lunes, 23 de septiembre de 2019

OBSERVATORIO INTERAMERICANO DE CERRO TOLOLO: UN SANTUARIO DE LA ASTRONOMÍA EN LA CIMA DE REINOS ENCANTADOS

El flamante Observatorio de Cerro Tololo en los años sesenta. Imagen perteneciente al Pool fotográfico de Revista VEA. Fuente imagen: Catálogo Fotográfico Patrimonial del Museo Histórico Nacional.
Coordenadas: 30°10'09.3"S 70°48'23.2"W
La experiencia del pasado Eclipse Solar de junio 2019, ha dejado una huella interesante en el Valle de Elqui, como suele suceder con todo gran evento astronómico. Lo mismo ya sucedió en 1986 con el paso del famoso cometa Halley, a pesar de lo muy débil que resultó aquel avistamiento y del exceso de publicidad que se hizo alrededor del mismo. Y es que el turismo astronómico ha sido una de las más interesantes ofertas culturales del mismo valle, logrando grandes avances y desarrollo especialmente en las últimas décadas.
Gran parte de la seducción del turismo astronómico en esta provincia de la Región de Coquimbo, la ha traído a la historia local la notoria presencia del Observatorio Internacional de Cerro Tololo (CTIO), el principal de los varios que ya existen por todo el valle, a pesar de que no está permanentemente abierto a los visitantes, ya que estos deben realizar un trámite con anticipación si acaso quieren conocerlo.
La historia del Cerro Tololo, sin embargo, reúne en su ubicación tutelar sobre el valle a la ciencia con el mito, casi tal como se cree que la astrología fue para el conocimiento humano, como el preámbulo y generador de las auténticas ciencias astronómicas. Su nombre recuerda una ciudad maravillosa perdida en los cordones montañosos del Norte Chico de Chile, otra más de tantas que palpitan en los mapas de la imponente geografía nacional, con la leyenda de la Ciudad de los Césares como la más célebre y buscada de todas.
Tolopampa o Tololo Pampa es una mítica ciudad encantada de las cordilleras del Desierto de Atacama, de la que haremos caudal en algún futuro artículo. Su ubicación es discutida, pero generalmente se la sitúa en la Región de Atacama, un poco más al Norte del Valle del Huasco. Se trata de una hermosa ciudadela o pueblo resplandeciente que ilumina el horizonte, al que llegan mineros, arrieros y viajeros extraviados, desapareciendo cuando se retiran de ella. Su nombre se debería a la soberana que vive en ella: la Princesa Tololo Pampa.
Dicen que, en aimará, tololo significaría "al borde del abismo". La denominación denota una existencia en la altura, tal vez como interpretación del mito original de una ciudad de riquezas y habitantes mágicos, que después derivó a la imagen más convencional de un pueblo fantasma que aparece y desaparece. Incluso existe una Pampa de Tololo cerca de Carrizal Bajo, también en la Región de Atacama, la zona de aquel reino misterioso.
Parece que la fama de Tololo Pampa llegó hasta el territorio de la vecina Región de Coquimbo, o al menos el concepto: ya en pleno Siglo XX, un cerro de la cuenca del río Elqui comenzará a hacerse popular por el resto del país también con el nombre de Tololo, evocando a aquella misteriosa ciudad perdida pero, en su lugar, con una de las estaciones científicas más importantes del país coronando su cumbre.
Cerro Tololo y sus instalaciones astronómicas son visibles desde gran parte del valle. Alcanza 2.207 metros sobre el nivel del mar y se encuentra dentro de la Comuna de Vicuña, unos 20 kilómetros al Suroeste de la Quebrada de la Marquesa. Se accede al lugar por la Ruta D-317, que va desde la Ruta 41 del Valle de Elqui hacia el cerro, por las Quebradas de San Carlos y Las Mollacas. Unos cuantos cientos de metros más allá del empalme con la carretera principal, hay un control para el acceso vehicular hacia la ruta que lleva al observatorio.
Son paisajes inhóspitos, de quebradas y valles rocosos, decorados sólo por matorrales, copaos y otras cactáceas. Muchos lugareños aseguran encontrar todavía algunas reliquias indígenas en estos parajes, cuando penetran por ellos con sus cabras o pilchas. Los lugares poblados están lejos, siendo el más cercano el de El Pangue, que también cuenta con un observatorio propio aunque de orientación turística, unos 13 kilómetros más al oriente.
La vista del cerro desde aquellos sectores como El Pangue es espectacular, especialmente cuando bandas nubales bajas forman un verdadero mar de vapor, del que sólo emergen la cima del Tololo con el observatorio y algunas otras cumbres del entorno. Desde Vicuña y la carretera, en cambio, se produce una extraña ilusión óptica: parece que todo el complejo de cúpulas estuviese "chueco", levemente inclinado hacia un lado. A su vez, la mirada al valle y su entorno desde la cumbre del Tololo no tiene comparación en todo el Elqui, y las postales con el cerro y el observatorio nevados deben estar entre las más bellas de la provincia.
Llegada de los primeros instrumentales a lomo de mulas hasta el Tololo. Fuente imagen: AURA - Chilean Eclipse 2019.
Telescopio de doble haz para primeras mediciones de las condiciones de visibilidad nocturna, más otros instrumentales, en el Tololo. Fuente imagen: AURA - Chilean Eclipse 2019.
Trabajos de construcción de las primeras cúpulas en la cima del Tololo, hacia 1963. Fuente imagen: AURA - Chilean Eclipse 2019.
Reunión entre miembros de los consorcios AURA y ESO en junio de 1963, buscando lugares apropiados para observatorios en junio de 1963. En la imagen aparecen Ch. Fehrenbach, O. Heckmann, Sr. Marchetti, J. H. Oort, N.U. M ayall, F. K. Edmondson y A. B. Muller. Fuente imagen: AURA - Chilean Eclipse 2019.
Instalaciones de Cerro Tololo ya en pie, con la cúpula del telescopio "Víctor Blanco". Imagen perteneciente al Archivo Zig-Zag/Quimantú. Fuente imagen: Catálogo Fotográfico Patrimonial del Museo Histórico Nacional.
EL ORIGEN DEL OBSERVATORIO
La idea gestacional de este observatorio se encontraba en el interés de algunas comunidades científicas que, por casi un siglo, habían enviado diferentes misiones a Chile para la observación astronómica regular o de eventos específicos. A la sazón, la mayoría de los telescopios estaban en el Hemisferio Norte, habiendo muy pocos en el Sur, cerca de diez, a pesar de las ventajosas condiciones que ofrecían la geografía y el clima, especialmente en nuestro país.
Sucedía que la comunidad científica había mirado con atención la fundación de la Asociación de Universidades para la Investigación en Astronomía (AURA), en 1957, en Arizona. Entre otras intenciones, el consorcio tenía el interés de buscar lugares apropiados para la observación astronómica en el mundo y la construcción de un centro nuevo, especialmente en el Hemisferio Sur. Cuando esta noticia llegó a Chile, el entonces Director del Observatorio Astronómico Nacional de Chile, profesor Federico Ruttlant, viajó a los Estados Unidos para tentar con la posibilidad chilena a los integrantes de la sociedad en formación. Su argumento fue el mismo que ha llenado el territorio con otros observatorios posteriores: las virtudes de los cielos y del clima, en gran parte del territorio.
El Dr. Jungen Stock, miembro fundador de AURA y académico de las Universidades de Chicago y de Texas, asumió la misión de búsqueda en 1959 y viajó a Chile para comenzar a explorar lugares apropiados, desde Santiago hacia el Norte. Entró en estas tareas a partir de enero del año siguiente, contando con el auspicio de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos de América y con la cooperación de la Universidad de Chile, cuyos miembros acompañaron al científico en su exploración.
El 30 de junio de 1960, AURA se hizo cargo directamente de estos planes, bautizándolo "Proyecto Chile". En 1961, recibieron el apoyo de la National Science Foundation (NSF) de los Estados Unidos, que actuaría auspiciando el proyecto.
Recién a fines de 1962, el 23 de noviembre, terminada ya la exploración de terrenos a lomo de mula y cargando un telescopio de pruebas de 0,41 metros, se tomaría la decisión de llevar las instalaciones hasta el Cerro Tololo, al Sur del río Elqui, iniciándose los trámites de compra del terreno. Se presentaron como condiciones favorables a la ubicación en el cerro su distancia de las grandes ciudades, la limpieza de los cielos, además de la presencia de corrientes de aire frío del suroeste del Océano Pacífico y la corriente de Humboldt hacia el norte.
A la sazón, sin embargo, Cerro Tololo era muy desconocido fuera del valle y poco se sabía de él. Incluso arriesgó la posibilidad de ser el elegido para acoger el observatorio, pues competía con Cerro Morado, que presentaba muy similares características y ventajas para recibir los telescopios, tanto así que la propia AURA lo recomendó después al también consorcio astronómico European Southern Observatory (ESO), tras una exploración conjunta en el durante junio de 1963.
Por otro lado, no siendo el Tololo particularmente alto, su ubicación es estratégica al Sur del Desierto de Atacama: un viaje desde la ciudad de La Serena hasta el cerro, por cerca de 88 kilómetros, podía tardar a la sazón hasta 24 horas dependiendo del clima del día, lo que era tolerable al menos en la primera etapa de construcción del complejo científico en el cerro.
Por todo lo anterior, una de las primeras intervenciones para habilitar el lugar fue la construcción de un sencillo sendero para las mulas, animales que llevarían todos los pertrechos, materiales, instrumentales y provisiones necesarias. A continuación, se levantó el rústico primer refugio y unas pircas, para colocar en allí al telescopio usado en las expediciones y otros equipos necesarios para la base científica, incluyendo herramientas de medición meteorológica. Las anotaciones se hacían con lápiz y el personal alojaba en sencillos campamentos allá en la cumbre. Contaron también con un telescopio de doble haz para medición de las condiciones de visibilidad nocturna, y otro con fotómetro fotoeléctrico para mediciones de estrellas, con el que se iniciaron las primeras observaciones científicas del lugar al comparar los datos obtenidos con registros sobre de las mismas estrellas hechas en el Hemisferio Norte.
De este modo, ocupado el lugar, AURA asumió un proyecto de 10 millones de dólares para la construcción de la estación astronómica, la segunda más modernamente equipada del mundo, según se decía entonces. Las obras de construcción comenzaron en 1963, y el Gobierno de don Jorge Alessandri Rodríguez liberó las aduanas para la llegada de los equipos y artículos necesarios. Los esfuerzos incluyeron la nivelación de la cumbre, en donde se construyó una gran explanada con los edificios de cúpula que recibirían a los telescopios.
Luego de cuatro años de trabajo, el primer telescopio de 1,5 metros de Cerro Tololo inició observaciones el 6 de noviembre de 1967, dando inicio a la actividad del actual complejo. La experiencia fue de tal éxito que, a la larga influyó en la instalación de los observatorios cercanos, como veremos.
Vista del camino de acceso al complejo en 1997. Destaca, como siempre, la enorme cúpula del telescopio "Víctor Blanco". Se observa el SMARTS "Yale" a la derecha.
Cúpulas del grupo de telescopios "Víctor Blanco" (atrás), SMARTS "Metro y medio" (derecha) y "Curtis-Schmidt" (izquierda). Año 1997.
El gran edificio y cúpula del telescopio "Víctor Blanco", en 1997. Poco después, su cúpula fue modificada y hoy luce su aspecto metálico.
Estaciones del telescopio "Víctor Manuel" (atrás) y parte del SMARTS "Metro y Medio" al costado, en visita del año 1997.
Grupo de telescopios "Curtis-Smidth" (al centro), SMARTS "Yale" (atrás) y la más pequeña que ocupó el telescopio 0,4  y luego el UCAC, ya en desuso. Al lado de ésta, se observa la torre de monitoreo.
LAS INSTALACIONES
Con el tiempo, el Observatorio Interamericano de Cerro Tololo ha seguido siendo ampliado en sus instalaciones y recibiendo otros telescopios, agrupados en sectores específicos de la cumbre y no sólo en la explanada, además de las dependencias del albergue, los tanques de agua, estacionamientos, almacenes, enfermería, cúpulas de mediciones, oficinas y el laboratorio electrónico. Cerca de 170 personas trabajan relacionadas con este complejo, varias de ellas residentes.
La estación cuenta con 320 kilómetros cuadrados de terreno circundante. Son ocho los telescopios en operaciones regulares principales, más un radiotelescopio. Más de 30 telescopios en total, contando los menores y estacionarios. El tamaño de sus espejos va desde los 0,61 metros hasta los 4,2 metros del mayor. En los años ochenta, se agregó también una dependencia y antena repetidora de Entel-Chile, para sus sistemas de intercomunicaciones en alturas.  También existe una estación de heliosismología desde el año 1995.
Cinco de las siete cúpulas superiores del Observatorio Internacional Cerro Tololo se mantienen funcionales, y los telescopios que estaban en las cúpulas pequeñas al Norte de la explanada en la cima, ambos de 0,4 metros, dejaron de ser utilizados. Al menos una de estas instalaciones está en desuso.
El más grande de los edificios y telescopios corresponde al "Víctor Blanco", administrado por AURA y National Optical Astronomy Observatories (NOAO). Esta última institución también administra el  Observatorio Nacional Kitt Peak (KPNO), cerca de Tucson, Arizona. AURA, en tanto, opera por separado para un consorcio de la NSF al telescopio de Cerro Pachón (observatorios SOAR y Gémini Sur), a unos 14 kilómetros del Tololo.
El "Víctor Blanco", con espejo de 4,2 metros de diámetro, entró en funciones en enero de 1976, tras dos años de pruebas después de haber sido instalado en su lugar. Es el único de los telescopios del Tololo administrado directamente por la NOAO, y su nombre homenajea a Víctor Manuel Blanco Pagán, primer astrónomo portorriqueño. Su cúpula originalmente era blanca, pero en nuestros días es de brillante color metálico.
Telescopios y aparatos "históricos" del complejo del observatorio pero que ya no se encuentran en Cerro Tololo:
  • El viejo telescopio de 0,41 metros de diámetro, llevado en 1961 a lomo de mula para las pruebas de sitio. Se le construyó una cúpula propia en 1965, pero ésta pasó  a alojar, a partir de 1982, al telescopio de ondas milimétricas.
  • Otro telescopio de 0,41 metros instalado en 1965. Después, fue retirado y, su lugar pasó a manos del proyecto USNO CCD Astrograph Catalog (UCAC).
  • El telescopio de ondas milimétricas de 1,2 metros de diámetro, modelo reflector Cassegrain con espejo de aluminio mecanizado, hecho por la firma Phelps-Dodge. Fue llevado al Tololo en 1982, pero en el año 2009 fue trasladado al Observatorio Astronómico Nacional de Chile en Cerro Calán, Santiago.
  • El Southern H-Alpha Sky Survey Atlas (SHASSA) puesto en marcha en 1997 hasta 2006, en una pequeña cúpula propia y que el personal del Tololo apodó el Enano y el Duende. Tras haber sido utilizado, se lo retiró y fue donado a un establecimiento educacional de La Serena.
  • El astrógrafo de 2 metros de diámetro de la UCAC, que se empleó desde 1998 a 2001. Tras este servicio, fue trasladado a la Estación Flagstaff del Observatorio Naval de los Estados Unidos.
Cuando la NOAO dejó de administrar los telescopios inferiores a dos metros de diámetro en el lugar, se formó el consorcio Small and Medium Research Telescope System (SMARTS) en 2001, haciéndose cargo de las cúpulas y los siguientes telescopios:
  • El telescopio "Metro y Medio", con el mismo diámetro de su nombre y vecino inmediato al "Víctor Blanco", que había sido puesto en marcha en 1968.
  • El telescopio de 0,9 metros, modelo Cassegrain de tubo cerrado, instalado en el Tololo en 1966, ubicado al centro y a la derecha del complejo.
  • El telescopio "Yale", de 1,0 metros y que perteneció a esa Universidad en los Estados Unidos desde 1965, en la Estación del Observatorio Bethany. Vecino al "Metro y Medio", corresponde a un modelo Cassegrain de tubo cerrado, fabricado por Boller & Chivens y trasladado al Tololo en 1974. Entre 1998 y 2002, fue utilizado por el consorcio formado por la Universidad de Yale, AURA, la Universidad de Lisboa y la Universidad Estatal de Ohio (YALO). En 2004, pasó al grupo SMARTS.
  • El telescopio modelo Cassegrain de 1,3 metros ubicado más abajo, en la segunda explanada, puesto en marcha en 1998 y entregado al servicio en 2001.
SMARTS comenzó a emplearlos en 2003, pero delega contractualmente a NOAO el mantenimiento de los cuatro telescopios, cediendo a sus miembros el 25% del tiempo de observación, mientras que los científicos chilenos se quedan con el 10%.
Por su parte, en 1999 había entrado a escena el grupo Cerro Tololo Interamerican Observatory Parallax Investigation (CTIOPI), que administrará los telescopios reflectores SMARTS de 1,5 y 0,9 metros de diámetro.
Otros de los telescopios que están en el cerro son los para servicios particulares o estacionarios, entre los que destacan:
  • El telescopio Curtis-Schmidt de 0,61 metros, con una cámara Schmidt, traído desde la Universidad de Michigan e instalado en el Tololo en 1966. Desde 1989 a 1995 fue utilizado por una alianza entre los observatorios Calán y Tololo. Está suscrito a un proyecto de prospección de desechos orbitales de Michigan, en conjunto con la NASA, y dos tercios del tiempo de observación en el mismo pertenecían a la NOAO hasta 2001.
  • El telescopio del Sur o SARA, de 0,6 metros y perteneciente a la Southeastern Association for Research in Astronomy (SARA), de tipo reflector y construido por Boller & Chivens. Fue instalado en 1968 para el International Planetary Patrol Program, propietado por el Observatorio Lowell, que lo utilizaba. La administración del Cerro Tololo se hizo cargo del mismo  hasta 1996, y la Lowell lo usaba sólo ocasionalmente. Fue restaurado por SARA y repuesto en el uso en 2010. Se encuentra más abajo del camino, por el acceso del sector cumbre.
  • El Wisconsin H-Alpha Mapper (WHAM), telescopio mapeador de 0,6 metros de diámetro. Estuvo en el Observatorio Nacional Kitt Peak desde 1996 a 2008, y al año siguiente llegó al Cerro Tololo, en un sector inferior al de las explanadas.
  • El telescopio CHASE, reflector de 0,5 metros de diámetro construido por Officina Stellare de Italia e instalado acá en 2010. Forma parte del proyecto  Chilean Automatic Supernova Search (CHASE), dirigido por el Centro de Excelencia en Astrofísica y Tecnologías Asociadas (CATA) del Departamento de Astronomía de la Universidad de Chile. Ocupa el edificio que había pertenecido al telescopio de ondas milimétricas, y su cúpula fue reemplazada por una nueva, más moderna.
Hay otros telescopios de monitoreo óptico y robótico correspondientes a cinco reflectores Ritchey-Chrétien de 0,4 metros construidos por RC Optical Systems, y ocho telescopios de 0,4 metros con cámara CCD sensible a la luz roja óptica e infrarroja. Las cúpulas correspondientes se construyeron a inicios del presente siglo.
El telescopio mayor dentro de su cúpula, en 1997.
Observatorio de Cerro Tololo, vista actual desde Vicuña.
Cerro Tololo visto desde El Pangue, en mañana de bandas nubales bajas.
Cumbre del Tololo y su observatorio, vistos desde El Panque.
Acercamiento a las instalaciones con su actual aspecto.
UNA ATRACCIÓN EN EL VALLE
El Observatorio Interamericano de Cerro Tololo es el más antiguo de la Región de Coquimbo, siendo ya parte de la historia y otro de los atractivos del Valle de Elqui. Además, su exitosa experiencia abrió paso a otros observatorios regionales como Las Campanas, SOAR-Cerro Pachón y Gémini y La Silla.
También están allá los de uso turístico en Ovalle Casino Resort, Hacienda Los Andes, Collowara, Valle del Sol, Cruz del Sur, Alfa Aldea, Astroelqui, El Sauce, El Pangue, Elqui Domos, Chakana, Cancana, Cerro Mayu, Cielo Sur y Mamalluca, este último levantado con apoyo del Club de Aficionados a la Astronomía (CASMIA) y con el patrocinio del Observatorio Interamericano de Cerro Tololo.
La región inició trabajos de desarrollo astroturístico en 1997-1998, reuniendo hoy el 50% de la oferta nacional en el mismo rubro, según datos del Ministerio de Economía, Fomento y Turismo. El circuito de turismo astronómico de la Región de Coquimbo, de hecho, es el más grande y extenso del mundo, operando cerca de 60 agencias y servicios que los incluyen en sus ofertas de astroturismo con el Tololo en un lugar destacado. Del mismo modo, la Fundación Starlight reconoció la calidad de los cielos de la región para la observación estelar, declarando como Reserva Starlight al Parque Nacional Fray Jorge, primer lugar de Sudamérica en recibir tal categoría y cuarta en el mundo, mientras que la Unión Astronómica Internacional y la Asociación Internacional de Cielos Oscuros declaró al Valle de Elqui como primer Santuario Internacional de Cielos Oscuros "Gabriela Mistral".
En lo estrictamente científico, entre otros descubrimientos realizados desde la cima del Tololo, se cuentan cinco asteroides registrados en épocas recientes, entre los años 2000 y 2005, y una supernova en 2013. También hay planes de construcción de nuevos telescopios en el cerro. Empero, ha quedado atrás la época en la observación se hacía directamente con la vista del astrónomo, por lo que hoy la información obtenida se procesa a través de modernos sistemas electrónicos y gráficos computacionales.
Las visitas al complejo se pueden realizar en los días sábados en las mañanas, con guías y recorridos por las instalaciones. Se recomienda subir por la ruta sin adelantar otros vehículos y el acceso es totalmente gratis, aunque la solicitud de autorización para llegar allá se debe hacer un mes antes, cuanto menos, en las oficinas de La Serena. Antes, la reserva era de tres meses, época en la que pudimos conocer el observatorio, un día veraniego de febrero de 1997.
En aquellos años, el camino era más dificultoso y, luego de llegar recorriendo aquel largo trecho, el paseo por el lugar no era tan bien diseñado como en nuestros días. Si bien se accedía a las instalaciones interiores y hasta se podía ver en acción el ruidoso mecanismo que abría las cúpulas y movía con precisión el telescopio principal en las coordenadas requeridas, la visita terminaba con un soso video VHS sobre el frustrante cometa Halley, mal grabado y muy poco instructivo. La reserva con anticipación era otro gran problema, pues si no se vivía en la región o no se tenía amistades allá, era difícil conseguir cupos.
Era irreversible, sin embargo, el hecho de que ya entonces y con todas estas dificultades, Cerro Tololo fuera estimado como uno más de los definitivos atractivos turísticos de Elqui, brillando en la distancia cada día ante la tentación de los visitantes, luciéndose como la misma ciudad encantada de Tololo Pampa en las alturas.
La comunidad científica del Cerro Tololo, por supuesto, no comulga mucho con las historias de turismo místico que se ofertan por todo el Valle de Elqui y que en más de una oportunidad han intentado involucrar al observatorio. Una leyenda ladinamente difundida en los ochenta, por ejemplo, aseguraba que investigaciones de la NASA en coordinación con expertos de Cerro Tololo, habían "confirmado" la existencia de un eje geomagnético muy particular en el valle, desde mar a cordillera, que habría sido divisado desde la Luna por los astronautas de la Misión Apolo XII u otras posteriores. Algunos miembros de las sectas llamadas Fraternidad Universal del Elqui y la Sociedad Agnihotra fueron especialmente majaderos difundiendo esta patraña, que es comentada también por Juan Guillermo Prado en "Los iluminados del Valle de Elqui".
Además de tener que lidiar con cuentos de pseudociencia como el recién visto, negándolo de raíz, los astrónomos del Tololo han debido trabajar esperando no llegar a verse perjudicados por los problemas de nuestro mundo moderno, como es la contaminación lumínica que se desprende de las zonas urbanas y que, afortunadamente, aún no llega a afectar sus muy sensibles instrumentos. Dentro de la propia estación, de hecho, se trabaja con sistemas especiales de luces, que a veces dan la apariencia a sus interiores como el de un antiguo laboratorio de revelado fotográfico, con luces rojas.
Los cielos de Cerro Tololo están despejados uno promedio de 362 noches al año, lo que ayudó a hacer tan cotizado al observatorio, con solicitudes de investigadores de todo el mundo para ocupar sus instalaciones. Como las reservas de uso se hacen por anticipado sin devoluciones ni compensaciones en caso de manifestarse condiciones climáticas adversas, las tres noches nubladas que pueda haber al año minimizan mucho los riesgos y siguen dando al Tololo un  interés único en la astronomía internacional.
Cerro Tololo es, así, un símbolo de enorme valor histórico y científico para la ciencia en territorio chileno, y uno de los hitos que han llevado a nuestro país a reunir en él cerca del 77% de toda la ciencia astronómica mundial.

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