miércoles, 10 de julio de 2019

CAPILLA DE SERÓN: UNA IGLESIA FANTASMA EN LA PROVINCIA DEL LIMARÍ

Coordenadas: 30°19'13.1"S 70°44'02.5"W
La Ruta D-595 de la Provincia del Limarí, en la Región de Coquimbo, conocida como la Longitudinal Los Andes - Vicuña, está llena de asombrosas sorpresas de aquellos territorios junto al Río Hurtado, en la comuna del mismo nombre y antes denominada Samo Alto, por donde antaño pasaba el desaparecido ferrocarril del que sólo quedan algunos rieles parcialmente desmantelados, túneles y recuerdos de los habitantes más antiguos.
Una iglesia en ruinas, o más bien el fantasma de un templo ubicado dos kilómetros al Norte del caserío de Serón, en una situación aislada respecto del área urbana, se ha convertido en símbolo de varios aspectos relativos a estas comarcas: de la historia de la localidad, de sus atracciones de turismo patrimonial, de la fe popular en la zona y del olvido mismo que ha ido afectando a estos territorios. Ubicada cerca del sector Las Perdices pasando la Hacienda Los Andes, sus ruinas permanecen aún en pie porfiadamente, junto al camino y de cara hacia la gran Hacienda de Serón.
Corresponde a la alguna vez llamada Capilla de Nuestra Señora del Carmen de Serón, construida en 1897 de acuerdo a la información publicada por la Municipalidad de Río Hurtado, aunque, de ser así, fue remodelando un edificio anterior que probablemente se remonte a mediados del siglo XIX o antes. De acuerdo a la circular de rutas patrimoniales "Valles transversales. Camino Longitudinal Los Andes - Vicuña" del Ministerio de Obras Públicas (MOP), el templo fue levantado para el culto del Presbítero Felipe Callejas, quien la donó al Obispado de La Serena en 1872.
Era ésta la capilla de la antigua hacienda, según se indica, dentro de cuyos límites se encontraba entonces. La actividad de la Hacienda de Serón, especialmente sus viñas pisqueras, había sido una de las razones que dieron origen al pueblo homónimo, en la proximidad del río.
El inmueble, una joya histórica de la arquitectura tradicional de la provincia, se encuentra enclavado hacia la desembocadura de un estero seco y que caía antes en el Río Hurtado, formando un pequeño valle con apariencia estéril, en donde sólo cactos y plantitas sedientas aportan verde a espaldas de la capilla. Es el kilómetro 521,7 de la ruta y está a 1.020 metros sobre el nivel del mar. Si se avanza por este sector alejándose de la fértil hacienda, se pueden encontrar restos de antiguas construcciones delatadas por sus líneas geométricas, además de lo que parecen ser caminos ya en desuso, que se internaban hacia los cerros del Este.
El que la capilla haya sido dedicada a Nuestra Señora la Virgen del Carmen, la Patrona del Ejército y las Armas de Chile, tal como la Iglesia de Hurtado y otros altares en la provincia, puede explicarse por la importancia que tuvieron estas localidades en la Guerra de Independencia, incluyendo el paso del Ejército Libertador y uno de los combates más importantes pero muy olvidados: el de Salala o Socos (12 de febrero de 1817), tras el cual las fuerzas patriotas entraron triunfantes a Illapel, Coquimbo y La Serena. La elección de los patriotas de la Virgen del Carmen como su patrona y guía, entonces, favoreció la presencia de la advocación mariana en la consagración de algunos templos o en las capillas y altares de la zona.
Confeccionada en adobe con esqueletos de vigas de madera y un campanario de tablas ahora en ruinas al centro y en la fachada, la capilla corresponde a un edificio de estilo sencillo y simétrico, de una sola nave, con algo de la influencia colonial que se mantuvo en ciertos templos de este tipo durante gran parte del siglo XIX, con techo a dos aguas y vanos de arco de medio punto, además de elementos de posible raíz andina en el diseño general del frente.
Originalmente, tenía un acceso con escalones o una base de piedra como atrio, pero ha ido desapareciendo esta estructura basal carcomida por el ancho del sendero de tierra que pasa frente a ella en la ruta, de un nivel en altura levemente inferior al de la capilla. El material original de los techos exteriores, en tanto, fue reemplazado por planchas metálicas, en algún momento.
Las grandes puertas de roble americano de esta iglesia han permanecido clausuradas por cerca desde los años noventa (o antes, según otros), pues su estado estructural está a muy mal traer a causa del envejecimiento en perversa sociedad con los terremotos del 14 de octubre de 1997, del 20 de junio de 2003, del 16 de septiembre de 2015 y en parte también por el último del 19 de enero de 2019. El celo con que han encadenado sus puertas y colocado obstrucciones al interior para evitar ingresos imprudentes, hace sospechar que, antes, han entrado intrusos haciendo daños que ahora quieren evitarse a toda costa.
La capilla, en consecuencia, hoy está abandonada y cruzada por enormes grietas, que revelan parte de sus entrañas de bloques de adobe, quincha y postes estructurales. Los mayores daños parecen estar al fondo, hacia donde estaba el presbiterio, en donde los muros debieron ser reforzados por fuera a un costado, con troncos a modo de improvisados contrafuertes.
Al interior, la nave entre penumbras revela las formas de un coro de madera con balaustras y arcos inferiores enfrente del acceso principal. La oscuridad polvorienta es atravesada por líneas de luces diagonales que caen desde los ventanales, en una imagen que adoraría un fotógrafo para un blanco y negro artístico. El altar principal aún conserva su retablo y su mesa sacra, con vanos cerrados laterales que quizá correspondieron a accesos anteriores, espacios ya desaparecidos. La zona del presbiterio está separada del resto de la nave por una cerca o corral, también de madera y muy simple. Todavía quedan repartidos restos de algunos muebles menores y confesionarios por la nave.
El que fuera antes un esplendoroso edificio religioso, ahora está habitado sólo por la lucha entre el silencio gris de los fantasmas del tiempo y el ruidoso garrir de cientos de loros tricahues, tan abundantes en esta región, que se la han tomado por todos sus rincones y han acumulado kilos de excrementos dentro de la misma, anidando entre sus techos y huecos en los muros. Son la única compañía de un sepultado dentro de la iglesia, un tal Andrés Calle, cuya lápida alcanzamos a distinguir entre las junturas de las puertas cerradas con candados. Hay más criptas adentro, entre el desorden, pues la mencionada circular del MOP señala la existencia de varias lápidas sepulcrales, la más antigua de 1868.
Inspira cierta melancolía pensar que este abandonado templo fue testigo, escenario y actor de toda la vida tradicional de esta localidad, escondida entre valles y cerros: bautizos, casamientos, funerales, las misas de los domingos, etc. Acongoja que esté cerrada y ajena ya a la apacible vida de un caserío, por lo tanto, y a pesar de que Serón parece dormir el sueño de los justos, pues no tiene más de 380 habitantes, aunque esto aumenta durante la Fiesta de la Vendimia que se celebra en abril de cada año. Cuando se requiere, el servicio religioso se extiende en nuestros días en un templo más compacto, reciente y sólido, ubicado en el pueblo justo enfrente de la plaza y del paradero de locomoción, en una curva. Ahí están ahora las butacas oratorias e imágenes de la devoción popular.
Hay esperanzas para la capilla antigua, sin embargo: durante el otoño de 2013, comenzó a ser impulsado el proyecto titulado Ruta Patrimonial de las Iglesias de Río Hurtado, que incluyó un recorrido en terreno realizado por profesionales de la Dirección de Arquitectura del MOP y de la Municipalidad de Río Hurtado, identificando los puntos para poner en valor para semejante sendero: iglesias antiguas y sitios arqueológicos ubicados entre las localidades de Huampulla y Hurtado.
Otras de las iglesias que fueron escogidas para el proyecto, son la Iglesia de Huampulla (1900, aproximadamente), la Iglesia San Francisco Javier de Samo Alto (1713), la Iglesia de San Pedro Norte en Pichasca (1750), y la Parroquia Nuestra Señora del Carmen de Hurtado (1917). La Capilla de Serón, además, está identificada con la estación 46 de la Ruta Patrimonial Los Andes - Vicuña. Un cartel junto a las pircas del camino la indica así a los viajeros.
Gracias a aquellos proyectos, entonces, se abrigan esperanzas de que la Capilla de Nuestra Señora del Carmen de Serón pueda ser reparada y restaurada, antes que el tiempo y los terremotos terminen de borrar del paisaje a ese precioso templo fantasmagórico, habitado sólo por loros gritones y los recuerdos de la historia de la provincia.

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