miércoles, 11 de septiembre de 2019

EL "HUACHO": MITO Y REALIDAD DEL ÚLTIMO ÁLAMO DE LA ALAMEDA DE SANTIAGO

Detalle central de una fotografía de la Alameda de Santiago en 1980. Imagen publicada en sitio EnTerreno (enterreno.com) por el usuario Francisco Elías Calaguala. Se observa, sobre la puerta de la liebre o microbus que dobla entre el bandejón central, un árbol de copa un tanto cónica, correspondiente al álamo solitario de la Alameda con su altura en esos días.
Coordenadas: 33°26'37.2"S 70°38'60.0"W
"Al hombre le ocurre lo mismo que al árbol. Cuanto más quiere elevarse hacia la altura y hacia la luz, tanto más fuertemente tienden sus raíces hacia la tierra, hacia abajo, hacia lo oscuro, lo profundo... hacia el mal" (Friedrich Nietzsche, "Así hablaba Zaratustra").
Ya es una especie de leyenda urbana viviente de la capital chilena. O bien una reliquia del pasado, sobreviviendo más por la suerte que por su propia resistencia. Varios saben de su existencia y la admiran en cada mirada durante la jornada de un día en Santiago, pero la mayoría ni siquiera lo percibe: está en plena Avenida Bernardo O'Higgins llegando a las bocas enfrentadas del paseo Ahumada y, enfrente, la calle Arturo Prat. Esto es a pasos de la casa central de la Universidad de Chile y del Edificio Santiago Centro, ante un grupo de locales en donde está la tradicional "Casa Royal" y el acceso lateral a la Estación Metro Universidad de Chile.
El árbol se encuentra en el bandejón central de la arteria, la más importante de la capital y que, por alguna resistencia, seguimos llamado Alameda, precisamente como recuerdo de los álamos que alguna vez enseñorearon y embellecieron este sitio, cuando era la Alameda de las Delicias. Está adyacente a un corral enrejado sobre las ventilaciones de la estación subterránea, además. La contaminación de nuestros días y el encierro entre el gris de los edificios, le ha dado un aspecto opaco y mustio, pero sigue vivo y su aspecto varía según la estación del año.
Desde que este álamo fuera "redescubierto" por la ciudadanía, hace pocos años, algún par de imprecisas leyendas populares rondan sobre el mismo, en particular sobre su origen y su antigüedad, así que queremos echarle una mirada más detallada acá a su historia y a lo que representa en los hilos de la vida de esta ciudad.
Ya hemos contado en este sitio algo sobre la historia de la Alameda de Santiago y cómo llegaron hasta ella las filas de árboles que le dieron el nombre, en los albores de la Independencia. Los primeros de ellos fueron traídos desde Mendoza en 1809, y llegaron al año siguiente, siendo entregados al provincial de la Orden de San Francisco, Fray José Javier Guzmán. Aquellos  nuevos arbolitos medían media vara de largo, con alrededor de un año de vida.
Originalmente, eran 20 los ejemplares que se trajeron desde la Provincia Cuyo, pero uno murió en el camino o muy poco después de haber arribado en Santiago, perdiendo el saludable color verde de sus hojas. Hacia los días de la Primera Junta Nacional de Gobierno, entonces, estos álamos estaban trasplantados y exuberantes en la cuadra del Convento de San Francisco y dentro de los patios del claustro.
La Alameda de las Delicias en sus primeros años, tras ser despejada y nivelada (aún no se ven los álamos), en ilustración de Pariossien & Scharf, publicada hacia 1821.
El célebre bosquejo del proyecto hecho por don Bernardo O'Higgins, posiblemente con asistencia de Fray José Javier Guzmán y Lecaroz (el mismo que trajo los primeros álamos), en 1818, antes de dar inicio a la construcción de la Alameda de las Delicias.
Imagen de la Alameda clásica, publicada en un trabajo de Eugenio Pereira Salas
Detalle del Plano de Santiago hecho por el francés Herbace en colaboración con el cartógrafo Nicolás Boloña, en 1841. Se observa el ajuste del paseo y sus óvalos con el bosquejo original hecho por O'Higgins para la Alameda. Fuente imagen: Archivo Visual de Santiago.
Aquellos árboles fueron el antecedente no sólo de llegada de álamos a la principal arteria de Santiago, sino también su popularización en varios paseos chilenos, por lo que comenzaron a ser plantados en años posteriores por otras ciudades, como Copiapó, La Serena o Talca, distribuyéndose así por todo el territorio de la República, durante el mismo siglo.
Uno de aquellos primeros árboles seguía en pie en 1913, de acuerdo a la información proporcionada por  Juan Jiménez, encargado de extensión cultural del Museo de la Casa Colorada, en una entrevista del portal "Amo Santiago" del 30 de octubre de 2015 (artículo "La historia del primer álamo que llegó a Chile"). Este ejemplar estaba en los jardines del convento, y su tronco podría corresponder al segmento que ahora puede observarse en los pasillos del claustro-museo franciscano del mismo lugar, con algunas inscripciones poco legibles y viejas marcas de clavos sobre su madera.
La primera iniciativa para transformar la antigua Cañada aparece en la Patria Vieja, cuando el 14 de enero de 1813, el periódico "La Aurora de Chile" publicó un artículo de oficio firmado por el Presidente de la Junta Provisional de Gobierno, don José Miguel Carrera, proponiendo convertirla en un paseo recreativo y ordenando la limpieza y ornato de la misma al Regidor Antonio Hermida. En ese momento, la Cañada era poco más que una zanja natural con pedregales y basurales inmundos, que muchos señalan surgida de un antiguo y desaparecido brazo primitivo del río Mapocho que por ahí corrió.
Empero, la Reconquista y las Guerras de Independencia retrasarán el proyecto de transformación urbana hasta 1817, cuando puede comenzar la plantación de nuevos álamos y la remodelación concluida hacia 1820-1821, de acuerdo al plan presentado por el Director Supremo, don Bernardo O'Higgins.
Entrando en detalles, el prócer habría trazado con su propia mano el bosquejo con la idea de cómo debía ser este paseo, inspirado en las alamedas que conoció en en Cádiz. Incluía los varios álamos negros nuevos que debían ser trasplantados y que definieron para siempre el paseo. La abundante necesidad de agua de esta especie, además, se resolvió con la construcción de dos acequias paralelas, que captaban aguas desde el río Mapocho. Los trabajos fueron realizados por prisioneros realistas, en gran parte, como los miembros del Batallón Burgos dirigidos por el ingeniero español Santiago Ballarma.
Fotografía de la Alameda hacia el poniente, desde la torre del campanario de la Iglesia de San Francisco y sobre el Obelisco de la Primera Junta Nacional de Gobierno, c. 1862. Detrás de la línea de árboles más pequeños, se observan los antiguos álamos, hacia el fondo. Fuente imagen: Cervantesvirtual.com.
Imagen de la Alameda de las Delicias con la Estatua de la Confederación Americana, en fotografía tomada y descrita por Castro y Ordóñez, entre mayo-junio de 1963.
Tronco de uno de los primeros álamos que se vieron en la Alameda de las Delicias (La Cañada, por entonces), hecho traer desde Mendoza en 1811 por Fray José Javier de Guzmán y plantado en el Convento de San Francisco de Santiago. En exposición en el Museo de San Francisco.
Así lucía la Alameda Bernardo O'Higgins a mediados de los años setenta, cuando se construía el tramo de la Línea 1 del Metro desde la Estación Moneda hacia el oriente. Es justo el sector en donde está el álamo solitario, que a la sazón no existía, como puede observarse. Fuente imagen: Infografías de "El Mercurio".
Al concluirse las obras, el día 28 de julio de 1821, la vía fue llamada públicamente Alameda de las Delicias, también imitando el que recibe esta clase de paseos en algunas localidades españolas. Don Francisco de la Lastra formalizó este nombre hacia 1824, alusivo a las mencionadas hileras de álamos que le daban forma, sombra y frescura.
Los ejemplares corresponden a la especie Populus nigra L. variedad itálica, originario de España pero de mucha presencia en Argentina y Chile, al punto de que hay quienes lo llaman también álamo chileno, como una forma de distinguirlo de otras variedades. La rectitud de los troncos y la altura de estos árboles, además de su velocidad de crecimiento, eran escasos en la flora urbana que conocían los santiaguinos hasta entonces, a fines de la Colonia, por lo que no tardaron en volverse populares y extenderse a otras localidades, como vimos.
Hacia 1830, los álamos se ordenaban en sus cuatro hileras. Había quedado atrás la época de la Cañada de Santiago o Cañada de San Francisco, convertida ahora en el principal paseo de la capital, según la descripción que hicieron de él viajeros como Richard Longeville Vowell, escritor, marino y oficial del ejército británico destacado en Sudamérica. Las acequias corriendo al pie de los árboles regaban eficientemente estas alamedas, y fueron mejoradas en alguna ocasión. El paseo era famoso en la sociedad chilena también por la cantidad de ferias, desfiles, chinganas y ramadas que se instalaban en él durante ciertos períodos, como Navidad y Fiestas Patrias.
Al comenzar su intendencia en 1872, don Benjamín Vicuña Mackenna quiso reducir la Alameda a sólo 15 cuadras para que conservara su función de paseo, entre el entonces llamado Callejón de Padura, hoy Almirante Latorre en el Barrio Universitario, y la Iglesia de San Francisco en su extremo oriental. Posteriormente, hacia 1901, su calzada fue adoquinada con la de otras calles como Estado y la Plaza San Isidro, para el tráfico de los coches. Su naturaleza de paseo peatonal comenzaba a quedar atrás, por consiguiente.
Lamentablemente, para los días de la fiebre renovadora del Primer Centenario, los álamos ya habían desaparecido. Su retiro había comenzado en 1880, días de la Guerra del Pacífico. Cuentan René León Echaíz y otros autores que, con el tiempo, comenzaron a ser considerados "pasados de moda", probablemente como efecto del afrancesamiento de la arquitectura y el urbanismo en Chile durante la segunda mitad del siglo XIX y principios del XX, por lo que ahora en las cuatro hileras de árboles había  encinas, olmos y robles. Entre ellos corrían aún las acequias de ladrillo, mejoradas hacía sólo algunos años.
Los plátanos orientales que hoy dominan gran parte del paisaje verde santiaguino e irritan gargantas alérgicas, llegaron masivamente con casos como la construcción del Parque Forestal, en los preparativos del Centenario. A diferencia de los álamos, no exigían tanta agua y sus raíces no eran tan destructivas o invasivas. Estudios de nuestra época han confirmado que el plátano oriental fue el árbol que acabó sustituyendo al álamo en la forestación urbana de Santiago, de hecho, también en la Alameda.
Las nuevas reforestaciones de la avenida se realizaron desde el año de retiro de los álamos hasta 1925. No habría quedado uno sólo de ellos en toda esta transformación, por lo que están erradas aquellas creencias que colocan al solitario árbol de esta especie en la actual Alameda como un sobreviviente de la generación de ejemplares colocados durante los trabajos ordenados por O'Higgins. Además, si bien la vida de los álamos puede extenderse hasta 200 años, resulta difícil que lleguen a superar su primer siglo debido a los debilitamientos de su madera viva, cuando envejecen.
La destrucción de los árboles de la Alameda resultó de los necesarios afanes por ensancharla y terminar con su prioridad como paseo, superando lo que habían estimado para ella Carrera, O'Higgins y después Vicuña Mackenna. Los años cuarenta fueron, de alguna manera, la rendición de las autoridades ante la necesidad de facilitar el tráfico vehicular en la avenida, por encima de todas las cosas. En las remodelaciones de la vía, entonces, caen las viejas hileras de árboles, los óvalos con fuentes, el espeso Parque Inglés frente a los franciscanos, su vecina la Pérgola de las Flores y, más al oriente, la Iglesia del Carmen Alto, entre otros tradicionales espacios de la ciudad.
El álamo solitario, entonces, procede de épocas muy posteriores a aquellas: aparece con las reforestaciones que se hicieron en la Alameda al final de la construcción de las estaciones de la Línea 1 del Metro de Santiago, hacia 1976-1977. Lejos de tener dos centurias esperando ser contadas en sus anillos interiores, el árbol recién supera los 40 años de vida, aunque eso no le quita mérito simbólico ni valor como elemento de la historia urbana de la capital.
Por otro lado, no es extraño que los álamos crezcan solitariamente como éste, pues sus características lo hacen competitivo con otras especies y la suya propia, como hace notar en alguna ocasión la Jefa de Magíster en Patrimonio Cultural de la Universidad Católica, Elvira Pérez. El ordenamiento de la especie en las alamedas responde a características de ornato totalmente artificiales, entonces, por lo que hay varios casos en ciudades o paisajes rurales donde puede encontrarse un árbol de estos totalmente sólo o huacho.
Lo anterior es conocido por el folklore popular, que llamaba con frecuencia al álamo negro como álamo huacho. Incluso se le ha dedicado una tonada titulada "Álamo huacho", de la gran Clarita Solovera, grabada  y popularizada por Los Huasos Quincheros tras haber ganado con ella la competencia folklórica del  Festival Internacional de la Canción de Viña del Mar de 1963. Dice en sus primeras estrofas:
Cual flecha verde hacia el cielo,
o una pincelada de oro,
en el fulgor del estío,
o en el paisaje de otoño.
Vigía de los senderos,
que se alejan sin retorno,
medio a medio del potrero,
allí está el álamo solo.
Alamito, álamo huacho,
solitario en el camino,
igual como tu estoy solo,
frente a frente a mi destino.
El cómo se puso en valor al solitario álamo de la actual Alameda, al huacho de Santiago Centro, es cosa muy reciente.
Durante el año 2017, María Paulina Fernández y Joaquín Kölner, de la Facultad de Agronomía e Ingeniería Forestal de la Universidad Católica, realizaron un catastro de los 7.349 ejemplares arbóreos con más de 1,3 metros de altura que existen en el principal eje de Santiago conformado por las avenidas Providencia y Bernardo O'Higgins (12 kilómetros comprendidos entre las estaciones del Metro Pajaritos y Tobalaba), para el proyecto denominado Nueva Alameda-Providencia, que involucra mejoramientos de calzada, reforestaciones y mantener de los árboles ya existente. La sorpresa fue constatar que, en todo ese trayecto, sólo queda aquel álamo: el huacho.
Fue en aquel estudio que cobró relevancia la presencia del álamo casi en el corazón de Santiago, tan visible para todos, pero tan invisible para la rutina que despliegan allí miles de capitalinos, en cada jornada.
El ejemplar de álamo o chopo (el género Populus) sobrevivía contando en susurro silencioso su historia, como vestigio de una época ya superada de la ciudad, para bien o para mal. Los expertos consideraron que está sano, como explicaba el Director de la Asociación Chilena de Profesionales del Paisaje, el agrónomo y paisajista Héctor Reyes, consultado por "Las Últimas Noticias" del viernes 22 de septiembre de 2017 (artículo "El último álamo de la Alameda"). Por su parte, el gerente del proyecto Nueva Alameda-Providencia, Vladimir Glasinovic, explicó a la prensa el interés en preservar este ejemplar de álamo, por lo que podemos confiar en que complete naturalmente su apacible vida en medio de la avenida que debe soportar todas las ansiedades, tensiones y protestas de nuestra sociedad capitalina.
Esperamos que el álamo huacho perdure allí, entonces, como otro testimonio simbólico para las generaciones sobre la historia de la Alameda de Santiago, a pesar de no ser original y de obligarnos a la resignación de aceptar que se remonta sólo a la construcción del Metro subterráneo, no antes.

2 comentarios:

  1. Muchas gracias... años sin saber cuanta historia sobre la historia hay en ese pequeño bandejon central

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  2. Gracias.
    Nos enriquece el conocimiento de nuestro entorno y nos ayuda a apreciar la belleza de lo que tenemos.
    Saludos.

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