miércoles, 25 de julio de 2018

TRES GRANDES VENTRÍLOCUOS Y SUS MARIONETAS EN LA HISTORIA DEL ESPECTÁCULO CHILENO (PARTE III): WILDE Y PAQUITO

Wilde y Paquito en sus buenos años. Fuente imagen: Sitio FB de Angel Wilde.
Ya vimos las partes primera y segunda de esta entrada triple dedicada a tres grandes ventrílocuos que han pasado por los escenarios chilenos, respectivamente a Agudiez y Don Pánfilo y luego a Tato Cifuentes y Tatín. Ahora, cerramos con el recientemente fallecido maestro de la ventriloquia, el argentino de nacimiento y chileno por adopción, Wilde y su muñeco Paquito.
En los mismos años en que Agudiez vivía su época de oro en Chile, el 15 de octubre de 1933 nacía en la capital argentina Ángel Torres, que desde temprano orientaría su vida hacia el humor y el canto de tangos, adoptando el pseudónimo de Wilde.
Exestudiante de la Universidad Nacional de La Plata y amante del fútbol, la historia de cómo llegó a la ventriloquia es bastante azarosa, sin embargo. En 1957, Torres iba caminando por la Estación Carlos Pellegrini del ferrocarril subterráneo de Buenos Aires, distraído en la rabia y ensimismado tras un pleito de abogados. En un descuido, resbaló y se accidentó, dañándose seriamente la espalda y debiendo permanecer enyesado por nueve largos meses. Durante este período de recuperación y tratando de superar las dificultades para dormir, comenzó a practicar yoga y a realizar ejercicios de respiración emitiendo sonidos al exhalar sin mover los labios, descubriendo así que tenía virtudes de ventrílocuo.
Ensayando y desarrollando su talento, entonces, decidió comenzar a probar animando y poniendo voz a un muñeco, que compró al hermano de un luchador llamado Caballero Rojo, de los célebres "Titanes del Ring" de Buenos Aires. El muñeco, al que bautizó Paquito, tenía casi la misma edad de Torres: había sido construido en 1932, aunque originalmente era la representación de un anciano llamado Don Paco, al que adaptó y modificó dándole el aspecto juvenil y encantador, de ojos saltones y cejas en alto. De ahí el nombre, además.
A pesar del entusiasmo con el que comenzó su carrera, su primera presentación en vivo con Paquito no fue tan buena, según confesaba: estaba tan nervioso que se quedó casi mudo en el escenario y no le salía la voz del personaje, por lo que debió esforzarse en superar el pánico escénico y por fin comenzar una prometedora vocación de ventrílocuo, tomando el mote de Wilde y Paquito.
En los años sesenta, ya presentándose exitosamente en los escenarios y clubes porteños, el empresario de espectáculos chileno Ernesto Sottolichio, el mismo del "Picaresque" y del Teatro Princesa, conoció los shows de Wilde y no resistió acercarse a preguntarle si tenía algún interés en ir a Chile para trabajar con su compañía. El artista aceptó y comenzó su carrera en Santiago, en 1969. Así, en un curioso intercambio cultural del rubro, en los mismos años en que el chileno Tato Cifuentes ofrecía espectáculos de ventriloquia en Argentina, un artista argentino más joven como Wilde comenzaría a hacer lo propio en Chile, logrando gran acogida del público.
Wilde y Paquito fueron todo un fenómeno en el tierra chilena. Es probable que no haya existido un artista de ventriloquia con más acogida y aplauso en los teatros de la época, marcando una huella importante en la escena nacional y haciendo decidir al artista quedarse residiendo acá. Sus rutinas combinaban humor, declaraciones enamoradizas de Parquito y diálogos graciosos con su dueño, intercalando canciones, especialmente tangos, dándole un sabroso carácter muy porteño y muy platense a sus libretos, que el público siempre le celebró.
Pasó por espectáculos del género revisteril y las compañías de humor de la mejor época del vodevil y las variedades, siendo reconocido como una estrella de gran talento. El mismo Wilde reconocería alguna vez, que las chicas eran una tentación constante en sus periplos y que recorrió Chile completo en seis ocasiones gracias a su éxito, desde Arica a Punta Arenas. Sin embargo, un tiempo después acabaría enamorándose de la joven Carmen Luna, con quien contrajo matrimonio y formó una bella familia de dos hijos: Carmen Verónica y Tomás.
A pesar de encontrarse en un medio donde prevalecía el humor pícaro y de frivolidad, Wilde y Paquito ofrecía un espectáculo de humor esencialmente blanco y familiar, lo que le abrió las puertas hasta el público fuera del género y en la televisión abierta. Llegó a ser muy querido por los niños, como consecuencia de esto, diríamos que casi en la misma medida que Tato y Tatín lo eran en su patria natal en esos mismos momentos. Wilde aseguraba también ser el único ventrílocuo del mundo "que cantaba a dos voces"; de hecho, en una ocasión en 1979, se dijo en un medio que la pareja artística cantaba "a dúo", cosa que él siempre celebró como hazaña. Grabó también un álbum llamado "Muñequito", en cuya portada aparecen hombre y marioneta cantando en un estudio.
Wilde y Paquito.  Fuente imagen: diario "La Cuarta".
Sin embargo, a pesar del carisma de Wilde y del encanto que inspiraba Paquito, la ignorancia que alojaba en el medio de espectáculos y las burdas supersticiones a las que incluso en nuestros días se da crédito adelante y atrás de bambalinas, iban a darle una malvada y miserable estocada a la brillante carrera del artista argentino en Chile, en uno de los casos más controversiales de la historia de las candilejas y de la televisión en el país.
Lo que aparentemente comenzó como un chiste o burla de productores y colegas que encontraban "algo" temible y siniestro al muñeco, quizás por su semblante, fue escalando en forma ridícula a un miedo irracional hacia Paquito, y al poco tiempo se aseguraba ya en televisión, radio y teatros que la marioneta y su dueño "traían mala suerte". Periodistas inescrupulosos y sensacionalistas de camarines hicieron su parte en esta tropelía, según parece: eran esos años más necios del ambiente, en que no se podía decir palabras como "culebra" (lo sustituían por "bicha") ni desearle suerte a quien sube a un escenario (de ahí sobrevive como residuo la cábala "mierda, mierda" de la gente del espectáculo, sustituyendo hasta hoy ese gesto).
Wildo y Paquito, de este modo, se convertían en personajes identificados como yetas o gafes... Y es que ignorancia y poder han sido, tradicionalmente, una combinación nefasta.
Torres siempre proclamó tener claro desde dónde se expandió el malévolo rumor en su contra, que fue sacándolo de los escenarios y marginándolo bajo la premisa delirante de "traer mala suerte": el animador Mario Kreutzberger, Don Francisco, y su entonces amigo el fallecido humorista Armando Navarrete, Mandolino. De acuerdo a sus denuncias, esto sucedió en abril de 1979, cuando fue llamado "Wilde y Paquito, el yetazo del año" y sacado de toda posibilidad de volver a presentarse en "Sábados gigantes".
Tal como sucedió a otros artistas como el cantante y compositor Wildo, y a su colega la gran Palmenia Pizarro (que hasta debió irse a México escapando de esta infamia), la carrera de Wilde se vio gravemente dañada por el oscurantismo ambiental, quedando cada vez más apartado de los escenarios y desapareciendo abruptamente de la televisión. Su molestia con lo sucedido y sus constantes acusaciones contra quien se consideraba entonces una vaca sagrada de los medios de comunicación, lo hundieron más en el olvido y la marginación, pues se le dio la espalda con enorme y sucia deslealtad. Algunos incluso le sugirieron moderar y terminar con sus denuncias, años después, pero la bronca del argentino nunca se enfrió, limitándose en ocasiones sólo a referirse ambiguamente a "El Gordo" como el culpable de truncar sus grandes proyecciones.
Wilde se dedicó a algunas presentaciones esporádicas con Paquito desde allí en adelante, además de seguir con su pasión por el canto de tango. A pesar de todo, su maestría era tal que, en 1989, su compatriota el entonces subcomisario Miguel Lembo, lo vio en vivo y quedó enamorado del oficio, entregándose a la actividad como miembro fundador del Círculo de Ventrílocuos Argentino (CIVEAR).
Wilde y Paquito en "Talento Chileno", de Chilevisión, en 2015.
Una presentación particular de Wilde y Paquito hacia 2016, probablemente una de las últimas de su vida. Fuente imagen: Sitio FB de Angel Wilde.
Wilde consiguió un papel en el programa "El cuento del tío" de Carlos Pinto, en el capítulo "El mapa" transmitido en marzo de 2005, donde compartió cámara con los actores Erto Pantoja, John Knuckey, Francisca García-Huidobro y Patricia Ibarra.
Esperó y esperó en vano, durante esos años, que fuese recordado como lo merecía su largo currículum, para ser llevado a shows nocturnos y televisivos como los de antaño, sin que su teléfono sonara: el daño era irreversible ya. Fue en este olvido que las figuras de Tato Cifuentes y Tatín acabaron superándolo ya de regreso en Chile, además.
A pesar del desdén, en abril de 2015, a los 81 años, Wilde hizo una presentación con más características de homenaje junto a su muñeco, en el programa televisivo "Talento chileno" de Chilevisión. Fue una sorpresa para muchas generaciones nuevas conocer la existencia de aquel gentleman de refinados modales y una historia de éxito que hubo tras de sí, viéndose claramente emocionado con la oportunidad de regresar a la televisión aquel día, llegando a las lágrimas.
Wilde siguió cantando tangos mientras vivía su retiro. Realizaba algunas presentaciones particulares o familiares sólo por amor al arte, según cuentan también en hogares de ancianos o centros vecinales, y grabó algunas canciones para un proyecto titulado "Los tangos de mi vida", además. Paquito volvía a salir del baúl en cada reunión hogareña, es de suponer.
Pocos sabían ya de la leyenda viviente aún radicada en Chile al verlo con su boina en las calles de la ciudad, antes de abandonar este mundo el 9 de abril de este año 2018. Prácticamente ningún medio de comunicación tuvo la dignidad de avisar de su fallecimiento y reparar, aunque fuese en parte, la inexcusable injusticia de la que fue objeto hace tanto tiempo uno de los ventrílocuos más diestros y populares que tuvo la escena chilena.

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