lunes, 16 de septiembre de 2019

EL MUSEO DE LA CHILENIDAD EN EL PARQUE SANTA ROSA DE APOQUINDO

La exposición del museo en el Día del Patrimonio de 2014, antes de la renovación de sus salas y vitrinas. Fuente imagen: Portal Caballo y Rodeo.
Coordenadas: 33°25'07.8"S 70°32'17.5"W
Es inevitable que la estética y la representación general de las Fiestas Patrias de Chile, adopten el rasgo de identidad que conocemos en torno a la figura del huaso de campo a caballo, personaje más bien centrino en su origen. Empero, es un hecho también que el estereotipo folklórico ya existe en prácticamente todo el territorio, especialmente en los valles agrícolas, aunque con sus matices fundiéndose entre la idealización y la autenticidad. Como los primero gauchos que salieron de Santa Fe y alrededores convirtiéndose en el personaje nacional de Argentina, pues, nuestra cultura huasa fue expandiéndose por el resto de Chile, apoyada muchas veces por clubes y sociedades folklóricas en cada ciudad.
Hay mucho de huaso y campesino en nuestra forma tradicional de celebrar las fiestas patrias, por lo tanto; o al menos en la forma más visible, con las fondas y ramadas colmadas de empanadas, asados de carne y chichas. El consenso cultural ha asumido tales expresiones como la más genuina y reconocible cara de la chilenidad, más allá de la presencia de otros referentes en el tradicionalismo local de las regiones no centrales y del desarrollo del folklore urbano.
Un lugar en donde puede conocerse más de esta chilenidad  "típica", está en el Parque Santa Rosa de Apoquindo de la comuna de Las Condes, en la actual Avenida Padre Hurtado Sur 1155-1195, llegando a Cristóbal Colón. Corresponde al Museo de la Chilenidad (MUCH), creado el año 2012 en un esfuerzo conjunto de la Federación de Criadores de Caballos Chilenos y la Municipalidad de Las Condes.
Como se sabe, este parque pertenece a una antigua propiedad que perteneció, entre otros, a Manuel Blanco Encalada en 1859, siendo comprada y convertida en hacienda agrícola y ganadera por don Eugenio Guzmán Irarrázaval, hacia 1898. Con lechería y viñas, recibe entonces el nombre de Hacienda Santa Rosa de Apoquindo, y queda convertida en una típica propiedad rural de los grandes campos de la zona central, con la residencia del siglo XVIII que hoy es su central casa-museo y con dependencias adicionales para los inquilinos y las actividades que demandara la finca: establos, llaverías, bodegas, graneros, talleres, etc.
Tras la creación de la comuna de Las Condes en 1901, la propiedad fue heredada por don Roberto Guzmán Montt, en 1919, quien había sido el primer alcalde del nuevo municipio. Sus descendientes la mantuvieron por el resto del siglo hasta que, en 2004, sus últimas propietarias, las hermanas María Eugenia, Patricia, Paz y Yolanda Gandarillas Guzmán, traspasaron el Fundo Santa Rosa de Apoquindo a la Municipalidad de Las Condes, para ser empleado con objetivos culturales.
Fue así como nació el parque, se habilitaron senderos y espacios interiores, se realizaron las restauraciones necesarias y se cambió también el antiguo muro perimetral por una reja metálica, aunque manteniendo las bellas puertas de forja originales del fundo. Las obras se ejecutaron durante la alcaldía de Francisco de la Maza y fueron entregadas al público el año 2012.
Por la descrita razón, la residencia central fue convertida en casa-museo histórico y las demás dependencias pasaron a ser ocupadas por diferentes oficinas o entidades. En el patio del sector conocido como La Llavería, hacia la entrada de Avenida Padre Hurtado, se estableció la sede de la Federación de Criadores de Caballos Chilenos, fundada en 1946, de gran importancia en la historia de la misma comuna. Esta organización propuso a la Municipalidad destinar parte de las dependencias de aquel lado del complejo a un museo dedicado especialmente a la chilenidad de raigambre huasa y campesina, valiéndose de colecciones privadas de algunos socios.
Así, cuando se dispuso del parque para la comunidad, contaba con la casa-museo (de la que hablaremos más extendidamente a futuro, acá) con las áreas verdes de sus patios y jardines, y también con el Museo de la Chilenidad que se encuentra en el señalado sector La Llavería, considerados estos sus tres espacios patrimoniales. Está en un sencillo pero espacioso inmueble de paredes de adobe y corredor porche frontal bajo alero con tejas cerámicas, arquitectura típica de los grandes fundos en los alrededores del antiguo Santiago.
La muestra del Museo de la Chilenidad fue titulada "Huaso, Hombre y Caballo en Chile. Símbolos de una Tradición". Hoy corresponde a la denominada "Sello de Identidad", y se ciñe de forma bastante estricta a estos conceptos. Hay en ella piezas de enorme interés cultural, por la misma razón, todas relacionadas con la cultura caballar, los criaderos y la vida en los campos del país.
Con el tiempo, la colección se ha ido ampliado y mejorando la forma de exhibición al público, que entra gratuitamente al museo y con la comodidad de contar con los estacionamientos del mismo parque.
A diferencia de otras visiones sobre la tradición huasa, la del museo resulta en una comunión interesante con el criollismo. Así, a pesar de tratarse de una propuesta con cierta mirada conservadora, encontramos elementos de las clases más sencillas y abundantes de los mismos campos, como chupallas, chamantos y herramientas de peones. Incluso hay algunas indicaciones procedentes del mundo indígena. Todo con su propio enfoque, en donde se prioriza la elegancia de la exposición y de las propias piezas.
Las colecciones se concentran en cuatro expresiones tradicionales: la cultura textil (de los telares), la cultura talabartera (del cuero), la cultura del trabajo en metal y la cultura de la madera labrada. Son los cuatro ejes de la actividad artesanal campesina, además. Así, se destacan en el lugar grupos temáticos que dan cuerpo la exposición, correspondientes a los que siguen, todos con paneles informativos respectivos:
  • Colección de Espuelas: Una magnífica reunión de estas piezas para la "picada" del caballo en la montura, en diferentes diseños y tamaños para los talones del jinete, varias con ataujía de plata en asta, pihuelo calado recto y muy delicado trabajo de chapeado, especialmente en las del siglo XX. Algunas son de plata maciza, de hacendados, y otras más modestas de trabajadores; las hay del siglo XIX llamadas "cogote de gallo", pues tendrían a tener el pihuelo curvo. Las hay de rodajas muy grandes y pesadas (hasta 6 pulgadas) a otras pequeñas para espuelas femeninas. Ciertas piezas de la colección están hechas con rieles de tren, también.
  • Colección de Mantas o Chamantos y Sombreros: Estas piezas textiles se originan de la criollización de prendas provenientes del mundo precolombino en América. La tradicional corresponde a un cuadrado tejido en lana o algodón, con el ojal central para entrar por ella la cabeza. Con el movimiento nacionalista y criollista del Primer Centenario, los chamantos se popularizaron mucho y se volvieron herederos de las mantas huasas del siglo XIX y de la textilería conocida entre las comunidades indígenas. La colección incluye chamantos mapuches y chamantos de Doñihue, conocidos estos últimos por sus diseños de tejido rectangular en lana o hilo, representando flores y plantas, además de tener la característica de ser reversible y de poder usarse con faja, usadas generalmente cuando el huaso necesitaba engalanarse. Como su propia historia, la exposición se sombreros al público se combina con las de las mantas y cuenta con piezas de los siglos XIX y XX en excelente estado de conservación, unos tejidos en lana, otros de fieltro y los más modestos de fibra vegetal. Estos sombreros huasos son el resultado de una mixtura entre los sombreros españoles y los bonetes del Maule y de Colchagua. Ahí encontramos bonetes de campo, sombreros de copa alta, otros de mujeres y los más típicamente huasos, varios con más de un siglo.
  • Colección de Monturas: La montura es, quizá, el elemento más importante del apero huaso (instrumentos y accesorios para las labores de labranza), que incluye las espuelas, la rienda, los frenos y los estribos. El museo tiene algunas piezas de incalculable valor y belleza, con terminaciones decorativas y también excelente estado de conservación de sus cueros. Las monturas se componen de una camada (cojín de amortiguación), un pelero o sudadera (que separa a la camada del contacto con el sudor), una enjalma (esqueleto o armazón interior de madera, fierro y cojines de cuero de cordero) y una pellonera (cuero que reviste la montura y lleva las correas que fijan la pieza en el animal).  Una de las piezas más valiosas de este grupo, es la silla de bastos que ocupó el General Manuel Baquedano en la Guerra del Pacífico, atesorada en tal Federación.
  • Colección de Estribos: Es otra preciosa colección de diferentes facturas y épocas, destacando los más antiguos y artísticos de madera tallada con adiciones de hierro, entre otros el modelo de tipo Rugendas, así llamado por haber sido retratado en obras del destacado pintor alemán y cuya popularidad se remonta al siglo XIX, siendo de gran tamaño. Otros conocidos son los de estilo capacho, también de madera y con una flor tallada en su frente. La colección tiene también algunas reliquias como estribos españoles de hierro del siglo XVI, un par usado por algún patriota en la Batalla de Maipú de 1818 y hallado casualmente en sus campos, otro femenino con ataujía de plata del siglo XIX, piezas de madera tallada del siglo XVII y rústicos estribos mapuches. A lo largo de la historia de Chile y por adaptaciones a clima y geografía, los estribos pasaron de aquellos primitivos ejemplos militares llegados con la Expedición de Pedro de Valdivia (tipo jaula, pantufla o campana, hechos de hierro y que el propio Valdivia reporta se fabricaban en Chile, en carta a Carlos V) hasta otros más modernos de madera y forma de zueco, que también presentaron una evolución artística apareciendo labrados en ellas imágenes de flores, rosetones, lazos, bigotes decorativos, etc. Habría influido mucho en esto la influencia jesuita barroca de los siglos XVII y XVIII. El estribo típicamente campesino en Chile quedó definido como pieza de dos partes ensambladas: un cuerpo tallado en un mismo trozo de peumo o hualo y con una concavidad inferior que facilita la entrada del pie, más una llanta metálica que rodea a la madera y que engancha con la correa que cuelga de la montura.
  • Colección de Frenos o Rienderas de Carretas: Debe ser otra de las más grandes con esta clase de piezas históricas hechas de hierro o con ataujía de bronce o cobre, en algunos casos, utilizadas para tiro de carretas y con diferentes diseños, de los siglos XIX y XX. Algunas tienen pontezuelos adornados con monedas antiguas. También hay elegantes frenas con ataujía de plata, para gustos y bolsillos más finos de los que fueron sus propietarios, que incluyen incrustaciones en coscojas, chapeado, aros y argollas. Los frenos y las rienderas tenían la función de sujetar y gobernar los caballos; se componen, corrientemente, de una argolla unida a una pieza con forma de T que, en sus extremos, tiene otras argollas pequeñas para las riendas.
  • Sección de Crianza Caballar: Incluye varios objetos en la sala posterior relacionados con la crianza y reconocimiento de la raza del caballo chileno, como miniaturas de estos equinos conocidos por su envergadura, fortaleza muscular y resistencia, con crines ondulados y abundantes, cabeza grande, perfil un tanto convexo, ágiles, dóciles y de muy buena memoria. Los machos promedian una alzada de 1.42 metros y un temperamento más fuerte que las hembras, que promedian 1.4o metros y tienden a ser un poco más esbeltas, aunque con el tórax y vientre más prominente que aquellos. Este grupo de piezas incluyen la cabeza disecada de El Quebrado, un mítico y enorme caballo reproductor chileno nacido en la Hacienda de Aculeo el 24 de octubre de 1919, de la cruza entre el potro Cristal y la yegua Franela, usado como semental y llegando a ser casi una leyenda en el mundo corralero durante sus 27 años de vida, pues dejó cerca de 107 descendientes sólo entre los caballos inscritos (no se sabe cuántos más no inscritos), en su gran mayoría con un "gran sello racial". También hay una figura de bronce creada en 1930 por el artista Federico Casas Basterrica, representando la primera edición del estándar para Raza Chilena que se conoce.
  • Vitrina con Escritorio de Francisco A. Encina: Corresponde a una gran vitrina con el escritorio que correspondió al destacado historiador Francisco Antonio Encina Armanet (1874-1965), autor de la famosa obra de varios tomos "Historia de Chile (desde la prehistoria hasta 1891)", publicada entre 1940 y 1952. Como se sabe, Encina, receptor del Premio Nacional de Literatura de 1955, es un símbolo de la vieja intelectualidad conservadora y conocido amante de las tradiciones chilenas, como buen hijo de la Provincia de Linares, autor del estudio "Las diversas familias que han concurrido a la formación del caballo chileno moderno", lo que explica este homenaje a su obra acá. Incluye una antigua silla y varios objetos de época (lámparas, teléfono, tinteros, timbres, etc.).
Otras piezas expuestas en el museo son instrumentos y herramientas de campo, cubetas, herraduras bozales y botas de cuero, "prevenciones", bocados de rienda, láminas históricas y otros pequeños tesoros.
Coincidentemente, cuando el museo aún estaba en proyecto, en 2011, el caballo chileno fue declarado monumento natural por el Gobierno de Chile, y al año siguiente, la raza fue reconocida por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), con la identidad propia chilena. Ambas noticias fueron celebradas por la Federación de Criadores de Caballos Chilenos.
El museo fue incorporado al Día Nacional del Patrimonio Cultural y está en algunos recorridos patrimoniales de la comuna, que incluyen el Parque Santa Rosa de Apoquindo. Ciertas exposiciones se han hecho en el exterior del museo, en el patio con techados de toldos que ha acogido, entre otras muestras, a la titulada "Caballo Chileno, Patrimonio Vivo", en 2014, basado en la publicación homónima de las investigadoras María Esperanza Rosales Solís de Ovando y Carolina Palma Dacaret. En 2017, además, la Comisión Museo de la Chilenidad de la Federación de Criadores de Caballos Chilenos inició un plan de renovación y mejoramiento del mismo, fundamentalmente relacionado con la modernización de sus vitrinas y material expuesto, dejándolo con el eficiente y cómodo aspecto actual.
En tiempos en que el rodeo ha caído en el cuestionamiento de cierta parte de la ciudadanía y cuando la apertura de los medios nos han permitido descubrir que la identidad chilena es mucho más que el elemento huaso más relevante de estas Fiestas Patrias, de todas maneras sigue siendo recomendable la visita a este bello museo, en donde la exposición es honesta, sin pretensiones ni hipérboles innecesarias, por lo tanto perfecta para los amantes de esas auténticas tradiciones del campo chileno que ya han abandonado a la capital.

1 comentario:

  1. Felicitaciones, ¡qué gran trabajo!
    Me he propuesto conocerlo.
    Muchas gracias.
    Por cierto, disfrute unas alegres Fiestas Patrias.

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