martes, 21 de marzo de 2017

FOLKLORE Y NUMISMÁTICA DE CHILE (PARTE I): NOMBRES POPULARES QUE SE DA A MONEDAS Y BILLETES ACTUALES

Esta es otra de las muchas materias que había querido meter acá en el blog, pero que, por sucesivas postergaciones, no había podido completar: los rasgos de folklore, costumbrismo y tradición popular asociados  a monedas y billetes de circulación chilena, partiendo por los que están en actual uso.
Hago notar introductoriamente que, por un lado, hay una fuerte relación de cada moneda con la nación donde se emita y circule (un símbolo, un distintivo para el imaginario y la identidad entre los pueblos); y, por otro, hay una intensa relación cotidiana -diaria e inevitable- del hombre común con las piezas monetarias, las alegrías y las penas que provoca el dinero en la inspiración humana. Todo esto implica el surgimiento de contenidos para instancias propias en el costumbrismo y la cultura popular también en ámbitos monetarios, a pesar de que vivimos cada vez más cerca de dinero digital y de las transacciones electrónicas, no sé si para bien.
Advierto desde ya que reservaré, para las próximas partes de esta misma serie, otros temas relacionados al mismo concepto del folklore en la numismática, como: el origen de la moneda chaucha, nombres dados a billetes y monedas antiguos, mitos urbanos o creencias, dichos y refranes populares, curiosidades en la historia monetaria chilena y hasta una pequeña selección de chistes clásicos basados en temáticas del dinero.
El texto que ahora publico es sólo un registro de los motetes más conocidos que damos coloquialmente a las monedas y billetes actuales, entonces.
APODOS DE MONEDAS ACTUALES
Quizás no aporte mucha novedad con este artículo, pero será mi punto de partida para ingresar a estos caudales del folklore numismático que iré ampliando en las próximas partes. Vamos las monedas, entonces:
  • $1: Cacho / Pepa / Unila. El apodo de cacho, refiriéndose a fragmento o sobra, proviene del haber sido siempre una moneda de baja denominación y poca utilidad; un cacho para llevarla y encontrarla en los bolsillos, o para utilizarla en alguna compra. Hubo un tiempo en que se le llamó -despectivamente, también- pepa, por su diminuto tamaño. La producción de esta moneda estaría cayendo en receso, actualmente. La unila se utilizaba más en las cuentas o recuentos de monedas, pues es un nombre que se da al número 1 en la jerigonza de los estratos populares chilenos.
  • $5: Cinco / Botón. También se la toma por moneda de escasa utilidad para su uso en comercio o pagos en general, por lo que es llamada peyorativamente el cinco o bien botón, por su forma poligonal y proporciones parecidas a una pieza así. Aunque la expresión "No tengo ni un cinco" es internacional y parece habernos llegado como importación, encaja bastante bien en nuestra realidad actual, gracias a la presencia de esta vilipendiada y desdeñada moneda. También se está en vías de retirar esta pieza, por los costos de fabricación que superan su valor por cada cada unidad.
  • $10: Sota / Pal Chanchito / Diablo. Aunque está en franco retroceso el uso de esta denominación popular, la comparación con la sota provendría del naipe español (el paje, con el número 10), aunque también se llamaba así a billetes de $10 que circularon en Chile por los años del Primer Centenario. Ha aparecido más recientemente la expresión una pal chanchito, entre usuarios más jóvenes, relacionándola con las monedas que más se guardan en una alcancía. El diablo o diablito, también en total desuso, podría haber estado relacionada con el coa carcelario o bien con la jerigonza de rotos y de ambientes más recreativos chilenos, que llama así al número 10 en una cuenta numérica o en las apuestas.
  • $50: Bernardito. Aunque las monedas de $1, $5 y $10 también llevan el rostro de don Bernardo O'Higgins en la cara acuñada, por alguna razón se asoció principalmente esta moneda a su perfil, siendo denominada Bernardito cuando fue cambiado el billete de $50 por la actual moneda. Con el tiempo, sin embargo, el efímero apodo ha pasado también al desuso.
  • $100: Gamba / Ficha / Machi. Se cree que el apodo gamba se relaciona con el color rojizo y amoratado del antiguo billete de $100 usado hasta los años 60, pues el pueblo lo habría asociado al color de las gamas o langostinos. Sin embargo, se recordará que la palabra gamba de origen italiano, se refiere a pierna, haciéndosela sinónimo en el habla hispana también al pie, por lo que quizás guarde relación con alguna forma de transportar estos viejos billetes o monedas. Al parecer, cierta expresión italiana se refería antes también a la "media gamba", para referirse a la mitad de un monto de dinero. Hay quienes ven su origen, en cambio, en el lenguaje lunfardo argentino, en donde también se lo empleaba, por lo que sería un derivado de expresiones gambetear o gambear (evadir con agilidad, andar raudamente a pie). Lo de llamarle ficha era quizás por asociación a las fichas de las pulperías en las salitreras nortinas (había una moneda de 2 1/2 centavos así apodada ya hacia fines del siglo XX), o bien porque antaño se la usaba mucho en máquinas de entretenciones o en teléfonos públicos. El menos conocido apodo de machi, deriva de la mujer con atuendos mapuches que aparece en la cara de la actual versión de la moneda.
  • $500: Quina / Euro Mula. Se trata de una abreviación de quinientos esto de llamarle quina. Es mucho más antiguo de lo que pudiera creerse, pues Julio Vicuña Cifuentes ya identifica el uso de esta palabra entre los delincuentes chilenos, como observa en sus estudios de 1910 sobre el coa, señalando que era la denominación dada entonces a los billetes de $5. Cuando salieron emitidas las versiones más recientes de la moneda de $500, se les apodó por un tiempo como el euro chanta o euro mula, pues varios notaron ciertas semejanzas de su diseño con el de las monedas europeas.
Monedas chilenas actuales (Fuente imagen: globalexchange.es).
BILLETES ACTUALES
Al igual que sucede con las monedas, los billetes han ido adquiriendo nombres particulares a lo largo de la historia, siempre poniendo atención en su valor, diseño o características materiales. Puede que el mencionado lenguaje coa que veremos en otro capítulo, haya influido en el origen de parte de esta terminología, así como sucede que muchos apodos que se les dan en Chile, se usan también en otros países de habla hispana o bien suenan bastante parecidos, por lo que debe haber un asunto de importaciones y exportaciones de expresiones en estos casos:
  • $1.000: Luca / Lucrecia / Ignacio / Nachito / Milico. El nombre luca proviene de la España del siglo XVIII, desde donde llegó a tierra americana hacia fines de la Colonia. Se dice que el nombre que se daba en la Península a cierto tipo de monedas era pelucona o pelucón, debido a la apariencia y artículos que usaba el retratado en la cara, de la realeza y con pelucas. Otra teoría dice que el mote se remonta a tiempos posteriores, cuando tener mil escudos era asociado a la suerte y la fortuna, al luck en ingles, pasando a convertirse en luca (¿Alguien recuerda el amuleto casero de un elefante de loza, al que se le metía un billete de $1.000 enrollado en cavidad que hacía su trompa doblada?). El uso en Chile del mismo término fue reduciéndolo hasta quedar asociado al billete de $1.000 y al monto, que con el tiempo ha ido siendo apodado también como Lucrecia, convirtiendo en nombre propio el viejo motete. Sin embargo, en el lunfardo argentino se hablaba también de la luca, probablemente como una palabra tomada y adaptada de otra usada en el dialecto gitano caló para identificar ciertos valores monetarios, siendo importada de desde España hasta América. Como el billete lleva en Chile un retrato del héroe de la Guerra del Pacífico don Ignacio Carrera Pinto, se le llama también Ignacio o Nachito y, muy ocasionalmente, Milico, haciendo un juego entre su valor numérico y la profesión del personaje, además del color.
  • $2.000: Manuelito / Manolo / Jinete. No son apodos tan populares, pero tanto Manuel y Manolo se refieren al retrato y dedicatoria del billete al prócer de la Independencia don Manuel Rodríguez. Muy ocasionalmente se habla del billete también como el jinete, aludiendo a la silueta del monumento ecuestre del mismo héroe que aparece también en el diseño billete y que está basado en su estatua del Parque Bustamante, de Santiago.
  • $5.000: Gabrielita. Se debe al retrato de la poetisa Gabriela Mistral en el mismo, y la connotación cariñosa para referirse a la Gabrielita quizás deriva del hecho de que, además de la simpatía que despierta aún la obra y la figura de nuestra primer Nobel de Literatura, este papel moneda fue el billete de mayor valor en circulación en el país, por algunos años. Ella es, además, el primer personaje histórico femenino que se ha retratado en un billete chileno.
  • $10.000: Arturito / Azulito. Se relaciona el nombre Arturito con el retrato del héroe de Iquique retratado en él, el Capitán Arturo Prat, y azulito por el color que distingue a este papel moneda tanto en su versión de 1989 como la actual. Un héroe tan querido como el mismo billete, con fama de "salvador", aunque cabe recordar que había sido recuperado en el diseño sólo con la emisión hecha a fines de los años 80, tras un período de años totalmente ausente en los impresos de la Casa de Moneda.
  • $20.000: Andresito / Un Bello. Tanto las denominaciones Andresito como Bello, se relacionan con la figura del insigne intelectual venezolano-chileno Andrés Bello que aparece en el billete, retratado y homenajeado en el mismo billete. Aunque no es de uso masivo, lo de Bello puede tener cierta connotación de cínica admiración por el billete, dado su más alto valor dentro de los de circulación actual en Chile desde 1998 hasta nuestros días.
Cara frontal de los billetes chilenos en actual circulación.
MONTOS DE DINERO
He reservado una tercera categoría a los nombre que reciben no las monedas ni los billetes propiamente tales, sino los montos específicos de dinero, independientemente de su composición. Son denominaciones para el abstracto numérico y no para el significante material monetario, dicho de otra forma:
  • $100: Gamba, por la misma razón que a la moneda. Hubo una época, antaño, en que se hablaba también de Un Pasaje de Micro cuando había $100 en la mano, por corresponder aproximadamente al valor que costaba el boleto de la locomoción colectiva de entonces, aunque parece ser que esta identificación no fue muy popular.
  • $500: Quina, por la misma razón que a la moneda.
  • $1.000 Luca o Lucrecia, por la misma razón que al billete. En ciertos círculos universitarios de principios de los años 90, además, se apodaba al monto o valor de mil pesos como Un Terminator, aludiendo al espectacular personaje del robot T-1000 del filme "Terminator II", estrenado en esos años con éxito total de taquillas, pero esto fue muy efímero y local (lo vimos en el barrio universitario de Parque Almagro).
  • $100.000: Gamba Grande. Una gamba grande, a veces señalada impropiamente como gamba a secas, corresponde sólo a la traslación del concepto de la gamba para el billete o monto de $100, pero ahora multiplicado por 1.000. Curiosamente, en el pasado se llamaba también gambas a los pies grandes, por lo que se ha hecho sinónimo de pies humanos.
  • $500.000: Medio Palo / Media Guata. Ambas denominaciones informales se deben al nombre que recibe el millón de pesos, como veremos abajo.
  • $1.000.000: Palo / Guata / Guatón. El mote palo podría deberse a la asociación con sacarse algún premio de sorteo o lotería, es decir, "darle el palo al gato", y quizás se origina en el lunfardo argentino, donde también se utiliza. Está presente en ciertos países de América Latina. Ciertas creencias suponen que provendría del italiano, y que el "palito" aludido es el 1 de la cifra 1.000.000. La razón de llamarle guata y guatón, en cambio, podría ser por una antigua propaganda de juegos de azar que ofrecía premios millonarios llamados "gordos" y "gorditos". Sin embargo, se sabe que en España se le llamaba kilo al millón de pesetas, lo que pudo haber derivado también en la idea de algo gordo y pesado asociado a la cifra.
  • US$1.000.000: Palo Verde / Guatón Verde. Llamar palo verde o guatón verde al millón de dólares es una mera traslación del mismo número pero esta vez compuesto de dólares. Obviamente, si bien la cifra es la misma, la equivalencia de conversiones entre pesos y dólares hace mucho mayor a esta última. Tradicionalmente se ha hablado de verdes para referirse a los dólares, como sabemos.
  • € 1.000.000: Europalo. De uso restringido y reducido aún, corresponde a sólo una fusión entre las palabras Europa y palo, para señalar un millón de euros. Se las hemos oído sólo a turistas chilenos que viajan a la Unión Europea, aunque en ciertos países de habla hispana ya se habla del Palo euro para referirse a la misma cantidad.
En la próxima parte de esta serie sobre folklore monetario, veremos algo sobre las denominaciones que se daban antiguamente a monedas y billetes ya retirados, partiendo por la alguna vez popularísima chaucha.

domingo, 19 de marzo de 2017

LUZ Y SOMBRA DE LA PARROQUIA DE SANTA MARÍA DE LOS ÁNGELES EN REÑACA Y SU CAPILLA DE SAN EXPEDITO

La primera Parroquia de Santa María de los Ángeles de Reñaca (1962-2000). Imagen publicada en website de la propia parroquia.
Coordenadas: 32°58'26.91"S 71°32'40.34"W
Una buena amiga me convenció, hace unos meses, de pasar a un sitio al que yo había rehuido desde que fuera inaugurado, en todas las ocasiones que tuve para visitarlo: el de la Parroquia de Santa María de los Ángeles, en Reñaca, en Viña del Mar. Lo evitaba, quizás, alérgico a sus líneas demasiado modernistas y vanguardistas, poco asimilables para quien esté acostumbrado a la observación de los edificios más tradicionales y conservadores de la arquitectura religiosa. Por sobre todo, sin embargo,  lo hacía recordando la polémica que generó la demolición del anterior edificio que ocupaba este mismo espacio, destruido precisamente para darle lugar al nuevo.
La parroquia se encuentra en el inicio de calle Borgoño llegando a Vicuña Mackenna, en el camino de entrada a esta localidad y alzándose al pie de las lomas del Jardín del Mar, justo donde está el geoglifo moderno de la Gaviota de Reñaca. Imposible no verlo o perderse intentando llegar a él, entonces.
Su origen, o más bien el de la anterior parroquia, se puede rastrear entre los antecedentes de Reñaca siendo zona suburbana y de fundos al Norte de Viña del Mar, que pertenecían originalmente a célebres familias locales como los Vergara. Esto era mucho antes del boom turístico, residencial y comercial que hoy caracteriza al lugar, iniciado recién con los años 80. Más exactamente, los loteos comenzaron hacia los años del Primer Centenario, con antiguas y elegantes casonas de influencia germano-británica, hasta donde residían o vacacionaban familias más bien acomodadas. Muchas de ellas fueron de corta duración, como veremos, pero modificaciones posteriores y el aumento del rasgo residencial hizo necesaria la instalación de una parroquia propia, precisamente ésta.
Bien, debo admitir que hay mucho de interés en este edificio... "Negarse es limitarse", dicen por ahí, de modo que mi forma de compensar este desdén personal mantenido contra él, será publicando algo acá dedicado a este sitio, precisamente.
La parroquia antigua, en sus últimos años. Fuente imagen: Soychile.cl.
Etapas de desmantelado y demolición del edificio, seguida de la colocación de la primera piedra del nuevo templo. Imágenes publicadas por El Mercurio de Valparaíso.
El actual edificio de la Parroquia de Santa María de los Ángeles.
Vista lateral de la parroquia. A la derecha se ve parte de la Capilla de San Expedito y sus miles de placas colocadas por devotos, y en la explanada se observan las estatuas de los santos chilenos Santa Teresa de los Andes y San Alberto Hurtado.
Acceso principal o Puerta Santa del actual edificio.
EL PRIMER TEMPLO
Muchos habitantes de este concurrido balneario recuerdan el edificio anterior, de líneas neocoloniales y un buen toque de estilo mediterráneo en su blancura, con techos rojizos. Unas 140 a 180 personas sentadas cabían en él, lo que le hacía un espacio más bien pequeño, aunque era fácil verlo y reconocerlo a un lado de avenida. Exteriormente, destacaban sus arcadas y su elegante torre del campanario, aderezadas por árboles y jardines.
A pesar de su aspecto engañosamente clásico, este primer edificio de la parroquia no era tan antiguo como pudiese pensarse. Había sido reconvertido en junio de 1962, por iniciativa del entonces Obispo de Valparaíso, Monseñor Emilio Tagle Covarrubias, complaciendo el deseo de muchos feligreses de la comunidad del balneario, coincidiendo con el inicio de un período de grandes cambios que afectaban al mismo y que fueron configurándole el rasgo de exclusividad residencial y modernidad urbana que hoy se le reconoce.
Debe recordarse que, para entonces, muchas de las necesidades administrativas de Reñaca dependían de Valparaíso o Viña del Mar, incluido el servicio religioso. Esto comenzó a cambiar connaturalmente, cuando se demolían la mencionadas primeras casonas de descanso, hacia 1950 ó 1960, y en su lugar aparecerían poco a poco edificios con niveles comerciales, villas residenciales y conjuntos de departamentos. Todavía faltaba para la explosión hotelera e inmobiliaria que hoy puede observarse, por supuesto.
El lugar elegido para el templo de la creciente comunidad era el mismo en que, desde aproximadamente 1945, existía una pequeña y sencilla capilla, un tanto rústica, cubierta con techados más bien ligeros y sostenida con postes a los que después se adicionaron muros perimetrales, sobre una terraza de sillería donde se realizaban ceremonias y encuentros religiosos locales a cargo de la Parroquia de Nuestra Señora de los Dolores de Viña del Mar. Este sitio, mismo del actual templo, estaba por esos años al lado de unas canchas y unas caballerizas que desaparecieron con la construcción y ampliación del complejo religioso. Se recuerda que tenía una vista limpia hacia las playas, enfrente del mismo.
La parroquia respectiva para Reñaca fue creada paralelamente, a partir de un grupo desprendido de la mencionada Parroquia de Viña del Mar, aunque desconozco si esto tendrá alguna relación con las inclinaciones de voluntad que han tenido algunos habitantes de Reñaca, con respecto a separarse administrativamente de Viña del Mar, incluso estudiándose la posibilidad de ser considerada comuna propia. Lo cierto es que el primer párroco de la flamante sede elegido por Monseñor Tagle, fue el Presbítero Julio López de Aréchaga Vega, quien se mantuvo en el cargo hasta 1996.
Fue el flamante párroco quien transformaría la antigua capilla en la joyita neocolonial. Al rudimentario templito se le hicieron varias modificaciones durante su larga función de casi 45 años, dándole así el aspecto que mantuvo hasta el final y que permitió convertido en uno de los edificios turísticamente más interesantes de Reñaca, mientas existió allí.
Imagen de la crucifixión y pila de agua bendita en el recibidor.
Pasillo alrededor del lado posterior del templo.
Sala-nave única al interior del templo.
Vista de la sala desde el lado opuesto.
Paneles laterales con vitrales de Santos y Apóstoles.
LA DESTRUCCIÓN
Sin embargo, como la población de Reñaca continuó creciendo y el vetusto templo quedaba pequeño para las necesidades de la población creyente, especialmente en los veranos, se comenzó a discutir la idea de reemplazarlo por uno más funcional y moderno. La oportunidad vino con la partida de López de Aréchaga, quien siempre había profesado un amor y compromiso personal por esta obra.
Sucedió, así, que en  agosto del año 1997, el Obispo de Valparaíso, Monseñor Jorge Medina nombró como nuevo párroco de Reñaca al Presbítero Enrique Opaso Valdivieso, dándole instrucciones precisas de completar la construcción de un nuevo y mejor templo para la comunidad creyente del balneario.
Originalmente, se evaluó hacer esta obra un terreno ubicado en el sector Las Golondrinas, vecino a Concón, y en otros donados por la Armada de Chile. Pero este proyecto  fracasó casi haciendo naufragar el deseo del Obispado. Al final y tras muchas discusiones, se concluyó en usar el mismo que ocupaba el complejo anterior y proceder a demolerlo. Recién el año 2000 y tras varias disputas, pudo iniciarse esta tarea que privó a Reñaca de uno de sus más bellos referentes.
Agobiado por las noticias y las fotografías publicadas mostrando la destrucción de su querido templo, su anciano primer párroco escribió una carta en "El Mercurio de Valparaíso", haciendo sus descargos el 24 de diciembre del año 2000:
"Todo cambia, cambian las gentes, se derrumba muros -decía en ella-. Cuántos niños, fiestas, kermess, competencias en la playa, mamás, ancianos que buscaban la tranquilidad del escaño para un rato de descanso, quizás si una meditación bajo el alero tejado mirando la cruz y su pileta con enormes hojas de pangue".
Continuaba recordando con gran congoja, allí: "Tu primer párroco te recibió cuando no eras más que una Capilla desde donde podía observarse algunas casas que cobraban vidas sólo en verano y ver extenderse la playa de una a otra puntilla". Y, finalmente, remataba casi golpeando a la Diócesis de Valparaíso: "Imágenes que se van desdibujando cediendo paso al progreso. ¿Cómo quejarse?. Es la vida, también toca a las cosas y nos duele".
El proyecto, de este modo, generó una gran controversia y la resistencia de muchos patrimonialistas reacios a aceptar la destrucción del templo anterior, además de tres largos años de espera de los permisos correspondientes que no estuvieron exentos de más polémicas y debates. De todos modos, su primera piedra pudo ser colocada en mayo de 2001, conteniendo mensajes, nombres y deseos de los feligreses y colaboradores del controvertido nuevo templo.
Presbiterio y altar mayor.
Cruz de Cristo, colgando sobre el altar.
Figura de la Virgen en el Altar Mayor.
Relicarios de Santa Teresa de los Andes y San Charbel.
Los artísticos vitrales que rodean la línea de vanos superiores.
EL NUEVO TEMPLO
Sólo entonces pudo darse inicio a la construcción del nuevo edificio, con ingeniería a cargo de Oscar Mehech Haleby. En los planos habían participado los arquitectos Alberto Cruz Covarrubias, Álvaro González Embry, Felipe Murillo Ramírez, Francisco Vivanco Fierro, Guillermo Parra Silva, Gustavo Hernández Flaño, Harken Jensen Vivanco, Juan Pablo Scarella Gutiérrez, Pablo Vergara Rojas y Raúl Solís Figueroa.
Prácticamente, la totalidad del financiamiento  de los trabajos corrió por cuenta de los aportes de muchas familias que son homenajeadas en el placas al interior del mismo edificio y por campañas de erogación popular, ya que el proyecto no contó con apoyo de la Iglesia. Esto sucedía, además, en plena crisis económica mundial de fines de los años 90 y parte de la década siguiente.
A pesar de las señaladas dificultades y retrasos, las obras quedaron concluidas el 12 de junio de 2002, siendo Obispo de Valparaíso Monseñor Gonzalo Duarte García de Cortázar, Obispo Auxiliar de Valparaíso Monseñor Santiago Silva Retamales, y aún como Párroco el propio Opaso.
Con una planta construida en forma de ojal y contornos redondeados por toda su geometría de unos 50 por 30 metros, sus líneas arquitectónicas modernistas parecen excesivas, a juicio de algunos críticos. Domina el hormigón ocre, líneas orgánicas, vanos escurridizos y geométricos, grandes armazones modulares interiores, mucho empleo de madera en divisorias y artesonados, etc. Nada, absolutamente nada en el nuevo edificio, recuerda vagamente siquiera al anterior.
Este templo puede albergar hasta 1.000 personas, en 850 asientos-puestos en su interior. Consta de una nave-sala con pasillo parecido a un deambulatorio pero alrededor de la cara posterior de la misma, y está bien iluminada, con grandes vitrales internos representando a Santos de la Iglesia Católica, distribuidos en vanos y paneles. Sus muros interiores ofrecen el material de hormigón desnudo en algunos tramos.
La ornamentación e iconografía religiosa es interesante, incluyendo efigies de la Virgen con los Ángeles en el altar mayor con el Cristo en la Cruz de fondo, colgante, además de arcángeles, cruces de madera de lenga, crucifijos de los apóstoles en los postes (exigencia de consagración), escenas del bautizo de Cristo frente a la pila bautismal y del Cordero de Dios junto al presbiterio.
Las estaciones del Vía Crucis, en tanto, fueron hechas por la artista Jimena Lira, y las tallas en madera de la Cruz principal, Jesucristo, la Virgen María y el Sagrario fueron realizadas por el escultor Ricardo Morales, gracias al financiamiento de la Fundación Edmundo Eluchans Malherbe. Por el suelo también vemos baldosas con la representación paleocristiana del ictus (pez). En la entrada está una representación de la Crucifixión con una pila de agua bendita sostenida por ángeles, donada por un par de anticuarios.
En el templo existen también reliquias de Sor Teresita de Los Andes, regalada por el Obispo Duarte de Valparaíso y dispuesta en el tabernáculo del presbiterio, y reliquias del cuerpo incorrupto de San Chárbel Makhlouf, donada en 2011 desde El Líbano por el sacerdote maronita Philippe Yazbek, realizándose por el santo una misa acá en los días 22 de cada mes.
Por otro lado, se pueden encontrar en los muros representaciones y figuras de la Virgen de Luján, la Sagrada Familia, la Cruz de Chile y un gran cuadro del nacimiento de Cristo imitando el estilo bizantino, además de otros vitrales con imágenes de la Virgen de la Covadonga y San Pío. Al exterior, en la explanada, hay una figura escultórica de San Alberto Hurtado y otra de Santa Teresa de Los Andes, junto a las escaleras de ascenso externo.
La relación del edificio con la ciudadanía ha sido buena, en general: se ejecutan peregrinaciones para el Vía Crucis de Semana Santa, por ejemplo, desde la playa hasta el templo. Empero, como si el recuerdo de la demolición no alcanzara para las amarguras, nuevas críticas a la administración parroquial se han escuchado en años posteriores, quizás por su clara tendencia publicitaria con que enfrenta la labor pastoral local, que incluyó poner parlantes en el exterior del mismo edificio religioso, incorporar emblemas del club de fútbol de la provincia, disponer el lugar a ceremonias laicas, meterle música o baile contemporáneos y realizar de ceremonias litúrgicas en las arenas de la playa, buscando atraer público más joven a los reclinatorios y los confesionarios.
Consuela al menos que, con estos cambios, su espacio ha sido sede de las Temporadas Musicales de Reñaca en los veranos, y también escenario de los Conciertos de Extensión, lo que parece bastante positivo y más sincero que otros experimentos realizados allí.
Antigua figura policromada de San Expedito, tras el acceso al templo.
Capilla de San Expedito en el exterior del templo, junto al acceso al velatorio.
Interior de la Capilla de San Expedito.
Altar de la capilla y sus innumerables placas de agradecimiento.
LA CAPILLA DE SAN EXPEDITO
Al exterior del templo parroquial, en su explanada junto a la avenida Borgoño y al lado del acceso por el lado del velatorio, existe uno de los principales centros de devoción chilenos para la popular figura de San Expedito, el supuesto mártir cristiano del siglo III ó IV que -se dice- era un legionario romano, convertido al cristianismo en Armenia, razón por la que acabó ejecutado junto a otros de sus correligionarios y sepultado en las catacumbas de la plaza Denfert-Rochereau.
Su figura central en el altar es una vitrina con la imagen del santo tras un cristal. Las placas de agradecimiento por "favores concedidos" copan cada rincón de este espacio, contándose por miles. Como santo patrono de las causas justas pero especialmente de las que necesitan mayor urgencia (algo relacionado con el nombre que le da su leyenda), San Expedito se estaba volviendo uno de los santos más populares de Chile y de varios otros países, cuando coincidió que se asoció su identidad a esta iglesia. Tanto es el fervor encendido acá, que ha quedado prendido el lugar a su identidad, al punto de que algunos conocen a la parroquia como la Iglesia de San Expedito, no siendo tal, aunque sí es cierto que el nuevo templo también está consagrado al santo, de alguna manera.
Aunque no estoy del todo convencido, incluso se cree que fue aquí desde donde partió la mayor masificación que ha recibido la veneración por el mártir en Chile, en un curioso fenómeno de adopción y difusión donde habrían tenido participación sectores acomodados o conservadores más de la ciudadanía, decantando así el culto. No es misterio que San Expedito es uno de los santos favoritos de los estratos más pobres en nuestros días, con templitos y capillas dispersas por casi todo el país.
Tenemos versiones contradictorias también sobre la presencia del culto a San Expedito en el anterior templo parroquial de Reñaca, pero todo indica que fue adoptado formalmente para este lugar como parte de las modernizaciones culturales que promovió el propio Presbítero Opaso, para atraerle "clientela" a la parroquia según sus críticos.
A mayor abundamiento, la leyenda cuenta que este altar para San Expedito lo hizo construir el párroco luego de haber fracasado la primera votación del seccional Las Cañitas, para usar el terreno donado por la Armada. Tras al revés, se habría encomendado exitosamente al santo para salvar el proyecto, por recomendación de una devota, retribuyendo el favor concedido con esta capilla.
Sin embargo, la elección arbitraria y un tanto populista del santo, la admite el mismo Segundo Presbítero en una entrevista posterior, en la que reconocía que ni siquiera conocía algo de San Expedito cuando decidió incorporar la capilla a las obras del edificio, el año 2000, sólo como carnada para la suscripción de devotos.
Dentro del propio templo, cabe indicar, hay una imagen de San Expedito parecida a la que está en la capilla, pero en talla de madera policromada y que, según una placa informativa a su lado, fue fabricada en el siglo XVI. Se la puede observar dentro de una vitrina, a un costado del ingreso al templo y de cara a otra figura correspondiente a la crucifixión, en el costado opuesto de ese pasillo.
Los fieles del santo paleocristiano no sólo han saturado la capilla de placas, ofrendas e inscripciones de agradecimiento, sino que algunos pasan horas sentados orando en las bancas dentro de la capilla, y tienen por costumbre reunirse todos los días 19 de cada mes en este sitio realizándose misas para los devotos del santo, especialmente el 19 de abril, que es el del calendario santoral para el personaje.
Tras 20 años de servicio, Opaso dejó el cargo en la parroquia para cederlo, en 2015, al Padre Erwin Prieto López, comenzando así una nueva etapa en la historia de la misma. Mu atrás quedó la época de su primer templo, entonces, desaparecido entre el peso de los afanes por la renovación y la vanguardia, alcanzando ya incluso a instituciones esencialmente conservadoras, como es la Iglesia Católica.

jueves, 16 de marzo de 2017

LA METÁLICA SOLEDAD DEL PUENTE FERROVIARIO DEL RÍO COMBARBALÁ

Coordenadas: 31° 8'36.13"S 71° 1'43.90"W
Esta entrada reúne dos temas que me resultan de enorme interés y simpatía: aquellas provincias al inicio del Norte Chico que, además de las regiones extremas, más me atrae de Chile, y un testimonios de la apasionante historia ferroviaria de nuestro país, con huellas de su propia época dorada esparcidas por estas comarcas.
Hace poco menos de un año, acá mismo publiqué algo sobre el Puente Quinquimo-Pullalli de La Ligua, cerca del límite Norte de la Región de Valparaíso. Pues sucede que, continuando en ascenso por esa misma exruta ferrocarrilera, encontramos el hermoso y corpulento Puente Ferroviario El Parral R.c.a., a veces llamado también Puente Combarbalá. Está a sólo un lado de la autopista D-55 y del actual puente vehicular que ostenta allí el mismo nombre de El Parral. Se lo halla cerca del sector denominado Punta del Viento, un poco más allá de la salida septentrional de Combarbalá en la Provincia del Limarí, la localidad de la famosa piedra nacional combarbalita, tan cotizada en artesanía, joyería y artes escultóricas.
Su fábrica es parecida a la del puente de Quinquimo-Pullally, con sillería y machones de piedra canteada, con estructuras metálicas derivadas de la escuela europea arquitectónica e ingenieril del hierro y del armado modular. Sin embargo, éste es más sencillo que el otro caso: consta de dos pilares-machones que lo apoyan sobre el lecho del río, y dos machones de sillar y anclaje para los segmentos de acceso de los extremos.
El acceso Norte de este puente de vigas se fusiona bien con el terreno y su altura, mientras que el del lado Sur presenta, algunos metros por sobre el lecho del río, un ojo en arco que se apoya en la pendiente de la vera riberana, para el paso a pie que alguna vez hubo bajo el mismo.
El trabajo de cantería, calce y albañilería para las bases del puente y sus estribos ha sido pulcra y eficiente, algo demostrado por el buen estado en que aún se encuentran. Los paneles metálicos de vigas cruzadas y viguetas van por debajo de la plataforma, por lo que su luz superior carente de lozas es despejada, sin cobertura ni cierres, acompañada en su extensión por sólo un pretil de metal que proporcionaba seguridad a los peatones que antaño cruzaban el río caminando junto a las líneas. Desconozco si alguna vez tuvo estas barandillas por ambos lados, pero hoy sólo se observa en su cara poniente.
El puente pertenece al tramo Cabildo-Copiapó que se construyó a partir de 1910, por decreto de mayo de ese año, abarcado más de 600 kilómetros de ruta para el Ferrocarril Longitudinal Norte, concluidos y puestos en servicio hacia 1912. Dicha sección del ferrocarril, entre las estaciones de Illapel y San Marcos, fue construida por el Sindicato Howard actuando como contratista encargado por el Estado. Esto se verifica, por ejemplo, en la revista "Pacífico Magazine" de julio del año siguiente, en un artículo del Ingeniero Santiago Marín Vicuña, quien había estado a cargo de las obras del puente del río Choapa pocos años antes.
Con sus cerca de 130 metros de longitud y de trocha de 1 metro (que, al parecer, fue doble en algún momento), el Puente El Parral representaba el antiguo paso del tren sobre el río Combarbalá, por donde circulaba el histórico Ferrocarril Longitudinal Norte en el tramo Cabildo-Copiapó, más tarde unido a la red del Norte Grande cruzando los desiertos hasta Iquique.
La solidez de este paso sobre el río se hace evidente en la observación del mismo, habiendo resistido de pie sus más de cien años trascurridos ya desde que se lo puso en marcha y sus estructuras logrando soportar los terremotos de 1943, 1965, 1971, 1981, 1997 y 2015. Muchos de estos cataclismos lo sorprendieron e desuso, eso sí, pues su decadencia comenzó en los 60 y se consumó a mediados de la década siguiente.
Cabe recordar que todavía quedan a la vista muchos restos de aquel esplendor ferrocarrilero a la vista del visitante, incluyendo los hermosos puentes de este sector del país, y del que El Parral es uno de los principales. Más aún, en algunas de las estacas de los durmientes que le quedan, en las cabezas, aún puede leerse la inscripción "F.C. del E." (Ferrocarriles del Estado), como firmando nostálgicamente aquel recuerdo.
También a diferencia de otros puentes de esta vieja ruta, el del río Combarbalá se encuentra en peor estado que el de La Ligua o el del río Cogotí, ubicado un poco más al Norte. Sucede que, además de cargar con su total desuso, está parcialmente desmantelado: se han ido retirando sus piezas metálicas, rieles y durmientes de madera, suponemos que para recuperar el material y comercializarlo. No queda ninguno de ellos sobre las vigas y ferretería del puente, por ejemplo.
Pieza a pieza desaparece, entonces, este coloso de hierro del Norte Chico de Chile. Las muchas estacas dispersas por las rampas y el lecho del río confirman la cantidad de remociones furtivas que se han hecho en este hermoso puente y las líneas que conectan a través de él, llevando al desaparecido tren "Longino".
No vaya a ser que, como tantas veces ha sucedido ya en nuestro país, el entusiasmo por el rescate y la conservación para esta magnífica obra de ingeniería, nos llegue demasiado tarde, condenándonos a complacer el hambre cultural e histórica sólo con los espinazos del pescado y las cáscaras de la sandía que podamos hallar en la semblanza del ferrocarril chileno.

miércoles, 15 de marzo de 2017

LA MAGIA VERDE DEL REFUGIO FLORAL DEL PICAFLOR EN ARICA

Coordenadas: 18°31'55.14"S 70°10'0.65"W
Creo muy poco de la oferta de turismo cultural, científico y místico disponible en la carta de atractivos chilenos, se parece a este sitio en verdad encantado del Valle de Azapa, al interior de la ciudad de Arica.
La combinación de naturaleza con la espiritualidad que acompaña a la propia exhuberancia de la vida en este lugar, parecen convertirse en la mixtura perfecta de este oasis azapeño, cuales jardines a custodia de Radagast El Pardo, ese curioso personaje del universo mitológico tolkieniano, o quizás como el reflejo terrenal del edén que imaginó para sí San Francisco de Asís.
El santuario de los colibríes o picaflores se encuentra en el kilómetro 14 de la carretera A-27 de Azapa, bajando hacia el poniente por un sendero de tierra que se interna entre las parcelas agrícolas de árboles frutales y grandes olivares. Muchos de los que llegan buscándolo a este destino se confunden y entran en sus vehículos a senderos paralelos cercanos, pues la señalización es bastante mala, aunque esto es deliberado: sólo se quiere que los verdaderos interesados lleguen allí. El camino correcto, pues, se encuentra justo enfrente de un célebre establecimiento de ventas de abarrotes junto a la autopista, llamado "El Visnola". Tras medio kilómetro desde el empalme con el camino principal hasta el interior del mismo, quizás un poco más, se arriba en la casa con restaurante que señala el punto de partida del sendero de observación ornitológica.
El lugar es tan cautivante como intento enfatizarlo acá: una gran fracción del terreno de la propiedad agrícola, convertida en un fabuloso circuito verde. Se hormiguea entre las sombras de grandes árboles y contornos de flores de inmensa belleza, casi conmovedora en algunos tramos, con estaciones de descanso y puntos de observación debidamente señalados, además de miniaturas de hadas y duendes decorando la ruta a pie. Pequeños jardines, antigüedades, cobertizos para sombra y hasta un místico altar de piedras y minerales esperan allí. Todo ordenado por la señalética y con nombres asignados a cada punto específico de las paradas dentro del sendero.
GALERÍA DE IMÁGENES:
REFUGIO FLORAL DEL PICAFLOR
Es allí donde revolotean los picaflores, zumbando en el aire como si buscasen dar con la frecuencia misma de la creación. Joyas voladoras, jactándose de su tierna hermosura y fusionándose en su pequeñez con esas maravilla de colores y formas de la flora, desde la cual extraen el néctar que les da sustento. Semejan criaturas que la naturaleza -allí tan explosiva e intensa- quiso poner en el límite de sus normas materiales y tocando los principios de la fantasía, de la fábula. El golpe de encanto que son capaces de provocar estas aves en el observador, hacen de una visita al Refugio del Colibrí una experiencia casi abrumadora, incluso para el que presuma de insensibilidad.
Este santuario nace de la iniciativa de María Teresa Madrid, una mujer de origen elquino, de modos suaves y mirada desde-hacia el alma, totalmente en sintonía con la espiritualidad de su tesoro entre jardines, flores y árboles frutales.
Ella misma recibe a los visitantes allí rompiendo su clara tendencia a la introspección y el silencio, mientras vuelan los pajaritos a su alrededor y sobre sus cabellos cobrizos, casi como los ángeles querubines de las iconografías de santos en la pintura religiosa clásica. Parece conocerlos a todos, identificando especies, sexos, edades, procedencias; y hasta les ha puesto nombres. La "Reina de los Picaflores",  motejó hace pocos años a esta extraordinaria mujer, un reportaje de revista "Paula" (22 de abril de 2013).
Me dice que su esfuerzo se remonta a 1987, aproximadamente, cuando comenzó a observar en este lado del valle la presencia y anidación de colibríes propios de la región, en el sector de la parcela que su familia se había adjudicado hacia 1964, en plena reforma agraria y durante el proceso de colonización de Azapa.
Picaflor de Arica, Picaflor del Norte y Picaflor de Cora. Imágenes base: tomadas del sitio web Aves de Chile (Avesdechile.cl).
María Teresa Madrid, la maga verde creadora de este santuario.
Sin embargo, María Teresa advirtió que las aves se iban haciendo cada vez menos en Azapa, al ser destruido su hábitat y los árboles que les daban alimento, como el pacay y el chañar. Tenía razón: un estudio hecho por el Servicio Agrícola y Ganadero (SAG) en los años 90, y que incluyó sus propios terrenos, confirmó el descenso poblacional de los colibríes locales y su situación de peligro, especialmente el picaflor de Arica. Se recordará que la pequeña criatura no resiste ninguno de los pesticidas usados en la agricultura, ni siquiera los orgánicos, además de no ser posible su domesticación ni su reproducción en condiciones de cautiverio.
Por este motivo, María Teresa trató de procurarles un espacio propio a las aves dentro de la propiedad: ayudada por su hermano Manuel, sembraron gran cantidad de plantas florales, pero los colibríes no llegaron a establecerse en su terreno sino hasta el año 2001, más o menos, cuando comenzaron a aparecer regularmente allí.
Fue así que llegó la noticia a dos ornitólogos de la BBC, Steve Honell y Bruce Harris, quienes llevaban meses en la provincia buscando lograr, frustrados, avistamientos del ave en Arica para un reportaje sobre estos pájaros. En noviembre de 2003, fueron a la parcela de la azapeña esperando mejor suerte y fue sorpresa mayúscula para ellos lograr de sobra allí las imágenes que tanto perseguían, transmitiéndolas en la televisión inglesa al año siguiente, mismo en que apareció su santuario en un reportaje del diario regional "La Estrella de Arica" (7 de noviembre de 2004).
Como la población de picaflores crecía año a año allí, decidió implementar definitivamente ese mismo terreno como refugio, hacia 2006, año en que llegó a contar feliz cerca de 40 nidos de estos pajaritos dentro de la parcela. Así, dedicó el espacio de árboles y flores exclusivamente a sus amadas criaturas, al tiempo que continuaba explotando con sus propias manos los olivares de su padre, don Manuel Madrid, productores de las célebres aceitunas de Azapa.
María Teresa no es científico, ni académico; ni siquiera es animalista o conservacionista en los términos que hoy se plantea esta filosofía. Hasta entonces, era una productora agrícola más del valle. Sin embargo, su labor ha sido tan asombrosa, importante y trascendente para la especie, que ha tenido algunas colaboraciones técnicas con la Universidad de Tarapacá y se ha convertido en un enorme favor para la ornitología local, siendo visitada por profesionales y aficionados de la investigación de aves.
Todo lo ha logrado con su esfuerzo, sin grandes apoyos financieros e incluso recibiendo las críticas de quienes consideraron inviable su proyecto, cuando recién comenzaba a ponerlo en marcha. La temporada de más visitas turísticas quizás sea el verano, por corresponder al período vacacional, pero la ideal para los observadores es en invierno, cuando anidan las aves bajo el tibio clima ariqueño.
Muy ajena a los intereses por lucrar, nuestra maga verde no cobraba a los visitantes de su refugio. Sin embargo, los costos dificultaron esta generosidad y así debió establecer primero un monto voluntario y luego una pequeña suma de dinero para el ingreso, muy baja. La decisión la tomó luego de que los propios visitantes le insistieran en dejar aportes, comprometidos con su cruzada. Esto permite solventar parte de la mantención que da ella al lugar con sus hijos y sus colaboradores. También implementó una posada en la casa junto al ingreso.
Todo su bosque particular, por ejemplo, debe ser regado a mano, ya que no se abastece de agua naturalmente. Los senderos interiores deben ser mantenidos y aseados periódicamente; y en las paradas se instalaron sofás y muebles rústicos, para el descanso y comodidad de los visitantes. También hay surtidores de agua endulzada para las aves (bebederos con 3 partes de agua por una de azúcar) y trastos con semillas para otros de los muchos pajarillos que habitan el lugar.
En la parcela de María Teresa sucede otro milagro: de las seis especies de colibríes que hay en Chile, acá se encuentran tres, correspondientes precisamente al trío de picaflores que existen en el Norte de Chile. Estos son:
  1. El Picaflor de Arica (Eulidia yarrellii): con sus sólo 5,7 centímetros, es el ave más pequeña de Chile, llamada también estrellita chilena y colibrí hada. Esto la hace sumamente endémico, distribuido principalmente entre los valles de matorral fluvial de Lluta, Lauca, Camarones, Caleta Vítor, Chaca y Azapa, por su dificultad para desplazarse en tramos largos de la geografía desértica, habitando generalmente por debajo de lo 750 metros sobre el nivel del mar, aunque han existido avistamientos ocasionales por sobre los 2.000 metros. Esta característica también ha sido su condena, sin embargo, al ponerlo en serio peligro de desaparecer por la destrucción creciente de su limitado hábitat, a causa de la agricultura. Los cálculos hechos por el SAG y la Unión de Ornitólogos de Chile sobre la población del picaflor de Arica, no son alentadores: alrededor de 900 ejemplares, por lo que la obra de María Teresa prácticamente puede ser un salvavidas para la especie en pavoroso peligro de extinción, mismo estatus en que se encuentra también el picaflor de Juan Fernández. El único lugar de anidación segura de los picaflores de Arica del que se tiene registro es, justamente, este refugio. Además de flora nativa como el chañar, el ave extrae néctar de otras plantas como la lantana, el hibisco y arbustos cítricos, devorando de manera complementaria pequeños arácnidos e insectos. Su reproducción se concentra entre fines de agosto e inicios de septiembre, construyendo nidos de fibra vegetal y lana, dándoles forma de copa donde deposita dos huevitos blancos muy pequeños, de 1.1 centímetros por 0,6 de ancho, incubándolos de 16 a 19 días antes de la eclosión de ambos polluelos.
  2. El Picaflor del Norte (Rhodopis vesper vesper): Habitante del territorio entre Arica y Calama, llega a encontrársele a 3.500 metros sobre el nivel del mar, prefiriendo los terrenos con matorrales. Es más grande y corpulento que las otras dos especies, de unos 13 centímetros de largo, y su pico muestra claras adaptaciones a la alimentación, largo y curvado hacia abajo, pues cada colibrí extrae el néctar de distintas partes de las mismas flores que alimentan a los otros dos. También consume pequeños insectos. En su aspecto, resalta la coloración amoratada de la garganta de los machos y la cola horquillada. Sus nidos, hechos entre septiembre y noviembre, tienden a ser bastante pequeños, lo que obliga al polluelo a tratar de abandonarlo lo antes posible. Originalmente, solía hacer estos nidos en árboles nativos como en pacay, pero en Azapa se ha debido adaptar a la flora introducida y aparecen sus nidos en los olivos.
  3. El Picaflor de Cora (Thaumastura cora): Habitante del Sur de Ecuardor, de Perú y del extremo Norte de Chile. En nuestro país se encuentra especialmente hasta la Quebrada de Chaca, hallándoselo hasta los 3.000 metros sobre el nivel del mar. Llamado pájaro mosquito en algunas zonas, mide unos 12 centímetros de largo y también se alimenta de néctar, extraído de arbustos y cactos, y ocasionalmente de pequeños insectos. Se caracteriza por su territorialidad y su agresividad con otros colibríes que entren en su espacio de alimentación o anidación, percepción bastante contradictoria para un ave de aspecto tan engañosamente tierno y encantador. Se lo distingue por los tonos verdes en las plumas de dorso y alas, con el pecho de color blanquecino o crema. Los machos tienen un collar rojizo y características largas plumas en la cola, que alcanzan los 7 centímetros. Su nido tiene forma de copa y, hecho con fibras vegetales, pelos, ramitas y telarañas, suelen ser construidos en las bifurcaciones de las ramas, depositando en ellos dos huevos blancos de pequeño tamaño.
Todas estas aves preferían los terrenos regados para habitarlos. Sin embargo, el río San Miguel de Azapa sólo alguna veces baja con caudal, permaneciendo la mayor parte del tiempo seco. ¿Por qué siguen viniendo los picaflores a quedarse en este lugar del valle, entonces? Al parecer se trata de una especie de memoria ancestral la que cumplen y repiten estas avecillas: se ha confirmado que cerca del santuario, se encuentran los restos de vertientes de aguas subterráneas llamados El Socavón, actualmente seco pero que, según investigaciones científicas, en el pasado formó parte de un rico sistema arroyos que facilitó la diversidad de flora y fauna, con el crecimiento de chañares, molles, sauces, cañaverales, totorales y pajonales por este mismo sector del valle.
Atracción adicional del santuario es el bosque de este sitio, en sí mismo. Además de los descansos y las obras de arte que ha colocado allí, con etérea música de corte céltico y étnico saliendo de unos parlantes, hay puntos de interés especial para los turistas, como un curioso espejo instalado justo en medio del verdor de este pequeño oasis, por lo que si se le toma una fotografía en cierto ángulo al reflejado, parece estarse asomando entre una jungla por una misteriosa ventana hacia otro plano espacial.
Los árboles del refugio incluyen suculentos chirimoyos y tropicales racimos de plátanos. Las flores que alimentan a los pequeños espíritus alados de bosque y colorean el verdor de los senderos, incluyen cardos africanos (Leonotis leonurus y Leonotis nepetifolia), la flor que más ha servido para atraer a las avecillas al lugar. Le acompañan achiras o cannas amarillas y rojas, lirios, mantos de Eva,  araucarias brasileñas, etc. También hay ejemplares de patujú o heliconia (Heliconia rostrata), declarada flor nacional de Bolivia por tener los mismos colores de su bandera (al igual que la kantuta). Existe también un espacio que denominó "Rincón de los Cactus", con una gran cantidad de cactáceas y euforbiáceas, incluyendo pitayas, cereos, opuntias y una colosal euforbia, bastante común en esta zona del país y en el Sur de Perú.
Las aves que acompañan a los colibríes son variadas: cuculíes, chincoles, jilgueros. Muchas de ellas también han tenido poblaciones disminuidas a causa de la destrucción del hábitat y de las radicales fumigaciones de cultivos en los años 60 y 70, para combatir la mosca de la fruta, como el comesebo, el saca-tu-real, el corbatita, el fío-fío y la pizarrita. Los zumbidos cortando el aire también los aportan los abejorros chilenos, otras adorables criaturas muy maltratadas en nuestra época, en mal pronóstico de conservación.
"Todo acá se relaciona con todo", dice la anfitriona al describir el ecosistema de su parcela, ejemplificando: moscas que eliminan parásitos de las aves, maderos donde anidan los abejorros, y hasta cuando hay poco del algodón ocre del árbol cerca de la entrada del paseo, las aves hembras hacen nidos utilizando pelos de una llamita mascota en el mismo terreno.
Por todo este esfuerzo desplegado para tan noble propósito, la preciosa mujer que es María Teresa resulta ser muy querida en la zona y por los visitantes de su jardín. A veces aparecen pequeños obsequios para ella, de hecho, como alimento para pájaros o antiguos objetos para la colección de reliquias que muestra en una parada denominada "Rincón de la Abuelita"; o bien piedras para el altar de rocas y minerales que tiene dentro del propio sendero. Han sucedido, también, ocasiones en que le llevan aves heridas hasta sus manos, pues ha aprendido a curar animales lesionados o enfermos.
La excesiva modestia de esta heroína y su rechazo a la exposición pública, quizás le han jugado en contra para divulgar y hacer más conocida la obra que lleva adelante, pero allí está María Teresa, en el Refugio del Picaflor, sirviendo de guardiana material y espiritual para las aves zumbonas del Norte Grande de Chile.

domingo, 12 de marzo de 2017

"MIENTE, MIENTE, QUE ALGO QUEDARÁ": UN AFORISMO QUE SE DEMUESTRA POR SÍ MISMO

Voltaire fue, por siglos, responsabilizado por el origen de la famosa frase del "miente, miente" ("calumnia, calumnia") del siglo XVIII, especialmente por sus enemigos en la iglesia.
"Miente, miente, que algo quedará. cuanto más grande sea una mentira, más gente la creerá"... Es la famosa frase -con rima cacofónica incluida- que el extendidísimo mito universal ha atribuido a Joseph Goebbels, el histriónico ministro de propaganda del III Reich. Los cuantiosos resultados de páginas webs insistiendo en esta creencia, se confirman en el buscador de Google. Lejos está de morir la leyenda.
En estos días, he tenido una buena discusión pero con un mal final al respecto, con alguien a quien tenía estima y cierto respeto intelectual, aunque me parece que se engulló demasiado las citas vertidas en nuestros tiempos por twitter y otras herramientas de catarsis virtual. Como le recogí el guante y me dejó a medio responderle (cosas de las corazas del orgullo) no quiero dejar pasar las ganas de registrar aquí algunos detalles sobre el asunto de marras ya que se ha hinchado demasiado esta porfiada patraña y se me hace entretenida la idea de tirarle algunos pinchazos.
Hace años, publiqué acá mismo una corrección para los que han propagado ese embuste atribuido al libro del Quijote de la Mancha, que reza la reflexión supuestamente enseñada por el ingenioso hidalgo a su fiel Sancho: "Si los perros ladran, es señal de que vais cabalgando". Aunque no veo ningún rasgo de lucimiento intelectual en conocer un libro que te hacen a leer en el colegio, tampoco fue bien tomada por todos mi observación de entonces (hay quienes sienten cariño por sus errores, deduzco), pero insisto en que me causa un poco de hilaridad verla gargareada con vehemencia o aspiración de elocuencia por infinidad de personajes de televisión, artistas, autoridades, personeros políticos y prestigiosos abogados, en declaraciones o entrevistas donde les toca responder a la crítica y defender un camino decidido. El problema es que lo hacen desconociendo que, esta cita, no se encuentra en ninguna parte de la obra cumbre de don Miguel de Cervantes Saavedra.
En otras palabras, pueden desafiar con tranquilidad a cualquiera que largue tan manoseado comodín quijotesco, a que les ubique tales líneas dentro del grueso y majestuoso libro. Por supuesto, jamás lo encontrará allí.
En la misma frecuencia, pues, me asombra seguir encontrando tan majaderamente repetida la frase apócrifa del "miente, miente". Se la he escuchado también a respetados profesores, a conferencistas y a ponentes de debates, extendiéndola como un argumento rotundo con el rostro solemne y la mirada soberbia de quien, torpemente, cree estar tirando al tapete algo demoledor, acaso una revelación. ¿Cuál será el íntimo deseo de creer que en la autenticidad del "miente, miente"? ¿Será, acaso, que se ha vuelto "correcto" insistir tozudamente en que sí perteneció a Goebbels, o de otro modo se es sospechoso de algún cargo intelectual, ideológico o político? Nunca lo sabremos, quizás.
Escritores, periodistas y críticos han sido particularmente majaderos en seguir estirando la fe en esta leyenda. El resto lo ha hecho internet. Diría que los medios argentinos nos dan paliza en esta demostración de tenacidad: hasta la vi en un programa educativo para niños de la TV bonaerense, de hecho, también en mis enérgicos años 90. Empero, veremos que provienen justamente desde el vecino país platense algunas de las mejores pruebas de la falsedad del origen que se otorga en nuestros días al adagio que, a lo largo de la historia, ha sido atribuido a Voltaire, a Maquiavelo, a Bacon, a Rousseau, a Beaumarchais, a Napoleón y hasta a Shakespeare y a mademoiselle Lespinasse, según sabemos.
La información más aclaratoria sobre este asunto, quizás sea la que ofrece el Doctor en Filosofía y exprofesor de la Universidad de Aarhus en Dinamarca, Iván Almeida, en un artículo titulado "La frasecita de Goebbels y la fábrica de mentiras", publicado por el diario argentino "Página 12" del 3 de agosto de 2011. Su texto, de hecho, motiva una mención al asunto en el libro del periodista también argentino, don Orlando Barone, publicado hace pocos años con el título "K. Letra Bárbara" (2011). Dice Almeida que este proverbio va modificando sus formas hasta aparecer en el siglo XVII como "miente, miente" o bien "calumnia, calumnia". No obstante, Voltaire será el más culpado hasta el siglo XIX y buena parte del XX, apareciendo adjudicada a su nombre en muchos libros de corte teológico, críticos de su pensamiento.
Como era de esperar, hay quienes han notado este problema cronológico fastidiando a la creencia y han propuesto sus propios enfoques para tratar de explicarlo, salvando la posibilidad de seguir prendiéndole la frase al chaquetón de Goebbels. El historiador inglés Ian Kershaw, por ejemplo, dice en su biografía sobre Adolf Hitler:
"El mentid, mentid, que algo queda de Voltaire, es un balbuceo de novicio en presencia de la táctica de Goebbels para inculcar en la opinión pública la realidad de sus afirmaciones por falaces que ellas sean.
Informad, informad -dice Goebbels- e impedid que alguien discuta vuestras afirmaciones. Repetid vuestras informaciones todo el tiempo que sea necesario, hasta que el público las acepte como verdades indiscutibles".
Para incomodidad de los que han abusado de esta apelación retórica vieja-confiable (me acordé del meme), sin embargo, está clarísimo que el origen del "miente, miente" no tiene nada que ver con Goebbels ni fue validada por él en alguna clase de declaración o exposición pública, por mucho que quiera identificarse en su actuar (como máximo propagandista nazi) la aplicación de la máxima.
Su surgimiento parece estar, pues, en el mundo clásico, más de un par de miles de años para atrás. El conocido cronista griego Plutarco escribe en su trabajo "Obras Morales y de Costumbres", llamado también como la "Moralia", del siglo I después de Cristo, que la sentencia se relaciona con Medio de Larisa, miembro de la corte y asesor personal de Alejandro Magno, en el siglo IV antes de Cristo. El personaje también es mencionado por otros historiadores de la época, como Flavio Arriano. De acuerdo a Plutarco refiriéndose a Medio, entonces, tenemos:
"Ordenaba a sus secuaces que sembraran confiadamente la calumnia, que mordieran con ella, diciéndoles que cuando la gente hubiera curado su llaga, siempre quedaría la cicatriz".
Se advierte que no era tan explícita ni exacta en sus formas con relación a la que conocemos hoy, sino más bien metafórica, aunque expresando el mismo principio. Pero pasaron los siglos, la máxima toma formas propias y vuelve a ser mencionada por Roger Bacon en "De la dignidad y el desarrollo de la ciencia", de 1267, ahora en términos más simples:
"Como suele decirse de la calumnia: calumnien con audacia, siempre algo queda".
Salta a la vista que Bacon está dando a entender que la divisa no es suya, sino de cierto uso popular, pues la presenta comprendiendo que debe ser conocida ya por el lector ("Como suele decirse..."). En términos generales y con sus variaciones, esta misma frase fue invocada más o menos hasta mediados del siglo XX, todavía, cuando pasó a ser adjudicada a los bríos retóricos de Goebbels.
Rousseau presentó otra versión de la controvertida frase, en la misma centuria que lo había hecho Voltaire.
Hitler y Goebbels firman autógrafos hacia 1936.
Para despejar dudas al respecto, veamos una secuencia de casos rastreables en la literatura, varios de los cuales confirmo verificables fácilmente también en la mágica herramienta de Google Books:
  • Voltaire, el gran acusado de arrojarle al mundo esta frase antes de ser relevado por Goebbels, escribía a su amigo Nicolas-Claude Thieriot el 21 de octubre de 1736: "La mentira solo es un vicio cuando obra el mal; cuando obra el bien es una gran virtud. Sed entonces más virtuosos que nunca. Es necesario mentir como un demonio, sin timidez, no por el momento, sino intrépidamente y para siempre ...Mentid, amigos míos, mentid, que ya os lo pagaré cuando llegue la ocasión". La carta está en ediciones de sus "Obras Completas" de 1784, y ha sido utilizada en su contra desde entonces, especialmente por los críticos del declarado anticlericalismo que profesó el francés.
  • Jean-Jacques Rousseau, por su parte, escribirá en una de sus famosas "Epístolas" de 1764: "Por más grosera que sea una mentira, señores, no teman, no dejen de calumniar. Aún después de que el acusado la haya desmentido, ya se habrá hecho la llaga, y aunque sanase, siempre quedará la cicatriz". Parece estar inspirándose en la información proporcionada por Plutarco.
  • El dramaturgo parisino Pierre-Augustin de Beaumarchais,  en su célebre obra "El barbero de Sevilla" de 1775, hace decir a uno de sus personajes: "La calumnia es el gran procedimiento; he visto a muchas personas decentes, casi a punto de morir de pesadumbre a causa de la calumnia (...) Primero será un rumor que se baja hasta el suelo como la golondrina que presagia lluvia. A tono pianissimo, corre y es un murmullo. Se siembra el veneno. Algunos labios, piano, piano, empiezan a recogerlo y lo van deslizando al oído de su amigo. El mal está en marcha y camina, rinforzando, y de boca en boca salta el diablo. Y después sin saber cómo, veis la calumnia agrandarse, alargarse, engordar y alzarse dando silbidos y crecer a ojos vistas. Se levanta luego y vuela, mariposea, envuelve, arranca, arrastra y estalla, y truena y atruena, por castigo de Dios, un clamor general, un crescendo, la vox populi, chorus universal, de envidia y de infamia. El demonio no la resistiría".
  • Otro dramaturgo francés, Casimir Delavigne, transcribe la sentencia en su obra "Los niños de Edward", de 1833, esta vez presentada como: "Mientras más increíble es una calumnia, más memoria tienen los tontos para recordarla"... Bastante razón tenía, sin duda.
  • El libro español de 1833 titulado "Diccionario citador de máximas, proverbios, frases y sentencias", de José Borrás, compila un aforismo que presenta como de origen anónimo y que dice: "Las heridas de la calumnia se cierran, pero queda la cicatriz".
  • Ya en suelo americano, el periódico "El Católico" de Bogotá, publicaba en su edición del 1° de agosto de 1850, un artículo sin autoría (suponemos que podría ser de Manuel Jil, que firma varias otras columnas del mismo medio) en el que podemos leer lo siguiente: "...pero se sigue y practica aquella depravada máxima: calumnia, que algo queda; y como decía Voltaire, volved a mentid, mentid siempre, que al final algo obtendréis".
  • El escritor español Abelardo de Carlos, la transcribe en 1866 para la gaceta "El Museo Universal": "Sus venganzas tiene algo con aquella máxima de Maquiavelo: 'calumnia, calumnia, que algo queda'".
  • La veremos mencionada también acá, en el Chile del siglo XIX, en el libro del escritor Justo Arteaga Alemparte titulado "Diójenes", de 1871: "El honorable obrero no lo asegura, pero lo deja sospechar. ¡Calumnia, calumnia, que algo quedará!"
  • En 1872, el español Antonio Aparisi Guijarro escribe en su artículo titulado "El gran peligro", en el periódico "La Regeneración" del 23 de junio: "Maquiavelo decía: 'calumnia que algo queda'. Voltaire escribía: 'mentid, y mentid siempre'. Vive Maquiavelo aún, e inspira a Voltaire. A mentir pues, y a calumniar, como se mintió y calumnió en el siglo pasado".
  • El argentino José María Zuviría, por su lado, escribió en un texto reproducido en la obra "Anales contemporáneos: Sarmiento. 1868-1874. Estudios sobre política Argentina", de 1889: "Mentid y mentid siempre, decía Voltaire, porque de la mentira algo queda; y esto es lo que hacen casi siempre los gabinetes agresivos por medio de sus memorándum y notas diplomáticas".
  • En 1891, el jesuita ecuatoriano Manuel José Proaño Vega resumía así la inspiración de los enemigos de la iglesia, en su "Catecismo filosófico de las doctrinas contenidas en la encíclica Immortale Dei de Nuestro Santísimo Padre León XIII": "Todos sabemos que aquel desdichado patriarca de la incredulidad moderna, Voltaire, no armó a sus viles prosélitos sino de la mentira y de la calumnia, diciéndoles sin cesar, y en todos los tonos posibles: Mentid, mentid y calumniad; que algo queda siempre de la mentira y de la calumnia: todos sabemos que aquellos cómplices del crimen, fieles al precepto de su maestro, se apoderaron de la prensa para propalar y difundir en toda la tierra mentiras y calumnias contra Cristo y su Iglesia, contra la Verdad y el Bien, al grito infernal de esa blasfemia horrible...".
  • Por su parte, el ensayista peruano Joaquín Capelo, anota en su "Sociología de Lima" de 1896: "Calumnia, calumnia, que de la calumnia algo queda;  elogia lo vituperable que del elogio algo queda".
  • Poco después, hacia 1900, el teólogo español Ángel María de Arcos escribía en su "Explicación del catecismo católico breve y sencilla": "Sabido es de quién es el dicho: Mentid, mentid, que algo queda. Y qué verdad que queda algo, y no sólo algo, sino mucho".
  • Poco después, el argentino Pastor Servando Obligado, publicaba esta frase en sus "Tradiciones argentinas" de 1903, claramente tomada también de la fraseología popular: "¡Calumnia, calumnia! ¡Que siempre de la calumnia algo queda!".
  • Desde Bolivia, en tanto, llegará comentada por Agustín Ramírez Paredes en su novela política "El pillo Olivier", de 1927, donde anota como parte de un diálogo: "No ignorará usted, compadre, el dicho volteriano: Calumnia! calumnia! que algo queda..."
  • Elio Fabio Echeverri, en su curioso y bello "Diccionario del pensamiento" publicado en Colombia en 1942, define la calumnia de la siguiente manera: "Las heridas de la calumnia se cierran, pero queda la cicatriz. Las mejores frutas son las que han picado los pájaros y los hombres más honrados son aquellos que ha destrozado la calumnia. La calumnia es un fuego devorador que marchita cuanto toca y ennegrece lo que no puede consumir. La calumnia fomenta el vicio, persigue a la virtud. Las heridas de la calumnia se cierran, peros las cicatrices quedan...".
  • Y, para dar un ejemplo en el habla hispana ya después de la Segunda Guerra Mundial, aparece también en el libro del escritor Jaime Chacón, "Raíces hispánicas de ecuatorianidad" de 1953, atribuyéndosela todavía a Voltaire: "¡Calumnia, calumnia, que algo quedará!, decía Voltaire".
Vemos (de sobra) que la frase era usada desde mucho antes que su adjudicación imprecisa a Goebbels, y que también era empleada universalmente en forma peyorativa y demonizadora, en especial por la iglesia, como anatema de una filosofía enemiga y condenable relacionada de un modo u otro con la figura de Voltaire.
Difícilmente, entonces, alguien podría haber adoptado para sí la frase de marras en alguna declaración del siglo XX y jactándose de emplearla en su propio accionar político o como principio operativo de comunicación, incluso en un arranque de extrema sinceridad, salvo que estuviese de viaje por los efectos del pentotal sódico. Otra cosa muy distinta es que todos sepamos algo tan básico como que la propaganda y la asesoría estratégica en la comunicación política son, por su propia esencia, el arte de mentir para gobernar: hacer pasar mentiras por verdades y verdades por mentiras. Si no, ¿cuáles creían que han sido buena parte de las funciones del famoso segundo piso del Palacio de la Moneda? Mas, resulta en extremo ingenuo creer que alguien lo admitiría como parte de su arrojo de hipnosis sobre las masas, bien sea en democracia, en dictadura o en tiranía.
Hecho concreto y demostrado, de este modo, es no sólo la inexistencia de pruebas relativas a que el ministro más leal del Führer haya hecho debutar alguna vez semejante frase, sino también el que la misma proviene de tiempos muy, muy anteriores. Pero es sabido que hay un punto en que se puede creer inocentemente un error-mentira y otro en donde sólo se finge creer que es realidad sabiéndola falsa. ¿Cómo llegó a quedar cosida a Goebbels la mentada frase, entonces, al punto de tomarse casi como un axioma el que deba pertenecerle?
Se ha comentado alguna vez, que el ministro nazi declaró hacia 1934, en una conferencia, que "una mentira repetida mil veces, al final termina siendo una verdad", refiriéndose a las armas comunicacionales que consideraba arteras y que eran utilizadas contra el propio III Recih. En realidad, esta frase (si es que la dijo), parece parafrasear otra de sentido opuesto a la que estudiamos, siendo bien conocida internacionalmente: "Una mentira repetida mil veces, nunca será una verdad"; o bien: "Repetir mil veces una mentira, no la convertirá en verdad".
Pero regresamos ahora a la información aportada por Almeida, mucho más precisa: durante el año 1968, el departamento de Archivos Nacionales de Washington desclasificó un informe secreto que la entonces llamada Oficina de Servicios Estratégicos de los Estados Unidos, había solicitado al psicoanalista de la Universidad de Harvard, Walter Charles Langer, hoy conocido por cierto trabajo sobre la sicología de Hitler derivado de este mismo encargo formulado en plena Segunda Guerra Mundial, en 1943. Por lo que leemos en sus biografías, puede sospecharse que tuvo alguna relación en este trámite su hermano William Langer, que había abandonado el departamento de historia de Harvard recientemente, para asumir la jefatura de la Sección de Investigación y Análisis de la misma Oficina de Servicios Estratégicos.
Joseph Goebbels y la portada del primer número del periódico "Der Angriff", publicado en Berlín el 4 de julio de 1927 por el mismo futuro Ministro de Propaganda del nazismo. Fuente imagen: serie "El Tercer Reich", de Times-Life.
En el informe que entrega el académico y psicólogo, concebido como una asesoría a la propaganda bélica según lo remarca Almeida, Langer expresa su juicio sobre los principios que movilizaban la ideología nazista, señalando que uno de ellos sería:
"...concéntrense en un enemigo por vez y acúsenlo de cada cosa que anda mal: la gente va a creer más rápido una gran mentira que una pequeña; y si la repiten con suficiente frecuencia, tarde o temprano la gente la va a creer".
El informe de Langer, entonces, podría haber servido de guía o -cuanto menos- de inspiración para contenidos con los que la propaganda de guerra enfatizara el rasgo oscuro y deplorable del enemigo a través de la particular figura de Goebbels. Recuérdese que el ministro fue llamado el "Gran Mentiroso" por la propaganda aliada, y que en caricaturas para niños del pato Daffy en esos años, fue retratado en una jocosa caracterización de piel verde, acentuando así su aura siniestra. Procedimientos bastante parecidos a los que -dicho sea de paso-, en tiempos más recientes, la industria cinematográfica de los Estados Unidos usó contra jefaturas de los llamados países del Axis of Evil, como preámbulo de sus intervenciones militares.
Sin embargo, aún suponiendo que uno de los más astutos y ladinos oradores del siglo XX haya hecho semejante confesión autoincriminante sobre la honestidad que podía esperar el pueblo del Deutsches Reich, ya es bastante sospechoso que, por el solo hecho de pronunciarla, se sentara en todos los discursos anteriores y posteriores donde se intentaba legitimar a la jerarquía política nacionalsocialista apelando a la honestidad y la lucha contra la mentira, como espadas que se adjudicaba para sí el movimiento y su proyecto político. Este argumento de la honestidad aparece esgrimido por el ministro, por ejemplo, en sus ataques a Winston Churchill y a la información de masas que se vertía sobre Reino Unido, algo que él estimaba una campaña para alentar las animosidades británicas contra Alemania, antes de la guerra.
Por otro lado, cabe comentar que el "miente, miente" no es la única frase atribuida por error -involuntario o inducido- a Goebbels. Entre varias otras, destaca el caso de aquella que, supuestamente, pronunció en una entrevista: "Cuando oigo la palabra cultura, cargo mi revólver". En realidad, ésta era una expresión sarcástica de la obra de teatro "Schlageter", escrita por el dramaturgo germano Hanns Johst, también en los días de la Alemania nazi, como ha quedado demostrado ya en nuestra época
La mayor curiosidad, sin embargo, es que la propia frase del "miente, miente" se ha demostrado verdadera por sí misma, o más bien eficaz: siendo una falsedad su origen goebbeliano, acabó transmutada en verdad por reiteración e insistencia, y se la ha repetido tanto, se la internalizado de tal manera en el imaginario planetario, que se ha convertido en cierta la asociación al personaje. Nadie considera apropiado ya verificar si realmente le perteneció o si fue pronunciada por en un eufórico ataque de desparpajo y de desvergüenza absoluta ante las masas.
A pesar de todo, no me asombra que la leyenda del "miente, miente" vague por el zumbido rumiante de las sociedades que lo han escuchado y creído, entregadas a esa falacia de confiar ciegamente en la autoridad intelectual ajena. Sí perturba, en cambio, que asome en toda clase de textos (impresos o digitales) redactados por reputados periodistas, escritores, investigadores y hasta historiadores, por supuesto que sin señalar jamás la fuente original o la especificación del texto, entrevista, carta, artículo o discurso en particular al que pertenecería la cita; ni siquiera el año en que habría sido emitida. Hasta ilustrados primeros mandatarios de nuestro continente han pisado el palito del "miente, miente" goebbeliano en algunos discursos, por insólito que suene.
Hoy, también la vemos recurrida con frecuencia entre esos polemizadores y consumidores de debates sobre politiquería travestida de falsa intelectualidad para redes sociales, riñas tan de moda en columnas periodísticas de nuestros días, esas con aires de introducción a tesis y en las hay una constante apelación a apellidos de pensadores como Rawls, Popper, Laclau o Habermas (los Rand, los Foucault o los Chomsky no suelen estar en el naipe, por ser profanamente populares), ofrecidos como trincheras del saber para el juego del "quién tiene la erudición más larga".
¿Tanto cuesta confirmar su veracidad o falsedad, entonces? ¿O más bien no importa si es o no real, en tanto el argumentum ad nauseam resulte útil?
Admito que cuando comenzó la hacerse masivo el acceso y uso de la internet en los años 90, caí en la seducción ingenua de querer visualizar una sociedad más comprometida con las certezas y los fundamentos. Eran, pues, mis días de estudios en un área de la comunicación social donde se le prendían inciensos a teóricos como Umberto Eco, Paul Grice, Alvin Toffler o Marshall McLuhan, incluso si no comulgabas con todo su evangelio. Sin embargo, en la práctica las herramientas de difusión de internet no han hecho más que expandir o reafirmar creencias más allá de su ajuste a los hechos, siendo el "miente, miente" un caso característico de este calambre sapiente. El mito ya es viejo, es cierto, pero ha sido prolongado gracias a estas instancias nuevas.
Así las cosas -también lo admito-, estoy seguro de que en nuestros días y gracias al daño colateral que viene inevitablemente con las grandezas de la red, tenemos más convencidos de que el Quijote sí hizo su advertencia sobre los ladridos de perros y que Goebbels efectivamente proclamó el apotegma del "miente, miente". Ni hablar de aquella ocasión en que se echó a correr la fábula de que el edificio de la Escuela Santa María de Iquique era el mismo de la masacre de 1907, inflando de iras y protestas incluso a altas autoridades por su demolición (siempre vía redes sociales), todos ignorantes de que el original había desaparecido ya a fines de los años 20... O cuando corría el inolvidable correo electrónico del muchacho universitario que padecía de un cáncer al cérvix, órgano que, biológicamente hablando, sólo tienen las mujeres.
Para acercarme al cierre, cabe observar que se ha ido cristalizando en nuestra sociedad de la información y la comunicación instantánea, el convencimiento de que el lenguaje hace realidad, creando con ello toda una cultura de corrección del habla y de las propiedades de la terminología derramada sobre la mass media. Sin embargo, como soy de escuela clásica, más práctica y de menos refugio académico (sí: más bruto), tiendo a creer que el fenómeno es más bien que el lenguaje por sí mismo tiene la capacidades de ir dando mayor valor de realidad a lo apropiado y lo correcto, pero incluso a lo que no es real. Hasta sabiéndose que no es cierta, una mentira puede gozar de las mismas prebendas y beneficios si resulta útil y ajustable a un propósito, así como una realidad (un hecho, mejor dicho) recibe el mismo tratamiento que una mentira en caso de molestar al objetivo o la orientación del discurso.
El caso de Goebbels rugiendo risueño un "miente, miente", parece ser un caso perfecto en donde se prioriza el consenso y la repetición... Pero como vimos ya, si bien repetir mil años una mentira nunca la volverá real, al final siempre "algo queda" de ella: ya aprendí, justo en estos días, que quien trate de rectificar el asunto se expone a posibles acusaciones gratuitas basadas en el mismo concepto que cataliza el aforismo, paradójicamente... Veritas odium parit (¿Terencio?). Es lo que me motivó a escribir este texto, además.
Si los hechos no son lo mismo que las verdades (interpretaciones, versiones, creencias, etc.), entonces no queda más que asumir que ambos corren por rieles distintos, por más que intenten cruzarse entre sí o incluso lo hagan buena parte del tiempo. Sólo así se explica que el "miente, miente, que algo queda" saliendo de la boca de Goebbels sea, precisamente en su ajuste a los hechos, un enorme y tramposo elogio al engaño, además de una excelente puesta en práctica del principio esquizofrénico, que ha sido capaz de demostrarse preciso y eficaz por sí mismo.
Como hice en aquellos casos mencionados de los perros del Quijote, la Escuela Santa María de Iquique 2.0 y el cáncer cervical masculino (escogí sólo algunos de los muchos que conozco, pues aclaro no tengo frustración ni credenciales para cazador de mitos), en el asunto Goebbels he preferido ahorrarme chácharas y más ping-pong de discusiones, publicando este descargo aclaratorio en mi blog, para así derivar hasta este link a todos los porfiados e insistentes que se me aparecen y me seguirán apareciendo por los vórtices virtuales y los umbrales digitales en el sinuoso, áspero y escarpado camino de la vida.

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