sábado, 4 de julio de 2020

"EL SANTIAGO QUE NUNCA ABURRÍA. LOS ORÍGENES CRIOLLOS DEL DIVERTIMENTO POPULAR 1590-1840": PRESENTACIÓN PARA 250 AÑOS GESTACIONALES

Nota: aún no tengo definida la plataforma de adquisición de este texto que acabo de concluir, o si acaso será por distribución directa. Por ahora, sin embargo, se trata sólo de un eBook, formato PDF, por estar casi toda la industria editorial prácticamente parada en estos momentos. Dejo acá la presentación del texto, el índice y el enlace hacia una visualización parcial del mismo, par quienes pudieran sentir interés en adquirirlo por las vías que ya decidiremos.
EL SANTIAGO QUE NUNCA ABURRÍA
Los orígenes criollos del divertimento popular. 1590-1840
© Cristian Criss Salazar N.
Registro de Propiedad Intelectual: 2020-A-4606
Primera Edición (Digital)
Santiago, Chile
Junio de 2020
Son muchas las disciplinas que dan forma a las corrientes del espectáculo, de la diversión y de la vida social que aquí serán revisadas, convergiendo en la gran carta de entretenciones disponibles para diferentes épocas, con una oferta recreativa que va desde el tenor infantil o educativo hasta el más bohemio y candilejero. Las propuestas pueden provenir de campos como artes teatrales, circenses, deportes de atención masiva, folclore, festivales, aspectos de la religiosidad tradicional, humorismo, música docta, diversiones adultas, títeres, magia e ilusionismo y, prácticamente, desde todo el contenido cultural disponible en cada período.
Sin embargo, el escrutinio en retrospectiva de la misma línea por la que fluyeron tales manifestaciones, también permite rastrear sus bases germinales desde las diferentes etapas de desarrollo de cada pueblo y, con frecuencia, remontadas a sus propios orígenes. Si bien las baterías que dan fuerza al espectáculo y la recreación parecen cobrar cuerpo en determinados tiempos de progreso o avance de grupos humanos, vienen acompañándolos desde su propia gestación con expresiones tibias, primitivas o fundacionales pero, innegablemente, muy presentes y constitutivas de aspectos identitarios, inclusive.
Las formas de recreación que prefiere y practica cada pueblo, entonces, también hacen gran parte de su retrato más trascendente.
Lo anterior funciona en muchos niveles: folclore genuino, idiosincrasia, educación, formalidades institucionalizadas, legendarios e imaginarios colectivos, sentido de pertenencia o de comunidad entre sus miembros ante sus propios ritos, pautas de valoración artística, simpatías por unos bailes, rechazo por otros, inclinaciones sobre lo que es y no es humor, sobre límites y excesos, criterios estéticos, buen y mal gusto, etc. Incluso en los más amplios abanicos de la diversidad de propuestas que se hallen disponibles, y hasta en la reunión de todas las individualidades si así se quisiera, pueden identificarse algunos patrones y tendencias que van definiendo la generalidad de cada grupo. Unos han ido modificándose con el tiempo y el ascenso de las consciencias; otros persisten y se perpetúan casi intactos y en plena vigencia, positiva o negativamente hablando.
Las sociedades del mundo clásico no sólo supieron ordenar y formalizar sus respectivas instancias de antigua recreación, con los límites o las licencias correspondientes: hasta les asignaron deidades y alcances superiores a los de la existencia profana. Esos arquetipos se han prolongado como referentes culturales hasta nuestros días, a veces sin que los notemos o los reconozcamos. Llegaron a su máxima expresión, quizá, con las famosas fiestas del calendario romano, celebraciones ancestrales y atávicas, pero modelos de los festivales de tiempos actuales aunque con una faz diferente y un disfraz de desarrollo civilizatorio.
Sátiros tipo Sileno y dioses como Baco o Dioniso, originarios de la mitología griega, cargaban sus copas con el mismo vino de las fiestas humanas en representación del “paso” entre estados de consciencia-existencia y a otros niveles ajenos al mundo pedestre, a la par de simbolizar la alegría y el éxtasis de la ebriedad, aunque no exactamente como se lo idealiza con pillería en nuestro tiempo. Curiosamente, Dioniso fue también el patrono pagano del teatro y cofrade de ciertos músicos, como aquellos que tocaban el aulós o flauta doble.
En el caso chileno, qué duda cabe de que las fiestas masivas siempre han sido abundantes en ese mismo alcohol de Baco, casi como un requisito ineludible: ayer, hoy y mañana, con las conocidas consecuencias que esto acarrea y seguirá arrastrando. El eje de cada encuentro puede corresponder a un banquete, una celebración, un homenaje, un evento de música o cualquiera otra posibilidad de manifestación festiva, pero la bebida ha sido siempre su requerimiento, acaso el combustible para motores de emancipaciones momentáneas del individuo y de la purga ante las represiones… Y es que el vino se erigió en la vida humana como el tradicional aliado a la hora de la alegría, no así a la hora de deberes y obediencias, como decía Cervantes a través del Quijote, dirigiéndose a Sancho: “Sé templado en el beber, considerando que el vino demasiado ni guarda secreto ni cumple palabra”.
También en el caso de una sociedad joven como la chilena, que por su mocedad hace menos extenuante que en otras el rastreo por la cronología de sus recreaciones populares, se vuelve imposible evadir el origen de las artes escénicas entre sus más potentes formas de diversión, presentes ya en los tiempos de la gestación y de la formación del pueblo criollo. Son antecedentes importantes para las noches de plata que engalanaron después a Santiago y a otras ciudades, durante la vida republicana del país. Esto, aunque muchos de sus representantes, por algún extraño prejuicio, hoy se incomoden con sentir que son parte de la desairada magia de la diversión y prefieran pregonar -en la ambigüedad conceptual- que su gremio es el de la cultura.
Empero, la simiente de lo que será la gran oferta recreativa chilena se hizo visible con expresiones surgidas, curiosamente, al alero de los esfuerzos de la Iglesia por hacer participar en la fe a los fieles. La paradoja es que, posteriormente, el propio clero haría lo imposible por detener muchas de aquellas formas que había adoptado la diversión, especialmente en lo relacionado a las presentaciones escénicas y de espectáculos.
Continuará el sentido recreativo nacional por los salones en donde se alojaba el entretenimiento más doméstico, como tertulias o saraos, mientras que al ras del nivel plebeyo brotará desde las válvulas que encontraron escape en chinganas, quintas de recreo, chicherías o posadas de buena y mala muerte, en donde reinaban las leyes de las jarras y las guitarras.
Podemos decir que el espíritu de la diversión popular chilena, forjada principalmente entre los siglos XVII y XVIII del coloniaje y las primeras décadas republicanas del siglo XIX, abrirá su baraja de promesas para el regocijo casi con lo mismo que se sustenta en nuestros días, aunque hayan cambiado los aspectos, los conceptos y las nomenclaturas. Ahí estaban, entonces, las opciones de teatro, cafés, reunión social, funciones humorísticas, volatines, juegos, competencias deportivas, música, baile, fiesta, comida y, por supuesto, el infaltable alcohol… Han adquirido otros rostros, otros nombres, otros protagonistas y otros espacios de acogida, pero las de hoy son las mismas de antaño, básicamente. Y las que no lo sean, es porque se extinguieron superadas por otras más interesantes y modernas, acabando fagocitadas por la voracidad del desarrollo y reducidas a recuerdos pintorescos.
También es necesario advertir que, en aquella etapa en donde la entretención popular estaba enredada aún entre las madejas del criollismo y las tradiciones más folclóricas, cada sector social o, mejor dicho, cada individuo tenía a la vista la posibilidad de escoger su propia carta al alcance de bolsillos, accesos y gustos, muchas veces despreciando y mirando con desdén a las otras, como era esperable en una sociedad tan marcada por las clases y los ardores entre las antípodas, en el Chile de entonces y mucho todavía en el de ahora. A pesar de esto, todos tuvieron su propio lugar y su propio modo de incorporar la diversión a sus vidas… Y es que el derecho a divertimento no discrimina.
El hilo conductor de todas aquellas manifestaciones que llegaban a ser tan dispares, sin embargo, o quizá su médula gravitacional válida tanto para el que tuvo cuna en el palacio como el nacido en la ranchería, o para el citadino como para el campesino, o para el aristócrata pelucón como para el roto motero del mercado, era la búsqueda ineludible del esparcimiento y del cultivo al espíritu amante de la celebración diurna y nocturna, cada cual con su filosofía, formas y motivaciones. Siempre ha sido igual, de hecho.
De esa forma, mientras algunos encontraban aquel espíritu fecundo en las veladas al son de un clavicordio o un laúd amenizado con fino jerez español, otros la hallaron en las vihuelas y arpas de la fonda acompañándose de botijas de mistela y aguardiente. Algunos consiguieron el regocijo ante la orquesta filarmónica o las declamaciones de un vate de acento afrancesado en la tarima del teatro; a otros, les bastó la banda de músicos de la zamacueca o un poeta ebrio recitando sus propios versos ante un público de mejillas igualmente coloradas, parado sobre una silla de mimbre en la cantina a modo de podio.
El caso es que, entre la sesión de música docta y las tonadas chinganeras, entre la copa de anís y el potrillo de mistela, entre la orquesta de sinfonía culta y la banda de cuecas del parque, se extendió toda aquella postal de colores sociales en la que se sostuvieron los antecedentes de las grandes diversiones santiaguinas, tanto en sus encantos, asombros y rasgos pintorescos, como también en sus precariedades, sus limitaciones y otros aspectos de falta de desarrollo que, en algunos casos, hasta podrían tomarse como material risible o de burla en nuestra cómoda época.
En la era de gestación de la bohemia, de la recreación de masas y de las candilejas chilenas está también -y como parte integral de la misma- el surgimiento de todos los necesarios elementos, instancias y espacios que serán fundamentales para cimentar las épocas doradas que vendrían después: los salones de teatro, el comercio dirigido a la reunión social, la industria musical, la organización de compañías artísticas, el inicio de los deportes-espectáculos, las troupes de temporadas y las carteleras, entre muchas otras piezas del gran rompecabezas.
Aunque el tema ha sido abordado desde diferentes aspectos y con dispar énfasis por una buena cantidad de literatura, por alguna razón hay cierto desinterés formal en recordar aquel período añejo de la gestación, apareciendo casi siempre como una mera colección de anécdotas biográficas o de hechos curiosos relacionados con el mundo del espectáculo y del entretenimiento nacional.
Quienes sí han tomado aquel desafío, sin embargo, han dejado potentes descripciones en donde podemos identificar las marcas y los saltos históricos fundamentales, especialmente en materias como los casos pioneros del teatro en Chile, la génesis de la dramaturgia nativa, las primeras salas coloniales o republicanas, el origen de los encuentros hípicos, la profesionalización de roles en el folclore, el surgimiento del circo chileno, la aparición de las manufacturas de productos recreativos, la apertura de escuelas asociadas a las actividades de espectáculos y de música, la entrada gradual de diferentes géneros artísticos, las tecnologías asociadas al mismo progreso de rubros, etc.
Aquí presentamos, entonces, un modesto esfuerzo por reunir y -en parte también- por recuperar el recuerdo de algunos hitos de los 250 años centrales de aquella esforzada primera etapa en la diversión chilena, con sus propuestas, matices, desarrollo, avances, retrocesos y dificultades… Una etapa precediendo en las oscuridades de los tiempos a la escena histórica siguiente y más luminosa, que comenzará a cosechar dulces y suculentos frutos de todas aquellas experiencias iniciales de la entretención popular criolla.
El autor, en aburridísimos e inciertos tiempos
de pandemias, cuarentenas totales y toques de queda,
tan contrastantes con lo explorado en estas páginas…

Junio de 2020
ÍNDICE DE ESTA OBRA

• Índice de esta obra ---05
• Presentación para 250 años gestacionales ---07
• Artes escénicas en tiempos de reyes ---13
• Las fiestas del Santo Patrono de la capital ---25
• Ramadas, chinganas y fondas ---35
• El misterioso “Hércules chileno” ---43
• Espectáculos de torneo militar y de caballería ---50
• Primeros juegos-espectáculos de los criollos ---56
• Encuentros y competencias de cabalgadura popular ---63
• Crónica de la calle de Las Ramadas ---70
• El ángel de la pandereta ---76
• La actividad de las tablas en el siglo XVIII ---82
• Manifestaciones primitivas de arte titiritero ---88
• Juegos coloniales de mesa, de salón e infantiles 96
• Zañartu el terrible… Contra las fiestas ---108
• Los reinos jaspes de la chicha ---116
• Un teatro provisorio en medio de un basural ---124
• Los tajamares: el primer paseo público de la capital ---131
• Peleas de gallos en la sociedad colonial tardía ---144
• Vicisitudes del teatro de Oláez y Gacitúa ---152
• Situación general en los días de la Patria Vieja ---159
• La linterna mágica de Manuel de Salas ---167
• El teatro pionero de la Reconquista ---174
• Las guerras a pedradas entre 1800 y 1830 ---179
• Los fundadores del espectáculo circense ---185
• El primer teatro republicano de Domingo Arteaga ---191
• Un curioso día para O’Higgins desde su palco ---202
• Algunas dulzuras de la patria ---207
• Contra el espectáculo de la tauromaquia ---215
• El escándalo de las fantasmagorías de 1824 ---230
• Santiago, carnaval y chaya ---236
• Un acápite necesario sobre la cueca chilena ---246
• La discusión sobre el origen “étnico” de la cueca ---259
• Período de caída y repunte de la diversión plebeya ---266
• Avances durante la organización republicana ---276
• El baile del “cuándo, mi vida, cuándo” ---284
• La enmarañada historia de la Canción Nacional ---290
• Un himno patrio con semejanzas sospechosas ---300
• La cervecería de la “Marca Chancho” ---307
• Los cafés y sus nexos con la recreación popular ---316
• Dos primeras grandes comediantes de la República ---326
• Cuando las fiestas se celebraban con muertos ---332
• La Filarmónica de Portales y los estanqueros ---338
• La epopeya de Las Petorquinas ---350
• El San Lunes: una tradición del calendario beodo ---357
• Llegan las funciones de globos aerostáticos ---366
• La Fiesta de Cuasimodo o los templarios chilenos ---371
• Principales fuentes consultadas ---384

9 comentarios:

  1. Debieras crear un sistema de inscripción para comprarlo apenas salga, algo así como una "venta en verde"... 👍✨
    (¡qué ganas de poder leerlo desde ya!)

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  2. Felicitaciones por tu trabajo y me anoto con uno para cuando salga ya sea en papel o pdf.

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  3. Conozco muchos de tus trabajos, impecable investigación en todos ellos, por lo que este nuevo texto debe también ser de primera categoría. Felicitaciones de antemano.

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  4. Qué gusto ver una nueva entrada en tu blog y qué publicación tan interesante. Saludos.

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  5. Saludos Estimado Criss, ojalá salga pronto este libro, sería ideal en formato digital. Consulta, tendrías a la venta Crónicas de Stgo oculto en digital? ya que la versión impresa no la he podido encontrar.

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  6. Basta con saber quien es su escritor y el detalle del índice para estar inmensamente interesado en adquirir ese libro. Tienes que avisar cuando esté a disposición del público.

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    1. Muchas gracias, Eduardo. Está disponible, pero por ahora sólo en PDF.

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  7. Eres un "mostro" Criss. Saludos de otro borgoñino.

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Gracias por dejar su opinión en nuestro blog de URBATORIVM. La parte final de todas estas historias las completan personas como Ud.