domingo, 27 de octubre de 2019

EL PARQUE JUAN XXIII DE ÑUÑOA: EL PASEO ENTRE JARDINES E HISTORIAS COMUNALES

Entrada al parque casi recién inaugurado. Fuente imagen: revista "En Viaje", 1964.
Coordenadas: 33°27'26.7"S 70°35'15.9"W (inicio) / 33°27'49.5"S 70°35'19.6"W (final, anfiteatro)
Después de estos días de fuerte agitación social y de reacciones masivas, que quizá aún mantienen con tiritones a nuestra ilustre casta política, quisiera comentar algo más amigable relativo al valor que tiene la comuna de Ñuñoa dentro de la historia urbana de Santiago, por tratarse de un territorio que convive con parte de su pasado a la vista todavía después de haber sido devorada por el avance de la ciudad hasta las faldas precordilleranas en tiempos relativamente recientes, absorbiendo lo que fueron antes antiguos fundos, rancheríos, propiedades agrícolas, casas patronales y los caminos de la antigua comarca de Ñuñohue.
El Parque Juan XXIII es un perfecto ejemplo de ello. Abarca unos 750 metros de longitud y 28.870 metros cuadrados, ubicados entre las vías Dublé Almeyda y Dr. Agustín Andrade. Está cercado por las residencias que se han construido en el borde de las calles de sus costados, correspondientes a las calles Los Jardines y Juan Moya Morales. Lamentablemente, la realidad de nuestra época exige mantener el parque cerrado durante las noches, evitando hechos delincuenciales y malos comportamientos de personajes que, a veces, asoman por este lugar. No obstante, algunos vecinos tienen en sus casas comunicación más directa con esta área verde, en la parte posterior de sus residencias.
La continuidad del paseo está cortada, sin embargo: la necesidad de mejorar las conexiones viales por este lado de santiago, seccionó su franja verde al trazar las calles Alcalde Eduardo Castillo Velasco y Los Almendros, dejando al parque en tres segmentos. Y si contamos las áreas verdes que originalmente le pertenecían al Parque Santa Julia sobre el que nació éste, como veremos, sus segmentos serían cinco, considerando el que corresponde al de la Casa de la Cultura de Ñuñoa y, en el extremo opuesto, el de las plazas y patios de un Centro Comunitario que daba hacia avenida Grecia.
Por su proximidad a las residencias de los contornos, el parque viene a funcionar como una especie de patio para todas ellas, por lo que se ha vuelto un lugar esencialmente familiar, en donde pasean padres con niños, grupos de jóvenes, ciclistas, personas haciendo picnics y parejas durante la luz del día. En el último tramo, el del anfiteatro, también es frecuente encontrar grupos de personas realizando ejercicios, prácticas de acrobacias o artes marciales, entre el grato ambiente de viejos árboles, pastos y senderos peatonales, tesoritos de este casi oculto lugar de Ñuñoa.
Fuente imagen: revista "En Viaje", 1964.
Fuente imagen: revista "En Viaje", 1964.
Fuente imagen: filme "Morir un poco", 1967.
El parque es una reminiscencia de lo que había sido el antiguo fundo que apareció sobre el terreno de la encomienda colonial de Juan Jufré, otorgada por Pedro de Valdivia, y en la que se construyó la mansión patronal del siglo XIX que hoy es la Casa de la Cultura de Ñuñoa. Esta propiedad, conocida como Chacra San Nicolás y ubicada al oriente de Lo Infante, perteneció al empresario minero Luis Gregorio Ossa a partir de 1860, aproximadamente, y después a don José Pedro Alessandri Palma, hermano del futuro presidente de la república con sus apellidos. Alessandri la compró en 1910 por la suma de $1.910.481 y rebautizó la propiedad como Fundo o Chacra Santa Julia, en homenaje a su esposa Julia Altamirano.
La chacra daba frente a la actual avenida Irarrázaval, como ahora, por entonces llamada Camino de Ñuñohue. A su espalda, sin embargo, contaba con unas 305 hectáreas planas regadas de buena importancia agrícola, pues Alessandri la explotaba para la producción de papas, alfalfa, trigo, frutales, ganadería y lechería. Eran 191 cuadras de cultivos y siete lotes de terrenos en la población de Ñuñoa, llamada Población San Gregorio. Al mismo tiempo, el fundo fue lugar de varios encuentros, celebraciones y paseos campestres de esos años, convertido en importante lugar de copetudas reuniones sociales.
Tras la creación de la comuna, sin embargo, había comenzado una gran cantidad de loteos de propiedades, más o menos a partir de 1895. Según René León Echaíz en su conocida obra "Ñuñohue", del loteo de dos chacras vecinas comenzará a surgir lo que hoy es el Barrio Juan XXIII, alrededor del parque. Y con respecto a la Santa Julia, el autor detalla:
"A poco andar, el señor Alessandri realizó en su chacra una gran obra de urbanización. Trazó por en medio de ella una gran avenida hacia el sur y vendió lotes de terreno a uno y otro lado de ella. La avenida fue llamada primero Gran Avenida, luego Avenida Macul, y actualmente Avenida José Pedro Alessandri. Los sitios vendidos fueron edificados con hermosos palacetes y chalets, que convirtieron el sector en un destacado barrio residencial. Posteriormente la parcelación continuó avanzando y se trazaron dentro de la chacra numerosas calles. Una de ellas, que lleva el nombre de Santa Julia, era un antiguo camino interior de la propiedad. Las antiguas casas de la chacra fueron donadas por la Sucesión de don José Pedro Alessandri a la Municipalidad de Ñuñoa y en ellas funciona actualmente la Casa de la Cultura".
La mencionada calle Santa Julia hoy se encuentra al poniente del parque, a unas dos cuadras, para ser más precisos. La avenida Alessandri o Macul, en cambio, se halla a unas ocho cuadras, en la misma dirección al Oeste.
Parte de los atractivos de la propiedad de Alessandri, además, era un paseo que podían hacer las visitas a su extenso y fastuoso parque de jardines, que se extendía por atrás de la casona como un sendero verde con glorietas y de un tremendo rosal, para el deleite de los paseantes Se recuerda que dicho rosal producía una finísima variedad de estas flores, por cierto.
Fuente imagen: filme "Morir un poco", 1967.
La cascada al fondo, ya desaparecida. Fuente imagen: filme "Morir un poco", 1967.
Reinauguración del mural de De la Fuente, en 2016. Fuente imagen: "El Mostrador".
Vista satelital del parque. El área verde que pertenecía a la Chacra Santa Julia se extiende desde las avenidas Irarrázaval (Casa de la Cultura) hasta Grecia (ex Centro Comunitario), pero el área del Parque Juan XXIII propiamente tal, comienza en Dublé Almeyda y concluye en Dr. Agustín Andrade. Fuente imagen: Google Earth.
En lo fundamental, aquel paseo al interior del fundo es lo que coincide u origina más actualmente con el Paseo Los Jardines interior, que corre paralelo a la calle Los Jardines, que bordeaba antaño aquel hermoso parque familiar. De ahí el nombre de la misma, dicho sea de paso.
Alessandri falleció en 1923, dejando la propiedad a sus herederos. Al final del año 1952, la Comunidad Alessandri Altamirano la donó a la Ilustre Municipalidad de Ñuñoa, creándose así la Casa de la Cultura en la vieja mansión georgiana y su terreno. Los que estaban a su espalda, en cambio, que se habían ido estrechando por planes de urbanizaciones en sus contornos, mantenían algo del aire campestre y recreativo, con sus exuberantes jardines.
Existe un artículo interesante sobre el origen del parque en la revista "En Viaje" de junio de 1964, texto del literato y educador Benedicto Labarca Calvo ("El 'Parque Juan XXIII' de Ñuñoa). Recalca también el origen del nombre del paseo, ese que muchos lo confunden con la Plaza Juan XXIII de Providencia, también dedicada al célebre y reputado Papa Buono fallecido a inicios de junio de 1963:
"Al parque Santa Julia, con cuyo nombre nació la iniciativa, en solemne sesión municipal se le dio el nombre de Juan XXIII en homenaje al Vicario-Pontífice recién fallecido. Papa talentoso, visionario, humilde, renovador, enemigo de las pompas mundanas, exponente de un siglo en sus postrimerías, quería restituir la primitiva pureza de la doctrina de Jesús que la había entregado como credo universal".
La idea de construir el parque sobre el paseo de jardines y que quedó en manos de la municipalidad, surge durante la administración de José María Narbona, alcalde de militancia radical quien estuvo al mando comunal entre 1947-1953, 1958-1960 y 1961-1963, período este último en el que se elabora el proyecto.
El siguiente alcalde, don Raúl Cabezas Rodríguez, cuyo período tuvo lugar entre 1963-1967, heredó los planes en ejecución y pudo concretar la construcción e inauguración del parque casi un año justo después de asumir. Esto sucedía en medio de una gran cantidad de obras de remodelación de diferentes espacios de Ñuñoa, por aquella época. Las fotografías de la época, de hecho, muestran que las casas de los contornos todavía estaban siendo terminadas cuando ya había sido entregado el parque.
En tanto, el diseño había quedado encargado al arquitecto y paisajista Álvaro Covácevich, que a la sazón se desempeñaba en la cátedra de artes plásticas y tenía su estudio de pintura en el Palacio de Bellas Artes. El artista había viajado a Medio Oriente y a Japón, desde donde recogió muchas ideas para plasmar en este proyecto, como observa Labarca. Su trabajo en este plan, sin embargo, fue complementado por el del arquitecto Enrique Gigoux, que también participó del proyecto.
Covácevich concibió el parque con un surtido y ecléctico aspecto, dominado por los planos y lomas de céspedes, las fuentes espejos de agua, los emparrados y algunas sillerías de piedra entre los viejos pinos del fundo de los Alessandri, además de escaños. Destaca desde entonces su entrada con enfierrado formando un túnel de altura y con cúpula, hecho con varillas de acero y con suelo embaldosado de ladrillos. 150 metros de un antiguos parrones se extenderían por esta estructura.
También resaltaba entonces la cascada de aguas, que alimentaban las fontanas espejos con fondos de colores celestinos y peces de colores. La caída acuífera cantaba entre jardines de flores de diferentes orígenes, acompañadas de juegos infantiles en un tramo del mismo sendero, los que han sido renovados con el correr del tiempo. La flora incluía araucarias, espinos, álamos, arrayanes y ciruelillos, a los que se sumó la palma chilena.
Así define Labarca el resultado del trabajo ejecutado por el artista y paisajista:
"El proyecto es de largo aliento, fue concebido hacia el porvenir. En su conjunto es tan caprichoso como moderno y bello, diferente a los clásicos jardines conocidos, sin panoramas. Tiene líneas novedosas, atrevidas, revolucionarias en su conjunto, tramos donde se quiebra la línea con elegancia y gallardía sin que se pierda la continuidad de su hermosa estructura. Es un concepto nuevo y sugestivo de un parque también nuevo que ensambla con esta época de transición de un siglo que se va y otro que llega o viene hacia nosotros con promesas de luminosos conceptos de vida y estética".
Tras describir un paseo por el mismo parque y llegar a su extremo Sur, el autor se refiere a su anfiteatro, "el teatro al aire libre, de simple y espectacular arquitectura, su ubicación es de cierta originalidad", bastante novedoso también para esos años y del que nos da una descripción interesante:
"Se excavó un espacio amplio de catorce metros de profundidad, al fondo el proscenio circular rodeado en la base de agua iluminada. Las galerías de cemento suben inclinadas a la superficie con capacidad para tres mil espectadores, y a los costados y detrás del proscenio los muros estarán pintados o decorados con motivos alusivos. Está dotado de excelentes camarines subterráneos, servicios higiénicos elegantes y completos. Nada falta".
A todo esto, Covácevich era también un cineasta, razón por la que incluyó escenas en esos mismos jardines y ornamentaciones de su autoría en su película "Morir un poco", de 1967. Allí pueden apreciarse sus espejos de aguas y su cascada, ya desaparecidos en nuestro tiempo bajo el peso de camionadas de tierra y césped, así como varios otros elementos que formaron parte del diseño que trazó el autor para este parque. Desde muchos puntos de vista, de hecho, el parque de hoy es una versión simplificada del que fue creado por Covácevich, lamentablemente, en especial en lo que fueron la presencia de cursos de aguas dentro del mismo, ahora inexistentes por daños y modificaciones forzadas.
En el pequeño anfiteatro, en tanto, conocido desde algún momento como el Teatro Griego de Ñuñoa, el pintor Gregorio de la Fuente (1910-1999) realizó murales abstractos atrás del escenario, en su época de cubismo, con algunos de sus alumnos en 1966. De la Fuente, exalumno de Juan Francisco González y antiguo miembro de la Escuela de Bellas Artes, había sido Director de la Casa de la Cultura de Ñuñoa entre 1962-1968, cuando ejecutó esta obra. Eran conocidos por entonces sus murales en la Estación Ferroviaria de La Serena (1952), la Caja de Crédito Minero de La Serena (1952), la Estación Ferroviaria de Los Andes (1953) y en la Caja de Empleados Municipales de Santiago de Chile (1957).
Conocido como "El ayer y hoy del hombre", aquel mural fue recuperado durante unas remodelaciones que retiraron dos o tres capas de pintura y 20 años de olvido que mantenían escondida ahí la obra, luego de un largo período de decadencia y vandalización del anfiteatro. Estaba en muy mal estado de conservación para entonces, pero pudo ser restaurado y presentado otra vez al público en 2016, gracias a una iniciativa de los vecinos agrupados en la Asociación de Amigas y Amigos del Parque Patrimonial Juan XXIII, y al aporte de fondos concursables, realizando un exigente trabajo de recuperación entre mayo y octubre de ese año.
Entre otros profesionales, participaron de aquella recuperación la restauradora italiana Marta Rebora, el restaurador Julio Acuña, la artista visual Millale Cordero y el gestor cultural Roberto Fuertes. A futuro, quizá, dediquemos una entrada especialmente centrada en este mural, ya que su historia da para mucho más que lo alcanzado a comentar acá.
En este mismo anfiteatro se han realizado presentaciones artísticas y encuentros comunales de carácter más social. Un show que tuvo especial importancia en su historia habría sido la obra de teatro musical "Jesucristo Superstar", en los años setenta. Actualmente, es utilizado también por festivales, algunos de ellos gratuitos, como "Rock en el Parque". A pesar de todo, sin embargo, ha seguido siendo objeto de atentados neandertales con pintura aerosol, incluyendo el reinaugurado mural de De la Fuente.

2 comentarios:

  1. Sólo comentar que el remate que tenía en avenida Grecia con el centro comunitario fue destruido para dar paso al colegio República de Siria y la clínica de Ñuñoa. Esto hizo que la circulación libre hasta la avenida fuera cortada por estos recintos.

    ResponderEliminar
  2. El aluvión de la quebrada de Macul de mayo de 1993 inundó el gran espejo de agua del primer tramo (segunda fotografía de este artículo) dejándolo en peores condiciones de lo que ya se encontraba, luego de lo cual fue rellenado.

    ResponderEliminar

Gracias por dejar su opinión en nuestro blog de URBATORIVM. La parte final de todas estas historias las completan personas como Ud.