viernes, 29 de noviembre de 2019

EL CENTENARIO "CHANCHO CON CHALECO" DE MAIPÚ

Fachada antigua de la quinta de recreo y restaurante "El Chancho con Chaleco", demolida en 2008. Fuente imagen: guía Restaurantesen.org.
Coordenadas: 33°31'34.09"S 70°45'24.81"W
Con el cierre de "La Higuera" en calle Chacabuco, la bohemia y la diversión en Maipú recibieron una irreparable lesión, un daño profundo en el ambiente, el mismo que ha ido viéndose complicado con las situaciones de desórdenes callejeros de las últimas semanas. A pesar de todo, se mantiene en pie otro de sus centros históricos de vida nocturna comunal: el inefable club de "El Chanco con Chaleto", boliche de fiestas de madrugada por el que han pasado generaciones de aventureros y vividores, en poco más de un siglo de existencia.
Guido Valenzuela Silva menciona a este tradicional centro culinario en "Brochazos y pinceladas de un maipucino antiguo", del año 2008. Sin embargo, hay varias alusiones más a él en la literatura nacional, pues se hace difícil hablar de Maipú pasando por alto su notoria existencia. Debe ser uno de sus hitos más históricos, si hilamos fino, por supuesto que después de los teatros de la batalla que aseguró la Independencia de Chile y otros puntos parecidos de su recorrido patrimonial.
Ubicado al inicio de la avenida Los Pajaritos, en el número 99, llegando a antiguo Camino a Melipilla y casi enfrente de la Capilla del Niño Jesús de Praga de Maipú, el histórico restaurante y centro de eventos nació hacia 1918 como la quinta de recreo "Venecia", así llamada por la gran cantidad de canales y acequias que rodeaban en aquel entonces al establecimiento cercano a la vieja Estación Maipú del ferrocarril, por lo que el negocio pasó a ser el favorito de los muchos pasajeros de los trenes del ramal Santiago-Rancagua que subían o bajaban a los andenes de esa desaparecida terminal, ubicada junto a la actual calle Alberto Llona.
Dos años después, el "Venecia" ya habría definido su rol como el de una chanchería popular, a la que acudían personajes como el Dr. Eduardo Ahués Salamé y los miembros del Rotary Club de Maipú, según un encuentro descrito allí por Valenzuela Silva. Debe haberse tratado del más importante y concurrido lugar de este tipo por aquel sector de Santiago, cuando aún no era absorbido por el crecimiento de la ciudad.
Fachada actual de "El Chancho con Chaleco".
El local visto desde la avenida Los Pajaritos.
El cerdito cerámico, como anfitrión de los clientes.
Don Enrique Olivares, tercera generación del local, con su nieto, quinta generación.
Mascota isotípica del restaurante "El Chancho con Chaleco", mostrando al cerdito con un característico chaleco de camarero.
El local era propiedad de Luis González, un hombre corpulento que solía usar siempre un chaleco sin mangas típico de mozo, cruzado por llaveros, con dos bolsillos y con relojes de cadena. El querido comerciante recibía a muchos de sus amigos del barrio en esas salas, con encuentros que se extendían hasta altas horas de la madrugada. Sin embargo, una noche de esas, se armó una discusión con unos clientes cuando él ya quería cerrar pero ellos resistían irse. En la ocasión, uno de los comensales le habría gritado a don Luis, mientras trataba de mandarlos para sus casas: "¡No te pongas pesado, pues, chancho con chaleco!". La risotada fue general y se convirtió en el tema de sobremesa y de hora de once por largo tiempo.
Es interesante el detalle de que, en aquella anécdota, estaba presente entre público el jefe de la Estación Maipú, según recuerdan sus actuales descendientes, dejando expuesto un muy posible vínculo o conocimiento previo de una leyenda antigua en el mundo de los ferrocarrileros, sobre dos tipos que trataron de meter un cerdo con un chaleco al ferrocarril haciéndolo pasar por persona en la oscuridad, hacía mucho tiempo, para pagar sólo el boleto de pasajero que era más barato que el pase para transportar animales. Tal vez, don Luis terminó siendo asociado a esa imagen al momento de recibir la pesada comparación.
Como sea, el apodo de "El Chancho con Chaleco" para el dueño fue tan conocido a partir de ese momento entre los habitantes y visitantes de Maipú, que el negocio de don Luis sería llamado para la posteridad con ese nombre también, dejando atrás el original de "Venecia". No tuvo más remedio que adoptarlo y colocárselo al restaurante, conservándolo hasta nuestros días. De hecho, la cocina del mismo incorporó un plato especial con este mote, correspondiente a un cerdo trozado y condimentado, que ayudó a reforzar el posicionamiento definitivo de "El Chancho con Chaleco" como sinónimo de buena comida y fiesta en la histórica comuna.
El negocio permaneció varios años más como chanchería y cantina, manteniendo hasta hoy variedades de platillos típicos basados en arrollado, pernil, embutidos, parrilladas y costillar, entre otros, abundantes en ají y refrescos para el güergüero. Al retirarse de estas demandas don Luis, sin embargo, heredó el restaurante a su hija Procesa González Aguilar, diestra cocinera conocida como la señora Pochita. La época de mayor salto a la fama para el mismo, iba a corresponder a la de su administración.
Eran años en que la actividad del restaurante llamaba tanto la atención de sus parroquianos, que muchos acudían incluso a conocer las recetas y ver las preparaciones. Llegaban delegaciones extranjeras de visita en el país y por sus mesas pasaron destacadas figuras del mundo del espectáculo, periodismo, política, humor y artes. Doña Pochita en persona atendió allí a la mítica Selección Nacional de Fútbol del Mundial de 1962, de hecho. Su plato con el nombre del local fue especialmente popular en los años setenta, además, y era común que los comensales se pusieran de acuerdo para asistir al comedor hablado de "ir a la chanchada".
La hija del fundador mantuvo a "El Chancho con Chaleco" a su cargo hasta inicios de los años ochenta, a través de la Sociedad Procesa González Aguilar e Hijos y Cía. Ltda. Tras fallecer doña Pochita, el sitio quedó en manos de su hijo Armando Enrique Olivares González, uno de los maipucinos más conocidos y respetados de esta comuna.
Empero, los años aquellos con La Sonora Tijuana poniendo la principal música, no tenían la holgura de antes, debiendo lidiar con los toques de queda, la crisis económica y las demás restricciones sufridas por la vida nocturna. Incluso se había popularizado en aquellos días el dicho "más ordinario que el Chancho con Chaleco", especialmente entre la gente joven. También hubo un caso de un actor y músico que quiso pasarse de listo e implicó a la sociedad administradora en un engorroso pleito judicial, resuelto por la Corte Suprema recién en 1993, a favor del actual del restaurante.
La democracia trajo de vuelta a los buenos conjuntos y artistas de antaño hasta el restaurante. Allí realizó sus últimas presentaciones profesionales el gran bolerista y baladista chillanejo Arturo Millán, quien coqueteó también con la Nueva Ola y los ritmos populares. Millán había sido socio fundador de la Sociedad Chilena del Derecho de Autor, con exitosas presentaciones televisivas de los años sesenta a ochenta, pero ahora sobrellevaba casi en total secreto los padecimientos del cáncer que lo llevaría a la tumba a mediados de 1996, muriendo a los 68 años.
El "El Chancho con Chaleco" estaba en buen tránsito cuando los enormes trabajos de remodelación vial, realizados en Los Pajaritos con Camino a Melipilla a partir de 2008, obligaron a cerrar sus puertas por largo tiempo, incluso siéndole expropiado y perdiendo parte del frente de su edificio por los trazados del enjambre de pasos, conexiones y empalmes que se hicieron en aquel período, para facilitar el desplazamiento de los detestados buses del Transantiago. Las antiguas murallas de adobe del local fueron tumbadas en aquellas obras, pero al menos se pudo recuperar parte de las maderas originales, para reutilizarlas en la remodelación del local.
Fueron muchos los maipucinos que, de hecho, creyeron que esta joyita de la comuna iba a desaparecer para siempre, al permanecer tanto tiempo cerrada sin dar señales de salir del coma. Sin embargo, después de cuatro años de paciente espera, el boliche reabrió en grande en febrero de 2013, siendo anunciado su inminente regreso por redes sociales y periódicos.
En 2018, al celebrarse el centenario, un agradecido vecino y cliente obsequió al local un auténtico chancho con chaleco de cerámica policromada, hecho por los artesanos de Pomaire, y que hoy se encuentra de cara al acceso al recinto, como un anfitrión. Una placa en el gallardo y elegante cerdo dice a los que se acercan:
"Muchas gracias por formar parte de nuestra cultura maipucina en sus 100 años de trayectoria culinaria. 'Chancho con Chaleco', son los más sinceros deseos.
José David Masferrer García y familia, 2018"
Actualmente don Enrique, nieto del fundador y con 75 años a cuestas, sigue siendo el encargado de dar vida al centenario negocio, decorado con otros innumerables cerdos de juguete y de cerámica en su interior, especialmente por el sector de la barra. Suele trabajar en el lugar con su leal personal y también en compañía de algunos familiares, entre los que figura a veces su propio nieto, niño representante de la quinta generación desde el fundador. También ha recibido asistencia de su cuñado Osvaldo Qüense, quien estuvo a cargo de la remodelación del lugar tras los agresivos trabajos realizados en el sector. Los sobrinos de don Enrique lo asisten en difusión por redes sociales, algo que fue especialmente necesario para recuperar a la clientela después de los años en que la actividad del restaurante permaneció paralizada.
Con capacidad para 200 personas y con estacionamientos incorporados después de la reapertura, sólo los lunes y los domingos hay puertas cerradas en este refugio de chanchadas. Las noches de viernes y sábado en "El Chancho con Chaleco" son las de orquestas en vivo sobre su escenario, con bailables hasta las tres de la mañana que recuerdan a la mejor época de la bohemia de Santiago, y de la que este establecimiento debe ser uno de sus últimos legítimos espíritus exponentes. Los períodos de Fiestas Patrias y las fiestas de fin de año son las que repletan a más no poder esta sala.
Como éste porcino tiene clase, sobre el acceso hay un letrero luminoso que saluda y despide a los visitantes diciendo: "Gracias por haber venido y que le vaya bien".

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