sábado, 16 de marzo de 2019

RUINAS CON MUCHA HISTORIA DEL ANTIGUO HOSPITAL DE ANGOL

Imagen del edificio y su patio, en archivos del Consejo de Monumentos Nacionales.
Coordenadas: 37°47'44.2"S 72°42'19.7"W
Junto al actual Hospital de Angol, en la Provincia del Malleco de la Región de la Araucanía, hay un ruinoso pabellón que llama la atención de los afuerinos de visita o de paso por aquella localidad, en las cercanías del río Rehue y del centro histórico. Está situado en el cruce de Ilabaca con Colipi, y a sus espaldas está el moderno Centro de Salud Piedra del Águila, por calle Cautín.
Son dos pisos de sencillo diseño institucional distribuidos en una planta tipo H, con la línea horizontal descendida hacia el Sur. Con grandes ventanales de influencia neoclásica y marcos complejos, en su patio principal, hacia el Norte, al centro, se eleva aún una hermosa palmera, entre lo que fueron antes los bellos jardines interiores del recinto, de los que quedan también algunos árboles. El resto del paisaje de este lugar luce más bien estéril en algunos períodos, casi eriazo, principalmente por el abandono en que se encuentra desde hace años.
Como suele suceder con estos edificios antiguos y deshabitados, en donde sólo moran palomas y fantasmas de su propia historia, hay algo casi siniestro en él, más aún cuando ofrece marcas de un pasado incendio, de terremotos y de algunas intervenciones imprudentes que han hecho los intrusos que constantemente entran al recinto, saltando o levantando las rejas que intentan protegerlo por casi toda su esquina.
La historia de este gran inmueble comienza en los días de la Guerra del Pacífico, con el empresario y político liberal José Bunster Bunster, oriundo de Tiltil pero a la sazón viviendo en Malleco para reactivar antiguos negocios agrícolas y explotar campos de trigo. Fue el fundador del primer banco de lo que hoy es la Región de la Araucanía, en junio de 1882: el Banco José Bunster. Sólo dos años después, realizó una millonaria donación para la construcción del primer Hospital Civil de Angol, en lo que daría origen al mismo edificio de nuestra atención.
Bunster, que había sido alcalde de Angol entre 1873 y 1875, ha sido una figura esencialmente contradictoria ante el juicio histórico regional: por un lado, colaboró en el desplazamiento de los indígenas sureños y la Pacificación de la Araucanía, pero por otro creó para aquellas familias grandes posibilidades de trabajo en sus muchos fundos agrícolas, molinos, aserraderos, barracas y hasta construcción de tramos ferroviarios. Así, para cuando dona parte de su fortuna destinándola a la construcción del hospital en 1884, el empresario y futuro senador ya era el principal productor nacional de cereales, alcanzando la mitad de la producción nacional y colaborando mucho en el rápido aumento de la población angolina.
El hospital el construcción con los dineros de Bunster, debía acoger a la institución anterior que, desde 1880, era llamada la Hospedería, con servicios hospitalarios precarios. El único servicio de hospital anterior de Angol era de carácter militar, y había sido puesto en marcha a inicios de 1865, no pudiendo albergar a más de 10 enfermos por mes.
Aquellos problemas, sumados al progresivo aumento poblacional de la zona, habían motivado a sus habitantes a iniciar una campaña desde 1883, solicitando la construcción de un hospital suficientemente grande para la demanda de camas y atenciones. Bunster, por supuesto, respondió a estas urgencias, como uno de los grandes responsables y a la vez beneficiados por esta crecida de pobladores locales.
Tras inaugurarse el nuevo conjunto hospitalario, el 3 de agosto de 1884, fue llamado inicialmente Hospital San José y Hospital de la Caridad, a cargo de las Monjas de la Inmaculada Concepción. Luego, pasó a ser el Hospital de la Beneficencia de Angol, u Hospital de Angol, más sencillamente. Se había establecido en un terreno del sector al Norte del río Rehue, en donde actualmente pueden verse su vetusto edificio.
De sólida construcción en albañilería de ladrillo y hormigón armado, sus líneas de arquitectura eran esencialmente racionalistas y muy funcionales. Sus pasillos y salas interiores son de pisos de madera y algunos de baldosas. Originalmente, sin embargo, todo el inmueble era de un piso, con algo del aspecto de las viejas casonas solariegas, ya que el segundo nivel se levanta a inicios del siglo siguiente.
La información institucional del actual Hospital Mauricio Heyermann de Angol, señala que en 1902 se agregó el segundo piso al primer edificio, adoptando la altura y aspecto más imponente de sus fachadas. Intervenciones posteriores parecen haberle dejado marcas más propias del modernismo y del art decó, aunque tenues, siempre dentro de su sencillez, simetría y geométrica. No hemos podido averiguar la antigüedad de las planchas de fierro galvanizado que forman la techumbre, en dos aguas y soportada por gruesas vigas de madera internas.
La importancia de este hospital quedó confirmada casi desde entregado a la comunidad. A pocos años de ser inaugurado, por ejemplo, una grave epidemia de cólera llegó hasta la Araucanía, entre noviembre de 1887 y mayo de 1888, según la ficha del Consejo de Monumentos Nacionales. El recinto se lució sirviendo para la medicina en el combate de este flagelo dentro de la provincia, demostrando lo visionario y precavido que se había sido al permitir este enorme avance para la sanidad de la época, facilitando hacerle frente a esta plaga y también a la temida difteria, poco después. Lo mismo sucedería con el brote de tifus que azotará años más tarde a Angol, en 1920. Del mismo modo, varios de los heridos en el terremoto del 19 de abril de 1949 serían atendidos allí, recibiendo la zona una visita del propio Presidente de la República, Gabriel González Videla, que llegó a la región a recorrer los albergues y centros de atención.
El año 1944, en tanto, había llegado hasta Angol el querido y reputado Dr. Mauricio Heyermann Torres, conocido para la posteridad como "el médico de los pobres". Se desempeñó en este recinto por largos años, dejando una importante e imborrable huella en la historia de la medicina y la sociedad angolinas. Sin embargo, ya entonces el hospital estaba quedando pequeño para las necesidades que debía cubrir, por lo que se hacía urgente la construcción de un moderno nuevo edificio, en la manzana situada justo al lado del antiguo. La primera piedra de este proyecto se colocó en 1962, pero tardando casi diez años más en quedar concluido.
El antiguo Hospital de Angol estuvo en plenas funciones hasta abril del año 1971, cuando casi toda su actividad se trasladó hasta el flamante y moderno Hospital Regional, su vecino recién inaugurado, por fin terminado en la cuadra vecina y que llevará el nombre del ilustre doctor Mauricio Heyermann después del fallecimiento de éste, en 1976.
Llamado desde entonces como el Hospital Viejo, el pabellón antiguo se mantuvo algún tiempo más en actividades menores, acogiendo también centros sociales ligados al mismo hospital, como el Club de Diabéticos de Angol fundado en 1975 y con personalidad jurídica desde 1996.
Sin embargo, un fuerte sismo ocurrido a mediados de los setenta obligó a reparar parte del edificio del nuevo edificio, por lo que algunas funciones retornaron provisoriamente al antiguo. Todavía en los noventa y alguna parte de la década siguiente, permaneció sirviendo a ciertas áreas como las señaladas, de hecho.
Por Decreto Exento N° 668 del 26 de marzo de 2007, el ex Hospital de Angol fue declarado Monumento Histórico Nacional, como reconocimiento a sus valores para la historia patrimonial y médica de la ciudad de Angol y de toda la Provincia del Malleco. Desde entonces, ha rondado la idea y esperanza de un plan de recuperación y restauración del edificio, postergada por las acciones conspirativas de la naturaleza y los hombres, como suele suceder en nuestro país.
La declaratoria, por lo tanto, no ha bastado para asegurar la buena preservación de estas históricas ruinas: como sucede con muchos otros monumentos nacionales, las fuerzas telúricas y las irresponsabilidades humanas se han encargado de continuar con su proceso de decadencia, con poca piedad. Los grandes daños causados por el terremoto del 27 de febrero de 2010, obligaron a consumar su total cierre y desalojo. De hecho, el terremoto causó graves daños también en el hospital más nuevo, otra vez perturbando sus normales funciones por un tiempo.
Desde entonces, sus restos abandonados del Hospital Viejo se han ido deteriorando y oscureciendo más y más, junto con sus miles de historias y recuerdos de la ciencia médica en la Araucanía. Aún permanece así, expuesto a la acción inclemente de los elementos, lluvia y Sol.
Un amago de incendio dejó sus huellas de hollín y vigas quemadas en el ala izquierda de la fachada hacia Ilabaca, la noche del 2 de diciembre de 2017. El rápido control de las llamas por parte de los bomberos de la ciudad, permitió que el edificio no se perdiese hecho humo, pero el problema permanece latente. Claramente, fueron intrusos de mala vida que ingresan al recinto durante las noches, los responsables de aquel incendio.
Ese mismo año, había sido traspasada la propiedad desde el Servicio de Salud de la Araucanía a la administración de la Municipalidad de Angol, la que ha alegado no contar con la cantidad de recursos necesarios para recuperar el edificio y reponerlo en alguna forma de uso útil a la comunidad. Mientras tanto, el tiempo pasa, arrojando más amenazas y peligros sobre la conservación del monumento histórico.
Por la descrita razón, el edificio en ruinas pide a gritos su restauración para la ciudadanía, habiendo algunas tentativas e ideas interesantes al respecto, pero hasta ahora nada que asegure el inicio de aquella etapa que tantos habitantes de Angol desearían.

3 comentarios:

  1. Triste destino de muchos Monumentos Históricos Nacionales, que son entregados para su conservación y mantención a las Municipalidades y muchas de estas no tienen los recursos para su cuidado.

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  2. yo recuerdo ese hospital
    un día los soñe y encontraba los mismo estaba adentro en la parte de arriba

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Gracias por dejar su opinión en nuestro blog de URBATORIVM. La parte final de todas estas historias las completan personas como Ud.