viernes, 6 de septiembre de 2019

UN MONUMENTO AL PERDÓN: LA PIRÁMIDE DEL CERRO SAN CRISTÓBAL

Antigua imagen del obelisco o pirámide, al oriente del Cerro San Cristóbal. Fuente imagen: Archivo Histórico Fotográfico de la Ilustre Municipalidad de Providencia.
Coordenadas: 33°23'11.0"S 70°36'06.4"W
El obelisco de nuestra atención está en los deslindes de Parque Metropolitano con la ribera Norte del Río Mapocho, en el sector oriente de la ciudad de Santiago, en la comuna de Vitacura. Hoy se encuentra casi invisible, perdido entre trazados de caminos, rotondas y bajo la sombra de la pasarela de la Avenida Américo Vespucio y la Autopista Nororiente. Está a escasa distancia del Colegio Saint George, en una terraza conocida como el Mirador de la Pirámide y encima de la caída de aguas de antiguas canalizaciones del valle, que daba nombre al camino y al sector de El Salto.
Siendo uno de los monumentos públicos más antiguos de Chile, su importancia ha sido enorme en la semblanza de la ciudad, incluyendo aspectos de la toponimia y el registro de un hecho histórico del que hoy se habla muy poco, relacionado con la última fase de las Guerras de Independencia. Y como antaño los obeliscos eran llamados con el impropio nombre de pirámides (como en los casos de la que estuvo ubicada en San Pablo o la de los tajamares del Mapocho), se la conoció popularmente también como la Pirámide del Cerro San Cristóbal, por encontrarse en uno de sus accesos orientales.
La historia de este sitio y su monumento se remonta a los días inmediatos al triunfo definitivo en Maipú contra los realistas, consumado el 5 de abril de 1818. Días en que, acá al otro lado del valle mapochino, tenía una propiedad el insigne intelectual, educador y patriota Manuel de Salas, correspondiente a una chacra adyacente al río y a espaldas del cerro. Eran, a la sazón, terrenos muy retirados del área urbana de la pequeña ciudad capital, con modestos senderos que lo salvaban del total aislamiento.
Sólo unos días después de la victoria, el 12 de abril, habrían llegado hasta la chacra de Salas el General José de San Martín y su entonces Ayudante de Campo, el General Juan O'Brien, héroe de origen irlandés comprometido en la causa de la liberación americana y la Logia Lautaro. Traían con ellos un saco de correspondencia secreta que había sido incautado a las postas militares del recién vencido Comandante Mariano Osorio. Por alguna sabia intuición, decidieron apartarse hasta este sitio para revisar las muchas cartas de aquel botín.
Cuál sería la sorpresa de ambos militares, cuando en la correspondencia incautada encontraron nombres de importantes personajes de la época e incluso patriotas comprometidos con la causa independentista, mostrándose favorables, colaboracionistas o disponibles a los realistas y a las autoridades de la Reconquista, cuales émulos criollos de Benedict Arnold y la infamia que pesa hasta hoy en su recuerdo.
La situación no podía ser más grave y complicada, pues muchos de los remitentes podrían haber sido pasados por corte marcial y hasta fusilados, de revelarse sus identidades. La verdad de fondo, sin embargo, es que esto simbolizaba también aquel rasgo de guerra civil que tuvo la Independencia de Chile, en donde los bandos a veces no estuvieron bien definidos y en donde las traiciones se volvían conceptos relativos, de acuerdo al interés de cada lado en la lucha.
El caso es que San Martín y O'Brien habrían decidido, allí mismo, no denunciar a los desleales y evitar así una nueva ola de sangre y venganzas. Acto seguido, el general argentino arrojó todas las cartas al fuego de una hoguera encendida en el momento, jurando llevarse el secreto de aquellas identidades a la tumba, como efectivamente sucedió. La posibilidad de que el pueblo chileno volviera a verse dividido en un conflicto de hermanos contra hermanos, como el que había cerrado su destino en Maipú, se hizo humo ahí aquella noche.
Recordando aquel intrigante y curioso episodio de nuestra historia, don Manuel de Salas donó a O'Brien esta parte de su propiedad. Esto sucedió en 1826, año en que Salas ocupaba cargos de diputado y de Consejero de Estado.
El general irlandés levantó en el solitario sitio una sencilla pero cómoda residencia con forma de camarote, apodado irónicamente como su "castillo" de El Salto, con columnatas y parrones, enclavada entre árboles frutales. Habría sido él quien hizo construir en el mismo aislado terreno el obelisco denominado entonces Pirámide del Salto, en homenaje a Salas y a su labor por la causa patriota. Fue erigida a su entera costa, según se ha escrito.
El obelisco de piedra ha mantenido sus proporciones y aspecto general, además del diseño del plinto, aunque ya reemplazado. Probablemente, su material de roca procede de las canteras del mismo Cerro San Cristóbal. Mantiene las inscripciones en dos de sus caras, aunque no sabemos si son originales, ya que antes sólo tenía una pequeña placa adosada a su estructura de piedra, a juzgar de las escasas imágenes que quedaron de él. Estas inscripciones dicen: "Un amigo del país que nada prefirió a la libertad de Chile. O'Brien" y, en la otra "Manuel de Salas. A la memoria de un eminente patriota y literato (seguida de una línea de texto hoy erosionada). 1817".
La señalada fecha confunde un poco y puede tratarse de una adición posterior (reemplazando la línea desaparecida, quizá), pues se supone que el monolito debería posterior a 1817 y don Manuel de Salas falleció en 1841. Alguna vez detectamos una versión señalando que la quema de la correspondencia secreta realista habría sucedido en realidad ese año, después de la victoria de Chacabuco, nos cabe comentar, aunque priorizamos acá la oficial.
Al reverso, en cambio, en su cara opuesta a la frontal, el diseño del obelisco incluye la inscripción de una cruz cristiana con cierta libertad creativa, aunque tampoco tenemos confirmación de que pertenezca al monolito original. La cruz fue trazada sobre una especie de podio y la acompaña la inscripción INRI.
La obra conmemorativa también fue llamada en algún período como la Pirámide de O'Brien, y hubo quienes comenzaron a identificarla como un monumento a la primera "amnistía" de la historia de Chile, por el hecho que se atribuye sucedido en este lugar con la quema de las cartas. En todos los casos, se lo reconoce como un monumento de paz, y una de las obras conmemorativas más antiguas del Chile independiente.
El obelisco o pirámide aparece mencionado también en documentos y publicaciones posteriores, relativos a la historia de Santiago o sus atracciones turísticas. Se encontraba en una terraza o pabellón que Carlos Tonero describe como "de estilo rancho" en el "Baedeker de Chile" de principios de los años treinta, cuando aún quedaba parte de la propiedad y la cabaña que habían pertenecido a O'Brien. El sector mismo en que se encontraba sobre El Salto, fue llamado La Pirámide, incluyendo los senderos que lo cruzaban.
En aquellos mismos años, por solicitud y acuerdo de las comunas de Las Condes y Huechuraba, se inició la construcción de un camino que uniese ambos destinos por entre el grupo de cerros del San Cristóbal, principalmente para el transporte de productos agrícolas que debía hacerse hasta entonces por el sector del Camino del Salto y Recoleta, con una gran vuelta por el poniente. La ruta comenzó a recibir el nombre del Camino de la Pirámide que aún mantiene, según se ha dicho por la presencia del monumento de marras en su desembocadura sobre la ribera del río.
El mismo nombre alcanzó al cerro frente al cual comenzaba la ruta: Cerro La Pirámide, que se encuentra como telón de fondo en la actual Ciudad Empresarial de Huechuraba, precisamente en el inicio de la ruta de los comerciantes agrícolas que iban por el Camino de la Pirámide.
Las modificaciones viales, la absorción por la ciudad de estos territorios y el rigor de los cambios urbanísticos han respetado la existencia de este obelisco, ya inserto en un paisaje muy ajeno y diferente al de sus orígenes. La última gran modificación sufrida por el viejo monumento vino el año 2000, siendo alcalde de Vitacura don Raúl Torrealba, con la construcción del actual mirador con plaza dura, escaños y pequeños jardines, al borde de aquel barranco.
Tuvo lugar así la restauración y remodelación del monumento y su entorno, además de la recuperación de sus inscripciones y grabados, reforzados con esmaltes, y la colocación de una placa metálica con la siguiente inscripción frontal, en su actual pedestal:
"En este lugar, el 12 de abril de 1818, una semana después de la Batalla de Maipú, que consolidó la Independencia de Chile, el General San Martín se reunió con su Ayudante de Campo el General Juan O'Brien, para revisar la correspondencia incautada al derrotado representante español, Mariano Osorio.
Entre las cartas encontraron varias que comprometían a supuestos patriotas en actividades favorables a la causa realista, lo que habría dado motivo para enjuiciarlos por traición.
Sin embargo, comprendiendo que lo más importante para el futuro de la patria era la reconciliación entre los chilenos, San Martín arrojó las cartas al fuego, entendiendo que así evitaba años de recriminaciones, venganzas y rencores.
El secreto de esos nombres se lo llevaron ambos generales a la tumba.
En recuerdo del hecho, en 1826 don Manuel de Salas, dueño de estos terrenos, donó un sitio ubicado en este lugar al General Juan O'Brien, quien levantó en él una casa rústica.
Municipalidad de Vitacura. 26-11-2000"
A pesar de los cambios y las señaladas modificaciones urbanas tan inclementes, una estupenda vista de Santiago se consigue todavía desde el Mirador de la Pirámide. La historia antigua y nueva de la ciudad se funden en este sitio y su postal, que aún calla el secreto de aquellos nombres perdonados hace 200 años.

6 comentarios:

  1. Robusto y abundante de información, creo que si su función no era encantarnos con investigar mas, es por lo menos visitarlo e iluminarse aún mas con la historia. Voy a buscar como acceder a ese lugar.

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  2. Excelente relacion de un acontecimiento bastante desconocido, pero no por ello fundamental en la conformación de la República. Felicitaciones.

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  3. El General San Martín penso siempre en el futuro de Chile.

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  4. San Martín tenía altura de miras...

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Gracias por dejar su opinión en nuestro blog de URBATORIVM. La parte final de todas estas historias las completan personas como Ud.