad para abrazar a la mujer y entregarle su beso apasionado... Pero grande sería su decepción y desencanto, al abrir los ojos y advertir que la cabeza que tocaban a sus dedos y sus labios no era humana, sino de una borrica que se había acercado curiosa hasta aquel escondite en el tapial, vagando por aquellos barrios y buscando comida.
Seguimos en palabras de Sady Zañartu, en su "Santiago calles viejas":
"Y aquí terminaría. Pero nunca faltan digresiones para tanta exuberancia. Como diz que el amor es ciego, un tradicionalista supuso que Casimiro era miope de remate. El argument0 no ha dilucidado la verdad histórica, porque la escena perteneció a un siglo malicioso y picaresco, y, en vez de referir que fue escándalo entre borricos, dejó que el encantamiento apareciera en la jerigonza de los brujos del llano, y la alimaña se tornase historia mística, muy misteriosa en libros de santos, muy regocijada en obras latinas".
Así pues, historias sórdidas se contaron sobre el pobre Casimiro y su frustración de aquella noche cálida, pues su grave error tuvo testigos, para empeorar su desgracia; según algunas versiones, los chismosos llegaron por los gritos impresión que dio el propio enamorado al encontrarse cara a cara con su yerro, poniendo en alerta a todo el vecindario. Se justificó su traspié en esa tremenda miopía que habría padecido, pero también se le castigó con un mote espantosamente agravioso: el Galán de la Burra, nombre que alcanzó para impregnar la calle del escenario de su tragedia emocional, esa misma callejuela del cequión que nunca había tenido un nombre de común acuerdo hasta entonces.
Qué sucedió después con el pobre Casimiro, en tanto, nadie lo supo. Una versión sobre su destino la da Carlos Valenzuela Solís de Ovando en "De oidores, frailes y vecinos":
"El buen hombre desapareció del poblachón de Santiago, y algunas malas lenguas afirmaron haber comprobando que el pobre había partido hacia Potosí como mayoral de una recua de mulas".
Residencias de calle Erasmo Escala a la altura de Barrio Yungay.
Suntuosas residencias neocoloniales y neoclásicas de la calle, cerca de Cumming.
Fachada de la Escuela Edmundo de Amicis, en fotografía del website que fue del colegio. El edificio fue demolido en 2012 y fue en su exterreno donde apareció el túnel de canalización de aguas subterráneo.
Entrada, zaguán y patio delantero de la demolida Escuela Edmundo de Amicis. Imagen del exsitio web de la institución.
Una versión más oscura dice que el protagonista de esta historia llegó al acto de zoofilia en su profundo accidente de percepción y sus confusiones de identidades. Es la que acoge a la pasada, por ejemplo, René León Echaíz, en el tomo dedicado a la Colonia de su "Historia de Santiago", donde comenta que el nombre de la calle se debe a que "según se contaba, un galán miope había hecho allí el amor a una burra, creyéndola su enamorada".
Otra versión, más decorosa y digna de enseñar, salva el honor de Casimiro describiéndolo como un enamorado que se aparecía tan insistentemente en aquel sitio, montando su burrita para visitar o cortejar a la muchacha de la hacienda en la misma Calle del Cequión, que acabó instalado en ella el recuerdo del mítico Galán de la Burra.
La anterior, es la versión que acoge raudamente Roberto Merino en "Todo Santiago: Crónicas de la ciudad". Sin embargo, hay señales que permiten pensar en que el motete de Casimiro se había vuelto sinónimo de enamoradizo o incluso promiscuo en años posteriores, como se observa en estos versos satíricos publicados por "El Corsario" del 27 de agosto de 1849, ridiculizando al insigne hombre público don Eusebio Lillo:
Allí el galán de la burra,
tramposo como los Viales,
que recibirá una zurra
con tal que le suenen los reales...
La Calle Galán de la Burra, en la segunda mitad del siglo XIX, comienza a aparecer mencionada como Galán, a secas, mientras que hacia 1907-1908 ya es llamada en los planos de Santiago como la calle Erasmo Escala de nuestra época.
Edificio de la Escuela Edmundo de Amicis ya en trabajos de demolición, en 2012, para la construcción de un centro de salud. Fuente imagen: website de Plataforma Urbana.
Vistas exteriores de la bóveda y los murallones encontrados en el terreno de la desaparecida escuela, durante las excavaciones para el actual proyecto.
El cambio de nombre habría tenido lugar a fines del siglo XIX, pero comienza a reflejarse en los planos y guías de calles sólo entonces. El nuevo título es, por supuesto, un homenaje al veterano de la Guerra contra la Confederación Perú-Boliviana y después Comandante en Jefe del Ejército en la Guerra del Pacífico, entre 1879 y 1880, antes de ser relevado por el General Manuel Baquedano. La decisión se tomó unos años tras su muerte, sucedida en 1884.
Pasado el Primer Centenario se abrirá la calle Erasmo Escala más allá de las actuales Cumming y Maturana, hasta conectar con Barroso. Es, por lo tanto, el período en que aparecen las magníficas residencias palaciegas de estas cuadras, del período 1915-1925, aproximadamente.
Muchas de las antiguas casas más elegantes o pintorescas de Erasmo Escala, tan propias del carácter del barrio histórico, han ido desapareciendo, algunas reemplazadas por edificios más modernos. Incluso esta segunda generación de edificios ha caído en decadencia, en algunos casos, desplazadas por fábricas o bodegas. De hecho, el número 2420, propiedad de la Universidad de Chile y que un mito urbano nunca confirmado creyó por mucho tiempo centro de detenciones durante la Dictadura, lamentablemente está muy maltratado por grupos de ocupantes ilegales e inmigrantes que se lo han tomado, en varias ocasiones.
Pese a todo, el esplendor histórico de Erasmo Escala y sus hermosos rasgos de arquitectura con influencias neocoloniales, Tudor y neoclásicas, aún puede ser observado en el sector más vinculado al Barrio Yungay y al Oriente entre sus cuadras más "nuevas".
Volviendo al hallazgo del pasadizo en arco, su testimonio de historia de la calle es evidente: se cree que podría ser de inicios del XX y se han encontrado en él objetos como huesos de ganado y botellas de vidrio, además de rellenos que fueron retirados.
Sin embargo, su fábrica delata de qué se trata en realidad: un antiguo canal subterráneo de desagües residuales, de buen tamaño y cómoda altura, que quedó en desuso. En efecto, cuenta con un nivel de sillares y murallones de piedra y un segundo nivel correspondiente a la bóveda de enladrillado con argamasa de cal de disposición radial, formando un arco en forma de cañón.
Detalle de los ladrillos del cañón en arco, visto desde afuera.
Vista interior del canal de aguas subterráneo. Imagen del noticiario de Chilevisión. Se observan los dos niveles de su fábrica: piedra canteada abajo y enladrillado radial arriba.
El terreno del hallazgo correspondía a antiguas residencias de adobe de un sólo piso, con patios solariegos. Y cuando la calle aún era llamada Galán, en 1890, en horas de la madrugada del 26 de junio hubo un gran incendio en una fábrica de aceite de esta mismo tramo de cuadra, entre Sotomayor y Libertad, que fue combatido exitosamente por los voluntarios de la Bomba España de Santiago.
El último recinto correspondiente al terreno de nuestro interés, lo ocupaba la Escuela Edmundo de Amicis E-78 desde 1962, cuando fue creada para niños con dificultades intelectuales o de aprendizaje. Sus dependencias fueron ampliadas en 1982, cuando la Dirección Provincial Santiago Norte le agregó un local vecino, quedando el complejo educacional en la dirección de Erasmo Escala 2767. Tres años después, tras el terremoto de 1985, el edificio de la escuela fue restaurado y mejorado.
Por decisión de la Municipalidad de Santiago, sin embargo, la escuela fue cerrada en abril de 2012 y comenzó a ser demolida en julio para instalar allí el centro de salud, con gran resistencia de la comunidad de vecinos y de apoderados de los alumnos, quedando en su lugar sólo un sitio eriazo con un solitario árbol al centro. Se dio inicio a las obras de levantamiento en enero del presente año y así fue cómo aquel curioso túnel de unos 18 metros volvió a ver la luz del Sol ese mismo verano, aunque la noticia se revelara más públicamente recién a mediados de este año.
Se discute en este momento cómo mantener parte o la totalidad del mismo cañón respetando el proyecto del recinto CESFAM que allí se levanta. Sería un atractivo innegable para sus jardines el preservar este retazo de la historia de Santiago que ha transcurrido por la calle Erasmo Escala, ex Galán de la Burra.

sábado, 17 de septiembre de 2016

ZARKO, LA MASCOTA DEL BUQUE DE TIERRA EN AVENIDA CUMMING

Coordenadas: 33°26'31.31"S 70°40'5.12"W (entrada del "Ocean Pacific's")
Desde que comencé a publicar acá artículos sobre la historia perruna chilena y el valor cultural del perro quiltro, además de la "cuestión social" de los canes en nuestra semblanza nacional, me he impuesto también la tarea de recordar casos de perros populares que he alcanzado a conocer o de los que tengo registro y que formaron parte de nuestro folklore urbano. Hace poco publiqué algo sobre Spike, por lo mismo, el famoso y mediático perro de las campañas de una compañía de gas, fallecido no tantos meses ya.
Este desafío ha tenido sus premios, como el haber sido ganador de una Mención Obra Inédita en el Concurso Literario "Escrituras de la Memoria" del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes, por mi trabajo titulado "Cronicanes: Huellas de perros en el pavimento de la chilenidad" basada precisamente en estos estudios sobre perros históricos chilenos. Sin embargo, también existe una parte ingrata: la de tener que mantener actualizadas reseñas sobre perritos populares que ya partieron, como es el caso del que procederé a relacionar ahora.
Era un can con el color del café con leche el que estaba allí, en la sede Buque Madre del restaurante "Ocean Pacific's" de avenida Ricardo Cumming, número 221, en Santiago, desde que abrían las puertas. Era imposible adivinar los antecedentes raciales de este perrito gordo y patas un poco cortas: algo de labrador, quizás; algo de Cocker spaniel, tal vez; mucho de quiltro, seguro.
El personal de este extraordinario boliche con apariencia de museo náutico, sacaba afuera los banquillos estilo mano de buda, los pendones invitando a pasar a tan prestigiosas mesas y un gran asiento sillón de artístico trabajo en mimbre con apariencia de trono, donde esperaba el recepcionista a los visitantes. Después estos muebles fueron cambiados por tres cómodos asientos de madera y acolchados, donde el perro encontraba un cómodo lugar para dormir. Y entre toda la instalación de cada mañana allí afuera, estaba su casucha, con un papel presentando su nombre a los transeúntes y la clientela: Zarko.
Zarko, echado plácidamente en el sillón del acceso al local "Ocean Pacific's", una noche invernal. Fuente imagen: Sitio Facebook del mismo restaurante.
El quiltro de orejas caídas había llegado al célebre restaurante un día cualquiera, años ya, con apariencia de estar perdido o abandonado desde hacía tiempo. Sediento y hambriento, angustiado por algún refugio, era imposible no compadecerse de semejante criatura inteligente, leal y encantadora. Tras varios días apareciéndose por allí para pedir comida y recibir algunas de las sobras de la cocina, terminó siendo adoptado, quedando a cargo del host Jaimito, recibiendo así tan curioso nombre.
Las puertas que conducen a las salas bautizadas como "El Submarino" y "El Barco" eran las de Zarko, meditabundamente echado en la subida, con su mirada de brillantes ojos oscuros sumida en las reflexiones profundas de su mundo perruno. Solía ser silencioso, aunque ladraba con ronco garganteo cuando se acercaban perros desconocidos a la cuadra, aceptando sólo a sus amigos congéneres del mismo sector de cuadras.
A ciertas horas del día, e incapaz de renunciar a su vida anterior sin dueños ni collares por más que sus tutores humanos lo intentaron, partía a completar andanzas y correrías por el Barrio Brasil, donde era muy conocido. Solía pasear por el bandejón central arbolado de la avenida varias cuadras alrededor, donde recibía más de una caricia, como todo personaje cuadrúpedo querido en el vecindario lo merece.
Aunque era un poco apático con los extraños, Zarko agitaba su corta colita cortada a las caras que reconocía, locales o visitantes, sea en el suelo o echado sobre el mismo sillón. Despertaba de su plácido sueño para hacerle fiesta al dueño Marcos Rulli, a su hijo Vincenzo, a los cocineros, a los garzones, a los empleados en general. Un animal lleno de amigos, incluidos los niños que llegaban al local. Cuando alguien se distraía, a veces entraba sigiloso por esas puertas, escaleras y escotillas del restaurante que le estaban prohibidas, siendo descubierto con rapidez y conminado pacíficamente a retirarse. Sabía que su lugar estaba en el pequeño vestíbulo del recibidor y no más allá.
El guardián... Fuente imagen: Sitio Facebook del mismo restaurante.
Como todo en este restaurante alude a la cultura marítima, el perrito algunas veces aparecía vestido con sencillos atuendos marineros  azules de fantasía, adaptados a su anatomía perruna, especialmente en los días fríos de invierno. Era tan popular allí que incluso aparece mencionado en sitios internacionales de turismo, por los testimonios de los muchos visitantes extranjeros que llegan al "Ocean Pacific's". En el módulo de imágenes de Google Street View, se lo puede ver caminando por la vereda exactamente frente a la fachada azul del restaurante, cuando justo pasaba el vehículo con la multicámara de la compañía.
Regaloneado y hasta mimado, entonces, el perro gozaba de sus lujos: era bañado y enviado a peluquería regularmente, dos veces al mes. Jamás volvió a dormir en la calle, nunca le faltó comida y llegó a ser enormemente querido en el elegante restaurante-museo de las colecciones de historia naval. Jaimito lo llevaba de lunes a sábado, acompañándolo a diario allí en las puertas. Los domingos eran su día libre.
Sin embargo, el simpático quiltro envejecía: de un momento a otro, comenzó a mostrar algunos problemas de salud y el facultativo veterinario concluyó en que el animal tenía complicaciones cardíacas, por lo que debía suministrársele desde entonces, a diario, un medicamento especial para su condición.
Por las tardes, si el quiltro no estaba en otros de sus frecuentes paseos como rondín honorario de aquellas manzanas de viejas casonas republicanas, permanecía acompañando lealmente al "Capitán" Tiago González Navarro, otro ilustre personaje del barrio y guía turístico en el mismo, que caracterizado en su advocación de uniforme marino, con esas largas barbas blancas (que lo han hecho famoso, también, por encarnar al Viejito Pascuero en cada diciembre), recibe a los clientes del "Ocean Pacific's".
El pensador... Fuente imagen: Sitio Facebook del mismo restaurante.
Zarko sabía atravesar las calles. Era un perro bastante temerario, pero astuto. Varias veces apreté los dientes viéndolo cruzar la transitada avenida Cumming o remontando por algunas de las esquinas cercanas. Sin embargo, el perro daba clases a los peatones en su precaución y buen juicio para evitar las ruedas.
Nadie habría pensado que ahí estaba el peligro que iba a quitarle la vida, precisamente, cuando el talento del viejo Zarko no fue suficiente, uno de estos días.
El 22 de agosto, cerca de las 19:30 horas, Jaimito salió a hacer un trámite mientras su querida mascota partió con él, desviándose después hacia la plaza de calle Agustinas, donde tenía otros amigos de su especie abandonados o callejeros que por ahí residen. El perro cruzó quizás como lo haría cualquier humano, pero una conductora de un vehículo tipo Jeep, distraída o poco diestra, no lo advirtió en un aparente cambio de pista y lo atropelló en Moneda con Cumming: primero lo golpeó y después, en una actitud irracional, aceleró sobre la criatura. Adivinando que la responsabilidad era suya pero que sólo se trataba de un animal, entonces, la mujer escapó dejando al perro gravemente herido.
Los varios testigos del accidente corrieron a avisar al restaurante, donde sabían que el perro era acogido. Zarko resultó con fractura de caderas y de costillas que le perforaron un pulmón, debiendo quedar hospitalizado en una clínica veterinaria. El dueño pagó los mejores tratamientos que pudo para la mascota del restaurante, de hecho.
Segmento de imágenes de calle Cumming en Google Street View, justo frente a la fachada del "Ocean Pacific's". A la derecha, se alcanza a ver a Zarko caminando por entre los accesos del restaurante.
Parecía que Zarko iba mejorando en las semanas que siguieron y nunca dejó de mover la cola mocha al recibir visitas de sus amigos humanos. Pero sabemos que al inefable destino le fascina jugar con las falsas esperanzas de los mortales...
Zarko murió el pasado miércoles 14 de septiembre de 2016, a las 7 A.M., cuando su corazón ya no soportó más. El paro cardiorrespiratorio fue, al menos, veloz y puso súbito fin a sus dolores.
Su cuerpo inerte fue velado y luego cremado, y sus cenizas están en posesión del acongojado Jaime, que tanto amó al perro y que tan importante fue en aquel bello capítulo de rescatarlo del abandono y de la indiferencia hacia las mascotas olvidadas de nuestras calles, por irresponsabilidades muy humanas.
Será difícil acostumbrarse a no volver a ver esos pelos rubios echados en el acceso del "Ocean Pacific's", cuya familia de trabajadores y compañeros de labores, sin duda, tendrá que pasar por el doloroso tránsito de aceptar la pérdida de uno de sus más estimados y conocidos tripulantes, su propio perro vigía de este barco de tierra, que tantas alegrías y buena compañía dio a todos en avenida Cumming.

viernes, 16 de septiembre de 2016

LA PLAZA DE LA VICTORIA DE VALPARAÍSO, PARTE II: LA FUENTE, LAS ESTATUAS Y UNA REVISIÓN A SU LEYENDA NEGRA

Detalle de la fuente y estatuas en fotografía de la Plaza de la Victoria y sus estatuas hacia 1888, en el "Álbum Vistas de Valparaíso", de Félix LeBlanc.
Coordenadas: 33° 2'46.49"S 71°37'11.72"W
Ya vimos la historia de la Plaza de la Victoria de Valparaíso en la entrada anterior, y de cómo ha acompañado con su propio cajón de recuerdos la historia del puerto desde sus orígenes urbanísticos, pasando de ser un viejo terreno en orilla de playa al parque que es hoy. Ahora quiero detenerme un poco en la ornamentación e infraestructura artística de la misma, ya que merecía un capítulo propio.
Sin embargo, antes de entrar en materia, debe recordarse que uno de los mitos urbanos más atroces, odiosos y porfiados sobre la historia de Valparaíso, es la gansada sobre el supuesto origen de la Fuente Monumental y las estatuas ornamentales de la patrimonial plaza del puerto, como trofeos de la Guerra del Pacífico traídos desde Lima: como sucedió alguna vez con el Neptuno de la Plaza Pinto, los Leones de Providencia y hasta la Fuente de la Plaza de Armas de Santiago, esta memez ha sido rumiada incluso en guías turísticas, hasta hace pocos años.
Por mi parte, recuerdo que hasta tuve una fuerte discusión epistolar al respecto, con un "experto" en temas de historia que se presentaba por entonces como uno de los asesores de la comisión de investigadores encargada de identificar los libros de la Biblioteca de Lima que estaban en nuestra Biblioteca Nacional (nunca verifiqué esta supuesta referencia profesional), devueltos hace varios años ya. Me reservaré su identidad, pues dudo que siga sosteniendo semejante patraña y apostaría a que ya se retractó de tales creencias... Salvo que su militancia en algún partido político le exija lo contrario, se entiende.
Siendo esta leyenda negra fácil de desmentir con sólo revisar la prensa de la época, se conoce de sobra que la tozudez ideologizada no interactúa con los argumentos, sino con las pasiones y los dogmas monolíticos. De todos modos, y despejando un poco estas creencias, continuaré el capítulo anterior de este doble artículo abordando el origen histórico y los hechos concretos con relación a la ornamentación de la Plaza de la Victoria.
La plaza después del terremoto de 1906, en detalle de imagen publicada por la revista "Sucesos". Se observa el antiguo kiosco de hierro, uno de los postes de alumbrado y, al fondo, el antes lujoso Teatro de la Victoria, en ruinas.
La fuente y las estatuas, además de dos vistas de la plaza, en imagen publicada en 1910, en "Valparaíso 1536-1910, recopilación histórica, comercial y social", de Juan de Dios Ugarte Yávar. A la sazón, la plaza con el aspecto de senderos circulares interiores que aún conserva, llevaba sólo 5 años de remodelada.
LA FUENTE MONUMENTAL Y EL PROYECTO
La magnífica gran fuente y los demás ornamentos de la Plaza de la Victoria, son anteriores a la Guerra del Pacífico, como observaremos. Sin embargo, parte de la creencia que serían trofeos de guerra surge, quizás, de otra interpretación errada (o tendenciosa): que se llamaría Plaza de la Victoria aludiendo a la Guerra del Pacífico (1879-1884), cuando en realidad se refiere al triunfo de Yungay en la Guerra contra la Confederación Perú Boliviana (1836-1839), como ya mimos en la primera parte. Se trata pues, de un error fundado sobre otro error.
Las obras ornamentales de marras -independientemente de lo que algunos quisiera creer sobre ellas- fueron encargadas a Europa por una gestión iniciada por el ilustre Intendente José Ramón Lira Calvo. Fuente y estatuas fueron adquiridas por catálogo a la célebre casa metalúrgica parisina Val d'Onsé, de la que hemos hablado ya en con relación a sus muchas obras existentes en Santiago.
La fuente antigua que existía en la plaza, instalada hacía no tantos años (en 1852, según algunas fuentes), iba a ser reemplazada por la nueva llegada a Chile e instalada en 1867-1868, aproximadamente, de hierro bronceado y magnífica factura, aunque debió pasar algún tiempo desarmada en unas bodegas, esperando la ocasión para que fuese llevada a su lugar elegido.
El proyecto de hermoseamiento fue consumado en los días de la administración de don Francisco Echaurren Huidobro, quizás el mejor de los intendentes que haya tenido Valparaíso en toda su historia. El pago de todas las obras y la adquisición concluye hacia 1875-1876, cuando comienzan a ser instaladas. Los pagos quedaron a cargo de las arcas municipales, aunque parte de los costos que involucró el esfuerzo de reforzar el esplendor del puerto, los habría asumido el propio Echaurren, según se cuenta, tal vez ya en la parte de ejecuciones, tal como sucedió por esos mismos años con el Intendente Benjamín Vicuña Mackenna y su transformación del Cerro Santa Lucía en un paseo para Santiago.
La esplendorosa Fuente Monumental pudo ser instalada en la Plaza de la Victoria recién en 1877, dato que verifico en documentos como el catálogo "Monumentos públicos de la V Región de Valparaíso", del área de historia forense de la Policía de Investigaciones de Chile, aunque hay testimonios anteriores de ella. La retirada fuente anterior, de naturaleza escultórica como hemos dicho, sería la misma que se trasladó después dentro de la misma ciudad o a Limache, según Patrimonio Urbano.
La obra corresponde al mismo modelo de enormes fontanas artísticas que existen también en la avenida Córdoba de Buenos Aires, en el Place de l'Assemblee Nationale en Quebec, otra del Boston Common en Massachusetts, en Champagne, Bordeaux, Liverpool, Genève y Tasmania, entre varios otros sitios. Hemos descrito sus características al referirnos a la que existe en Tacna, Perú, denominada allá Fuente de los Dioses del Mar, correspondiente a otra del mismo diseño.
Se trata de una fontana basada en la obra del escultor Mathurin Moreau de 1854, cuyo primer segmento sobre el pilón de aguas está custodiado por las figuras de cuatro dioses clásicos de aguas y mares:
  • Neptuno: o Poseidón, el señor soberano de los mares del mundo.
  • Anfítrite: o Salacia, su hermosa nereida y amada esposa.
  • Acis: dios del río homónimo en Sicilia, cercano al Etna, a veces asociado a la imagen de Tritón.
  • Galatea: nereida amante de Acis y creadora de su río, que a veces se interpreta como Roda, hija de la pareja de reyes marinos.
Cabe comentar que las imágenes de Neptuno y Anfítrite son las mismas que pueden verse en la fuente a espaldas del Cerro Santa Lucía de la ciudad de Santiago, en Victoria Subercaseaux llegando a Merced, y que antes pasaron una larga vida en el Parque O'Higgins (ex Parque Cousiño).
Sobre las cabezas los mencionados dioses, se extiende un gran plato octogonal cuyo diseño parece aludir al reloj solar horologion y los ocho dioses cardinales de la Rosa de los Vientos (Bóreas, Austros, Euro, Céfiro, Cecias, Apeliotes, Coro y Libis). Le sigue un nivel de cuatro niños con aspecto de querubines sobre peces de diseño barroco, de espaldas entre sí y tomándose las manos, y sobre ellos un plato menor, remata en la parte más alta con una forma de ánfora con grutescos y surtidores de agua, a más de seis metros y medio de altura.
La fuente fue restaurada recientemente, en el verano de 2015, ocasión en la que se le dio mantención y también se recuperó un antiguo pozo de aguas para riegos. En general, el estado de la plaza y su fontana es bastante positivo desde entonces, a diferencia de otras áreas verdes del puerto.
La fuente y el centro de la plaza con sus actuales faroles.
La fuente de aguas, su estanque y jardines de roquera.
Los dioses clásicos de aguas y mares, en la base.
Los dos niveles de platos de aguas de la fuente francesa.
LAS CUATRO ESTACIONES
Las estatuas denominadas las Cuatro Estaciones, en tanto, formaron parte de las mismas adquisiciones a Francia y están dispuestas alrededor de la fuente, en los bordes de los senderos que llegan al círculo central, constituyendo otro de los símbolos más potentes de la Plaza de la Victoria y de toda la iconografía turística o cultural de Valparaíso.
Llamadas también las Cuatro Diosas o las Cuatro Mujeres, si bien el diseño varía en cada representación, el concepto ha estado presente o interpretado en muchas otras plazas y parques de Chile, como la de Copiapó, la  de San Felipe, en el Cerro Santa Lucía de Santiago o en la Plazoleta de Santo Domingo en La Serena. Las fundiciones artísticas francesas fueron grandes promotoras de este concepto.
Las de la plaza porteña, particularmente, con cerca de dos metros y medio o más de altura sin contar el alto de los plintos, tienen las siguientes características:
  • La Primavera: es la más joven y ligera de ropas de las muchachas, sosteniendo con sensualidad una flor con su mano derecha, que ha sacado de un ramillete completo que tiene en la izquierda. Se ubica hacia la esquina de Condell con Edwards.
  • El Verano: es una mujer más sobria, con un peinado en tiara y vestida con ropas sencillas, que sostiene en su mano derecha unas mieses. Se sitúa hacia la esquina de Edwards con Chacabuco.
  • El Otoño: es una dama alta y sofisticada, con un peinado con tocado o diadema de hojas y unas frutas en su mano izquierda. Se ubica hacia la esquina de Condell con Molina.
  • El Invierno: es la que se ve más madura y de cabello largo, con un vestido de manto que tapa parte de su cabeza y envuelve su cuerpo doblado, mientras calienta sus manos con un pequeño brasero. Se encuentra hacia la esquina de Molina con Chacabuco.
La primera imagen del grupo fue instalada en su pedestal el 6 de febrero de 1877, con gran atención y aplauso de la ciudadanía, aunque a la prensa no le agradó su emplazamiento y lo criticó. Y como curiosidad, cabe observar que estas estatuas hoy están dispuestas de frente hacia la Fuente Monumental, desde sus respectivas posiciones dentro de la plaza; sin embargo, al observar imágenes antiguas de la plaza se advierte que su posición original era dándole la espalda a la fontana.
Existen ciertas interpretaciones imaginativas sobre lo que representarían realmente estas estatuas y su disposición en la plaza, particularmente asociándolas a la simbología masónica. Sí es un hecho que la calle Victoria fue importante para la Logia en el puerto, con más de alguna sede y club por el sector.
Los terremotos del 8 de julio 1971 y del 3 de marzo de 1985 causaron daños en las estatuas del Invierno y el Verano, respectivamente, derrumbándolas de sus pedestales. Curiosamente, cada sismo atacó a la estatua que correspondía a la estación del año en que sucedió. Por las postales que existen, se observa también que después de estos episodios sísmicos fueron cambiados los pedestales de todas las estatuas, que antes eran de considerable mayor altura, hoy reducidos a un plinto graduado.
La Primavera.
El Verano.
El Otoño.
El Invierno.
EL KIOSCO DE HIERRO
Con estos conjuntos ornamentales de los años previos a la Guerra del 79, también se instaló un hermoso kiosco de música a un costado de la plaza, otra pieza metálica de fabricación francesa con claras influencias de la Escuela de Gustav Eiffell, que se ubicaba en donde está actualmente una glorieta más moderna y menos espectacular.
Según autores como Baldomero Estrada, en su "Valparaíso: sociedad y economía en el siglo XIX", la llegada de este kiosco tiene lugar en 1876, cuando se instalaron varios odeones y glorietas de este tipo en las plazas del puerto, destinados a servir de pequeños escenarios para las orquestas de músicos. Su belleza recuerda otras obras del mismo tenor artístico, adquiridas en Chile por el mismo período de grandes remodelaciones urbanísticas en las ciudades, impulsadas por visionarios como Vicuña Mackenna.
El hermoso kiosco-glorieta de la Plaza de la Victoria, muy francés y victoriano en sus líneas de diseño, fue levantado al poniente dentro de la cuadra ocupada por la misma plaza. Era de dos niveles, a diferencia del actual, con una escalera de acceso. Motivos de sus forjas en enrejados y pretiles parecen ser los mismos o muy parecidos a los que se pusieron en algunos lugares de los jardines de la plaza y sus senderos, contorneándolos, y que todavía se observan en imágenes de los tiempos cercanos al Primer Centenario.
Por las mismas fotografías antiguas, sin embargo, se verifica que, originalmente y desde que fuera instalado, el viejo kiosco era más bien una plataforma elevada de arquitectura modular en hierro, sobre la cual se instaban bandas y oradores de mítines políticos. Sin embargo, hacia 1910 aparece ya con un singular techado de vertientes muy apropiado a su estilo romántico y neoclásico. Según información publicada en el sitio de la Corporación Patrimonio Urbano, este cambio habría tenido lugar en 1903, con las mejoras realizadas y entregadas en septiembre de ese año y que incluyeron la instalación de esta cubierta, aunque tendemos a creer que su aspecto final resultó más bien de la gran intervención de 1905 o una posterior.
El kiosco sigue observándose en las imágenes por largo tiempo más, hasta la modificación de los años sesenta que cambió el pavimento de la parte dura de la plaza por los pastelones en diseños estroboscópicos y ondulantes. Según parecería, en aquella época es reemplazado por la actual glorieta con una reconstrucción posterior en la década siguiente, de menor altura y más sobria, aunque recuerda un poco en sus líneas al excelente pieza anterior.
Detalle del remate de la fuente de aguas.
Los leones serían similares a los del desaparecido Teatro de la Victoria, según ciertas fuentes (aunque en ciertas imágenes, los del teatro aparecen de pie). Se observa también el diseño de las baldosas incorporadas en los años sesenta. Entre ambos felinos, al fondo, creemos que están los restos de la encina trasplantada en la inauguración de los trabajos de 1905.
Vista de ambos leones. Al fondo, la actual glorieta de la plaza.
OTRAS ESTATUAS Y FIGURAS
Otras estatuas del conjunto del parque y que muchos confundieron algunas veces con las Cuatro Estaciones, de esta misma época y partidas, corresponde a las las alegorías de las actividades que dieron prosperidad a Valparaíso:
  • Marinería
  • Agricultura
  • Industria
  • Comercio
Empero, por haber quedado dispuesta en lo que es la actual Plaza Simón Bolívar, prefiero referirme a ellas en una futura entrada y no en ésta sobre su vecina más vieja.
Como a muchos otros edificios del entorno, el terremoto del 16 de agosto de 1906, destruyó -esta vez para siempre- al histórico Teatro de la Victoria. Por esta razón, al ser demolidas sus ruinas y las del vecino edificio de la Prefectura, se habrían trasladado figuras ornamentales del edificio como unos leones del acceso del siniestrado teatro, cerca de la época en que se construyeron otros en una ya desaparecida doble pila espejada de aguas en la Plaza de la Victoria, donde permanecen hasta ahora. Siempre han existido leones vigilantes en la plaza, de alguna forma, entonces, por curiosa simbología.
Como no podían faltar, sin embargo, algunos mitómanos también han caído en la tentación de señalar estos leones echados sobre pedestales y vigilantes, como otros "recuerdos" traídos por la soldadesca desde Perú, cuando se trata en realidad de figuras de concreto.
Y aunque no sean piezas de naturaleza artística como las Cuatro Estaciones o los leones, sino más bien piezas funcionales, de cemento, no podríamos concluir este artículo sin comentar algo también  sobre los elegantes faros de iluminación del lugar.
Tras las mejoras de la Plaza de la Victoria en 1905, fue instala la luz eléctrica en reemplazo de los viejos faroles del siglo anterior. Sin embargo, los postes de luz la plaza que se observan en muchas fotografías de la primera mitad del siglo XX, se habían instalado hacia fines de los años veinte, aunque fueron reemplazados en los años sesenta, manteniendo su estilo clásico europeo.
Ya para concluir, es algo sabido que durante la Guerra del Pacífico y hasta terminado el conflicto, la Plaza de la Victoria fue lugar de muchos homenajes públicos a los batallones y regimientos que llegaban desde el Norte y desembarcaban en el puerto. Esto pudo haber abonado a la leyenda de que su nombre alude a la victoria en dicha guerra o que sus ornamentos proceden de Perú, como vimos.
A la majadería a veces sólo se puede responder con más majadería, así que insistimos en que documentos como el "Álbum Valparaíso Panorámico", de la Municipalidad de Valparaíso (1924), señalan perfectamente que las obras artísticas de la plaza fueron adquiridas por la autoridad para mejorar el aspecto de la ciudad en años anteriores a la conflagración. Además, estas adquisiciones no fueron sólo para la Plaza de la Victoria: está el caso de la Estatua de Colón, ubicada primero en calle Victoria (luego llamada Pedro Montt) y trasladada hasta la avenida Brasil, y la Alegoría de la Justicia de la Plaza de los Tribunales, cuya extraña actitud ha hecho correr la leyenda de que fue instalada por un adinerado señor que se sintió atropellado por un fallo injusto.
Curiosamente, tanto Colón como La Justicia también han aparecido señalados como otros trofeos de guerra, en el incorregible e irrenunciable chisme con ladinas pretensiones historiográficas.

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