sábado, 31 de marzo de 2018

LA IGLESIA DE SAN AGUSTÍN DE MELIPILLA: A PESAR DE TODO, AÚN EN PIE

La iglesia, cuando estaba en mejor estado (antes del terremoto 2010). Fuente imagen: Monumentos.cl.
Coordenadas: 33°41'11.5"S 71°12'38.9"W
A mediados de enero pasado, en la víspera de la controvertida y nada exitosa visita del Papa Francisco a Chile, cierto clan "iconoclasta" del lumpen nacional, no tuvo mejor ocurrencia que manifestar su desagrado por el arribo del pontífice, atacando durante la noche la antiquísima Iglesia de San Agustín de la localidad de Melipilla, con bombas incendiarias que quemaron parte de sus centenarias puertas de madera, obligando a colocar en su lugar una fea plancha como cierre. Fue sólo uno de los seis templos católicos que sufrieron similares agresiones.
Este atentado, sin embargo, sólo se suma al largo historial de daños y necesidades de reparaciones que ha sufrido y sigue sufriendo este templo de atractiva arquitectura, ubicado a sólo dos cuadras de la Plaza de Armas de Melipilla, en la provincia del mismo nombre, a 73 kilómetros de Santiago. Está más exactamente en San Agustín 277 (calle así llamada por la presencia del templo y sus claustros), haciendo esquina con Fuenzalida. Allí ha resistido los embates de la naturaleza y del tiempo.
Cuando Melipilla fue fundada el 11 de octubre de 1742, por el gobernador José Manso de Velasco y con el nombre inicial de Villa Logroño de San José (en honor a su ciudad natal en España), la Orden de San Agustín ya se hizo presente en el lugar. Manso de Velasco les cedió un terreno de 2.500 metros cuadrados, uno o dos años después, para que se trasladaran desde Santa Rita de Perquilauquén. La solicitud de cesión de la propiedad había sido formulada por el sacerdote Francisco de Aranívar, Prior Provincial de San Agustín.
Según el profesor e investigador melipillano Omar Carreño Pérez, el traslado de la orden se inició en 1746. En los terrenos destinados a los agustinos, además, estos levantaron una primera capilla, hacia 1749-1750, primer templo de Melipilla; y luego, establecieron el llamado Convento de Santa Mónica, en 1751, completando así el traslado desde Malloco hasta esta nueva ubicación. Allí estuvieron establecidos por todo lo que quedaba de la Colonia y recibieron al siglo XIX, en el mismo sitio que ahora está el complejo monacal.
Interior del templo, visto desde el sector junto al altar en el presbiterio. Fuente imagen: Subdere.gov.cl.
Vista de la nave única del templo, desde el coro hacia el presbiterio. Fuente imagen: Chileacus.cl.
Reapertura y bendición de los claustros del Convento de San Agustín, a espaldas de la iglesia (se ve su murallón agrietado, atrás), en mayo de 2013. Fuente imagen: Noticias.iglesia.cl.
Patio interior del convento, durante la ceremonia de reapertura tras su restauración, en 2013. Fuente imagen: Noticias.iglesia.cl.
En sus primeras décadas, este lugar había sido el centro activo del vecindario de la villa, ya que la plaza de armas no tenía por entonces la importancia comercial o urbanística de tiempos posteriores. Figuraba por esos años como cura interino don Juan de Lafarte, quien, además de la iglesia y una casa habitación en la plaza, recibió como donación una chacra anexa a la demarcación de la misma villa.
Años después, en 1893, un largo anhelo hasta entonces no cumplido en el monasterio por fin pudo ser satisfecho: la construcción de un mejor templo para el mismo, a un costado de los antiguos claustros coloniales, reemplazando a la vieja capilla colonial.
No hay datos sobre el o los arquitectos, pero el edificio levantado en aquella esquina es el mismo de hoy, básicamente: murallones de adobe de un metro de ancho, mismo material que el usado en el convento y los contornos de los patios. Está montado sobre sillería, constituyendo uno de los pocos ejemplos de la materialidad en adobe que quedan en pie entre las iglesias históricas chilenas. Destaca su torre-campanario al frente, de 23 metros de altura y muy visible desde el resto de la ciudad, especialmente cuando ésta era más bien baja, La torre está confeccionada en madera y latón, hecha en Italia. Pudo ser integrada al templo sólo a inicios del siglo XX, saltando a la vista que pertenece a otra época y factura que el resto del inmueble.
Estilísticamente hablando, se trata de un edificio de rasgos eclécticos, con elementos neoclásicos, neorrománicos y, en el caso de su torre, también neogóticos y neorrenacentistas. Predomina cierta simetría en el diseño, pero con algo de innovación para lo que era la tradición de edificios religiosos. Su interior es de sólo una sola nave de techo en abovedado de cañón, definida por su volumen rectangular angosto pero de buena altura. Carece de ábside, ocupando su lugar la sacristía, y tanto altar como presbiterio están delimitados por una fila de balaustras, con la imagen del Cristo en la cruz de fondo. La iluminación ingresa por arcos de medio punto.
Cabe indicar que este centro religioso fue de gran importancia para la fe no sólo de los habitantes, sino también para los peregrinos y los viajeros que iban hacia la costa, ya que Melipilla era la parada necesaria en la ruta a San Antonio o hacia Valparaíso por el antiguo camino de las cuestas. Y en su frente, a modo de atrio para la reunión y estación de los devotos, contaba también con una plazoleta verde que ya ha desaparecido, por desgracia, volviéndose plaza dura y diríamos que estéril, si no fuera por el par de arbolitos que la cuidan.
Todos los grandes terremotos que afectaron desde entonces a la Zona Central del país, castigaron con dureza al edificio del templo y a los añosos claustros de la manzana. El cataclismo ocurrido el 16 de agosto de 1906, por ejemplo, obligó a hacer reparaciones en el edificio a pesar de la corta vida que acumulaba hasta entonces. Todo el frente del templo terminó siendo reconstruido en albañilería de ladrillo, en aquella ocasión.
Sin embargo, poco después, en 1911, los agustinos fundaron el Colegio San Agustín de Melipilla, que originalmente ocupaba parte de estas mismas dependencias. Una placa de mármol colocada por los exalumnos del colegio en el cincuentenario de la fundación, en la fachada junto al acceso, recuerda desde 1961 este aniversario, con el mensaje: "Aquí se aprende a amar a Dios, a la Patria y a nuestros conciudadanos". El colegio, si bien ya no pertenece a la orden, siempre ha mantenido un vínculo histórico y emocional con la casa de San Agustín.
El funesto terremoto del 3 de marzo de 1985, fue todavía más cruel y causó enormes daños en el edificio y el convento. Hubo que organizar toda una campaña popular para poder restaurarlo y salvarlo de perderse reducido a escombros, gracias a la feligresía y al apoyo profesional del arquitecto Fernando Campino. Se procuró mantener el aspecto original del templo y no producir grandes alteraciones en el mismo, además.
Se estaban llevando adelante esas obras, cuando el 22 de junio de 1988, por Decreto N° 283, se declaró a la Iglesia y el Convento de San Agustín como Monumento Histórico Nacional, por tratarse ambas de "una de las pocas edificaciones de la época fundacional que permanece vigente en la ciudad". La cobertura de la declaratoria destacaba al edificio religioso principal con su característica torre, el patio central, los corredores interiores y los corredores exteriores. Hasta ahora, es el único inmueble con este título del Consejo de Monumentos Nacionales en Melipilla.
Cinco años duraron los trabajos de reparación, apoyados por los fondos de conservación de monumentos, hasta que fuera entregado a la comunidad el 28 de agosto de 1990, como lo recuerda una sencilla placa de mármol empotrada en la fachada, cerca del acceso.
Convertido así en un importante centro de actividad ecuménica, además de una de las atracciones para el turismo patrimonial de Melipilla, el terremoto del 27 de febrero de 2010 tampoco tuvo piedad con los 1.358 metros cuadrados construidos de la iglesia y los claustros, causando los quizás más graves daños que haya padecido hasta ahora y que obligaron a mantenerla cerrada desde entonces, por la debilitación de sus estructuras.
La situación fue enfrentada por el Ministerio de Obras Públicas, poniendo en marcha un proyecto de restauración y llamando a licitación, dos años después. Como miembro de la Comisión de Reconstrucción Diocesana, el arquitecto Campino volvería a participar de las demandas de trabajo. El 50% del financiamiento de la obra fue aportado por un fondo del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes.
El convento fue reabierto en mayo de 2013, y la iglesia parcialmente desde entonces, con un acto de apertura y bendición en el que participaron el Vicario Pastoral y Encargado de la Comisión de Reconstrucción, Presbítero Juan Carlos González, y Monseñor Enrique Troncoso Troncoso (coincidentemente, fallecido ayer a los 81 años de edad) además de autoridades políticas, educativas y representantes de la comunidad melipillana.
Si bien se descartó el riesgo de colapso, el estado del templo sigue siendo penoso y hasta peligroso en algunos puntos, en caso de serle asestado otro golpe telúrico. Hay daños evidentes en el edificio, con el desplazamiento de una de las columnas de la torre y, por sobre todo, los desmoronamientos de parte del muro que da hacia calle San Agustín, permaneciendo el adobe agrietado y desnudo, sin grandes partes de su revestimiento, amenazando con desplomarse hacia la calzada. Un par de carteles en este lugar advierten a los peatones del peligro de derrumbe.
A espaldas del templo, junto a sus muros muy dañados y cercados por vallas de seguridad, están las dependencias del Obispado San José de Melipilla, ocupando las dependencias del viejo convento. Tanto la iglesia como los claustros, pues, actualmente son utilizados y administrados en calidad de comodato por la Diócesis de Melipilla, de la Iglesia Católica de Chile.
Resulta necesario darle al edificio las reparaciones correspondientes, que aseguren la permanencia de este sitio y garanticen su resistencia a cualquier próximo terremoto que afecte la región. Sus 125° años de existencia a celebrar este 2018, dan una buena motivación para ello. Tenemos entendido que ya existen gestiones y trazas de proyectos al respecto, por lo que parte importante de la historia del templo está pendiente aún de escribir.

1 comentario:

  1. Espero que pronto sea reparada en su totalidad, esta iglesia es patrimonio de Melipilla. Algunas primas mías se casaron ahí, además, muchos de mis parientesr recibieron misa fúnebre en esta iglesia antes de partir al cementerio.

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