domingo, 26 de mayo de 2019

UNA VISITA AL CEMENTERIO RUSO ORTODOXO DE BAJOS DE MENA EN PUENTE ALTO

Coordenadas: 33°36'55.2"S 70°36'08.7"W
Ubicado casi como el hermano menor del Cementerio Católico de Bajos de Mena, en avenida Eyzaguirre de Puente Alto pasando el cruce con la Autopista del Acceso Sur, el Cementerio Ruso pasa la mayor parte de su existencia cerrado al público, abriendo sólo ocasionalmente a quienes quieran visitarlo. Un cuidador vive con los suyos dentro de este sitio, en donde reinan la paz de los difuntos y la quietud de las historias que allí han quedado reservadas.
El olvido es un fantasma que debe ser conjurado constantemente en este lugar. Las pocas familias rusas fundadoras que quedan y los esfuerzos de la comunidad ortodoxa en Chile, que tiene allí la que parece ser su capilla más austral del mundo, se encargan de darle mantenimiento y no condenar al camposanto al mismo destino de muerte y extinción que sus moradores bajo las criptas.
La apertura al público en ocasiones especiales anunciadas por la Asociación Pro-Cementerio de los Rusos Ortodoxos Residentes en Chile y en el Día del Patrimonio de cada mes de mayo, con visitas guiadas correspondientes, permiten contrarrestar aquel peligro del olvido. Estuvimos en las de el pasado domingo 25, con un recorrido a cargo del Diácono Roberto León Ramírez, de la Iglesia Rusa Ortodoxa en el Exilio (IROE) y uno de los protagonistas de la investigación histórica de la que se vale la Asociación para poner en valor este sitio.
El Cementerio Ruso fue creado por familias rusas llegadas hasta entonces al país y cristianos laicos rusos, pero especialmente después de la Segunda Guerra Mundial. La idea de concluir sus vidas en una Rusia que ya no era afín a sus creencias y que incluso perseguía al clericato ortodoxo, fue la motivación de muchos de aquellos ciudadanos para establecerse en países tan distantes como Chile. Debe recordarse que la colonia rusa era pequeña hasta que, en 1948, el Gobierno de Chile aceptó la propuesta de recibir numerosos grupos de ellos por la Organización Internacional de Refugiados de las Naciones Unidas.
Tras una cuidadosa búsqueda y gracias a los esfuerzos de los directores Dimitri Jershow e Igor Nelidow en la Asociación, los rusos consiguieron estos terrenos en la actual dirección de Eyzaguirre 2337, cerca del antiguo paso del desaparecido ferrocarril y adyacentes al Cementerio Católico que existía allí desde 1886, en lo que eran entonces territorios rurales de las afueras de Santiago.
Planos del cementerio, levantados para obtener permisos sanitarios en 1957. Imagen perteneciente a publicaciones de la propia Asociación Pro-Cementerio de los Rusos Ortodoxos Residentes en Chile.
Ilustración del templo, también para los permisos sanitarios de 1957. Imagen perteneciente a publicaciones de la propia Asociación Pro-Cementerio de los Rusos Ortodoxos Residentes en Chile.
Sepultura del arzobispo Leonty Filippovich.
Lápida de la bailarina Helena Poliakova.
Placa en la tumba del Coronel Vladimir Stajanov, alias Dimitri Frolov.
La misma tumba del Coronel Stajanov. El Diácono Roberto León dirige la visita.
Glorieta de reposo en los patios laterales del camposanto.
Cruz Ortodoxa de 1957, al fondo del cementerio.
Los planos para este nuevo cementerio fueron trazados por los arquitectos Jorge Schroeter y Román Epple, ambos de origen ruso, quienes diseñaron la fachada en el estilo histórico de las ciudades de Pskov y Novgodod, mientras que la distribución de las tumbas siguió el aspecto de los cementerios rusos tradicionales de tiempos imperiales.
La obras fueron entregadas en 1955, vecinas al mismo cementerio católico. Todavía hay puertas que interconectan a ambos sectores, de hecho, hacia el fondo del mismo, a pesar de sus administraciones diferenciadas. Para la dirección y propiedad del Cementerio Ruso desde el momento de su inauguración, fue fundada la Asociación Pro-Cementerio de los Rusos Ortodoxos Residentes en Chile, que obtuvo su personalidad jurídica por Decreto del Ministerio de Justicia Nº 1.873, del 17 de abril de ese mismo año de 1956.
Siendo formalmente en Santiago el cementerio parroquial de la Parroquia de la Santísima Trinidad de la Iglesia Rusa Ortodoxa en Extranjero, se trata de uno de los pocos casos de camposantos de este tipo en América Latina, además de uno de los más curiosos y misteriosos de todo el país. La mayoría de las inscripciones de sus criptas están escritas en alfabeto cirílico, pero se advierte que algunos de los ocupantes fueron trasladados desde otras sepulturas anteriores en cementerios laicos o católicos hasta este sitio.
Es curioso este espacio de conciliación entre los hombres: en sus cerca de 400 sepulturas con plantitas y hasta jardines, conviven en un mismo espacio las tumbas de rusos que lucharon por la causa imperial y otros por la soviética, también algunos que lo hicieron por el Eje, años después; están los exiliados del bolchevismo y los exagentes del estalinismo en América. Sacerdotes, artistas, aristócratas, comerciantes, etc. Algunas de ellas son más ostentosas que otras, por supuesto, pero en general predomina la sobriedad uniforme y ortodoxa.
Dominan la imaginería de las lápidas las figuras de la inconfundible cruz ortodoxa y otras alusivas a los contornos de las magníficas cúpulas de la arquitectura religiosa rusa. Muchas de ellas tienen retratos de los fallecidos, y al costado oriente, entre los trazados de un viejo sistema de acequias ya secas del antiguo terreno, una glorieta permite un rato de reposo a los paseantes, junto a las filas de tumbas. No hay mausoleos, pabellones ni paredes de nichos: acá está normado el espacio de cada sepultura. Las de aquellos que fueron veteranos del Ejército Imperial, lucharon en la Gran Guerra o recibieron la honrosa Medalla de San Jorge, sin embargo, están marcadas con listones de franjas negras y naranjas, las mismas de la cinta que sostiene aquella preciada condecoración.
Entre estas innumerables tumbas, distribuidas a ambos lados de un camino recto interrumpido sólo por el pequeño edificio de la capilla y con las coníferas que la sombrean, se encuentran los restos de alguno de los más insignes ciudadanos de origen ruso que hayan pisado nuestra tierra. El Diácono Roberto y documentos de la propia Asociación, describen con detalles los siguientes casos principales:
  • General Mayor Vasiliy Ignatjew, militar que recibió la preciada Condecoración de la Orden de San Jorge por sus servicios en la Gran Guerra.
  • Andrei Gagarin, aristócrata y benefactor ruso de la colonia, presumiéndose que pudo haber tenido alguna relación familiar lejana con el cosmonauta Yuri Gagarin, primer hombre en el espacio, aunque en la Asociación esto es considerado sólo un mito urbano.
  • Alexander Topornin, pintor y artista, parte de cuya obra de carácter religioso se encuentra dentro de la misma capilla del cementerio.
  • Arzobispo Leonty Filippovich, destacadísimo religioso ortodoxo, primer y único obispo de esta iglesia en Chile, que muchos miembros de esta colectividad consideran como un auténtico santo. Conocido del Cardenal José María Caro, falleció en un autoexilio, en 1971, alejándose del proceso político que vivía el país entonces y que temía adquiriera el mismo cariz que le había hecho abandonar Rusia antes, en tiempos de la Guerra Fría. Por expresa petición suya, sus restos fueron llevados a Chile y sepultados en un sector en donde se encuentran las tumbas de varias monjas del monasterio ortodoxo ruso. Su hermosa lápida también fue obra del arquitecto Schroeter.
  • Iván Marianov, artista gráfico, grabador y fotógrafo del Palacio de la Moneda por largo tiempo.
  • El arquitecto Vladimir Wischnjewsky, con trabajos destacados en la Caja de Habitación, antecesora del SERVIU del Ministerio de Vivienda y Urbanismo.
  • La profesora de música Vera Fiodorovna Wischnjewsky, hermana de Vladimir, enérgica mujer también con participación destacada en la historia del Ministerio de Vivienda y Urbanismo.
  • El Conde Konstantin Kurakin, importante activista y promotor de la colonia rusa en el pasado siglo, por cuyas venas correría sangre real.
  • Alexey Lebedev, militar e ingeniero de aviación rusa condecorado con las medallas de la Orden de Santa Ana y la Orden San Stanislao. Es considerado uno de los fundadores de la industria aeronáutica rusa y uno de los precursores de la aviación mundial.
  • Coronel Kuchuk Ulagay integrante del llamado Movimiento Blanco y de las Guardias Blancas contrarias a los bolcheviques, gran activista de la colonia rusa en Chile y de filiación musulmana. Fue velado en la iglesia cristiana por una decisión del sacerdote Vladimir Uliantseff, evadiendo las críticas de algunos otros miembros de la misma comunidad por esta decisión.
  • Konstantin Krotkov, activista y agitador ruso que llegó a ser miembro de la Resistencia Francesa durante la ocupación alemana.
  • La artista Helena Poliakova, la "zarina" formada en la destacadísima escuela de Ballet Imperial del Teatro Marinsky de San Petersburgo, llegada a Chile a mediados del siglo para trabajar en la compañía de Ernst Uthoff del Ballet Nacional Chileno, fundando el grupo de ballet del Teatro Municipal de Santiago y volviéndose una de sus profesoras más influyentes.
  • Coronel Vladimir Stajanov, cosaco ucraniano que luchó por el bando de la Alemania Nazi contra los ejércitos de Stalin durante la Segunda Guerra Mundial, sobreviviendo a la brutal y sangrienta masacre de Linz en Austria y escapando a América en donde adopta el alias de Dimitri Frolov por el resto de su vida. Formó familia en Chile y sólo después de su fallecimiento, en 1998, se supo cuál era su verdadera identidad. Comparte tumba con Nadeshda Yesaulov Krasovitch.
  • Xenia Gramatikova, destacada músico pianista, que asumió la representación del Fondo Tolstoi en Chile.
  • Nikolay Rogelev Girs, fundador del Orden Martinista en Chile, masón de destacada militancia en el país y un personaje de gran valor dentro del mundo esotérico de su época. Fue miembro del Soberano Santuario de la Orden Masónica Oriental del Rito Antiguo y Primitivo de Menphis y Misraim.
  • Pavel Mimrin, militar y veterano de guerra condecorado en dos ocasiones con la Medalla de la Orden se San Jorge, lo que lo coloca entre los más grandes personajes de la historia militar contemporánea de Rusia.
  • Rimma Vinogradova (Marianna Kolosova), poetisa integrante del Movimiento Blanco contrarrevolucionario de Rusia durante la Guerra Civil.
  • Grigoriy Bakhuin, integrante de la colonia rusa y agente de la contrainteligencia del Ejercito Rojo en Chile, según se cree.
  • Valentín Urban, ingeniero mecánico de la la mina de El Teniente y profesor del Instituto Pedagógico de Santiago, de la Universidad Técnica del Estado y jefe de la carrera de la Ingeniería Mecánica en la Universidad de Concepción.
  • Alexander Sutulov, yugoslavo de nacimiento, creador del Centro de Investigación Minera y Metalúrgica y de la carrera de la Ingeniería Mecánica en la Universidad de Concepción. El Ministro de Minería entrega un premio anual que lleva su nombre, por innovación científica y tecnológica.
  • Dimitri Jershow, el precursor de la creación de Asociación Pro-Cementerio de los Rusos Ortodoxos Residentes en Chile y uno de los impulsores de la creación de este cementerio.
  • Igor Nelidov, ingeniero y benefactor de la colonia, quien llegó a ser el Presidente de la Asociación Pro-Cementerio de los Rusos Ortodoxos Residentes en Chile y constructor de la iglesia de la Santísima Trinidad y de la Santísima Virgen de Kazán (avenida Holanda 3576, Ñuñoa), en donde se atesora el valioso icono de Virgen de Kazán.
  • Román Epplé, ingeniero calculista que formó parte del proyecto de construcción del Templo Votivo de Maipú y de la Iglesia Ortodoxa Rusa de la Santísima Trinidad y la Santísima Virgen de Kazán, además de diseñar en parte el cementerio.
  • Olga Ulianova, historiadora rusa nacionalizada chilena, otro de los personajes de importancia que más recientemente se ha incorporado a las nóminas de sepultados de este cementerio, con su prematura muerte en 2016.
  • Oleg Minaeff (o Minaev), destacado médico del Instituto Bacteriológico, fundador del Club de los Scouts Rusos Blancos y creador del primer laboratorio nacional de bioquímica capaz de producir penicilina dentro del país. También fallecido en 2016.
Hacia el centro interior del cementerio, a modo de capilla oratoria, está la pequeña iglesia de estilo arquitectónico Pskov con influencia bizantina. Cuentan con un sencillo campanario lateral y vanos en arcos de medio punto, además de gruesos estribos en los vértices de sus muros al frente y ábside. Esta capilla, concluida en 1967, había sido diseñada también por el arquitecto Jorge Schroeter.
El arte religioso tiene como su estrella al interior del templito central la escena del Cristo Venerado, detrás del podio del altar en la hornacina del ábside, además de las pinturas de los dos arcángeles guardianes. Corresponden a obras hechas por el artista Topornin, que dijimos ya está enterrado en el mismo camposanto.
Existe el interés y los intentos por conseguir fondos públicos para la remodelación y el mejoramiento de este histórico lugar. En 2017, por ejemplo, se planteó una propuesta a un fondo especial del Estado para la remodelación de las oficinas administrativas del recinto, la habilitación de estacionamientos en el sector oriental de la propiedad y la construcción de un muro perimetral entre este nuevo espacio y el resto del predio, entre obras modificaciones para el lugar. Empero, hasta ahora no se ha logrado obtener los recursos para llevar adelante una gran modificación y hacerlo más cómodo a las visitas de los curiosos; y, por qué no decirlo también, a las posibilidades que ofrece el turismo patrimonial. Debe enfatizarse que éste es un sitio único en todo el país y probablemente haya pocos casos análogos en todo el continente.
Las familias rusas ortodoxas ya son menos, sin embargo. Entre otras razones que proyectan hoy la sombra amenazante de la decadencia sobre el destino del cementerio, está la abrupta partida de muchas familias rusas residentes en Chile a principios de los años setenta: sucede que habían llegado al país escapando de los bolcheviques, y de pronto se vieron con el temor de sus traumas (fundado o no) ante el proceso político chileno de 1970-1973, dejando hasta sus fallecidos al marcharse.
Así las cosas, aunque sólo se ha copado la mitad de sus capacidades para tumbas, cada año sólo tres o cuatro sepultaciones tienen lugar en el Cementerio Ruso, por lo que la prolongación de su existencia será, a partir de algunos años y de manera necesaria, de fundamento esencialmente cultural, histórico y patrimonial.

2 comentarios:

  1. Genial!, que bueno que lo hayan publicado en tu blog..yo también fui a visitarlo este mes y es un lugar increíble, parte de un patrimonio enigmático. Y se agradece la sapiencia del Diacono Roberto para explicar su historia, muy ameno!!.. Saludos

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  2. Que bueno que se escribe sobre este lugar, yo vivo a unas cuadras del lugar y no sabía nada sobre el, se ve un poco abandonado quizás, pero está ahí y aún tiene vida. Gracias por informar, saludos

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Gracias por dejar su opinión en nuestro blog de URBATORIVM. La parte final de todas estas historias las completan personas como Ud.