lunes, 9 de julio de 2018

LA TÍA CARLINA, EL "BOSSANOVA" Y EL BLUE BALLET: REPASANDO TODA UNA ÉPOCA DE LA REMOLIENDA Y LA BOHEMIA EN VIVACETA

La mítica tía Carlina, hacia principios de la década del setenta, en la única fotografía que se ha conocido de ella de manera pública, hasta ahora. Fuente imagen: diario "Las Últimas Noticias".
Coordenadas: 33°24'47.3"S 70°39'55.5"W
Muchos recordarán aún que, en la dirección de avenida Fermín Vivaceta 1224-1226, casi enfrente de la calle Río Jachal en Independencia, Santiago, estuvo el quizás más célebre e importante centro de recreación de la época dorada de los lupanares chilenos: la mítica tasca y cahuín de la tía Carlina. En palabras sencillas y honestas, fue el burdel y casa de burlesque más famoso de la historia nacional, mencionado en numerosas canciones del folklore, obras literarias, teatrales y poemas.
Doña Carlina llegó a ser considerada una leyenda viviente. Su popularidad ha trascendido a su propia muerte y a la desaparición de su célebre club devenido en centro de eventos, allí en la populosa Vivaceta. La cueca "Se arrancaron con el piano", tan del repertorio de Nano Núñez con Los Chileneros, la recordaba con otras famosas regentas de la época, como la Lechuguina, la Nena del Bajo y la Chabela:
Se arrancaron con el piano
que tenía la Carlina.
Le echan la culpa a la Lolo,
también a la Lechuguina.
Cómo lo cargarían
Si no es vihuela.
Dijo la Nena el Banjo
con la Chabela
.
Su polémico pero concurrido boliche, en realidad llamado el "Bossanova", albergó por casi 40 años una de las ofertas de espectáculos y recreación más intensos y recordados del Santiago clásico y popular, marcando toda una época en la capital. Los testimonios de sobrevivientes señalaban que comenzó como burdel con disfraz de boite, pero con el tiempo dejaría que los espectáculos se convirtieran en su impronta. Alcanzó así la gloria, con dignísimas visitas de hombres públicos a su salón, pero después cayó en la oscuridad y el olvido totales, superada por las circunstancias.
El "Bossanova" fue, además, el último vestigio importante de una tradición de remolienda y de garitos que estuvo presente en estos vecindarios desde tiempos coloniales, cuando la avenida entonces llamada Camino de Las Hornillas era un hervidero de chinganas, prostíbulos, casas de apuestas y también maleantes con su refugio en el lugar, como el alguna vez célebre Brujo Liberona y otros ya en plena República.
Empero, ya no se tomen la molestia de ir a buscar pruebas de aquella legendaria casa de entretenciones nocturnas de la tía Carlina: además de los problemas con la numeración que existen en la continuidad de esta avenida, el visitante curioso se encontrará con que está desaparecida desde septiembre de 2007, como muchas otras características de este histórico barrio obrero.
Casa donde funcionó el burdel de la Tía Carlina en Vivaceta, poco antes de su demolición (fuente imagen: "Revista El Guachaca").
Lugar que ocupaba la casa de remolienda de "Las Palmeras", así llamada por dos palmas que estaba en su exterior y en la que se colocaban las chiquillas a esperar y seducir clientes. Se ubicaba a sólo unos metros del local del "Bossanova". (Imagen: "Revista El Guachaca", 2005).
LA MÍTICA TÍA CARLINA
María Carlina Morales Padilla era una mujer de carácter enérgico y a veces agresiva, si la situación lo requería: algo ideal para las responsabilidades de una cabrona. Había nacido en 1910, en la localidad de Colchagua (provincia homónima) según unos, o en Idahue (Provincia del Cachapoal) según otros. También hay fuentes indicando que su nacimiento fue anterior, a principios de siglo.
Su madre fue Dorila Padilla, fallecida prematuramente, y su padre era Manuel Morales, un policía consumido por el alcohol y que, según decía Carlina a su gente de confianza cuando el trago la llevaba a enfrentar depresiones, se había vuelto "sartén", que en la jerga significaba salteador.
Carlina había llegado a Santiago formando parte del fenómeno de migración abundante desde los campos a las ciudades en aquellos años. Lo hizo siendo muy joven y, al parecer, tras quedar huérfana de su madre y ser traída por una madrina o amiga de la familia. Comenzó a ganarse la vida vendiendo paltas y pan amasado en las calles de la capital, en lugares como la salida de la Catedral Metropolitana, de la Iglesia de Santo Domingo y de algunos teatros.
Mas, como sucedió a muchas mujeres jóvenes pobres de aquellos años y en similar situación, acabó involucrándose en la actividad de la prostitución, hacia los 18 años según sus escasos biógrafos, aunque hay sospechas de que esto pudo ocurrir antes. En aquel entonces, además, era algo conocido que gran parte de las prostitutas de las casitas de huifa eran huasitas llegadas a Santiago, aunque en ciertos casos como el de Carlina, nada de ingenuas o inocentes, como iba a demostrarlo.
De acuerdo a la obra sorbe su vida, "Yo, Carlina X", escrita en 1967 por Martín Huerta como biografía novelada y no autorizada, sus inicios en la actividad sexual habrían tenido lugar en un antiguo prostíbulo ubicado en calle Moneda 22, asumiendo por algún tiempo la administración al fallecer su regenta, siendo conocida como la Mamy. A pesar de que Huerta llegó a ser amigo de ella y su criado (un chico que adoptó y que se encargaba de los quehaceres de la casa cuando no estaba abierta), lo que pone al al autor en una situación de testigo de privilegio, he tomado con pinzas los datos de esta fuente, porque tengo entendido -por testimonios de antiguos bohemios- que a doña Carlina le habría parecido impreciso dicho trabajo, supuestamente, tal vez hablando desde su mucho orgullo.
Hace unos años, el periodista Toño Freire aseguró haber hallado fuentes que la colocaban a Carlina en Perú, cuando muy joven y en plena cuestión diplomática con Chile por la posesión de Tacna y Arica. Así lo plantea en un artículo del diario "La Cuarta" titulado "Tía Carlina: de la boite a una comedia musical" (lunes 14 de diciembre de 2015). Según el autor, el Presidente Arturo Alessandri habría enviado desde Chile a vividores, prostitutas y gente de mala reputación a los territorios en disputa para intentar influir sobre la población peruana, en el nunca realizado plebiscito que debía resolver la situación de soberanía de las provincias. Una leyenda dice que hasta recibió un reconocimiento del gobierno por su actuación como agente, y a esto se refiere el periodista en la obra de teatro de su autoría: "La Carlina, heroína nacional", publicada en 2007.
Podemos confiar en la memoria del folklorista Nano Núñez, quien recordaba alguna vez que una tal Ñaña era vecina a uno de los primeros burdeles propios de la Carlina. A su vez, decía el maestro cuequero que el prostíbulo de esta última quedaba a la vuelta de la casa de la Jovita, en calle Maipú, otro famoso antro de remolienda de entonces. Los integrantes de Los Chileneros, de hecho, fueron artistas recurrentes en este sitio y luego el de Vivaceta, desde sus inicios, además de Lalo y Roberto Parra, a veces acompañados por sus hermanas Violeta e Hilda desde el público. Otros folkloristas tocaron sus cuecas allí, como el Chute Guillermo y el Sordo Humberto. A muchos clientes regalones los dejaban quedarse pasando la borrachera en algunas de las habitaciones del local, con unos tragos de chupilca para arreglar la caña al otro día, según recordaba Lalo Parra.
Según entendemos, entonces, tras haber pasado trabajando por oscuros lupanares de Estación Central y otras experiencias, la tía Carlina logró independizarse en los años treinta y poner su primera casita en el sector de la mencionada calle Maipú, famosa en sus primeras cuadras hacia Alameda por la gran concentración de estos antros, como el burdel del Negro Carlos.
Físicamente hablando, Carlina lucía a la sazón como una mujer de rasgos muy mestizos y ojos "achinados", característica que llevaba a algunos de sus pocos amigos de confianza a colocarle apodos de alusión oriental. Aunque siempre tuvo tendencia a la obesidad, ya en sus últimas décadas trabajando, era muy gorda, se desplazaba con lentitud y dicen que cojeaba tras un infeliz accidente con fractura de cadera del que nunca se recuperó bien, aunque permaneció cumpliendo con las demandas de sus emprendimientos mientras pudo, por lo general atrincherada atrás del bar de su cahuín.
La tía era reservada, detestaba las deslealtades, a los intrusos sospechosos y despreciaba también las fotografías, incluso las que ofrecían tomarle con algunos personajes importantes o connotados que aparecían por su local. También habría tenido una obsesión casi enfermiza por la limpieza, al menos en los mejores tiempos de trabajo. Aborrecía el lenguaje soez ajeno, pero cuando algo la ofuscaba, reventaba en palabras de grueso calibre y acciones agresivas, casi tiránicas, en otro de sus tantos rasgos contradictorios de vida.
Trabajadora infatigable, tras fundar ya el "Bossanova", la tía Carlina trasnochaba a diario y dormía hasta la hora de almuerzo en su cuarto, lleno de muñecas antiguas y fotografías viejas. Pocas veces se dedicaba a la vida social en su establecimiento o fuera de él, pues era corriente verla secando jarras, organizando presentaciones o encargándose de los quehaceres contables menores del mismo. En el artículo "¡Adiós, chiquillas…!" del diario "La Nación" (sábado 15 de septiembre de 2007), una autodenominada "amiga de la casa" que se identificó simplemente como "M" (la tía M, para quienes sospechen quién era), comparaba a la tía Carlina con Greta Garbo, asegurando al reportero:
"Se entendía que el de la Carlina era un prostíbulo, pero entonces se llamaba Bossanova. La gente llegaba en auto, era de buen nivel e iban a ver a los homosexuales. Es hipocresía eso de meterse al lugar ignorando que las que bailaban eran niñas".
Empero, "M" también criticaba a la regenta, que al parecer no era muy generosa con su personal:
"Era muy tacaña. Las hacía comprar ropa nueva, útiles de aseo y zapatos que ella misma les vendía. No las dejaba salir a la calle y descubrió que era mucho más barato mantener a un maricón que a una mujer, al contener lo mejor de dos mundos. Eran más leales, responsables y útiles".
A pesar de las observaciones de la testigo, hay quienes recordaban rasgos más positivos de la famosa cabrona, como el fallecido periodista y locutor Mario Gómez López. Si bien la definió como "una vieja mañosa" en el mismo artículo mencionado de "La Nación", agregaba que era solidaria, y que en el barrio solía ayudar a algunos vecinos, costeando operaciones y remedios o colaborando con familias caídas en desgracia, por incendios o fallecimiento de algún miembro.
Fotografía de clientes dentro del boliche de la Carlina, de Martín Huerta. Fuente imagen: Flickr de Regalatisgratis. Fuente imagen: Flickr de Regalatisgratis (flickr.com/regalatisgratis).
Una de las imágenes de la prostitución homosexual en el "Bossanova" (transformista Evelyn, en la imagen) tomadas en 1987 para el trabajo "La manzana de Adán", ya en el período de total decadencia y ocaso del boliche de la tía Carlina, y cuando ésta prácticamente se había retirado de los quehaceres del mismo. Se observa el salón con los muros de puntos.
Candy Dubois, una de las estrellas del espectáculo en el "Bossanova" e integrante del Blue Ballet, en su camarín. Forjó su propia leyenda tras romper con la tía Carlina. Fuente imagen: blog Corpustranstrave.blogspot.com.
EL ÉXITO DEL "BOSSANOVA"
La historia de cómo Carlina llegó a abrir el "Bossanova", comienza en los años cuarenta. La regenta quiso expandir sus negocios y comenzó a abrir una fonda con bailables para las Fiestas Patrias, que se llenaba de folkloristas cuequeros y cultores de otros estilos. Esto multiplicó su popularidad en el medio, además de sus ganancias. Así pues, le llegó la idea de establecerse con un burdel que también tuviese presentaciones musicales y artísticas; una boite, para la fachada.
Tomada la decisión, abrió su histórico centro de Vivaceta, en un inmueble de adobe, albañilería y fachada estilo art decó, en donde realmente tocó la riqueza del negocio casi desde el mismo día en que fue inaugurado.
Al caer la tarde y durante las noches, la actividad de la nueva casita se traslada a los cuartos: sexo remunerado, fantasías varias y hasta exhibiciones "en vivo" para algún voyerista que pagaba por el show privado. El local comenzaba, así, con prostitución femenina tradicional como servicio central, reclutando también otras huasitas y mujeres de estratos humildes que la propia Carlina seleccionaba para dar trabajo y protección en el boliche. No obstante, su más eficaz estrategia era traer muchachas brasileñas, panameñas y argentinas como las principales, a las que contactaba a través de amigos y conocidos cuando viajaban hacia esos países, pagándoles todos los gastos de llegada a las muchachas y sus primeras semanas en el burdel vestido de boite.
Sin embargo, cuando Carlina intentó unir su local a una propiedad vecina, la autoridad municipal le impidió la fusión por una restricción relativa a la patente de alcoholes con la que operaba, razón que la llevó a tomar decisiones radicales y mover algunos hilos entre sus muchos contactos. De este modo, valiéndose de tales influencias y si confiamos en la información ofrecida por Huerta y otros contemporáneos, la astuta mujer logró que el inmueble vecino pudiera  operar como motel parejero, completando así el cada vez más redituable negocio.
Hacia mediados del siglo, entonces, la tía Carlina podía jactarse ya de tener una de las mejores casas de remolienda del país. Su cabaret y prostíbulo ofrecía también algún espectáculo en vivo de gran interés general. Al principio, acuden hasta allá personajes de sectores modestos de los barrios del entorno, seguidos de empleados fiscales y privados que le van subiendo el pelo. Lo ha rebautizado ya como el "Bossanova", ofreciéndolo como club con cuerpos de baile, músicos y jornadas de amanecida.
Describiendo el hall del boliche de Vivaceta, éste se acercaba a los 30 metros de largo por unos 7 metros de ancho o menos, habiendo ocasiones en que se hallaba repleto a más no poder, con gente viendo los shows de los bailarines apretujados en el pequeño escenario, más bien una tarima. Los cuartos estaban más atrás, y parece que en algún momento se adicionaron otros en un segundo nivel, pues había una red de escaleras estrechas por el lado posterior y en diferentes sentidos. Su salón era de baldosas rojizas y paredes color crema con grandes puntos de colores pintados en los revestimientos de las mismas, además de una sirena y una geisha que, supuestamente, era la propia Carlina cuando joven, pues por sus rasgos le apodaban la Japonesa. Los espejos y lámparas completaban en efecto íntimo y de pretensiones elegantes. Se distribuían por él las típicas mesas cojas y sillas de restaurantes populares, con grandes "guaguas" de vino o chicha (jarras de 5 litros). Los principales muebles fueron adquiridos la Casa Marticorena.
Según dijo en una entrevista el citado folklorista Lalo Parra, músico habitual de aquel escenario, todas las chiquillas del club contaban una misma historia, según la cual "estaban de novias con un oficial y que sus padres no las dejaron casarse", razón por la que se habían arrancado de casa y, no teniendo más lugar donde llegar, se alojaban e integraban a la casa de la tía Carlina.
Pero la astuta Carlina, si bien ganaba grandes sumas con su empresa, comenzó a advertir dificultades de hacer competir su casita de remolienda apartada de los principales centros de actividad bohemia santiaguina, como Mapocho, San Camilo, San Diego, Los Callejones y barrio Diez de Julio. La decisión de reducir la oferta de prostitutas mujeres vino cuando muchas de ellas comenzaron a embarazarse, según recordaban los viejos clientes del ambiente, y así tomó la radical opción de priorizar en su antro la prostitución homosexual, con travestis (o transexuales, dirían hoy) para una clientela insatisfecha con las demás ofertas sexuales de la ciudad pero, por ser de estratos altos en gran parte, dispuesta a pagar mejor mientras el resto de los parroquianos se reía y se embriagaba en su salón.
A pesar del arriesgado giro, la tía Carlina se esforzó por incorporar buenos y concurridísimos espectáculos en vivo en su boite, al tiempo que le servía de fachada a la actividad más lucrativa dentro del mismo. La mayoría de las mujeres fueron desplazadas, de esta manera, por las que el famoso músico de cumbias pícaras Hirohito (Eugenio León Hernández), que con su conjunto también tocó allí algunas veces en sus inicios, definió en alguna oportunidad como las "minas con manilla".
Carlina no bajaba cambios a sus exigencias en su castillo, sin embargo: prohibió estrictamente a sus transformistas salir a la calle vestidos de mujer, razón por las que les tenía una despensa como un virtual minisupermercado dentro del club, para que se asomaran lo mínimo necesario afuera. También les exigía delgadez, incluso racionándoles la comida si subían de peso, aunque ella no diese mucho el ejemplo. Suenan despiadadas estas prácticas en nuestros días, pero la verdad es que eran frecuentes en el ambiente de la prostitución de entonces.
Al parecer, hubo algunos episodios divertidos en aquel período de "transición" del recurso humano del negocio, sin embargo. Como había algunos clientes muy poco observadores, pasados de copas o simplemente mal enterados de los cambios, muchos se dieron cuenta ya en los cuartos de entretención que la chiquilla que habían llevado de la mano y besándole el cuello hasta los catres con marquesas de bronce, técnicamente no resultaba ser tal. Hubo peleas con escándalo, por lo mismo, obligando a la dueña a mejorar la seguridad del local. Suponemos que el portero del mismo, conocido como el Guatón Lucho, varias veces debió valerse de su obsesa y alta corpulencia para enfrentar a revoltosos y arrojarlos afuera. Además, la tía ostentaba gran memoria para recordar clientes problemáticos y prohibirles de porvida la entrada a su santuario.
Otra cosa que se cuenta de Carlina, es que su descrito carácter fuerte y avasallante compensaba su pequeño tamaño, y por ahí también se cuchicheaba que guardaba un arma en el mesón de la barra, la que debió sacar en ciertas oportunidades. En alguna ocasión, uno o más rufianes agarraron a balazos la puerta de madera que tenía en el acceso al local y que daba directamente a su salón, vengando una prohibición de entrar, así que también hizo colocar en su lugar un grueso portón metálico.
A pesar de todo, el "Bossanova" resistió todas las adversidades sociales y siguió ofreciendo sus espectáculos en vivo, tan importante y con tanta convocatoria, que comenzó a dejar atrás su más oscuro pasado como burdel, casi como una falsa esperanza de redención, aunque jamás lo abandonara. Carlina siguió amasando fortuna en esos años, por supuesto, y no pocos pretendieron a la arisca mujer sólo por la ambición, especialmente antes de casarse en 1955 con un ciudadano de origen vasco, que la acompañó hasta el final de sus días. Nano Núñez recordaba al respecto:
"Tuvo muchos maridos, muchos queridos. No sé si se habrá casado o no. Pero hubo uno, el Juan, que era croupier, que ella quiso mucho y se lo levantó una sobrina. Furiosa estaba... Cómo iba a estar".
De acuerdo a los recuerdos del propio folklorista, el padre de Carlina regresó alguna vez a su vida en este período, ya adulta y con el "Bossanova" en su clímax de popularidad, obligándola a enfrentar los demonios de sus traumas. Ella, generosamente, le compró una casa en Estación Central, para que viviera su vejez.
Interior del salón del "Bossanova", ya esperando su demolición. Fuente imagen: Flickr de Pedro Espina, "SantiagoNostálgico" (flickr.com/28047774@N04).
Interior del salón del "Bossanova", ya esperando su demolición. Sector de la barra, en ruinas. Esta imagen no me pertenece, la encontré en un archivo antiguo, así que agradecería cualquier dato sobre la fuente de la misma.
Otra vista del salón, hacia el pequeño escenario, ya en las ceremonias de despedida del antiguo burdel y cabaret.  Fuente imagen: Flickr de Regalatisgratis (flickr.com/regalatisgratis).
La "Japonesa" o la "Geisha" del local ya en ruinas de la Carlina, pintada en uno de los paneles de las paredes. Se decía que estaba inspirada en una imagen de la propia Carlina cuando joven, ya que algunos le identificaban rasgos orientales.  Fuente imagen: Flickr de Regalatisgratis (flickr.com/regalatisgratis).
DE RUFIANES A PERSONAJES ILUSTRES
Dijimos que los clientes de la etapa debut del "Bossanova" eran modestos: trabajadores veguinos, músicos callejeros, apostadores del Hipódromo, choferes de micros, taxistas, rufianes del mundo del hampa y representantes de la fauna de los bajos fondos. Adicionalmente, varios personajes del espectáculo bohemio chileno empezaban sus primeros contactos con el público en el salón del establecimiento, hasta que empiezan a llegar también funcionarios, abogados y algunas agrupaciones políticas, que suben el promedio de los perfiles de la clientela.
La leyenda dice que, ya en su mejor época, asistían a la boite importantes políticos, parlamentarios, jueces y autoridades de cada época, para contemplar los comentados espectáculos bebiendo vino navegado. Artistas de la talla del actor Rafael Frontaura se sentaron en sus mesas, y probablemente lo haya hecho también el escritor Luis Cornejo, como residente cercano de Vivaceta. Hay quienes aseguran que la comediante Anita Desideria González era otra de las estrellas que se aparecían por el local.
La boite y cabaret "Bossanova" se convirtió, así, en un centro social de relevancia y un espacio artístico de renombre internacional, conviviendo con sus sombras. En los diarios se publicitaba con calugas invitando a "La boite que nunca pasa de moda". La tía, de hecho, llegó a acumular infinidad de nombres de importantísimas personalidades y hombres públicos entre sus clientes, reunidos en una libreta de tapas negras a la que recurría cada vez que necesitaba cobrar favores en pro del normal funcionamiento de su negocio.
El mismo esmero se veía en la cartelera de espectáculos: las clases de baile eran obligatorias para todos los postulantes al equipo de camareras o de danza, y un elenco joven presentaba sus cuadros plásticos algunos días de la semana. Hasta consagrados cantantes internacionales como Raphael, Salvatore Adamo y Sandro se habrían presentado en el "Bossanova", durante la época más luminosa del mismo y pasando allá durante sus visitas al país.
Era tal la importancia de la clientela VIP, que la dueña debió construir habitaciones especiales para alojar allí a prestigiosos artistas, diplomáticos, banqueros y deportistas que llegaban para tomarse verdaderas minivacaciones en el lugar, a veces desde el extranjero y solicitando los servicios de alguna de las féminas más deseadas y caras. Se cuenta que incluso había sacerdotes en la lista de clientes, y que a quienes necesitaban privacidad extrema los metían por una puerta lateral más pequeña de la residencia, para que no fuesen vistos por el resto de la clientela. Incluso se ha dicho que uno de los asesores del futuro presidente Salvador Allende fue de confianza de la cabrona, y que su relación como abogado de la tía habría precipitado su abrupta bajada como postulante al cargo de Ministro de Justicia, un día antes del que debía asumir.
Carlina comprendió que también debía subir su propio estatus y comenzó a presentarse en su local elegantemente vestida en cada jornada, con abrigos de piel, enjoyada y casi una fanfarria en su ingreso, recibiendo aplausos y saludos de la clientela. Atrás había quedado la época en que llegaba con el delantal de cocina puesto o cargando paños para secar.
El gran periodista nacional Alberto Gato Gamboa, fue entrevistado por Claudio Espinosa para el artículo "Cuando las putitas tenían casa", del periódico "El Guachaca" (noviembre de 2005). Dice allí el veterano y querido profesional de las comunicaciones, exdirector y cofundador del diario "La Cuarta", que el lugar "no era caro. Todos los bolsillos podían disfrutar de sus noches, desde políticos e hípicos hasta deportistas", agregando que había en el lugar "unas poncheras que contenían cinco litros de vinito arreglado; la verdad es que era a gusto del consumidor, si lo quería más concentrado, más cargadito, se lo servían así".
No sabemos cuánto de impulsora habrá sido la tía Carlina en el auge de la prostitución que experimentó hacia esa misma época este sector de cuadras de Vivaceta. Dijimos que la fama de tal se remonta a tiempos coloniales, pero cabe recordar que, además de muchas chiquillas que pululaban por la calle buscando clientes en los mismos tiempos del "Bossanova", en el número 1442 de la avenida estaba la muy cercana Casa de las Palmeras, reconocible porque tenía un par de altas palmas afuera en donde las niñas se paraban en las noches coquetamente e intentando tentar a los clientes. La última vez que vimos ese sitio, en los años noventa, ya no tenía las palmeras vegetales pero sí unas de neón en sus ventanas, si es que recordamos bien, con sus chiquillas en minifalda afuera. Esto, antes de desaparecer y terminar convertido el lugar en una ferretería, aunque todavía es posible hallar prostitución femenina y homosexual dispersa en ese sector de la ciudad.
Dicen que la tía Carlina tenía otros negocios como cabarets, moteles y lenocinios más pequeños, pero que el de Vivaceta era su cuartel del día a día. Incluso incursionó en caballos de carreras por algún tiempo, siendo premiado uno llamado Filibustero, al que quiso mucho conservando retratos del animal con ella.
Los buenos contactos de la proxeneta le permitían anticiparse a las autoridades, pues siempre parecía estar informada cuando se le venía encima una inminente redada policial. A las chiquillas y homosexuales que trabajaban en el club de entonces, solía esconderlos en un subterráneo del local o llevarlos a pasadizos hacia las casas vecinas, si esto sucedía, tan velozmente que no había ninguno de ellos a la vista al momento de patearle las puertas a la filarmónica en nombre de la ley. Estas mismas influencias la habían salvado de sentir los efectos de la Ley de Estados Antisociales de 1954, además.
En honor a la verdad, sin embargo, gran parte de la delincuencia y la criminalidad, efectivamente ya estaba asociada a estos centros de recreación sexual en aquella época, a pesar de las visitas ilustres y de la idealización que pueda hacerse de estos sitios. Fueron conocidos los movimientos de figuras del hampa como el Walo, el Negro Carlos de calle Maipú, el Rucio Bonito o el Cabro Eulalio de Plaza Almagro, entre otros próceres del tráfico de droga y otros delitos. Armando Méndez Carrasco retrata algo de este escenario en su sorprendente libro "Chicago chico".
La tía Carlina se vio alcanzada en su propio entorno por aquella vida violenta con la que convivían los prostíbulos, por cierto: el extravagante rufián apodado el Zapatita Farfán, pareja por conveniencia de la famosa Lechuguina del sector Diez de Julio en Santiago, dio muerte en forma artera y cobarde al llamado Perro Marín, otro personajillo del mundo del hampa pero buen amigo de la dueña del "Bossanova", incluso su posible pareja según sospechaban algunos entonces.
Aquel hecho sangriento vetó para siempre la entrada del cafiche Farfán al burdel de la tía Carlina, donde le fue estrictamente prohibido volver a aparecerse (desconocemos bajo qué advertencias), además de minar para siempre la amistad que había entre ella y la Lechuguina. El karma lo castigó, sin embargo, muriendo antes que su pareja a pesar de ser menor que ella y al acecho de poder heredar sus riquezas, como lo confesó varias veces con el descaro del alcohol o los estimulantes en la sangre.
Una de las pocas imágenes públicas que quedan del Blue Ballet, fotografiado en algún escenario fuera del pequeño local de Vivaceta. Fuente imagen: diario "Las Últimas Noticias".
El mismo Blue Ballet en una de sus presentaciones ya más profesionales y consagradas, en algún espectáculo de revistas y, al parecer, interpretando una fantasía de baile español. Fuente imagen: Candydubois.blogspot.com.
El "Manhattan", celebérrimo club del pasado bohemio en la ciudad de Arica, en donde el elenco del Blue Ballet hizo sus primeras presentaciones al alero del empresario Tino Ortiz, después de abandonar el "Bossanova". Fuente imagen: diario "La Estrella de Arica".
Tino Ortiz, junto a su hijo y un joven cantante ariqueño. Fue el empresario de espectáculos que descubrió al Blue Ballet y lo sacó del "Bossanova", muy al pesar de la tía Carlina. Fuente imagen: diario "La Estrella de Arica".
EL BLUE BALLET
Aprovechando el impulso y la alta clientela del "Bossanova", un grupo de travestis de la boite formaron en los sesenta su propio grupo de baile y comenzaron así una de las aventuras más asombrosas de la historia del espectáculo nacional de origen underground, en tiempos en que parecía imposible que un show de homosexuales fuera ganando popularidad sin escándalos y recibiera buena crítica de la prensa de candilejas. La gestación y surgimiento de este grupo en el cabaret se debió a la propia Carlina.
Curiosamente, la tía no habría sido muy tolerante con los homosexuales en sus primeros años de burdel tradicional. Incluso les impedía el acceso, de acuerdo a lo que se recuerda, vinieran como clientes o buscando trabajo. Siguiendo los consejos de algunos de sus propios colaboradores, empero, doña Carlina les dio empleo a algunos de ellos, limpiando mesas, barriendo o lavando platos y vasos. Poco a poco, y con el replanteamiento de la oferta de la boite, el local comenzó a incluirlos también en el cuerpo de baile y las presentaciones en vivo. Travestis con nombres artísticos como Lensika, Suzuki, Maribel y Brenda llegan a incorporarse y se hacen conocidos en el barrio y en el ambiente.
Comenzaba a nacer así el que iba a ser el Blue Ballet, en el apogeo del vodevil y la revista chilenas, con sus integrantes que más tarde usarían apodos tan extraños como la Odalisca Pehuenche, la Loba Catalina, la Quintrala, la Cleopatra, etc. Fueron una notable inyección de energía y atractivo para la boite, haciéndola pasar por la que todos recuerdan como su mejor época y dándole el cariz de centro de eventos artísticos más cercano a lo auténtico.
Sin embargo, en su mejor y más próspero momento, las aves se le escaparon de la jaula a la tía Carlina...
La salida grupo coreográfico desde el "Bossanova" fue abrupta y sorprendió a la tía, al ver a su personal prácticamente con las maletas hechas. Habían sido rápidamente convencidas de irse por un empresario de espectáculos ariqueño. Sintiéndose la comadrona víctima de un robo, se cuenta que hubo un escándalo mayúsculo cuando ella intentó impedirles irse, desatándose una gresca con cachetadas, tirones de mechas y hasta disparos de armas en la fuga, según comentarios de la prensa de esos años. Y no se equivocaba la tía Carlina en su desesperación: la partida inesperada del equipo de baile desde el "Bossanova", iba a ser el principio del fin para su local, tras 30 exitosos años.
Tino Ortiz Vera, el ariqueño conspirador pero visionario detrás del golpe, había olfateado de inmediato los billetes al conocer al grupo de baile en una visita al cabaret y entrar en negociaciones con sus integrantes, a través de la que se usaba el pseudónimo Solange. Tino Ortiz Barrientos, hijo del empresario, explicó este curioso episodio en un artículo de "La Estrella de Arica", titulado "La verdadera historia del 'Manhattan'" (domingo 15 de febrero de 2004):
"En el año 1967, mi padre partió a Santiago y se apersonó en el famoso burdel de la Tía Carlina. Allá vio que algunos travestis, a pedido de la clientela bailaban o cantaban, y pidió hablar con uno de ellos, quedando citados para juntarse al día siguiente en el Café 'Jamaica' de calle Huérfanos con Estado, un lugar de encuentro de los artistas bohemios. Allí le propuso que juntara a unos seis travestis para traerlos hasta Arica y formar un ballet. Ellos aceptaron y acá les puso al gran Freddy Tucas, un coreógrafo amigo de la familia, de extraordinario talento artístico, para crear rutinas de espectáculos".
El empresario había solicitado, como prioridad, reunir a los integrantes más profesionales y confiables del elenco, con verdadero interés artístico. Las reclutas, finalmente, fueron Solange, Hilda, Caprice, Alexandra, Candy y Monique, agrupándose en el llamado Blue Ballet. Salieron así de la sala de espectáculos de la tía Carlina y comenzaron a hacer presentaciones bajo dirección del coreógrafo Tukas, partiendo en el alguna vez famosísimo "Manhattan" de Arica, propiedad de Ortiz en la calle Maipú de la nortina ciudad.
La presentación resultó un éxito total que ha pasado a ser parte del legendario en la bohemia del Norte Grande, pero la autoridad se escandalizó y prohibió más presentaciones del grupo en el "Manhattan", obligando a Ortiz a llevarlo a la boite "El Dorado" de Antofagasta y, cuando llegó la censura allá también, al "Café Checo" de Valparaíso. Poco después, pudo retornar a Arica y hacer shows allí otra vez, pero el siguiente gran logro del Blue Ballet, fue llegar a los pocos meses al escenario del espectáculo "Bim Bam Bum", en el famoso Teatro Ópera de Buddy Day, tras ganarle un gallito a las presiones de otros empresarios por dificultar las presentaciones, en 1968. Cabe indicar que Ortiz llevó otro célebre transformista hasta aquel escenario de Santiago, en esa década: la artista y actriz francesa Coccinelle.
El Blue Ballet llegó a ser sumamente popular y cotizado en algunos circuitos de artes escénicas. Reviste un carácter de mito en la comunidad gay actual del país, por cierto. Sus célebres shows incluían danza individual, grupal, representaciones con trajes de fantasía y un particular strip-tease hecho de forma tal que se ocultaba estratégicamente la biología masculina de cada actor.
Cierta leyenda dice que el nombre del Ballet Azul, que se prendió al talentoso equipo futbolístico del Club Deportivo de la Universidad de Chile, le fue dado por el periodismo deportivo precisamente aludiendo al grupo artístico. Sin embargo, la situación parece ser inversa: muchos observan que el apodo para el equipo proviene de fines de los cincuenta y reclaman que la coincidencia de nombres nunca fue del gusto de la hinchada de esos años, pues consideraron que el Blue Ballet era una parodia del mote del club.
Carlina, en tanto, jamás de los nunca jamases perdonaría lo que consideró una artera traición de su gente. Gran parte del resto de su vida laboral la gastó despotricando en duros términos contra el grupo renunciado. Incluso, tuvo un fuerte encontrón con el hijo de Tino Ortiz, un año después de la fuga y cuando éste fue de visita a su club: la tía lo confundió con su padre, acusándolo de robarle a las coristas y disponiéndose a corretearlo de allí.
Tras tocar techo en Chile, en tanto, el Blue Ballet comenzó sus giras por Europa a partir del otoño de 1973. Paco Mairena era ya el profesor coreógrafo en este período. Sin embargo, tenemos por referencias orales, opiniones bastante opuestas sobre el resultado de aquella gira internacional: algunos aseguran enfáticamente que fue un éxito y que catapultó la popularidad del elenco; pero otros recuerdan que no fue tan celebrada como se ha asegurado y que, por esta razón, sus integrantes se dedicaron después a negocios muy diferentes, como agentes de viajes, actividad circense y la gastronomía, en donde echaron raíces.
Sí es claro que el equipo del Blue Ballet acabó disolviéndose y se dispersó por países como España, Francia, Alemania e Italia. Supuestamente, recibiendo halagos de otros artistas del espectáculo y gozando de prestigio en ese ambiente nocherniego y bohemio, algunos de los transformistas de grupo se relacionaron con acaudaladas parejas e incluso un duque, en uno de los casos, lo que les permitió completar la transexualidad con onerosas cirugías que tampoco eran del todo posibles aún en Chile, por las capacidades técnicas de la época.
Los destinos de cada miembro del Blue Ballet fueron varios: Solange e Hilda se quedaron viviendo en Europa, Alexandra instaló un restaurante en Santiago y Caprice compró una propiedad rural para vivir en ella sus años de retiro. Dos exintegrantes regresaron a Chile desde París, a inicios de los ochenta: Candy Dubois y Monique, quienes habían pasado por los quirófanos de la transexualidad en Casablanca (una operación tan riesgosa en esos años que, según confesara esta última, se despidieron entrando a pabellón con la frase "hasta mañana, o hasta nunca"). Ya en el país, decidieron fundar en el Barrio Brasil un refinado restaurant de comida francesa y boite: "Le Trianon", en Santo Domingo con General Baquedano. Compraron el edificio esquina prácticamente en ruinas listo para la demolición, y lo salvaron con grandes esfuerzos e inversiones, transformándolo en el restaurante y centro de eventos, en 1984.
Con registro formal como Candelaria Patricia Manzo Seguel y habiendo nacido hombre en 1934, Candy Dubois logró forjar su propia leyenda en el ambiente, llegando a recibir apodos como la Sara Montiel de Chile y La Divina. Su infancia fue de muchos sacrificios, sin embargo: criada por sus abuelos paternos en Cartagena, nunca conoció a su madre, de cuya ventura con un sujeto había nacido ella. Escapó de casa siendo niña, a los 10 años, hacia Valparaíso, durmiendo como mendigo entre los botes de Caleta El Membrillo, hasta que comenzó a hacer presentaciones de baile en el restaurante "San Pedro", cantando temas de Brenda Lee y maquillándose con tiza de las mesas de pool, según recordó en una ocasión Monique. Recibió el aplauso de los pescadores y la dueña le hizo un bikini para sus actuaciones bailando mambo, con un mantel tejido a croché. Así comenzó su carrera.
Candy aseguraba nunca haberse prostituido, viviendo sólo del espectáculo y así llegó al "Bossanova", integrándose al posterior Blue Ballet. Sus virtudes en el baile habían llamado la atención de Mairena ya antes de hacerle clases al grupo de baile, cuando la conoció en el espectáculo del Teatro Picaresque, logrando reclutarla para una compañía y dándole un buen impulso a su carrera artística. Candy llegó a llamarlo padre, incluso en público, dado el afecto que tenía por el coreógrafo.
Una vez de regreso en Chile, el experimento de Candy y Monique buscó establecer un pequeño Folies Bergere en el casco histórico de Santiago, decorado minuciosamente al estilo Teatro Lido francés y soñando con revivir en él la época de esplendor de la revista chilena, vertiendo por ahí sus experiencias en el Blue Ballet. Al mismo tiempo, realizaba presentaciones en el local y otras a cargo de Mairena, además de un comentado show organizado por el productor Willy Geisse en el Hotel Hyatt.
Cabe señalar que hubo integraciones posteriores al cuerpo de baile del Blue Ballet y un intento muy tardío por retornar a Chile ofreciéndose como el auténtico, pero los conocedores de la época nos han asegurado que estuvieron años luz de tener alguna relación con el original, de la tía Carlina.
Últimos días de la excasita de la tía Carlina, en Vivaceta, año 2007. Fuente imagen: Flickr de Genevieve Lara (flickr.com/photos/13785926@N02).
Folkloristas despidiéndose del boliche de la tía Carlina en sus últimos días permaneciendo en pie, septiembre de 2007.  Fuente imagen: Flickr de Regalatisgratis (flickr.com/regalatisgratis).
Vista actual del lugar en donde estaba el "Bossanova", ya desaparecido el inmueble y reemplazado por este taller automotriz (de fachada azul).
Vista de la misma cuadra y del lugar en donde estaba el inmueble del viejo burdel y cabaret, al lado de la fachada de color verde que alcanza a observarse.
Y a menos de una cuadra del lugar que perteneció al "Bossanova", en el sitio donde estaba el burdel de "Las Palmeras", hoy se encuentra el galpón de esta ferretería.
"Le Trianon" de Barrio Brasil, el restaurante francés y centro de eventos fundado por Candy y Monique, exintegrantes del Blue Ballet, al regresar a Chile en los ochenta.
Candy Dubois en una de sus presentaciones en el escenario de "Le Trianon" para "El Jardín del Amor" de 1990 (Canal de Youtube de Germán Bove).
DECADENCIA Y FINAL DE UNA ÉPOCA
Con algunos altos y bajos, ciertas restricciones provocaron períodos de persecución a la actividad y barrios completos fueron intervenidos, en algunas ocasiones. Durante la primera mitad de los años sesenta, además, muchos de los más famosos e históricos prostíbulos de Santiago ya habían desaparecido.
Aunque se enfatiza en varias fuentes la caída del "Bossanova" por la censura militar de la década siguiente, la verdad es que, para los testigos de la época, el golpe de muerte al local fue la partida y ruptura de doña Carlina con el elenco del Blue Ballet, en su partida al Norte Grande y luego a Europa. El espectáculo artístico habría sido el principal atractivo del negocio en esos años, y no halló forma de sustituirlo, menos con el advenimiento del golpe militar y las restricciones a la vida nocturna, que liquidaron gran parte de la bohemia chilena. La regenta ya no tenía sus contactos e influencias entre autoridades y políticos, además.
Hubo medidas bastante duras que se tomaron en los setenta, involucrando clausuras abruptas de locales y la demolición de las viejas casas de huifa que habían sobrevivido a la picota. Por esta última razón, por ejemplo, se acabaron los últimos clásicos burdeles que quedaban en el bario de Los Callejones y varios otros del barrio San Camilo (calle Fray Camilo Enríquez), estos últimos también desplazados por la prostitución homosexual.
Parece haber existido cierta tolerancia del régimen golpista para con el club, tras el alzamiento militar, aunque con un par de allanamientos al boliche. Sin embargo (y, según se contó entonces, por influencia de algunos de los muchos enemigos que tenía la tía Carlina en el ambiente nocturno), el "Bossanova" acabó siendo clausurado, aunque de alguna forma se las arregló para seguir trabajando de manera clandestina, esta vez dirigido por un tal Perico, que había sido asistente de la comadrona en los años anteriores. A la sazón, ya no quedaba ninguna chiquilla mujer trabajando en allí, sólo los transformistas, en denigrantes condiciones.
En la desesperación por salvar al negocio, se había contratado ya sin selectividad al nuevo personal para servicios sexuales y las performances. No obstante, ya no existía esa vieja clientela para prostitución de transformistas, reducida a otras oscuras y distantes cuadras lejanas del Gran Santiago. Lo que alguna vez fue el "Bossanova", acabó convertido en un boliche inmundo y penoso, condenado a morir de un momento a otro. Muchos aseguran que la regenta se retiró de él ese mismo año de 1973 o el siguiente, delegado responsabilidades.
Fue durante el período de censura y decadencia absoluta del "Bossanova", en 1987, que la periodista Claudia Donoso y la fotógrafa Paz Errázuriz, realizaron los registros documentales que publicaron en el trabajo "La manzana de Adán", en donde se ven los últimos transformistas del boliche de la tía Carlina, posando y maquillándose en algunas de las salas o habitaciones del local que operaba entonces de manera muy clandestina, en sus días finales. Se retratará y entrevistará allí a Evelyn, Macarena, Maribel y Pilar, ya en un ambiente de patético ocaso y sin escrúpulos para recibir a la clientela.
En esos mismos años, el comediante Ernesto Belloni había hecho debutar su café concert "Los años dorados de la tía Carlina", además de su grotesco personaje Che Copete, que en el argumento de la obra humorística llegaba hasta la tía Carlina como animador del show de la casa, fingiéndose un connotado animador argentino (eran la época en que Chile veía con más admiración que hoy la escena artística platense, se entiende). El show fue presentado por primera vez el 4 de julio de 1984 en el "Queen Pub", logrando rápidamente el éxito en los años que siguieron y en los que se fue refinando e itinerando. Belloni lo concibió tras dejar su empleo en la compañía Chiletabacos e idear un espectáculo inspirado en el negocio de la tía Carlina, como se le ocurrió al oír comentarios de su propia madre sobre el "Bossanova", a pesar de que le resultó imposible poder entrevistarse con la famosa cabrona (incluso fue echado con agresiones de la casa de Vivaceta, en un intento de visitarla). Para entonces, pues, Carlina ya estaba sumida en el silencio y la oscuridad, debiendo recurrir el comediante a Candy Dubois como fuente.
La obra humorística de Belloni duró más de 20 años en cartelera y tuvo dos versiones en video. Si bien no guardaba mucha relación histórica con la verdadera tía Carlina y su club, no se puede negar que fue un abono a la perpetuación del recuerdo de la misma, cuando ya había desaparecido de operaciones el cuartel de Vivaceta. Fue tal el éxito del café concert que, actualmente, el comediante ha comenzado a reponerlo, en una nueva versión.
La alguna vez reverenciada y respetada Carlina, en tanto, vivió su vejez sola con su pareja, en una casa de Las Condes. Muchos la creían muerta ya entonces. Dice la leyenda que, cuando alguien intentaba abordarla entrando a su casa, la mujer se excusaba asegurando que era empleada de la residencia, algo que también fue comentado por Roberto Merino en "Todo Santiago: crónicas de la ciudad".
Carlina Morales Padilla abandonó este mundo en el más completo retiro y casi oscuridad, sola en la Clínica Victoria Rousseau de Providencia, en los primeros días del año 1992. Una falla renal apagó su vida, ya bastante deteriorada para entonces. La noticia de su fallecimiento fue apenas conocida por algunos que no la olvidaban, y los medios la trataron más bien como una curiosidad. Despedida por su viudo, su funeral estuvo prácticamente vacío, quedando sepultada en el Patio 78 del Cementerio General, en una cripta que se reconoce perteneciente a los Azcarategui Morales.
Candy Dubois, con su propia fama ya construida, falleció de un agresivo cáncer linfático el 21 de mayo de 1995, tras despedirse y anunciar su retiro en "Le Trianon" a fines del año anterior. Dejó algunos registros participando en videoclips de grupos como "Los Tres", "Chancho en piedra" (ya sin pelo, a consecuencia de la quimioterapia) y una presentación en vivo con La Ley en el Festival de la Canción de Viña del Mar, al parecer la última de su carrera, en el mismo año de su muerte, que fue vista con gran entusiasmo del público de "Le Trianon" en los televisores del establecimiento de Barrio Brasil. La banda le había dedicado la canción "Fausto" del álbum "Invisible". Aparece en forma póstuma también en el filme "Moizéfala la desdichada", de 1996, obra de Germán Bobe con música de su hermano Andrés Bobe, músico líder de La Ley, también ya fallecido al momento del estreno.
Candy nunca se reconcilió con la tía Carlina, según sabemos, y su sueño de restaurar los espectáculos al estilo del Blue Ballet en "Le Trianon", quedaron más bien planos etéreos con su partida. Sus cenizas fuero esparcidas en la Caleta El Membrillo, y se puso una placa recordándola en el lugar. El restaurante de Barrio Brasil es hoy sólo un centro de eventos, que abre cuando hay actividades agendadas en él.
Tras años de abandono y deterioro, la antigua casa de Vivaceta pasó en manos de una sociedad de empresarios. En 2007, se anunció la inminente demolición del inmueble en donde había estado el mítico "Bossanova" y del que era su vecino. Salvo por el salón en ruinas, poco quedaba del sitio fuera de la fachada, por lo que los intentos de frenar la destrucción interior parecían condenados al fracaso.
El día viernes 14 de septiembre de ese año, se organizó un acto de "despedida" de la casa, con varios nostálgicos presentes, cuecas tocadas y bailadas  más y un rito de cierre de la comunidad "guachaca". Fue el penoso final de la época de la tía Carlina, quedando sólo su leyenda.
En el lugar que ocupaba el inmueble, hoy es el de un taller mecánico automotriz, habitado también por los fantasmas de uno de los mitos más sorprendentes de la historia de las noches del perdido Santiago del recuerdo.

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