lunes, 9 de septiembre de 2019

LA CAPILLA MILITAR NUESTRA SEÑORA DEL CARMEN: UN TEMPLO EN LA ORILLA DEL MAR DE ANTOFAGASTA

Aspecto de la Capilla Militar de Antofagasta antes de las ampliaciones y mejoramientos de sus dependencias. Fuente imagen: Sitio Facebook de la capilla.
Coordenadas: 23°40'56.1"S 70°24'56.6"W
La Capilla Militar de Antofagasta está consagrada a la Virgen del Carmen, la Santa Patrona de las Armas de Chile. Se ubica junto a la Avenida Ejército, en el número 7 de esta vía, enfrente de calle Sangra y de las conocidas ruinas de Huanchaca. Es otro de los templos más pintorescos de Chile, en este caso por su ubicación en el plano de borde costero del puerto nortino y por la belleza casi reflexiva en tan grato sitio, entre graznidos de gaviotas y golpes de la brisa marina. En alguna oportunidad, ese mismo mar ha llegando a inundar su terreno, según informan en las oficinas adjuntas a la capilla, a cargo de un sacerdote diocesano
El edificio hecho de piedra y dotado de una fachada de inspiración neorrenacentista y manierista, está en lo que eran las roqueras costeras de la Puntilla Playa Blanca, hacia el Sur de la ciudad, enfrente de las instalaciones militares de ese sector. Incluye dependencias administrativas y el paso del paseante entre monumentos conmemorativos, figuras religiosas exteriores y todo lo que podríamos definir como un pequeño santuario de fe.
La historia de este sitio es parte del patrimonio de la propia ciudad de Antofagasta, como podrá sospecharse. Fue parte de la importantísima Compañía Huanchaca, cuyas cercanas ruinas de la industria de fundición de plata y sus refinerías aún se conservan, dotadas de un centro y museo cultural.
La firma nació en 1873, cuando el territorio aún estaba en el régimen de medianía y condominio Chole-Bolivia, por virtud del Tratado de 1866. Los problemas presupuestarios y la propia Guerra del Pacífico retrasaron el inicio de la construcción del gran complejo hasta 1889, por parte de una sociedad entre la propia Compañía Minera de Huanchaca y la Compañía de Salitres y Ferrocarril de Antofagasta. Tras su inauguración, dos años después, su principal actividad era la refinería del mineral traído en los ferrocarriles desde las argentíferas de Bolivia.
Un poco más retirado del complejo principal, hacia el lado de la playa, se construyó un edificio de la misma piedra andesita canteada como resto de las instalaciones, para servir como sala de máquinas. En su interior estaba la bomba de la desalinizadora de agua que, valiéndose tuberías, proveía del elemento a las instalaciones de la fundición, más al oriente. Denominada por entonces la Casa de Piedra, estuvo en esta función hasta 1902, cuando la tecnología de estas instalaciones quedó atrás y la planta Huanchaca debió cesar operaciones, afectada por las nocivas fluctuaciones del valor internacional de la plata.
Parte de aquellas inmensas propiedades industriales, virtualmente desmanteladas para remates, pasaron después a manos del Ejército de Chile después de la debacle. Hubo cierto interés en la Casa de Piedra para utilizarla como bodega y en algún momento fue un polvorín, de acuerdo a lo que informa en su administración, pero su proximidad con las entradas del mar al edificio no aconsejaban estos usos. De hecho, aún en nuestros días y con los actuales refuerzos del contorno, la espuma marina varias veces ha llegado a mojar sus estructuras, en los días de marejada.
El pequeño edificio acabó quedando abandonado en aquel período. Sin embargo, por iniciativa del entonces Comandante el Jefe de la I División de Ejército, el General Jorge Escudero, y del sacerdote Francisco Vistoso Meza, para la Casa de Piedra transferida se elaboró un plan para rescatarla, destinándola a servir como capilla castrense. De esta manera, el lugar fue remodelado y, con el patronato de la "Reina de Chile", Nuestra Señora del Carmen, se reinauguró el inmueble como templo, el 30 de noviembre de 1942.
La figura de la Virgen del Carmen del altar es la que domina el interior de este templo, y se recuerda que en sus ropas se han prendido algunos recuerdos y medallas donados por fieles, incluyendo condecoraciones de veteranos del 79 que vivían aún cuando se abrió la capilla. Una pieza con forma de cruz de malta y con la fecha de 1922 cuelga ahora en su banda con los colores de la bandera chilena, correspondiente al recuerdo de la inauguración del Monumento a los Héroes de la Concepción en la Alameda de Santiago, obra de la artista escultórica Rebeca Matte.
A mayor abundamiento, aquella figura mariana, además, habría sido llevada allí por miembros del Regimiento 7° de Línea "Esmeralda" hasta la capilla, lo que enfatizó el vínculo simbólico del templo con los héroes y veteranos de la Guerra del Pacífico. La mayor parte del alhajamiento dentro del edificio, en tanto, fue proporcionado por la industria militar FAMAE.
Acompañan a aquella imaginería del conjunto un Cristo Crucificado y muchos cuadros de imágenes religiosas, además de posteriores obras de labrado mostrando el Via Crucis. Un atrio lateral a la nave única incluye otras figuras, como la de San Expedito, San Alberto Hurtado, el Sagrado Corazón de Jesús y la Inmaculada Concepción.
El cielo y los techos del inmueble fueron reforzados con nuevas vigas. Se ven cerchas de madera en él. Los vanos de medio punto de su muro izquierdo fueron convertidos en hornacinas, y el presbiterio se ordenó en sencilla pero astuta distribución de elementos dentro del poco espacio. El bello color rojizo de las piedras se ha conservado y con el tiempo ha sido reforzado por barnices. Y en la fachada actual, de simple pero bello diseño con pequeño campanario tipo mediterráneo, destacan la figura de la Virgen del Carmen y el escudo de la I División de Ejército, dentro de la luneta sobre las puertas del acceso principal.
Varios trabajos de remodelación, ampliación y mejoramientos se han realizado a lo largo de la vida de esta capilla: en 1954, 1977, 1995, 2004 y 2010. En tanto, por Decreto Supremo N° 9 del 7 de enero de 1974, se declaró Monumento Histórico Nacional a las ruinas de Huanchaca, incluyendo la que había sido su Casa de Piedra, ya convertida en capilla y con capacidad para unos 70 fieles, aproximadamente.
Las reparaciones de 2004 fueron realizadas tras un atentado incendiario ocurrido en noviembre del año anterior y que dejó grandes daños. En la ocasión, se ampliaron sus dependencias administrativas y se mejoró la explanada del pequeño santuario, creándose para él los primeros jardines de lo que, se aspira aún, llegue a ser un grato lugar verde. Los recursos fueron aportados por amigos de la comunidad religiosa y por la propia I División de Ejército.
La más reciente restauración importante del recinto vino después del terremoto de 2007 y coincidió con la fiebre cultural del Bicentenario Nacional. Fue concluida en 2011.
El exterior del santuario separado del mar por un grueso murallón, tiene una fuente en su porche y en sus jardines se observan otras imágenes religiosas, incluyendo un alto pedestal con la imagen escultórica de la Virgen del Carmen y el Escudo de Chile en el plinto. La idea era construir allí la Plazoleta Reina de Chile en su honor, pero esto se ha concretado en parte, ya que, si bien se instalaron banquetas de descanso y se recibieron algunos implementos aportados por la municipalidad, junto un pequeño jardín de flora nativa, faltó un poco más de verdor en el diseño de esta placita.
Hay otras imágenes religiosas en el exterior, como la de San Francisco de Asís, acompañado de una ardilla a sus pies. Está un altarcillo con la Virgen de los Milagros dentro de una vitrina y una reproducción de la venerada Cruz Gloriosa de Dozulé, celebrando la apariciones de la Virgen en Francia en los años setenta. En el paseo enfrente del conjunto, en Avenida Ejército, también hay un busto recordando al Coronel Pedro Lagos Marchant, héroe de la Guerra del Pacífico, junto a la pista de trote que usan algunos adictos a la vida sana y deportiva en el sector.
Cerca de las Fiestas Patrias de cada año, en el sitio donde está la capilla se realiza la tradicional Misa a la Chilena, con acompañamientos musicales y conjuntos de baile folklórico, así como las ceremonias de la Semana Santa y la vigilia del Pentecostés. El lugar ha sido escenario, además, para encuentros artísticos, conmemoraciones militares, conciertos de música antigua y música clásica, retretas, orfeones, orquestas sinfónicas, bandas de bronce, talleres de cocina y actividades relacionadas con el Día del Patrimonio Cultural en la ciudad. El Obispado Castrense lo ha dispuesto también para otro tipo de encuentros, como las de carácter comunitario.
Por desgracia, sus límites abiertos con la ciudad también han sido un peligro para la capilla. Al incendio intencional de 2003 se suma un reciente robo de herramientas con las que se daba mantenimiento a sus jardines y dependencias, sucedido en agosto de este año. La iluminación del lugar que se procura en las noches y que acrecienta el bello y misterioso aspecto del santuario, no lo han garantizado su plena integridad, por desgracia.
Es grato y relajador este singular rincón marino de Antofagasta, como puede verificar el visitante en una pasada por allí. Además, la proximidad de la capilla con el mar hace que el oleaje de la inmensidad oceánica se escuche día y noche desde el interior de sus dependencias, en un encantador vaivén que se cruza por la rica historia civil y militar de la Perla del Norte, arrojando a parpetuidad sus bramidos de húmedos ventarrones salinos sobre la antigua Casa de Piedra.

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