martes, 16 de octubre de 2018

CRÓNICAS DE LA AVENIDA FERMÍN VIVACETA

Imagen de los murallones del convento de Las Rosas en Vivaceta desde la esquina con Comandante Canales, a espaldas del templo del Buen Pastor (los campanarios se ven al fondo), en los años cuarenta. Imagen publicada por revista "Zig-Zag".
Coordenadas:  33°25'47.30"S 70°39'37.98"W (inicio) / 33°23'09.6"S 70°40'46.2"W (fin)
Hace poco publiqué acá una entrada dedicada enteramente al famoso lupanar y centro de eventos de la tía Carlina en avenida Fermín Vivaceta, en Independencia, legendario lugar de las noches de un Santiago ya extinto, para alegría de unos y para lamento de otros.
Sin embargo, el caso del inolvidable club fue sólo uno de los ejemplos de la extensa historia popular que ha arrastrado desde sus inicios la avenida Vivaceta y sus barrios de escondrijos, sector de la capital chilena nacido como el alguna vez infame Callejón de Las Hornillas, en los tiempos coloniales, devenido después en un barrio obrero de residencias modestas, típicas de las clases trabajadoras de algún período del país. Tanto con el nombre de Las Hornillas como Vivaceta, la avenida aparecía mencionada en varias cuecas urbanas y centrinas, pues siempre tuvo cierta seducción para los cultores del folklore y su público.
Con sus cerca de 6 kilómetros de longitud, desde la bajada del Puente Manuel Rodríguez en el río Mapocho, comuna de Independencia, hasta su empalme con avenida Independencia a la altura de Zapadores, ya en la comuna de Conchalí, Vivaceta es un trazo urbano de carácter rotundo, a pesar de sus mutaciones imparables. Sus barrios con el encanto de lo sencillo se comparten con templos parroquiales en toda esta longitud. Y entre uno y otro: prostíbulos, restaurantes, botillerías, plazas, moteles, escuelas, algunos de sus últimos cités, etc.
Lo que hoy es Vivaceta fue alguna vez, la periferia de la periferia de Santiago, además: el extremo arrabalero y menos urbano de los barrios de La Chimba, al otro lado del río Mapocho, ubicada al poniente de La Cañadilla, después llamada avenida Independencia. Muy lejos de este rasgo original, Vivaceta sigue experimentando la transformación que también dejará atrás sus actuales características, como puede apreciarse con sólo una visita.
GALERÍA DE IMÁGENES:
AVENIDA FERMÍN VIVACETA, SANTIAGO - CHILE
CUANDO VIVACETA NACIÓ COMO LAS HORNILLAS
Por largo tiempo, los caminos de La Cañadilla (trazado sobre el ancestral contacto del Camino del Inca sobre el Valle del Mapocho) y de la Recoleta (nacido como la ruta a El Salto), fueron los únicos importantes en La Chimba de Santiago.
Según coinciden autores como Carlos Lavín en "La Chimba", recién en 1779 se abre el llamado Camino de Las Hornillas, después Callejón Las Hornillas, futura avenida Vivaceta, probablemente como consecuencia del mejoramiento de las relaciones entre ambos lados del río Mapocho gracias a la construcción del Puente de Cal y Canto, por iniciativa y obstinación del Corregidor Luis Manuel de Zañartu. De hecho, el camino se encontraba a espaldas de la gran propiedad que éste poseía por la entrada de La Cañadilla.
El primer trazado del Camino de Las Hornillas iba desde el borde del río Mapocho hasta la altura de las actuales calles Cruz o Retiro, internándose sólo unas cuatro cuadras "de campo". Sin embargo, lo que había más allá de este trazo de calles y cuadras se volvía tierra de nadie: arrabales peligrosos de la ciudad, en donde cada quién andaría expuesto a su suerte y en donde peligrosos rufianes podían encontrar refugio, totalmente ajenos a Dios y a la ley.
Al decir de Lavín, ni bien se abrió el camino, "hacia el oriente se extendía un poblacho que adquirió en cierta época renombre de inaccesible". Por esta razón, Las Hornillas logró una fama de territorio temible e inexpugnable, gracias a tenebrosos personajes que allí gobernaron al margen de todo.
La fabricación y cocción de ladrillos era una actividad constante y conocida en Las Hornillas, ya en tiempos coloniales, cuando eran traídos en caravanas de mulas y carretones, para las necesidades de construcción de la ciudad. Quizá proceda de ahí aquella denominación que mantuvo por más de un siglo, aunque en algunos planos de la época aparece también como el Camino de Colina, por dirigirse hasta esa localidad, y Camino de Renca, por conectar con éste que torcía hacia el poniente.
Cuando ya estuvo terminado el Puente de Cal y Canto y en plenas funciones para el público, los habitantes de los mencionados caseríos podían arribar a Santiago a través del mismo Camino de las Hornillas. Sin embargo, mientras aún se construía el puente, estuvieron abandonados a su suerte en muchos sentidos, condiciones propicias para que una temida figura se erigiera desde Las Hornillas proyectando su sombra sobre una ciudad: Pascual Liberona, acaudalado señor convertido en un rufián al que se intentó dar ribetes heroicos, de la misma manera que una generación posterior de bandoleros como Benavides o Los Pincheiras experimentaron también esta extraña mistificación idealizada sobre su recuerdo.
Los asaltos de Liberona, en sectores como Cuesta Chacabuco fueron legendarios, así como su audacia y su violencia, si se requería. Su velocidad y sagacidad lo llevaron a ser apodado "El Brujo". De acuerdo a su mito, fue el amo y señor de Las Hornillas, estableciéndose en un refugio con fama de bastión impenetrable para la autoridad, pues además de lo escurridizo para cometer sus fechorías y echarse al vuelo, tenía un contingente de secuaces armados y de cómplices que le daban protección, vigilancia e información. Vivía con comodidades, así, en su hermética barriada rural del camino, poseyendo también buenas propiedades en Colina según la leyenda.
Reconocido como un señor de modales refinados y alguna elegancia, aquella residencia de Liberona en Las Hornillas era de estilo casa señorial, según comentarios de Enrique Volpe Mossotti en "Responso para un bandolero". Probablemente se trataba una casona solariega con peones y sirvientes, aunque también había noticias de que tenía otro refugio junto al cerro Santa Lucía, donde nunca fue molestado por las autoridades. En "Santiago calles viejas", Sady Zañartu dice también que esta última casa que se presume suya allí, sería la que muchos creyeron erróneamente primera residencia de don Pedro de Valdivia en la ex Calle de los Patos, haciendo esquina con la actual Lastarria donde están la Iglesia de la Vera Cruz y el solar vecino. Se especula, además, que Liberona habría sido su constructor, pero mucha de esta información es incierta e indemostrable.
Los delitos del "Brujo" Liberona comenzaron hacia 1780, o al menos a partir de ese año hizo su fama. Dejaremos para otra entrada los detalles de su increíble biografía y sus sorprendentes hazañas en el mundo del abigeato y los asaltos; sólo diremos, por ahora, que fue capturado tras una imprudencia suya que lo dejó expuesto, siendo ejecutado en la horca de la Plaza de Armas, en 1796.
Con la caída de Liberona, el evangelio de la ley comenzó a llegar a la margen Norte del río, hacia la periferia de La Chimba en el Callejón de Las Hornillas.
Sin embargo, salvo por haber sido llamada también Callejón de la Cancha de la Piedra hacia el final de la colonia, según autores como René León Echaíz en su "Historia de Santiago, Las Hornillas permaneció casi sin cambios durante todo el período de las luchas de la Independencia y el ordenamiento de la joven República de Chile.
Detalle del sector al Norte del río Mapocho en el "Plano de Santiago de Chile", de Estevan Castagnola, de diciembre de 1854. Muestra a la izquierda el Camino de Colina, correspondiente a Las Hornillas y luego Vivaceta, y a la derecha el Camino de La Cañadilla, actual Independencia. El único sendero que conecta ambos caminos en el paisaje rural y campestre es el Callejón de Carriones, correspondiente a la posterior calle Carrión.
Detalle de la Calle de las Hornillas, a la derecha, en el "Plano de Santiago" de Ernesto Ansart, de 1875. La relación Norte-Sur está invertida en el plano. El camino es la conexión de la ciudad hacia Renca y Huechuraba.
Detalle del "Novísimo Plano de Santiago" de Nicanor Boloña, en 1910. Se observan los cambios drásticos de este sector de la ciudad en Las Hornillas, tras la construcción del Hipódromo Chile más allá de lo que había sido por décadas su barrera urbanizada. La avenida ya se llama Fermín Vivaceta desde 1908, aproximadamente.
Detalle del Norte del Mapocho en el "Plano General de la Ciudad de Santiago e Inmediaciones", de Nicanor Boloña en 1911. Vivaceta llega ya más allá del Hipódromo Chile y comienza a asimilar con el urbanismo las últimas haciendas y chacras que quedaban, como El Pino, Santa Juana, Lo Sánchez, La Palma y Las Hornillas.
LAS HORNILLAS EN EL SIGLO XIX
Dijimos que no habrían grandes modificaciones al aspecto, estilo de vida de Las Hornillas al final de la época colonial y hasta superado el período de organización de la República. Por alguna razón, este sector de la ciudad permaneció bastante parecido a sus orígenes, salvo por la modificación de algunas propiedades y la aparición de una o dos manzanas más en los planos, concentradas principalmente del costado oriente del mismo camino.
Recién hacia mediados del siglo XIX, comenzamos a observar algunas transformaciones significativas, irradiadas principalmente desde la urbanización de la antigua propiedad del Corregidor Zañartu en Independencia y del surgimiento de barrios populares como el Arenal o la Población Ovalle, controvertidas poblaciones que anticiparon ese rasgo obrero que persistiría en la historia de la avenida.
Sady Zañartu, en artículo de la revista "En Viaje" (julio de 1963, "La Cañadilla y el barrio del Arenal"), proporciona una descripción del ambiente de este sector de la ciudad en aquellos años, y de cómo sobrevino el cambio en sus áreas urbanizadas:
"Las calles de la que fuera más tarde la población Ovalle, el año 1861, se formaron casi en parte con la chacra de Zañartu que se extendía hasta el callejón de las Hornillas, como fondo aparecía con un frente hacia el camino real de la Cañadilla con más de seiscientas varas, desde el pedregal del río, y su plantación de viña era costosa desde los tiempos que fuera 'chacra del Pino'. Algunos árboles famosos quedaron para la urbanización posterior, que diera lugar a beateríos, por sus naranjales, o árboles típicos y frutales. Había un pino, en la actual calle Pinto, bajo cuyas frondas se celebraban comidas y fiestas domingueras".
El terreno de El Arenal, colindante con Las Hornillas, recibía su extraño nombre por el acopio natural de bancos de arena, cascajos y piedras en el sector, que se usaban para las construcciones en Santiago y que habían atraído a los pobladores de los caseríos precisamente para la explotación de estos materiales. Muchos de esos trabajadores, sin embargo, vivían en ranchos y chozas miserables, en condiciones realmente deplorables. Su situación casi aislada en el paisaje le daba al campamento un aspecto más temible aún, como de ciudadela dominada por la ley de la tierra de nadie.
Fue así que la Sociedad Ovalle Hermanos se había constituido para iniciar el proyecto de construcción de un vecindario sobre aquellos terrenos areneros, hacia 1847. Pusieron en alquiler pequeños lotes en las 14 manzanas, para un estimado de 13 mil residentes que vivían en penosas condiciones y bajo abusos constantes de los socios, en aquel régimen de arriendo que perduraría hasta los tiempos de la Intendencia de Vicuña Mackenna reaccionando contra esta calamidad social.
Tanta era la actividad allí en los arenales y pedregales del Mapocho, a la sazón, que incluso hubo malestar en la Municipalidad por el debilitamiento del que era objeto la orilla Norte del río frente a las crecidas de aguas, a causa de la extracción de materiales, todo esto antes de la canalización realizada en los años del Gobierno de José Manuel Balmaceda y celebrada con los dos obeliscos que aún existen en el barrio de los mercados.
Para entonces, Las Hornillas era considerado también el deslinde poniente para las estimaciones geográficas o mensuras de la ciudad de Santiago, junto con el Callejón de Lo Chuchunco (actuales calles Ecuador y Pajaritos) y la Alameda de Matucana, como se desprende de una ley de impuestos municipales titulada "Patentes sobre los carruajes que trafican dentro de la ciudad de Santiago", del 20 de septiembre de 1854, transcrita a pie de página por Gonzalo Piwonka en "Las aguas de Santiago de Chile, 1541-1999".
No mucho después, el 3 de diciembre de 1857, un decreto del Gobierno de Manuel Montt prohibía la construcción de más ranchos en distintos sectores de Santiago, incluyendo el Callejón de las Hornillas al poniente, ordenando desarmar los que ya existían en un plazo de tres años. Además, en documentos como el "Plano Topográfico de la ciudad de Santiago de Chile", publicado en 1871 por la casa Erhard de París, se observa la existencia de un desaparecido cementerio en Las Hornillas, en una cuadra del lado oriente hacia la altura de la actual San Luis, aproximadamente.
Prueba del escaso valor que se le daba entonces a este sector del valle en el crecimiento de la ciudad, sin embargo, del lado oriente de Las Hornillas en la ribera del río por las cercanías del Puente Bulnes, fue proyectado ese mismo año de 1871, otro pequeño cementerio de fosas para fallecidos por la epidemia de cólera de aquellos años. Suponemos que puede ser el mismo que quedó instalado, finalmente, en la proximidad de Carrascal con el río Mapocho, reaparecido en nuestra época durante la construcción de obras viales.
A pesar de todo, la construcción del desaparecido Puente Ovalle, que conectaba en esos años a esta población con el sector al costado de donde está ahora la Estación Mapocho, facilitó bastante las cosas a los escasos habitantes de Las Hornillas, pues aún no contaban con el Puente Manuel Rodríguez, posterior a la canalización del río.
Fue poco después, cuando el Intendente Vicuña Mackenna declaró la guerra a la Sociedad Ovalle y hasta hizo quemar algunas de las rancherías inmundas que los hermanos mantenían allí. A pesar de esto, la pobreza y la miseria antes asociada a los tiempos de chozas deprimentes, permanecieron por largo rato más dominando el ex sector de Las Hornillas con otros ranchos y conventillos, incluso después de haber sido convertidos gran parte de los terrenos de la ex Población Ovalle.
A lo anterior se sumaba una oscura prostitución en los vecindarios cercanos, tan insalubre y degradante que habría hecho parecer a los peligrosos callejones de Whitechapel como un barrio rojo de lujo a los ojos del crítico, en algunos períodos. Súmese a eso la propia precariedad de la seguridad en sus barrios, especialmente en las noches: Ricardo Nazer y Gerard0 Martines, en "Historia de la compañía de consumidores de gas de Santiago", aseguran que hacia 1887, había sólo cinco faroles de iluminación en las 11 cuadras de Las Hornillas, desde el borde del Mapocho hasta lo que hoy es la calle Nueva de Matte.
La escasa urbanización del camino hacia el Norte, se mantenía todavía a fines del siglo, ya que en los planos de la ciudad se observan cuadras bien delimitadas sólo hasta la calle Colón o un poco más, siempre por el costado oriente de Las Hornillas, desde donde seguía sólo como un sendero rural hacia Huechuraba. El resto eran aún suburbios y arrabales, aunque el camino mantenía su importancia por conectar hacia el Norte y el Poniente por rutas distintas a las de la antigua de La Cañadilla. Por mucho tiempo, por ejemplo, fue la vía rural para llegar directamente al Camino a Renca, posterior avenida Domingo Santa María.
Cabe observar también que, desde el borde del Mapocho, más o menos por el sector en donde se trazaría después la calle Uno Norte, corría el llamado Canal de la Punta o de Las Hornillas, que doblaba hacia el poniente hacia la altura de las actuales calles San Luis y Nueva Andrés Bello, por los terrenos llamados Santa Juana y El Mirador, hacia Renca. Se mantuvo abierto hasta bien avanzada la siguiente centuria.
No sabemos si eran las mismas instalaciones del actual molino "La Estampa" u otras predecesoras, las que aparecen reportadas en un incendio declarado a las 19:30 horas el 29 de septiembre de 1896, "en los Molinos situados en el camino de las Hornillas, a mucha distancia del límite norte de la ciudad", según anota Ismael Valdés Vergara en "El Cuerpo de Bomberos de Santiago".
Antes de terminado el siglo, el sector en la entrada de Vivaceta y los terrenos que le fueron siendo arrebatados a las orillas del río, era parte de un amplio territorio abierto ubicado al poniente de avenida Independencia, entre la Plaza Matías Ovalle (uno de los hermanos de la Sociedad Ovalle) y la Plaza Borgoño. Por ahí llegaban muchas carretas desde las plantaciones agrícolas al poniente y al Norte del valle, con sus productos para ventas. De hecho, una orden municipal de 1897 exigía que las carretas con sandías y melones se estacionaran en la Plaza Ovalle, frente a la calle Escanilla y adyacente a la Población Ovalle, de camino a los mercados de Mapocho pero sin entrar al barrio, para no perturbar la circulación de carros.
"Vista de El Carmen Bajo de Santiago de Chile al mismo tiempo se ve la cordillera de los Andes". Aguada de Juan del Pozo, probablemente de fines del siglo XVIII, recreando la observación del templo de calle Independencia desde donde está actualmente el inicio de calle Vivaceta. El original está en el Archivo Central Andrés Bello de la Universidad de Chile.
Ilustración de Mauricio Rugendas mostrando el paisaje de la llegada a Santiago desde el Norte, hacia 1840, por el sector de los caminos de Independencia y Las Hornillas. Obra litográfica publicada en París por Francois Joseph Dupressoir.
Detalle de la ilustración panorámica con la Vista General de Santiago (desde el cerro Santa Lucía) en 1863, obra de base litográfica de T. H. Harvey. Se observa el aspecto arrabalero y campestre del sector en donde estaba el Camino o Callejón de las Hornillas, con parcelas y arboledas, atrás del río. Para orientarse en la gráfica: se mira hacia el Nor-poniente, el puente de arcos sobre el Mapocho es el Cal y Canto (sector calles Puente-Independencia) y el templo de dos campanarios es el de Santo Domingo.
CAMBIO DE SIGLO Y DE NOMBRE, Y UN MONUMENTO A VIVACETA
Pasado el cambio de siglo, la urbanización comenzaba a producir nuevas villas en torno a la avenida Vivaceta, avanzando hacia el Norte por los sectores de fundos agrícolas conocidos como El Pino y Lo Sánchez, más otras viejas chacras del sector.
Parte importante del poblamiento y urbanización de Las Hornillas hacia el Norte, se debe a una consecuencia colateral de la inauguración del Hipódromo Chile en 1905, por una sociedad de 19 criadores equinos que compraron un gran terreno en el sector de La Palma, trasladando hasta allá la pista y las competencias que habían comenzado en otro lugar de la ciudad durante el año anterior. Sus instalaciones ocupan hasta hoy una enorme manzana romboidal entre las vías Vivaceta, Independencia, David Arellano e Hipódromo Chile. Hasta su llegada allí, la urbanización de Las Hornillas parecía no haber podido sobrepasar el sector de Lo Bezanilla y la calle Matte.
Otro gran terreno ubicado a la altura del Hipódromo Chile, por el costado poniente de la avenida, se mantenía sin urbanizar y conservando el nombre de Las Hornillas todavía pasando el Primer Centenario. Era usado para cultivo de viñas y sus parronales o plantas trepadoras dieron nombre a una de las calles laterales: Las Enredaderas.
En el extremo opuesto de la avenida, sucedían otras cosas no menos importantes. En el terreno riberano abierto al que nos hemos referido ya, se conservó desde el siglo anterior la mencionada Plaza Matías Ovalle, que al parecer hasta tuvo alguna vez una fuente de aguas. Era favorita de estudiantes universitarios repasando materia para sus exámenes y de parejas de enamorados, aunque al caer las tardes cobraba un cariz más oscuro. Ubicada en el sector del encuentro de las calles Prieto, Borgoño y Lastra con Escanilla y Coronel de la Quintana, llegando Las Hornillas, cerca de donde se construyó el complejo del Instituto de Higiene con su edificio principal de cara a Independencia.
Sin embargo, con el cambio de siglo, el nombre de la Plaza Ovalle fue pasando a ser, popularmente, la Plaza de los Moteros, así llamada por las abundantes ventas de mote (de trigo) y motemei (mote de maíz) que allí tenían lugar tradicionalmente, aunque existen otras teorías sobre su denominación que no creemos exactas. Parte del terreno al Sur de la plaza, prácticamente desapareció entre los neuróticos trazados de calles que hoy conectan el tráfico desde la entrada de Vivaceta y las autopistas hacia avenida Santa María. Sin embargo, la Plaza Ovalle o De Los Moteros fue ampliada hacia el poniente, hasta el borde mismo de Vivaceta, pasando a ser la actual Plaza El Trébol, después de obras viales allí ejecutadas.
Si aquel antiguo nombre de la plaza fue por la presencia de vendedores moteros quizás no sea coincidencia que aún exista tanta venta de mote con huesillos en toda Vivaceta e Independencia, entonces, arrastrando esta antigua fama comercial.
El cambio de nombre de Las Hornillas al actual de la avenida, viene a suceder poco antes del Primer Centenario, tras la muerte del arquitecto de la primera generación chilena, don Fermín Vivaceta Rupio (1829-1890), autor de innumerables obras de inmenso valor histórico y patrimonial, como es bien sabido (entre otras, el campanario de la Iglesia de San Francisco y el Mercado Central). En los planos técnicos de la ciudad de Santiago y en las divisiones parroquiales, comienza a aparecer su nombre en la avenida hacia 1907-1908, aproximadamente.
Todo esto tiene un contexto bastante sensible: había sucedido que, en mayo de 1884, estando Vivaceta gravemente enfermo y postrado en su lecho, su amigo el escultor José Miguel Blanco inició una campaña a través de medios como "El Ferrocarril", para reunir fondos de asistencia para el prestigioso arquitecto y adquirir su biblioteca para la Sociedad de Artesanos "La Unión", cruzada a la que adhirieron José Manuel Balmaceda, seguido de Diego Barros Arana, Ignacio Domeyko, los hermanos Amunátegui, entre otros, como informó Guillermo González M. en "Cumbres espirituales".
Fue en estos esfuerzos que habría surgido el deseo de reconocer a Vivaceta con homenajes concretos, como vino a ser el cambio de nombre de la calle y la idea de erección de un monumento. Sin embargo, el fallecimiento de Blanco sólo siete años después de Vivaceta, quizá postergó la ejecución de nobles intenciones conmemorativas, pues la nueva denominación de las Las Hornillas se sólo concretó en los primeros años del siglo siguiente, como vimos. Además, persistió el nombre de Las Hornillas por algún tiempo más, y hasta se llamó también así a algunas vías paralelas a la avenida, como una resistencia en el uso popular que, de todos modos, acabó cediendo.
La idea de un monumento se fue madurando y extendiendo, especialmente entre grupos políticos mutualistas, radicales y masónicos. De este modo, por Ley N° 11.261, se autorizó por fin en 1953, la instalación del monumento para don Fermín Vivaceta financiado con erogaciones populares y aportes municipales, durante el Gobierno de Carlos Ibáñez del Campo. Decía la ley de marras:
"Por cuanto el H. Congreso Nacional ha dado su aprobación al siguiente Proyecto de ley:
Artículo 1°: Se autoriza la erección de un monumento a la memoria de don Fermín Vivaceta en la calle Domingo Santa María, con frente a la entrada de la Carretera Panamericana, que será costeado por suscripción popular, sin perjuicio de las erogaciones acordadas o que acuerden con este objeto las Municipalidades de la provincia de Santiago.
Artículo 2°: Créase una Comisión, ad honores, para dar cumplimiento a lo dispuesto en la presente ley, que estará formada por las personas que se indican: el Presidente de la Confederación Mutualista de Chile; el Intendente de Santiago; los Alcaldes de las Municipalidades de Santiago y de Renca, y el Presidente del Colegio de Arquitectos.
Y por cuanto he tenido a bien aprobarlo y sancionarlo; por tanto, promúlguese y llévese a efecto como ley de la República.
Santiago, veintiuno de Septiembre de mil novecientos cincuenta y tres.- CARLOS IBÁÑEZ DEL CAMPO.- Osvaldo Koch".
Aunque se había discutido antes la posibilidad de instalar la estatua en la plaza de la Población Vivaceta, hacia la altura del 1700 de la avenida, aproximadamente, fue erigida en el lugar señalado, enfrente de la Autopista Norte-Sur y de entrada de la avenida con su nombre, ex Las Hornillas. Sólo en 1962 pudo ser instalada e inaugurada.
Empero, la obra del escultor José Carocca Laflor, durante los trabajos de mejora de la misma Autopista Norte-Sur y sus empalmes, acabó siendo trasladada a la esquina de la Alameda Bernardo O'Higgins con Diagonal Paraguay, donde permanece actualmente. Aquellos trabajos del paso superior en Vivaceta habían sido iniciados en 1969, quedando paralizados por la situación social de 1971 a 1973, siendo retomados y terminados en 1975. El traslado se hizo cuando finalizaban los trabajos subterráneos del Metro de Santiago en la Alameda por lo que, en la práctica, el monumento pasó muy pocos años en su ubicación original.
Postal con imagen de la Iglesia del Buen Pastor hacia el año 1900. Imagen del Archivo Fotográfico de la Biblioteca Nacional de Chile. Fuente imagen: Memoriachilena.cl.
Puente Manuel Rodríguez, visto desde la ribera Sur (Estación Mapocho al fondo). Fotografía fechada el 2 de mayo de 1928, perteneciente al Archivo Chilectra. El puente daba directamente a la boca de avenida Vivaceta desde el Parque Centenario (hoy Parque Los Reyes).
Imagen de 1974, con los pasos vehiculares y del ferrocarril, y el monumento de Fermín Vivaceta en la entrada de la avenida con su nombre, ribera del río Mapocho. Estatua y pedestal fueron trasladados al inicio de Diagonal Paraguay. Fuente imagen: "Santiago en el tercer cuarto del S. XX", de Juan Parrochia Beguin.
ASPECTO URBANO Y COMERCIAL AL AVANZAR EL SIGLO XX
Al Hipódromo Chile, le sigue en importancia de urbanización y en cronología, la construcción de la singular Población Manuel Montt en la mencionada Chacra El Pino, que había sido propiedad de la familia Alessandri, con viviendas diseñadas por el arquitecto alemán Albert Humpich. Las obras, iniciadas en 1925, abarcan 365 viviendas en 14 manzanas, declaradas Zona Típica en 2011. Corresponden a residencias de dos proyectos fusionados: uno para operadores del Parque Tranviario y otro para choferes de taxis, tomando el nombre de Población Manuel Montt y Tranviarios. El destacado historiador Gabriel Salazar nació allí, en 1936, a escasa distancia de la Parroquia de Nuestra Señora del Rosario.
Otro gran hito urbano lo aportará la Población Los Castaños, una cuadra al oriente de Vivaceta entre las calles Francia, Maruri y Escanilla, obra trazada por el arquitecto Luciano Kulczewski y ejecutada en 1930, que ostenta también la categoría de Zona Típica desde 1996. Este hermoso conjunto residencial de 84 viviendas, de influencias art nouveu y necolonial, pertenecía a la Caja de Asistencia, Prevención y Bienestar de la Policía.
Lavín, en su libro sobre La Chimba, describe de la siguiente manera la avenida Vivaceta de los años cuarenta:
"Continuando al norte y al poniente de la ciudad se alternan lotes suburbanos dispersados en colonias de chalecitos en serie rodeando el Hipódromo, o en tranquilos vecindarios de modestos propietarios. Las buenas apariencias se pierden a medida que se avanza, por la periférica sección exterior de la Avenida Vivaceta, hacia el río Mapocho y se penetra en la 'zona' enclavada en los arenales y guijarrales de la cuenca fluvial. Tiene su entrada este extenso recinto por la calle Rivera y es un refugio de desamparados similar a aquellos de París, en las trincheras de las antiguas fortificaciones, o de Buenos Aires en los confines de La Boca. La mencionada calle y a doscientos metros al poniente de Vivaceta, se disuelve como por encanto en hórridos y monstruosos arenales, donde viven como trogloditas todos los habitantes reducidos por la miseria a la vida primitiva. A esta colonia de 'rucas' no llega la pavimentación, el alumbrado público, los servicios de gas y agua y tampoco la policía. Es la cavernícola aglomeración propia de toda urbe y que en otras metrópolis permanece diseminada o disimulada. En el caso santiaguino marca la reviviscencia de la incuria impuesta por las autoridades coloniales señalando un ejemplo a la posteridad que será bien difícil disipar".
La última gran propiedad agrícola que existió en la avenida Vivaceta fue la Chacra Las Lilas de la familia Mandiola, hacia la altura de calle Coronel Alvarado, vecina a la de Las Hornillas. Fue productora de frutos secos y vid, con la que proveía de mostos al Club de la Unión, además de conservar la antigua tradición local de las fábricas de ladrillos que, según algunos autores, se usaron en la construcción del Barrio Cívico.
David Ojeda Leveque hace otro preciso retrato de Vivaceta en esos tiempos aun con añejos adoquines y de algunos de sus personajes, hacia inicios de los años sesenta, en un artículo de la recordada revista "En Viaje" ("Ahora Vivaceta agrupa un barrio ágil y laborioso", febrero de 1962):
"En las primeras cuadras de la avenida abundan las peluquerías, los bares, los restaurantes, las boticas, las zapaterías y las cocinerías. Su clientela habitual es de genuina extracción obrera, incrustándose, también, los barbudos papeleros que venden sus viejos y roídos papeles.
- ¿Cómo va el negocio?
- Mal del todo, no. Pero chitas que hay que caminar...
El hombre del saco representa joven. Se advierte una fina palidez a través de su negrísima barba. Tiene barba de intelectual, de esos del año 20 que se dedicaban a estudios filosóficos y sociales de avanzada.
- ¿Por qué no se busca otro trabajo?
- Fui oficinista, caí por una mala mujer... Después vino la bebida, lo de siempre.
En seguida los ojos azules del hombre se desvían de nuestra presencia. Contienen tristeza, tal vez vergüenza, camino del pesar.. Dijo que se llamaba Federico... ¡Pobre Federico!".
Ojeda se refiere también a la por entonces muy activa y próspera industria de hilados Barrios y Viguera Ltda., que estaba en el número 918, lugar en nuestros días inexistente. Cerca de ella estaba la curtiembre Rufino Melero S.A., especializada en preparación de cueros para tapicería, mueblería, gamuzas para calzado y talleres de maletas y portadocumentos. Habiendo tenido por clientes en alguna época a la Empresa de Ferrocarilles del Estado, esta curtiembre daba trabajo, a la sazón, 120 obreros experimentados, más 20 empleados. Otras firmas conocidas de Vivaceta en aquellos años, eran la fábrica de Puertas Terciadas "Placarol" y la bodega de la compañía maderera Klingenberg S.A., en donde ahora está levantado el centro comercial Vivaceta Plaza.
Vecino a aquel centro comercial, entre Carrión y Bezanilla, están los altos y uniformes silos del mencionado molino harinero "La Estampa", que por mucho tiempo fueron los edificios de mayor altura en la avenida después de los chapiteles de la Iglesia del Buen Pastor. Fundada en 1897 según informa la misma firma, su nombre se debía a que el primer molino estuvo ubicado en Independencia, al lado de la Iglesia de la Estampa. La industria fue adquirida poco tiempo después por el comerciante Manuel González Diéguez, quien le dio el gran impulso en el rubro en Las Hornillas. Llegó a influir en la toponimia con su presencia allí en Vivaceta, pues la vía lateral que cae justo enfrente de las instalaciones fue llamada desde entonces como calle del Molino, hoy El Molino.
Aquella manzana enfrente del molino es descrita por Ojeda como destacable por "una serie de pintorescos chalets con pequeños árboles y flores". Agrega que "una alegre impresión produce la abovedada y fresca calle Brigadier Garrido incrustada de casas y casonas de distintos colores", con altas enredaderas y ventanas abiertas. Continuemos en el bosquejo que hace del barrio y de su gente:
"Luego orientamos nuestros pasos por los diversos colectivos de la población Juan Antonio Ríos, el Presidente de la República de recias e inflexibles actitudes tras la defensa del país. Se divisan atestados de dueñas de casa los negocios cercanos, adquiriendo artículos alimenticios, verduras y grutas. No escasean tampoco las bebidas refrescantes ni el tradicional mote con huesillos para combatir la implacable sed de estas calurosas tardes.
- La gente es tranquila, seria y respetuosa -apunta un contador particular-. Nunca he presenciado un espectáculo deleznable.
En el sector N° 1 de la mencionada población observamos una actividad tesonera e incansable de parte de un grupo de trabajadores. Arenas, cemento y lastre son conducidos hacia una gran máquina concretadora.
- Están construyendo otro colectivo.
En la trepidante calle Gamero alguien nos insinúa visitar la escuela de hombres 'Miguel Rafael Prado', donde estudian más de mil niños-
- Existen cursos hasta sexto año -confidencia don Manuel Cifuentes Arias, su actual director-. Imparten la enseñanza quince profesores entre hombres y mujeres. Desarrollamos una constante labor social, proporcionándose a los alumnos desayuno, calzado y ropa.
Dos canchas de fútbol y de básquetbol fortalecen el aspecto físico de los estudiantes. Una nutrida biblioteca complementa esa necesaria actividad. La Sociedad Santo Tomás de Aquino patrocina el funcionamiento de este colegio y de otros diseminados en la capital".
Cabe comentar que la locomoción fue un largo problema para los habitantes del sector más alto de Vivaceta. De no ser quizá por su relativa proximidad con Independencia y de la existencia del Hipódromo Chile, la situación habría sido aún más compleja para los residentes que necesitaban desplazarse a otros destinos de la ciudad. En la época de los tranvías, por ejemplo, sólo circularon hasta ella líneas como la  Nº 28, con destino principal en el centro hípico.
Imagen de la Carrera Marathon de Santiago de 15 de febrero de 1924, publicada por la revista deportiva "Los Sports". Se ve al atleta y campeón Floridor Castillo pasando por un muy rústico y rural Callejón de las Hornillas. Fuente imagen: LaCañadilla.cl.
Residencia de la Población Los Castaños, diseñadas por Luciano Kulczewski. Imagen tomada hacia 1935. Fuente imagen: Enterreno.com (subida por Nicolás Fernández).
Rivera con Vivaceta en 1962, en imagen de la revista "En viaje". Se observan los chapiteles de la Iglesia del Buen Pastor y algunos rasgos coloniales persistiendo en los inmuebles.
Capilla mariana de la Iglesia de Santo Tomás de Aquino, en Vivaceta con Gamero, de gran devoción popular en su época. Imagen de 1962 publicada por la revista "En Viaje".
TERRITORIO DE VIVIDORES, RUFIANES Y AVENTUREROS
La fama bohemia de estos barrios se remonta a los tiempos de las fonderas como Peta Basaure y su famoso centro de recreación de El Arenal, en la segunda mitad del siglo XIX. La marca de esta inclinación nunca abandonó a Vivaceta, ni siquiera en nuestros días en que ha sido domesticada.
En su obra "La Sangre y la Esperanza", el escritor Nicomedes Guzmán también da una descripción cruda y gráfica del aspecto que tenía Vivaceta en los primeros años de la década del 1920:
"Al atravesar el puente de Manuel Rodríguez, las aguas turbias y bullentes del Mapocho, fueron como otro objeto para mi curiosidad. Hornillas abrió a nuestras pupilas, los ojos ficticiamente azules de sus baches y la melcocha gris de sus barrizales cortados por el paso de los carretones. Las casas y ranchos, hundidos, parecían guiñar con los párpados de su miseria, en un llamado incomprensible y trágico de ancianas prostitutas mudas. Por las veredas, la humanidad del suburbio, desparramaba su fatalismo sin manos de luz para contener una esperanza; mujeres panzudas, rodeadas de chiquillos descalzos, piojosos, con mantas de saco; borrachines que dormían con la cabeza puesta sobre sus propios vómitos, con el vientre a la vista; jugadores de 'chupe' tintineando monedas entre las manos sucias; grupos haciendo rueda a una pareja que cuequeaba, al son desafinado de una guitarra rota y del voceo hueco de una cantora ebria:
'Para qué me dijistes
que me queridas,
que sólo con la muerte
me olvidaridas…'
Los conventillos se ahogaban en humo, ridículamente inmaculizados por los alambres combados de ropa. Otros chiquillos corrían como endemoniados, pillándose, haciéndose zancadillas, botándose, revolcándose".
Sin embargo, aquel ambiente folklórico y nocherniego tenía nombres de oro en sus listas. El cantor popular Domingo Silva, por ejemplo, solía pasear por los boliches cerca del Convento del Buen Pastor cantando cuecas y tonadas con la música de su propia guitarra, rincones en donde era conocido como el Tío Parranda. Años después, el irreverente Hirohito y su Conjunto tocaban en el boliche pecaminoso de la mítica tía Carlina, el célebre "Bossanova" de Vivaceta 1224-1226, en donde había sólo "minas con manilla", al jocoso decir del músico de cumbias, chachachás y guarachas tropicalizadas.
A mayor abundamiento, el "Bossanova" de la tía Carlina llegó a Vivaceta hacia inicios de los cuarenta, con otro nombre y otro giro de su local, dedicado fundamentalmente a la prostitución femenina y luego la homosexual. Sin embargo, con clientela para sus mesas entre residentes del barrio y trabajadores del Hipódromo Chile, la oferta del local se fue perfeccionando especialmente por su shows en vivo y bailables, adquiriendo el carácter de quinta de recreo a la que acudieron incluso reputadas personalidades y personajes del mundo artístico. De su sala y su pequeño escenario salió, además, el también legendario Blue Ballet, equipo de artistas transformistas que hizo carrera en Chile y luego en Europa.
Las consagradas casas de huifa del siglo XX vivacetano, como "El Bossanova" o el cercano tugirio de "Las Palmeras", sin embargo, estuvieron en un contexto social muchas veces degradante y poco romántico, en parte retratados con crudeza por los relatos del escritor Luis Cornejo, por ejemplo, quien alcanzó a testimoniarlos durante su infancia, como vecino de los barrios de Vivaceta.
Otro de los célebres boliches bohemios de las cuadra de Vivaceta cercanas al Hipódromo Chile, durante la primera mitad del siglo XX, fue el alguna vez famoso bar y restaurante de "El Barril Encantado", lugar favorito de los apostadores y trabajadores del complejo hípico, además de la Población Vivaceta que se encuentra enfrente del mismo. Se encontraba en Vivaceta con José Bisquert, en la hoy ruinosa esquina vecina a del Teatro Vivaceta o Libertad. Fue famoso por sus cervezas espumantes y de buena calidad. Aunque había desaparecido ya a principios de los sesenta, quizá en la década anterior, alcanzó a convocar a muchos hombres de crónicas y letras en esos años de actividad, como al periodista y escritor Raúl Morales Álvarez, quien lo visitó por primera vez siendo aún un adolescente, viendo en la ocasión cómo un tipo acuchillado se desangraba cerca suyo sin detenerse la fiesta dentro del local. Recuerda este episodio de sus memorias en el artículo "Los boliches y los nombres" (originalmente publicado en el diario "El Clarín"):
"En Hornillas abajo, cerca del Hipódromo, estaba 'El Barril Encantado'. Su nombre poético contrastaba violentamente con la muerte que lo visitaba de continuo. La primera vez que estuve allí, un fulano se desangraba en el suelo dos mesas más allá de la mía. Nadie le hacía caso. La policía no llegaba todavía, si es que la habían llamado. Ante mi asombro adolescente, la zalagarda proseguía como si tal cosa.
Crímenes así no eran cosa inusual en la vieja Vivaceta. Ojeda recordaba también que, en la revista policial "Sucesos", prácticamente no había edición semanal sin un nuevo hecho de crónica roja en los barrios de Las Hornillas. "Desconcertaban sus fotografías de muertos apuñalados, de mujeres desgreñadas y sangrantes".
En 1923, por ejemplo, la cabeza del descuartizado en el inolvidable crimen de las Cajitas de Agua, apareció frente a un cité del número 648 de la avenida. Y a sólo metros de la casa del escultor Carlos Canut de Bon, residente de Vivaceta que hacía parte de sus correrías bohemias en el mismo barrio, apareció una vez un acuchillado al que le levantaron una animita que duró por largo tiempo más en la avenida. Ojeda comentan a la pasada, también, el caso de una corpulenta mujer llamada Carmen, que habría asesinado a tres hombres con una huasca de goma forrada. La relación de estos crímenes con la vida obrera y bohemia, le sería confirmada por un vecino que sirvió de informador:
"-El callejón se hallaba detrás de la avenida de la avenida Vivaceta y moría cerca de las márgenes del Mapocho.
El reducto no era tan terrible en un principio. Hombres y mujeres se ganaban el diario sustento vendiendo sabrosas tortillas de rescoldo, vitalísimas prietas y picantes empanadas fritas. también los muchachos colaboraban al sostenimiento del hogar dedicándose a lustrar.
-Pero todo cambió cuando se instalaron allí los cabarets El Ukelele, la Quintita y La Higuerita.
Nuestro espontáneo informante, un gráfico jubilado, expone a continuación que todas las noches se bailaba hasta el amanecer con un estruendo de los mil demonios, que sus habituales concurrentes portaban cuchillas descomunales y que el vino mismo parecía contener pólvora".
La pendencia no siempre era sangrienta y mortal, sin embargo. El atleta y campeón chileno de los años veinte y treinta, Manuel Plaza (el mismo nombre del demolido gimnasio en Plaza Egaña), reconocía haber perdido una carrera de maratón en Las Hornillas, cuando debió gastar sus energías separando a dos competidores que se habían trenzado a golpes, luego que uno intentara arrojar de una embestida a otro hasta las aguas del canal que corría por el callejón, a tajo abierto por entonces, para evitar que lo pasara de puesto. A la sazón, pues, Vivaceta era uno de los principales tramos del Marathon Santiago, carrera anual celebrada hacia el verano.
Y rindiendo homenaje a los centros culinarios que alguna vez fueron célebres en la avenida, el poeta Pablo de Rokha escribía en 1949, para su "Epopeya de las comidas y las bebidas de Chile":
"El farol del pequenero llora, por Carrión adentro, en Santiago,
por Olivos, por Recoleta, por Moteros y Maruri, derivando hacia las Hornillas, el guiso del río Mapocho inmortal y encadenado, como los rotos heroicos..."
En un ámbito más familiar de recreación, cabe comentar que el mencionado Teatro Libertad sigue en pie, aunque no en su uso original. Fue inaugurado en 1951 en la dirección de Vivaceta 1564 y perteneció a la Compañía de Seguros "La Previsión", por iniciativa de su gerente general don Daniel Barrios Varela. El diseño del edificio fue encargado a los arquitectos Matías Pizarro Pastor, Luis Gómez Torres y Federico Guevara Toro, mientras que la obra de ingeniería quedó en manos de Alberto Franichevich Benvenutto. Con capacidad para unas 2.000 personas, fue considerado uno de los más cómodos y modernos de su tiempo, a pesar de la ubicación popular que tenía.
Paisaje periférico y aún no totalmente urbanizado de Vivaceta arriba, en fotografía de la revista "En Viaje" de 1962.
Establecimiento que perteneció a la quinta de recreo "El Barril Encantado" en Vivaceta, hoy parcialmente en ruinas. Imagen de 1962 publicada en revista "En Viaje", cuando el bohemio boliche ya no existía.
La mítica tía Carlina, hacia principios de la década del setenta, en la única fotografía que se ha conocido de ella de manera pública, hasta ahora. Fuente imagen: diario "Las Últimas Noticias".
Casa donde funcionó el burdel de la Tía Carlina en Vivaceta 1224, poco antes de su demolición (fuente imagen: "Revista El Guachaca").
DESCRIPCIÓN ACTUAL DE LA AVENIDA VIVACETA
Hay cambios enormes en el paisaje urbano de Vivaceta, imposibles de no advertir si vamos comparando un recorrido por la avenida con el relato de su historia hasta acá revisado.
Aunque el romanticismo urbanista sople al oído otra cosa, no todos son malos cambios: muchos de ellos responden sólo al desarrollo de sus vecindarios y las clases populares que lo habitan. Sin embargo, los más invasivos y de mayor impacto, terminan siendo los más evidentes, ni siempre con buenos resultados: a las grúas plumas y a los edificios residenciales que comienzan a alterar irremediablemente la línea tradicional de estos barrios, se suma la caída del comercio más conservador y el auge de los supermercados y grandes centros, años atrás impensados. Como es esperable, hay vecinos agradecidos de este fenómeno, y otros escandalizados.
El cambio humano también deja huellas en estos barrios que, incluso en nuestros días, son los típicos de ancianas barriendo veredas o cuidando sus jardines de colorida exhuberancia. Un reclamo casi unánime es, por ejemplo, el mal comportamiento de algunos inmigrantes, que han alterado la paz reflexiva, silente y dormitante que caracterizaba estas villas y poblaciones hasta no hace muchos años.
A pesar de todo, los aspectos culturales se resisten al desalojo. La fe es uno de estos rasgos originales de Las Hornillas que se preservan en la actual Vivaceta, al menos en apariencias. Resumiendo los principales lugares de devoción de la avenida Vivaceta, debemos mencionar cuatro parroquias:
  • Parroquia y Convento del Buen Pastor, con sus característicos altos dos chapiteles (el de la izquierda, un poco inclinado por los terremotos), en calle Rivera con Vivaceta, de cara hacia la Plaza El Trébol. El templo, construido en 1871 y declarado Monumento Histórico Nacional en 1972, es el recinto religioso más grande de todos los de esta lista, sede de casas de acogida como la Fundación Las Rosas y el Hogar de Inválidos de la Divina Providencia. Nace de una donación en la propiedad que había pertenecido al Corregidor Zañartu y que pasaron a  su muerte a manos del Convento del Carmen Bajo o de San Rafael, en Independencia. Las monjas carmelitas descalzas traspasaron al Buen Pastor el extenso terreno entre Rivera y Retiro, vecino a la  Población El Carmen u Ovalle, que vimos había aparecido en este mismo sector. Desde los años ochenta, es Santuario a María Santísima.
  • Parroquia de Santo Tomás de Aquino, con su Capilla de la Adoración Eucarística Perpetua, a un costado del Liceo Miguel Rafael Prado en el cruce de Vivaceta con Gamero, casa de estudios fundada en 1874 con el nombre de Escuela San Luis Gonzaga. A pesar de ser muy sencilla, tiene toques de gótico rústico y algo románico en sus líneas. Por el lado de Vivaceta, en donde está hoy la capilla, estaba antaño la imagen de la Virgen María con dos ángeles, en un estrado de fierro y concreto, colmada de agradecimientos por favores concedidos, en placas de mármol. Ojeda transcribe una de ellas en su artículo: "Gracias madre mía, por haberme mejorado. Elcira Jerez R.". Los favores de salud parecían estar entre los más solicitados a la capilla mariana.
  • Parroquia de Nuestra Señora del Sagrado Corazón de Lo Negrete. En su exterior, la iglesia tiene un altar dedicado al Niño Dios de Lo Negrete, también con muchas placas de agradecimiento por favores concedidos. Es un edificio más bien reciente.
  • Parroquia de Nuestra Señora del Olivo, ya casi al final de Vivaceta y cerca de la Escuela Camilo Enríquez, en la esquina con calle Parral. Sus líneas sugieren que corresponde al edificio más moderno de entre las cuatro parroquias.
Volviendo a los cambios dramáticos de la avenida, lo que ayer fueron paisajes rurales y de aires campestres, hoy se ha reducido a 8 ó 9 áreas verdes y plazas adyacentes a la misma, en toda su extensión. Algunas están en mejor estado que otras, y provienen de diferentes períodos de la historia de sus barrios. De Sur a Norte, corresponden a las siguientes:
  • Plaza El Trébol: heredera connatural de la desaparecida Plaza Matías Ovalle y Plaza de los Moteros, ocupando toda la manzana en la entrada Vivaceta con Presidente Eduardo Frei Montalva y Aníbal Pinto. Recientemente remodelada tras años de olvido, esta plaza hoy es conocida por ser el lugar en que se instala, durante los fines de semana, una asociación de mujeres peruanas emprendedoras con cocinerías bajo toldos en donde ofrecen lo que ellas llaman la posibilidad de "comer como rey con presupuesto de mendigo". Es el lugar en donde se realizan fiestas de integración de naciones y las Fiestas Patrias de Perú entre inmigrantes residentes.
  • Plaza Teniente Merino: Con un monumento al mártir de la institución de Carabineros de Chile en Laguna del Desierto, se ubica en la esquina con calle Retiro y está rodeada por dependencias de la misma rama, como oficinas de la Prefectura de Santiago Norte y la Radio Club Carabineros de Chile.
  • Plaza San Luis: Ubicada en el encuentro de la calle del mismo nombre con Vivaceta, es una hermosa placita con juegos infantiles, máquinas de ejercitación física y contorneada por canchas deportivas y casas sencillas tipo cité. Hay sedes sociales en las dependencias de la misma.
  • Plazoleta Los Nidos: De pequeño tamaño, un poco olvidada y también con residencias cerrando un costado de la misma, en el empalme de calle Los Nidos con Vivaceta, a un lado de las canchas de calle Armando Quezada Acharán.
  • Plaza Antonio Acevedo Hernández: Está al lado de la piscina y las canchas de Vivaceta con Héctor Boccardo, cercana a la Población Los Castaños, con juegos y máquinas de ejercitación física. Su nombre se debe a que vivió en esos barrios Antonio Acevedo Hernández, dramaturgo y escritor nacido en 1886 y fallecido en 1962. Ya estaba gravemente enfermo cuando Ojeda publicó el artículo al que hemos echado mano acá, según el mismo comentaba ahí, por lo que, cuando falleció, se le dio su nombre a una de las plazas de la avenida cercana a la residencia que el padre del teatro popular moderno chileno tenía en Quezada Acharan 2023.
  • Plaza México: Se ubica entre las calles Palermo y Venecia, y está a sólo metros de Vivaceta, separada de ésta por un grupo de departamentos de perfil social. Todo en buen estado de conservación, con juegos infantiles y máquinas de ejercicios.
  • Plaza Alberto Solari M.: Llamada también Plaza del Hipódromo, por hallarse a un lado del centro hípico y homenajear con el nombre a su recordado presidente, hoy está dividida en dos áreas por la calle Hipódromo Chile: un triángulo con palmeras mejor cuidada, y un área verde lateral con juegos infantiles y kioscos de comercio.
  • Parque Dorsal: Llamado también Parque Independencia y Plaza Dorsal, está en el cruce con avenida Dorsal. Es el área poniente del doble parque y paseo de la Municipalidad de Independencia. Lugar favorito de parejas, recreación familiar y prácticas de deporte al aire libre. Es una suerte de extensión hacia el poniente del Barrio Cívico de la Ilustre Municipalidad de Independencia, con algunos monumentos propios en sus senderos.
  • Plazoleta Negrete: Desconocemos si es su nombre oficial, pero así la llaman algunos vecinos. Los cambios urbanos casi la han hecho desaparecer, quedando sólo un triángulo de césped junto a espacios para estacionar y una raquítica palmera, justo en el cruce de Vivaceta con Negrete.
  • Plazoleta Vivaceta: Tampoco sabemos si es su nombre oficial, pero así es llamada por los residentes que viven en el contorno de esta doble plaza con paseos, a ambos lados de la avenida Vivaceta por estas cuadras. Corresponden en realidad a áreas recientemente recuperadas en el tramo entre calles Aviador Acevedo y El Olivo, aproximadamente, con juegos para niños y lugares de descanso.
El rasgo más "contaminado" por el centro de Santiago, se va perdiendo en la avenida a medida que se avanza hacia el Norte, especialmente a partir del territorio del hipódromo en adelante. Paradójicamente, sin embargo, esa misma distancia hace que las barriadas más al interior tengan claros problemas de conectividad con el transporte colectivo de pasajeros, dependiente entre gran medida de la circulación de líneas en la avenida Independencia y algunas vías de eje Este-Oeste.
La descrita situación fue agravada por el infeliz Transantiago, como sucedió a todos los barrios modestos de la capital, aunque el proyecto de la Línea 3 del Metro de Santiago, actualmente en construcción, mejorará en gran medida estas incomodidades.
Extensión actual de la avenida Fermín Vivaceta, desde Presidente Eduardo Frei Montalva y Costanera hasta su conjunción con Independencia hacia calle Módulo Lunar. Imagen de Google Earth.
Primeras cuadras de Vivaceta, sector del convento a espaldas de la Iglesia del Buen Pastor (se alcanza a ver uno de sus chapiteles sobre los árboles del lado derecho).
Sector de Vivaceta con Gamero, en donde está la Iglesia Parroquial de Santo Tomás de Aquino. El acceso es a la venerada Capilla de la Adoración Eucarística Perpetua.
Uno de los antiguos pasajes que se conservan en el sector de Vivaceta enfrente de calle Los Nidos. A pesar de lo pintoresco es, quizás, lo más parecido a los viejos cités y conventillos que alguna vez existieron en estos barrios.
Entradas monumentales al Hipódromo Chile, que por largo tiempo fue la propiedad urbanizada más al Norte de la avenida Vivaceta, en el sector La Palma.

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