viernes, 24 de agosto de 2018

LOS LOCOMÓVILES: ESAS RELIQUIAS DE MOTORES A VAPOR EN LOS VIEJOS CAMPOS CHILENOS

Grabado de locomóvil Horbsby "con aparato para quemar paja" y el respectivo fogonero operador, publicado en el "Correo de la Exposición" del 2 octubre 1875, en Santiago de Chile.
El campo chileno ha cambiado mucho esa imagen poética y más pintoresca que nos dejó la época más romántica de la historia campesina del país, especialmente en la Zona Central. Qué duda cabe: cercos eléctricos sustituyendo las viejas empalizadas con estacas, huasos montando más bicicletas que a caballos en algunas localidades y las tradicionales ruedas de carretas o carretones reducidas ya a adornos de jardines tras ser relevadas por neumáticos de automóviles ocupando los ejes.
Desde aquellos tiempos más idealizados de los campos chilenos es que tenemos, precisamente, interesantes testimonios mecánicos y termodinámica sobrevivientes de la actividad agrícola: los llamados locomóviles, convertidos en sinónimos de motores portátiles e inexactamente motejados a veces como minilocomotoras. Han sobrevivido en todo el país como ejemplos de un curioso y -en su momento- revolucionario producto de la tecnología del siglo XIX y de la ingeniería a vapor basada en los logros del escocés James Watt, con su sistema patentado ya en 1769.
Los locomóviles, entonces, fueron parte del mismo desarrollo tecnológico de motores a vapor que incluyó a las locomotoras y a los primeros tractores, combinando de alguna manera ambos ingenios de la época victoriana, en el marco de la transición entre la Primera y la Segunda Revolución Industrial.
Correspondían a carros que podían desplazarse sin necesidad de vías o rieles, con una estructura o cuerpo que corresponde principalmente a todo un tanque y motor de vapor con ejes, recordándoselos como artefactos que hicieron saltar a la modernidad los quehaceres del mundo campesino, que llevaban arrastrando por siglos las limitaciones de las herramientas y procedimientos tradicionales de la economía rural más conservadora.
Algunos locomóviles más antiguos requerían de ser desplazados con alguna fuerza externa, ya sea de tiro o de empuje, mientras que otros se valían de la misma generación de energía para autopropulsarse, originando los auténticos locomóviles "modernos". Sus formas eran inconfundibles: cuatro ruedas de soporte, barril cilíndrico central de calderas, alta chimenea, estructuras de hierro fundido y remachado, además de una frecuente sirena cuyo pitar señalaba las horas inicio de tareas, descanso, almuerzo o salida al personal alrededor del aparato durante una faena de campo o forestal.
GALERÍA DE IMÁGENES:
LOCOMÓVILES DEL CAMPO CHILENO
Un locomóvil en funcionamiento con trilladora, prueba en la escuela de Santa Irma, Sector de San Antonio, Yungay. En la Fiesta de San Francisco de 2009. Fuente video: Canal Youtube de El Yungayino.
Valiéndose de mecanismos rotatorios movidos por la misma fuerza del vapor, los motores de los locomóviles activaban correas de transmisión para mover otras máquinas como cosechadoras, molinos, prensas y trilladoras, o bien huinchas de desplazamientos de cargas durante faenas agrícolas de traslado o recolección, como fardos, paladas de forraje o leña. Como tenían gran poder de tiro, además, desde fines del siglo XIX eran ancladas en terrenos y utilizadas para construir vías ferroviarias, encarrilar vagones de ferrocarriles que salían accidentalmente de los rieles, activar bombas de elevación, mover maquinarias industriales de gran tonelaje y apoyar trabajos de construcción elevando partes o piezas pesadas con roldanas y poleas.
Aunque los automóviles movidos a vapor ya habían sido inventados en el siglo anterior, casos que partirían con el coche Cugnot de 1770, los primeros prototipos de locomóviles de los que se tiene noticia aparecen en Europa hacia 1840, experimentando innovaciones importantes en el período 1855-1860 cuando se expanden hacia mercados internacionales, curiosamente desde varias líneas de desarrollo creativo llevado adelante por diferentes personajes de la historia del mundo industrial.
El inventor Valentín Silvestre, por ejemplo, siendo una suerte de anticipo de Edison pero en versión valenciana, presentó públicamente un ingenio de su autoría llamado locomotora para caminos ordinarios, realizando pruebas en el Real Jardín Botánico de Madrid, ante autoridades del Ministerio de Fomento y del Director de Obras Públicas de la época. Se trataba de un carro de cuatro ruedas, tracción adelante y dirección atrás, con un motor de cilindro rotatorio a fuerza de vapor desde la caldera con sistema de transmisiones, diseño ingenieril que patentó 1858.
Durante el año siguiente, el ingeniero inglés Thomas Aveling experimentó con un modelo más moderno del motor de tracción, modificando un carro portátil de fabricación Clayton & Shuttleworth originalmente transportado por caballos, convirtiéndolo así en uno autopropulsado por el vapor que activaba el cigüeñal y, a través de una cadena, rotaba el eje trasero.
Afiche publicitario inglés de la compañía Ransomes, Sims & Jefferies Ltd., hacia 1885, ofreciendo las bondades de sus locomóviles y otros artefactos de actividad agrícola.
Publicidad de 1888 para las maquinarias a vapor de la John Fowler & Co., con varios motores portátiles de plataforma o de ruedas entre los productos de su fabricación. Fuente imagen: Gracesguide.co.uk.
Lámina publicitaria de la marca alemana Lanz, hacia 1900, mostrando uno de sus locomóviles en acción, haciendo andar una trilladora y prensa de heno o trigo.
Otros inventores españoles tomaron el concepto y desarrollaron sus propias propuestas, como Pedro Ribera en 1860, cuando modificó y perfeccionó notablemente un modelo de fabricación en Inglaterra con caldera alimentada a carbón, para darle autopropulsión con el vapor del mismo motor. Bautizado "Castilla", el locomóvil del inventor servía para transportar pasajeros y cargas como un vehículo, avanzando a unos 15 kilómetros por hora. Ribera realizó una histórica exhibición de más de 200 kilómetros, iniciada el 30 de octubre de ese año y por casi tres semanas de duración, entre Valladolid y Madrid, con otras tres personas a bordo.
Los primeros en recibir el nombre de locomóviles, sin embargo, parecen haber sido los carros-motores de vapor de la marca Boydell, también a partir de 1860, que fueron fabricados por diferentes compañías para labores de transportes. Persisten hasta hoy algunas diferencias en las denominaciones del aparato, por cierto, prefiriéndose definirlo a veces sólo como motor portátil o el portable engine de vapor.
Ya hacia el cambio de siglo, entre los locomóviles con orientación especialmente agrícola, aparecen los modelos de importantes compañías británicas que ya venían operando incluso desde décadas antes en la industria. Entre otras, destacaban la Mann's & Garrett, la Ruston, Proctor & Co., la John Fowler & Co. Engineers, la Ransomes, Sims & Jefferies y la Charles Burrell & Sons, produciendo también modelos de motores para uso en arado directo, aunque no prosperaron mucho en los mercados de esos años.
Recién a partir de fines de la Primera Guerra Mundial en adelante, comenzó la popularidad y la venta de los muchos modelos que se habían fabricado, apoyados por planes de fomento del gobierno británico. Así llegan al mercado internacional, hacia 1817-1818, los motores de arado Fowler y los antecesores de los tractores ligeros Fordson.
Los primeros locomóviles comenzaron a llegar a Chile simultáneamente con los ferrocarriles, aumentando paulatinamente durante la segunda mitad del siglo XIX y parte del siguiente. Se los empleaba para mover correas de carga o activar maquinaria como trilladoras, pero principalmente para accionar sierras madereras o serrear en los sitios de tala forestal o de actividad de carpintería.
Publicidad de la revista "Sucesos" para los locomóviles Foster, en 1906.
Publicidad para maquinaria agrícola en el "Álbum de la Zona Central de Chile - Informaciones Agrícolas" de Juvenal Valenzuela O., de 1923.
Acercamiento al locomóvil Lanz en la publicidad para maquinaria agrícola en el "Álbum de la Zona Central de Chile - Informaciones Agrícolas" .
El modelo de carro-motor rodado del locomóvil se repetía en otras maquinarias de energía de vapor, debido a las tecnologías vigentes entonces, como se observa en este grabado de la antigua bomba a vapor que formó parte del equipo de la "Bomba Esmeralda" a fines del siglo XIX, con el nombre del héroe Ernesto Riquelme (fuente imagen: segundinos.cl).
Principalmente, se trataba de modelos que alimentaban el fuego de las calderas con paja, leña, carbón vegetal y, en alguna etapa, parece que también con carbón mineral (hulla y coke). La tarea de iniciar, mantener y regular este fuego quedaba a cargo de un empleado llamado fogonero, el mismo nombre que se les daba en las locomotoras y en las fundiciones al personal con dicho rol.
También coincidió su presencia y uso abundante en los campos con la ocupación estratégica de los territorios rurales de Chile, en medio de severos conflictos limítrofes que se extendieron hasta la siguiente centuria. Era la época del arribo de muchos inmigrantes europeos que, con frecuencia, ya estaban familiarizados con estas máquinas, extendiendo más aún su empleo en los trabajos agrícolas y madereros.
Hubo intentos por iniciar su producción acá. Entre 1871 y 1874, se construyeron los primeros locomóviles chilenos, con motor de vapor y 10 caballos dinámicos cada uno. Fueron armados en la Escuela de Artes y Oficios por solicitud del Ministerio de Instrucción Pública, siendo exhibidos como maquinaria de innovación en los almacenes universitarios y algunas exposiciones como la de Internacional de Lima y la de Artes e Industria de Santiago, ambas de 1872, y en la Exposición Internacional de Chile de 1875, junto a otros más que se siguieron fabricando por los alumnos en aquel período. De hecho, hacia octubre de ese año, al faltar un motor Cavé francés en la Escuela, los estudiantes se valieron de su propio locomóvil N° 7 para generación de fuerza y acabó siendo más económico en el uso de combustible, según se informaba en la casa de estudios.
Como además demostraban grandes ventajas de costos y mantenimiento comparados con la tracción caballar, no fue difícil que los motores de vapor rodados fueran adoptados con facilidad en fundos y haciendas del país. Y aunque las restricciones mundiales de desplazamientos de los locomóviles por carreteras comenzó a afectar su demanda, todavía hacia 1930 seguían siendo adquiridos algunos modelos e incorporados a las faenas en nuestro país. En esa misma década, sin embargo, se acabó la producción de locomóviles en el Reino Unido.
Había, por entonces, maestros mecánicos y talleres de reparadores especiales para estos carros, generalmente en las ciudades cercanas a campos agrícolas. Su empleo pudo haber perdurado en el país por unos 20 años más, hasta que acabó imponiéndose en los campos la fuerza de los motores de combustión interna. Pesaba sobre la tecnología, además, la dificultad para transportar a los pesados carros por caminos blandos o lodosos, y por los senderos más inclinados de la geografía chilena, a diferencia de los tractores que venían ganando terreno en la actividad desde hacía algunas décadas.
Locomóvil ubicado enfrente de la Plaza de Armas de Talagante, en los jardines de la Ilustre Municipalidad, modelo Marshall, Sons & Co. Donación de un distinguido vecino de Malloco.
Locomóvil del siglo XX ubicado en el patio del Museo Histórico Nacional de Santiago, modelo inglés Marshall, Sons & Co.
Quedan antiguos locomóviles dispersos por casi todo el país, algunos bastante icónicos, como el de la casa de Pablo Neruda en Isla Negra, infaltable en las postales, hasta las colecciones de estos artefactos repartidos en la localidad de Carahue (con museo propio), donde fueron de enorme utilidad en la historia económica local. He tenido la suerte de ver alguno funcionando perfectamente en el Sur del país, durante el viaje con amigos: diría que realmente parecíamos fascinados con aquella máquina operando ante nuestra vista y trasladándonos hasta épocas nostálgicas del campo chileno, como la escena en la pantalla de visor hacia el pasado de la que no podíamos desprendernos, apoyados en un cerco de madera. Algunos otros locomóviles han logrado ser puestos otra vez en funcionamiento, en varias localidades del país, aunque más para demostración que para usos en faenas.
De entre los más antiguos que aún se preservan y en situación de exhibición al público dentro de la Zona Central, tenemos interesantes modelos de marcas como la Marshall, Sons & Co., fábrica inglesa especializada en ingeniería para demandas agrícolas, que había sido fundada en 1848 y operó en Gainsborough, Lincolnshire, hasta 1947.
En el área museológica, por ejemplo, encontramos un bien conservado locomóvil de hierro en el patio del Museo Histórico Nacional, fechado 1850, aunque podría corresponder a un modelo del período de cambio de siglo. El sello de la Marshall, Sons & Co. está en las tapas de la caldera y en los ejes de las ruedas. Tengo entendido que ésta no tenía desplazamiento propio, por lo que debía ser trasladada por seis yuntas de bueyes, especialmente cuando era movida por entre cerros hacia los bosques de tala y barracas, pues se habría utilizado en aserraderos, como quizás la mayoría de las que estuvieron en Chile.
En cambio, de entre los que se han convertido en símbolos históricos urbanos de alguna localidad centrina, resaltan casos como el del locomóvil enfrente de la Plaza de Armas de Talagante, en los jardines de la Ilustre Municipalidad y a un lado de la Parroquia de la Inmaculada Concepción. También se observan los sellos corporativos de la compañía británica en la estructura, que se cree del 1900. Este locomóvil en particular, sin embargo, fue donado a la municipalidad por el empresario taiwanés Cheng Yuan Liang, coleccionista de locomotoras y locomóviles en la vecina Malloco. Una placa fechada el 6 de diciembre de 2000, informa al respecto: "A la ciudad de Talagante, en el 163º Aniversario de su fundación, por su generosa hospitalidad. Sr. Cheng Yuan Liang y familia. Talagante, 6 de Diciembre de 2000".
Locomóvil ubicado en el Parque Idilio de Peñalolén, corresponde a un modelo Ransomes, Sims & Jefferies todavía funcional.
Otro locomóvil del Parque Idilio de Peñalolén, modelo Ruston, Proctor & Co. (después Ruston & Hornsby), antes estaba en la propiedad ubicada justo enfrente del parque.
Parece ser que la mayor cantidad de locomóviles traídos a Chile operaron entre las regiones de Valparaíso (Aconcagua) y la de Los Lagos (incluido el archipiélago de Chiloé), principalmente de marcas inglesas y alemanas, aunque tengo noticias no confirmadas aún de algunos artefactos de factura francesa e italiana.
Sin embargo, existen varios ejemplos más, dispersos por el río Huasco, el Valle de Elqui y, por el territorio más austral, en Aysén y Magallanes, cómplices del proceso de conquista y colonización de aquellas tierras. No obstante, quise concentrarme en esta entrada con algunos casos interesantes de la Zona Central del país. Habiendo otros territorios en donde tienen más abundancia, como en la Región de la Araucanía, por ejemplo, reservaría menciones a los mismos casos para entradas propias y más completas que ésta.
Sí me permito celebrar acá que existe, a nivel mundial, un interés en conservar estas reliquias, especialmente a través de fundaciones de los Estados Unidos, Canadá, Alemania y Reino Unido. Hemos visto esta misma tendencia felizmente en Chile, por parte de coleccionistas particulares o departamentos culturales. Sin embargo, también es claro que muchas de estas maravillas se perdieron para siempre, desestimadas como chatarra o destruidos deliberadamente, por desidia. El escritor chileno Luis Sepúlveda, por ejemplo, en su no logrado intento de graduarse como director de cine con el filme "Nowhere", en 2002, mostró lo que parece ser la auténtica voladura con explosivos de un hermoso y antiguo tractor locomóvil Victory de 1920, en locaciones argentinas, en una escena al final de la deslucida obra.
A pesar de la falta de interés que llegó a ser internacional por preservar estas antigüedades de las tecnologías pasadas, sin embargo, tenemos varios locomóviles sobrevivientes como adornos de plazas y sitios históricos, disponibles para seguir admirándolos y sorprendiéndonos con los hitos de la fascinante historia de la ingeniería.
¿Conoce usted más casos interesantes de locomóviles las regiones centrales del país o fuera de ellas? ¡Pues no dudes en compartirlos!

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