jueves, 30 de mayo de 2019

EL FANTASMA DE UN DECAPITADO DE ARICA

Truco fotográfico del siglo XIX. Fuente imagen: aminoapps.com.
Coordenadas: 18°28'47.8"S 70°19'15.0"W (lugar de las supuestas apariciones)
A pesar de que en sus orígenes correspondía a las afueras de Arica, el cruce de las calles Cristóbal Colón y Yungay es uno de los más históricos de la ciudad, con la famosa Casa Bolognesi o Casa de la Respuesta, siempre con bandera peruana, y en la esquina vecina el Inmueble de Conservación Histórica del antiguo Instituto Comercial, además del lugar del Edificio de la Caja de Empleados Particulares.
Este tramo de calle Yungay era llamado antaño Ayacucho. A la sazón, los claustros religiosos a espaldas de la Iglesia de San Marcos llegaban al borde de la misma calle Colón. Yungay desciende hacia el puerto por el costado del Morro de Arica, tomando la pendiente del terreno en un barrio residencial. Algunas atracciones turísticas del entorno son el cercano Mercado de San Francisco y el Museo Arqueológico de Sitio de Colón 10, además de la proximidad al acceso peatonal oriente del Morro.
Sin embargo, en el rango de lo intangible se agrega otro elemento de valor cultural para este punto específico de la ciudad nortina: la antigua leyenda de un descabezado que, supuestamente, se aparecía justo allí, causando terror entre los residentes. Aunque sin duda se trata de una tradición ya en retirada, no deja de ser interesante en sus pocos pero intrigantes detalles.
La leyenda, además, da nombre a un recientemente publicado trabajo breve de la escritora local Patricia Mardones, en donde aborda ésta y otras tradiciones ariqueñas: "El hombre sin cabeza y otras leyendas de Arica urbana". Aunque la historia se siga perdiendo en folklore, sin embargo, no deja de tener ese sombrío encanto para el repaso de la misma.
Detalle del "Plan d'Arica, sur la cote du Perou" de 1822, de Joseph Lartigue, publicado en Francia. Se observa el sector al pie del Morro de Arica en donde aún no se trazaban la calle Yungay. La de Colón es la que pasa por atrás de la gran manzana religiosa, correspondiente a San Marcos. Fuente imagen: David Rumsey Map Collection.
Detalle del "Plano del puerto de Arica destacando área central y puerto" de Nicanor Boloña, 1923. Se observa el sector de calles en donde el folklore localiza las apariciones fantasmales: Colón con Yungay (Ayacucho).
Portada de trabajo titulado "El hombre sin cabeza y otras leyendas de Arica urbana" de Patricia Mardones.
Según cuenta la leyenda de marras, la historia del horripilante fantasma se remonta al siglo XIX, por el período en que Arica quedó en manos de Chile durante la Guerra del Pacífico. El sector ocupado después por el Edificio de los Empleados Particulares, tenía por entonces un lúgubre y penoso conventillo, que reunía en sus salas, chiribitiles y garitos a residentes y visitantes relacionados con los más deplorables bajos fondos de la ciudad.
En aquel lugar y sus pasillos, los gañanes y las prostitutas se mezclaban entre criminales y asesinos de todo tipo, bebiendo y planeando sus delitos. Algunos de los personajes más temidos de la Arica de esos años frecuentaban el lugar.
En las borracheras, como era esperable, se desataban sangrientas peleas. Las discusiones varias veces pasaron a enfrentamientos con armas y terminaron en homicidios, fastidiando a la policía que, simplemente, no se atrevía a hacerse presente en el lugar, por lo que las muertes solían quedar impunes. "Cuentan que el conventillo era uno de los dominios del Diablo y que por eso ocurrían ahí tantos delitos sin resolver", anota Mardones sobre este oscuro sitio.
En una de aquellas violentas pendencias, uno sujeto murió asesinado y su cabeza fue cercenada por el o los homicidas, posiblemente para impedir que fuese reconocido. Lo lograron, además: ni el muerto ni su verdugo pudieron ser individualizados, según la misma leyenda.
Bajada de Yungay hacia el puerto.
Vista de calle Colón hacia el centro de la ciudad.
Cruce de las calles Colón y Yungay. La Casa Bolognesi, atrás.
El inmueble de conservación histórica, en el mismo cruce.
Para darle sepultura a los restos del infeliz o tal vez para ocultar el cuerpo, los residentes de aquel conventillo fuera de Dios y de la ley habrían decidido enterrarlo en la profundidad de la tierra del patio del mismo. Allí quedaron sus huesos ocultos, entonces, para la anónima posteridad.
Sin embargo, al no haber tenido sepultura cristiana ni justicia por su muerte, el ánima del fallecido comenzó a aparecerse: lo hacía en la forma de un cadáver decapitado, asomando por el mismo patio del conventillo y causando pavor a todos los moradores y vividores que llegaban al mismo lugar. Según la autora, el fantasma "pena" en las noches, vagando hasta que alguien lo ve y se espanta con la macabra imagen del cuerpo sin cabeza. Y, como sucede con las criaturas de pesadilla de H. P. Lovecraft, es altamente probable que alguien pierda la cordura ante semejante escena, víctima del pánico y la impresión.
Aquel patio maldito estaba en donde mismo se encuentra hoy el jardín del Edificio de Empleados Particulares. Y aunque el conventillo ya ha desaparecido, mucha gente ha asegurado seguir viendo al muerto decapitado en las noches, evitando transitar por el sector en horas de oscuridad.
Existen en Chile varias leyendas de decapitados vagando por rincones de diferentes ciudades, como sucede con el caso de un sacerdote sin cabeza que, supuestamente, se aparecía en el edificio del ex Congreso Nacional de Santiago. Sin embargo, una de las más completas e interesantes parece ser esta de Arica, aportando algunos antecedentes sobre el origen de la misma creencia y del misterioso personaje protagonista.

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