viernes, 1 de junio de 2018

TEORÍAS SOBRE EL ORIGEN DEL NOMBRE DE CHILE: CRÓNICAS, MITOS, CREENCIAS Y PROPUESTAS

Carta de Pedro de Valdivia al Emperador Carlos V, del 9 de julio de 1549: "Habiendo, a imitación de mis pasados, servido a V. M. donde me he hallado y en estas partes de Indias y provincias de esta Nueva Extremadura, dicha antes Chili, y últimamente en la restauración de las del Perú...". Copia facsimilar en el Museo Histórico Nacional.
El próximo domingo 3 de junio, se cumplirán 200 años del decreto que nos convirtió por primera vez y oficialmente, en chilenos definitivos, ya sin otra dependencia gentilicia, al haber quedado atrás el yugo hispánico de los tiempos coloniales. Hijos de Chile, al alero sólo de la bandera y no una corona imperial.
Otro bicentenario, pues, para quienes somos nativos y perpetuadores del ius sanguinis y del ius soli, vinculados a un país cuyo nombre involucra, sin embargo, un enorme y casi insondable enigma nominal... Como chilenos, pues, somos parte de ese mismo arcano problema histórico, geográfico, toponímico y etimológico; casi místico, en algunos de sus alcances, nos guste o no estar involucrados en este asunto.
Menudo misterio y controversia ha sido el de determinar el origen del nombre de Chile, ese que nos hace chilenos. Nuestra mayor instancia identidad nacional es, por esta singular paradoja, una identidad misteriosa e inexplicable, tan oscura como ancestral y difusa; misma que en México nos relaciona con el ají y en el habla inglesa con el frío, por asociaciones homófonas. Ya lo comentaba en 1863 don Francisco Solano Astaburuaga y Cienfuegos en su "Diccionario geográfico de la República de Chile", cita con la que adelantamos parte de lo que verá el lector en este artículo:
"El origen del nombre, así como la procedencia de sus primitivos pobladores, se ocultan en los misterios de los tiempos más lejanos, y ya ninguna conjetura bastará a explicarlos satisfactoriamente. Con respecto a la etimología de la palabra Chile hay quien la encuentra en una del antiguo idioma perulero (tchili), que significa nieve o frío, con que pudo designarse esta región por los que notaron aquí un clima más rígido y más abundancia de nieves que en el Perú; o bien, como es más aceptable según otros, de la coz thili o chili, que repiten unos pajarillos, imitativamente así llamados, de negro reluciente con una mancha de amarillo hermoso bajo el ala, y comunes en los valles del norte y centrales: voz, que tomándola quizás por buen agüero, la aplicaron a todo el país las primeras hordas, que en él se establecieron. Lo que hay de los antiguos peruanos, y de tiempo inmemorial decían los naturales, Chilimapu y chilidugu (país, y lengua de Chile), y Chilhué (dependencia de Chile; o sea  la isla de Chiloé). Este mismo nombre de Chile le confirmó la expedición de Almagro; mas Valdivia, por aquel prurito de los colonizaciones, de dar a los nuevos países en que se asentaban, las denominaciones de los suyos propios, lo cambió por el de Nueva Extremadura, que ni aún en su tiempo prevaleció sobre el que le había consagrado la tradición".
Tenemos a mano datos muy tempranos sobre la presencia del nombre Chile y su uso, que iremos viendo a lo largo de esta entrada: crónicas, artículos, cartas históricas, etc. Alonso de Ercilla, por ejemplo se refiere a Chile en "La Araucana", obra de 1569, ya identificando a todo el país con tal denominación:
Chile, fértil provincia y señalada
en la región antártica famosa,
de remotas naciones respetada
por fuerte, principal y poderosa:
la gente que produce es tan granada,
tan soberbia, gallarda y belicosa,
que no ha sido por rey jamás regida
ni a extranjero dominio sometida.
ETIMOLOGÍA DE LOS NOMBRES DE OTROS PAÍSES AMERICANOS
Son relativamente bien conocidas las raíces etimológicas de los países del Nuevo Mundo, sirviéndonos los siguientes ejemplos:
  • Argentina: alude a las minas de plata (argentum) del país colonial, especialmente las del Alto Perú o Audiencia de Charcas, independizada después. De esta fama provenían también los nombres del Virreinato de la Plata y del Río de la Plata. El de Argentina comenzó a ser usado hacia 1820, quedando formalizado unos diez años después, con la Confederación Argentina.
  • Bolivia: nombre que adopta la Audiencia de Charcas en homenaje a don Simón Bolívar, al proclamar su independencia en 1825, incluso haciéndose llamar inicialmente República de Bolívar.
  • Brasil: alude al árbol propio de algunos territorios del país y apetecido por su madera: el palo brasil. Podría provenir de la expresión celta barkino, usada en un colorante rojo que después fue llamado brasil, y por esa razón el palo brasil recibió este nombre (color de su madera y savia). El país comenzó a llamado así hacia 1500, cuando llegaron a Portugal los primeros cargamentos de palo brasil desde él. Existe, sin embargo, la teoría de que el nombre de Brasil provendría de la asociación a una mítica isla del mismo nombre, que los cartógrafos de los siglos XVI a XVI ubicaban al Oeste de Irlanda.
  • Colombia: su nombre es un homenaje a Cristóbal Colón, motivado por Francisco de Miranda en el Congreso de Angostura de 1819.
  • Costa Rica: nombre dado por Colón al territorio en 1502, tras ver a los indígenas en las costas ataviados con grandes adornos y enjoyados con valiosas piezas.
  • Cuba: simplificación de Cubanacán, expresión usada por los primeros habitantes para el territorio, y que significaría Parte Central, aunque otra teoría supone que proviene del árabe coba, que señala a las mezquitas con cúpula, y que podría haber sido asociada por Colón a la forma de las montañas desde su lugar de desembarco en Bariay, en 1492.
  • Ecuador: se refiere a su posición determinante en la Línea del Ecuador (equatoris en latín: igualador), traza central del mundo y divisoria de ambos hemisferios planetarios, que pasa justo por Quito. El nombre fue adoptado por la Gran Colombia para el territorio Sur, en 1819.
  • El Salvador: procede del nombre de la villa española San Salvador, elevada a ciudad en 1546. Aludía al patronato de Jesucristo Salvador. El nombre de República de El Salvador fue formalizado en 1915.
  • Guatemala: viene de Quauhtlemallan, que significa Lugar con Muchos Árboles en idioma náhuatle. El nombre fue mantenido por los españoles.
  • Honduras: se cree que Colón le dio el nombre a este territorio en 1502, cuando pudo refugiarse en la "hondura" del cabo durante una tormenta y, por la misma razón, dicho cabo se llama Gracias a Dios. Otra creencia supone que el nombre proviene de Huntulha, que en idioma nativo es País de Costa y Aguas.
  • México: antiguo nombre náhuatle dado a la capital mexica-azteca. Podría provenir de la expresión Mexihco, que significa Lugar de Mexi, aludiendo quizás al mítico sacerdote Mexitl, que guió al pueblo exiliado desde la legendaria Aztlán. También es posible que Metzxico signifique Ombligo de la Luna.
  • Nicaragua: se llama así por la relación con el cacique Nicarao, señor de los nahuas a la llegada de los hispanos. Se cree también que el nombre del país puede proceder del náhuatle Nicarahuac, traducible como Reino de Gente del Agua o Hasta aquí llega el Anáhuac.
  • Panamá: toma su nombre de la ciudad colonial de Nuestra Señora de la Asunción de Panamá, y puede referirse a un árbol local con este nombre, o bien a una expresión indígena traducible como Abundancia de Peces y Mariposas.
  • Paraguay: nombre dado por los guaraníes al territorio. Las traducciones posibles son Río de Payaguas (los payaguas eran una tribu local), Río que da Origen al Mar, o Río Coronado (coronas de palmas o paraguas).
  • Uruguay: se origina en un topónimo guaraní para el río homónimo, traducible como Río o País del Urú. El urú es un ave local. Otras versiones traducen Río de Caracoles o Río de Pájaros. Antes llamada Provincia o Banda Oriental, el nombre de Uruguay le fue formalizado en la Constitución de 1830.
  • Perú: proviene de las denominaciones Virú, Birú, Berú o Pirú. Habría surgido del nombre de un indio entrevistado por los españoles en los primeros días de la conquista, hacia 1525, el que dijo llamarse Berú, y que luego les señaló un río llamado Pilú o Birú, principal origen nominal. El topónimo acabó en Perú o Piruw, en quechua.
  • Venezuela: alusión a la ciudad italiana de Venecia, por ser considerada entre los hispanos una Pequeña Venecia o Venezuela. Ciertos palafitos primitivos que allí existían llevaron a Américo Vespucio a comentar esta analogía, misma que motivó a don Alonso de Ojeda a colocarle tal nombre al territorio, durante su exploración de la Península del Paraguaná, en 1499.
No menos importante es, como ejemplo nominal, la denominación de Punta Chilena por parte de los navegantes españoles y desde los tiempos de la Conquista, a un pequeño cabo ubicado inmediato a la desembocadura del río Loa, por haber sido una indicación geográfica en donde comenzaba por entonces el territorio de la Capitanía de Chile y terminaba el de Perú, a pesar de que el territorio cabecera de la jurisdicción se encontraba en Copiapó, tras el tortuoso paso por el desierto de Atacama para quienes lo hicieran por tierra.
Lo que haya dado el nombre a Chile, entonces, debió corresponder a algún período histórico sucedido entre los tiempos de la extensión del Imperio Inca sobre el actual territorio chileno, y las primera operaciones de los conquistadores españoles sobre ese mismo terruño.
En tiempos coloniales, Chile aparece señalado en cédulas reales y crónicas con ese nombre (dejando atrás los quizás más primitivos de Chili o Chille), particularmente con el de Reino de Chile a pesar de que, en términos administrativos, nunca fue un "reino" propiamente dicho, sino una capitanía general y una gobernación.
Con el advenimiento de la Independencia, una de las primeras medidas de Bernardo O'Higgins y Antonio José de Irisarri, tomada con el mencionado decreto del 3 de junio de 1818 que se aproxima a su bicentenario, fue disponer que todos los habitantes del país fueran llamados chilenos:
"Supuesto que ya no dependemos de España, no debemos llamarnos españoles sino Chilenos. En consecuencia, mando que en toda clase de informaciones judiciales, sean por vía de pruebas en causas criminales, de limpieza de sangre, en proclama de casamientos, en las partidas de bautismo, confirmaciones, matrimonios y entierros, en lugar de la cláusula: Español natural de tal parte, que hasta hoy se ha usado, se sustituya la de: Chileno natural de tal parte; observándose en lo demás la fórmula que distingue las clases; entendiéndose que respecto de los indios, no debe hacerse diferencia alguna, sino denominarlos Chilenos, según lo prevenido arriba".
A Chile como país independiente, sin embargo, se le reconoció formalmente este nombre en la legislación republicana por un decreto del 30 de julio de 1824, durante el gobierno del Director Supremo don Ramón Freire, firmándolo con don Francisco Antonio Pinto. Dice allí Freire, que se sustituye con la voz Chile cualquier referencia a la de Patria "de que hasta aquí se ha usado en todos los actos civiles y militares", siendo "demasiadamente vaga y abstracta".
Del mismo modo, el artículo de marras informaba que al conocer "el gobierno la importancia de nacionalizar cuanto mas se pueda los sentimientos de los chilenos", articula lo siguiente:
"1°.- En todos los actos civiles en que hasta aquí se ha usado de la voz patria, se usará en adelante de la de Chile.
2°.- En todos los actos militares, y al quien vive de los centinelas, se contestará y usará de la voz Chile.
3°.- El ministro de gobierno es encargado de la ejecución de este decreto, que circulará a quien corresponda, e insertará en el Boletín".
Se consolidaba el nombre de la República, entonces, con el gentilicio oficial, antes de terminado el período de ordenamiento político... Todo esto, en torno a un nombre cuyo misterio sobre el origen y significado original persiste, con diferentes intentos de desatar el nudo gordiano que ata este enigma, unos más serios y científicos que otros.
Ciertas teorías tratando de resolver el acertijo parecen cobrar fuerza en algunos períodos, pero después caen en cuasi descrédito o incredulidad, al avanzarse pasos en nuevas observaciones. Es una cuestión confusa, por consiguiente, en donde la navaja de Ockham parece nunca haber encontrado una buena grieta para iniciar el corte limpio y definitivo del zapallo. Muchas de ellas se cruzan entre sí, además, mientras que otras son por completo incompatibles y opuestas.
Seguir sin claridad alguna sobre el surgimiento de tal nombre para todo el país chileno, hace una grande y engorrosa diferencia con respecto a lo que sucede con al resto de los países del continente, además, en donde existe, cuanto menos, una explicación principal o matriz; y si no, un planteamiento "favorito". Veremos aquí, las principales teorías que se han vertido respecto del caso de Chile.
El Cuzco, Perú. Grabado de 1153, de Pedro de Cieza.
"La ciudad de Santiago de Chile" en la imagen del cronista indígena peruano Felipe Huamán Poma, hacia 1605 ("La Nueva Corónica y Buen Gobierno").
TEORÍA DE LA PRIMERA DENOMINACIÓN INCA AL TERRITORIO
Suponen algunos que, desde antes de salir la fallida expedición de Diego de Almagro hacia el territorio, el Adelantado habría estado en conocimiento de que la tierra meridional del Tawantinsuyo era denominada por los incas con el nombre Chilli o Chili, de origen quechua.
Mucho se ha discutido al respecto, pero poco se avanza con el limitado material que ha sobrevivido hasta nuestro tiempo desde los días de la Conquista, salvo variaciones de interpretación de esos mismos documentos. Se propone también que el término sería traducible como Más Allá, o Más al Sur, por su ubicación geográfica en relación al gran centro administrativo del imperio en Perú, no habiendo claridad alguna al respecto. Las propuestas más audaces dicen incluso que el nombre Chile podría proceder de una denominación anterior al Imperio Inca, en los tiempos de la prehistoria americana, y que los incas sólo la adoptaron tal como lo harían después los hispanos.
Esta idea se ha presentado como la del origen más antiguo para el nombre dado a Chile. En general, se explica que provendría así de los incas que avanzaron sobre el territorio en la expansión final del Tawantinsuyo, antes de la llegada de los españoles. Las razones de darle tal denominación son varias y se relacionan con las teorías que veremos más abajo, pero el concepto central de esta propuesta es que fueron ellos quienes titularon así al territorio y que la voz sería de origen quechua o quichua, y refiriéndose a la ubicación apartada del mismo.
Cabe señalar que una de las primeras alusiones al territorio que se han identificado, procede de la crónica del Inca Garcilazo de la Vega, en sus "Comentarios reales incas" de 1609. Aunque la obra del autor es de tiempos coloniales, hay en ella buenas razones para creer que el nombre Chile ya era conocido entre las comunidades indígenas prehispánicas de Tucumán, al Norte de Argentina, pues la menciona al recrear un diálogo entre los representantes del reino tucumano y el Inca Huiracocha (siglo XVI):
"...lejos de nuestra tierra, entre el sur y el poniente, está un gran reino llamado Chili, poblado de mucha gente, con los cuales no tenemos comercio alguno por una gran cordillera de sierra nevada que hay entre ellos y nosotros; mas la relación tenémosla de nuestros padres y abuelos..."
Esta observación podría estar relacionada también con la teoría del origen aimara del nombre de Chile, que veremos más abajo.
También se puede observar que Chile aparece mencionado tal cual por el cronista indígena Felipe Huamán Poma de Ayala, hacia 1615, en su célebre obra ilustrada "La Nueva Corónica y Buen Gobierno", aunque existe cierto rasgo de controversia sobre si la creación de esta crónica perteneció en realidad a alguna mano jesuita.
Sin embargo, el cronista Diego de Rosales tiene su propia explicación: observa en su "Historia general del Reino de Chile: Flandes Indiano y Nueva Extremadura", de 1674, la existencia de un campo y pueblo indígena en Perú llamado Chili, en el sector del valle de Casma, que podría haber facilitado la asociación fonética de un nombre para el territorio de Chile a partir de un topónimo anterior, pero no necesariamente marcando su origen.
Veremos que hay un río que lleva el nombre de Chili en Perú, y que el territorio del Aconcagua es el principal sospechoso en las teorías sobre cuál recibió primero en el país el nombre que hoy ostenta.
"El secular Camino del Inca", ilustrado por el maestro Luis F. Rojas para la obra "Episodios Naiconales". Se observan huestes incaicas avanzando hacia el territorio de Chile.
Plano de la Chimba y del Valle del Mapocho, confeccionado por Francisco Luis Besa y entregado al tribunal de la Real Audiencia el 26 de Agosto de 1641. En la parte inferior, abajo del "Río de Santiago" (Mapocho) que ha dibujado el autor, aparece un grupo de cuadrados representando los solares más cercanos a la ribera, y el eje está señalado por el "Camino de Chille", correspondiente al Camino del Inca, actual Independencia. (Fuente: Stehberg y Sotomayor. 2012).
LA POSIBLE REFERENCIA A UN PAÍS FRÍO
Otra idea muy divulgada y derivada de la anterior, sugiere que el origen estaría en la denominación indígena chiri, que significa frío o helado, aludiendo al clima dominante de estos territorios, corrompiendo después en Chile, o bien refiriéndose al tortuoso paso por la cordillera. De ahí procede el nombre de la chirimoya, además.
Se cree que esta denominación Chiri habría sido dada en tiempos precolombinos por los incas, aunque veremos que otros la instalan nacida después de las penurias que pasó acá la expedición de Diego de Almagro.
Hay observaciones curiosas de la lingüística sobre este asunto, pues parece haber una pronunciación parecida en otros idiomas para señalar el frío, en culturas inconexas entre sí. De ahí la semejanza de chiri con el chilly inglés, que también señala al frío y que sirve al humor británico para responder con sutiles burlas cada vez que alguien informa allá provenir de Chile o Chili.
Aunque tiene varios problemas para tomarla por definitiva, la teoría es comentada por cronistas como Agustín de Zárate, cuando dice que el país "se llama Chili, que en lengua de indios quiere decir frío, por causa de los grandes fríos que para llegar á ellos se pasan", en su "Historia del descubrimiento y conquista de la Provincia del Perú" de 1555.
Su propuesta fue acogida y creída por autores cronistas como Jerónimo de Vivar, en su "Crónica y relación copiosa y verdadera de los Reinos de Chile" de 1558, y  Alonso González de Nájera en "Desengaño y reparo de la guerra del Reino de Chile", escrita ese mismo año. Vivar, particularmente, lo relaciona de la siguiente manera:
"Decíanle los indios a don Diego de Almagro (que eran unos indios que habían traído del Pirú) que hacía en este valle 'ancha Chire' que quiere decir 'gran frío'. Quedole al valle el nombre de Chire, corrompido el vocablo le llaman Chile".
Posteriormente, lo harán con matices los viajeros franceses Amédée-François Frézier y, un siglo después, por Stanislas-Marie-César Famin. Investigadores muy posteriores han insistido en esta tesis, como "Repertorio de antigüedades chilenas" de Ramón Briceño, de 1889.
Sin embargo, no todos han estado de acuerdo con el alcance que se da a esta idea: ni con su origen inca ni con su significado alusivo al frío.  Entre otros, hacen sus observaciones el cronista religioso Felipe Gómez de Vidaurre, en "Historia geográfica, natural y civil del Reino de Chile" de 1789, cuando dice que "esto es falso y muy mal entendido, porque ni a Almagro se le murió tanta gente por causa del frío, sino por falta de provisiones, ni tampoco todo el Reino es cordillera".
También la desacredita el confiable Vicente Carvallo y Goyeneche, quien la considera absurda y forzada. Y José Pérez García explica con más detalles las razones de su incredulidad, en su "Historia natural, militar, civil y sagrada del Reino de Chile" de 1810, al declarar:
"No lo creemos así porque no es tan terminante la voz en la lengua quichua, que era la general, pues en ella el frío se llama chiyre, como porque la primera entrada que hicieron en Chile los peruleros no fue por la cordillera, en que hubieran experimentado frío, sino por la costa de Atacama en que no hace frío; y, en fin, porque no es tan frío Chile".
Cuadro de don Pedro de Valdivia obsequiado por la Reina Isabel II de España, en 1854, a la Municipalidad de Santiago. Autor: F. L. Mandiola.
SUPUESTA ASOCIACIÓN AL RÍO CHILI Y A AREQUIPA
Otro de los hechos que se han propuesto como evidencia de esta teoría de la palabra de origen quechua, es la existencia del río Chili en la ciudad de Arequipa, Perú. El río se encuentra hacia el Sur del país, así que podría tener también una relación con la ubicación de Chile en la geografía, en caso de tener asidero esta propuesta.
A pesar de las pocas fuentes disponibles, especulamos que la asociación con dicho río puede deberse a tres razones principales:
  1. Al agua fría del caudal del Chili y la comparación implícita a la frialdad del clima del país del Sur con el que comparte nombre, algo relacionado directamente con la interpretación anterior sobre el origen del topónimo.
  2. Alguna semejanza observada con relación al algún río en Chile con respecto al de Arequipa, como el Aconcagua o el Mapocho, o una simple comparación sin mayor contenido.
  3. Hay semejanzas en la planta de la ciudad española trazada en Arequipa con relación a la Santiago de Chile, curiosamente, fundadas en el mismo período 1540-1541: ambas tienen cuadras en distribución de damero con plaza central a sólo tres cuadras del río, y cuyas calles laterales transversales corren hasta la orilla de esos ríos (en donde quedaron ubicados los principales puentes históricos además), mientras que en la ribera opuesta creció un barrio "chimbero" (con varias otras equivalencias, como una Recoleta propia).
Sin embargo, cabe observar que el río Chili por largo tiempo ha sido llamado también río de Arequipa y río de Quilca, al parecer con más popularidad en este último caso durante algunos períodos.
Explicado lo anterior, más interesante resulta la existencia de apellidos Chile o Chileno entre la sociedad peruana, que podrían tener algún vínculo con el origen del topónimo. Incluso existe una localidad peruana llamada Chilia, en el Departamento de La Libertad, y otra llamada Chiliculco en Puno; y están los casos de las haciendas de Thili-Viche (Tiliviche) al Sur de Tacna, y de Thili-Vilca (Tilivilca) vecina a la Quebrada de Tarapacá.
Con relación a esta misma teórica influencia o sintonía arequipeña en el nombre del país, cabe observar que el arqueólogo Ricardo E. Latcham, en "La prehistoria chilena" de 1928, dice que el título Chile proviene de mitimaes de fines del siglo XV traídos por los incas desde la región de Arequipa, precisamente, siendo ellos quienes "dieron al valle que vinieron a ocupar el nombre de Chile, en recuerdo de su patria", aludiendo al río peruano del mismo nombre pero ahora en la zona de Aconcagua.
Valle y ciudad de Arequipa, en antigua ilustración. Fuente imagen: publicación de Editorial Talcahuano.
Río Chili, en Arequipa.
LA IDEA DE UN NOMBRE DE ORIGEN AIMARÁ
Una de las teorías menos difundidas ya es que el nombre de Chile provendría de una expresión aimará chillo o chilli, y no del quechua, como ha supuesto la explicación más dogmática de todas. Significaría algo así como territorio llano, extensión, según algunos autores refiriéndose al concepto de Confín del Mundo, Lugar más alejado del Mundo o incluso Lugar más hondo del Mundo. Se especula incluso que el nombre habría sido dado durante el  dominio de Tupac Yupanqui sobre el territorio del Aconcagua (ver más abajo, teoría asociada a este valle).
El quizás primero en proponer la idea de que Chile era asociado al "fin del mundo", fue don Gonzalo Fernández de Oviedo en su "Historia general y natural de las Indias, islas y tierra-firme de la mar océano" de 1557. Dice allí que el Capitán Gómez de Alvarado había sido informado por indios de "que estaba cerca de la fin del mundo" en el territorio.
Posteriormente, el "Vocabulario de la lengua aymara" de Ludovico Bertonio, de 1612, señalaba que las palabras chilli y thakhsi señalan los confines del mundo.  Chilli sería, entonces, una expresión aimara que significa "donde se acaba la tierra".
A esta misma conclusión se aferraron y la mantuvieron autores posteriores, como don Miguel Luis Amunátegui en sus "Apuntaciones lexicográficas" de 1908, cuando observa que "el significado de Chilli en aimará corresponde perfectamente a la situación del territorio comprendido entre los Andes y el Pacífico". El mismo autor dice allí que "los indígenas continuaron pronunciando Chilli" este nombre, mientras que "los españoles del siglo XVI, decían indiferentemente Chili o Chile, pero más a menudo de este segundo modo", agregando que los menos eran quienes le decían Chille.
La misma idea será defendida por Benjamín Subercaseaux en 1940, en su obra "Chile, o una loca geografía", traduciendo Chile también como el lugar "donde se acaba la tierra".
Las autoras Carolina Villagrán y Victoria Castro, observan en su "Ciencia indígena de los Andes del norte de Chile" la existencia del concepto Chillisaya: Chilli se traduce como "lo más hondo del suelo; los confines del mundo", mientras que Saya se traduce como "peñas" y altura de un animal o persona (concepto de mensura, quizás aplicable a un territorio).
No esta por demás recordar la existencia de la localidad de Poconchile, en la Región de Arica y Parinacota: su nombre proviene del aimará puquñ chili, que se traduciría como tipo de pastizal, según se ha dicho. La palabra chiji, además, se traduce como pasto verde.
Mapa América de Gerardo Mercator, de 1595.
Fundación de Santiago en el Santa Lucía, según óleo de Pedro Lira (1888). Cuadro en el Museo Histórico Nacional.
TEORÍA DEL CANTO DE UN PÁJARO
Existen al menos tres planteamientos sobre la teoría que adjudica el nombre de Chile a la onomatopeya del canto, trinar o grito de algún ave:
  1. El popular queltehue o tero-tero (Vanellus chilensis), cuyo ruido tendría cierta semejanza con la vocalización de la palabra Chile cuando se lo escucha desde la distancia y se hace difusa.
  2. La pequeña ave llamada tril o trile (Agelasticus thilius), y antaño chilli, chillí o tchilí por su particular canto, que con cierta imaginación puede ser interpretado como un "¡chili... chili... chili!", idea que se remonta a cronistas jesuitas del siglo XVIII, como  Miguel de Olivares, Andrés Febrés, Juan Ignacio Molina, Felipe Gómez de Vidaurre y, ya en el siglo siguiente, a Manuel Antonio Román Madariaga. En nuestros días, ha sido comentada y defendida por el lingüista y profesor Jaime Campusano y parece ser la principal ave de todas las señaladas por la teoría.
  3. Ramón Briceño comentó, en su tiempo, de la existencia de una variedad de gaviota llamada chille, aunque también observa el nombre en el zorro chilla, denominación de origen indígena. Algunas explicaciones suponen que la gaviota sería, en realidad, el ave denominada cauquén o caiquén, que da origen al nombre de  la localidad de Cauquenes.
La más difundida de las tres opciones, sin duda es la del pájaro trile, habitante desde Copiapó hacia el Sur, probablemente hasta Valdivia o Chiloé. Varias veces comparado con las características del tordo, vive en humedales y cerca de tierras regadas. Miguel de Olivares, en su "Historia de la Compañía de Jesús en Chile" de 1736, cuenta lo siguiente de él:
"Dicen unos que, preguntando los españoles a los indios cómo se llamaba la tierra, estaba este pajarito a la vista; y pensando que preguntaban por el ave, respondieron thili; y así la empezaron a llamar los españoles Chile, y hasta ahora así lo llaman y llamarán".
También aclara que se relaciona el topónimo con las llanuras de Quillota, en el Valle  del Aconcagua, cuyo río "se llamaba tchili por haber muchos pájaros de estos en sus orillas", teoría que abordaremos más abajo.
Aunque la idea fue compartida por el viajero francés Stanislas-Marie-César Farmin, hacia 1840, cronistas como Carvallo y Goyeneche fueron detractores declarados de esta teoría desde el siglo anterior, considerándola en su caso "ridícula". A similares conclusiones adversas llegó, después, José Pérez García.
Pájaro trile macho, habitante desde Atacama al Llanquihue. Su cantar ha querido ser visto como el posible origen del nombre del país. Fuente imagen: blog Bitácora de las aves de Chile.
PROPUESTA SOBRE UNA VOZ DE ORIGEN MAPUDUNGÚN
Otra propuesta comentada por Briceño es que el territorio fue llamado antaño por los mapuches como Chilimapu, traducible del mapudungún como País de Chile, y así la habría conocido Almagro al aparecer por estas tierras. De ahí provendrían otras expresiones como chilidugu, que significa lengua de Chile, y Chilhué, para referirse al archipiélago de Chiloé como dependencia de Chile.
Por su parte, el cronista Rosales comenta eran los indios locales los que hablaban de este territorio dándole el nombre de Chilli, "y así dicen Chilli-dugu, que significa la lengua de Chile, y Chilli-mapu, que quiere decir la tierra de Chile". Lo mismo encontraremos en el "Arte de la lengua general del Reyno de Chile" de 1765, de Andrés Febrés.
Las principales explicaciones posibles al respecto, parecen hallarse en las siguientes alternativas:
  1. La palabra Chili, en este contexto, sería traducible desde el mapudungún como Tierra del Río Eterno o del Río Interminable, refiriéndose a un curso hídrico del país, posiblemente el Aconcagua (ver más abajo). Ésta es la más conocida de las explicaciones, según parece.
  2. Observamos también que en el lenguaje de los mapuches, chi es una suerte de prefijo que aumenta o enfatiza el acento, las veces o la trascendencia de un concepto, mientras que la sílaba li o lil significa roca, peñasco. Muchas Rocas o Rocas Interminables, sería Chili, acaso refiriéndose al cordón montañoso.
  3. Chili podría ser una corrupción de la expresión chuy chuy, que en mapudungún significa frío, lo que nos traslada otra vez a la teoría del Chile identificado como país frío.
  4. Len se traduce como ciprés, por lo que chi-le sería algo así como muchos cipreses, aludiendo a la presencia de este árbol en el territorio más austral. Estudios del siglo XIX ya observaban que el origen del nombre del país podría ser Chilem o Chilen, aludiendo a estos cipreses.
  5. Se llamaba chilli también, entre los mapuches, a la mencionada ave canquén, caiquén o cauquén, lo que se cruza con la revisada teoría de los pájaros.
Recuperada y desarrollada en nuestros tiempos, incluso por investigadores y grupos indigenistas, en síntesis esta idea supone que parte del antiguo territorio chileno habría recibido una denominación propia entre los mapuches, en que mapudungún correspondía Chili-Mapu o Chilli-Mapu.
Agreguemos a esta información la presencia toponímica mapudungún de localidades como Chillehue en Coínco, Chilicauquén cerca de Quillota o el cerro Chilipilco junto al río Mataquito, además de las aves llamadas chirigües, que confirman la presencia de la palabra en el uso mapudungún, aunque no sabemos si esto baste para asegurar que el nombre de Chile se relacione tan estrechamente con él.
Valle y cuenca aconcagüina ("Planta y descripción del Valle de Aconcagua"), en el siglo XVIII. Plano de las colecciones de la Biblioteca Nacional de Chile.
Río Aconcagua, postal de Hume & Co. Fuente imagen: TodoColección.net.
Cerro La Campana hacia 1930, en fotografía de Einar Altschwager. Ubicado en las provincias de Quillota y Marga Marga, en la hoya del río Aconcagua.
ORIGEN DEL TOPÓNIMO EN TERRITORIO ACONCAGÜINO
Muchas crónicas aseguraron que la relación toponímica del territorio con el nombre de Chile, comienza en el Valle del río Aconcagua, antes llamado Canconicagua, Concagua y Canconcagua, al interior de la actual Región de Valparaíso. En tal caso, el origen podría hallarse en un topónimo o hidrónimo principal del pasado de la zona aconcagüina.
En el mismo prólogo o "declaración" con definiciones introductorias de "La Araucana", don Alonso de Encilla otorga una visión del territorio al que se refiere con tal nombre, y adjudica la denominación a un acto español, relacionándolo con el valle del Aconcagua y de Quillota:
"CHILE: Es una provincia grande que contiene en sí otras muchas provincias. Toma el nombre de Chile toda la provincia por su valle, del cual tuvieron primero noticia los españoles por el oro que en él se sacaba, y, como entraron en su demanda, pusieron nombre de Chile a toda la tierra, hasta el estrecho de Magallanes".
Pedro Mariño de Lobera, por su parte, escribía hacia la misma época sobre el viaje de Almagro, en la "Crónica del Reino de Chile":
"Y aunque así la comodidad del lugar como los moradores de él (que eran muchos) convidaban a los españoles a gozar de la ocasión algunos días con todo eso no quiso el Adelantado... viéndose ya cerca del famoso valle de Chile, llamado por otros dos nombres Concagua y Guillota, al cual iban a parar y estar de asiento".
En su "Historia general de los hechos de los castellanos en las islas y tierra firme del mar océano", el cronista Antonio de Herrera dice, hacia 1615, que el valle de Quillota era llamado Chille, y que esto sucedía "desde el tiempo de los Ingas". Lo mismo concluye Carvallo y Goyeneche en sus crónicas, en 1796.
Varias son las propuestas principales de esta teoría, sobre la razón del nombre para dicho valle:
  1. Nombre que le habría dado el soberano inca Tupac Yupanqui u otro cercano en el tiempo, a estos territorios aconcagüinos durante la extensión de sus dominios, idea relacionada con el supuesto origen aimará o quechua que algunos creen ver en la palabra.
  2. Presencia de un cacique local llamado Tili o Thili, que origina otra teoría que veremos a continuación de ésta, por tratarse de una idea patronímica sobre el topónimo.
  3. Miguel de Olivares dice que el río Aconcagua era llamado tchili, voz origen de Chile, "por haber muchos pájaros de éstos" en sus riberas, como vimos más arriba.
  4. Que todo el Valle del Aconcagua era llamado ya Chile al momento de las expediciones de Almagro y de Valdivia, desde tiempos incásicos o acaso anteriores, perdidos en la oscuridad del tiempo, y que este nombre se le habría dado directamente, no intermediado por algún cacique o ave. Autores como el cronista Vivar, por ejemplo, dijeron que en el Valle del Aconcagua, el cacique Quilicanta (súbdito picunche del dominio inca en la zona central de Chile), contaba con dos curacas o jefes locales: Michimalonco y Trangolonco. Las respectivas sayas o divisiones de sus jurisdicciones se llamaban Aconcagua (valle arriba) y Chile (valle abajo).
Sin embargo, esta apreciación tan localista sobre el nombre de Chile sólo para el Aconcagua se reduce principalmente sólo al origen del topónimo, pues riñe con la extensión que desde temprano le daba Alonso de Ercilla al país, por ejemplo, llegando hasta los confines australes y los deslindes antárticos, en la comprensión del mundo de aquellos días. Es indudable que el nombre de Chile comenzó como un topónimo muy específico y localizado, muy factiblemente en el Valle del Aconcagua, extendiéndose después al resto de todo el territorio como habitualmente sucede con los nombres de países y grandes regiones, pero esta dispersión debió ser muy rápida durante la Conquista (¿o acaso desde antes?). Benjamín Subercaseaux, por su lado, decía que se llamaba originalmente como Tierra del Chili a la zona que va desde el Valle del Aconcagua hasta Curicó.
Sin embargo, no todos los autores han estado de acuerdo con esta impresión. Uno de los detractores de esta creencia fue, por ejemplo, don Felipe Gómez de Vidaurre, quien escribió en su "Historia geográfica, natural y civil del Reino de Chile" de 1789, que proponer que el nombre de Chile proviene del río y primer valle conquistado por los Españoles, resultaba una pretensión "insubsistente".
Indígenas del Aconcagua, en imagen de Editorial Talcahuano.
Don Alonso de Ercilla, en el poema épico de "La Araucana": "Toma el nombre de Chile toda la provincia por su valle".
TEORÍA PATRONÍMICA SOBRE EL CACIQUE TILI O THILI
Una de las versiones clásicas para el asunto toponímico chileno, asegura que el nombre pudo tener un origen patronímico. Esto se relaciona estrechamente con la teoría anterior, por tratarse también de una explicación que pone el origen del nombre de Chile como asignado al Valle del Río Aconcagua, que pasa por Los Andes, San Felipe, Quillota hasta desembocar en Concón.
Según esta propuesta, un cacique o curaca indígena llamado Chili, Thili o Tili, o bien apodado así por su ubicación "sureña" (en caso de que Chili fuese un término asociado a territorios al Sur del Tawantinsuyo), dominaba el sector del valle del Aconcagua, en donde habría sido conocido y tomado por primera vez el mismo nombre para el territorio. Era un jefe local a la llegada de los españoles o poco antes del arribo de los mismos allí, entonces.
Diego de Rosales, por ejemplo, dice que Tili fue "un cacique de mucho nombre que vivía en Aconcagua y era señor de aquel valle cuando entraron los Capitanes del Inga a intentar la conquista de este Reino", pero que fueron "corrompiendo el vocablo los del Perú" hasta quedar en Chili o Chile, "por cuanto les sonaba mejor y era mas conforme a su lengua general quichua".
El mismo cronista asegura que Chili significa en quechua "la nata y flor de la tierra" (de ahí el nombre del campo mencionado, en el valle de Casma), por lo que "los primeros conquistadores del Perú que entraron en Chile, ya por parecerse al nombre del cacique Tili, ya porque esta tierra les pareciese fértil y la nata de otras, la llamaron Chili, y ese nombre cogieron los Españoles, pronunciando Chile o Chili".
Con algunos matices importantes, la teoría es defendida por historiadores como Francisco A. Encina y Roberto Arancibia, quienes comulgan con la idea de que el nombre se le dio al territorio por la presencia del mencionado jefe indígena Tili que allí habría habitado.
"Sería tarea ociosa la de decidir sobre el motivo que movió a los funcionarios del inca a dar al valle el nombre de Chile", remata Encina, muy convencido de la idea ofrecida por Rosales.
Don Diego de Almagro, el Adelantado.
El nombre de Chile en el plano de América Meridional del cartógrafo oficial español Juan de la Cruz Cano y Olmedilla a la Patagonia Oriental en su famoso mapa de la América Meridional de 1776. Aparece un "Chile Moderno, que los geógrafos antiguos llamaron tierra Magallánica de los Patagones y los Césares...".
¿FUE ALMAGRO EL QUE DIO EL NOMBRE AL VALLE?
Esta impresión ha sido la difundida tradicionalmente por autores como Benjamín Vicuña Mackenna y otros posteriores, como Francisco Astaburuaga y Cienfuegos, quien dice en su "Diccionario Geográfico de la República de Chile" de 1890, que Chile fue el "nombre con que se conoció por los primeros españoles que entraron en Chile el río de Aconcagua, cuyo valle denominábase también de Chile".
Resumiendo este planteamiento, el nombre del país efectivamente procede desde el Aconcagua, pero le fue dado por el adelantado Diego de Almagro, en su poco exitosa expedición al territorio. Es lo que sostiene en cierta forma también el cronista Rosales, a pesar de creer que el nombre aludiría al cacique aconcagüino Tile. Antes de Almagro, pues, nadie habría llamado Chile al valle o al país.
Sucede que Pedro Cermeño y Juan López, en su declaración titulada "Probanza a instancia del Procurador Mayor de Lima" del  29 de septiembre de 1537, ya comentaban entonces de los repartimientos que Diego de Almagro otorgó "a los que él traía consigo de Chile". Cermeño y López habían formado parte de la expedición de Almagro, haciendo esta declaración a exigencias del procurador mayor de Lima, una vez que retornaron a la capital virreinal.
La identificación del Valle del Aconcagua con Chili o Chille y su relación con Almagro, la establece el propio Pedro de Valdivia en su carta a Francisco Pizarro, el 4 de septiembre de 1545, cuando le comenta adjudicando así a un origen hispano el origen del título:
"Tardé en el camino once meses, y fue tanto tiempo por el trabajo en buscar las comidas que nos las tenían escondidas de manera que el diablo no las hallara; y, con todo, me di tan buena maña, que llegué, con ayuda de Dios, a este valle de Mapocho, que es doce leguas mas adelante de Canconcagua, que el Adelantado (Almagro) llamó el valle de Chili, con perder sino dos o tres que me mataron indos en guazábaras en Copayapu y en el camino...".
Más aún, se mismo día, escribirá al Emperador Carlos V:
"Cinco años ha que vine de las provincias del Perú con provisiones del Marqués y gobernador don Francisco Pizarro a conquistar y poblar estas de la Nueva Extremadura, llamadas primero Chili, y descubrir otras adelante, y en todo este tiempo no he podido dar cuenta a V. M. de lo que he hecho en ellas por haberlo gastado en su cesáreo servicio".
Estos antecedentes acercan a la duda las creencias sobre el origen estrictamente incásico del nombre de Chile o que ya era nombrado de aquella forma entre los incas peruanos antes de la salida de Almagro. Valdivia, que está seguro de ello, escribe otra vez al emperador, el 9 de julio de 1949:
"Habiendo, a imitación de mis pasados, servido a V. M. donde me he hallado y en estas partes de Indias y provincias de esta Nueva Extremadura, dicha antes Chili..."
Y desde Concepción, escribía de nuevo a Carlos V, el 15 de octubre de 1550:
"...pasado el gran despoblado de Atacama, y cien leguas más adelante hasta el valle que se dice de Chili, donde llegó Almagro y dio la vuelta por la cual  quedó tan mal infamada esta tierra".
La teoría del nombre de Chile como mérito directo de Almagro es defendida, entre otros, por Diego Barros Arana en la "Historia General de Chile", y por su detractor Encina en su "Historia de Chile".
El famoso y controvertido mapa del marino turco Piri Reis, del siglo XVI, en donde se verían detalles desconocidos entonces del océano Atlántico y de las costas americanas.
La misteriosa isla fantasma de Brasil al occidente de Irlanda, en trabajo "Tavola Prima" del cartógrafo italiano Urbano Monti, de 1587 (Milán). El caso también ha sido comentado por Hyranio Garbho y presenta claras similitudes con la posibilidad de que el nombre de Chile esté relacionado con la isla de Thule. Fuente imagen: David Rumsey Map Collection.
El mismo Urbano Monti, en su "Tavola Prima" de 1587, relaciona a Islandia con la mítica isla de Tile o Thyle. Fuente imagen: David Rumsey Map Collection.
UNA POSIBLE RELACIÓN CON LA MÍTICA THULE
Es la más reciente de las teorías que se han ofrecido para explicar el nombre del país, además de ser la de connotación más mística y esotérica, según parece. Pertenece al filósofo e investigador Hyranio Garbho y ha sido presentada en sus libros "La Aurora de Chile" y "Los pergaminos del bosque de Neegal". Admito que no he podido tener acceso aún a este último, pero hay algunos artículos publicados por el escritor en la internet, sobre esta misma materia.
Dice el autor que Chile provendría de una voz germánica adoptada después en el habla griega, latín y, desde allí, en el castellano: Tile, Tyle, Thyle y Thule, la mítica capital hiperbórica, suerte de Atlántida boreal y cuna ancestral de los pueblos de origen ario. De ahí también el origen de la Sociedad Thule, enigmático grupo de raíz esotérica de gran influencia sobre el nazismo del III Reich.
Llamada también Thule, Thila, Thylea o Thyïlea, debuta mencionada en el siglo IV antes de Cristo por el explorador griego Piteas de Massalia (hoy Marsella), viajero del mar del Ártico y del Norte de Europa. Él señaló a Thule en el país más septentrional al Norte de Gran Bretaña, en donde el Sol de verano nunca se ponía y en donde existía un fuego perpetuo, probablemente aludiendo a actividad volcánica. Se ha propuesto, por lo mismo, que Thule puede ser Islandia, o alguna isla de las Feroe o de la gran Península Escandinava.
Explica el autor que Thule, en griego antiguo, se escribía como Thyle (llevada a caracteres actuales) y se pronunciaba Zyle, pero al trasladarse al latín se perdió, pasando a ser Thule (cambio del grafema y fonema Y por el de la U). Sin embargo, en el uso siguió existiendo el concepto de Tile o Thile, que aparece por ejemplo en la carta marina de Olaus Magnus de 1539, titulada "Carta marina et descriptio septentrionalium terrarum", dando este nombre a una isla al Sur de Islandia, mientras que Urbano Monti asocia Tile a ese mismo país insular, en su "Tavola Prima" de 1587.
De aquella voz original, Zyle, alusiva al lugar perdido en el septentrión, habría surgido de alguna manera el nombre de Chile acá en el meridión, según esta teoría.
Garbho considera que este nombre para el país puede provenir de tiempos remotísimos, anteriores a los del esplendor indígena del territorio americano, remontándolo a conocidas leyendas de visitas de viajeros nórdicos al continente, teorías desarrolladas por autores como Jacques de Mahieu y Oscar Fonk Sieveking.
Parte del respaldo a esta creencia estaría en las leyendas de lugares encantados que parecen equivalentes al mito de Thule, pero en el territorio chileno. La más importante de todas es, sin duda, la leyenda de la Ciudad de las Césares, llamada también Eldorado de Los Andes, Trapalanda o Elelín, con antecedentes anteriores a los de la famosa expedición del Padre Nicolás Mascardi para tratar de hallarla en algún lugar entre el Reloncaví y el Nahuel Huapi, en 1673.
No está por demás recordar la clase de historias que encendían la ambición y el instinto aventurero de los españoles en aquellos años, contadas por los indígenas y que semejaban mucho a las leyendas europeas sobre territorios míticos como la Atlántida o la propia Thule, dato que será útil al siguiente subtítulo de esta entrada. Algo parecido puede haber sucedido con Brasil y la fabulosa isla británica del mismo nombre, y quizás hasta el surgimiento de la leyenda de El Dorado en Nueva Granada y los territorios amazónicos.
En la carta marina del cartógrafo Olaus Magnus, del siglo XVI, se observa la isla de Tile, que es la misma de Thule o Thyle. Fuente imagen: Ultima0thule.blogspot.com.
Ubicación de Los Césares en la cordillera andina austral, sector Aysén, según el cartógrafo Tomás Jefferys en 1776 (Londres). Fuente imagen: David Rumsey Map Collection.
¿Y SI LA ASOCIACIÓN CON THULE FUERA ESPAÑOLA?
Nos preguntamos si la posible raíz etimológica de Chile con Thyle/Thule propuesta por Garbho, se deba a una denominación dada por los hispanos, que también conocían la leyenda de la isla fabulosa, y no sólo en épocas ancestrales a las que se refería el autor de la teoría.
Se sabe que, en tiempos romanos y medievales, cartógrafos, geógrafos y navegantes hablaban de "la última Thule" para referirse a las territorios desconocidos, más allá de las fronteras conocidas y en los confines del mundo. Tenemos un ejemplo histórico palpable de la aplicación de esta costumbre: las Islas Sandwich del Sur, en el Océano Atlántico, fueron llamadas en su momento Tule del Sur o Tule Meridional, existiendo una de ellas llamada directamente Thule o Isla Morrell.
La asociación con Thyle/Thule podría provenir de la distancia y la marginación geográfica del territorio chileno y de las increíbles leyendas que acompañaron su conquista desde la partida misma de Almagro hacia el Sur, como el mencionado caso de la Ciudad de los Césares. Marginalidad que se prolongó hasta pasada la Colonia, dicho sea de paso, por la situación de la Arauco y la resistencia local.
Los indígenas participaron activamente en Chile de la tradición y difusión de aquellas leyendas tan parecidas a las del mito de Tule, además, lo que pudo haber facilitado la comparación en pleno período de Conquista. Veamos, por ejemplo, lo que escribe el cronista Francisco López de Gómara en su "Historia General de Indias" de 1552, al referirse a la expedición de Valdivia:
"Que oyeron decir los expedicionarios que había un señor dicho Lenchen-Gorma, el cual juntaba doscientos mil combatientes para contra otro rey vecino suyo y enemigo, que tenía tantos, y que Lenchen-Gorma poseía una isla, no lejos de su tierra, en que había un grandísimo templo con dos mil sacerdotes y que más adelante había amazonas, la reina de las cuales se llamaba Guanomilla, que suena 'cielo de oro', de donde argüían muchos ser aquella tierra muy rica; pero no tendrá mucho oro, empero que digo yo, pues no han visto las amazonas, ni el oro, ni a Lenchen-Gorma, ni la isla de Salomón que llamaron por su gran riqueza".
Sólo tres años después, Zárate decía en su "Historia del descubrimiento y conquista del Perú":
"Adelante de Chile (valle de Aconcagua) en 38 grados de la línea, hay dos grandes señores que traen guerra el uno contra el otro, y cada uno saca en campo doscientos mil hombres de guerra; el uno de ellos se llama Leuchengorma, que tiene una isla de dos leguas de tierra firme (algunos suponen es Quiriquina), dedicada a sus ídolos, donde hay un gran templo que lo sirven dos mil sacerdotes".
Aunque comenta también que ni Almagro ni Valdivia confirmaron esta historia, el mismo cronista habla de la reina Gaboinilla, que vive en una comunidad de amazonas: una villa de sólo mujeres en la Araucanía, "que no consiente hombres consigo más allá del tiempo conveniente a la generación". El mito claramente estaba activo durante la conquista, según lo reflejan estas crónicas. Además, sí existió un cacique llamado Leochengo, poseedor de un territorio entre el Biobío y la Isla Quiriquina, según se enteró Valdivia, por lo que sí parecen haber elementos reales en la fábula.
Por todo lo anterior, no sería nada exagerado ni descabellado suponer como algo muy posible que Chile, dada su ubicación geográfica continental y en la dispersión con que se dio la conquista hispánica de América, además de la clase de mitos ambiciosos circulantes que no encontraron satisfacción en este territorio carente de fortunas, haya podido ser asociado precisamente a tal concepto derivado de la mítica y fantasmal Tule o Thile (Zyle).

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