viernes, 22 de marzo de 2019

EL MERCADO CENTRAL DE CALAMA, A LA ESPERA DE GRANDES CAMBIOS

Edificio del Mercado Central de Calama en 1947, en revista "En Viaje". Al parecer, la fotografía es de Roberto Montandón (corresponsal de la nota correspondiente).
Coordenadas: 22°27'40.7"S 68°55'33.2"W
Faltando poco ya para el 23 de marzo, el día más importante de la ciudad de Calama en la Provincia del Loa (por el Combate de Topáter de 1879, al que hemos dedicado una entrada recientemente), aprovecharé de dejar arriba este texto sobre uno de sus edificios más característicos de la nortina ciudad: el Mercado Central, de calle Almirante Juan José Latorre y en pleno centro histórico.
El inmueble se encuentra medio de la línea de la cuadra, entre calles Vargas y Eleuterio Ramírez. Su inconfundible estilo art decó no sólo delata el período arquitectónico al que pertenecían sus planos, sino también al contexto de grandes remodelaciones y modernizaciones públicas que comenzó a experimentar la ciudad en aquel tramo histórico, desde inicios de la República Presidencial y por iniciativas más bien locales, intentando paliar la eterna desidia del centralismo.
El primer mercado de Calama, probablemente no más que una feria con cobertizos de madera, había estado antes en calle Sotomayor, hacia fines del siglo XIX. Resultaba suficiente para cubrir las necesidades de los cerca de mil habitantes que tenía entonces la capital de El Loa. Este mercado también era recordado como un punto de encuentro importante en la entonces pequeña ciudad, albergando en su edificio algunas actividades no sólo comerciales, sino que además de recreación, beneficencia, eventos y kermeses de bomberos, escuelas o clubes deportivos.
El Mercado Central, sin embargo, surgió de la necesidad de contar con un espacio especial y mejorado para la venta de carnes, pescados y productos agropecuarios, de acuerdo a lo que informan fuentes como "Historia y sociedad del departamento del Loa. Calama una mirada desde los archivos", de Carlos Mondaca Rojas, Bartolo Segovia y Elizabeth Sánchez González.
Fue la Ilustre Municipalidad de Calama la que se encargó de dar curso a la construcción de un centro comercial moderno y espacioso como era éste, en los estándares de entonces, aunque no está claro del todo cómo y cuándo surge el plan respectivo. Sí se sabe que el edificio habría sido concebido en 1927, y de ahí el que su estilo sea tan rotundamente modernista, al igual que varios otros edificios de la ciudad, incluyendo la propia sede municipal, a pocas cuadras también en calle Latorre.
Sin embargo, iban a pasar varios años antes que pudiese ser levantado el proyectado edificio comercial... Años en que el auge minero fue haciendo crecer la ciudad, y así las necesidades de vituallas y provisiones también aumentó.
Quedando ya atrás la vieja feria de calle Sotomayor, ésta desaparece hacia 1945, cuando sus instalaciones son desmanteladas y el terreno se destina a otros usos, como verifica la Directora de Bibliotecas Públicas de Calama, doña Edilia Thompson, entrevistada por el diario "El Mercurio de Antofagasta" (artículo "El Mercado Central de Calama se resiste a la modernidad", domingo 20 de noviembre de 2016). Maderas y calaminas del antiguo mercado fueron a parar a reparaciones de escuelas, centros deportivos y otros edificios de interés social. Tal vez quede algo de ellas por ahí, escondidas entre las estructuras de esos edificios.
La necesidad de trasladar todos los puestos y actividades requirió también de dar curso al postergado proyecto del Mercado Central, eligiéndose para su sitio un sector de la ciudad en donde había mataderos y bodegas, a escasa distancia del Paseo y de la Plaza 23 de Marzo, en pleno centro histórico y comercial. Allí fue levantado el edificio, con sus líneas art decó tardías tan evidentes en su doble fachada, con muros de albañilería y techumbre de calaminas sobre vigas metálicas, cerrando su sencilla galería.
Por Ley N° 11.119 del 11 de diciembre de 1952, se autorizaba a un empréstito de 32 millones de pesos para la Municipalidad de Calama, al que se buscó después aumentar a 100 millones para que, entre otros ítems, se construyera el Teatro Municipal (15 millones) y un segundo piso para el Mercado Central (3 millones). Sin embargo, el terrible terremoto del 6 de diciembre de 1953 obligó a dirigir muchos recursos a las más de 1.800 personas damnificadas.
El mercado calameño se convirtió en el principal punto de abastecimiento de la ciudad. Incorporó a sus instalaciones cámaras frigoríficas, especialmente para mantener los productos cárnicos que eran traídos desde el lado de Argentina por comerciantes y ganaderos indígenas. La poca producción agrícola que había a la venta se concentraba allí, y eran conocidos los carniceros chinos que trabajaban en estas instalaciones, mencionados por Juan Uribe-Echevarría en su "El púgil y San Pancracio".
En nuestros días, el mercado cuenta con puestos de venta de artículos y productos varios en su pasillo exterior y las entradas, pero al interior tiende a verse un poco inhóspito en algunas horas del día, con pocos espacios de comercio tradicional, como verduras y frutas, aunque varias cocinerías y restaurantes populares, todos ellos atendidos por chicas extranjeras y con varios platillos también de esa inclinación en sus cartas. Comida abundante y a buenos precios, dicho sea de paso, con menús de tres platos.
Todavía mantiene algo de sus rasgos de lugar de encuentro social, especialmente por ser sitio de reunión de muchos extranjeros buscando empleo o recién llegando a la ciudad. Esto, al parecer, sucede porque se han ido instalando pizarras para informar o datear a los inmigrantes que buscan trabajo.
Sin embargo, su importancia como sitio de abastos ha ido reduciéndose para la ciudad, al contar ésta con otros grandes centros y ferias para el mismo abastecimiento. De ahí que luzca hoy un poco opaco, comparado con sus mejores épocas. Se recomienda siempre tener precauciones con la posibilidad de ser víctima de delincuencia, sin embargo.
Por votación popular de abril de 2012, con la que cumplieron 24.384 voluntarios, el Mercado Central fue seleccionado como edificio de primera prioridad pública para ser intervenido con elementos de la cultura local y los pueblos originarios, con un 29,11% de las preferencias de los consultados, seguido por el Centro de Formación del Desierto, con el 23,96%.
El color verdoso y claro que mantenía la fachada del mercado hasta hace poco, muy envejecido, fue cambiado en octubre de 2018 por otro de tonos cálidos, naranjo y rojo, además de recibir reparaciones en sus muros. También se pintó el interior. Todo esto, gracias a una solicitud de los propios comerciantes y los recursos del proyecto "Mejoramiento fachadas del barrio comercial Latorre" impulsado por la Minera El Abra, filial de Freeport-McMoRan, junto con La Ilustre Municipalidad de Calama, Sercotec, el programa Calama PLUS, la Asociación Gremial Barrio Comercial Latorre y la Comunidad del Mercado Central de Calama.
Actualmente, el plan Calama PLUS proyecta convertir el sector del Mercado Central en un gran centro de eventos y un boulevard, modificando sustancialmente el espacio ocupado por el vecino Teatro Municipal, ubicado a un costado del mercado y con acceso hacia el paseo Eleuterio Ramírez. El nombre del proyecto es Boulevard Mercado Central, y esperamos poder tener la oportunidad de hablar de él acá, una vez que se haya concretado.

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