lunes, 13 de mayo de 2019

EDIFICIO MAINO HNOS.: ESPERANDO UN RENACER EN CALLE TEATINOS

El edificio en 1930. Fuente imagen: revista "Arquitectura y Arte Decorativo".
Coordenadas: 33°26'06.1"S 70°39'21.6"W
El Edificio de Renta y Establecimiento Comercial Maino Hnos., ubicado en calle Teatinos 740-750 de Santiago, en la cuadra entre San Pablo y Rosas, se encuentra casi enfrente de la conocida Capilla de Ánimas, aunque su tiempo de esplendor parece haberse perdido en el actual aspecto, muy decaído y desierto. No obstante, se anuncian tiempos mejores para el mismo.
Existe alguna información publicada sobre este edificio, afortunadamente. El lector puede encontrar algo interesante, por ejemplo, en la clásica revista "Arquitectura y Arte Decorativo" N° 10 de mayo de 1930 y, más brevemente, en el trabajo "La arquitectura moderna en Chile: El cambio de la arquitectura en la primera mitad del siglo XX. El rol de la organización gremial de los arquitectos (1907-1942) y el papel de las revistas de arquitectura (1913-1941)" de Max E. Aguirre González, tesista dirigido por Miguel Ángel Baldellou Santolaria, de la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de la Universidad Politécnica de Madrid, obra de 2004.
Para contextualizar, el edificio forma parte del arribo a este sector de barrios santiaguinos de formas de comercio "modernos", aparejadas con el período de cierta madurez industrial, en plenos días del tranvía y la comedia muda en los teatros. La realidad chilena también se vería afectada por la dramática Caída de la Bolsa de 1929 y la depresión de los años treinta, poco después.
Muchas obras particulares de gran inversión, como el Edificio Maino Hnos., tuvieron lugar en este mismo tramo de tiempo, debiendo enfrentar los vaivenes de la economía mundial reflejada en la local durante los convulsionados años que seguirían. Fue éste el caso, por supuesto, con el edificio de calle Teatinos, terminado en 1927 y perteneciente a la sociedad constituida por los hermanos Ricardo y Agustín Maino, miembros de una conocida familia de comerciantes e industriales italianos residentes en Chile
Uno de los accesos exteriores y arcadas del sector interior de almacenes. Fuente imagen: revista "Arquitectura y Arte Decorativo" (1930).
 A la izquierda, detalle de la casa de don Víctor E. Barceló. A la derecha, living y comedor del señor Gastón Ruddof. Fuente imagen: revista "Arquitectura y Arte Decorativo" (1930).
A la izquierda, comedor del señor Gastón Ruddof. Al centro y la derecha, espacios de la casa de don Víctor R. Barceló. Fuente imagen: revista "Arquitectura y Arte Decorativo" (1930).
Comedor y salita de la casa de la señora Silva de Cruz. Fuente imagen: revista "Arquitectura y Arte Decorativo" (1930).
Publicidad de la Gran Maletería Mercantil de Cueros S.A. en los años cuarenta, ubicada en el primer piso del edificio. Imagen publicada en la revista "En Viaje" de Ferrocarriles de Chile.
Corresponde a una arquitectura modernista de esos mismos rasgos art decó enfatizados en la arquitectura monumental e institucional italiana, en esos años de apogeo racionalista-fascista. La fachada convive con pilastras neoclásicas, detalles artísticos del concreto y otros integrismos que lo perfilan como un edificio especialmente ecléctico, en sus tres pisos.
Con 1.450 metros cuadrados, el Edificio de Renta y Establecimiento Comercial Maino Hnos. fue diseñado por el arquitecto ítalo-chileno Leonello Bottacci, el mismo autor de otras importantes obras del período, como el edificio de la Capitanía de Puerto de Mejillones.
A inicios de los treinta, era considerado todo un hito en el surgimiento del integrismo estilístico moderno de la urbanística chilena y los movimientos de vanguardia. Este espíritu se repite en los elementos interiores del inmueble, como las arquerías art decó, los pasamanos y los postes de la escalera y las artísticas vidrieras.
La revista "Arquitectura y Arte Decorativo" no se reservaba elogios para la obra de Bottacci en aquel vecindario de hoteles y trenes:
"Este edificio, sencillo y bello sin pretensiones, es uno de los que mayormente contribuyeron a la pesada labor de lanzar y dar a conocer la línea moderna de Santiago, obra ya realizada y consagrada hoy día. Su arquitecto ha sido calurosamente cumplimentado por ello, y sin lugar a dudas, su obra que refleja un refinado gusto y una elegancia pura sin amaneramientos, sirvió para hacer caer muchos prejuicios arraigados sobre las estéticas pasadas y probó que se puede edificar en estilo moderno con sobriedad, con elegancia y belleza comparables a las más puras líneas clásicas.
El edificio es todo de concreto armado. Comprende un gran almacén y bodega subterránea para establecimiento comercial de sus propietarios los Sres. Maino Hnos; pisos 2° y 3° para renta y una amplia terraza.
Los pisos 2° y 3° constituyen cada uno dos casas de arriendo con todas sus comodidades y en sus decoraciones interiores, puramente modernos, reflejan el aspecto general del edificio.
Los vitraux y pinturas de los interiores llaman especialmente la atención, así como la simplicidad y estilización de las esculturas de la fechada que forman cuerpo con la arquitectura general y valorizan la pureza de su línea.
Concluido hace ya tres años, cuando la oposición al modernismo era todavía general, el nombre de Leonello Bottacci, su autor, puede figurar al lado de esos otros arquitectos y luchadores tenaces que con su esfuerzo impusieron el estilo nuevo, al lado de los Ricardo González, los Edwards Matte y Bieregel, los Vargas Stoller en Valparaíso y otros que se nos escapan".
El mismo artículo concluye informando de las compañías y profesionales que fueron parte de la ejecución de las obras:
"A esta interesantísima obra del Sr. Bottacci contribuyeron con especial acierto los siguientes colaboradores:
Contratista General: Sr. Manuel Lobos.
Contratista de Estucos: Sr. Cayetano Sanz.
Ferretería Artística: Sr. Ángel Sartori.
Pinturas y Bronceados: Sr. Lorenzo Reyes.
Instalaciones Eléctricas: Raab, Rochette Roca y Cía.
Vitraux y Vidrios: Casa Dell Orto.
Parquets: Fca. Nacional de Parquets A. y V. Küpfer".
Por su parte, Aguirre González sentencia lo siguiente sobre las características del edificio, según aparecen descritas en la recién citada revista:
"La situación revela que se mantenía vigente el concepto de estilo para denominar la apariencia de los edificios, aunque su expresión no se ajustara rigurosamente a lo que había sido su aplicación histórica. Bajo esa idea, y teniendo en cuenta que los estilos tradicionales estaban en crisis, no era extraño que las nuevas formas que introducía la evolución moderna fuesen consideradas otro estilo sin más. Ligada a esa actitud se mantenía la ornamentación, que en ese contexto terminaba siendo materia prima de lo que se denominaba estilo. La decoración, la mayoría de los casos totalmente desvinculada de la estructura y el espacio definido por ésta, solamente revestía las superficies de las fachadas asumiendo un rol exclusivamente esteticista, salvaguardando los últimos vestigios del sentido de belleza al que tradicionalmente se había creído debía responder una obra arquitectónica. La situación era ambivalente: por una parte reflejaba la decadencia de un arquitectura identificada con los estilos históricos y con la estética de la belleza, y por otro, ponía en evidencia la búsqueda desorientada, pero búsqueda al fin, de un nuevo orden formal y de una nueva estética. Esto buscaba sustituir al sistema anterior y dar significado a las nuevas formas, más allá de la sola explicación por innovación tecnológica".
Los primeros residentes de los departamentos del edificio fueron el señor Víctor E. Barceló, la señora Silva de Cruz y el señor Gastón Ruddof. Al parecer, hubo también algunas fiestas copetudas en algunas de sus dependencias o su terraza, por esos años.
En el número 742-744 de los bajos comerciales del mismo edificio, entre sus dos entradas hacia los pisos superiores estaba la Gran Maletería Mercantil de Cueros S.A., próspera empresa que, según entendemos, sería propietada después por el español Casto Carretero Molano. Su ubicación cercana a la Estación Mapocho pudo tener alguna relación con el arribo de clientes desde entre el intenso tráfico de usuarios del ferrocarril y los varios hoteles del barrio.
Tiempo después, hacia mediados del siglo XX, aquel antiguo local fue ocupado por la maletería y marroqinería Heba S.A.C. y sus talleres, permaneciendo consagrado al mismo rubro y marca hasta 2014, cuando el edificio fue desocupado y puesto en venta, permaneciendo todavía sus cortinas abajo, en estos momentos.
A pesar de las dudas sobre la continuidad del edificio en la historia de la ciudad, hace poco se implementó un interesante y oportuno proyecto a cargo del arquitecto Bernardo Valdés, de acuerdo a información publicada por la inmobiliaria Malvas. Los planes incluyen habilitar un gran local comercial en los bajos y de cara a la calle, en donde estuvieron almacenes y maleterías, y un hostal que ocuparía el segundo y tercer nivel del suntuoso edificio. Ya se han observado algunos trabajos de retiro y movimientos al respecto en el edificio.
Mientras tanto, todavía puede leerse en la fachada, con letras de caracteres modernistas, el sello original del edificio y de sus establecimientos comerciales: Maino Hnos.

1 comentario:

  1. Buenísimo. Ojalá se pueda recuperar este edificio tan hermoso. No cabe duda que este blog es un aporte para la ciudad.

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