viernes, 10 de mayo de 2019

PRESENCIA GÓTICA EN BARRIO BRASIL: LA IGLESIA CORPUS DOMINI PARA LA ADORACIÓN PERPETUA DEL SANTÍSIMO SACRAMENTO

Iglesia Corpus Domini y una imagen del interior de la misma, en 1929. Fuente: "Libro de los Expositores de Chile en Sevilla".
Coordenadas: 33°26'14.6"S 70°39'54.2"W
La colorida Iglesia Corpus Domini destaca en la dirección de Santo Domingo 2055-2083 de Santiago, entre las calles Brasil y General Baquedano. Su gran chapitel rematado por la cruz de Cristo se hace visible al fondo de antiguas fotografías del mismo barrio, como aquella de la desaparecida Pirámide de San Pablo (San Pablo con Brasil).
La historia de este centro religioso se remonta a la fundación en la capital chilena del Instituto de las Hermanas de la Adoración Perpetua del Santísimo Sacramento, orden independiente de origen romano creada por la abadesa de filiación franciscana María Magdalena de la Encarnación, en el período 1807-1809, recibiendo la aprobación papal de Pío VII en 1818 y la fundación formal al año siguiente, bajo la regla de San Agustín de Hipona. La misión de sus integrantes es rendir a perpetuidad las devociones de adoración a Dios en augustísimo misterio de la Eucaristía, la Transubstanciación definida en el Concilio de Trento y procedente de los catecismos de San Cirilo de Jerusalén en el siglo IV.
Fue el sacerdote Miguel Tagle quien, en 1884, viajó hasta Roma para ponerse en contacto con la orden y manifestar su intención de instalar un monasterio en Chile. El Padre inició también la preparación de religiosas del Buen Pastor para instalarlas en el nuevo claustro, tarea que fue dirigida por la Madre María de la Inmaculada Concepción Fernández Concha, hermana de la beata  María de San Agustín y de los fundadores del Portal Fernández Concha junto a la Plaza de Armas, Domingo y Pedro Fernández Concha.
El terreno para el monasterio de las sacramentinas fue donado por la aristocrática religiosa Eleodora Goicolea, en la entonces periférica ubicación adyacente a la ex Cañada de Saravia o Callejón de Negrete, hoy calle Brasil, con la autorización papal de León XIII. La propiedad estaba en el sector de loteos que había dado origen, años antes, al Barrio Yungay, aunque aún faltaba para la fundación del Barrio Brasil, a inicios del siglo siguiente. El Instituto recibió la facultad apostólica en Santiago de Chile el 25 de diciembre de 1885, cuando fue erigido por el Obispo de Martiriópolis, Vicario Capitular de la Arquidiócesis don Joaquín Larraín Gandarillas.
Mientras carecía de un templo propio, sin embargo, se implementó en el lugar la Capilla de la Virgen de la Misericordia, de pequeño tamaño pero en la que hicieron sus votos las primeras sacramentinas ese mismo día de la Navidad de 1885, como se señala en información oficial de la propia orden: la benefactora Eleodora Goycolea, de 49 años; la porteña María Luisa Infante, de 38 años; la chilota Ana María Vega, de 29 años; la francesa Emelina Montagnon, de 36 años; y la santiaguina Eloísa Valdez, de 49 años. La primera exposición del Santísimo Sacramento se realizó allí mismo el 6 de enero del año siguiente, día de la Epifanía o Pascua de los Negros.
Para las necesidades de la nueva comunidad de adoratrices, entonces, se planificó la erección del magnífico templo de alusiones neogóticas: la Iglesia de Corpus Domini. Las obras fueron encargadas principalmente al arquitecto de origen francés Eugène Joannon Crozier, con importante currículum en la arquitectura religiosa de Santiago y algunas otras ciudades.
Los trabajos comenzaron hacia 1896, pero se extendieron por casi 20 años. Si bien la iglesia pudo quedar habilitada al uso hacia el 1900, sería concluida sólo en 1915, época en que era llamada ya como la Capilla Corpus Domini o la Iglesia de la Adoración o de las Sacramentinas.
Claramente, se trata de una obra arquitectónica con gran influencia francesa, tanto en el diseño como en sus simbologías. Ocupando unos 6.398 metros cuadrados, se construyó con planta de apego relativo y bastante libre a la cruz latina, con albañilería de ladrillo y adobe, vigas interiores del cielo y con planchas como revestimiento de la techumbre, actualmente de fierro galvanizado. Carece de grandes refuerzos extras para sus estructuras, sin embargo, algo que se ha lamentado en épocas posteriores.
Su fachada de casi 40 metros es con torre central de base octogonal y balcón circulante en su nivel medio, con abundante ornamentación de molduras, arcos ojivales y lobulares más en lo alto, además de columnas a modo de pilastras adosadas a las estructuras. Chapiteles menores con vistosos pináculos acompañan al principal del campanario.
Una imagen de Cristo en la Cruz se encuentra al centro del simétrico frente, entre la gran decoración de escamas, nervaduras, retículas y ornamentación floral que recarga toda esta parte del templo. En su primer nivel, entre los tres accesos, están los pedestales con las efigies de San Alejo y otro que podría corresponder a San Francisco de Sales.
Interiormente, se trata de un edificio con tres naves, cada una con su propia entrada externa y divididas entre sí por columnas de madera y capiteles de orden corintio, con decoración vegetal, entre arcos ojivales de gran elegancia. La nave mayor o central tiene un segundo tramo de tabiquería en madera, y sobre ella se extiende un precioso cielo abovedado, con decoración estelar iluminada por los óculos laterales. Los pisos son tablados.
El presbiterio es de buenas proporciones, con un altar monumental de mármol al que, según parece, se agregaron después los dos baldaquinos de sus laterales. Cuenta con un ábside simple, también con cielo de bóvedas. Este espacio está separado del presbiterio por rejas de forja que cierran el perímetro de clausura de las hermanas de la Adoración Perpetua y la sacristía.
El diseño puntilloso alcanza también a las baldosas en la entrada y el atrio, y en los ventanales de vitrales fabricados por el taller del artista Félix Gaudín, distribuidos en pares con retratos a cuerpo entero de los siguientes personajes: Santa Gertrudis y Santa Verónica; Santa Teresa y Beata Margarita María; Beata Imelda y Santa Sirersis; Santa Francisca y Santa María Magdalena de Pazzis; Santa Juliana y Santa Clara; Santa María Magdalena y Santa Rosa de Lima; San Ludovico y San Carlos; San Alfonso y San Arturo; San Alejo y San Tarzicio; San Pascual Bailón y San Francisco de Sales; San Juan Apóstol y San Agustín de Hipona. Hay observaciones interesantes sobre esas coloridas obras en el sitio web Vitrales Patrimoniales Chilenos.
Entre las figuras religiosas del arte sacro interior, destacan el Cristo en la Cruz y la Virgen del Carmen casi enfrente del presbiterio. También está la efigie del Sagrado Corazón de Jesús al costado en la nave derecha, la Inmaculada Concepción en la nave izquierda, Santa María Magdalena de la Encarnación (vestida en el uniforme blanco y rojo de la orden) en el altar al final de la nave izquierda y el Arcángel San Miguel al fondo de la nave derecha. El magnífico alhajamiento, el labrado de los confesionarios y los ángeles custodios del altar completan una verdadera exposición de arte religioso al interior del templo.
Cabe comentar que, después de la creación del Barrio Brasil, la Iglesia Corpus Domini parece haber sido el templo más importante y concurrido del mismo vecindario en su época de esplendor, después de la espectacular Basílica del Salvador en Huérfanos con Almirante Barroso, sede de grandes celebraciones oficiales. Contribuyó a ello su proximidad a la Plaza Brasil y el que, a diferencia de la Iglesia de la Preciosa Sangre vecina a la misma área verde, la de las sacramentinas permaneciera siempre abierta y disponible a los fieles.
Hacia 1930, el Instituto de Adoración Perpetua tenía 13 religiosas de Coro, profesas, una postulante a Coro, ocho siervas de María y una postulante. Para poder cumplir con la adoración perpetua del Santísimo Sacramento encargada a la orden, las monjas rotan sus quehaceres en turnos de día y de noche, de manera que nunca falte el momento de adoración del Jesús Sacramentado, por lo que esta imagen está expuesta en el templo durante todas las horas diurnas, privilegio exclusivo para esta comunidad religiosa.
Las hermanas adoratrices han sido tradicionalmente conocidas también por fabricar sabrosas tortas, pastelillos, alfajores, polvorones, pan de molde (blanco e integral), mermeladas, galletas y otros bocadillos que venden en el barrio o que realizan a pedido para eventos, como las tortas de novios y los canapés. También implementaron un pequeño local de ventas llamado "El bazar de las Monjas", aunque ellas lo apodaron como "El Mano de Monja". Allí se venden ocasionalmente, además, artículos para la misa como casullas, estolas, palias y hostias.
El terremoto del 5 de marzo de 1985 causó varios daños al templo, obligando a realizar reparaciones. Peor fue el terremoto del 27 de febrero de 2010, cuando había 11 monjas adoratrices residiendo en el monasterio. El sismo dejó grandes marcas que obligaron a mantenerlo cerrado por un buen tiempo, ante el peligro de desmoronamientos. Tras las reparaciones, obtenidas en gran parte por el esfuerzo personal de las hermanas y la ayuda de otros monasterios, fue abierto otra vez aunque aún están a la vista algunos efectos de los daños, con parches de restauraciones que afean su aspecto, pinturas murales y decoraciones. El fondo del altar mayor fue otro de los lugares más castigados, como lo demuestran sus varias reparaciones reconocibles a simple vista.
Figurando en el catálogo de Inmuebles de Conservación Histórica de la Ilustre Municipalidad de Santiago (Ficha N° 296), el templo está reabierto para los devotos de la adoración perpetua, además de las celebraciones de la propia Iglesia, como el bicentenario de la fundación de la orden y el cincuentenario de la ordenación sacerdotal del  Padre Iván Germain. Incluso ha sido dispuesto para algunos eventos culturales, como conciertos ciudadanos de 2015 y 2016.

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