martes, 26 de marzo de 2019

DE LA PLAZA DE LOS MOTEROS A LA PLAZA DEL TRÉBOL EN VIVACETA

El viejo aspecto de la Plaza de los Moteros o Matías Ovalle, en imagen que acompaña el trabajo de Fernando Márquez de la Plata titulado "Arqueología del antiguo Reino de Chile".
Coordenadas: 33°25'43.1"S 70°39'34.8"W (Plaza Los Moteros) / 33°25'43.1"S 70°39'34.8"W (Plaza El Trébol)
Hace un tiempo, publiqué algo acá sobre las crónicas de la avenida Fermín Vivaceta de Santiago, alguna vez conocida como Las Hornillas y ubicada por mucho tiempo en lo que fue el extremo poniente de los barrios de La Chimba de la capital chilena, al otro lado del río Mapocho. Aquel texto tiene mucho que ver con lo que redacto ahora.
Lo mismo sucede con mi última entrada acá subida, relacionada con la historia de la Población El Arenal u Ovalle, nacida en los cascajales y acopios areneros que había en la orilla del río Mapocho, del lado de la Chimba, en la antigua propiedad colonial del Corregidor Luis Manuel Zañartu. La sociedad de los hermanos Pascual y Matías Ovalle Errázuriz estableció allí en la población un lucrativo negocio de subarriendos de terrenos a familias pobres, a partir de 1853, convirtiéndose en la Población Ovalle.
Dijimos también en el aludido par de entradas que, en la entrada de la avenida Vivaceta y sus conexiones con las otras vías, existe la llamada Plaza El Trébol, hoy lugar de reunión permanente de los muchos ciudadanos extranjeros que viven por estos barrios, especialmente en los fines de semana cuando se instalan los toldos con cocinerías peruanas. Esta plaza nacida de la demolición de antiguas cuadras de la Población El Arenal y las del extremo poniente de las villas, se encuentra entre Vivaceta, Presidente Eduardo Frei Montalva, Coronel de la Quintana y Aníbal Pinto, formando un área de senderos, árboles y pastos no muy bien cuidados, además de algunos cambios de altura en el terreno de su gran manzana verde.
Ahora quiero extenderme un poco más en la historia de esta plaza y su barrio, así como también en sus orígenes como prolongación de un área verde muy anterior: la Plaza de los Moteros o Plaza Ovalle, técnicamente ya casi desaparecida, aunque aún son reconocibles sus restos en este lugar de la ciudad, justo al lado de la actual plaza.
Motero vendiendo a niños y gañanes del lado chimbero del barrio de los mercados de Mapocho, relativamente cerca del sector de la Plaza de los Moteros y en un barrio donde abundaban a la sazón esta tipo de comerciantes populares. Imagen con el Puente de Cal y Canto de fondo. Litografía en la obra "Briefe von Kolonisten aus Chile" de 1885, publicada en Zürich por Benjamín Dávila-Larraín.
Las antiguas cuadras de la Población El Arenal u Ovalle, ya en 1875, en el "Plano de Santiago" de Ernesto Ansart. Se destaca en verde la ubicación de la Plaza de los Moteros y la posterior ubicación de la actual Plaza El Trébol, de mayor tamaño y más rectangular. El eje Norte-Sur de este plano está invertido.
Detalle con la Plaza Ovalle o De los Moteros original (en verde), en el "Plano General de la ciudad de Santiago e inmediaciones" de Nicanor Boloña, de 1911. Se observa que el actual sector de la Plaza El Trébol (en rojo) estaba ya urbanizado y con manzanas construidas.
Vista aérea actual del sector Plaza El Trébol y entrada de avenida Vivaceta, en base de mapas Google. El número 1 señala la ubicación de lo que queda de la Plaza de los Moteros o Matías Ovalle, mientras que el número 2 señala a la gran Plaza el Trébol, junto a Vivaceta.
LA PLAZA DE LOS MOTEROS O MATÍAS OVALLE
Vimos en la entrada anterior a ésta, que la Población El Arenal, luego conocida también como la Población Ovalle, comenzó a desaparecer como tal después de la canalización del Río Mapocho, gigantesca obra realizada entre 1888 y 1891, que cambió para siempre la relación de la ciudad con su principal curso de aguas fluviales y urbanas. Las viviendas y cités centenarios que aún se lucen en esos barrios, comienzan a aparecer en las primeras décadas del siglo siguiente.
Sin embargo, quedaría entre los vestigios aún reconocibles de la vieja Población Ovalle allí en el barrio actual, una pequeña plaza hasta no hace mucho rodeada de aquellas residencias de ladrillo y cornisas añosas: la Plaza Matías Ovalle, más conocida en su momento como Plaza de los Moteros.
Es preciso remontarse a cuando el sector en la entrada de Vivaceta y los terrenos que le fueron siendo arrebatados a las orillas del río con la canalización, eran parte de un amplio territorio situado entre dos plazas. Una de ellas era la llamada Plaza Borgoño, en Independencia, hoy Plaza Neruda de  calle Borgoño; y la otra sería llamada después Matías Ovalle, recordando a uno de los hermanos de la señalada sociedad y residente por varios años del solar colonial de Zañartu.
Esta última plaza estaba ubicada cerca del borde del Mapocho, un par de cuadras antes de llegar a Las Hornillas o Vivaceta, en el lugar del encuentro de las calles Prieto, Borgoño y Lastra con Escanilla y Coronel de la Quintana. Era una pequeña pero acogedora área verde de forma trapezoidal que al parecer hasta tuvo -alguna vez- una fuente de aguas en su centro o algo parecido.
Hasta este sector de la Población Ovalle llegaban muchas de las carretas provenientes de campos y plantaciones agrícolas al poniente y al Norte del valle del Mapocho, con sus productos para ventas en el entonces Mercado de Abasto reconvertido más tarde en el Mercado Central; y, unos años después, dirigiéndose también al Mercado de La Vega y sus ferias, en la ribera Norte. Tanto fue así que, por una orden municipal de 1897, se exigió que las carretas con sandías y melones de camino a estos mercados, se estacionaran justo en la plaza de nuestro interés allí en el borde de la Población El Arenal, frente a la calle Escanilla y sin entrar al barrio comercial, para que no perturbasen la circulación de carros.
Popularmente, este sitio estaba siendo llamado la Plaza de los Moteros, por las abundantes ventas de mote (de trigo) y motemei (mote de maíz) que allí tenían lugar tradicionalmente. Quizá no sea coincidencia que aún exista tanta venta de mote con huesillos en toda Vivaceta e Independencia e intermedios, entonces, arrastrando esta antigua fama comercial. Posteriormente, tras morir don Matías Ovalle en 1899, se bautizó formalmente a la plaza con su nombre, aunque para el pueblo siempre siguió siendo la querida y concurrida Plaza de los Moteros.
No obstante la explicación histórica recién vista, hay otras versiones sobre el supuesto origen del nombre de la Plaza de los Moteros, una de ellas comentada por Carlos Jorquera en "El Chicho Allende": que como los estudiantes de medicina eran afectuosamente apodados "moteros" en esos años, siendo su lugar de reunión "una vieja plaza entre la Avenida Independencia y el barrio de Vivaceta donde todos solían estudiar", ésta pasó a ser conocida así, y no porque se vendieran en ella el típico mote con huesillos. Sin embargo, su explicación tropieza con la antigüedad del apodo y la presencia de los moteros allí, desde antes de hacerse favorita de los estudiantes de medicina.
La Plaza Matías Ovalle no era el único sitio con este nombre en el barrio, por entonces: la calle que bordeaba un canal al poniente de la avenida Vivaceta, coincidente con la actual Teniente Bisson, era llamada entonces Matías Ovalle, mientras que la vía situada entre ésta y Vivaceta, hoy llamada Grumete Bustos, llevaba el nombre de su hermano Pastor Ovalle. Fueron homenajes póstumos para ambos hermanos, a pesar de los recuerdos controvertidos y contradictorios que dejaron su sociedad y sus negocios allí, en la historia de la ciudad.
Viviendas de las cuadras adyacentes a la Plaza de los Moteros, que fueron demolidas a inicios del actual siglo para abrirle paso al Proyecto Costanera Norte. Fuente imagen: "La Costanera Norte y el Barrio Los Moteros: Crónica de un conflicto urbano", de Verónica Tapia Barría (Tesis para optar al título de Antropólogo Social).
Residencias del Barrio Los Moteros, antes de ejecutado el proyecto. Fuente imagen: tesis de Verónica Tapia Barría.
Arriba: propietarios y vecinos organizados contra la construcción de la Costanera Norte y las demoliciones del barrio, manifestándose en el sector de la Plaza de los Moteros. Abajo, otra de las residencias centenarias que desaparecieron en la ejecución del proyecto. Fuente: tesis de Verónica Tapia Barría.
LAS ATRACCIONES DE LA PLAZA AL LLEGAR EL SIGLO XX
Con sólo 1.232 metros cuadrados de superficie hacia 1910, cuando ya quedaba atrás la época de la Población El Arenal gracias a las nuevas urbanizaciones y modificaciones de la propiedad en los terrenos, la Plaza Matías Ovalle o de los Moteros no era particularmente grande comparada con otras de la ciudad, aunque sí era mayor que varias de gran importancia urbanística, como la mismísima Plaza Italia, de entonces 900 metros cuadrados, y la Plaza Bilbao, con 1.121. Muchas de las casas de su entorno serían levantadas en los años veinte, además, sobre lo que habían sido antes las cuadras de El Arenal.
Si bien no estaba tan directamente integrada al sistema de tranvías, la Plaza de los Moteros siempre fue un punto de encuentro interesante para el lado chimbero de Santiago, calidad de la que quedaron escritos muchos testimonios, para comodidad del curioso.
Sus primeros juegos infantiles comenzaron a instalarse en 1923, por el entonces Primer Alcalde don Rogelio Ugarte Bustamante, involucrando participación de los vecinos dirigidos por el Regidor don Diego Escanilla y en un período en que se inauguraron varias de estas instalaciones de entretención en las plazas de Santiago.
Por muchos años, además, la Plaza Matías Ovalle fue la favorita de estudiantes universitarios repasando materias para sus exámenes, así como de intelectuales y de parejas de enamorados del barrio, aunque al caer las tardes adoptaba un cariz más oscuro, bohemio y algo miserable, inclusive. Comerciantes de bocadillos llegaban a ella a ofrecer sus ventas, comenzando a dejar atrás la época de los moteros que le dieron nombte. También había allí pequeños encuentros políticos hacia los años treinta, como discursos de orientación obrera y mítines de algunos 21 de mayo.
Por esos años de esplendor arbóreo, el poeta Pablo Neruda encontraría residencia allí cerca, tras llegar a Santiago, en una desaparecida residencial de Maruri. Y su Némesis intelectual, Pablo de Rokha, escribiría en la "Epopeya de las comidas y bebidas de Chile": "El farol del pequenero llora, por Carrión adentro, en Santiago, por Olivos, por Recoleta, por Moteros y Maruri, derivando hacia las Hornillas...".
Por su parte, Luis Alberto Baeza comenta algo interesante en un artículo de la revista "En viaje" ("La prensa santiaguina y la bohemia del 900", febrero de 1965), al revisar los restaurantes más atractivos de principios del siglo XX e incluir la plaza de marras en su ruta:
"'El caldo de pavo', que boliche que al amanecer entraba en competencia con los valdivianos y caldos de cabeza del Mercado y con los pequenes picantes de la Plaza de los Moteros, sitio predilecto de bomberos y noctámbulos".
Fue en esta plaza, además, donde Andrés Sabella y Mario Ferrero comenzaron a hacerse un público, declamando poemas de Gabriela Mistral y Carlos Pezoa Véliz, o comentando los cuentos de Baldomero Lillo, aprovechando la audiencia que atraía un grupo de evangélicos o canutos en las calles y con los que acordaron una alianza estratégica. Lamentablemente, el simbiótico pacto de paz se rompió de súbito, cuando Sabella tuvo la pésima idea de hacer un homenaje al vino a través de los versos de Baudelaire, ofendiendo a los fieles y ganándose una paliza con expulsión a guitarrazos de la esquina de Franklin con San Diego.
Fernando Márquez de la Plata también menciona a la plaza en su "Arqueología del antiguo Reino de Chile", escrita hacia 1953, cuando ya había pasado la época de los moteros que llegaban antes a ella con sus grandes ollas de greda y sacos de mote:
"Aún existe la vieja y evocadora Plaza de los moteros en Santiago, no lejos del río Mapocho, en la calle Prieto. Hoy silenciosa y abandonada, conserva el frondoso árbol que daba sombra a los vendedores que allí se reunían y salían luego a instalarse en diferentes barrios de la ciudad. Los vecinos aún mantienen el recuerdo de lo que en ese sitio pasaba y añoran el espectáculo que se ofrecía cada día".
Cargada de recuerdos, entonces, la Plaza de los Moteros sobrevivía en los planos de Santiago como reminiscencia de aquellas poblaciones desaparecidas con épocas de luces y sombras.
Esto es todo lo que queda de lo que fue la Plaza de los Moteros. Atrás, la sede vecinal "Matías Ovalle" y, al fondo, las dos torres del condominio Vista Santa María.
Sede de la Unidad Vecinal N° 15 "Matías Ovalle", ocupando parte de lo que fue la plaza. Su nombre recuerda al principal socio y hermano de la Sociedad Ovalle, que estableció los negocios de arriendo de la primitiva Población El Arenal u Ovalle, en donde estaba la Plaza.
Lo que queda de la Plaza de los Moteros o Matías Ovalle, a la derecha, en el sector de las demoliciones realizadas para abrirle paso a la Costanera Norte y sus empalmes. Los árboles de más al fondo son de la Plaza El Trébol.
Los vestigios de la Plaza de los Moteros, vistos desde el borde de la caerca en calle Frei Montalva llegando a General Prieto.
La misma plazoleta vista desde Lastra con Escanilla. Algunos de sus viejos árboles podrían ser originales, o al menos testigos mudos de la época de más popularidad de esta plaza.
EL BARRIO DE LOS MOTEROS Y SU DESTRUCCIÓN
Todo este barrio adyacente a la Plaza de los Moteros fue llamado, a partir del cambio de siglo aproximadamente, como Barrio Los Moteros, recordando aún la presencia de estos trabajadores allí y conservando tal denominación hasta tiempos muy recientes, curiosamente.
Por otro lado, durante la época en que existió allí el llamado Puente Ovalle, que unía la ribera Sur del Mapocho a la altura aproximada de la calle Teatinos con las villas de la Población El Arenal, durante la segunda mitad del siglo XIX y hasta la canalización del río, este paso menor sobre sus aguas caía del lado Norte encima calle Borgoño, a poca distancia de la misma Plaza de los Moteros, lo que facilitaba su reconocimiento y utilidad funcional dentro del trazado urbano. El puente existió hasta que se reemplazaron todos por pasos posteriores más sólidos y modernos, tras la canalización, hacia fines de nuestra primera centuria republicana.
El siglo XX continuó arrojando cambios radicales a los planos urbanos del sector. Así, en los años sesenta, comenzaron a trazarse los primeros grandes planes de construcción de autopistas adyacentes o encima de aquellas cuadras del Barrio de Los Moteros, incluida la plaza homónima. Lo que quedaba de ella, además, debió sobrevivir a las ampliaciones de las calzadas y al inicio del proyecto Costanera Norte en 1995, comenzando a oírse también las voces disidentes entre los vecinos, por la agresividad de la intervención que se planificaba en sus barrios.
Tras la autorización del proyecto en 1999, cinco manzanas que separaban a la plaza del borde del Mapocho y que se remontaban a los terrenos ganados al borde del río con su canalización, fueron expropiadas y destruidas para abrir la autopista, desapareciendo las hermosas casas antiguas de esas cuadras entre avenida Santa María, General Prieto, López de Alcázar y Coronel Quintana. Correspondían a un total de 84 viviendas, pero 50 de ellas eran propiedad de solamente tres familias no residentes, que las arrendaban a otros usuarios. Una de las manzanas era de la Municipalidad de Independencia, además.
Tras un largo período de negociaciones y pleitos, el desalojo fue ordenado en marzo de 2002, procediéndose a las demoliciones al año siguiente. También desapareció el grupo de casas al oriente de la Plaza de los Moteros, entre fines de 2007 e inicios de 2008, pero en este caso para un proyecto inmobiliario, correspondiente a los dos edificios que allí se levantaron: el Edificio Costanera y el Edificio Plaza, del conjunto residencial Vista Santa María.
De esta manera, gran parte del terreno al Sur de la misma plaza y sus barrios adjuntos, prácticamente quedó perdida entre los confusos nudos y trazados de calles que hoy conectan el tráfico desde la entrada de Vivaceta y las autopistas hacia las avenidas Santa María y Presidente Eduardo Frei Montalva.
De lo que alguna vez fue la Plaza de los Moteros o Matías Ovalle, sólo queda un pequeño triángulo entre Lastra y Escanilla, enfrente de una gasolinera "Copec" y a espaldas de la sede de la Unidad Vecinal N° 15 de Independencia, construida hacia 2006. Tanto la gasolinera como un vecino edificio administrativo de Costanera Norte situado a un costado, están en los terrenos en donde se hallaban antes las viviendas demolidas, a pasos de la plaza.
La destrucción del barrio fue tan feroz que hoy está irreconocible sin la orientación y observación adecuada, siendo difícil continuar identificándolo como el de Los Moteros de antaño. Sin embargo, la señalada sede social que cierra la plaza por su lado oriente, conserva en su nombre el topónimo patronímico para la misma área verde y la desaparecida población creada por la Sociedad Ovalle Hermanos en El Arenal: Unidad Vecinal n° 15 Matías Ovalle.
Plaza El Trébol. Se observa el sendero circular, que correspondía antes a la calzada del empalme entre las autopistas con su trébol vial precisamente en esta manzana.
Juegos infantiles de la misma plaza.
Animita en la plaza, hacia la esquina de Pinto con Quintana.
Residencias alrededor de la Plaza El Trébol, esquina Lastra con Quintana.
Casas de calle Quintana, enfrente de la Plaza El Trébol.
Plaza El Trébol, sector de las carpas con cocinerías peruanas del fin de semana, mirando hacia el Norte. Al fondo se ven los chapiteles de la Parroquia del Buen Pastor, enfrente de la calle Victoriano.
Práctica de deportes y otros esparcimientos en la plaza.
ORIGEN DE LA VECINA PLAZA EL TRÉBOL
Exactamente al lado de la Plaza Ovalle o Plaza de Los Moteros, hacia el poniente, fue extendida y ampliada una gran área abierta hasta el borde mismo de Vivaceta, que varios confunden aún con la original plaza recién vista, aunque en términos prácticos sea su heredera en estos barrios.
Nos referimos a la Plaza El Trébol que, como hemos dicho, se encuentra entre las calles Quintana, Pinto y Lastra, con juegos infantiles y un gran óvalo central. Sin embargo, el aspecto de la manzana de esta plaza no ha sido el mismo en ninguna época, pues ha experimentado cantidades de cambios e intervenciones desde que existe en la ciudad de Santiago.
De haber sido un lugar arrabalero y rural a fines del siglo XIX, más bien periférico, que con frecuencia ni siquiera se detallaba en los planos de Santiago, quedó después en el lote de cuadras formado por la intersección de Las Hornillas con la llamada Calle de Arenales o Del Arenal, coincidente con la actual General Prieto, en los tiempos de la Población Ovalle. Todavía no aparece urbanizado allí en el plano de la ciudad hecho por el profesor Ernesto Ansart en 1875.
Recién hacia el Primer Centenario, el cuadrante aparece totalmente construido, por lo que la aparición posterior de la plaza debió unir dos cuadras estrechas edificadas, que dejaron formada la manzana rectangular que ahora ocupa.
El surgimiento de la plaza más o menos como la vemos ahora, tiene lugar con los mejoramientos de la Autopista Norte-Sur en la entrada de la avenida Vivaceta, hacia inicios de los años sesenta como indicamos ya, cuando se instala por allí también la estatua de don Fermín Vivaceta que después será trasladada hasta Alameda con Diagonal Paraguay, en donde se encuentra actualmente. Hasta entonces, había sido un sector poco definido en el uso público de cuadras edificadas, pasando casi a terreno eriazo, y después a un área verde rústica de poco lucimiento, en diferentes períodos de la misma.
Los nuevos trabajos del paso superior en Vivaceta que obligaron a cambiar la señalada estatua y a modificar el aspecto general del barrio, se habían iniciado en 1969, aunque quedando paralizados por la situación política y social de 1971 a 1973. Pudieron ser retomados y terminados en 1975.
Como resultado de aquellas intervenciones, quedó una gran área de nudos viajes entre las avenidas Santa María, Cardenal José María Caro, Pinto y Vivaceta, por cuya forma de trébol en los planos de la ciudad le fue dado a la plaza tal nombre, ubicada justo al centro de tales anillos viales.
Es la plaza que podemos reconocer allí actualmente: la Plaza El Trébol.
PLAZA EL TRÉBOL DE NUESTROS DÍAS
El aspecto final con el que llega la plaza grande hasta nuestros días, sin embargo, con basureros, mejores juegos infantiles y caminos interiores entre los árboles, deriva del grupo de trabajos complementarios a la construcción de la Costanera Norte, y de alguna manera supliendo la pérdida de espacio alrededor de la vecina Plaza de los Moteros, cuyos restos pasaron a quedar convertidos en un apéndice de la Plaza El Trébol.
En 2004, entonces, se cerró la circulación de vehículos en el anillo interior del trébol de la plaza, por lo que pasó a ser plaza peatonal en toda su manzana, sin interrupciones viales, ya que la calzada fue cubierta de pastelones para el paseo. Una gran cuadra verde, casi completa.
Empero, a pesar de la transformación y la eliminación del paso vehicular, reducido ahora sólo a sus contornos, todavía es posible distinguir aquel sendero circular ahora para los peatones dentro de la plaza, mismo que antaño era la carpeta asfaltada de aquel giro en el trébol, particularmente el anillo que unía la avenida Vivaceta y la calle Pinto con la actual Presidente Eduardo Frei Montalva y Santa María.
Empero, hasta muy cerca del Bicentenario Nacional, la plaza se había mantenido como un lugar oscuro y un tanto peligroso, por lo que sus mejoramientos resultaron muy apropiados para recuperarla con la incorporación de luminarias más eficientes y la ampliación de sus senderos, más allá de la eliminación del paso de vehículos por su interior. También quedaron algunos antiguos escaños de concreto como reminiscencia de las épocas anteriores de la plaza, además de algunas estructuras de albañilería hoy en desuso.
Los rasgos pintorescos dominan desde entonces este lugar, no sólo por la arquitectura del barrio obrero a su alrededor. Desde el año 2011, por ejemplo, un grupo de cocineras peruanas reunidas en la llamada Agrupación de Mujeres Emprendedoras "Gastronomía y Entretención", comenzó a instalarse todos los fines de semana cerca de el centro de la plaza con las autorizaciones sanitarias y municipales, levantando sus toldos y carpas de cocinerías populares y mesas, para vender -a precios muy económicos- algunos platos típicos de la gastronomía y repostería del país incásico: chicharrones de pernil, salchipapas, ceviches de pescado o mariscos, pollos "broster", papas rellenas, etc.
La manzana se ha vuelto un punto de encuentro e intercambio de muchos extranjeros, por las descritas razones, aunque también es verdad que la Plaza El Trébol siempre tuvo esta atracción para los inmigrantes residentes en el lado Norte de Santiago, los que llegaban a ella a vender productos, pasear con sus familias o practicar algún deporte.
La recuperación de la Plaza El Trébol ha permitido que se la cotice también como centro de eventos culturales, ferias y jornadas de educación sanitaria. Se recuerda, por ejemplo, la realización en ella de la llamada Fiesta de las Culturas y actos de celebraciones de las Fiestas Patrias de Perú. También se destaca la presentación de la marioneta gigante "Venus", en la noche del 3 enero de 2018, show a cargo de la Compañía L'Homme Debout de Francia y con organización de la Municipalidad de Independencia, en el marco del Festival Santiago a Mil.

2 comentarios:

  1. Conocí las casas demolidas. Era mu bonitas en un barrio tranquilo. Pero la modernidad era inevitable.

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  2. En BOrgoño 1780 vivió mi abuelita Fresia justo en la imágen primera de esas casas tan bonitas de color ladrillo rojo, conocí a cada vecino que vivió en esas casas con patios interiores y mi abuelita que vivía en un segundo piso con ventanales a los patios de todas esas casas que se ven en la imágen. También había un cité por la calle Escanilla justo frente a esas casas de color blanco que eran de dos pisos y de color blanco. También conocí a todos esos vecinos en los años 60-70. Muchos de los niños de esa época nos juntabamos a jugar por las tardes. Justo frente a esas casas de dos pisos de color blanco en los años 60 venían a descargar melones y sandías los camioneros que se instalaban en la calle de tierra que daba al río Mapocho. La plaza de Los Moteros era un referente para todo. Mucho tiempo busque la historia de la plaza encontré anteriormente algo pero acá en esté blog hay bastante información completa agradezco las imágenes y he tomado las dos primeras para mostrar a mi madre y mi hermana. Gracias Saludos!

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