viernes, 18 de mayo de 2018

EL MONUMENTO A LOS HÉROES DE IQUIQUE EN VALPARAÍSO (PARTE II): CONSTRUCCIÓN Y CARACTERÍSTICAS DE LA OBRA EN LA PLAZA SOTOMAYOR

Postal fotográfica coloreada del monumento y la plaza, hacia 1910.
Coordenadas: 33°02'17.9"S 71°37'41.7"W
Ya vimos en la entrada anterior (primera parte de este doble artículo) cómo se gestó la idea de levantar el Monumento a los Héroes de Iquique que se encuentra en la Plaza de Sotomayor de Valparaíso, idea que explotó en el entusiasmo ciudadano con la llegada misma al puerto de las noticias sobre la doble epopeya naval de los capitanes Arturo Prat y Carlos Condell, del 21 de mayo de 1879.
Con el financiamiento para la obra conseguido gracias a las campañas de las comisiones y ya elegida en Europa la propuesta del escultor Denys Pierre Puech para el gran monumento a los héroes de Iquique en Valparaíso, se iniciaron los trazados de planos para la obra y la compra de los materiales que darían forma al singular conjunto conmemorativo.
Dijimos también que el sitio escogido para el monumento fue el que ocupaba hasta entonces el edificio de la Bolsa del Comercio, demolido para iniciar las obras y despejar la Plaza de la Intendencia, rebautizada poco después como Sotomayor en recuerdo del Ministro de Guerra fallecido en el teatro de operaciones de la Guerra del Pacífico, don Rafael Sotomayor Baeza, en 1880.
La primera piedra se colocó allí el 18 de septiembre de 1885, día de las Fiestas Patrias. El intendente y veterano de la Guerra del Pacífico, Domingo de Toro Herrera, ofreció un gran discurso ante todos los presentes, miembros de la comunidad civil, militar, política y religiosa de Valparaíso. También tomaron la palabra el Contraalmirante Luis Uribe Orrego, héroe sobreviviente de Iquique, don Víctor Romero Silva, el Contraalmirante Juan Williams Rebolledo y el secretario de la comisión del monumento, Larraín Zañartu.
En el hueco de la primera piedra, fue colocado el siguiente texto correspondiente al "Acta" de inicio de los trabajos:
"En esta ciudad de Valparaíso, a dieciocho días del mes de septiembre y en el año mil ochocientos ochenta y cinco, y septuagésimo quinto aniversario de la independencia de la República de Chile, siendo Presidente el Excmo. señor don Domingo Santa María, e Intendente de la provincia, Comandante General de Armas y Comandante General de Marina el señor Domingo de Toro Herrera, se colocó oficialmente y con toda solemnidad la primera piedra de este monumento, destinado a conmemorar eternamente las proezas ejecutadas por la marina nacional y a glorificar especialmente al capitán ARTURO PRAT y sus compañeros de armas, que en el desigual combate sostenido en las aguas de Iquique el 21 de mayo de 1879, prefirieron rendir su vida y sumergirse con su gloriosa nave, la Esmeralda, antes que abatir el pabellón de la República.
Al colocarse en este gran día la piedra angular de tan glorioso monumento, la ciudad de Valparaíso tiene un alto honor en hacerse el eco del sentimiento nacional al tributar su homenaje de gratitud a los héroes que se sacrificaron por la patria y llegaron a la posteridad heroico ejemplo de honor, deber y patriotismo.
En fe de lo cual se levantó la presente acta, que firmaron el señor Intendente y los representantes de la marina, pueblo y municipio de Valparaíso, cuyos nombres van a continuación".
Una plancha de bronce adosada a la piedra que acompañaba al acta y que había pertenecido a la corbeta "Esmeralda", obsequio del Círculo Naval, tenía inscrito el siguiente mensaje que hacía compañía a la primera piedra:
"XXV.° aniversario de la independencia DE CHILE. El 18 de septiembre de 1885 se colocó la primera piedra del monumento elevado por el pueblo y Gobierno de Chile a las glorias de la Marina Nacional simbolizadas por el capitán ARTURO PRAT Y SUS COMPAÑEROS DE COMBATE EL 21 DE MAYO DE 1879. Siendo presidente de la República el Excmo. señor don DOMINGO SANTA MARÍA y Comandante General de Marina el señor don Domingo de Toro Herrera".
Las obras fueron intensas y continuas a partir de este período y por los meses que siguieron, en el último año de gobierno de Santa María, mientras se construían en Francia los bronces y piezas que iban llegando de a poco en los vapores del Atlántico. Se trajeron varias toneladas de piedra marmórea italiana para las bases, escalinatas y templete del conjunto, trabajadas por maestros canteros chilenos, iniciándose así las afanosas labores de construcción del zócalo.
Puech se encargó de confeccionar en Europa las figuras del Capitán Arturo Prat, del Teniente Ignacio Serrano y el Marinero Desconocido, primer personaje identificado así en la historia de la ornamentación pública chilena y que representa a todos los caídos no retratados. Virginio Arias, por su parte, se encargó de crear las figuras del Guardiamarina Ernesto Riquelme y del Sargento Juan de Dios Aldea. Se esculpieron también los bajorrelieves de los combates navales de Iquique, Punta Gruesa, Arica y Angamos, que se encuentran en las caras del plinto. Los planos planos y bosquejos para la arquitectura fueron obra principalmente de Diogène Ulysse Maillart, colaborador de Puech desde presentado el proyecto a la comisión en París.
El espectacular conjunto fue concluido hacia inicios de 1886, aunque sería inaugurado el 21 de mayo, para hacerlo coincidir con la efeméride de la gesta, en medio de una apoteósica celebración pública que atrajo a enormes multitudes y motivó la decoración festiva de toda la ciudad de Valparaíso.
Aquel día, la Plaza de la Intendencia mostraba una gran cantidad de banderas y banderines cruzándola de lado a lado. Se dispusieron tribunas para las comisiones y delegaciones que llegaron a partir de las 12.30 horas. El edificio del Círculo Francés había sido engalanado bellamente para la ocasión, pues a pesar de las diferencias que hubo entre Chile y los intereses franceses durante la Guerra de 1879 (Francia era uno de los principales acreedores de Perú y, por lo tanto, muy interesado en que se lograra el triunfo aliado), sus hijos en el país sentían con gran orgullo la participación de los artistas franceses en la creación y producción de este monumento. Desde todos los balcones y ventanas alrededor de la plaza, además, asomaban personas celebrando el encuentro.
Cerca de 20 mil concurrentes repletaban la explanada, donde ya no cabía un palillo. Los primeros en entrar a la plaza fueron los representantes del Estado Mayor, con el Coronel Viel a la cabeza, seguidos de la guardia de honor con los estandartes y escoltas. A continuación vinieron los Generales Manuel Baquedano y Cornelio Saavedra, y los alumnos de las escuelas públicas marchando en desfile y tenida militar. Las alumnas se ordenaron al pie del monumento para cantar el Himno Nacional, uniformadas en trajes blancos y gorras del mismo color. Siguieron los cadetes de la Escuela Naval, formando la guardia de honor alrededor del monumento, y un gran contingente del Regimiento Buin 1° de Línea, del Pisagua 3° de Línea y todo el contingente del Cuerpo de Bomberos de Valparaíso, además de las comisiones enviadas desde la capital.
El acto oficial comenzó hacia las 13.30 horas de ese día, con la llegada del Presidente Santa María. La canción nacional comenzó a ser entonada hacia las 14 horas por el coro de alumnas, y el mandatario cortó las cintas inaugurales haciendo descubrir el conjunto, al coger las drizas de las banderas que cubrían las cinco estatuas, dejándolas a la vista para la contemplación y admiración ciudadana. El acorazado "Cochrane" de la Armada de Chile, la artillería cívica y la del Fuerte Bueras, lanzaron tiros de salva para honrar el momento con los estruendos, ante la ovación general del público.
Entonces, Santa María dio un elocuente discurso transcrito íntegramente por Justo Abel Rosales en "La apoteosis de Arturo Prat y de sus compañeros de heroísmo" (1888):
"Alza el pueblo de Valparaíso este monumento, no para perpetuar el recuerdo de dolorosas contiendas entre naciones hermanas, que mediante comunes esfuerzos nacieron, casi en el mismo día, a la vida libre, sino para conmemorar hazañas que constituyen el legítimo orgullo de la República y forman, a la vez, la gloriosa genealogía de nuestra marina de guerra. Las generaciones venideras sabrán también, por este medio, que es una elocuente enseñanza, que nuestros marinos, para conseguir la independencia de la patria, no conocieron otro camino que el de la audacia y que para salvar más tarde la honra nacional comprometida, no han andado por otro que por el del heroísmo.
No es monumento de vanidad nacional el que descubro en este momento y entrego al respeto público. Los pueblos sólo levantan monumentos de esta clase cuando se sienten obligados a pagar deudas de gratitud a sus mejores servidores, o a enaltecer como acontece hoy, las más renombradas virtudes cívicas; y únicamente los presentan como conmemorativos de frívolos sucesos o de baja adulación cuando una debilidad moral, que entristece y anonada el patriotismo, se ha apoderado del corazón de ellos. Esta enfermedad vergonzosa, que tan sólo asoma cuando decae o desaparece todo sentimiento generoso, no invadirá, estamos seguros, las entrañas de la patria. Los monumentos que ostentaremos más tarde en nuestras plazas y lugares públicos no acusarán jamás una triste debilidad de nuestro espíritu. El que hoy tenemos a la vista refleja, bien lo sabéis, la luz del más puro y del más ardiente patriotismo, y servirá siempre de guía para señalar el único camino que pueden andar nuestros marinos, y cuyo último término consiste en mantener al tope la enseña nacional y hundirse con ella en las profundidades del mar antes que entregarla rendida al enemigo.
Si admiramos a Prat y a los que con él asaltaron la cubierta del Huáscar, no debemos admirar menos a los que, pudiendo entregar la nave sin reproche alguno, se mantuvieron fríos e impávidos hasta disparar, sin esperanza alguna de vida, el último cañonazo, y sin más aspiración que la de salvar del cautiverio la bandera nacional. El mar era el seguro sepulcro que se abría para ellos..
Esta manera de comenzar una guerra, en respeto de las tradiciones de nuestra marina, trazó la senda que, con no menos aliento, debería recorrer nuestro ejército. En la Concepción, reflejo del combate de Iquique, nuestros soldados perecieron todos ellos encerrados en su cuartel, manteniendo izado y batido por el viento el pabellón que los cubría.
Tiene nuestra marina dos épocas: la de su nacimiento, cuando se inició la revolución de la independencia; y la de su verdadera y más sólida organización, cuando comenzamos a impulsar nuestro progreso y afianzar nuestra vida constitucional y legal.
En la primera, el amor a la libertad suplió lo que nos faltaba en elementos materiales. Montamos entonces débiles barcos, apresamos naves que podían considerarse como el juguete de los poderosos navíos contrarios, y a pesar de ello, nuestros marinos, incipientes todavía y sin escuela preparatoria, pero guiados y alentados por lord Cochrane, en cuyo pecho cayó la ambición era tan grande como la audacia, se hicieron dueños del Pacífico, se apoderaron de las naves enemigas, llevaron el espanto y la admiración al Callao y clavaron valientemente el pabellón nacional en las márgenes de Valdivia, sin tomar en cuenta los poderosos fuertes que la defendían.
¿Qué hazaña quedó entonces por hacerse? Esta primera página de nuestra historia marítima, tan brillante como atrevida, trazada por el genio de Cochrane y el valor chileno, ha constituido un compromiso para nuestros marinos, compromiso que lealmente han cumplido, agregando otras páginas que refieren iguales o mayores proezas, que aumentarán el brillo de nuestras glorias navales.
Nuestra marina no ha torcido el rumbo, ni llegado a bajíos que la hayan hecho zozobrar. Obediente a la ley y sometida siempre a sus preceptos, no se ha desviado jamás del cumplimiento del deber, ni hecho otra cosa que ser la fiel depositaria de las enseñanzas de nuestros mayores.
Por eso cuando un Ministro español, no España, que tan altiva como generosa, volvió en años no muy apartados a buscarnos injusta querella, nuestros marinos no enflaquecieron de espíritu, no obstante ser tan notorios el poder y la superioridad de las naves que amagaban nuestros puertos. No muchas millas de aquí se trabó un combate en que el barco contrario, defendido por alentados pechos españoles, se declaró vencido.
Principiada nuestra última guerra, nuestros marinos no se amilanaron por el número y poder de las naves con que habrían de combatir; y cuando el enemigo, aprovechándose de nuestra escasa fuerza en Iquique, creyó hacer fácil presa de la Esmeralda y de la Covadonga, que solas habían quedado allí, encontró una porfiada resistencia y la incontrastable resolución de morir antes que rendirse. En esta lucha, sin el éxito no era dudoso, la muerte era todavía más segura.
No era humanamente posible resistir con dos barcos pequeños, viejos, de madera y casi inhábiles para la navegación, al violento empuje de los poderosos blindados.
No podía haber contienda entre la Esmeralda y el Huáscar, entre la Independencia y la Covadonga, y no obstante esta desventajosa situación, la lucha se trabó, bien que con notable desigualdad, y entonces fue cuando arrebatado Prat y seguido de sus compañeros, saltó con ellos, sable en mano, sobre la cubierta del enemigo, resuelto a batirse allí y dar la vida antes que entregarse vencido; y cuando Uribe, que había sucedido a Prat en el mando, no menos impávido, mandó disparar el último cañonazo, y se hundió con los que aún sobrevivían de aquella espantosa hecatombe.
Todavía en este cuadro figura la Covadonga que, guiada por Condell, desafía el poder de la Independencia, la perturba en su rumbo, la hace zozobrar y la bate y la rinde. No busquemos el paralelo entre hazañas semejantes.
Nuestra marina, como lo veis, se mantiene fiel a sus honrosos antecedentes, y este monumento responde a la verdad del hecho.
Prat, desprendido su nombre de la idea de una guerra americana, simboliza el amor a la patria convertido en culto religioso, y el valor elevado al heroísmo. El monumento coronado por su estatua tiene, por consiguiente, la misma significación.
El pueblo de Valparaíso ha querido colocarlo en la portada de la activa y laboriosa ciudad, que a nadie interroga por su nacionalidad, sino por capital o industria, para que advierta a los que entran que en este país el amor a la patria es un sentimiento que todos acariciamos y para que recuerde a nuestros marinos y soldados, cuando alguna vez salgan en defensa de la honra nacional, que nuestra bandera no debe arriarse vencida, y que cuando no se la puede hacer flamear victoriosa, habrá de ser quemada en la unión de los que defiendan, como en la Concepción, o hundirse con ella en las concavidades del mar, como en la bahía de Iquique".
Otros que tomaron la palabra aquella tarde, fueron el Ministro de Guerra y Marina don Carlos Antúnez, el Intendente Toro Herrera, el representante del Senado don Adolfo Valderrama, y el diputado suplente de Valparaíso don Agustín Montiel Rodríguez.
Los primeros en depositar la ofrenda floral del monumento, iniciando la tradición de todos los 21 de mayo en el puerto, fueron los representantes del Cuerpo de Bomberos de Valparaíso, seguidos de todas las demás delegaciones. La jornada continuó con desfiles y homenajes florales para los héroes de Iquique.
Originalmente, el conjunto fue presentado a la ciudadanía con el nombre de Monumento a la Marina Nacional, pero el uso popular y la costumbre lo fueron convirtiendo en el Monumento a los Héroes de Iquique o Monumento al 21 de Mayo, algo inevitable dadas las grandes celebraciones que allí tienen lugar cada año en esta importante fecha de la historia de Chile.
Describiendo al monumento, la figura de Prat en bronce mide cinco metros y alcanza cerca de 17 ó 18 metros de altura. Se encuentra en la cúspide del conjunto de estilo neoclásico y románico, alzando su espada y en una de las posiciones que la iconografía histórica lo ha inmortalizado: espada en mano, resguardando la integridad de la bandera, como representación simbólica de su salto y sacrificio en el monitor "Huáscar" y exaltación de la rectitud moral que siempre se le ha adjudicado al personaje.
La ubicación de la efigie de Prat, sobre un frontón con su nombre inscrito en él, está sostenida por cuatro columnas que forman el nivel intermedio, de orden dórico. Al centro de estas columnas, en la cara principal, se lee la célebre arenga de Prat bajo un Escudo Patrio (muy comentado por el parecido a un caballo de su huemul tenante, algo no inusual en esos años) estilizado con rizos y un ancla:
"MUCHACHOS LA CONTIENDA ES DESIGUAL. NUNCA SE HA ARRIADO NUESTRA BANDERA ANTE EL ENEMIGO Y ESPERO QUE ESTA NO SEA OCASIÓN DE HACERLO. MIENTRAS YO VIVA ESA BANDERA FLAMEARÁ EN SU LUGAR Y SI YO MUERO MIS OFICIALES SABRÁN CUMPLIR CON SU DEBER. ¡VIVA CHILE!".
Las otras caras llevan los nombres y cargos de caídos en la "Esmeralda" y la "Covadonga", que se suman a los más de 80 inscritos también en el nivel del zócalo. Y al pie de este nivel intermedio, se lee también la inscripción: "21 DE MAYO 1879. A SUS HÉROES MÁRTYRES" al frente; y "LA PATRIA RECONOCIDA" en la parte posterior. Este nivel está rodeado por ménsulas o cubos con las gallardas estatuas en bronce de Serrano, Riquelme, Aldea y el Marinero Desconocido, todos ellos en proporción y actitud heroica, con cerca de 3 metros de altura cada uno.
El nivel inferior del monumento es una sólida estructura basal, en la que está la verja artística de metal que rodea al conjunto, con el mismo diseño barroco y quizás algo de art nouveau de los postes de luminarias originales. Este zócalo esdecorado con frisos de base y frisos de coronación. El intermedio está adornado por una banda de puntos de diamante.
En los subterráneos de esta mole, a los que se accede a través de compuertas metálicas a ras de suelo, se encuentra la bóveda de la cripta habilitada desde 1887 a las sepulturas de los héroes, donde están los restos de Prat, Serrano, Aldea, Condell y otros oficiales del 21 de mayo. Preferiríamos hablar más adelante de este significativo mausoleo, por tratarse de un valioso sitio con su propia identidad, historia y valor patrimonial a pesar de formar parte del mismo conjunto conmemorativo. Quizás lo presente en una futura tercera parte de este artículo, aviso desde ya.
Fuera de los grandes cambios en la Plaza Sotomayor, el Monumento a los Héroes de Iquique ha sufrido ciertas modificaciones con el correr de las décadas, desde su inauguración hasta nuestros días. Se retiraron los cañones que alguna vez fueron parte del conjunto, por ejemplo, y los jardines verdes desaparecieron con sus flores y palmeras al volverse plaza dura toda la explanada. Sólo un tímido césped en el perímetro interior de la verja mayor, intenta combatir la aridez allí. También se agregaron focos de iluminación desde la base, que resaltan el esplendor artístico del conjunto y las grandes proporciones de la obra, durante las noches.
Cabe comentar, por cierto, que el deseo de la ciudad de Santiago de tener su propio monumento para Prat y los héroes de la corbeta "Esmeralda" nunca se extinguió, a pesar del cambio de planes que puso al conjunto conmemorativo en la Plaza Sotomayor de Valparaíso. Este deseo se vio satisfecho recién en 1962, con la inauguración del grupo conmemorativo casi enfrente de la Plaza del Mercado Central, junto al río Mapocho, lugar de las celebraciones en la capital tanto del aniversario del combate como de las tradiciones marinas ligadas al 21 de mayo.
Hasta hoy, el conjunto de Valparaíso es el centro de las grandes celebraciones del 21 de mayo en Valparaíso, que hasta hace poco tiempo coincidían con la cuenta pública de la Presidencia de la República en el Congreso Nacional. Es, además, uno de los puntos imperdibles para el turismo en el puerto. Sus figuras se volvieron importantes y referentes en la iconografía histórica nacional, tanto así que, en 1977, se usó el mismo diseño del personaje anónimo en el conjunto hecho por Puech, para la estatua de bronce del Monumento al Marinero Desconocido de Punta Negra, en Iquique frente a la rada y a la boya "Esmeralda".
El 21 de mayo de 1978, un año antes del centenario de los combates, se instaló una gran losa con la llama memorial rodeada por pequeñas cadenas y postes dorados, frente al acceso peatonal a la terraza del monumento, con la siguiente inscripción:
"ESTA LLAMA SIMBOLIZA EL ESPÍRITU DE PRAT Y LOS HÉROES QUE OFRENDARON SUS VIDAS POR LA GRANDEZA DE CHILE. QUE SU RESPLANDOR TE HAGA MEDITAR Y SENTIR ORGULLO DE SER CHILENO. 21 DE MAYO 1978".
La Plaza Sotomayor y todos sus elementos, fueron declarados Zona Típica el 23 de enero del año siguiente, como preparativo para las celebraciones del centenario de la gesta de Iquique. Muchas mejores y restauraciones ha experimentado desde entonces, para bien. Y en el año 1998, durante los trabajos realizados en la plaza justo por el sector donde antaño estaba el Monumento a Lord Thomas Cochrane (trasladado a otro lado de Valparaíso), se encontraron los restos de la antigua primera "Esmeralda" de las guerras de Independencia, convirtiéndose en museo de sitio, cercano al conjunto conmemorativo de los héroes de Iquique.
Durante el año 2013, el Centro de Estudios Patrimoniales de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, con el apoyo del Consejo de Monumentos Nacionales y la Ilustre Municipalidad de Valparaíso, restauró a petición de la Armada de Chile, la fachada del edificio de la institución y el Monumento a los Héroes de Iquique, manteniendo el pulcro y radiante aspecto que se conserva hasta ahora en el mismo.

2 comentarios:

  1. como siempre muy acabada la información...creo alguna vez haber visto fotos de la construcción, he buscado y no encuentro...sabes donde es posible encontrarlas?

    ResponderEliminar
  2. La inforción como siempre con muchas fuentes y muy amena...creo haber visto fotos de la construcción del monumento pero he googleado y nada...sabes donde se pueden encontrar?

    ResponderEliminar

Gracias por dejar su opinión en nuestro blog de URBATORIVM. La parte final de todas estas historias las completan personas como Ud.

Residentes de Blogger:

Residentes de Facebook