jueves, 13 de septiembre de 2018

LA LAGUNA DEL PARQUE FORESTAL Y SUS ATRACCIONES: EFÍMERA Y YA DESAPARECIDA, PERO NUNCA OLVIDADA

Imagen de una postal de la romántica laguna del Parque Forestal. Se observa su terraza con balaustras, el kiosco artístico y, al fondo, el Palacio de Bellas Artes y parte del obelisco francés obsequiado a Chile para el Centenario.
Coordenadas: 33°26'9.21"S 70°38'27.86"W
Quienes tengan el hábito de transitar a pie por el Parque Forestal de Santiago, específicamente en la manzana verde enfrente del Museo de Bellas Artes, allí en la proximidad del edificio apodado el Castillito (y su café Castillo Forestal), notarán con facilidad que hay un gran cambio de altura o depresión del terreno entre los árboles y senderos ubicados justo a espaldas de la plazoleta del monumento al Primer Centenario de Chile, obsequiado por la colonia francesa en 1910.
Esta característica del terreno existe allí desde los orígenes de Santiago, pero se recuerda especialmente cuando su lugar era ocupado por la Laguna del Parque Forestal, encantador y romántico sitio del pasado de la ciudad que hoy sólo sobrevive en algunas imágenes antiguas de postales y fotografías de la capital chilena.
A pesar de haber desaparecido en tiempos de la Segunda Guerra Mundial, hace más de 70 años, persisten intereses en reponer su elegante presencia en este sitio, pues la suntuosa laguna aportaba una característica que nunca volvió a tener el parque riberano, con la frescura de sus aguas y las belleza de los reflejos del entorno en el barrio sobre ella, incluyendo el Museo Bellas Artes, surgido con el mismo espíritu y en el mismo período que este estanque desaparecido.
La vida de esta laguna fue corta pero intensa, entonces, combinando en su semblanza elementos del romanticismo centenario, del paisajismo francés, de la vida urbana santiaguina de principios del siglo XX, de la recreación, de la navegación en bote y de los grandes festejos bohemios de la época, entre muchos otros aspectos que trataremos de repasar acá.
El parque y sus cambios de niveles hacia el centro del mismo, antes inundados por la laguna. A la derecha, se ve parte del borde de la terraza.
Desde la terraza hacia el parque. En donde está el pasto y los árboles, se encontraban los botes a remos amarrados, esperando a los visitantes.
Juegos infantiles en el sector que antes pertenecía a la laguna. También puede percibirse la profundidad del terreno con respecto a las alturas del entorno.
Una de las argollas en las que se ataban los últimos botes de remos.
¿QUE HABÍA ALLÍ ANTES DEL PARQUE?
Hace poco, publiqué algo acá sobre la masa de roca y el cambio de altura que se prolongaba desde la punta Norte del Cerro Santa Lucía hacia el río Mapocho, conocida como el Alto del Puerto y desaparecida a inicios del siglo XIX. Pues sucedía que, desde los orígenes de la ciudad, hacia el final de aquel desnivel de los terrenos se encontraba una especie de hondonada marcando el lecho y el suelo adyacente al río, en donde hoy está el señalado tramo del Parque Forestal.
Por aquella hondura situada justo en una curva natural del lecho del río, muchas veces golpearon las aguas del Mapocho a la ciudad colonial, durante los varios turbiones y crecidas de caudal que destruyeron gran parte de la misma, al contrario de una creencia muy discutida por autores como el historiador Gonzalo Piwonka, respecto de que estas inundaciones se producían a la altura de la actual Plaza Baquedano porque el Mapocho supuestamente "buscaba" un antiguo brazo secundario por La Cañada de la actual Alameda.
En realidad, el caudal mapochino salido de madres en los desastres, frecuentemente llegó a la ciudad desde la hondonada a la que nos referimos, avanzando hasta la Plaza de Armas y La Cañada mientras arrastraba rocas, árboles, restos de los tajamares y vidas humanas, en sus peores ataques. Fue el agua que entró allí y avanzó por las actuales calles Santa Lucía, Mac-Iver y Miraflores hasta La Cañada, por ejemplo, la que casi destruye el Convento de las Monjas Claras (en donde está ahora la Biblioteca Nacional) durante la inundación de 1621.
Piwonka cree también que las primeras bocatomas del río estuvieron, aproximadamente, a la altura de donde está vemos el Palacio Bruna, la exsede de la embajada de los Estados Unidos. Desde allí se distribuían alimentando piletas y moviendo molinos coloniales.
Con la canalización del río Mapocho en su actual cajón de piedra canteada y albañilería de envergadura, inmensas obras ejecutadas entre 1888 y 1891, se alejó el peligro de los desbordes del caudal, tarea antes confiada a los sucesivos tajamares coloniales que tantas veces fallaron. Sin embargo, en el sector de marras, por ahí donde ya entonces estaba la Plaza Andrés Bello hacia el extremo de Calle de los Tres Montes, actual José Miguel de la Barra, el terreno baldío permaneció sólo escasamente rellenado, manteniendo la depresión de seis a siete metros de profundidad que por siglos había socavado el río en su propio contorno.
Tanto los plazos de tiempo como las dificultades para la ingeniería y las urgencias de priorizar uso de materiales, obligaron a dejar pendiente la nivelación de este suelo que, de acuerdo a las disposiciones de las autoridades, quedaban dentro de los 100 metros por lado del canal del río para uso público, de los terrenos ganados al Mapocho al comprimir el ancho de su lecho.
Fragmento del "Plano de Santiago" de Ernesto Ansart (con eje Norte-Sur invertido), de 1875, con el ubicación y dirección del caudal del río Mapocho vs. el del entonces proyecto de canalización. Se señala aproximadamente el lugar en donde sería construida después la Laguna del Parque Forestal, justo en la curva o vuelta natural del lecho del río, por donde se inundaba la ciudad en las crecidas.
Fragmento del "Plano General de la Ciudad de Santiago e Inmediaciones", de Nicanor Boloña, 1911.  Se observa al centro la ubicación y extensión de la Laguna del Parque Forestal, en lo que era llamado como Plaza Francia, donde se situó el Monumento de la Colonia Francesa al Primer Centenario de Chile (hasta hoy allí, enfrente del Museo de Bellas Artes).
Postal fotográfica de la Casa Gallardo Hermanos. Parece mostrar el Parque Forestal y la terraza antes de que fuese terminado de inundar el sector de la laguna. Fuente imagen: Sitio CIUDAD Y PAISAJE III - Urbanismo desde el Paisaje - UC.
Vista del sector central de la laguna, probablemente entre inicios del siglo XX hasta 1915, con los palacetes y casonas del Parque Forestal atrás. Fotografía del Museo de la Construcción, de la CChC. Fuente imagen: EnTerreno Chile.
LA CREACIÓN DE LA LAGUNA
Pero sucedía que, en el largo tramo entre el Mercado Central y la posterior Plaza Italia, precisamente en donde se encontraba la depresión, se trazó el plan de construcción del Parque Forestal, proyectado como un gran jardín de arboledas con paseo sobre los terrenos nuevos conseguidos por la ribera Sur del recién canalizado río.
Encargado al paisajista e ingeniero francés Georges Dubois Rottier, egresado de la prestigiosa Escuela de Horticultura de Versalles, el parque se concibió como una evocación a la antigua Alameda de los Tajamares, paseo colonial que corría por las barreras y malecones del Mapocho, según lo propuso el distinguido jurisconsulto Paulino Alfonso ya hacia 1892, gran gestor de este proyecto urbanístico llevado adelante por el Intendente Enrique Cousiño Ortúzar. Sin embargo, la gran inspiración para Dubois, que tenía por desafío darle una estética fuertemente europeísta, fue el Jardín de la Nouvelle Suisse, de París.
Investigadores como Piwonka, en el trabajo de varios autores titulado "Mapocho. Torrente urbano" y en su libro "Las aguas de Santiago de Chile, 1541-1999", explican que la depresión del terreno era una dificultad para las obras del Parque Forestal, por lo que los ingenieros decidieron inundarlo para crear la laguna que realzara la importancia de las aguas en el paseo y así cumplir con tenerlo listo en los preparativos de las fiestas del Primer Centenario. De esta manera, usando agua del mismo río, crearon provisoriamente la laguna artificial que llenó el desnivel del suelo, dando una característica fresca y encantadora al paisaje, además de facilitar la irrigación de este tramo del parque urbano en donde más árboles se acumulaban.
Se recordará que los primeros trabajos de construcción del parque habían comenzado en 1899, con varios problemas en el camino. El terreno inundado, sin embargo, habría de ser concesionado al Club Náutico para sus actividades, hacia 1903 y cuando la laguna aún no era concluida. El grueso del parque, en tanto, comenzó a ser terminado en 1905, aunque las obras se prolongaron todavía hasta 1920, con etapas posteriores.
La laguna había sido entregada al uso a mediados de 1904, abarcando unos 8 mil metros cuadrados en toda la cuadra de área verde, entre los bordes de los puentes de calle Loreto y Purísima. La revista "Sucesos" del 10 de junio de ese año, informaba con imágenes del acontecimiento y algunos percances inaugurales, bajo el título "En la laguna del Parque Forestal":
"Una fiesta inusitada y por lo mismo llena de atractivos ha tenido lugar últimamente en Santiago: la inauguración de la laguna del Parque Forestal.
Como siempre, el pueblo acudió en masa, alborotado, inquieto, bullicioso, poseído de esa curiosidad bullidora y zumbona de las multitudes. Rodeó la laguna y esperó formando una muralla de un espesor de cinco o seis cuerpos. Para hacer más interesante este acto, se habían preparado dos números espléndidos: la botadura al agua del buquecito Esmeralda y unas regatas organizadas por el Club Náutico.
La ceremonia de botar al agua el Esmeralda fue cumplida con los requisitos que son de rigor en tales casos. Transcurrieron dos horas y el vaporcito Esmeralda, empavesado, lleno de gallardetes y adornado como un bibelot, se veía sereno, inmóvil junto a la laguna.
De pronto, un cañonazo anunció que el buque iba a ser lanzando. Lo fue en efecto, pero su quilla se internó en el barro y la máquina fue impotente para avanzar. Y allí quedó el vaporcito resoplando, agitándose como un pescado fuera del agua.
Fue la señal del desbande. Estallaron los silbidos, gritos y protestas. Pero como siempre, el pueblo se consoló de a poco y rió de la aventura.
Rió y con razón de esos extraños almirantes que varan su navío antes de salir del puerto.
Se les llamó almirantes suizos, almirantes bolivianos, etc.
Los comentarios volaron entre las risas de un extremo a otro de la ciudad. Todos iban empapados en una cómica ironía.
En cuanto a las regatas, ellas despertaron gran entusiasmo, pues era la primera vez que en Santiago tenía lugar en toda forma ese espectáculo esportivo.
Los alrededores de la laguna, es decir, las avenidas del Parque próximas a aquellas, se vieron repletas de público que no ocultó su contento, manifestado en frenéticos aplausos durante las dos ceremonias antes dichas".
Imágenes publicadas por la revista "Sucesos" de Valparaíso, con la inauguración de la Laguna del Parque Forestal en junio de 1904.
La Laguna del Parque Forestal, mirando hacia la actual Plaza Baquedano, por el año 1920, aproximadamente. Imagen publicada en la revista "En Viaje" de junio de 1952.
Postal coloreada, probablemente hacia 1910. Muestra un puente peatonal sobre la laguna y sector adyacente a las residencias del Parque Forestal. Fuente imagen: Sitio CIUDAD Y PAISAJE III - Urbanismo desde el Paisaje - UC.
EL JUEGO DE LA "MONTAÑA JAPONESA"
Este mismo Club Náutico de Santiago intentó implementar la laguna para convertirla en algo así como un parque propio dentro del parque mayor.
Su primer gran esfuerzo fue instalar un sistema de paseos y juegos por la llamada Montaña Japonesa, presentándolo al público hacia las siguientes fiestas patrias y anunciándola desde unos días antes en la prensa. En las páginas de "El Mercurio", de hecho, la publicidad aparecía sobre las secciones dedicadas a cubrir la Guerra Ruso-Japonesa que se había iniciado en febrero anterior y que daba actividad a una gran cantidad de corresponsales en esos días. No sabemos si haberla llamado con alusión al país nipón, revele alguna clase de favoritismo o simpatía en aquella guerra.
En síntesis, la Montaña Japonesa consistía en un canal para botes especiales, algo muy parecido a los juegos de parques acuáticos con sus sensaciones de vértigo y susto controlados. El bote se desplazaba hasta una fuerte pendiente y se deslizaba veloz hasta caer el agua de la laguna, causando euforia en los usuarios del curioso juego. Y los nombres de los botes revelaban el aprovechamiento que se hacía del calor de la Guerra Ruso-Japonesa: "Almirante Togo", "Almirante Makaroff" (Makarov) y "Almirante Kamimura".
El sistema fue inaugurado con pruebas el día 17 de septiembre de 1904, causando sensación en la muchedumbre presente y el comentario elogioso de algunos medios de prensa. "El Mercurio" del día siguiente, por ejemplo, se refería así al debut del juego:
"Ayer se llevó a cabo el ensayo de la montaña japonesa, original pasatiempo que se ha instalado en el Parque Forestal.
Es un atractivo nuevo que se ha agregado a este paseo, y que será, sin duda, aceptado con entusiasmo por la sociedad. Se trata de un juego lleno de impresiones fuertes, del paso de un peligro imaginario: de la caída al agua desde una altura de 18 metros.
Un bote se desliza por un canal con una velocidad vertiginosa y llega hasta el líquido, levantando una montaña de agua. Es un sacudimiento tremendo, un grito de terror, una impresión indefinible; y luego el navegar tranquilo, suave sobre las aguas mansas del lago.
Los ensayos hechos hoy obtuvieron un resultado espléndido, que hace desaparecer todo temor de peligro".
Llama la atención la hora en que tuvo lugar la ceremonia y la intensa puesta en marcha: a las dos de la tarde, quizá más asociada a la de almuerzo que a algún evento público. Esto puede deberse a que, sólo dos horas después, se realizó la apoteósica inauguración del monumento a la dupla estadista de don Manuel Montt y don Antonio Varas, en calle Compañía, magno evento que fue seguido de un carnaval popular sirviendo de una "previa" para las Fiestas Patrias.
La misma hora tuvo, el día 18, el estreno en sociedad y con fiesta de la Montaña Japonesa, con aristocráticos invitados. Aquel día, en el "Almirante Togo" se iban a deslizar por el resbalín los matrimonios Enrique Concha y Josefina Subercaseaux, Pedro Iñiguez y Rebeca Matte, Agustín Edwards y Olga Budge, Fernando Álamos y Ana Lyon. En el "Almirante Makaroff", en cambio, irían los señores Carlos Edwards, Luis Subercaseaux, Benjamín Vicuña, Guillermo Eguiguren, Ismael Huidobro, y las señoritas Luz Lyon, Blanca Zañartu, Teresa Riesco, María Luisa Edwards y Teresa Sanfuentes. "No dudamos del éxito de esta diversión tan agradable y llena de originalidad", remataba el Decano de la prensa chilena.
El mismo periódico agregaba en sus comentarios de sociedad, sin poder quitarle los ojos al juego:
"Ayer, a medio día, tuvo lugar en el Parque Forestal la inauguración de la montaña japonesa, pasatiempo muy deseado por el público.
La ceremonia resultó muy brillante y asistió a ella una numerosa concurrencia.
El temor de las señoritas desapareció inmediatamente, cuando vieron que los organizadores se lanzaban a gran velocidad en el primer bote. Imitaron este ejemplo y varias veces descendieron la montaña japonesa hasta llegar a la laguna.
Rodeaba el local un gentío numeroso que aplaudía entusiasta cada vez que los botes surcaron rápidamente, levantando gran cantidad de agua a la superficie del pequeño lago.
Creemos que, dado el éxito del estreno, la montaña japonesa obtendrá un buen triunfo".
El tono optimista se extendió en los días siguientes. Incluso para el 20 de septiembre, el periódico confiesa que "hemos quedado realmente maravillados ante la vista del gran entusiasmo que despierta" la Montaña Japonesa. Describe lo bien que funcionan, la seguridad del sistema y la gran cantidad de personas que se acumulan impacientes a hacer filas para vivir la novedosa experiencia.
Empero, por alguna razón, el servicio no se mantuvo por mucho más y desapareció de la atención de los medios muy poco después, probablemente por dificultades técnicas.
A pesar de todo, se siguieron organizando los paseos a bordo de lanchas del Club, además de circuitos familiares en la laguna, y en algún momento parecen haber existido pequeños peces en ella, posiblemente gambusias introducidas a su estanque, además de aves como patos o cisnes.
Un año después del experimento de la Montaña Japonesa, el Club también solicitó la posesión de la tercera avenida al Norte de la laguna (las otras dos ya se le habían cedido por el Ministerio de Industria y Obras Públicas, podemos deducir), pero por decreto de los primeros días de septiembre de 1905, la petición fue formalmente rechazada por las autoridades.
Publicidad para la inauguración de la Montaña Japonesa de la laguna, entre el día 13 de septiembre y el 17 de su entrega al público. Publicaciones en el diario "El Mercurio".
Comentarios del diario "El Mercurio" para la Montaña Japonesa, todavía haciendo noticia en los días 18 y 19 de septiembre siguientes a su inauguración.
Imagen de la laguna con algunos de los botes de paseos familiares que también hubo en ellas. Se observa una lancha de ruedas molinos para propulsión. Fuente imagen: Flickr Santiago Nostálgico de Pedro Encina.
La laguna con el Museo de Bellas Artes al fondo. Fotografía cercana a 1910. Fuente imagen: sitio web del café-restaurante "Castillo Forestal".
ASPECTO DEL LUGAR ALREDEDOR DEL CENTENARIO
El romanticismo francés y el neoclásico italiano se lucían como principales influencias visibles en este rincón de la ciudad de Santiago. Había en él ciertos acordes tenues pero no antojadizos, además, con el paisajismo de la Villa Borghese en Roma o el de los Jardines de Luxemburgo, manteniendo las proporciones, por supuesto.
Así describía la laguna del parque el escritor Luis Orrego Luco, en su entonces controvertida obra "Casa Grande", de 1908:
"Cinco minutos después se encontraba en el Parque Forestal, junto al pequeño castillo de finos torreones. De allí pasó a la terraza de estilo italiano, con balaustradas grises, a cuyo pie ondula un estanque. A su espalda se alzaba una palmera de tronco rugoso y ramas que se abrían en forma de abanico. Más allá del río canalizado, los edificios chatos de los galpones de la Vega se dilataban, entre el bullir de carretones y de vendedores que partían, sus negocios ya hechos".
A la sazón, la laguna se veía en los planos como una masa de agua sinuosa de unos 300 metros, cuyo inicio estaba enfrente del Palacio de Bellas Artes, cruzando la calle, en donde está desde el Centenario el famoso Castillito diseñado por el arquitecto, pintor y diplomático Álvaro Casanova Zenteno, edificio que fuera oficina de Guillermo Renner, el colaborador de Dubois durante los trabajos. Este mismo inmueble fue la sede administrativa del Parque Forestal y de la pequeña capitanía del puerto para la laguna en sus primeras décadas, precisamente al costado de ella. Desde este sitio, además, se controlaba la presa que desviaba agua del río Mapocho hacia la misma.
La laguna fue mejorada en este período, en otra etapa de trabajos del parque. La terraza con balaustras y escalinatas mencionada por Orrego Luco, montada sobre sillería de piedra y ubicada atrás del Castillito, servía desde esos días como lugar de malecón junto a lo que era el muelle para los botes a remo en la laguna artificial, muy parecida a lo que se logró con las lagunas de la Quinta Normal y la del Parque Cousiño, actual Parque O'Higgins. Esta comparación es defendida por Armando de Ramón en "Santiago de Chile", agregando que una laguna como la del Parque Forestal era un "complemento indispensable a todo parque o paseo santiaguino de la época".
La boletería para arrendar las pequeñas embarcaciones estaba en el mismo Castillito, y en las revistas de la época se informa de pequeñas competencias náuticas. Un hermoso kiosco de cúpula estaba sobre esta terraza en aquellos años, de hecho, además de un toldo o galpón para espacios de eventos y recreación.
Según el periodista cultural Miguel Laborde, el propio Casanova Zenteno participó también "diseñando botes que aquí echó al agua, organizando regatas y, con los seguidores, fundando el Club Náutico de Santiago" (ver artículo "El Castillo Forestal", del diario "El Mercurio" del sábado 28 de octubre de 2013), aunque don Juan Antonio Casanova Mora, bisnieto del pintor y miembro del Instituto de Conmemoración Histórica de Chile, ha refutado el dato de que su ancestro diseñara los botes o canoas recreativas que paseaban por la laguna.
No todo fue diversión y esparcimiento allí, sin embargo: a fines de septiembre de 1912, la laguna parecía un campamento de verano, con cantidades de santiaguinos que se acumularan en el parque armando carpas y tiendas improvisadas, aterrados con la noticia de los pronósticos de terremoto hechos por el Capitán Alfred J. Cooper, el mismo detrás del preciso y cumplido anuncio del Capitán A. Middleton sobre el terremoto de Valparaíso del 6 de agosto de 1906. Otros vecinos prefirieron buscar refugio en el Parque Cousiño, Plaza Yungay o la entonces joven Plaza Brasil.
Postal antigua coloreada de la Laguna del Parque Forestal y parte de la terraza con el kiosco, vista desde el costado de la cuadra que da hacia calle José Miguel de la Barra. Fuente imagen: Flickr Santiago Nostálgico de Pedro Encina.
Un sector de la laguna, en los años 20. Fuente imagen: EnTerreno Chile.
La laguna ya en sus últimos años, observada desde la orilla opuesta a la terraza. Se ve, atrás, la fachada del Palacio del Museo de Bellas Artes y el Monumento Francés del Centenario de Chile. Fuente imagen: EnTerreno Chile.
LAS FIESTAS DE "LA TERRAZA"
Además de servir al embarcadero de los botes, la terraza junto a la laguna quiso ser aprovechada como centro de eventos, café y espacio para prácticas deportivas o de patinaje. Sin embargo, fue la fiesta lo que marcó su época más recordada y luminosa, como era esperable.
En los años veinte y parte de la década siguiente, esta terraza del Parque Forestal ya era uno de los centros de entretención más cotizados de la bohemia y los bailables de la época. En su "Historia social de la música popular en Chile, 1890-1950", Juan Pablo González Rodríguez y ‎Claudio Rolle agregan que los bailes eran diarios, entre las siete de la tarde y la una de la mañana. Parece haber sido el primer local de estas características a cielo abierto en Santiago, y se refiere a él Osvaldo Muñoz Romero, más recordado como Rakatán, en sus sabrosas memorias de "Buenas noches, Santiago...!: medio siglo del espectáculo nocturno capitalino".
El célebre periodista de espectáculos describe a "La Terraza" como "un lugar acogedor y grato, especialmente en primavera y también en las cálidas noches de verano", con jornadas de one-step, shimmy y Charleston a cargo de la Orquesta Típica del maestro Juan Carlos Ghio, compositor argentino que hizo popular el tango "Agua Mansa". La voz de esta orquesta la ponía Roberto Díaz, argentino que se quedó a vivir en Chile hasta su muerte.
En la misma orquesta de Ghio tocaba también un jovencito violinista de 14 años llamado Ernesto Neira, muy conocido después en los espectáculos nocturnos del barrio chino de calle Bandera, algunos de cuyos antiguos locales fueron recientemente destruidos en una gran demolición. Entrevistado por Rakatán en el club "La Nueva Antoñana" de esta calle, Neira recordaba ya con 65 años a cuestas:
"La Terraza del Parque Forestal era el lugar de moda de esos años. Yo empecé a tocar allí en 1925, cuando apenas tenía 14 años de edad. Había estudiado violín en el Conservatorio Nacional de Música que estaba entonces en la calle Cóndor con San Diego. Mi profesor fue el maestro Guillermo Navarro. Recuerdo que concurría allí únicamente gente de la aristocracia chilena, pues 'La Terraza' era realmente un sitio muy elegante".
La otra banda a cargo de la música en "La Terraza" del Parque Forestal, en este caso los acordes jazzistas y de foxtrot, era la Orquesta de Jazz del maestro Jorge Moraga. Dice Rakatán que la voz la ponía el también baterista del grupo, Camiletti.
Empero, ni la intensa bohemia de entonces pudo salvar a la laguna: ya entonces, por razones sanitarias, los vecinos comenzaron a exigir que fuera desecada, a pesar de que sus servicios de botes de paseo seguían siendo licitados al pie de la bulliciosa y festiva terraza.
La terraza, mirada desde la hondura del terreno. Se observa el trabajo de sillería en que está elevada y algunas de las pocas balaustras que le quedan.
La terraza, mirada desde la proximidad del Castillo.
Sillería y muros de la terraza, hacia donde salían los botes.
Este ángulo desde abajo de la terraza fue, aproximadamente, el que se utilizó en muchas de las fotografías históricas y postales antiguas de la laguna. Atrás de los árboles de la imagen, está escondida la fachada del Palacio de Bellas Artes.
Acceso a la terraza, a espaldas del Castillo Forestal.
EL FINAL DE LA LAGUNA
A pesar de su posible origen como una solución no definitiva y hasta de proyección meramente provisoria, la Laguna del Parque Forestal se apoderó de las postales y existió cerca de 40 años en este tramo del paseo, cuadra que, tras la instalación del mencionado Monumento Francés a la Independencia de Chile, fue denominada Plaza Francia, adyacente a la Plaza Bello. Toda la línea posterior de este conjunto conmemorativo obsequiado a Chile, por el que se desciende a través de escalinatas, correspondía al extremo poniente de la larga laguna.
Pero la ciudad siguió cambiando al rededor de gran estanque, con la construcción de nuevos edificios sobre este lugar en el corazón del parque, especialmente en las calles Santo Domingo, Monjitas e Ismael Valdés Vergara. Los problemas sanitarios asociados a la presencia de esas aguas semi-estancadas, comenzaron a hacerse más perceptibles en este período.
Quienes alcanzaron a conocer la laguna, por ejemplo, recordaban los malos olores que expelía ya al final de su existencia y la debilitación producida en parte de sus terrenos. La situación de insalubridad, de hecho, había sido comentada ya en el IV Congreso Científico Panamericano, celebrado en Santiago entre fines de diciembre de 1908 e inicios de enero de 1909, con denuncias avaladas por los estudios de sus ya verdosas aguas y del suelo alrededor de la laguna.
Una de las últimas concesiones para el uso recreativo de la laguna, fue otorgada el 16 de enero de 1920 a don Juan E. Baeza Díaz, que se instaló con sus propias embarcaciones a remo. Al principio, fue concesionada al particular con plazo indefinido, pero dos años después le fue acotado el tiempo de uso a nueve años.
Una posterior concesión, sin embargo, reveló lo complicado de la situación de la permanencia de la laguna, provocando algunos roces entre la administración municipal y la del gobierno, durante la segunda mitad de los años treinta, por diferencias de criterios e intereses ante el malestar de los vecinos que protestaban contra la suciedad. La Municipalidad llegó a bloquear el ejercicio de la concesión respectiva, en 1936, exigiendo solución.
La desaparición de estas aguas en el parque, según algunos autores como la museóloga Lissette Balmaceda en "El Museo Nacional de Bellas Artes. 1880-1998", habría tenido lugar en 1930 o al menos en aquella época. Sin embargo, como vemos, el problema estaba en discusión ya entonces. Todavía en 1941, en nota a pie de página, la del "Pan-American Spanish" de Agnes Marie Brady, indicaba que "en el parque hay una laguna con lanchas, canoas y botes, y campos de juegos para el entretenimiento de niños".
Otros autores, como Alfonso Calderón en su "Memorial del viejo santiago", aseguran que el desecamiento de la laguna sucedió en 1944, año en que mucha de la atención de los santiaguinos se había desplazado al flamante Parque Balmaceda (ex Parque Gran Bretaña, suerte de continuidad del Parque Forestal hacia el oriente de Plaza Baquedano) y al entonces aún no concluido Parque Bustamante.
De este modo, por las señaladas razones sanitarias, y quién sabe si también por las discrepancias entre estamentos administrativos, la laguna acabó esfumándose por completo y dejando en su lugar otra vez ese desnivel del suelo, además del corazón herido a los románticos del urbanismo clásico de la capital chilena.
Castillo Forestal o Castillito, hacia la esquina de José Miguel de la Barra con Cardenal Caro. La laguna y el muelle se encontraban atrás de este edifico, en el sector de la terraza.
Vista del lado de la cuadra hacia José Miguel de la Barra, desde la explanada del Museo de Bellas Artes. Se ve el obelisco del Monumento Francés al Centenario de Chile y el Castillo Forestal. Atrás de ambos, estaba la laguna.
Bajada al parque a espaldas del Monumento Francés al Centenario de Chile, a un costado del Castillo. Se observa el cambio de alturas del terreno. Todo el sector de árboles y verdor estaba inundado por la laguna.
Senderos del parque, en donde antes estuvo la laguna.
Vista general de la terraza, desde el lado de la avenida Cardenal Caro. Se observan los juegos, la reja perimetral y, a la izquierda, un monumento de la ciudad a Bartolomé Mitre.
ASPECTO ACTUAL DEL LUGAR: ¿QUÉ QUEDÓ DE ENTONCES?
El lugar en donde estuvo la laguna fue rellenado sólo en parte y forestado con los árboles que aún se pueden ver en ella. Curiosamente, coincide su desaparición con algunas modificaciones y alteraciones al aspecto original que tenía el parque urbano, y que han llevado al que mantiene en nuestros días.
Hoy, la vieja hondonada en donde estuvo la laguna, es el teatro floral de paseos familiares, parejas, jubilados, universitarios tendidos en el pasto, estudiantes con sus cuadernos en las piernas y niños ocupando los varios juegos que allí existen. Llegan vecinos paseando mascotas y hasta algunos visitantes improvisando picnics, pero no parece haber mucho conocimiento respecto del pasado que tuvo este sitio, con circuitos en botes y patos refrescándose en el agua. La terraza del embarcadero también ha sido ocupada ahora por juegos para niños, siendo conocida como el Parque Infantil. Está rodeada por una artística verja baja y con el suelo revestido de maicillo.
En la arqueología del lugar, aún quedan huellas de la laguna, fuera de la depresión del terreno que antes ocuparon sus aguas. Por ejemplo, aún es visible una de las asas redondas colgando en el lugar del embarcadero, en la sillería de piedra de la terraza, con una de las argollas que servía entonces a la manera que norayes o cornamusas, para amarre de los botes de remos que utilizaban los paseantes. También están algunos de los árboles que contorneaban la laguna en las fotografías antiguas, ya mucho más altos, como un gran plátano oriental.
Un poco más al oriente, siguiendo el mismo sendero junto al Castillito, se da con un viejo puente peatonal de los que tuvo la laguna, en este caso con barandales simulando textura de madera. Por él, se pasaba encima de un estrechamiento de las aguas de la laguna, aunque el estado actual del paisaje no permite deducir mucho de qué se trata. Según precisan los investigadores patrimoniales Fernando Imas y Mario Rojas, de Burgmann Restauradores, bajo este puentecito pasaba el riachuelo que salía junto al Puente Purísima y corría hacia la laguna (ver artículo "Vestigios de otra ciudad" de Cristóbal Bley, en la revista "Viernes", diario "La Segunda" del 24 de noviembre de 2017).
El Castillito pasó también por un largo período de decadencia, hasta que fue recuperado y destinado a oferta gastronómica, mucho más cerca de nuestros días. Esa es otra historia, por supuesto.
Aquellos son los vestigios que quedan todavía de su presencia en este lugar, recordado en muchas fotografías antiguas que aún son exhibidas por coleccionistas de imágenes históricas en Internet.
El antiguo puente. Ya no pasa agua bajo él, pero mantiene su elevación del terreno.
Vista del parque desde el antiguo puente peatonal, sobre el lugar que ocupó la acequia que alimentaba antes a la laguna.
El puentecito y el sendero, costado Norte del área verde.
La vista opuesta del mismo puente.
¿POSIBILIDADES DE DEVOLVER LA LAGUNA AL PARQUE?
Cada cierto tiempo suena otra vez alguna campana de la nostalgia: hay quienes proponen directamente la idea de recuperar la Laguna del Parque Forestal, llenando de agua nuevamente  la concavidad del suelo en desnivel y trayendo de regreso así los botes y canoas, para las tardes de los visitantes del área verde.
Hubo tímidas propuestas al respecto, dispersas en los preparativos de las celebraciones del Bicentenario Nacional, pero cobraron fuerza unos años después, especialmente tras una columna publicada por el investigador y escritor Roberto Merino (diario "Las Últimas Noticias" del lunes 1° de febrero de 2016), idea que contó con el apoyo de muchas opiniones consultadas por el mismo periódico al día siguiente.
Mirado con algo de pesimismo realista, el reponer la laguna en el parque urbano puede responder más bien a melancolías de fotografías sepias más que a posibilidades reales de que algo así resulte. Los cambios de la sociedad chilena en el siglo transcurrido quizás no parecen propicios para tomar los riesgos de inundar otra vez un sector que algunos ya han llegado a proponer mejor enrejado. Ya es sabido que el parque está en el ojo de muchos reclamos de la comunidad residente alrededor, principalmente por temas asociados al incorregible comportamiento humano.
Por otro lado, sin embargo, es verdad que el Parque Forestal perdió una característica muy suya cuando se secó la laguna, detonante de muchas otras alteraciones que no siempre fueron favorables a su aspecto y a sus líneas originales de diseño. Ese rasgo romántico que tanto se le enfatizaba durante la primera mitad del siglo XX, se ha ido diluyendo por otro más bien peatonal y funcional durante el día, y bohemio y hasta delincuencial durante sus peores noches. Pese a todo, sigue siendo uno de los favoritos lugares de esparcimiento en el corazón de la capital chilena.
El tiempo dirá si los deseos de reponer la hermosa laguna que alguna vez se lucía en las postales del Parque Forestal, responden sólo a punzadas colectivas provenientes del recuerdo herido, o bien a posibilidades reales de recuperar parte de un esplendoroso Santiago que siempre se extrañará, incluso entre quienes no lo vivieron.

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