martes, 3 de diciembre de 2019

IRENE VÉJAR: LA MISTERIOSA "BOMBERA" DE LOS ÁNGELES

Coordenadas: 37°28'22.6"S 72°20'58.2"W (sector donde solía rondar)
Tía Nena o Nina de decía su familia, antaño, así como sus amigos más cercanos. Pero la comunidad de Los Ángeles, en la provincia homónima, la conocía simplemente como "la Bombera", recordándola así hasta ahora. Su nombre real era casi desconocido, sin embargo: Elsa Irene Véjar Pérez. Muy pocos los sabían, salvo quienes conocieron sus tiempos más cuerdos y mentalmente sanos, que habían quedado muy, muy atrás. La mujer que después vagaba por aquellas calles, era otra persona por completo diferente.
Los extraños atuendos con los que paseaba por el centro de la ciudad, inducían al apodo de "la Bombera" y a confusiones sobre su razón de andar diariamente por las calles, acaso como esperando el advenimiento de un secreto milagro o resolviendo un misterio íntimo al que nunca le pudo hallar salida.
Los angelinos intentaban explicarse su caso de todas las formas posibles, entonces, siendo la historia más popular, quizá, una que hablaba de un supuesto amor de su vida que murió en forma trágica cuando recién había contraído matrimonio o se preparaba para tomar el sagrado vínculo, desencadenándose la esquizofrenia que la acompañó durante toda su época convertida en personaje callejero de Los Ángeles. Tal vez confundían su caso con el de otra famosa y distinguida mujer de las calles de la ciudad motejada en su tiempo "la Novia", a mediados de los ochenta aproximadamente, de la que se recuerda que vagaba con un gran peinado de tocado, cartera y guantes blancos, cargando a sus espaldas la historia de un abandono en el altar que no pudo resistir, al menos en la habladuría popular.
Elsa, en realidad, nunca se casó ni tuvo hijos. No alcanzó, más bien, porque los padecimientos psiquiátricos la alcanzaron antes de poder formar familia propia, probablemente para mejor. Ni siquiera le conocieron alguna pareja en toda su vida.
Aunque había sido muy cariñosa con sus sobrinos y fue administradora de un centro de juegos con algunos de los primeros taca-taca que se conocieron en Los Ángeles, "la Bombera" comenzó a mostrar tempranamente las consecuencias de su trastorno, mismo que la llevó a apartarse de los convencionalismos y de los patrones de la normalidad, luego del mundo entero y de las capacidades de subsistir por sus propios medios, quedando a la deriva como los restos de un naufragio.
Así, la mujer fue olvidando a sus seres queridos, negándose a responder preguntas o contestar incluso a su apodo de tía Nena, que ya desconocía. Triste escarmiento resultó para sus sobrinos, cuando algunos la interceptaban en las calles e intentaban recordarle su relación familiar con ella, provocando su disgusto y rechazo.
Sus familiares, todos residentes del sector Esmeralda de la ciudad, se hicieron cargo de ella tanto como les fue posible, acogiéndola por temporadas en diferentes casas del clan, entre familias de tíos y hermanos, pero ella prefería siempre la calle y el aire libre.
La soledad se volvió algo necesario para ella, y allí se sumergió para siempre: a la difícil convivencia de sus amigos y familiares con una persona con su cuadro mental, se sumaban sus delirios de persecución y comportamientos paranoicos, que la llevaron a creer que todos querían hacerle daño por diferentes razones y, en consecuencia, a huir innumerables veces desde las casas en donde había sido acogida.
"La Bombera", cuando aún era Irene Véjar. Fuente imagen: periódico "La Tribuna".
"La Bombera", ya en las calles. Fuente imagen: BiobioChile.cl.
Los problemas de doña Elsa sumados a su muy mal carácter, acabaron incomodando a sus propios consanguíneos, y ella se encargó de apartarlos en su obsesión por estar sola, lejos de toda compañía humana, resistiéndose a todos los tratamientos médicos que le ofrecieron y con toda clase de excusas como argumento. Volcada a la vida sin techo, una hermana solía llevarse comida en esos días, pero llegó el momento en que también comenzó a negarse a recibir la ayuda. Ni siquiera eso aceptaba.
Ya totalmente posesa de sus problemas de convivencia, se entregó definitivamente a las calles hacia la segunda mitad de los años ochenta, en las que pasaría 30 años como una de las figuras populares más conocidas por los angelinos, especialmente cuando empezó a aparecer con los artículos que le hicieron merecedora del apodo "la Bombera": un casco rojo con tiras de seguridad, sus bototos y una espesa chaqueta tipo parka o casaca con capucha. La mujer de agraciados ojos verdes usaba en su cabeza la capucha y, encima, el casco rojo, que alguna vez cambió por uno más nuevo gracias a un vecino de la ciudad con el que aceptó un intercambio, extrañamente. También le adicionó un cintillo con un parche de guías y scouts en donde estaba la bandera chilena.
A pesar de sus pesados y gruesos atuendos, ella parecía indiferente a los días en que pudiese estar más caluroso. Y, por lo general, siempre iba cargando una sucia mochila y una bolsa, de las que no se desprendía. Algunos inventaron la especie de que vestía así en recuerdo de un hijo fallecido en la institución de bomberos, idea que se acrecentó cuando aparecía también con una manguera, con la que espantó a varios curiosos o pajarones en sus días más rebeldes y agresivos, llegando a amenazar con golpearlos en algunas ocasiones.
"La Bombera" hablaba con muy poca gente y casi nunca aceptaba ayuda en comida de manos extrañas, por razones que sólo ella conocía. A pesar de lo querida que era en la ciudad, mantuvo este comportamiento arisco hasta sus últimos días. Prefería comprarse su sustento en los supermercados, el único gasto que tenía además de los zapatos, que solía ir a adquirir al mercado de la Vega Techada, junto al Terminal de Buses de la ciudad.
Sin embargo, hacía excepciones, especialmente con los funcionarios de Carabineros de Chile. Con ellos se mostraba claramente más abierta y confiada, aceptando de los mismos alimento, café en las mañanas y pequeñas persuasiones de hacer cosas por su propio bien. En las noches frías o de lluvia, además, iba a refugiarse en el recinto de la Primera Comisaría, en avenida Ricardo Vicuña con Colón. Tal vez, en su desequilibrio profundo, sentía tener alguna relación "corporativa" con el mundo de los uniformes, que intentaba imitar a su modo.
Allí en Los Ángeles, "la Bombera" solía rondar en el sector de la misma avenida Vicuña y sus calles adyacentes. En sus jornadas de errar por los barrios o bien cuando estaba de punto fijo, reunía pequeñas cantidades de dinero diario que iba juntando en un fondo personal. Se decía que tenía mucho, o más de lo que esperaríamos de un mendigo, pero jamás pudo adquirir una casa propia o bienes que mejoraran su vida. Por avaricia, de hecho, nunca gastó un peso más allá de lo que consideraba esencial, reservándose para todos una sorpresa póstuma con este extraño comportamiento.
Había quienes la llamaban también Gladys, aunque nadie sabe con exactitud por qué. Existe la teoría de que ese apodo se lo pusieron los propios carabineros aludiendo a la ya fallecida dirigente comunista Gladys Marín, comparando el mal carácter de "la Bombera" con la también fuerte personalidad de la dirigente comunista. Al parecer, ella respondía a ese nombre, al menos a algunas personas, a pesar de que nunca fue el suyo. Dependía más bien de cuán huraña estuviese cada día, es de suponer.
La mujer en sus últimos años. Fuente imagen: periódico "La Tribuna".
Un casco rojo sobre el ataúd de "La Bombera". Fuente imagen: BiobioChile.cl.
En un último y desesperado intento por evitar que muriera de hambre o frío, su familia la recogió un día y la llevó a la localidad de Yumbel, en la vecina provincia del mismo nombre, con ayuda de personal de salud. Se le habían hecho exámenes médicos a la fuerza, pues se negaba a recibirlos, debiendo ser sedada para esto. Los resultados fueron devastadores: se le detectó un cáncer estomacal, pero rechazó cualquier tratamiento y sólo quiso regresar a las calles, como era muy previsible a esas alturas.
Con tal bomba de tiempo en sus entrañas, ésta se fue extendiendo a los riñones y los pulmones, sentenciando a "la Bombera" ante la desesperación de sus familiares y seres queridos enterados de lo que realmente ocurría con su salud.
Ya grave y tras desmayar una tarde, fue llevada al Complejo Asistencial "Dr. Víctor Ríos Ruíz", el Hospital Base de Los Ángeles, por decisión de los paramédicos y luego de ser alertados por sus amigos carabineros. El día sábado 24 de junio de 2017, tras una semana internada, su situación se estabilizó y fue llevada al hospital comunitario de Yumbel, otra vez por gestión de Carabineros de Chile, pero nada podía hacerse por ella ya: allí falleció "la Bombera", atrapada en el destino inexorable al que conducía su propio y tozudo camino.
"La Bombera", mujer personaje conocida por todos los habitantes de la ciudad de Los Ángeles, uno de los símbolos vivientes más curiosos y cargados de misterios en la Región del Biobío, murió de un paro cardiorrespiratorio a las 6 horas de la mañana del martes 27 de junio, a los 63 años de edad.
Cubriendo la triste noticia de su fallecimiento la prensa dio con sus familiares, quienes accedieron a entrevistas que arrojaron luces sobre la vida de la misteriosa "Bombera", en el diario "La Tribuna" del miércoles 28 de junio de 2017 (artículo "La verdadera historia de 'la Bombera'"). Detrás del personaje convertido en postal pintoresca, estaba el drama de la mujer que sucumbió primero a la esquizofrenia y luego al cáncer, ante la angustia y resignación de sus deudos, y ante la comprensible ignorancia de una sociedad que prefería verla como una extravagancia, inconsciente de la desventura humana que había en ese casco y esa parka.
"La Bombera" fue velada en la capilla ardiente de la Parroquia San Francisco, en el centro de la ciudad, donde se realizó su misa fúnebre el jueves 29, para partir a ser sepultada pasadas las 13.15 horas. Un característico casco rojo permaneció sobre el cajón, durante el sepelio, dedicado por uno de los concurrentes con un mensaje de agradecimiento. El gran afecto de la población hacia ella quedó demostrado en estas ceremonias fúnebres, y el duelo se hizo manifiesto.
La leyenda de doña Elsa ha seguido nutriéndose tras su muerte, sin embargo. La noticia de que habían encontrado mucho dinero suyo guardado en alguna parte y revelada sólo a medias, cuando su cuerpo aún era velado, dio pie a la creencia de que en realidad se trataba de una enorme cantidad de billetes que había reunido en años casi sin gastar un peso. La familia, sin embargo, desde conocido este dato, declaró que el dinero de "la Bombera" probablemente no alcanzaba ni para cubrir los gastos del funeral.
La sorpresa para todos fue cuando se entregó a la familia la suma correspondiente a lo que ella había cargado siempre dentro de su arcana mochila sucia: $ 1.790.000, aproximadamente, que le fueron entregados a su sobrina tras retirar el cuerpo y luego de haber permanecido tal suma guardada en el Hospital Base de Los Ángeles.
No era el caudal de riqueza que muchos creían su secreto, pero habrían servido para mejorar mucho sus tristes condiciones de vida, a pesar de que nunca quiso tocarlos por razones que sólo conoció su trastocada e indescifrable sinrazón.

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