martes, 24 de septiembre de 2019

LA GRUTA DE LA VIRGEN VIGILANTE EN LA CIUDAD DE CHAÑARAL

Ladera del cerro en Chañaral, en 1997. Se distingue la Gruta de Lourdes y la explanada semicircular (sobre el lugar en que está el camión) con su aspecto en esos años, carente de los buenos senderos de concreto que tiene hoy.
Coordenadas: 26°21'00.1"S 70°37'26.8"W
Si bien su veneración está presente en todo Chile, por alguna razón la Virgen de Lourdes parece ser muy popular en tierras nortinas, abundando los altares y grutas dedicados a su devoción. Uno de ellos se encuentra hacia el Sur del área urbana de Chañaral, en la Región de Atacama. Está en la ladera del cerro Mogote Rayado, la que da hacia la costa en Punta Piedra Negra, al inicio de los cerros de la Cordillera de las Ánimas y con la altura apropiada para ser vista desde desde toda la ciudad.
Esta gruta ha concentrado gran parte de la fe de los habitantes de Chañaral a lo largo de su historia. No siendo una de las más antiguas del Norte de Chile, sin embargo, ocupa quizá el segundo lugar más importante para los creyentes católicos, después de la céntrica Iglesia de Nuestra Señora del Carmen, ubicada frente a la Plaza de Armas. Tal como sucede en otras sedes de adoración hacia esta advocación en el país, los mineros y sus familias fueron particularmente fieles al pequeño santuario que se montó en la gruta, con al figura de la Virgen de Lourdes como protagonista.
Sin embargo, la gruta abierta entre las roqueras del cerro ha cambiado mucho desde sus orígenes, cuando era un rústico socavón de difícil acceso, con senderos brutos empinados y a prueba de resbalones, hasta donde rara vez podían llegar los devotos más ancianos, debiendo resignarse con contemplar u orar desde abajo, en la ciudad de escalinatas y calles inclinadas. Hoy, después de varias mejoras con el tiempo y de una radical remodelación del lugar en años recientes, es un sitio de acceso bastante fácil y más visible que antaño.
La historia de esta gruta tan simbólica para la ciudad de tradición minera, comienza con la llegada a Chañaral del párroco Pedro Vega Gutiérrez, en 1931, según información que se maneja en la propia parroquia. El padre Vega era de origen ovallino, oriundo de Tulahuén, y además del hábito se desempeñaba como periodista, poeta y escritor. Tras ordenarse sacerdote en 1925, ejerció sus labores apostólicas en varias localidades de sus tierras en el Norte Chico: Vicuña, Chañaral, Mincha, Tongoy y otros poblados.
Hombre joven y de enormes energías, el nuevo párroco fue apodado el Curita Vega entre los residentes de la ciudad. Era gran devoto de Nuestra Señora de Lourdes, patrona de los enfermos, por lo que asumió con entusiasmo la idea de construir una gruta dedicada a esta advocación francesa, que imitase a la de Massabielle en donde la joven Bernadette Soubirous tuvo sus famosos encuentros con la Virgen María en 1858. Además, la Virgen de Lourdes había sido muy popular en el antiguo mineral de El Salado, que se sitúa en los orígenes urbanos de Chañaral, devoción que nunca se extinguió en su sociedad y trascendió generaciones.
Se supone que el mismo sacerdote habría escogido y explorado el lugar en las laderas del cerro, para colocar el pequeño centro de fe popular. Tras un año entero y algunos meses más de trabajo, ayudado por la propia comunidad y otros devotos de la provincia, pudo inaugurar la gruta el 8 de diciembre de 1935, en el Día de la Inmaculada Concepción. El lugar elegido correspondía a una grieta natural en las sólidas rocas del cerro, que fue mejorado y acomodado para su nueva cara y servicio.
La primera gruta, siendo la misma de hoy, lucía bastante más sencilla, con una baranda exterior y un terreno nivelado enfrente a modo de explanada semicircular tipo balcón, para las reuniones y misas de los fieles que llegaran en días de liturgia o festividades. Las escalinatas de ascenso al lugar donde están las figuras de la Virgen y la joven Bernardette, también fueron construidas para la primera presentación que tuvo el conjunto.
Con sacrificio, entonces, los chañaralinos llegaban hasta el lugar a encender velas y hacer rogativas a la Virgen. Las dificultades del ascenso eran parte de la prueba de fe por ella, de alguna manera. Así, comenzaron a aparecer las placas de agradecimientos por "favores concedidos" y los creyentes estaban seguros de lo cumplidora que era su Virgen para quienes rogaban su divina intervención. Las placas más antiguas que se conservan aún, son de los años cincuenta.
En algún período, la fecha de más visitas a la gruta era los 11 de febrero de cada año, considerado el día oficial de esta Virgen por ser el de su primera aparición en Lourdes. Hubo una época en que, además, se hacía una larga y multitudinaria procesión hasta la gruta aquel día del año, evento que se extendía con actividades nocturnas, como peregrinaciones con velas y antorchas ascendiendo por el sendero del cerro, que entregó bellas postales de fondo a la ciudad de Caldera en aquellas noches.
En tanto, el Padre Vega escribía para diarios del Norte Chico como "La Provincia" de Ovalle. Al año siguiente de inaugurar la gruta, además, fundó en Chañaral el periódico "La Jornada", en donde trabajó demostrando sus gran dominio de las letras y su inmensa base cultural. Ejerció el cargo parroquial hasta 1943, cuando debió trasladarse desatando la pena y la desazón de los habitantes de la ciudad, que expresaban una tremenda simpatía y encanto con su carismática persona. Estando en La Serena otra vez, asumió como primer director del recién fundado periódico "El Día" en 1944, manteniéndose en el cargo hasta 1953.
En 1985, al celebrarse los 50 años de la inauguración de la gruta de Chañaral, el ya anciano Padre Vega fue declarado Hijo Ilustre de la ciudad que no lo olvidaba, por la Municipalidad. Siempre conservó su carácter de maestro, a veces adusto y otras veces gracioso, dado al humor sarcástico. Falleció en octubre de 1990, y fue recordado con varias notas de homenaje en la prensa chilena en los días de su funeral, en la Catedral de La Serena.
El 1 de septiembre de 2000, se inauguró el Faro del Milenio o Faro Monumental de Chañaral en el mismo cerro, un poco más al poniente, a unos 250 metros de la gruta. La modificación del lugar significó definir el acceso a ambos hitos en la ladera, subiendo por la calle del templo y la Plaza de Armas hacia las escalinatas que llevan al gran faro, desde donde salían los mejorados senderos hacia la Virgen que, en contraste, requería de una buena remodelación a causa del deterioro y del paso del tiempo pesando en su refugio.
La necesidad de modernizar aquellos caminos y mejorar la gruta y su entorno, llevó a ejecutar obras en los preparativos del Bicentenario Nacional, que fueron inauguradas la noche del sábado 18 de abril de 2009, tras una misa en la Iglesia de Nuestra Señora del Carmen. El acto incluyó una gran procesión de los habitantes, subiendo por los remozados y sólidos caminos con pretiles cargando velas y antorchas. En el lugar de la restaurada gruta se dio la bendición. Hubo música de bandas de bronces y bailes religiosos. Los discursos estuvieron a cargo del Párroco Jaime Pizarro y del Alcalde Héctor Volta.
El buen aspecto actual de la actual gruta incluye pretiles de seguridad en el camino, una espaciosa explanada de concreto con barandales y gradas, desde donde se tiene una vista completa del puerto, más las escalinatas mejoradas hasta el lugar de las rejas que separan a la Virgen del exterior, siempre con flores, y mucha tonalidad blanca en las estructuras, facilitando la vista de las mismas desde el resto de la ciudad. Otras modificaciones de los senderos y accesos a las escaleras de piedra se hicieron por el lado del faro, a inicios del año 2019.
Sólo el interior de la gruta, con las imágenes religiosas y algunas de las placas más viejas que allí se han empotrado, conserva su aspecto más antiguo y original, aunque separada de los visitantes por barrotes y un candado, por razones de seguridad y evitando la repetición de malas experiencias.
A pesar de la devoción que aún se manifiesta por este lugar entre los chañaralinos, especialmente después del infausto aluvión de marzo de 2015 que pareció devolver las miradas de algunos de ellos hacia un refugio en la fe, la gruta ha sido invadida por imprudentes en varias ocasiones. Es frecuente que aparezcan por sus caminos botellas de bebidas alcohólicas vacías, especialmente en las noches, y las albas paredes de su mirador fueron rayadas por vándalos en julio de 2017, obligando a la Municipalidad a tener que repintarlas.

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