miércoles, 3 de abril de 2019

LA CASONA DE LA SALLE: RECUERDOS DEL FUNDO "EL PROVENIR" EN LA FLORIDA

Coordenadas: 33°32'40.5"S 70°34'04.6"W
Hace varios años, publiqué acá un texto sobre la historia y los recuerdos del antiguo bodegón del Instituto de La Salle de La Florida, cuyo origen se remontaba a los tiempos en que esta propiedad había sido de terrenos agrícolas con una importante viña del sector precordillerano de Santiago.
Bien, es hora de hablar de su gran chalet: la Casa o Mansión de La Salle, que fuera parte del mismo fundo original y que, a diferencia del bodegón, aún se encuentra en pie, formando parte del complejo educacional, con frente hacia avenida La Florida, ocupando el número 9742, a la altura del paradero 20 de la misma vía.
Este inmueble es uno de los últimos que quedan de las antiguas estancias y chacras que existían en todo este lado otrora campestre de Santiago, en lo que ahora son las comunas de La Florida y Puente Alto, desaparecidos precisamente en los procesos de urbanización del territorio, aún en curso en varios sectores, de hecho. La cantidad de bodegas en ruinas que quedaron de aquella época (en las calles San Carlos, Los Toros, Las Tinajas, El Hualle Sur, etc.) son otros testimonios de la época de huasos a caballo y de la fuerte actividad vitivinícola que estuvo asentada acá.
En el caso particular de la Casa de La Salle, es claro que ahora luce bastante bien conservada pero, con el tiempo, los lasalianos y administradores del instituto han ido cercándola y alejándola del acceso al público, impidiendo algo que era posible todavía en la proximidad del año 2000 y hasta la construcción del nuevo acceso. Hay algo de Síndrome de Área 51 en este excesivo celo, sin duda, pero también abundan las razones para avalar estas medidas, a causa de las malas experiencias provocadas por extraños ingresando a este recinto, como fue el incendio intencional de su gran bodegón, sucedido en los años noventa.
Me resultó imposible conseguir acceso a la mansión para tomar fotografías, entonces. Ya no es como se podía hacer tan fácilmente años atrás, por desgracia, dificultando incluso las visitas y entrevistas, esas que antes estaban anunciadas en un cartel junto a sus jardines, para quien quisiera solicitarlas. Sin embargo, encontré algunas viejas fotografías de la misma, tomadas por mí hacia 1993, que publicaré acá como apoyo, además de las imágenes históricas que tengo a mano.
 La casona de don Alejandro Marambio, en los años veinte. Fuente imagen: "Chile Agrícola", del Coronel I. Anabalón y Urzúa (1922).
El mismo inmueble visto desde el sector de los huertos y el gran bodegón. Fuente imagen: "Chile Agrícola", del Coronel I. Anabalón y Urzúa (1922).
Los cuatro productos principales del Fundo "El Porvenir": el ginger-ale, el vino Rhin, el jugo de uva y las manzanas de sus vastos frutales. Fuente imagen: "Chile Agrícola", del Coronel I. Anabalón y Urzúa (1922).
Retrato fotográfico de don Alejandro Marambio S. Fuente imagen: "Chile Agrícola", del Coronel I. Anabalón y Urzúa (1922).
EL FUNDO "EL PORVENIR"
El Fundo "El Porvenir", con su ilustre Viña Marambio, se ubicaba a 3 ó 4 kilómetros de la Estación Bellavista del ferrocarril a Puente Alto y Pirque, más o menos a 30 minutos en tren desde la desaparecida estación de salida, en lo que ahora es la entrada de Parque Bustamante. Era uno de los fundos rústicos más importantes de La Florida, cuando esta comuna pertenecía todavía al Departamento de La Victoria.
La propiedad, de carácter agrícola e industrial remontada a la segunda mitad del siglo XIX, tenía una superficie de 105 hectáreas y pertenecía en su mejor momento al empresario, comerciante, abogado y exagregado dipomático chileno en Uruguay y Paraguay, don Alejandro Marambio, con domicilio en calle Dieciocho 497 de Santiago. Éste la había recibido de su padre y primer propietario, don Nicanor Marambio, recordado como uno de los ilustres fundadores de la comuna.
En su "Chile agrícola" de 1922, el Coronel I. Anabalón y Urzúa describe de la siguiente manera al Fundo "El Porvenir":
"Al sur-oriente de Santiago y al pie de los primeros contrafuertes de la Cordillera de los Andes -departamento de La Victoria, comuna de La Florida-, está situado, de oriente a poniente, el valioso rectángulo de tierras de migajón, regadas con las primeras aguas del Canal San Carlos, que forma el Fundo el Porvenir, de propiedad de don Alejandro Marambio. Los terrenos son uniformes en su calidad y estructura topográfica, salvo las ligeras ondulaciones de los suaves lomajes que los integran. Está este predio totalmente amurallado, circuido por un muro de 40 cuadras de largo, en perfecto estado de conservación. Alcanza su mayor extensión o dimensiones hacia el oriente, y la fachada de sus casas, confortables y hermosas, miran hacia el occidente.
Pueblan El Porvenir: más o menos 70 personas, entre hombres, mujeres y niños; tiene 15 casitas para inquilinos, todas buenas, con 4 piezas, media-aguas, y un huerto aproximado de 1/4 de cuadra. Percibe cada peón un salario que varía entre 2 y 3 pesos diarios y su ración de comida, en crudo o cocinada, según el gusto de cada cual.
El señor Marambio querría que cada viviente de su predio tuviera, en su casa y para su uso, un huerto de árboles frutales a semejanza del gran huerto del fundo; no lo ha podido conseguir, a pesar de haberles obsequiado plantas y púas forestales previa promesa de facilitarles elementos de labranza, cosa que, por otra parte, es corriente en su propiedad. He aquí un detalle que da la medida del espíritu quietista y desidioso de nuestros compatriotas.
Algo llama la atención en quien visita el predio rústico que nos ocupa, es su sistema de trabajo, o sea, el modus operandi: la manera de hacer las cosas. Allí nada es superfluo; y en cada faena trabaja el número de obreros absolutamente indispensable. Se ha tomado también, muy en cuenta, la capacidad del individuo en relación con la labor que va a desarrollar, especializando hombres y tareas de acuerdo con un concepto yanqui de los negocios. Lo superfluo, lo decorativo, lo redundante han dejado su lugar a lo útil, lo que es esencial y positivamente práctico.
El Porvenir tiene, actualmente, un cultivo intensivo; su hermoso paño de terreno, grueso y permeable, como todos o casi todos los del Llano del Maipo, ofrece a las miradas un conjunto ejemplar. Seis años atrás fue tasado, para los efectos de la contribución fiscal, en la suma de $500.000 y, sin embargo, sólo en edificios hay allí más de $300.000 y, año a año, produce a su dueño de 90 a $100.000 líquidos, y tiene capacidad para aumentar esta cifra en un 50%".
Poco después, así describirá el lugar de la Viña Marambio, justo al año siguiente, el "Álbum de la Zona Central de Chile" con informaciones agrícolas:
"VIÑA 'MARAMBIO' (antiguo fundo Porvenir) de don Alejandro Marambio, ubicada a 3 kilómetros de la Estación Bellavista, del Ferrocarril de Pirque. Tiene una superficie de 105 hectáreas planas regadas con primeras aguas del Canal San Carlos. Sus principales explotaciones son: Viña que ocupa una extensión de 21 hectáreas de uva escogidas para la fabricación de Jugo de Uva, embotellándose toda la producción en el mismo fundo (300.000 botellas anuales) que expende en el país y en el extranjero. Cuenta con una instalación completa de maquinarias, etc.
Posee una plantación de árboles frutales, especialmente manzanos (5.000 árboles), para explotación, duraznos, nogales, membrillos, etc. Chacarería en general. Pastería: enfarda pasto alfalfa.
Tiene buenas casas habitación, gran chalet, grandes bodegas (de altos) y vasijas de roble americano, adecuadas para la producción de vino, dos casas habitación y 15 casas de inquilinos, material sólido".
El fundo contaba con maquinarias de punta para aquel entonces, como dos prensas tipo Mabille, dos calderos (uno vertical y otro horizontal), un motor a bencina, bombas de aire y de agua, concentradores, lavadoras, filtros, máquinas para embotellar y pasteurizadores de leche. También tenía carretas, carretones, vasijas de transporte, útiles de labranza y corrales con los bueyes y caballos utilizados en las tareas.
Vista de los huertos, viñas y frutales de "El Porvenir". Fuente imagen: "Chile Agrícola", del Coronel I. Anabalón y Urzúa (1922).
El bodedón en su mejores momentos, visto desde la casa y sobre el murallón que dividía los patios de los viñedos. Fuente imagen: "Chile Agrícola", del Coronel I. Anabalón y Urzúa (1922).
El bodegón de La Salle hacia 1993, visto desde los balcones de la casona o mansión del colegio, poco antes de su incendio y destrucción.
LA CASONA DE LA SALLE
La casona con aires palaciegos en la propiedad, se remonta a esos primeros y prósperos años de "El Porvenir", con el aspecto definitivo que ofrece presumiblemente cerca del 1900-1910, a juzgar de lo que es visible de la misma.
Empero, los hermanos de La Salle calculan que podría remontarse a tiempos de la Guerra del Pacífico o poco después, tal vez siendo mejorada posteriormente. Si pensamos que don Nicanor Marambio fue elegido segundo alcalde tras la creación de la Comuna de La Florida en 1899, cuando ya se hallaba residiendo en esta propiedad agrícola, no resultaría descabellado que el inmueble original se remonte a 1880-1890, aproximadamente. Recordemos que los orígenes de la comuna están en el fundo "La Florida", creado por don Francisco Rojas Salamanca en 1874, y que el tren llegó hasta allá hacia 1891.
A mayor abundamiento, don Nicanor fue uno de los primeros habitantes de la futura comuna floridana, junto con otros estancieros y productores agrícolas, como observa el investigador de historias comunales don Raúl Peña y Lillo Valenzuela. Entre ellos, estuvieron Elvira Ossa de Cruchaga dueña de "Florida Alto", Roberto Huneeus también con quinta de su apellido, Francisco Domínguez dueño de "Hijuela Angosta", Manuel Zabala propietario de la chacra "Taparacá", Victorino Rojas Magallanes dueño del fundo "La Florida" (cuya hermosa casona fue destruida hace pocos años, en avenida Vicuña Mackenna), don Vicente Valdés dueño del fundo "Las Mercedes", doña Tránsito Rossel viuda de Sotomayor dueña de la hijuela "San José de la Estrella" y don Carlos Walker Martínez dueño del fundo "Santa Sofía de Lo Cañas".
El inmueble de los Marambio, también era una de esas bellas residencias aristocráticas precursoras de la comina. Su planta mide, al ojo, alrededor de 40 metros de fondo por 20 metros de ancho, y presenta mucha simetría arquitectónica en su distribución de vanos, balcones con balaustras, escalas monumentales y torretas laterales con aspecto de chapiteles.
Detallando más sobre la casa, el edificio se corresponde con un estilo neoclásico de aparente influencia victoriana británica y algo de neorrenacentista italiana. De mucho trabajo en madera y adobe sobre basamento y zócalo en materialidad más sólida, se distribuye en dos niveles, el primero con porche de pilares formando un corredor inferior, además de pasillos con arcadas laterales, mientras que el segundo se eleva sobre el techo. Las torres laterales llegan a tercer nivel ciego y un cuarto con mirador.
Como se aprecia, la mansión ya no tenía el aspecto solariego que aún mantenían algunas casas patronales en el siglo XIX, sino más pretensiones de mansión europea, o más precisamente de chalet, como hemos dicho.
Este inmueble era la principal vivienda de la propiedad, la antigua casa patronal de don Nicanor, porque las otras eran muy menores, para los inquilinos, instalaciones de trabajo y la gran bodega doble ubicada más atrás, en el mismo terreno. También era de la residencia de descanso de los Marambio dentro de la propia región, cuando la heredó don Nicanor a su hijo. Aparece retratada en imágenes que publica el "Chile agrícola" de 1922, quizá por primera vez.
El inmueble y sus jardines en 1993. Un amigo de la época en la imagen. Se observa que estaba exactamente al lado del camino de ingreso al Instituto, accesible al público.
Una de las torres de la mansión, en la misma época.
Las magníficas escaleras de ingreso, en 1993. La hornacina central era utilizada ya como una pequeña gruta mariana.
LOS REPUTADOS VINOS "MARAMBIO"
La Viña Marambio de "El Porvenir" llegó a ser una de las más importantes del país. Fue célebre por sus productos de buena cotización y valores muy convenientes en esos años. Por mucho tiempo, uno de ellos fue su producción estrella el solicitado vino "Marambio", preparado en este sitio desde inicios del siglo XX.
El vino era el llamado comercialmente "Rhin Marambio", y se lo embasaba en botellas de forma redonda, muy pintorescas y parecidas a las que también usaría para sí la Viña Undurraga, guardando cierta semejanza o lógica de formas con una cantimplora o una botija antigua. La medida debe haber rondado entre un tercio y un medio de litro, aproximadamente.
Las botellas eran depositadas en las enormes bodegas del fundo, alcanzando el número de 4.000 cajones sólo 20 años después de haber comenzado esta actividad vinícola en la propiedad. Esas enormes y hermosas bodegas vineras, usadas para almacenar toda la producción embotellada del fundo, también fueron descritas en el "Chile agrícola" de 1922:
"Las bodegas de El Porvenir son extensas, anchas y altas, todas de gruesa muralla y, como en la generalidad de las construcciones antiguas, están hechas a todo costo y a prueba de accidentes, y servidas por un pequeño decauville; podrán almacenar la producción casi total del fundo en cinco y hasta diez años consecutivos".
La venta del famoso vino "Rhin Marambio", en tanto, era de $60 por cajón de botellas, precio bastante conveniente para la calidad que se le adjudicaba al producto, definido como de sabor noble y viejo, algo que favoreció su popularidad.
Aquellos vinos fueron los que pusieron en lo alto el nombre de su propietario e iniciador del producto, don Nicanor Marambio, y ligaron a la actividad al apellido familiar. Él llegó a tener una presencia importante en la Sociedad de Fomento Fabril, precisamente por esta industria.
Sin embargo, al comenzar los años veinte, don Alejandro Marambio tomó una radical decisión de negocios, y comenzó a orientar la principal producción industrial de su viña hacia productos no alcohólicos, cambiando los vinos por jugos de uva y varias hectáreas de las cepas por árboles frutales como manzanas, duraznos y otros. De alguna manera, entonces, la segunda generación Marambio se cuadró con el espíritu y la moral que promovía por entonces la Liga Contra el Alcoholismo, de la misma manera que lo había hecho también el empresario agrícola Ascanio Bascuñán al producir en su fundo de viñas y palmas chilenas "Las Palmas de Ocoa", sólo bebidas sin alcohol como jugos de uva y chichas cocidas.
A la sazón, entre 50 y 60 hectáreas de "El Porvenir" estaban destinadas a las plantaciones forestales y 25 en la base de la lechería que allí funcionaba. Sólo 20 hectáreas pertenecían a la viña. Las parras de ésta, eran renovadas permanentemente cuando estaban ya envejecidas o enfermas, por lo que había mucho interés en preservar la calidad y el rendimiento de las plantaciones.
Había sido por los vinos, además, que el nombre del Fundo "El Porvenir" había ido siendo desplazado por el de Viña Marambio, apareciendo así después, en las guías agrícolas de Santiago.
Con unos amigo de entonces, al costado de la mansión entre los árboles de sus patios, en 1993. Por su factura, este sector de arcos parece haber surgido de intervenciones posteriores en el inmueble.
La casona no estaba en total buen estado, en aquellos años.
Vista del pasillo de arcadas, en el nivel inferior, ala Sur, 1993.
Detalles de la balconería y las balaustras, en 1993.
LOS JUGOS "MARAMBIO"
Otro de los principales productos del fundo, especialmente en aquella etapa analcohólica, fue un jugo de uva también con la marca "Marambio", que había creado y comenzado a comerciar el patriarca don Nicanor, ganando la Medalla de Oro de la Exposición de Buenos Aires de 1910, de hecho.
Ofertado como tónico o vino sin alcohol, el cuerpo médico de Santiago había elogiado antes al producto y descrito sus propiedades, en un informe que decía del mismo en 1902 y como parte de la difusión que hacía la mencionada Liga Contra el Alcoholismo:
"El Jugo de Uva preparado en la Viña del señor Nicanor Marambio, por su falta de alcohol y de materias antisépticas extrañas, a la vez que la presencia de sus elementos naturales como glucosa, extracto seco y los principios aromáticos propios de la uva, es una bebida tónica, nutritiva y agradable.
Es, además, una bebida digerible y asimilable que se transforma en fuerza viva en el organismo sin las desventajas que tienen las propiedades paralizantes de las bebidas alcohólicas.
Estas cualidades lo hacen recomendable en todas las enfermedades en que la digestión y la absorción son difíciles, tales como el catarro intestinal, constipación habitual, embarazos, etc.
Siendo de todos reconocido que las bebidas alcohólicas son principalmente perjudiciales a los dispépticos, a ellos preferentemente le recomendamos su reemplazo por el Jugo de Uva esterilizado.
Asimismo, recomendamos su uso en todas aquellas enfermedades en que la nutrición languidece, como la tuberculosis, la anemia, la clorosis, etc.
En aquellos pacientes que sufren enfermedades mentales, neuralgias, neurosis, se impone también el jugo de uva, pues el alcohol es muy perjudicial sobre todo cuando es su factor causal, lo que sucede con mucha frecuencia.
En las fiebres, en la digestión y la absorción son muy difíciles y el desgaste del organismo es enorme por la gran cantidad de producción de calor que se opera en el cuerpo, el Jugo de Uva puede economizar por su combustión, en gran parte, este desgaste; lo cual su administración en estos estados ha producido resultados lisonjeros.
El Jugo de Uva esterilizado, llamado con mucha justicia en Europa vino sin alcohol, debe consumirse en el mismo día que se abre la botella, pues de lo contrario puede descomponerse y perder las propiedades arriba enumeradas.
Nos hacemos, pues un deber en recomendar su uso a los enfermos, especialmente en los hospitales, donde creemos que está llamado a reemplazar ventajosamente el vino común.
En Santiago, Marzo 1° de 1902
Dr. Carlos Fernández Peña - Dr. Temístocles Reyes, Profesor de Higiene en la Escuela Militar - Dr. F. Landa Z. - Dr. Moisés Amaral - Dr. J. Rodríguez Barros - Dr. Daniel García Guerrero, Profesor de Clínica Media - Dr. David Frías, Profesor Extraordinario de Obstetricia - Dr. Bernabé Rojas Carvallo - Dr. Aureliano Oyarzún, Profesor de Enfermedades del Estómago - Dr. Otto Philippi - Dr. R. Hidalgo P."
Para producir dicho jugo, se destinaron de las 20 hectáreas de uvas, principalmente aquellas de variedades torontel y semillón. Éstas producían cerca de 2.000 a 2.500 arrobas anuales del producto.
Cerca de una docena de empleados, hombres y mujeres, trabajaban bajo órdenes del técnico alemán Julio Weidlin, embotellado hasta 4000 unidades diarias del jugo, en botellitas de un tercio de litro. Producía así cerca de 300.000 botellitas anuales, varias exportadas a buenos precios hasta Argentina, Brasil y Uruguay, además de extracto o jarabe concentrado de uva, con 35° de azúcar, que llegaba a los Estados Unidos al excelente valor de un dólar la botella.
Las botellas de jugo eran vendidas a $0.50 cada una, disponibles a domicilio, según informaba el "Chile agrícola" de Anabalón. Al principio, este jugo de uva tenía un 10,5° de azúcar, pero las preferencias de los propios consumidores obligaron a bajarlo a 8°, según la misma fuente.
La mansión, vista desde el ingreso al Instituto.
Detalle de la torre derecha y su remate.
Fachada de la casa, tal como se ve ahora.
Fachada vista desde avenida el sector del ingreso.
OTROS PRODUCTOS DEL FUNDO
Además del jugo de uva y el vino, el fundo "El Porvenir" producía otras bebidas sin alcohol, como la ginger-alé "A.M.S." (iniciales del dueño). Embotellaba cerca de 100.000 unidades anuales, de un cuarto de litro cada una, a precio económico y con buena recepción en el público, por lo que llegó a ser otra marca popular en el mercado de aquellos años.
Las manzanas del fundo eran también un producto reconocido por su calidad, con 15 hectáreas destinadas a estos árboles, plantados cada cinco metros y capaces de producir de 300 a 400 manzanas cada uno. El paisaje de los manzanares, además, era juzgado como de enorme belleza en esos años, tanto por la estación en que crecían las manzanas en ellos como en las más frías, de brumas y neblinas cayendo sobre el campo. Para fumigarlos, se utilizaba arseniato de plomo, plaguicida con el que se combatían pestes como la oruga de la mariposa nocturna y el pulgón lanífero, entre otras.
Todas las manzanas eran variedades de exportación, como Huidrobro, Bunster y Howard, y su calidad era considerada a nivel hors-concours. Sumaban una producción de alrededor de 3.000 cajones anuales enviados enteramente a los mercados de Buenos Aires, embaladas en cajas de tipo standard, flexibles y de pequeño tamaño, con capacidad para 100 a 140 manzanas cada uno, alcanzando así unos 20 kilos.
La subdivisión de los cultivos en los terrenos frutales era, aproximadamente, la que sigue: 40 hectáreas de la viña, dividida en 15 cuarteles (semillón, torontel, cots y cabernet), de las que salían 4.000 arrobas, destinándose poco más de la mitad de ellas al mencionado jugo de uva y el resto a los vinos; 30 a 35 hectáreas de los árboles frutales, sumando 5.000 ejemplares distribuidos en 15 hectáreas de manzanas, tres y un cuarto de hectáreas para duraznos (variedades Waterloo, Zaragoza, Santa Helena, Blanquillo y otras), una y media hectáreas para membrillos, siete y media hectáreas para nogales (introducidos con la reformulación del negocio en los años veinte), y el resto para plantas pequeñas, olivos, castaños y otros.
Alejandro Marambio fue, por todas estas razones, uno de los primeros productores de fundos agrícolas que inició la exportación sostenida de sus productos frutales, con exitosos resultados.
Finalmente, "El Porvenir" fue también un gran productor de pastos: de 3.000 a 4.000 quintales de pasto aprensado y de 28 a 33 kilos de alfalfa, forma coliza. Las hectáreas destinadas a esta producción sumaban 25 ó 30, hacia 1922. Aprovechando estas capacidades, entonces, con los cambios que introdujo don Alejandro se implementó una lechería, adjunta a esos terrenos.
El inmueble, observado desde avenida La Florida, rodeado por palmeras, pinos, araucarias, olivos y otros antiguos árboles originales del fundo.
Acercamiento a parte de la fachada, vista desde la avenida. Queda el tocón de un enorme y añoso árbol que fue cortado casi enfrente de su acceso.
Antiguo tornillo de compuertas y esclusas subterráneas para los regadíos, cerca de donde estaba la bodega y en donde existieron las viñas del fundo.
Paisaje precordillerano, visto hoy desde donde estaban las viñas y huertos.
LA LLEGADA DE LOS HERMANOS DE LA SALLE
Sin embargo, la actividad económica de la exviña en "El Porvenir" ya estaba casi totalmente cesada cuando llegaron allí los sacerdotes, tras adquirirla. Muy atrás había quedado, entonces, la marca "Marambio", con sus jugos y sus vinos, aunque sobrevivía allí parte de las viejas instalaciones del fundo, incluidas la casona y la bodega.
Los hermanos de La Salle llegaron a la propiedad en los años cincuenta. Estos sacerdotes construyeron en diferentes etapas el complejo educacional que existe allí, con pabellones, canchas y otras dependencias. Hacia atrás del terreno, quedó aislado parte del campo, que siguió explotándose.
El contexto de la ocupación lasaliana del fundo tuvo lugar luego de que, en marzo de 1954, el Hermano Visitador provincial del Instituto La Salle cediera las instalaciones de la Casa de Formación al nuevo Colegio de La Salle, en Avenida Ossa llegando a Tobalaba, en actual comuna de La Reina, trasladándose con su gente hasta el sector de la Comuna de La Florida. El lugar al que llegaron era denominado El Vergel, precisamente en donde habían estado el Fundo "El Porvenir" y su Viña Marambio, instalando allí su nueva morada e internado.
Era un lugar todavía retirado, en el alguna vez llamado Camino que va de Santiago a San José de Maipo, después identificado como avenida La Florida. Se encontraba ocupando aún su amplio sector cercano al exfundo "Las Mercedes" por el Norte y el llamado Callejón del Agua por el Sur, coincidente hoy con el tramo de avenida Trinidad entre el Canal San Carlos y avenida La Florida. El nombre de este último se debía a una canalización menor que por allí bajaba desde el sector conocido como El Canelo, que más tarde fue entubada.
Aunque más al Sur había otros conocidos fundos, como el de "San José de la Estrella" y "Santa Rosa del Peral", en aquellos años sólo una línea de microbuses llegaba por estas manzanas de camino al Hospital Psiquiátrico Open Door en El Peral, según el sitio web del propio Instituto de La Salle, saliendo su recorrido desde calle Marcoleta hacia Puente Alto. Sin embargo, los hermanos pensaron en grande, a futuro, y el tiempo les dio la razón.
El nuevo Instituto La Salle, entonces, quedó instalado en La Florida hacia fines de esa década, por una una Resolución Exenta de Educación N° 4221 de 1959, dándosele reconocimiento oficial como cooperador de la Función Educacional del Estado. Sólo en 1985, sin embargo, abrió su enseñanza media a alumnos externos ampliando su cobertura educacional y creando otros cursos nuevos. A partir de 1989, cubrirá completamente la educación prebásica, básica y media del alumno. Actualmente, ha sido considerado entre los mejores colegios católicos que existen en Chile.
Cabe observar que las viñas siguieron siendo explotadas por los sacerdotes salesianos del Instituto de La Salle hasta los ochenta. Todavía sobrevive allí el sector de las antiguas viñas, de hecho, hacia atrás de la propiedad, pues, en la práctica, sólo la parte frontal del exfundo fue utilizada para las instalaciones del complejo educacional masculino que existe hasta nuestros días allí. En aquellos antiguos huertos y viñas hoy quiere implementarse una gran área verde, correspondiente al Parque La Salle.
El vetusto y macizo murallón exterior, con aspecto rural y a veces hasta gallinas o gallinetas paseando a sus pies, comenzó a ser botado  en la época en que comenzaba a consolidarse la apertura educacional de establecimiento. Sin embargo, se mantuvo en pie la enorme bodega de la parte posterior que, como hemos dicho, desapareció tras un incendio en 1994, provocado por intrusos. Esta bodega, de hecho, fue usada como habitaciones del internado, en alguna época del colegio de formación. Después, guardaba en su interior maquinaria agrícola, madera, barricas y un vino tinto producido en la misma hacienda de los curas, que algunos vecinos iban a comprar por botella. No era raro ver huasos a caballo por el sector, todavía en esa época.
La elegante casona, en tanto, fue conservada y reparada en diferentes etapas, pasando un período en que estuvo desocupada, castigada por la vejez y los terremotos. En la última ocasión, hace pocos años, fue restaurada con planchas cobrizas en los techos de sus torretas. Antes, se habían reparado también sus estucos y muros, que ya lucían dañados y con desprendimientos, hasta no hacía mucho. Y, como era inevitable, había quienes aparecen hablando de presencias de fantasmas o embrujamientos en ella, aunque nada de eso confirmaban en el Instituto.
Si bien se observa a la mansión en bastante buen estado para su senilidad, aparece distante y casi atrapada atrás de grandes araucarias, pinos, olivos y palmeras, al fondo de una explanada cerrada usada como estacionamientos de vehículos. Por esto, tristemente, hoy permanece muy apartada del público y ajena incluso al circuito de circulación dentro del recinto.

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