domingo, 25 de noviembre de 2018

RETRATOS HISTÓRICOS DE LOS VENDEDORES AMBULANTES Y COMERCIANTES CALLEJEROS DEL CHILE QUE YA NO EXISTE

"Vendedores en las calles", del "Atlas de la historia física y política de Chile" de Claudio Gay, publicado en París en 1854. De izquierda a derecha: heladero, brevero (vendedor de higos y brevas), velero (vendedor de velas), dulcero (vendedor de golosinas y dulces) y lechero.
Quiero tomarme un respiro con los textos más extensos y publicar algo ligero en esta ocasión, dedicado a los clásicos vendedores y personajes del comercio callejero más clásico de Santiago: esos con características de pregoneros que existieron durante la Colonia, gran parte de la República y que recién en el siglo pasado comenzaron a desaparecer irremediablemente, aplastados por la realidad de los tiempos siempre cambiantes.
Por algunos períodos de la historia, la única forma de proveerse de algunos productos fue a través de esta clase de vendedores al detalle. La concentración de los mismos en algunos puntos específicos de cada ciudad o pueblo, fue lo que dio origen a las respectivas ferias o mercados de los mismos, en varias ocasiones. También tenían alguna clase de convivencia conflictiva y nunca bien resuelta con la autoridad: históricamente, lidiaron con restricciones y prohibiciones, en algunos casos con períodos de persecución y en otros de vista gorda, tolerancia esta última que se debía al hecho de que sus ventas terminaban siendo necesarias para el abastecimiento del pueblo.
Muchos cronistas del siglo XIX dejaron retratos interesantes (textuales y gráficos) sobre aquellos personajes que eran comunes en las calles de Chile en aquellos años: Claudio Gay, Recaredo Santos Tornero, Melton Prior, entre otros. Sus observaciones y sus ilustraciones han permitido ahorrarle imprecisiones a la imaginación y ver con mayor ajuste el aspecto, la estampa, la indumentaria y los caballos o mulas de aquellos pregoneros antiguos del país. Dejamos de lado, sin embargo, a otros personajes que estuvieron en la misma relación de la vida urbana y callejera, como los serenos, los pregoneros de anuncios públicos o los cataneros de vigilancia policial, pues no tenían una orientación comercial en su quehacer.
Cabe notar que, entre los comerciantes ambulantes de antaño, había un grupo estable y permanente, casi infaltable, cuyos productos muchas veces compartían el mismo canasto o "cuna" de mimbre: los vendedores de huevos duros, pan amasado, de tortillas de rescoldo y pequenes, eran un buen ejemplo de ellos, sobrevivientes todavía hacia los años setenta. Lo más parecido a los mismos en nuestros días, quizá sean los vendedores de sánguches, de desayunos o de bocadillos en estaciones, terminales de buses y lugares al paso de viajeros y trabajadores. Del mismo modo, el antiguo dulcero o vendedor de golosinas confitadas y pequeños pastelitos para niños, puede tener una línea histórica con el rol de las actuales palomitas o vendedoras de dulces típicos chilenos.
El otro grupo, en cambio, variaba según la temporada del producto que vendía, de modo que un frutero podía aparecer como sandillero (vendedor de sandías, enteras y por rebanadas) o brevero (vendedor de brevas) en el verano, y más tarde en otoño, como uvero (vendedor de racimos de uvas) o membrillero (vendedor de membrillos). Un vendedor de comida, del mismo modo, puede ofrecer en el período del maíz fresco sus humitas y pasteles de choclo, en otro frituras dulces como calzones rotos o churros, y en Fiestas Patrias o vacaciones sus sabrosas empanadas.
"Vendedores en las calles", del "Atlas de la historia física y política de Chile" de Claudio Gay, publicado en París en 1854. De izquierda a derecha: aguatero, yerbatero, panadero y sandillero (vendedor de sandías).
Personajes callejeros  En el "Chile Ilustrado" de Recaredo S. Tornero en 1872: el plumerero (vendedor de plumeros), un falte en un puesto de licor (basado en cuadro de Caro), el uvero, dos fruteros, el heladero, un lechero a caballo, el motero y un aguatero con mula.
Motero vendiendo a niños y gañanes del lado chimbero en el barrio de los mercados de Mapocho, cerca del sector conocido Plaza de los Moteros, en Borgoño cerca de Vivaceta. Imagen con el Puente de Cal y Canto de fondo. Litografía en la obra "Briefe von Kolonisten aus Chile" de 1885, publicada en Zürich por Benjamín Dávila-Larraín.
Palomitas o vendedoras de dulces típicos chilenos y comistrajos en una estación de ferrocarriles, en 1951. Imagen de Marcos Chamudes Reitich, perteneciente a las colecciones fotográficas del Museo Histórico Nacional. Si bien las palomitas aún existen, se han ido retirando de las ciudades hacia los alrededores de las mismas o sus mercados.
Los suplementeros o vendedores de diarios y revistas, por su lado, se remontan a las ventas del diario "El Mercurio" de Valparaíso, a partir de 1827. Los trabajadores que vendían este periódico y luego la edición de Santiago a partir del 1900, eran apodados por lo mismo como los mercurieros. Sin embargo, la necesidad de tener noticias al día y lo antes posible, especialmente durante la Guerra del Pacífico, hizo que a partir de 1879 la actividad de los suplementeros fuera de importancia nacional para la difusión periodística e informativa, naciendo con ello también los que después han sido llamados en Sudamérica como los canillitas, correspondientes a personas dedicadas especialmente a vocear y vender diarios, generalmente hombres y de edad joven, muchos de ellos niños.
La lista de oficios callejeros totalmente extintos parte con los primeros que se vieron desplazados por el desarrollo material de las sociedades y las industrialización, como los aguateros (vendedores de agua), los panaderos, petaqueros y vendedores de cerveza por arroba, litro o barril. Lo propio sucedió con los heladeros clásicos, cuyo producto se fabricaba con nieve de la cordillera, más azúcar y pulpas de frutas o especias de repostería (canela, anís, clavos de olor, etc.), sobreviviendo sólo como curiosidad pintoresca en algunas localidad; también con los veleros, cuya venta de velas de cebo o de cera resolvía tanto las necesidades de iluminación nocturna doméstica como la de devoción religiosa.
Los desaparecidos incluyen a personajes que lograron llegar desde el siglo XIX hasta buena parte del XX, como los parchadores de ollas, los hojalateros, los estiradores de catres y las zurcirdoras de prendas. Tal como está sucediendo con los zapateros remendones, el avance de los mercados y del acceso a los productos por parte de los consumidores, fue dejando atrás la necesidad de reparar artículos que hoy conviene más reponer de inmediato por uno nuevo.
Oficios posteriores de diferente naturaleza, pero con similares objetivos de "recuperación" de productos como los recién mencionados, terminaron siendo efímeros por la misma razón, como el del redibujador de neumáticos (que rehacía a pulso las rayas del caucho de las ruedas en los talleres automotrices), rareza del siglo XX caída en obsolescencia por los requerimientos de seguridad.
Personajes y comerciantes callejeros santiaguinos, según reportero francés Melton Prior en junio de 1890: A) Vendedores de tortilla, chicha y fruta. B) Hermanas de la Misericordia. C) En el Mercado, jinete con pasto y caballo con melones y sandías. D) Un lechero frente a un puesto del Cal y Canto. E) Carretero indígena con poncho. F) Carretón cervecero.
Vendedor de pan o "petaquero" a lomo de mula, por los cerros de Valparaíso, en 1899, fotografía de Harry Grant Olds. Se observa que el adulto lleva media unidad de marraqueta o pan batido en la mano. Fuente imagen: Flickr de Pedro Encina (Flickr Santiago Nostálgico).
Fritangueras del período de Fiestas Patrias. Por la necesidad de vender el pescado fresco, solían ubicarse cerca de los grandes mercados y terminales del comercio. Imagen del archivo fotográfico Zig Zag, del Museo Histórico Nacional.
Zapatero remendón en su actividad, fotografía de autor anónimo (Exposición DIBAM "Paisajes y Gente de Chile" 2012).
Ya avanzando por el tiempo, los antiguos lecheros, siempre errantes y con su canasto de botellas paseadas casa a casa (de ahí el chiste que los asocia a las infidelidades femeninas), se adaptaron a los cambios y hasta los ochenta empujaban su carro con productos lácteos refrigerados, también por cada barrio. El triunfo rotundo del comercio retail masivo terminó de hacerlos innecesarios en las grandes ciudades, auque asombra la existencia aún activa de unos pocos vendedores de leche de vaca envasada directamente de la ordeña y hasta leche de burra extraída directamente del animal para el consumo, en algunas ciudades del país. Son verdaderos dinosaurios supervivientes del antiguo comercio al que nos referimos.
Algunos nombres de vendedores callejeros y otros oficios fueron especialmente ingeniosos en la pasada centuria, por cierto, cargados de toda una tradición propia que ha persistido hasta nuestra época incluso más allá de la misma ocupación que les daba el origen nominal, como sería el caso del recuerdo de los sapos de micros, esos legendarios informantes de los tiempos de desplazamiento para los choferes de locomoción colectiva que -aunque se diga lo contrario- fueron de gran importancia y utilidad para las líneas de transporte en las grandes ciudades, especialmente la capital.
Algunos personajes han llegado a nuestro siglo, pero con cambios y modernizaciones evidentes, como los sopaipilleros, los maniseros (que ya dejan atrás sus antiguos buques de confites) o los vendedores de mote con huesillos, todos en sus carros tan distintos a aquellas canastas o toldos de ayer.
Lejos quedó el vendedor que ofertaba aquellas sabrosuras vociferando a garganta endurecida sus productos, según parece. Empero, un puñado de ellos también sobreviven casi sin cambios, con los elementos originales y más rústicos de su oficio aún vigentes, como son los lustrabotas, los afiladores de cuchillos y los escasos vendedores de motemei que quedan en acción. Sucede lo mismo con los carretoneros y carreteros, cuyo servicio de transporte a tracción bruta se ha reducido más bien a zonas rurales, reemplazados por camiones y camionetas.
En el campo más artístico, organilleros y chinchineros podrían ser incluidos en aquel grupo, al igual que los músicos callejeros, aunque no todos sus colegas de las artes populares lograron tocar nuestro siglo: los antiguos poetas de declamación popular, por ejemplo, que recitaban en público sus versos por algunas monedas, se perdieron en el camino. Lo mismo sucedió con los fotógrafos de cámara minutera, prácticamente desaparecidos por volverse sólo un recuerdo nostálgico más que una necesidad.
Otros, definitivamente pertenecen a tiempos más recientes si los comparamos con los más clásicos personajes acá revisados, como el vendedor de café que carga su gran "máquina" de termo con vasitos plásticos en estadios y eventos masivos; o el otrora infaltable compro dólares del Paseo Ahumada en Santiago este último tan satirizado por un personaje del fallecido humorista Eduardo Thompson. También están en esta categoría los ocasionales, de temporada, como los satíricamente llamados gondoleros o tricicleteros, que cruzan en sus triciclos de trabajo a los peatones en las calles anegadas por las lluvias de invierno.
Carretonero en su carro de bueyes con sandías o zapallos, por Plaza Venezuela de Mapocho, hacia el río y enfrente del Mercado Central. Postal turística, hacia el Centenario. Se observan atrás los edificios de calle Sama (hoy General Mackenna) con Bandera.
Pequenero o vendedor de pequenes y dulces, en carrito ambulante, hacia los años sesenta. Imagen de las colecciones del Museo Histórico Nacional.
Vendedor callejero de tapices y alfombrillas, retratado para la revista internacional "Life" en un especial sobre Chile en 1941.
Vendedor de bocadillos y huevos duros en su puesto, mientras un perro callejero lo mira atentamente esperando algún trozo de comistrajo o migaja, en fotografía de 1960 de la Editorial Zig Zag.

4 comentarios:

  1. Estimado, recuerdo una vez mas menos año 92 en Pedro Aguirre Cerda casa de mi abuela pasaba un vendedor de leche de burra y cobraba creo que 100 pesos por dedal así me decía mi padre, la entregaba en una pequeña taza de loza, vendedores de sandias y melones. también mi mamá que comparaba leche de vaca y el vendedor se trasladaba en furgón y la leche venia en lecheros de aluminio que afortunadamente mi otra abuela tiene uno de esos. Ahora yo mas mayor, cada cierto tiempo escucho desde lejos tipo 9 PM en Puente Alto, un vendedor de motemei y que lo ofrece de manera cantadita y muy particular. Saludos y gracias por este relato!!

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  2. Recuerdo que el afilador de cuchillos tiene un silbato característico, no se el nombre específico pero es una melodía clásica, tambien en los barrios de mi abuala pasaba un "cambiador escobillas" para la enceradora.

    Pregunta. Los algodoneros y el algodón de azucar es tipico de acá?

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  3. También recuerdo un vendedor de leche de burra,de puerta en puerta,en el barrio de Providencia,entre los hospitales Salvador y Calvo Mackenna,allá por el año '85.
    Las señoras de aquellas casonas salían a comprar con lechero en mano.
    Saludos

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