lunes, 18 de marzo de 2019

MONUMENTO DEL VADO DE TOPÁTER EN EL RÍO LOA: EL RECUERDO DEL PRIMER COMBATE Y LOS PRIMEROS CAÍDOS DE LA GUERRA DEL PACÍFICO

El monumento en 1979, en el Centenario del Combate de Topáter o Calama. Imagen publicada en el diario "El Mercurio" de Antofagasta.
Coordenadas: 22°28'00.7"S 68°54'04.5"W
Al final de avenida La Paz de la ciudad de Calama, al oriente de esta urbe capital de la Provincia del Loa y llegando ya a la Circunvalación y a la Ruta 25, se encuentra un monumento conmemorativo de la Batalla de Topáter o Combate de Calama, episodio militar recordado como el primer enfrentamiento armado de la Guerra del Pacífico, sucedido el 23 de marzo de 1879.
Hay poca información sobre este monumento, a pesar de ser el más importante de la ciudad en cuanto a sus efemérides. También resulta curiosa la falta de interés sobre el mismo en los sitios especializados sobre turismo regional, conmemoración militar o monumentos públicos. Históricamente hablando, sin embargo, carga el peso de ser una de las principales memorias de la guerra salitrera: los fallecidos en aquella refriega son los primeros caídos en la misma, por el lado chileno y el boliviano, a pocos metros del paso del río Loa hacia la ciudad de Calama.
Se trata de una terraza de sillares con un grueso obelisco central, además de restos de sitios históricos que aún se conservan en la explanada donde se halla. A pesar de todo, recibe la visita de muchos viajeros desde temprano, cada mañana, además de las personas que van o vienen desde los cercanos cementerios. Una pérgola y otros puestos se han instalado a un lado del camino, por lo mismo, y dos conocidos perritos del sector lo custodian permanentemente, saludando y moviéndole la cola a los visitantes.
El combate que inició los fuegos de la Guerra de 1879, entonces, está a sólo unos días de cumplir 140 años de ocurrido, que serán celebrados en el mismo conjunto conmemorativo de Calama, por lo que he reservado esta entrada para su aniversario.
Relieve de bronce con representación de la Batalla de Calama, en el monumento central de la Plaza Litoral de Oruro.
Plano de Calama con el teatro de la Batalla o Toma de Calama, en la recopilación de documentos oficiales y partes de la Guerra del Pacífico publicada por Pascual Ahumada Moreno en 1884.
Imagen antigua de un puente sobre el río Loa, en uno de los accesos a la ciudad de Calama. Fuente imagen: Sección "Fotos antiguas de todo Chile", de Taringa.
Histórica fotografía con parte de los miembros de la defensa de Calama, poco antes del enfrentamiento con las fuerzas chilenas en la orilla del río Loa. Con fusil cruzado don Severino Zapata, con revólver en mano don Eduardo Abaroa, y a su lado de abrigo largo el Coronel Ladislao Cabrera.
Ilustración del héroe chileno de la Guerra del Pacífico Comandante Eleuterio Ramírez, por Luis F. Rojas, siendo coronado por la musa heroica tras su sacrificio en la Quebrada de Tarapacá. Tomada del "Álbum de la Gloria de Chile" de Benjamín Vicuña Mackenna, de 1883.
EL COMBATE DE TOPÁTER
Como se recordará, el quiebre diplomático entre Chile y Bolivia se produce con la expropiación y llamado de este último país al remate de la Compañía de Salitres y Ferrocarril de Antofagasta, que incluía la expulsión de los trabajadores chilenos de la zona en disputa, luego de la negativa de la firma al pago del alza de impuestos que violaba el Tratado de 1874.
Al considerar el acuerdo limítrofe y sus puntos descartados ya por Bolivia, Chile procedió a ocupar el puerto de Antofagasta, por estimar que había renunciado a sus derechos en el territorio a favor del vecino país, precisamente por el mismo tratado desahuciado. Esto sucedía el 14 de febrero de 1879, el día en que debía producirse el remate de la compañía.
A partir de ese momento, la tensión se prolongó por más de un mes. Aunque el dictador Hilarión Daza ordenaba a inicios del mes siguiente que los chilenos residentes en Bolivia abandonaran en país "en el término de diez días, contados desde la notificación que se les hiciere por la autoridad política local", sorprendía la pasividad boliviana en esos momentos que mantuvo la noticia en frío por todas esas semanas hasta que pudo contar con garantías de Perú para responder al compromiso de la Alianza Secreta. Recién el 1° de marzo, Bolivia oficializa la declaración de guerra contra Chile.
En la angustiante espera de aquellos días y los que siguieron, sin embargo, las fuerzas chilenas y bolivianas tuvieron ocasión de medirse por primera vez en Calama, cruzando la ribera del Loa, en donde ahora se encuentra el monumento público.
Aunque el Gobierno de Chile aún no se enteraba, en esos momentos la diplomacia boliviana realizaba grandes esfuerzos para asegurar la participación peruana y eventualmente la argentina, cuando se iniciara el conflicto en los hechos.  A pesar de esto, sus fuerzas de ocupación fueron reforzadas en Antofagasta, de modo que el día 13 de marzo, al llegar allá el entonces Ministro de Guerra y Marina, el Coronel Cornelio Saavedra, acompañado por el Contralmirante Juan Williams Rebolledo, las tropas chilenas apostadas en el territorio sumaban unos 2 mil efectivos.
Saavedra contaba con la autorización suprema para ocupar la ciudad de Calama, al interior, así que, esperando adelantarse a alguna jugada enemiga, ordenó al Coronel Emilio Sotomayor para que, a partir del 20 de marzo, marchara con unos 544 hombres según el historiador Gonzalo Bulnes. Estos eran de las dos compañías del 2º de Línea al mando del Comandante Eleuterio Ramírez, del 4º de Línea dirigidos por el Capitán Juan José San Martín y del Escuadrón de Caballería de Cazadores al mando del Mayor Rafael Vargas. Iban acompañados de pontoneros auxiliares que se sumaron en Caracoles, casi todos artesanos al mando del Teniente Coronel Arístides Martínez. Su ruta era Caracoles, Agua Salada, Explanada Independencia, Limón Verde y, finalmente, Calama, en donde debían instalar el cuartel.
Sin embargo, no iba a resultar fácil el arribo de los soldados chilenos a la ciudad: un grupo de residentes bolivianos se habían organizado espontáneamente al conocer de los movimientos desde Antofagasta y Caracoles hacia el desierto interior,  esperanzados en recibir refuerzos en hombres y armas que nunca llegarían, para su desgracia. Destacaba entre los líderes de la guerrilla el Coronel Eduardo Abaroa Hidalgo, comerciante y empresario oriundo de San Pedro de Atacama, que iba a convertirse en el máximo héroe militar de la historia de Bolivia, después de los libertadores de su Independencia.
Confiados en ciertos preceptos para entonces ya casi románticos o quiméricos sobre las acciones de guerra autorizadas y restringidas en aquella época, como evitar el derramamiento innecesario de sangre o procurar batallas "limpias" y frontales, las fuerzas chilenas ingresaron a la ciudad inconscientes de que los esperaba una emboscada del contingente al mando del Coronel Ladislao Cabrera y del recién depuesto prefecto de Antofagasta, Severino Zapata.
Es preciso remontarse unos días, cuando Cabrera parlamentó con el representante de las fuerzas de ocupación chilenas, recibiendo la propuesta de rendir Calama. El acta correspondiente al frustrado intento de acuerdo, decía:
"En el vice-cantón de Calama, a horas A. M del día diez de marzo de mil ochocientos setenta y nueve; reunidos en la jefatura de armas, los señores Dr. Ladislao Cabrera, jefe de las fuerzas de Caracoles y Atacama del Ejército de la República de Bolivia, y Ramón Espech del batallón cívico, ayudante mayor parlamentario ad hoc, enviado por el comandante del Ejército del Norte de la República de Chile, han celebrado la conferencia que consta del siguiente protocolo. El señor Espech expuso: que tenía instrucciones de su jefe para proponer al señor jefe de la plaza la rendición de ella y deposición de las armas, fundándose en que teniendo fuerzas superiores deseaba evitar efusión de sangre y ahorrar al vecindario los horrores de la guerra; en cambio ofrecía dar las garantías que le fueran pedidas, así como también la libre entrada de los víveres que el señor jefe de la plaza le pidiera par distribuirlos entre los pobladores que los necesitasen.
El Dr. Ladislao Cabrera contestó: que no estaba dispuesto a aceptar ni someterse a la intimación que se le hacía, y que cualquiera que fuese la superioridad numérica de las fuerzas en cuyo nombre se le intimaba la rendición, defendería hasta el último trance la integridad del territorio de Bolivia.
Con esto se dio por terminada la conferencia, firmando dos ejemplares del mismo tenor, que tomó cada uno de los firmantes.
L. Cabrera (firma) - R. Espech (firma) - Es conforme - El ayudante mayor, Valentín Navarro".
Cabrera y los habitantes de Calama, entonces, estaban perfectamente al tanto de la aproximación de las fuerzas chilenas. En su nota desde el Cuartel General de Calama al Ministro Delegado del Gobierno de Bolivia en la "provincia litoral", le expresaba ya el 19 de marzo:
"Señor:
Acompaño al presente oficio, copia autorizada del protocolo que firmé el 16 del corriente con el parlamentario de las fuerzas que ocupan a Caracoles.
Según él, esperaba que ayer u hoy se hubiera comprometido el combate; mas hasta el momento (hora 3 P. M.) no se hallan a l vista.
Abrigo la fundada esperanza de que todos los bolivianos que se hallan conmigo sabrán cumplir con todo lo que la patria exige de ellos en esta situación.
Soy del señor Ministro delegado del Gobierno, atento y seguro servidor".
Entre oficiales, fusileros y voluntarios, eran unos 150 bolivianos escondidos en las inmediaciones y orillas del Loa, más otros esperando dentro del poblado a la caravana enemiga, la que llegaba hacia la ciudad disponiéndose a cruzar el río tras divisar los techos de los caseríos, avanzando hacia las 7 de la mañana del día 23 de marzo.
Un extendido mito histórico asegura que estos voluntarios bolivianos eran casi en su totalidad milicianos, es decir, civiles comunes y corrientes que tomaron las armas para defender la ciudad ofreciéndose al Coronel Cabrera. Siendo tal el caso de Cabrera y de Abaroa, sin embargo no era el de la mayoría de los nombrados en la "Relación de los Señores Jefes, Oficiales, Paisanos y Tropa que han combatido en Calama el 23 de marzo de 1879", por Ricardo Ugarte, otro de los voluntarios de aquella defensa. Aunque no aparece todos (por falta de documentos con sus nombres), en su enorme mayoría correspondía a militares:
  • Doctor Ladislao Cabrera
  • Ciudadano Eduardo Abaroa
  • Coronel Severino Zapata
  • Coronel Fidel Lara
  • Coronel Gaspar Jurado
  • Coronel Juan Salinas
  • Teniente Coronel Emilio Delgadillo
  • Teniente graduado Pablo Sánchez
  • Abogado Ricardo Ugarte
  • Abogado Lizardo Taborga
  • Abogado Valentín Navarro
  • Abogado Manuel J. Cueto
  • Cirujano Gregorio Saavedra
  • Comandante Narciso Avilés
  • Comandante graduado Pedro Caballero
  • Sargento Mayor Juan Patiño
  • Sargento José Díaz
  • Sargento Luis Laínez
  • Sargento Froilán Flores
  • Capitán Francisco Zúñiga
  • Capitán Miguel Palalo
  • Teniente 1° Nicanor R. Aramayo
  • Teniente 1° Braulio Vera
  • Teniente 1° Federico Andía
  • Teniente 1° N. Menacho
  • Teniente 1° Manuel J. Pedraza
  • Teniente 2° Samuel Aramayo
  • Teniente 2° Manuel Luna
  • Teniente 2° Hermenejildo Villegas
  • Teniente 2° Alfredo Goblé
  • Subteniente Francisco J. Aramayo
  • Subteniente Horacio Lara
  • Subteniente Luis Villegas
  • Subteniente Manuel Chávez
  • Subteniente Manuel J. Gandarillas
  • Subteniente Segundo Altamirano
  • Subteniente Rodolfo Abaroa
  • Subteniente N. Burgos
  • Subteniente Abdón Jurado
  • Subteniente N. Jurado
  • Subteniente José R. Miranda
  • Subteniente Hilarión Torres
  • Subteniente Luciano Caballero
  • Subteniente Manuel Pereira
  • Subteniente Modesto Carrazana
  • Subteniente Avelino Aramayo
  • Sargento 1° Pedro G. Crespo
  • Sargento 2° Laureano Pérez
  • Sargento 2° Santiago Toro
  • Cabo 1° José Lino Álvarez
  • Cabo 1° Manuel Vásquez
  • Cabo 1° José Aparicio
  • Soldado Luis Villegas
  • Soldado Pío Salazar
  • Soldado Francisco Rodríguez
  • Soldado Marcos Arispe
  • Soldado Justo Cartagena
  • Soldado José Cruz
  • Soldado Zenón Machicado
  • Soldado Caferino Llano
  • Soldado Toribio Cari
  • Soldado Eugenio Jerez
  • Soldado Demetrio Martínez
  • Soldado Cirilo Flores
  • Soldado Carlos Orellano
  • Soldado Nolberto Corrales
  • Soldado Crispín Aván
  • Soldado Cornelio Charaborca
  • Soldado Juan de Dios López
  • Soldado Juan B. Maldonado
  • Soldado Plácido Pineda
  • Soldado Eloi Pereira
  • Soldado José Guerra
  • Soldado Santiago Astete
  • Soldado Ventura Velásquez
  • Soldado Mariano Pereira
  • Soldado José Manuel Colpa
  • Soldado Acencio Villegas
  • Soldado Tomás Vargas
  • Soldado Mariano Curso
  • Soldado Martín Castillón
  • Soldado Francisco Morales
  • Soldado Manuel Bautista
  • Soldado Vicente Salvador
  • Soldado Bautista Cilis
  • Subprefecto de Atacama José G. Santos Prada
  • Intendente de Atacama Eugenio M. Patiño
En su memoria sobre este combate, Cabrera escribe lo siguiente sobre el sitio que habían escogido para emboscar a los chilenos:
"Al elegir el lugar del campamento para situar mi escasa tropa, que a medio mes de marzo no alcanzaba más que 120 hombres, incluyendo entre estos 30 armados con lanza, supuse, como era de presumir, que las fuerzas enemigas de Caracoles, en caso de venir a atacar a Calama como no lo harían sino por uno de los tres caminos que descienden del Loa: por el de Atacama, que cruza el vado de Yalquincha; por el camino recto que desciende al puente de Topáter y Carvajal, o por el de Limón Verde que cruza el puente de Chunchuri.
Los puentes de Carvajal y Chunchuri estaba destruidos. No se conservaba sino el de Topáter, y no con los elementos precisos para mandarlo destruir en el momento urgente. Elegí este lugar como campamento para la tropa y centro de resistencia. Además de las consideraciones generales que no se ocultan a quien lo conoce, tenía razones especiales que me inclinaban a creer que uno de los puntos atacados había de ser ese. El día del combate, quedó confirmada mi apreciación".
Volviendo a la llegada de los chilenos hasta el lugar, así describía la situación del viaje Sotomayor, en su parte oficial:
"Salí de Caracoles a las tres pasado meridiano del mismo día 21, con las órdenes del teniente coronel graduado don Bartolomé Vivar. La Compañía de Cazadores del Cuarto de línea, del sargento graduado don Rafael Vargas. Una Compañía de Cazadores a caballo a las órdenes del sargento mayor graduado don Juan José San Martín, y dos piezas de Artillería de Montaña a las órdenes del teniente don Eulogio Villarreal.
A las dos treinta antemeridiano del día 23, di la orden de marcha, disponiéndose el ataque a la plaza de Calama, en el orden siguiente:
A las cinco treinta horas ante meridiano, avistamos Calama".
Preventivamente, un piquete de 25 cazadores dirigidos por el Alférez Juan de Dios Quezada, se dirigió hasta el cruce del río en el sector conocido como el Vado de Topáter, cuyo nombre deriva de un cerro adyacente y sobre el cual, se cuenta, antaño se encendía a veces un fuego en su cima, para orientar a los viajeros indígenas andinos que iban o venían desde el Altiplano. La traducción del nombre Topáter sería "Señal de fuego".
Más atrás, eran seguidos por el batallón del 4° de Línea al mando del Capitán Juan José San Martín, que enfilaría hacia el Vado de Yalquincha, mientras que el Batallón Cazadores venía al mando del Sargento Mayor Rafael Vargas tomó la decisión de bajar a la ciudad por otro sector, conocido como el Vado de Carvajal o de Huaita y en donde se desarrollaría la parte más cruda del enfrentamiento, a pesar de que la historia insistió en asociarlo más al vecino Vado de Topáter.
Eran las 7:30 de la mañana. Inesperadamente, cuando se disponía a tocar la ribera, el grupo de Quezada, los chilenos fueron atacados de súbito por fusileros escondidos en las instalaciones de la llamada Casa de Máquinas de Amalgamación y desde entre los matorrales junto al río Loa, a las órdenes del  teniente coronel Emilio Delgadillo. Las descargas las hicieron a sólo metros de distancia.
El caos se desató de inmediato obligando a los hombres a saltar de sus asustados caballos, y así el paisaje comenzó ser cortado por el silbido de las balas en ambos sentidos.
Desatada la violenta lucha, unos 65 cazadores dirigidos por el Teniente Sofanor Parra, cruzaron el río a toda velocidad tras bajar de sus monturas, tratando de reducir al enemigo. La Compañía del 4° de línea dirigida por San Martín corrió a reforzar al grupo de Quezada, en momentos en que los esforzados pontoneros, no habiendo tenido tiempo para construir un paso seguro sobre el río, debieron soportar con sus brazos y espaldas un puente improvisado para que pudiesen pasar los hombres del 2° de Línea al mando del Bartolomé Vivar. El grupo del 2° de Línea al mando del Comandante Eleuterio Ramírez, en tanto, ingresó al campo de batalla por otros sectores adyacentes. Ramírez incluso perdió a su caballo en esta riesgosa acción.
Y continúa su descripción el parte oficial de Sotomayor, redactado sólo tres días después:
"Desde este momento fue necesario que yo me ocupara, muy particularmente de la dirección del ataque, con las Fuerzas que habían atravesado el Loa por el Vado de Carvajal y que venían comprometidas por la resistencia del enemigo, que había causado algunas bajas a la tropa de Cazadores a Caballo.
La Compañía de Cazadores del Cuarto de Línea, rompió sus fuegos sobre el enemigo que estaba atrincherado en la Casa de Máquinas de Amalgamación, y las Compañías Primera y Segunda, del Segundo de Línea, mandadas por el teniente general graduado don Bartolomé Vivar. Y los capitanes: L. Sánchez y J. N. Ramírez, atravesaron el río Loa sin auxilio de ningún puente, por el lugarejo llamado Viento. La resistencia del enemigo en esa parte, como la que atacaba a las órdenes del capitán San Martín, con sus Cazadores del Cuarto, fue tenaz y sólo pudo obligárseles a dejar sus posiciones importantes, mediante el arrojo a sangre fría de nuestros soldados".
El Teniente Coronel Vivar recibió la orden de pasar el río con sus dos compañías, apoyando por el costado derecho por la tropa del 4º de línea, y por el izquierdo por los cazadores a caballo.
Al no poder sostener más la defensa del paso, tras dos a tres horas de lucha, los bolivianos comenzaron a retirarse rápidamente con Cabrera, pero no Abaroa, que seguía en su lugar disparando y decidido a ni echar marcha atrás. Los chilenos lo conminaron varias veces a rendirse a cambio de perdonarle vida, hasta que, en un acto de arrojo final, gritó a Vargas su célebre divisa "¿Rendirme yo?... ¡Cobardes!... ¡Que se rinda su abuela, carajo!", lanzándose contra las fuerzas del adversario para encontrar allí la heroica y valerosa muerte.
Aplastada ya la resistencia, se calculó que los tiros dados por los bolivianos fueron unos 2.200, muy interiores a los cerca de 30.000 dados por los chilenos, de acuerdo a los informes oficiales de la época.
Puente Topáter, sobre el río Loa, a metros del monumento.
Río Loa, visto desde el actual Puente Topáter.
Llano de los monumentos, vista desde la carretera. A la izquierda, el monolito u obelisco memorial. A la derecha, el histórico cementerio de sitio para los caídos.
Vista del monumento principal desde la carretera.
Sector del monumento visto desde el costado, por avenida La Paz.
Otra vista desde el terreno más alto junto a la carretera.
LOS PRIMEROS CAÍDOS DEL '79 Y LAS CONSECUENCIAS
Antes de avanzar al poblado, Sotomayor había emitido una proclama a sus tropas, en la misma orilla del Loa:
"Soldados:
Habéis principiado a soportar las fatigas del desierto y veo con satisfacción que lo hacéis con la estoica resignación que caracteriza al soldado chileno.
Vamos a invadir un pueblo extranjero.
Sois la vanguardia del honor de nuestra patria. No necesito recomendaros la moderación, porque bien sé que tal virtud es peculiar a los valientes. Sed magnánimos con el enemigo vencido; pero rechazad con energía cualquiera agresión que se os haga.
Cumpliendo con vuestros deberes merecéis bien de la patria, os hacéis acreedores de las bendiciones de familias, de vuestros conciudadanos, y el mundo civilizado os hará justicia.
Estos son los votos y los deseos de vuestros jefes".
Los cazadores izaron el pabellón de Chile en Calama tras disiparse los humos de la pólvora, poco antes del mediodía, dando por concluida la difícil jornada. Sotomayor hizo entonces una nueva proclama, dirigida a la ciudadanía ese mismo 23 de marzo:
"¡Habitantes de Calama!
El Gabinete de Bolivia ha expulsado de su territorio a los laboriosos chilenos y ha confiscado sus bienes...
A este acto de barbarie, vengo a corresponde con actos de civilización.
Vento al frente de soldados que saben morir venciendo; pero que jamás han hecho la guerra a las propiedades e intereses ajenos.
Vengo a colocar, bajo amparo de nuestra gloriosa bandera, vuestras personas, vuestros intereses y la honra de vuestras familias.
Nuestras armas vienen preparadas para el enemigo en campaña.
Para los habitantes pacíficos, chilenos, bolivianos, extranjeros de todas las naciones, os traemos protección y amparo.
Chilenos:
¡La bandera de la patria os protege!
Extranjeros: ¡Ya lo sabéis! En Chile, todos los hombres, sin distinción de nacionalidad, gozan de todos los beneficios, sin soportar las cargas que pesan sobre los nacionales. No necesito deciros que nuestra bandera protege vuestras personas e intereses, tanto como los nuestros.
Bolivianos pacíficos!
Vuestras personas y vuestras propiedades son sagradas e inviolables. Quedáis colocados bajo nuestra especial protección.
Bolivianos indígenas!
Desde este momento, dejáis de ser tributarios. Ya no pagaréis contribución por cabeza como las bestias. Os traemos la civilización y la libertad de industrias.
Ni contribuciones, ni impuestos de guerra, ni empréstitos, ni gabelas de ninguna clase tendréis que sufrir, ni los hijos de la desgraciada Bolivia, ni nadie.
La paz para vosotros, la guerra para los tiranos".
Como saldo, los caídos por la bandera chilena habían perdido sus vidas, al parecer en su totalidad, en la entrada de los cazadores a caballo de Vivar por el flanco izquierdo del lugar de combate, por el Vado de Carvajal.
Al final, siete soldados chilenos perecieron en la batalla del río Loa, siendo los primeros caídos de la Guerra del Pacífico. Sus nombres aparecerán en el parte del Capitán Vargas, del día siguiente al combate:
  • Cabo 1° Belisario Riquelme (aparece a veces como Belisario Rivadeneira Riquelme)
  • Cabo 2° José Exequiel Sepúlveda
  • Soldado José Onofre Quiroga
  • Soldado José de la Cruz Vargas
  • Soldado Carlos Fernández
  • Soldado Rafael Ramírez
  • Soldado Feliciano Martínez
Agregaba el parte que los heridos graves eran los soldados Alejandro Herrera y José Vergara, y mal heridos los soldados José Bustamante y Eugenio Meyer. Sólo terminó contuso José del Carmen Gaona.
"Me es grato manifestar a V. S. -agregaba Vargas- que la conducta observada por los señores oficiales y tropa de mi mando ha sido enteramente satisfactoria.
No cumpliría con mi deber si no iniciar una recomendación especial a don Sofanor Parra, quien sostuvo heroicamente el puesto que le confié, pues el enemigo, observando que salía en persecución de la caballada, volvió sobre sus posiciones haciendo un fuego terrible. Al teniente Parra lo acompañaba el alférez agregado a esta compañía don Carlos Souper, quien se batió heroicamente imitando el entusiasmo de sus compañeros.
Los alférez don Belisario Amor y don Juan de Dios Quezada no han desmentido la confianza que en ellos había depositado.
Al mismo tiempo recomiendo a V. S. con especialidad al sargento 1° Facundo Rojas, al id. 2° Ríos Herrera y José Vicente Caris, y los soldados Juan Mesías y José del Carmen Gaona que, a pesar de haber perdido su caballo, siguió batiéndose a pie; y en general toda la tropa se batió con valor y entusiasmo.
Las pérdidas que al enemigo le hayamos causado no puedo expresarlas con exactitud por la premura de tiempo; pues ellos, como poseedores del terreno por lo ventajoso de sus posiciones, llenas de montañas, matorrales y zanjas, han tenido facilidad para ocultar sus bajas. Sólo hemos encontrado seis cadáveres completamente carbonizados, por estar dentro de trincheras cuya naturaleza nos obligó a incendiar, pues estaban formadas por una muralla de adobe, forzada por otra de pasto seco, una pirca viva y una zanja".
El caso del fallecido Rafael Segundo Ramírez Zúñiga sería el más importante: de acuerdo a los partes estudiados por el investigador de la Guerra del Pacífico, don Marcelo Villaba Solanas, sería el primer chileno en haber caído, de sólo 24 años. Oriundo de Renca, en Santiago, para su familia se gestionó después una pensión de gracia, en vista de la desprotección en la que quedaron tras su muerte. También hubo cuatro heridos chilenos de entre los cazadores, más uno del batallón 2º de Línea, y quedó levemente herido en su oreja izquierda el Capitán San Martín, de la compañía de cazadores del batallón 4º de Línea.
Por el lado boliviano, en tanto, 19 hombres iniciarán la cuenta de vidas ofrendadas a su bandera en la misma conflagración, acompañando a Abaroa. Lamentablemente, no ha sido posible recuperar la lista completa de hombres caídos por Bolivia en aquella gesta, salvo por algunos nombres como el de un soldado N. Carpio y, en la primera nómina acompañando a Abaroa, un tal N. Menacho que, como vimos en la lista de voluntarios, era Teniente 1°. En la misma nómina de muertes, Abaroa y Menacho van seguidos de la frase "y 14 de tropa", en la colección de documentos oficiales reproducida por Pascual Ahumada Moreno al final de la guerra.
Otros 34 hombres de la defensa boliviana alcanzaron a ser atrapados por los chilenos y hechos prisioneros, diez de ellos oficiales: Sargento Mayor Juan Patiño, Capitán Francisco Zúñiga, Capitán José Díaz, Teniente 1° Nicanor R. Aramayo, Teniente 1° Braulio Vera, Oficial Francisco Aramayo, Oficial Horacio Lara, y los miembros de tropa Luis Villegas, Pío Salazar, Francisco Rodríguez, Marcos Arispe, Justo Cartagena, José Cruz, Eduardo Zúñiga, Zenón Machicado, Ceferino Llano, Toribio Cari, Eugenio Jerez, Demetrio Martínez, Cirilo Flores, Carlos Orellano, Nolberto Corrales, Crispín Aván, Cornelio Charaborca (o Chaborca), Juan de Dios López, Juan B. Maldonado, Plácido Pineda, Eloi Pereira, José Guerra y Santiago Astete.
Dejaron en poder de los chilenos varias lanzas (31 unidades), fusiles (43), rifles de diferentes sistemas (45) y escopetas (15), además de pistolas y municiones.
A las 12.30 P. M. del día siguiente, Cornelio Saavedra notificaba por telegrama desde Antofagasta a Santiago:
"Excelentísimo señor don Aníbal Pinto:
El comandante en jefe de este Ejército, por telegrama transmitido a las 10 A. M. de hoy, me dice desde Calama lo siguiente:
'Ayer a las horas 10 A. M. se tomó a Calama después de un sostenido combate.
El capitán San Martín herido levemente.
De cazadores un soldado muerto y tres heridos.
El comandante Ramírez nombrado Gobernador de la plaza de Calama.
Los bolivianos más caracterizados se mandaron mudar del lugar.
Hay prisioneros.
Los fugitivos toman dirección de Cobija.
Todo queda tranquilo'.
Dios guarde a V. E.".
Más tarde, sin embargo, Saavedra comienza a rectificar la lista de fallecidos hasta aquel momento (algunos habían muerto a causa de sus graves heridas), informando por telegrama a la Intendencia de Valparaíso:
"Nuestras pérdidas en Calama son siete cazadores a caballo muertos y tres heridos. Infantes, cuatro heridos.
El lunes saldrán para Valparaíso los siguientes prisioneros: general Canseco, un sargento mayor, dos capitales, siete oficiales subalternos, veintiséis hombres de tropa".
Para el día 25 de marzo, unos dos mil chilenos se agrupaban a celebrar la noticia de la Toma de Calama en la Plaza Colón de Antofagasta, incluso desde antes de la hora acordada por los organizadores del mitin, presidido por Francisco  Bascuñán Álvarez y con los secretarios Antonio Toro y Ramón Valenzuela Valdovinos, todos elegidos en el lugar. Hubo discursos patriotas entre los que destacó el del oficial de Ejército de Chile e influyente hombre público, don Juan de Dios Salvo, al hacer esta encendida declaración que, de paso, confirmaría quién fue el primer chileno caído en la batalla:
"Señores:
Este suelo que Chile ha regado tantas veces con el sudor de sus hijos acaba de serlo con sangre. Este suelo, ayer boliviano por la generosidad de Chile y hoy chileno por derecho, retornó a nuestros sacrificios y fatigas por darle vida, con la violencia y la codicia de sus mandones; nuestra lealtad con su mala fe, y la mano pródiga que sepultaba capitales en su seno para arrancar al desierto la riqueza de sus entrañas, vio que era imposible detener la ambición boliviana por el respecto que las gentes cultas deben a su palabra solemnemente empeñada.
La vía de las concesiones que Chile reconocía a grandes pasos en favor de nuestros vecinos los hizo creer que el momento del pillaje había llegado y, fuertes con su misma debilidad, nos provocaron a esta guerra seguros del auxilio de otro pueblo que también nos retorna con felonía importantísimos servicios. Pero esa traidora coalición, aunque acostumbrada en el horizonte público, no detiene ni siquiera un momento a los hijos de los héroes de Yungay, del Puente Buin, de la Portada de Guías, aceptan el reto, y ahora, como en 37 y 39, corren a la lid sin contar sus enemigos.
Calama acaba de ver nuestra vanguardia y sus defensores huyen en este momento despavoridos por el desierto, después de tres horas de resistencia, en que atrincherados y emboscados, apenas han tenido tiempo suficiente para ver cómo se bate y cómo muere el soldado chileno.
¡Honor y gloria a los valientes que han recogido la primicia de los laureles!
Nosotros, sus compañeros, que luego es seguiremos, les llevamos vuestros aplausos y vuestros votos, y os aseguramos que será su mejor recompensa.
Hoy sois mil que en torno a nuestra bandera os agrupáis para celebrar la primera jornada del Ejército del Norte; mañana serán dos millones los que rendirán honores a la primera sangre derramada en el desierto, el valiente cazador Rafael Ramírez.
Si mi voz llega hasta ti, simpática víctima, os ruego que anticipándonos al hilo eléctrico esparzáis la noticia por todos los ámbitos del Chile, para sostener el entusiasmo de los buenos y la mesa para sus destrozadas huestes en Calama que, desnudas de cabeza y pie, corren sin rumbo en el desierto en busca de refrigerio; decidle: ya es imposible vencer a hombres que se baten como vos y vuestros compañeros,; decidle que 20.000 chilenos esperan una sola voz para seguir vuestras huellas. Y en seguida, posándonos sobre la cumbre del majestuoso Illimani, dormid el sueño eterno, que tal tumba merecéis".
El sacrificio de Abaroa, en tanto, había impresionado tanto a los soldados chilenos, que le dieron una sepultura con honores militares y disparos de salva en el pequeño Cementerio de Calama, durante esa misma tarde de la toma de la ciudad, aunque por carecer de una bandera boliviana para honrar las pompas, decidieron envolver su cuerpo en una de Chile, como homenaje.
Era de esperar, pues, que la resistencia de Calama, de 135 hombres según Cabrera, incluso valiéndose del factor sorpresa y de la primera agresión, no pudiera resistir la ocupación de las fuerzas chilenas. Y quizá intentando reducir un reproche a la derrota y huida o bien haciendo notar cuánto se necesitaban los refuerzos que nunca llegaron, el mismo Cabrera informaba al cuartel general, el día 27, subiendo los números de la fuerza enemiga que debió enfrentar:
"...las fuerzas de Chile en Caracoles que no bajaron de 800 hombres cuando se hizo la intimación, no se creyeron bastante poderosas para la toma de Calama, defendida únicamente por unos pocos ciudadanos. Fue preciso que hicieran venir de Antofagasta mayor número de tropas y a uno de los más acreditados jefes.
Reunido ahí un Ejército efectivo de 1.400 a 1.500 plazas, con las armas más perfeccionadas por su precisión y alcance, con once piezas de artillería de montaña y dos ametralladoras, en la madrugada del día 23, empezó a descender rápidamente por la quebrada principal que de Calama conduce a Caracoles. En ese Ejército se notaba también un cuerpo de caballería".
El saldo tan negativo de la experiencia en la resistencia de Calama, llevó al Ejército de Bolivia a la creación de su V División, comandada por el General Narciso Campero, aunque no fue suficiente para recuperar la ciudad.
La audacia del Capitán Vargas fue celebrada por sus camaradas de armas y reconocida después por el enemigo. Sin embargo, los reproches cayeron sobre el Coronel Sotomayor, criticado por su conducción de este enfrentamiento. Para peor, el propio Presidente Aníbal Pinto le restó valor a esta acción militar, por considerarla estratégicamente poco relevante en el desarrollo de aquella etapa de la guerra que, como se sabe, estaba enfocada principalmente a las acciones de mar.
A pesar de la mirada incomprensiva de Pinto, Sotomayor informaba en el parte:
"Calama, como posición militar, es de gran importancia prestándose ventajosamente para la guerra de emboscadas. Los matorrales que la rodean tienen de espesor en general, seis metros, por otros tantos de altura. Los únicos puntos para atacarla con alguna ventaja, son: el camino de Chiu Chiu al oriente, y el de Cobija a Tocopilla al poniente, sin embargo, de que los matorrales se prologan al oriente como cuatro kilómetros más o menos, surcando esta parte tres caminos, dos para caballos y uno carretero".
Todo esto sucedía cuando don Joaquín Godoy, el representante chileno en Lima, ya había logrado hacer reconocer al Presidente Mariano Ignacio Prado del compromiso secreto de Perú con Bolivia, el día 21. Ahora, sólo tres días después de los hechos de Calama, Godoy recibía una nerviosa nota del Gobierno de Perú en donde descartaba la posibilidad de declarar la neutralidad frente al conflicto Chile-Bolivia, antes de que recibiera autorización del Congreso peruano en un mes más, plazo absurdo y abusivo a la luz de la gravedad que habían alcanzado los hechos.
El Presidente Pinto, por fin alertado por la situación y rompiendo la pasividad pasmosa que había llevado en esta crisis, llamó a Reunión de Gabinete el 1º de abril siguiente, en donde quedó claro que la declaración de guerra sería inevitable. Aunque se decidió mantener el proyecto de ley en secreto, la noticia de todos modos se filtró a la prensa internacional.
El Congreso Nacional recibió el proyecto de declaración de guerra contra Perú y Bolivia, siendo publicada la ley que la autorizaba el día 5 de abril, haciendo coincidir la fecha con el aniversario de la Gesta de Maipú de 1818. Una semana después, el Canciller chileno Alejandro Fierro comenzó a notificar a los cuerpos diplomáticos residentes en Chile de las razones de esta declaración de guerra y sus alcances.
Vista del conjunto conmemorativo, con el obelisco al centro.
Aspecto actual del obelisco.
Vista de las escalinatas del monumento.
Monolito lateral y dos simpáticos perros callejeros que viven en el lugar.
Vista posterior del conjunto. Se aprecia la base de sillar.
Vista posterior más abierta. A la derecha, se observa el monumento adicional en el conjunto, ya sin placa ni información. Al fondo a la derecha, la silueta del Cristo del Desierto en horas de la mañana.
Costado derecho del obelisco.
Placa conmemorativa, en el plinto del obelisco.
ORIGEN DEL MONUMENTO Y SUS ALCANCES
La Batalla de Topáter ha adquirido rasgos casi míticos en la historia militar de Chile y de Bolivia. No sólo se recuerdan a los primeros caídos de la Guerra de 1879, sino también se confrontan las interpretaciones sobre el inicio de aquella guerra, sus causas y primeras acciones, visualizadas en aquella epopeya. En Bolivia, de hecho, se desarrolló un reciente proyecto fílmico sobre aquel combate y la muerte de Abaroa.
Por el lado de Chile, siempre se visualizó Calama como el primero de sus triunfos, elogiando la actuación de sus hombres en aquella lid y los gestos de hidalguía y honor que mantuvieron para con los restos de Abaroa, cuyo nombre se dio a una de las principales avenidas de la urbe, además. Sin embargo, la ciudad no contaba con un monumento propio para tal episodio histórico, a pesar de recordarla en el nombre de su propia plaza de armas, bautizada 23 de Marzo. Así, pensando a futuro y en la deuda con la memoria, organizaciones del Club de Rotarios de Calama y de Chuquicamata iniciaron una campaña para construir el Monumento de Topáter, recibiendo aportes de la minería del cobre, según entendemos, y tentando a la Municipalidad de Calama a participar del plan.
Se decidió colocar la primera piedra del monumento a unos 200 metros del lugar exacto de la batalla en el paso del río y a un costado del cementerio de sitio de los caídos, en ceremonia del el 18 de septiembre de 1933, ante el interés de las autoridades, la presencia ciudadana y la atención de las organizaciones de veteranos sobrevivientes del 79. En la ocasión, además, se puso bajo el lugar en donde está el obelisco, un cofre sellado con el acta de erección del monumento, más la firma de los concurrentes y participantes del acto.
Aquello sucedió en el contexto de la realización de la Convención Rotaria de Chuquicamata, precisamente en esos días y dirigida por el Dr. Guillermo Münich, Gobernador del Distrito Rotario en Chile. Al encuentro, había sido convocado como invitado especial la organización de rotarios de Bolivia, quienes participaron haciendo su parte en la ceremonia. La invitación la realizó el Rotary de Calama unos días antes, por correspondencia dirigida al Cónsul de Bolivia, señor Andrónico Abaroa, descendiente del héroe boliviano en el mismo combate de 1879.
Como se puede verificar, entonces, el origen de este monumento no estuvo en algún afán revanchista o exaltación patriótica propiamente tal, sino en un acto fraterno entre rotarios de Chile y Bolivia. De hecho, la elección de la explanada en la bajada del cerrito Topáter como lugar para el monumento, se hizo para homenajear también el sacrificio del héroe boliviano Abaroa. Así, los discursos centrales de aquel acto del día de Fiestas Patrias de 1933, estuvieron a cargo de don Eduardo Alvear Urrutia, presidente del Rotary Club de Chuquicamata, de don Sergio Cabrera Bello, y del delegado del Rotary Club de Bolivia; además, del Gobernador del Departamento de El Loa, don Carlos Souper Maturana, el Comandante del Regimiento Andino de Calama, don Julio Bejares, y el Presidente de la Colonia de Bolivia, don Daniel Carranza.
El conjunto conmemorativo está compuesto por el obelisco con coronas de laureles en todas sus caras, sobre las gradas con peldaños en una sólida sillería, rodeado de postes encadenados. Al centro de la rueda de laureles de la victoria, originalmente estaba el engranaje emblema del club de rotarios, pero este símbolo ya no existe en el monumento. En el zócalo rectangular del obelisco, puede verse hoy una placa metálica con la siguiente inscripción, me parece que desde el Centenario de la Batalla o después, pues originalmente no estaba allí:
"GUERRA DEL PACÍFICO 1879-1883
COMBATE DE TOPÁTER
23-MARZO-1879
DURANTE LA CAMPAÑA DE ANTOFAGASTA FEB-OCT 1879, FUERZAS CHILENAS CON LA MISIÓN DE OCUPAR CALAMA, COMBATIERON Y VENCIERON AQUÍ A LAS TROPAS BOLIVIANAS".
Es, técnicamente hablando, un tanto discutible esa indicación de una "campaña" de Antofagasta, pero así está el monumento. Además, está acompañado de un bloque sobre un plinto de roca más pequeño, a un costado, en donde ya no se ve ninguna placa o información sobre qué alusión específica hacía, aunque sospechamos que pudo tratarse de un homenaje especial para el Capitán Vargas o los primeros caídos.
Junto al monumento, por la explanada que se extiende junto a la carretera, se encuentra el antiguo cementerio de sitio de la Batalla de Calama. Corresponde a un área con perímetro de viejos muros bajos de adobe, en algunos tramos muy ruinosos, en donde cerraba el paso una puerta con rejas de arco que ahora siempre está abierta. Este sitio era el lugar en donde se sepultó a los fallecidos, y es probable que aún haya chilenos sepultados en el lugar, según la documentación que manejan en el Museo de la Guerra del Pacífico "Domingo de Toro Herrera".
En el aniversario del combate en el año 1952, tras una gestión iniciada en lo que parecía ser un período de acercamiento entre ambos países, los restos de Abaroa fueron exhumados y llevados con honores militares del Ejército de Chile desde el Cementerio de Calama hasta la frontera con Bolivia, a partir del 19 de marzo. Allá fueron recogidos para ser sepultados bajo su monumento en la Plaza Abaroa, de La Paz. Años después, el 10 de abril de 2007, el gobierno chileno instaló una placa de homenaje a Abaroa en el Regimiento Topáter, con representantes civiles y militares de ambos países en la ceremonia inaugural.
En Bolivia, sin embargo, se ha ido asumiendo paulatinamente la memoria de la Batalla de Calama con una imprecisa "defensa del litoral boliviano", a pesar de los casi 160 kilómetros de línea recta que separan a la ciudad de las costas más cercanas y de la nula resistencia que hubo a la ocupación chilena en Antofagasta, donde realmente debió tener lugar esa supuesta defensa. El extraño concepto se ha difundido especialmente en las últimas décadas, producto de la propaganda que acompaña constantemente la demanda marítima de Bolivia.
El entonces cónsul de Bolivia en la ciudad, don G. Alfredo Arze Aguirre, hizo instalar en diciembre de 2002, un sencillo monumento al centro del perímetro de muros de adobe en donde estuvieron las sepulturas de los caídos, muy cerca del monumento como hemos dicho. Se trata de un monolito del mismo material que el pretil de paredes, con una placa en donde se leen versos del educador y escritor boliviano Félix Reyes Ortiz:
Vosotros que posáis la planta altivos
entrad aquí por el dolor cubiertos.
Que nunca la algaraza de los vivos
ha de turbar la calma de los muertos.
El reivindicacionismo territorial altiplánico, por su parte, ha declarado oficialmente el 23 de marzo como el Día de la Pérdida del Litoral o Día del Mar de Bolivia, con una sentida ceremonia anual que incluye minutos de silencio, proclamas de recuperación del mar y elogios a la memoria de Abaroa. Su historiografía oficial, además, ha llegado a instalar la especie de que el intento de recuperación de Calama con el que coqueteó la flamante V División del Ejército de Bolivia tras la épica de Topáter, era en realidad un esfuerzo de recuperación del litoral completo, cruzada representada ahora, por alguna razón geográfica y estratégicamente incomprensible, en esta ciudad chilena.
En contraste, Chile ha ido reduciendo sólo a un carácter militar el recuerdo señalado por el monumento del monolito de Calama, perdiéndose en sentido de amistad chileno-boliviana que inspiró a la instalación, como vimos. Además, el sentido histórico del pequeño cementerio del conjunto quedó un poco desacralizado, y actualmente hasta se pueden encontrar sepulturas de mascotas en él, además de animitas recordando a muertos humanos en el sector y una gran sepultura blanca. Cada año, sin embargo, se realiza una recreación del 23 de marzo de 1879, conocida como la Alegoría del Topáter, con presencia de la ciudadanía y las autoridades.
Por otro lado, valiéndose de la apelación religiosa con la que muchas veces se intenta "exorcizar" el nacionalismo conmemorativo que generan estos sitios históricos, como sucede con el Cristo de la Concordia en el Morro de Arica o la Virgen de Punta Gruesa en Iquique, se recurrió a una estatua de proporciones enormes para ser instalada en el cerrillo frente al monumento, junto a los anillos viales de la carretera: el Cristo del Desierto o Cristo Redentor de Calama, como se le llama, inaugurado por la Municipalidad el 14 de septiembre de 2008. Obra de 12 metros de altura, el Cristo del Desierto surgió de un proyecto sostenido entre las municipalidades de  Calama, que se encargó de la instalación y las luminarias, y la de Palpalá en Argentina, que regaló la figura trabajada por siete artesanos.
También existe un proyecto entre CODELCO y la Municipalidad de Calama, para construcción de área verde que unifique todo el grupo central conmemorativo en el Parque Memorial Topáter, aprobado en 2018 y que involucraría sombreaderos, instalación de juegos infantiles, iluminación pública y peatonal, en más de 25 mil metros cuadrados de terreno. Empero, algunas resistencias, críticas y eventuales conflictos por la posesión de los terrenos necesarios para construir el parque, se han ido presentado como obstáculos para tal propósito.
Será el tiempo el encargado de decir si el proyecto del Parque Memorial Topáter llega o no a concretarse.
Acceso al vecino sector del cementerio de sitio.
Murallones de adobe y quincha rodeando al pequeño cementerio.
Observación de los murallones, sector opuesto.
Animita cerca de la entrada. Perteneció a un Daniel Alejandro Vásquez Ramírez, fallecido un 12 de noviembre de 1999. Las paredes de adobe están muy dañadas.
Reja del acceso al mismo recinto.
Uno de los perros del lugar entra y sale al pequeño cementerio.
Tumbas y monumento memorial al interior del pequeño cementerio.
En primer plano, el monumento memorial boliviano. Atrás, la cripta blanca.
Vista hacia el cerro del Cristo del Desierto, al fondo.
Gran estatua del Cristo del Desierto y su plaza verde.
Acercamiento lateral a la figura de Cristo.
La estatua del Cristo del Desierto.

1 comentario:

  1. He leído atentamente esta información del comienzo de la guerra del Pacífico y me aclara muchas cosas, terrible conflicto entre hermanos.

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