domingo, 13 de enero de 2019

ORIGEN DE UN TOPÓNIMO: LA CALLE DE LA BANDERA EN AZAPA

La gran bandera, al fondo de la calle entre las parcelas y fundos. Al fondo, se ven los diseños de los geoglifos del Cerro Sagrado.
Coordenadas: 18°30'41.6"S 70°13'35.1"W (inicio) / 18°31'26.3"S 70°13'41.4"W (ubicación de la bandera)
Por razones evidentes, no parece cosa frecuente el tener la oportunidad de testimoniar el origen de un topónimo, aunque sea en parte, especialmente en la historia del nombre de las calles. Las excepciones las permiten sectores en pleno proceso de urbanización y poblamiento alrededor de ciudades o pablados mayores, como sucede con este caso particular en el Valle de Azapa, al interior de Arica en el extremo Norte de Chile.
Ya he contado algo acá sobre el origen del nombre de la calle Bandera de Santiago, gracias al período de la Patria Nueva en que el comerciante Pedro Chacón Morales, abuelo materno del futuro mayor héroe naval del país, el Capitán Arturo Prat, decidió colocar una gran bandera chilena flameando en la fachada de su tienda. Su casa comercial estaba ubicada en la calle que hoy recuerda en su nombre este singular episodio, precisamente.
Un caso muy parecido al de don Pedro y con el mismo resultado, pero ya en nuestros tiempos, ha tenido lugar en la zona conocida como Alto Ramírez, antes de llegar a Las Llosyas en Azapa, paisaje conocido por sus cultivos de tomates y olivos, además de los geoglifos precolombinos del Cerro Sagrado y las ya aparentemente extintas apariciones fantasmales de la llamada Novia de Azapa, cuya animita aún señala el lugar de su trágica muerte en la carretera de la Ruta A-33, a escasa distancia de la calle de nuestro interés.
La Calle a la Bandera o de la Bandera surgió de un antiguo sendero rústico y polvoriento, muy campestre, entre parcelas y propiedades agrícola que pintan de verdor estos terrenos en apariencia estériles, crecidos a los lados del estero Las Llosyas, que hoy parece estar permanentemente seco. A pesar de que han comenzado a dominar en él nuevas formas de residencias y de cultivos, además de haber sido pavimentado, la vía conserva bastante aún de ese aspecto original y poco domado que tuvo en el pasado.
Inicio del camino hoy identificado con la Calle de la Bandera.
Vegetación al costado del acceso a la calle.
Vista del sector que enfila hacia el Oriente, en dirección a Las Llosyas. Sector antiguamente usado como pistas de carreras de caballos.
El origen geográfico de la calle de marras, está en el sector de Alto Ramírez hacia la altura del kilómetro 7 en la mencionada Ruta A-33 de Azapa, justo enfrente de la Hacienda Vidova Gora, propiedad dedicada a explotación de los olivos como muchas otras de ese sector. Desde allí, la vía se interna en dirección Suroeste, doblando hacia el costado Sur con leve inclinación al Este, avanzando un largo trecho antes de volver a desviar, esta vez hacia la quebrada.
El primer tramo antes de la curva, en la entrada de la calle entre las parcelas, está señalado por algunas plantas coníferas que se ven en el costado derecho y que son escasas en el valle. Sin embargo, de su primitivo aspecto descrito por algunos viejos vecinos, se recuerda que este tramo inicial era de un doble camino entre alamedas de árboles, con mucha más sombra y flora que en nuestros días.
La continuación del camino era, antaño, una pista larga y sin pavimentar, cuya rectitud fue aprovechada entonces por peones e inquilinos del valle para realizar las llamadas carreras a la chilena, desafíos de dominio equino muy folklóricas, tradicionales y practicadas en nuestro país, aunque guardan bastante parecido con carreras similares de velocidad que se realizan entre pueblos bereberes y otros del Norte de África. Todo ese sector hoy está también pavimentado y deslindado por corridas de cercos, muros y rejas laterales, tras los cuales se levantan campos y residencias, algunas de estas últimas con algo de ostentación.
El lugar que dio el origen mismo al nombre de la calle, lo encontramos al llegar a la Hacienda Piccola Mandrogne, en el kilómetro 12, distinguible por sus antiguos cierres de madera y una gran cantidad de suculentas tunas contorneando los olivares que crecen en ella. Se debe doblar por la calle lateral de la hacienda hacia el Oeste, la que aún se mantiene sin pavimentar, y tras contornear su vértice se continúa brevemente hasta el Sur, entre algunos olivos y pinos similares a los del acceso.
El Cerro Sagrado visto desde el Camino de la Bandera.
Otras banderas chilenas se pueden ver en esta ruta.
Sector hacia el final de la ruta, junto a la quebrada de Las Llosyas.
Es allá en donde encontramos la razón de todo, al fondo de la calleja y su final exterior, pues el resto de la misma se interna por propiedades privadas cerradas: una gran bandera chilena, pintada sobre un portón corredizo de metal y madera, situado en un sector de instalaciones de trabajo de estos mismos campos. Las formas sinuosas de los geoglifos del Cerro Sagrado, son su telón de fondo, para hacer más especial la vista.
Antes de continuar, cabe señalar que el acto de pintar banderas chilenas con insistencia, es una costumbre que sobrevive en parte de los ariqueños probablemente desde los tiempos de los conflictos con Perú, por asegurar la posesión de la ciudad después de la Guerra del Pacífico y hasta el Tratado de 1929. De hecho, recientemente se ha pintado otra gran bandera también en el costado del acceso al museo de sitio del Morro de Arica, aunque no tan visible como el pabellón gigante que allí flamea permanentemente. También es sabido que los locatarios de algunos antiguos negocios tenían la bandera chilena pintada en sus fachadas o interiores, como buscado enfatizar o reafirmar esta nacionalidad en cada instancia posible.
En el caso de la bandera de Azapa, sin embargo, trabajadores y residentes del sector recuerdan que ésta surge por la voluntad de un querido ciudadano de origen italiano llegado a estas tierras en 1958, el reputado empresario y comerciante Aldo Lombardi (1931-2012), patriarca de la conocida familia productora e industrial de los olivos, propietaria de varios de los fundos que hay por este lado del valle, los mismos con las aceitunas típicas que han recibido denominación de origen azapeño, por lo demás.
Se cuenta que sucedió hace unos 25 ó 30 años, aproximadamente, cuando Lombardi hizo pintar la bandera chilena en la puerta casi cuadrada de la bodega de herramientas y maquinarias menores de los trabajadores de sus campos y plantas, algo que llamó tanto la atención de los residentes, quienes comenzaron a hablar de la vía principal como el Camino a la Bandera y la Calle de la Bandera. Era el punto de referencia para los trabajadores que llegaban en colectivos hasta el lugar, además.
Final de la calleja tras el fundo, con la bandera y las instalaciones.
El camino lateral de la hacienda, visto desde el portón con la bandera.
Acercamiento a la bandera en la bodega y las instalaciones de trabajo.
El portón con la gran bandera chilena de Lombardi.
A la sazón, la calleja secundaria en donde se pintó el símbolo patrio, tenía también cierta continuidad con la ruta actual pavimentada y extendida más al Este, aunque esta última acabó apropiándose de la identidad de la calle menor, que lucía la orgullosa bandera. El alcance nominal es, en la actualidad, para casi todo este sector de Alto Ramírez.
No estaría oficializado el nombre de la Calle de la Bandera, según entiendo, pero esto se ve como un hecho irreversible: todos en Alto Ramírez y Las Llosyas conocen su nombre y saben cuál es. Los taxistas y colectiveros que salen desde Arica también entienden perfectamente destino del pasajero que les señale esta calle.
Para hacer más definitivo el asunto, el "barrio" que ha crecido junto a la carretera ya pavimentada, es conocida entre los propios residentes como La Bandera... No habrá vuelta atrás, según parece: el nombre se instaló en el uso popular y así ha llegado a ser el propio de la vía, justo como suele suceder con las denominaciones originales de las calles históricas.
La bandera pintada que dio el origen toponímico, en tanto, continúa allí. Ya no está radiante y esplendorosa en colores como en sus primeros años, tal vez, pero sigue presente no sólo como un punto de referencia inconfundible en el Valle de Azapa, sino también como un curioso testimonio visible de esta pequeña pero importante historia de la localidad. Su permanencia, además, nos da aquella posibilidad poco usual que hemos comentado al inicio: la de ser testigos de un eslabón en el proceso de nacimiento y consolidación de una calle, en sus aspectos nominales e históricos.

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