martes, 17 de septiembre de 2019

EL PALACIO DEL REAL TRIBUNAL DEL CONSULADO Y LA PRIMERA JUNTA NACIONAL DE GOBIERNO: EL EDIFICIO EN DONDE COMENZÓ EL PROCESO DE INDEPENDENCIA DE CHILE

El Palacio del Consulado hacia 1920, con la estatua de don Andrés Bello en su exterior y la inscripción de la Biblioteca Nacional en la fachada. Fuente imagen: Biblioteca del Congreso Nacional.
Coordenadas: 33°26'20.5"S 70°39'10.1"W
Debo confesar que soy de los porfiados que sí creen en que las Fiestas Patrias de nuestro 18 de septiembre justifican celebrar también el concepto de la Independencia de Chile, no sólo la Primera Junta Nacional de Gobierno. Así lo entendieron próceres como el General José Miguel Carrera, de alguna manera, al instruir la celebración del aniversario de la Junta. Y cuando la República por fin estuvo solidificada, el Gobierno de Manuel Montt celebró el 50° aniversario de la Primera Junta con la erección del obelisco conmemorativo en plena Alameda de las Delicias.
Así lo entendieron también las autoridades de la organización republicana y de primeros años de la estabilización política, permitiendo que esta fiesta se mantuviese de entre las tres que había al año asociadas a la lucha de la Independencia, incluyendo las del aniversario de Chacabuco y Maipú. Sólo aquella conmemorando el hecho ocurrido en el edificio del que ahora intentaré hacer un pequeño caudal a modo de reseña, se mantuvo como nuestra definitiva fecha de Fiestas Patrias.
No siempre parece muy arraigado el concepto de conmemorar los procesos históricos en su exacto origen, por este lado del mundo, sino más bien en su conclusión. Sin embargo, así como la Guerra del Opio partió con el bloqueo decretado por del emperador Daoguang o la Primera Guerra Mundial lo hizo con el asesinato del Archiduque Franz Ferdinand, las cruzadas de la Independencia en Chile necesitaron de un hecho concreto detonante, correspondiente a la formación de la Primera Junta Nacional de Gobierno, por tibio o vago que pueda ser interpretado este hito. Y aunque se ha repetido hasta el hastío que fue un acto de sumisión y de lealtad a la corona más que uno de rebeldía, fueron independentistas quienes estaban detrás de esta acción, aprovechando la oportunidad histórica dada por la invasión napoleónica en España y en el momento en que se bosquejaban las corrientes políticas de la emancipación que harían frente a las de los realistas.
Como se sabe, el liderazgo de aquella Primera Junta recayó en el ya anciano y próximo a morir don Mateo Toro y Zambrano, el Conde de la Conquista, de corazón realista pero sobrepasado completamente por la situación que llevara al clamor popular del "¡Junta queremos!". Sintiéndose obligado a llamar al Cabildo Abierto del 18 de septiembre de 1810, que fue convocado por invitación, decidió renunciar a su cargo de Gobernador Real de Chile y comunicarlo en el mismo encuentro junto a su secretario José Gregorio Argomedo.
Lámina del Edificio del Palacio del Real Tribunal del Consulado, en la colección "Impresos chilenos: 1776-1818" de la Biblioteca Nacional de Chile. Fuente imagen: Memoriachilena.
Aspecto del edificio en sus últimas décadas como sede de la Biblioteca Nacional, hacia 1915. Fuente imagen: Biblioteca Nacional Digital.
Ante la presencia de más de 400 vecinos en la asamblea que duró varias horas más, entonces, el Procurador José Miguel Infante propuso la creación de la ansiada Junta de Gobierno, o más exactamente una Junta Provisional Gubernativa del Reino, que se cuadraría con la soberanía del depuesto y encarcelado Rey Fernando VII y del Supremo Consejo de Regencia, a la vez que ofrecía desobediencia al usurpador José I Bonaparte, hermano mayor de Napoleón ahora en el trono.
Finalmente, la Junta quedó constituida por Toro y Zambrano como Presidente  y Comandante de Armas, y por  el obispo electo de Santiago don José Antonio Martínez de Aldunate, como Vicepresidente. Los vocales juntistas fueron el Coronel de Milicias don Ignacio de la Carrera, padre de los hermanos carrera; el español Fernando Márquez de la Plata; el abogado patriota Juan Martínez de Rozas; el Teniente Coronel Francisco Javier  y el regidor Juan Enrique Rosales. Como secretarios, asumierton Argomedo y el asesor consular José Gaspar Marín.
De acuerdo al Acta firmada ese mismo día y en el mismo lugar, "todos los cuerpos militares, jefes, prelados, religiosos y vecinos juraron en el mismo acto obediencia y fidelidad a dicha junta instalada así en nombre del señor Don Fernando Séptimo, a quien estará siempre sujeta".
Sin embargo, era inevitable que la creación de esta Junta de Gobierno encendiera también la chispa autonomista y emancipadora, como acto concreto de autogobierno nacional que ahora permitía o justificaba el reorganizar los ejércitos, convocar un Congreso Nacional, liberar el comercio internacional anulando el infame Reglamento de 1778 e iniciar los vínculos estratégicos con la Junta de Buenos Aires, con lo que se daba el puntapié inicial al proceso de Independencia.
Toda la lucha que se extendió hasta los campos de Maipú en 1818, entonces, en esa vertiginosa e intensa epopeya que pasó por el forjamiento de la Patria Vieja, las rencillas internas, el desastre, el exilio, lealtades y traiciones, la revancha y el triunfo, y aún en años posteriores con las campañas en el Sur del país y en Perú, había comenzado con aquel cabildo abierto de 1810. El mismo que ahora celebramos con nuestras Fiestas Patrias.
¿Y dónde tuvo lugar aquella reunión de hombres que decidieron el curso para el resto de la historia de Chile? Cierta tradición o creencia popular solía asociar tal escenario a la propia residencia de Toro y Zambrano, la famosa Casa Colorada de calle Merced cerca de la Plaza de Armas, hoy Museo de Santiago e importante centro cultural, pero esto no es correcto.
Es posible que la casa del Presidente de la Junta, dadas las circunstancias, se haya vuelto por entonces un núcleo de actividades administrativas, mas la famosa asamblea nunca tuvo lugar allí, sino en otro importante sector de la ciudad.
La Primera Junta Nacional de Gobierno, en pintura de Nicolás Guzmán (1899). Obra en exhibición en el Museo Histórico Nacional.
Invitación al Cabildo Abierto del 18 de septiembre de 1810 en las Salas del Real Tribunal del Consulado. Archivos de la Biblioteca Nacional de Chile.
El lugar exacto al que se convocó aquel decisivo cabildo, fue un bello palacio que estaba ubicado en la intersección de las calles Compañía de Jesús con la que hoy conocemos como Bandera, enfrente del Palacio de la Real Casa de Aduanas (actualmente ocupado por el Museo de Arte Precolombino) al Este y la Iglesia de la Compañía al Norte. Se hallaba en el lugar que hoy ocupa el ala oriental del frente del Palacio de los Tribunales de Justicia, edificio que alcanzó a convivir en la manzana con aquel histórico lugar, en sus primeras etapas de construcción.
Se trataba de un palacio con frontón central y pórtico. Contaba con dos niveles, dotado de una fachada con pilastras y balcones. Resultaba muy innovador en sus líneas para la época, participando de lo que fue el arribo a Chile del neoclásico con influjo italiano, junto a otras obras como el mismo Palacio de la Real Casa de Aduanas y el Palacio de la Moneda, dejando atrás los elementos arquitectónicos más característicos del barroco y colonial tardío. Fue remodelado y modificado con el tiempo, pero hasta el final de sus días lucía vanos del zócalo en con arcos de medio punto, mientras que los superiores eran arcos deprimidos.
Este edificio albergaba al Real Tribunal del Consulado de Santiago, organismo de gobierno con un cuerpo colegiado que operaba como tribunal comercial chileno y regulador del comercio y la producción. Había sido creado por Real Cédula del 26 de febrero de 1795, en los días del Gobernador Ambrosio O'Higgins. El mismo cuerpo actuaba como una sociedad de fomento económico, que era denominada Junta del Gobierno.
El edificio para el Tribunal, de cuya construcción con cal y ladrillo dispuso Carlos IV al crear el organismo, había sido diseñado por Agustín Caballero, aunque su propuesta se estimó demasiado ostentosa, encargándose la modificación y dirección del proyecto a don Juan José de Goycolea y Zañartu, discípulo de Joaquín Toesca. 
Se ubicaba, así, a espaldas de la Plazoleta de la Compañía de Jesús y a un costado de Convictorio de San Francisco Javier, perteneciente a la misma congregación religiosa. Este lugar de la sede habría sido escogido por los propios integrantes del tribunal, comprando para ello el solar de don Juan Hurtado enfrente de los jesuitas. Años antes, habría tenido su morada allí el teólogo jesuita del siglo XVIII Fray Manuel Lacunza, el mismo que diría desde el amargo exilio tras salir del país en 1767, al decretarse la expulsión de la congregación: "Solamente saben lo que es Chile los que lo han perdido".
Las fuentes señalan que su construcción pudo haber comenzado hacia 1802 y quedado concluida a inicios de 1807, año en que fue inaugurado con gran atención ciudadana el día 19 de enero, cuando ya habían comenzado a arder los sentimientos antirrealistas en la colonia chilena, a pesar de que el diseño del edificio incluyó las imágenes de la pareja real española sobre el espacio de la sala con dosel, asientos y mesa de ceremonias.
Óleo con la Abdicación de O'Higgins, de Manuel Antonio Caro (1875). Obra en exhibición en el Museo Histórico Nacional.
Real Casa de Aduanas, a la izquierda, y Palacio del Real Tribunal del Consulado, atrás a la derecha, hacia 1910. Se observa parte de su plaza, que había sido la Plazoleta de la Compañía de Jesús y hoy es la de los Tribunales de Justicia. Fuente imagen: Biblioteca del Congreso Nacional.
Parte de la fachada del palacio y la estatua de Andrés Bello en la plazoleta, hacia 1915. Fuente imagen: Flickr Santiago Nostálgico, de Pedro Encina.
Después de haber servido de sede al gran cabildo de 1810 y la creación de la Primera Junta Nacional de Gobierno, el edificio iba a quedar destinado a albergar el primer Congreso Nacional, aunque debió pasar un tiempo antes que se iniciaran sesiones en él. Al irrumpir el General José Miguel Carrera intentando imponer gobernabilidad y disolver el Congreso, el 2 de diciembre de 1811, transcurriría casi un año hasta que, el 10 de noviembre de 1812, la corporación legislativa abrió sus sesiones con el Senado de 1812, regido por el recientemente publicado Reglamento Constitucional Provisorio y usando el exedificio del Consulado como su sede. Volvió a acoger en él al Congreso de 1814, hasta que el Desastre de Rancagua terminó con la ilusión de la Patria Vieja.
Después de la Reconquista y asegurada la Independencia, volvió a sus funciones republicanas recibiendo en él al Senado Conservador de 1818 a 1822 y la Convención Preparatoria convocada por don Bernardo O'Higgins y desarrollada allí entre el 23 de julio y el 30 de octubre de 1822, para redactar la Constitución. La viajera inglesa María Graham presenció uno de estos encuentros (31 de agosto), describiendo el lugar en su diario:
"En uno de los extremos se encuentra el sillón del presidente, bajo un hermoso dosel tricolor, con adornos dorados. Cuando asiste el Director, ocupa este sillón, y el presidente se sienta a su derecha. Los diputados ocupan bancos arrimados a la pared, a uno y otro lado de la sala, los secretarios y el vicepresidente, una mesa delante del presidente, y los espectadores se sientan en bancas semejantes a las que ocupan los diputados".
También llegó hasta este sitio, específicamente a la Plazoleta de la Compañía en su explanada enfrente, el pionero Teatro de Domingo Arteaga que funcionó entre 1820 y 1836, estableciéndose por un buen tiempo acá tras haber comenzado precariamente en la Plaza de las Ramadas en la actual calle Esmeralda, y pasar brevemente por un espacio de calle Catedral. Se cuenta que O'Higgins en persona asistió algunas veces a sus funciones.
Y fue en el mismo palacio en donde O'Higgins, ya superado por la crisis política, la tensión belicosa entre las fuerzas en formación y la situación financiera generada por las expediciones a Perú, debe poner fin a su gobierno iniciado en 1818, abdicando al cargo de Director Supremo en un cabildo abierto del 28 de enero de 1823, celebrado en este edificio.
A mayor abundamiento, en aquella asamblea que significó la caída política del Libertador debiendo partir al exilio en Perú, estuvieron presentes los notables Mariano Egaña, Fray Camilo Henríquez, José Miguel Infante, el Intendente José María Guzmán, Fernando Errázuriz, el Coronel Luis José Pereira, Bernardo Vera y Pintado, Agustín de Eyzaguirre y Juan Agustín Alcalde, todos representados en el famoso cuadro de Manuel Antonio Caro, que nos da una idea de cómo era el salón interior del edificio.
Pabellón central y ala poniente del Palacio de los Tribunales de Justicia, con lo que quedaba del Palacio del Consulado a la izquierda, hacia 1920, antes de ser completamente demolido.
Otra vista del pabellón central y del ala poniente del Palacio de los Tribunales de Justicia. Lo que queda del Palacio del Consulado apenas se ve a la izquierda, principios de los años veinte. Fuente imagen: Flickr Santiago Nostálgico, de Pedro Encina.
La reja del antiguo Consulado, hoy dentro del Palacio de los Tribunales. Fuente imagen superior: Plataforma Urbana. Fuente imagen inferior: Flickr Santiago Nostálgico, de Pedro Encina (tomada del  Archivo Fotográfico de la Dirección de Arquitectura del Ministerio de Obras Públicas).
Aquellos ciudadanos influyentes allí reunidos citaron varias veces aquel día a O'Higgins, quien se negaba a acudir negándole autoridad al grupo y temiendo que se produjese una sublevación militar. Ante las insistencias, sin embargo, acudió al edificio recibiendo de Egaña las razones para convocarlo: porque el pueblo chileno, ante "los peligros de una guerra civil y de la anarquía destructora que la amenaza, os pide respetuosamente que pongáis remedio a estos males dejando el alto cargo que habéis ejercido". El resto de la historia es conocida: la discusión sobre la legitimidad del procedimiento y luego la reunión a puerta cerrada con los más notables presentes, en la que O'Higgins aceptó renunciar entregando el cargo a la Junta de Gobierno compuesta por Eyzaguirre, Infante y Errázuriz, exponiendo simbólicamente su pecho en el acto.
Dos de los hechos políticos más importantes de la historia de la Independencia de Chile, justo en sus etapas de principio y fin, entonces, sucedieron en el Palacio del Real Tribunal del Consulado.
Los Senados Conservador y Legislador llegaron al mismo edificio en 1823-1824. Entre 1826 y 1828, cuando existía la idea de trasladar el Congreso Nacional fuera de Santiago, se realizaron en él las sesiones del Congreso Constituyente. A la sazón, había sido convocado en marzo en Rancagua, para el 15 de junio de 1826, la realización de las asambleas constituyentes que buscaban trasladar la Cámara, idea que fue bloqueada por Ramón Feire, por lo que los diputados debieron ser citados ahora para el 4 de julio de 1826 otra vez en el edificio del Tribunal del Consulado. Dos años más tardaría esta disputa en ser zanjada y dejar el Congreso Nacional en Santiago, en el mismo edificio, pues las distancias, el centralismo y el acceso a archivos no permitía el cambio de ciudad.
Tras la elección presidencial de 1829, el Congreso Nacional ratificó a Francisco Antonio Pinto como Presidente de la República y a Joaquín Vicuña como Vicepresidente, por lo que el poder quedó concentrado en los conservadores, dejando el campo fértil para las fuerzas portalianas. Era el final del proceso de ordenamiento republicado, completado con el grave conflicto político y las rencillas intestinas decididas en los campos de batalla de Lircay.
El Poder Legislativo conservó sus dos cámaras en Santiago al entrar la República consolidada, pero en el mismo palacio el Senado debió compartir espacio varias veces con la Cámara de Diputados y los Congresos Constituyentes. También fue sede, durante períodos posteriores, de la la Junta Central de la Vacuna, repuesta por Diego Portales en 1830, y de la Caja de Crédito Hipotecario, creada en 1855. Incluso acogió en algunas de sus dependencias al Cabildo de Santiago, en ciertas oportunidades.
En el trágico incendio de la Compañía de Jesús, en 1863, el edificio se salvó de ser alcanzado por los estornudos de chispas y brasas ardientes que salían del edificio religioso, pero su plaza adyacente fue destruida por los desesperados testigos en el aciago día, arrancando los arbolitos de la misma para tratar de apagar a varias de las víctimas que salían con sus ropas encendidas o para arrastrar hacia el exterior a la gente atrapada en las puertas.
En 1872, Recaredo S. Tornero describe de la siguiente manera el edificio y sus distribuciones, en su obra "Chile ilustrado":
"La fachada es de dos pisos, adornada de pilastras poco salientes y dos órdenes de ventanas. Los cuerpos laterales, de un piso, forman el gran patio de la casa por su unión con un segundo cuerpo transversal, que es ocupado todo él por la sala de sesiones de las Cámaras. De aquí sigue un segundo patio, más ancho que largo, en donde están las habitaciones de algunos empleados del Senado, y que comunica con la calle de la Bandera por una puerta falsa; esta sirve también para dar salida a los diputados. Los costados del primer patio están ocupados por las secretarías de ambas Cámaras, y el edificio del frente por el portero".
Se mantuvo en aquellos servicios hasta el año 1876 ó 1877, cuando comenzó a trasladarse a las primeras etapas terminadas del edificio del Congreso Nacional de Santiago, justo enfrente, por una previa disposición del Gobierno de Federico Errázuriz Zañartu. Esto, a pesar de que aún le quedaban tres décadas para poder ser totalmente concluido.
A partir de 1886, el edificio pasó a ser la sede de la Biblioteca Nacional, período en que le fue inscrito el nombre de esta institución en su frontón, bajo un artístico relieve del mismo en la fachada. En algún momento fue extendida su ala poniente, además. El servicio se mantuvo allí hasta 1925, cuando fue habilitado para la biblioteca el actual edificio de Alameda con Mac-Iver, en el terreno que había pertenecido al Convento de las Monjas Claras.
Vista actual del lugar que ocupaba el Palacio del Consulado.
Placa conmemorativa en la esquina del Palacio de los Tribunales.
En tanto, entre 1905 y 1911 se había construido la primera etapa del Palacio de los Tribunales de Justicia de Santiago, que albergaría a la Corte Suprema y la Corte de Apelaciones de Santiago. Las obras de hormigón armado fueron ejecutadas por la Compañía Holandesa con planos en los que participaron los arquitectos Manuel Aldunate, Fermín Vivaceta, José Tomás Gandarillas, Emilio Doyere y Alberto Schade, concluyendo así el grueso del pabellón central con columnas del complejo y su ala poniente.
Cuando aquella primera etapa fue inaugurada en 1914, el edificio colonial que había pertenecido al Real Tribunal del Consulado se veía pequeño y entumido allí, pareado aún con la gran nueva mole, con una gran parte de su ala poniente removida y esperando la hora de su destrucción total para permitir el levantamiento del ala oriental pendiente.
Al menos desde inicios de aquel siglo, además, aquel edificio colonial había perdido mucha decoración de sus fachada y las balaustras, aunque su plaza había sido hermoseada con faroles y pretiles alrededor del Monumento a Andrés Bello, el mismo que hoy está en la Universidad de Chile. Obra de Nicanor Plaza en mármol y costeada por erogaciones populares, esta estatua había sido instalada en el centenario del nacimiento de Bello en los jardines del Congreso Nacional, en 1881, pero en 1884 fue llevada a la placita de la biblioteca, donde permaneció hasta 1914, cuando fue llevada a la casa universitaria con motivo de la inauguración de los tribunales. Una copia de bronce de ella hecha por Samuel Román Rojas fue colocada afuera, en la Alameda, enfrente del edificio universitario.
Al trasladarse la Biblioteca Nacional, entonces, la suerte del edificio quedó decidida en la historia urbana santiaguina. Tras haber sido ocupado sólo para funciones menores, fue demolido permitiendo que comenzaran los trabajos de construcción del ala faltante del Palacio de Justicia en 1928, precisamente en el lugar que ocupaba. Estas faenas se extendieron hasta 1931, cuando pudo ser entregado completo el edificio de los tribunales, que siguió demandando algunas obras de terminaciones hasta mediados de aquella década.
El que fuera el Palacio del Real Tribunal del Consulado se evaporó dejando sólo unas pocas fotografías de época que verifican su aspecto y arquitectura. Sin embargo, en  el actual Palacio de los Tribunales de Justicia se destinó un rincón para empotrar contra el muro la reja que perteneció al mismo, acompañada de una placa informativa y conmemorativa del "amanecer de la Patria", de 1953. Sería la reja original por la que entraron los cabildantes de 1810, para protagonizar un acto histórico decisivo para Chile, sus habitantes y sus generaciones posteriores.
Otra placa ha sido colocada en el exterior del edificio de los tribunales, justo en la esquina de la fachada por Compañía con Bandera. El Instituto de Conmemoración Histórica recuerda en ella el histórico rincón de Santiago en donde tuvo su casa Fray Lacunza, se realizó la Primer Junta de Gobierno, primeras sesiones del Congreso, donde abdicó O'Higgins y donde estuvo la Biblioteca Nacional.
Es todo lo que queda allá del histórico edificio que sirvió de escenario a lo que, en estos días, celebramos y reconocemos como nuestras Fiestas Patrias.

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