jueves, 8 de marzo de 2018

RECUERDOS PERDIDOS DE CALLE 21 DE MAYO: EL CEMENTERIO COLONIAL DE LOS AJUSTICIADOS Y LOS DESPOSEÍDOS Y LA CAPILLA DE LA CARIDAD

Capilla de la Caridad, probablemente hacia en 1900. Fuente imagen: "Catástrofes de Chile: álbum de prensa de antaño", de Carlos Lanza Lazcano.
Coordenadas: 33°26'07.2"S 70°39'00.1"W
Hace un mes, publiqué acá algo sobre el enorme e insalubre Basural de Santo Domingo, que existió a espaldas del convento del mismo nombre en la capital chilena y cuya inmundicia llegó hasta casi una cuadra y media de distancia de la Plaza Real o Plaza de Armas de Santiago de Chile, durante gran parte de la época colonial.
El terreno principal que antaño ocuparon estos desperdicios en la ribera del río Mapocho, fue utilizado después para instalar el Mercado de Abastos y, actualmente, por el Mercado Central. Sin embargo, casi en las puertas de los basurales del gran vertedero colonial, por la actual calle 21 de Mayo, existió alguna vez también un pequeño cementerio para los desposeídos y los ajusticiados, con una capilla religiosa de singulares características. Nada queda de ellos a la vista, en nuestros días; ni siquiera algo que allí las recuerde.
A la sazón, calle 21 de Mayo era llamada peyorativamente como la Calle que va al Basural o, más sencillamente, la Calle del Basural, ya que había en ella parte de la mala fama del infeccioso botadero al que se llegaba con sólo unos pasos por la misma vía. Antes, se le había llamado Calle del Contador Azócar o simplemente Calle de Azócar, por la residencia que tenía en ella hacia 1616, el distinguido vecino Antonio de Azócar.
Posteriormente, en una plazoleta (ubicada en el lugar en donde estaría después el cementerio y la capilla de nuestra atención) y en locales situados en la estrechez de la vía por el lado de los contrafuertes del templo de Santo Domingo, se establecieron las primeras ventas formales de pescado y marisco en la ciudad de Santiago, razón por la que pasó a ser ahora la Calle de la Pescadería, nombre que le dio espontáneamente el pueblo. Hasta entonces, había sido motejada también como la Calle Atravesada de Santo Domingo o la Atravesada de los Domínicos, entre otros efímeros nombres.
El modesto camposanto del que hablamos se situaba en el costado oriente de la misma calle, en un sitio entre Santo Domingo y Rosas (esta última, por entonces sólo llegaba hasta Puente, detenida por la propiedad de los domínicos), enfrente de los murallones del convento y del templo de Santo Domingo. Era un lugar de recogimiento pero también de temores, pues comenta Sady Zañartu en "Santiago calles viejas" de las macabras procesiones que pasaban por allí, con los cuerpos de ajusticiados rumbo a este denominado Cementerio de la Caridad, haciendo convivir el comercio establecido con estas escenas más tétricas de la vida y la muerte en la ciudad.
Detalle de un plano del Santiago del siglo XVIII, con la Calle de la Caridad señalada, de la Biblioteca Nacional. El número 48 señala "El Campo Santo" (cementerio), el 5 la Iglesia de Santo Domingo, el 24 al Convento de las Monjas Claras (de ahí el nombre de calle Monjitas) y el 44 la "Pila en la Plaza Mayor" (Plaza de Armas), pieza visible hoy dentro del Palacio de La Moneda.
Cuadra en donde se ubicaba la Capilla de la Caridad y sus antiguos terrenos del cementerio (realzada en rojo), en la maqueta de Santiago de la primera mitad del siglo XIX del Museo Histórico Nacional. Vista de Norte a Sur (Plaza de Armas arriba, río Mapocho abajo).
Había sucedido que Santiago creció vertiginosamente y los crímenes lo hacían también, proporcionalmente al aumento de la población y los barrios. Los indigentes, los abandonados y los ejecutados bajo el rigor de horca o la bellaquería del puñal ya eran muchos, por lo que, hacia 1720, el Gobernador Gabriel Cano y Aponte tomó la decisión de construir para los despreciados por la vida aquel cementerio con capilla propia, en un espacio donado por el filántropo Manuel Jerónimo de Salas y Puerta, español oriundo de Colindres y, a la sazón, Corregidor de la ciudad de Santiago de Chile.
El terreno estaba situado en el mismo sector de la cuadra que usaron las tiendas de pescado, casi al final de lo que era por entonces la misma calle de sólo una cuadra larga y que era considerada una mera prolongación de la Calle del Rey, hoy Estado, más allá de la plaza central. Su sencillo templito sería conocido como la Capilla de la Caridad, y en su fundación participaron los miembros de la Cofradía de San Antonio de Padua, asociados a la responsabilidad del servicio que incluía, entre otras cosas, adoctrinar a los presos en la cárcel y orar por los abandonados que llegaran allí a reposar sus huesos.
Los patios de entierros fueron inaugurados en tal uso el 9 de julio de 1726, al ser llevado hasta allá su primer ajusticiado, en procesión con alguaciles y toque de cajas, formando una caravana funeraria. El sujeto ejecutado había sido un borrachín pendenciero y violento que solía hacer ostentaciones con su cuchillo y desafiar al resto a trabarse en contiendas cada vez que estaba ebrio, según comenta Zañartu, hasta que un día no pudo volver a su oscura guarida, fue capturado y debió pagar por varios muertos llevados a cuestas.
Habilitado así y tan generosamente este "enterradero" para la sepultura cristiana de los pobres, los desposeídos y los criminales ajusticiados, entonces, el gesto y su presencia próxima a la Iglesia de Santo Domingo, le valieron a la calleja el nuevo y mejor nombre de Calle de la Caridad, según anotan autores como Luis Thayer Ojeda en su "Santiago de Chile: origen del nombre de sus calles".
Sin embargo, la vía pasó a ser llamada también como la Calle de la Nevería, por el único local de venta de nieve, hielo y helados que existió por cerca de medio siglo en el Santiago de entonces, ubicado en el mismo sector comercial pero más cerca de la Plaza de Armas, a media cuadra de ésta, sobre la acera poniente. Esa nieve era traída en carretas desde la cordillera del primitivo sector Las Condes, tarea de mucho sacrificio y con buena pérdida del material en el camino, por lo que era un producto de interés popular aunque no muy económico.
La Capilla de la Caridad en el Plano de Santiago de Ernesto Ansart, de 1875. La relación Norte-Sur está invertida y, a la sazón, la actual calle 21 de Mayo era considerada en planos como éste sólo una prolongación de la Calle Estado (ex Calle del Rey). Se observan dos patios principales dentro del recinto.
Detalle del Plano General de Santiago e Inmediaciones, de Nicanor Boloña, de 1911, con la Capilla de la Caridad ya hacia sus últimas décadas.
El nombre de Calle de la Nevería sería aquél con el que terminó siendo conocida por más tiempo la misma calle en donde estaba la capilla, de hecho, antes de la denominación actual 21 de Mayo.
El templo y el cementerio estuvieron en uso cerca de un siglo, prolongándose quizás hasta un tiempo después de la Independencia. Sin embargo, es de suponer que su empleo como lugar de sepultura ya estaba totalmente cesado con la creación del Cementerio General en diciembre de 1821 y la habilitación de sus fosas, al igual que sucedió con el cementerio de la calle Santa Rosa.
Hacia esos mismos años, cerca de una centuria completa después de construido, el recinto fue convertido en un taller para las huérfanas, a cargo de la sociedad apostólica Hermanas de la Caridad de San Vicente de Paul, mejorándose el templo, ampliándolo y dándole más elegancia con el correr de los años.
Durante la Intendencia de Benjamín Vicuña Mackenna, se restauró la capilla completamente gracias al aporte financiero de una devota que pidió mantener en reserva su nombre, con una silenciosa y discreta ceremonia de reapertura hecha el 16 de julio de 1873. Aquel día, se la consagró al servicio divino y, según anotó Vicuña Mackenna en la memoria de ese año -primera de su administración municipal- titulada "Un año en la Intendencia de Santiago", la antigua capilla "es ahora un verdadero relicario de arte y magnificencia".
Esta intervención dejó al templo con el majestuoso aspecto gótico que resultó serle definitivo y que conservó hasta sus últimos días, siendo considerado desde entonces una iglesia más en valor y servicios ofrecidos para la ciudad. En parte del terreno correspondiente al de sus antiguas sepultaciones, además, se conservaron al menos dos pequeños patios interiores, manteniendo así el aspecto colonial y solariego en parte del conjunto.
Pocos años después, hacia los tiempos de la presidencia de José Manuel Balmaceda y celebrando a los Héroes de Iquique en la recientemente concluida Guerra del Pacífico, la Calle de la Nevería fue rebautizada formalmente como 21 de Mayo, nombre que mantiene hasta ahora, mientras que la cercana Calle de las Ramadas (así llamada por sus muchas chinganas en el pasado) recibió el nombre de Esmeralda, en homenaje a la heroica corbeta relacionada con la misma fecha epopéyica. De esta manera, la dirección formal de la Capilla de las Hermanas de la Caridad fue, desde entonces, calle 21 de Mayo 667.
Vista de los tradicionales locales de venta de lanas, en calle 21 de Mayo hacia el Sur, sector del antiguo Cementerio de la Caridad.
Fuente de aguas de la punta de diamante entre 21 de Mayo y Diagonal Cervantes. Atrás a la derecha, se observan parte de los murallones del templo de Santo Domingo y el edificio art decó que hace esquina con Rosas; a la derecha de la fuente, la punta del edificio comercial propiedad de la Congregación de Hermanas de la Caridad.
Copetudos grupos familiares se unieron con los matrimonios de sus miembros celebrados en la misma capilla, como el jurista y hombre público Osvaldo Vial Lastra, cuando la eligió para desposar allí a doña Trinidad Vial Ugarte, en junio de 1887. La misma elección habrían hecho para su matrimonio don José Manuel Errázuriz Salas y doña  Luisa Dávila Bulnes, en junio de 1900. Todavía era usada para alegres y ostentosos matrimonios entre 1920 y 1925, razón por la que Zañartu comenta recordando su pasado como cementerio:
"El contraste necesitó dos siglos de gestación, y los felices desposados que ayer salieron del templo, bajo el arco de rosas de la marcha nupcial de Mendelsohn, para comenzar la vida, ignoraron que allí era donde antes ésta terminaba".
Quizás por el patronato rector de San Antonio de Padua, santo aliado de los buscadores de parejas, fue casi una moda el contraer el sagrado vínculo en su altar. Las monjas de la Caridad entendieron que podían explotar astutamente esta atracción de su casa y, desde los inicios de esta tendencia en la sociedad chilena, ofrecían sus reputadas tortas de novios y también de bautizos, además de exquisitos confites de castañas o chaguales, pasteles y cotizadas empanadas de días domingos, productos que se vendían a los clientes haciendo largas filas para adquirirlos en cada salida de hornos y cocinas, más de una al día.
Las monjas permanecieron en la capilla hasta 1927, dejando a partir de entonces la iglesia y el convento, pero propietando el edificio comercial que para régimen de arriendos que se construiría después allí en lo que quedó de la vieja manzana. Según entendemos, uno de los últimos matrimonios que tuvo lugar con su presencia en la capilla, se realizó en agosto de ese mismo año entre doña María Ortúzar Riesco y don Ricardo Aránguiz Cerda, miembro de un prestigioso clan de empresarios agricultores.
El tiempo había transcurrido raudo hasta entonces y las urgencias de la ciudad requerían de intervenciones agresivas en el lugar, como el ensanchamiento de la calle 21 de Mayo y, después, la apertura de otras vías comprometiendo el lugar del templo.
Ya no parece haber estado en con buenas proyecciones de conservación el sector de la calle en donde estuvo la capilla, hacia 1934, cuando el arquitecto y urbanista Karl Brunner propuso su primer proyecto para la regulación vial y urbana de Santiago, seguida de otro en 1939 con carácter más definitivo. En ellos, si bien dejaba atrás los romanticismos de influencia haussmanniana que mantuvieron trabados por décadas al ingenio de los urbanistas nacionales cercanos al Centenario, rescataba el uso de calles angulares, como fue la propuesta de la vía Diagonal Cervantes, precisamente.
Punta de diamante y fuente de aguas: a la izquierda, calle 21 de Mayo; a la derecha, calle Diagonal Cervantes.
Vista desde la mitad de la primera escuadra de Diagonal Cervantes hacia la Iglesia de Santo Domingo y sus torres, sector en donde estuvo el "enterradero" y los patios de la capilla.
Cabe observar que la ubicación de dicha diagonal, enfilada de un lado con la vista al Cerro San Cristóbal desde la orilla del río Mapocho (visión bloqueada hoy en día, por la construcción de dos torres en el lado chimbero), y con el edificio-esquina de la Iglesia de Santo Domingo en el otro, fue la razón final para la gran modificación de la manzana en que había estado el cementerio de los ajusticiados y ahora los restos de la capilla, desapareciendo con la rotunda transformación de las cuadras para cumplir con este proyecto.
Así las cosas, Diagonal Cervantes fue abierta desde la conjunción de Santo Domingo con 21 de Mayo hasta la de Ismael Valdés Vergara con  San Antonio, quedando concluida hacia la década del cincuenta, con la construcción de los edificios de los extremos que dan hacia el lado del río Mapocho, ambos por parte de la Empresa Delta y proyectos del arquitecto Enrique Camhi. El terreno del antiguo templo y sus exsepulturas, en tanto, quedó disuelto en la punta de cuadras que forma la diagonal en su extremo Sur-Poniente, casi enfrente del tramo final del muro con estribos y contrafuertes de la Iglesia de Santo Domingo, por 21 de Mayo.
Desconozco cuántas veces habrán podido aparecer restos humanos en las muchísimas obras que se han hecho en estas cuadras, incluyendo la construcción de la calle angular, las aperturas de galerías, los edificios nuevos y hasta estacionamientos subterráneos, en tiempos más recientes. De acuerdo a la información que conozco, durante el año 2016 hubo cierta atención del Consejo de Monumentos Nacionales por la aparición de restos de valor antropológico y arqueológico hallados por el lado de Diagonal Cervantes, en la parte posterior de lo que pudo ser el antiguo cementerio, aunque carezco de más detalles al respecto.
Una simpática fuente de aguas con taza de rocas y tres platos, con leones grutescos y vistosos escudos de armas municipales, se encuentra hoy más o menos en el sitio en donde estuvo antes el viejo camposanto colonial, dato tan desconocido para la mayoría de los santiaguinos que hormiguean por el céntrico barrio durante toda la luz de cada día.
A todo esto, dijimos que la Congregación de la Caridad de San Vicente de Paul siguió siendo propietaria del edificio de sencillo art decó de los treinta-cuarenta que forma la punta de diamante entre 21 de Mayo y Diagonal Cervantes, vecina a la sombrerería tradicional "Donde Golpea el Monito". Este edificio de un solo piso y otro más pequeño a sus espaldas, fue alquilado casi históricamente por comerciantes de lanas y artículos de tejido o de costura, volviéndose uno de los sectores más pintorescos de las ventas populares de la capital, con tiendas ostentando nombres tales como "El Palacio de las Lanas", "Lanas Dona", "La Calidad", "La Gioconda", "El Siglo" o "La Fortuna".
Sin embargo, en años recientes se avisó que sería vendida a una inmobiliaria el edificio de las monjas y estos famosos comerciantes debieron anunciar su retiro hacia octubre de 2016, pues se amenazó con poner fin a una larga y bella historia, que más de una congoja ha provocado, hasta con un acto de despedida ejecutado en esos días. Felizmente, sin embargo, la Congregación echó pie atrás en el último momento y desistió de concretar la venta, por lo que las lanas aún siguen vivas por allá.
Si acaso lograran a avanzar nuevos apetitos de inmobiliarias por este rincón de la ciudad, advertimos desde ya a quienes lleguen a ocupar lo que quiera levantarse sobre los escombros del actual edificio comercial, que quizás deban interesarse en saber que se hallarán sobre un lugar antaño reservado a las sepulturas de los desposeídos y los ajusticiados de la ciudad... Sólo como dato curioso.

5 comentarios:

  1. Gracias por tan incalculable antecedente histórico. Su labor es imprescindible para la cultura.

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  2. Gracias por tan incalculable antecedente histórico.

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  3. Maravilloso relato.
    ¡y quién sabe qué reliquias arqueológicas yacen durmiendo bajo la tradicional 21 de mayo!

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  4. Exelente aporte, de un archivo del cementerio general llegue por curiosidad a tu blog.

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Gracias por dejar su opinión en nuestro blog de URBATORIVM. La parte final de todas estas historias las completan personas como Ud.

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