martes, 28 de agosto de 2018

EL RENACER DE UN TRÁGICO SITIO: LA EX CAPILLA DE SANTA TERESA, SU MONUMENTO A LAS VÍCTIMAS DEL ALUVIÓN DE 1993 Y EL PARQUE URBANO QUEBRADA DE MACUL

La capilla después del desastre. Fotografía de 1997 publicada en "La Tercera". Las enormes piedras fueron arrastradas por el aluvión, y hoy están en la plaza adyacente.
Coordenadas: 33°30'50.9"S 70°32'54.3"W
Este año, el pasado 3 de mayo, se cumplieron 25 años desde el trágico Aluvión de la Quebrada de Macul de 1993, dramático episodio de la historia de la Región Metropolitana que dejó un saldo de unos 26 muertos, ocho desaparecidos y más de 30 mil damnificados por la avalancha de agua y lodo que, de un momento a otro, cayó sobre las poblaciones y villas que habían crecido a los lados de la quebrada.
Como se recuerda, la inusual lluvia en alta cordillera y en medio de un temporal, derritió las nieves arrastrando gran parte de los terrenos montañosos, y así el aluvión se desplazó por la quebrada hacia el poniente sin encontrar obstáculos, entre otras razones por la deforestación paulatina a la que había sido sometido el lugar. El alud y el torrente llenaron en minutos el trazado de la quebrada y los cauces del Zanjón de la Aguada, el Canal San Carlos, el Canal las Perdices y hasta la Quebrada de Ramón en La Reina, destruyendo más de 300 viviendas a su paso y dañando más de 5.500, principalmente en el sector de los límites de las comunas de La Florida y Peñalolén, en Santiago.
La zona más cruelmente azotada por la tragedia de 1993, fue la extensión de la calle María Angélica hacia la altura de Villa Santa Teresa, vía que corre paralela a la bajada de la Quebrada de Macul. Hoy, el lugar esconde en su verdor las huellas del doloroso episodio que en vivió aquel otoño ya a las puertas del invierno. Son barrios con cierto encanto social, sin embargo: a diferencia de otros intentos por forzar la integración entre sectores socioculturales altos con otros más modestos, acá parece haberse dado connaturalmente esta convivencia, de modo que es posible encontrar grandes casas-quintas con piscinas a sólo pocos metros de residencias humildes pero muy dignamente mantenidas.
A pesar de las pocas huellas del crimen que aún se pueden reconocer, en el cruce de María Angélica con Las Perdices, cerca del puente, se eleva un curioso templito de sencilla fabricación y materialidad, como único testimonio sobreviviente de aquella tarde triste en la precordillera santiaguina. Corresponde a la ex Capilla de Santa Teresa de Jesús, verdadero símbolo de aquel episodio fatídico de la historia de la comuna de La Florida y de toda la ciudad.
La capilla en medio de la destrucción total, rodeada por restos de las viviendas arrasadas, recién pasado el aluvión. Fuente imagen: diario "Las Últimas Noticias".
La misma capilla se convirtió en un improvisado centro de operaciones durante los rescates realizados por expertos y voluntarios, en los días que siguieron al desastre. Imagen de 1993 publicada por el diario "La Tercera".
Otra vista de la devastación total del sector, con la capilla como único edificio en pie dentro de toda la dantesca escena. Fuente imagen: archivo documental de TVN.
Interior de la capilla, en plenas jornadas de trabajos de búsqueda de víctimas y despeje de los terrenos. Se la observa totalmente inundada y llena de piedras y fango. Fuente imagen: diario "La Tercera".
El antiguo mural memorial en una pared exterior de la capilla, destruido hace más de una década en una mala decisión que llevó, sin embargo, a la construcción del actual monumento. Fuente imagen: archivo de don Juan Alcaíno.
HISTORIA DE LA CAPILLA Y SU SITUACIÓN TRAS LA TRAGEDIA
Correspondiendo a un galpón de unos 22 por 12 metros de planta rectangular con una sola nave, con torre lateral al frente para el campanario, esta capilla había sido construida hacia los años ochenta con el aspecto general que aún conserva, aunque nace de un oratorio o capilla anterior de madera, que ya existía allí mismo en la segunda mitad de los años sesenta cuanto menos.
El templo ha estado vinculado desde sus orígenes, entonces, a la presencia de los primeros pobladores de los campamentos y villas que se fueron formando en este lado de la periferia santiaguina; barrios hoy totalmente asimilados por la urbanidad que ha crecido como la levadura hacia el oriente de la avenida Tobalaba, trepando ya por las faldas de los cerros.
Fueron los propios vecinos quienes ayudaron a construir el actual inmueble de origen religioso, además, y los servicios para la fe allí los extendían sacerdotes de filiación salesiana, pues la presencia de la Pía Sociedad de San Francisco de Sales, con sede parroquial en Lo Cañas, se remonta formalmente acá al año 1971, aunque colaboraron de alguna forma con las primeras poblaciones que fueron surgiendo desde la década anterior cuanto menos, cuando todo este paisaje era campo al pie de las montañas.
En aquel día de la tragedia que enlutó a todo el país, el contorno de la quebrada acabó totalmente arrasado por el barro y las piedras, haciendo desaparecer las villas El Esfuerzo y parte de la Ampliación Las Higueras. El siniestro caudal de muerte había avanzado hacia los barrios de Las Higueras, Villa Nuevo Amanecer y aún más al poniente. Entre toda la devastación, pues, el edificio de la fe popular fue lo único que se mantuvo en pie y no pocos definieron entonces como "un milagro" el que hubiese resistido al formidable turbión.
Entrando en detalles, el lodo derribó los muros del edificio y llenó el interior de su nave con barro y agua, pero su zócalo de albañilería resistió, al igual que la mayor parte del segundo nivel de madera y las vigas metálicas de la estructura. Enormes peñascos arrastrados desde la cordillera quedaron tirados por montones en sus jardines y patios, en una impresionante postal que llegaba a parecer surrealista. Y no bien concluyó el infernal azote del alud, el edificio quedó aislado al centro de la destrucción más absoluta y desoladora, rodeado sólo por ruinas, escombros y muerte.
Mientras el templo estaba inactivo en sus servicios de fe y cuadrillas de jóvenes voluntarios intentaban rescatar cuerpos, la capilla se improvisó por momentos como centro de operaciones. Muchos damnificados buscaron refugio en la Capilla San Víctor, de la cercana calle El Panul llegando a Santa Berta, cuyo recinto sirvió también de albergue a las familias afectadas. Dependiente de la Parroquia Jesús El Señor de la Florida, esta segunda capilla salesiana fue fundada en diciembre de 1982, aunque debe recordarse que la presencia de la orden en el sector se remonta a más de una década antes, como vimos.
Tras la tragedia, el Plan Intercomunal Metropolitano aprobado en noviembre de 1994, estableció un área de restricción urbana de 100 metros a cada lado de la Quebrada de Macul. Aunque fueron demolidas las deterioradas viviendas dentro de esta área restringida, sin posibilidad de recuperarlas, el edificio de la capilla se conservó y siguió funcionando muy ocasionalmente como sede religiosa para los golpeados habitantes de estos barrios. Varios damnificados fueron reubicados ese mismo año en la actual Villa Santa Teresa, ubicada un poco más al poniente en la proximidad de avenida Tobalaba.
Pasaron varios años con la capilla sin que hubiese en ella más actividad que un responso cada 3 de mayo, en el aniversario del aluvión, ocasión en la que llegaba un sacerdote salesiano a conducir la ceremonia. El sitio siguió deteriorándose y acumulando basurales, dejando en evidencia el descuido y poco auspicioso futuro de la capilla.
Sin embargo, durante el año 2000 comenzó a cundir entre los residentes de los barrios aledaños el interés por aprovechar el virtualmente abandonado edificio, principalmente para las necesidades locales, y así la Junta de Vecinos N° 2 "Las Perdices Norte" elevó una solicitud al Servicio de Vivienda y Urbanismo (SERVIU), para que pudiese ser destinado al uso como sede social.
A pesar de las grandes expectativas que generó el inicio de la gestión, pues nada hacía presagiar la negativa a tan noble deseo de recuperar aquel espacio, no prosperó aquella primera solicitud, recibiendo un portazo seco del SERVIU. Sin embargo, la comunidad no se amilanó ante la adversidad: antes de concluido el mismo año, las nueve juntas de vecinos se reunieron en la sede de la N° 1 "Santa Teresa" y, tras una larga reunión donde no estuvo ausente el malestar y el debate por la falta de disposición de las autoridades, resolvieron tomarse la capilla y su terreno, y comenzar a pedir su traspaso en esta situación de ocupación.
Sin embargo, esta apuesta requería un enfoque estratégico: una de las primeras e inteligentes medidas de los vecinos fue cerrar los accesos de camiones al mismo, impidiendo que siguiera siendo usado como vertedero clandestino, y proceder a limpiar el lugar. Gracias a una colecta pública, también se pudieron comprar los cercos que aún rodean el perímetro. Así, la intervención de inmediato dio la sensación de recuperación positiva del lugar para la comunidad, facilitando las etapas que vendrían.
En esta situación, se retomaron los tramites en el SERVIU, esta vez con apoyo del entonces Diputado Carlos Montes, lográndose los primeros resultados positivos en 2001. Desde el año siguiente, entonces, el organismo cede la propiedad en comodato al Centro Intercultural Quebrada de Macul (CIQMA), formado para la ocasión y dirigido hasta hoy por don Juan Alcaíno, activo vecino de la calle El Esfuerzo, residente en el barrio desde 1968.
A su vez, el Gobierno de Ricardo Lagos, nuevamente por intermediación del Diputado Montes, aportó cinco millones de pesos para reparaciones, mejoras del recinto y la construcción de un segundo nivel interior. Con el tiempo, la sede social ha logrado algunos acuerdos municipales para el uso de electricidad y los pagos facilitados del agua, pues hubo todo un proceso de relaciones públicas de parte del centro para lograr avances en la recuperación de la capilla y su terreno.
Así las cosas, la ex Capilla de Santa Teresa acabó siendo cedida al uso pleno de los residentes del sector, quienes lo convirtieron en su lugar de reuniones y centro de actividades vinculadas a las familias que habitan el entorno, pasando a ser así la sede CIQMA, como es conocida hasta nuestros días, aunque con el apodo alternativo de La Capilla.
A pesar de que hubo algunos interesados por hacer modificaciones al edifico, como eliminar la torreta del campanario o repintar las paredes interiores haciendo desaparecer las imágenes cristianas que allí se observan, la dirigencia fue categórica en impedirlo, partiendo por el propio señor Alcaíno que, a pesar de no ser religioso, sí tiene plena consciencia del valor patrimonial y popular que tienen estos elementos del inmueble, conservados hasta ahora. Tampoco lograron resultados algunos intentos de grupos religiosos y elementos de los propios salesianos por revertir el traspaso del uso del edificio.
Según nos informan algunas fuentes, hace unos diez años se agregaron y mejoraron en la excapilla nuevos espacios en su segundo nivel, a la altura de donde estaría el coro en un templo. Cuenta también con una tarima a modo de escenario, útil para presentaciones artísticas que allí han tenido lugar con cierta frecuencia, y se le hicieron mejoramientos, murales ornamentales exteriores, retoques a los que ya existían en su interior, despeje de los jardines (aún en transformación) y así sigue hasta ahora disponible a la población local, para sus variadas actividades.
En octubre del año 2009, además, el centro que ocupa la excapilla organizó también una plantación de árboles dentro del terreno, en la que participaron vecinos y niños, restándole aridez al tan maltratado suelo del entorno. La vida crece, así, en donde antes se acumularon sólo rocas inertes y el dramático hedor de la muerte.
Actualmente, se realizan en el Centro Intercultural Quebrada de Macul encuentros como asambleas de vecinos, fiestas a beneficio, cumpleaños, bailes, peñas folklóricas, festivales musicales y presentaciones de obras de teatro, entre otras propuestas interesantes que lo mantienen vivo, además de una sentida ceremonia conmemorativa que tiene lugar todos los días 3 de mayo, en el aniversario del aluvión, perpetuando el recuerdo de la tragedia, lavando sus traumas y rindiendo tributo a los que perdieron su vida allí.
La excapilla, en la actualidad, siendo sede del CIQMA.
Vista posterior de la excapilla y sus murales exteriores.
Niños jugando a un costado del edificio.
Interior del edificio, hacia el escenario (antes altar), decorado para una fiesta.
Vista desde el escenario hacia el acceso principal.
LA PLAZA ADYACENTE
En tanto, los arrasados terrenos riberanos del sector María Angélica, Las Perdices y Santa Teresa de La Florida, fueron destinados a la construcción de áreas verdes, para hacer efectiva la restricción a ocuparlos y rendir también un homenaje a los fallecidos. Un sector adyacente a la capilla parece haber sido destinado a una organización indígena, pero luce francamente desaprovechado hasta ahora. El resto de la franja Sur del Zanjón de la Aguada (que es la continuación de la quebrada) sería reconvertida en los paseos y parques.
De este modo, en la manzana vecina a la capilla, al oriente de la calle Las Perdices, fue transformada en una amplia plaza adyacente a la quebrada de Macul y la hondonada, con senderos interiores, arboledas, araucarias, palmeras, césped y una que otra roca como recuerdo del aciago día.
Con gran participación de la Unión Comunal en este proyecto de la plaza, sucedió, sin embargo, que en la construcción del área verde no hubo participación de los vecinos y el plan fue escasamente socializado entre ellos, por lo que hasta el día de hoy los residentes la perciben como un espacio bastante ajeno y distante a sus manifestaciones memoriales sobre lo allí sucedido. No parece estar incorporado emocionalmente a los actos conmemorativos o recuerdos de las víctimas.
Denominada por algunos más formalmente como Plaza Las Perdices o El Esfuerzo (por hallarse justo en donde estaba esta arrasada villa), pero sin haber consenso sobre su nombre oficial, desde su inauguración en el cuarto aniversario del infame aluvión, la misma tiene un monolito de piedra hacia el centro de sus senderos peatonales, en donde se lee:
UNIÓN COMUNAL
JUNTA DE VECINOS
LA FLORIDA
EN MEMORIA A NUESTROS HERMANOS CAÍDOS EN EL ALUVIÓN 3-5-93 POR LA ADVERSIDAD DE LA MADRE NATURALEZA
3-5-97
Para empeorar la ya poca simpatía de los pobladores con la plaza, ésta ha permanecido cercada en su mayor parte por razones de seguridad (hay algunos indigentes habitándola ocasionalmente, por ejemplo) y hubo períodos en que había que pedir autorización a las autoridades para poder entrar a ella, no siempre lográndolo, por lo que algunos vecinos la motejaron de forma burlona como la Plaza del Gigante Egoísta. También fue llamada la Plaza de los Conejos, especialmente entre los niños, porque antes era frecuente ver estos animales silvestres en ella.
Hace poco, el siempre trágico destino agregó a la plaza el registro de una nueva muerte y su respectiva animita, con una cruz de madera y una silla de ruedas que suponemos del fallecido, llamado Eduardo Augusto Rojas González. No tengo más antecedentes por ahora sobre esta persona, pero dice en su cruz que nació en 1966 y que falleció en mayo de este año.
Plaza al oriente de la excapilla. Piedras arrastradas el día de la tragedia están allí.
Senderos interiores de la misma plaza.
Monolito memorial de la plaza, de la Unión Comunal.
La animita recientemente incorporada a la plaza.
EL PARQUE URBANO
El recinto verde principal, sin embargo, está al poniente de la manzana de la excapilla, correspondiente al Parque de la Quebrada de Macul o, más exactamente, Parque Urbano Quebrada de Macul (para distinguirlo del cercano parque natural del mismo nombre, en Peñalolén, en la boca de la quebrada), que se extiende enfrente de la Villa Santa Teresa entre el borde de la aguada y la calle María Angélica.
Inaugurado en 2002, este parque se ajustó al Plan Regulador Comunal de La Florida y se lo califica en la zona de áreas verdes de parques de quebrada, diseñado por Núcleo Paisajismo S.A. Se completa con un ancho sendero de casi un kilómetro paralelo al Zanjón de la Aguada hasta la proximidad de avenida Tobalaba, con praderas de pasto, bancas de descanso, chanchas de fútbol y arboledas que, en teoría, seguirán creciendo por aquella ribera.
El Parque Urbano Quebrada de Macul tiene dos accesos principales y varios secundarios, pues se lo concibió con la idea estricta de que no dificultara la comunicación o los desplazamientos peatonales a ambos lados del Zanjón de la Aguada, especialmente de los pobladores de la Villa Santa Teresa y la Población Las Higueras, ubicadas al Sur y al Norte de la línea hidrográfica respectivamente. Ambas poblaciones están conectadas por tres pasarelas puentes.
El parque cuenta también con baños, circuito atlético, juegos fitness, juegos infantiles y sector de rocalla con pircas de rocas, favorito de las parejas de enamorados según parece. Una explanada con estacionamientos que extiende por gran parte de la calle María Angélica, facilita la llegada y permanencia en el lugar.
Con 4.6 hectáreas de terreno administradas por el Parque Metropolitano de Santiago, el Parque Urbano Quebrada de Macul es un grato sitio de esparcimiento utilizado por muchos vecinos en todas las horas de apertura y especialmente los fines de semana, volviéndose así un lugar de paseos familiares, prácticas deportivas y picnic, aunque está prohibido hacer fuego o pasear mascotas sin correas.
Vista de la quebrada, junto a la plaza, por la que atacó el aluvión en 1993.
La misma quebrada mirada desde la plaza hacia el puente de calle Las Perdices.
Acceso principal al parque, al oriente de la excapilla.
Panel con el plano del parque y sus lugares de interés.
Sendero interior del paseo del parque.
Juegos de niños dentro del parque.
EL MONUMENTO A LAS VÍCTIMAS
Volviendo a la capilla, por el mismo período de construcción de las áreas verdes se instaló un sencillo monumento conmemorativo con un mástil a su espalda, financiado con erogaciones populares y erigido como homenaje a las víctimas del aluvión, con 23 nombres identificados de los fallecidos y desaparecidos:
SIEMPRE LES RECORDAREMOS:
ALUVIÓN 03 05 1993
ROSA REYES
SUSAN TREJO
LIDIA MUENA
MARIEN PINO
GLORIA ZÚÑIGA
ABRAHAM SOZA
JUANA ANDRADE
ALFONSO AYALA
REINALDO GARAY
ALICIA HERRERA
RICARDO BERRÍOS
RICARDO ESPINOZA
JESSICA HIDALGO
JOSÉ GAMBOA
ALEJANDRO GAMBOA
MARITZA SEDANO
BERNARDO CÁMPORA
M. PASTORIZA REYES
IDUVINA DEL C. CABEZAS
PAULINA HERNÁNDEZ
PATRICIA BASCUÑÁN
ELÍAS CUBILLOS
MYRIAM HORMAZÁBAL
La historia del origen de este monumento es bastante curiosa y nos la detalla el señor Alcaíno: sucedió que, hacia la primera década desde el aluvión, se quiso organizar un festival que iba a tener lugar en la excapilla del CIQMA, por lo que se realizaron preparativos para el encuentro y una delegada asumió la tarea de mejorar el lugar. La idea era dejar al centro con su mejor presentación posible para recibir al público y los actos conmemorativos correspondientes.
Sin embargo, desoyendo todos los consejos y la propia sensatez, la encargada tomó la inexplicable decisión de pintar los muros del templo, haciendo desaparecer un mural de recuerdo con el nombre de 11 de las víctimas de 1993, cosa que indignó a la comunidad y terminó siendo la razón de suspender el proyectado festival artístico, al final nunca realizado.
Intentando sacar algo positivo del tremendo error cometido, entonces, los vecinos se organizaron espontáneamente para financiar y construir un monumento mayor y más digno para sus fallecidos, y en tiempo récord lograron conseguir fondos, materiales, aportes varios de residentes y la mano de obra, construyéndolo entre 2004 y 2005. La argolla metálica que corona al monolito, por ejemplo, la aportó el propio señor Alcaíno, mientras que las letras de fierro las donó el fallecido escultor nacional Sergio Castillo, que tenía su taller en La Florida y no demasiado lejos de este sitio.
Así nació la actual estructura, que ya es parte integral y necesaria del centro.
A pesar de su simplicidad y factura casi ingenua, el monumento mantiene rasgos solemnes y aportan una formalidad como sitio memorial, de recogimiento. No es raro ver a sus pies, además, ofrendas florales o velas en sus candeleros, especialmente en los períodos de conmemoración del aluvión que marcó a fuego la memoria de estos barrios junto al Zanjón de la Aguada.
Patio exterior del CIQMA, con el monumento y el edificio atrás.
El monumento memorial de las víctimas de 1993.
Un segmento de plaza con glorietas y juegos de niños, enfrente de la excapilla.
La misma plazoleta ubicada enfrente de la excapilla.

1 comentario:

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