sábado, 2 de marzo de 2019

EL TEMPLO DEL COBRE: LA CATEDRAL DE SAN JUAN BAUTISTA DE CALAMA

Aspecto original de la Iglesia Parroquial de Calama, luego Catedral de San Juan Bautista, vista desde calle Sotomayor, en imagen publicada por la revista "Zig Zag" de enero de 1909, sólo tres años después de iniciados los trabajos de construcción.
Coordenadas: 22°27'44.3"S 68°55'39.4"W
La Plaza de Armas 23 de Marzo de Calama, en la Región de Antofagasta, ha sufrido varios cambios a lo largo de su historia en las puertas del céntrico barrio comercial de esta ciudad minera chilena. En todas sus épocas y aspectos, sin embargo, ha destacado el telón de fondo de la misma plaza, con la fachada y torre del campanario de la Catedral de San Juan Bautista.
Las obras de construcción de la iglesia fueron ordenadas a inicios del siglo XX, por el entonces Vicario Apostólico y Obispo de Antofagasta, Monseñor Luis Silva Lezaeta, tras regresar al país en 1904 y después de realizar servicios en Bolivia, precisamente cuando este país preparaba con Chile la firma del tratado que puso fin a las cuestiones derivadas de la Guerra del Pacífico. El Obispo es recordado hasta nuestros días en la región antofagastina, como un importante agente del progreso material y las obras de modernidad para la feligresía.
Sucedió también que, el día 22 de enero de 1906, la Iglesia de Calama fue separada por decreto eclesiástico de la administración parroquial de Chiu-Chiu, por lo que a Monseñor Silva Lazaeta le urgía la pronta existencia de una iglesia parroquial como centro religioso propio para la ciudad minera, en reemplazo de la vieja primera capilla religiosa que, ubicada en calle Balmaceda cerca de la estación de trenes, había sido consumida por un incendio.
Para acelerar las cosas, el Obispo había nombrando como primer párroco al padre Rafael Millán. A la sazón, pues, las condiciones de paz permitidas por el Tratado de 1904 y la certeza de los yacimientos cupríferos de Chuquicamata sonaban como alicientes y proyecciones favorables para el crecimiento de la vecina comuna de Calama, además.
El encargado de dirigir los trabajos de construcción fue el sacerdote José Franta, quien puso en marcha las labores de ingenieros y cuadrillas durante ese mismo año 1906, valiéndose de los presupuestos reunidos con fondos de la Iglesia y los aportes de benefactores. Sólo unos años después, además, entraban en prósperas operaciones en Chuquicamata las compañías Guggenheim Bros. de Estados Unidos, rebautizada Chile Copper Co., seguida de la American Brass y, en los años veinte, la Anaconda Copper Co.
Información publicada por el investigador Walter Foral Liebsch en su blog Nuestras Iglesias Chilenas, consigna que en el libro de registro bautismal de la parroquia, figura como primera persona bautizada doña Carolina Vásquez García, el 1° de abril de 1906.
Si bien la distribución geométrica y arquitectónica base es la misma que la actual, el aspecto de este primer templo parroquial era muy diferente: más tosco y rígido, con un campanario rectangular y de ángulos duros, todavía carente de chapitel.
En diferentes etapas, la iglesia consagrada a San Juan Bautista fue quedando concluida sólo en 1927, alcanzando el Obispo Silva Lazaeta a verla terminada antes de morir en Antofagasta, sólo dos años después. Coincidentemente, se creaban por entonces las vicarías de Calama, Taltal y Tocopilla, dependientes de la Diócesis de Antofagasta. Era el mismo período de riqueza estratosférica para los hermanos Guggenheim y su compañía Anaconda, lo que atraía cada vez más aventureros hasta Calama y, en consecuencia, también más devotos.
El terremoto del 6 de diciembre de 1953 dejó grandes daños en la iglesia parroquial y en toda la ciudad, afortunadamente con pocos muertos, pero obligando a implementar planes de reconstrucción y restauraciones. Es de suponerse que la religiosidad en el templo fue algo de consuelo espiritual para los cientos de damnificados que dejó aquel cataclismo.
Sin embargo, Calama no contaría con una prelatura sino hasta 1965, cuando fue creada por decreto de Su Santidad Paulo VI la "Prelatura Nullius", dándose al templo la categoría de sede episcopal y, por lo tanto, el estatus de catedral. Los años que vinieron serían controvertidos, con la chilenización y la nacionalización del cobre, además de las tensiones entre el mundo minero y el Gobierno de la Unidad Popular, lo que trajo algunos ardores al seno mismo de la Iglesia y su catedral calameña, abruptamente concluidos con la ruptura total de 1973.
Ya entonces, la iglesia tenía algunos elementos con material proveniente del cobre de Chuquicamata, como la cubierta y cúpula revestidas con placas del metal rojo procedente de la vecina mina gigante. No ha sido el único caso de templos en Chile haciendo ostentación de la principal riqueza metálica del país en sus estructuras, por cierto.
Un reportaje de "El Mercurio de Calama" del domingo 22 de enero de 2006, titulado "La catedral es el centro de la historia de nuestra ciudad", revive una poco conocida historia sucedida aquí el viernes 24 de abril de 1980, protagonizada por miembros del Regimiento de Infantería, Artillería, Reforzado, Motorizado del General Pedro Lagos N° 15 Calama. Sucedía que los conscriptos habían sido llevados a ejecutar ejercicios armados nocturnos en el sector Topáter, cerca del monumento del Combate del 23 de Marzo librado allí en la ribera del Loa, en 1879. Sin embargo, en la oscuridad se produjo una gran confusión a causa del estallido accidental de una granada que amputó el brazo a uno de los muchachos, y los disparos a tontas y a locas arrancaron solos de los fusiles de los novatos uniformados, llegando algunos hasta la iglesia.
Justo en aquel momento, encima de las 21 horas, estaba predicando a los fieles en el templo el fallecido Obispo Juan Bautista Herrada Armijo. Una de las balas locas entró al edificio y todos sintieron el ruido con eco del proyectil, provocando gran alboroto por caer muy cerca de Monseñor Herrada Armijo, quien se limitó a informar de lo sucedido a Carabineros de Chile tras calmar al público. Al día siguiente, el Coronel Hernán Chacón Soto, Comandante del Regimiento Calama y Gobernador de El Loa, reconocía el grave incidente por comunicado oficial, además de informar de un herido en la Población 23 de Marzo, correspondiente a un trabajador alcanzado por otra bala al aire, que fue atendido en el Hospital Carlos Cisterna.
Pasó el tiempo y se hizo evidente que el edificio requería de un buen retoque. Los aportes vinieron en el Año Santo Jubilar de 2000, desde la Corporación Nacional del Cobre, CODELCO, particularmente de la División Radomiro Tomic y la División Chuquicamata, siendo ya entonces su pastor Monseñor Cristián Contreras Molina.
Los trabajos ejecutados entonces, incluyeron el recubrimiento del techo y la torre con planchas de cobre producido en las propias refinerías de Chuquicamata y Radomiro Tomic, respectivamente. Una placa en el atrio de ingreso, atrás del postigo, recuerda la reinauguración del templo al terminarse aquellas obras, el 20 de diciembre de 2000. Su inscripción agradece, en nombre de Monseñor Contreras Molina, "a Dios por estas obras y a la gran minería del cobre representada especialmente por sus trabajadores y colaboradores, este aporte a la comunidad loína y de manera particular a los católicos".
Cabe agregar que Monseñor Contreras Molina había estado al borde de la muerte poco antes, tras un accidente carretero cerca de La Paz, Bolivia, en marzo de 1999, choque contra un camión detenido en la pista y en el que resultaron con menos heridas también su colega y compatriota Monseñor Enrique Troncoso, el Obispo peruano Monseñor José Eduardo Velásquez, y el español Monseñor Jesús Suárez. Fue internado grave en la Clínica Virgen de la Asunción, recibiendo allí la visita del Padre Ximeno, del Arzobispado de La Paz. Según el Contreras Molina, comenzó a recuperarse de manera inesperada y veloz a partir de las pocas horas, impresionando a los profesionales facultativos bolivianos y atribuyendo su curación a un milagro de la Misericordia de la Santísima Trinidad, que nunca se cansó de agradecer ya de vuelta en la Catedral de Calama, donde fue recibido por una gran cantidad de devotos y amigos.
Una segunda etapa de remodelaciones se inició en febrero del 2001, con los estudios de la arquitecto Amaya Irarrázaval Zegers. Estos cambios interiores incluyeron también mejoramientos a la ornamentación, nuevos suelos y la recuperación del arco que conecta el Altar Mayor con la Capilla del Santísimo Sacramento. Hubo modificaciones del Altar Mayor y de la ubicación de las santas reliquias; el embaldosado del piso se renovó, manteniendo las líneas rectas tipo bizcochuelo y empleando baldosas acordes con el diseño y la calidad de las originales. También se ejecutaron nivelaciones de superficies y se instalaron soportes para las lámparas interiores, con pantallas de cobre local. El singular uso de este metal causó gran atención del mundo católico, tanto a nivel nacional como internacional, siendo comentado en medios católicos incluso en la Santa Sede.
Como nota curiosa, cabe señalar que durante las mismas obras de 2000 y 2001, muchos fieles se acercaron al templo en reparaciones, para apropiarse de algún trozo de las viejas calaminas de zinc de las techumbres, las baldosas o las maderas del suelo que estaban siendo reemplazadas, probablemente atesoradas hasta ahora como verdaderas reliquias familiares del querido edificio.
Concluidos los nuevos trabajos en la catedral del cobre, Contreras Molina la consagraba por liturgia del 11 de noviembre de 2001, en una ceremonia realizada con presencia de autoridades políticas, ejecutivos de las empresas cupríferas, prensa y comunidad calameña. Y unos años después llegó a la catedral el sacerdote colombiano Jesús Antonio Espinoza, estando en el cargo cuando se realizaron las celebraciones del Centenario del templo, en 2006. Espinoza dejó una huella de servicio religioso de 11 años allí, muy valorada por la comunidad de Calama, partiendo de vuelta a su país natal a fines de 2016.
Ubicado de cara a la plaza entre las calles Eduardo Abaroa, Eleuterio Ramírez, Emilio Sotomayor y la avenida Granaderos, el edificio religioso es sencillo, aunque tiene aspectos estilísticos asociados al neoclásico, el neorrenacentista y toques de pretensión neorrománica y neogótica en sus arcos, cornisas y remates, además de contar con arcadas entre escuadras de cielo y columnas separadas por vanos en orden conopial, estas últimas dividiendo sus tres naves, una central y dos laterales. Combina materialidades de albañilería, madera y metal, visibles en muchos casos.
El acceso a las oficinas parroquiales está a un costado del frente del templo, por el lado de la plaza, y por el pasaje que conecta Granaderos con la plaza, en donde está también el ingreso al sector de sacristía y la sala funeraria. Un acceso lateral precedido por un atrio abierto y sencillos jardines con estructuras metálicas a modo de glorietas, está por el lado de calle Ramírez. Carente de ábside, el exterior del templo es un gran muro de tímpano y dos pilastras, que da hacia Granaderos y define el costado de la cuadra con diseños acordes a los del frente del edificio.
La imaginería religiosa interior, distribuida entre capillas y muros laterales de las naves menores, incluye la escena del Calvario, en el Altar Mayor, acompañado por el patrono San Juan Butista y el Niño Dios, y santos populares como el Santo Cura de Ars, San José, San Judas Tadeo, además de la Virgen del Carmen y el Sagrado Corazón. Los santos chilenos son San Alberto Hurtado y Santa Teresa de los Andes. Los vitrales con escenas religiosas de connotación pintoresca, localizada, también son de gran atractivo y colorido. La capilla del Santísimo Sacramento, particularmente, destaca por la belleza de su decoración de forja y las imágenes custodias de arcángeles, en cuadros murales.
Desde los últimos grandes trabajos de remodelación, además, el alhajamiento artístico del templo incluye el conjunto decorativo conocido como los Misterios de la Luz, que fueron agregados al Santo Rosario por aporte del Papa Juan Pablo II, dedicados al misterios de la Redención. Las obras pertenecen a los talentos de la la familia Chávez-Galdós, inspiradas en el arte colonial de la célebre Escuela Cusqueña de Escultura Sacra del siglo XVII y los trabajos del indio Diego Quispe Tito. Las obras que pueden ser admiradas en el presbiterio corresponden a "La Institución de la Eucaristía", "Las Bodas de Caná", "La Transfiguración", "El Bautismo de Jesús" y "El Anuncio del Reino".
No todo ha sido buenas noticias para el templo del cobre de Calama, sin embargo: recientemente, el 21 de enero de 2019, el edificio fue escenario y víctima de un robo perpetrado por ladrones que lograron ingresar al mismo y sustrajeron valiosos candelabros avaluados en $300 mil, además de una cantidad no precisada de donaciones de los feligreses. El desgraciado incidente obligó a la administración del templo a tomar nuevas medidas de seguridad, actualmente en implementación.

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