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jueves, 1 de febrero de 2018

BASÍLICA DE SANTA MARÍA DE ARACOELI: ORÍGENES, HECHOS Y LEYENDAS DE UN TEMPLO EN LA HISTORIA ANCESTRAL DE ROMA; LA ESCALINATA SACRA, EL SANTO BAMBINO Y OTROS DE SUS TESOROS

Templo de Santa María de Aracoeli y su gran escalinata. A la derecha se ven las antiguas viviendas romanas demolidas hacia 1882. A la izquierda, se distingue parte de las ruinas del ancestral templo pagano de la Colina Capitolina, en grabado italiano de 1833.
Coordenadas: 41°53'38.12"N 12°28'59.63"E
La Basílica de Santa María de Aracoeli (Santa Maria in Aracoeli) es una de las más conocidas de Roma, por hallase en la cumbre del célebre Monte Capitolino o del Campidoglio, allí en donde se concentra buena parte de la mitología e historia de la ciudad. En su interior, reúne una fastuosa cantidad de piezas, reliquias y objetos de inmenso valor, además de atraer en la devoción popular a mujeres, niños y familias completas, por las razones que ya veremos.
Hoy, la basílica y su entorno en el Capitolino es también uno de los sectores más visitados por los turistas llegados a Roma, lugar obligado diríamos, por estar a un lado de la Plaza del Campidoglio y de los extraordinarios palacios con los museos de la misma colina. El templo forma parte de este maravilloso conjunto de atractivos históricos, por la misma razón.
Llamada en sus orígenes Santa María del Capitolio (Santa Maria in Capitolo) y reconocida después como basílica titular, ésta es la iglesia formal del Senado y el Pueblo Romano (Senatus Populusque Romanus). Su nombre completo, desde la Edad Media, era Basílica de Santa María en Ara Coeli al Campidoglio, y su historia combina elementos provenientes de la época de la Roma pagana con la Roma paleocristiana, tocando tradiciones, misterios, folklore religioso y hechos históricos de entre los más importantes de la ciudad.
Da el asunto para un capítulo largo con este texto, por supuesto, pero el tesoro cultural constituido por la Basílica de Santa María de Aracoeli, lo merece.
El Héroe Malvius, repeliendo a los invasores del Monte Capitolino en el año 390 antes de Cristo. La leyenda dice que defendió el mismo Templo de Juno en donde se levantará después la iglesia cristiana, y que el primer edificio que ocupó ésta era uno dedicado a Malvius por haber tenido allí su casa. Grabado de Bartolomeo Pinelli, publicado en Roma hacia 1819.
Vista general del Campidoglio, con la escalinata que conduce al templo de Santa María de Aracoeli, a la izquierda del paisaje urbano del Capitolio. Se observa la fachada del templo de entonces, con algunos elementos desaparecidos en la actual. Grabado del artista Giovanni Battista Piranesi, del siglo XVIII.
Plaza del Campidoglio, con la Basílica de Santa María de Aracoeli a la izquierda, al Escalinata de Aracoeli y el Cordonata Canaletto. Pintura de Giovanni Antonio (siglo XVIII).
UN TEMPLO PAGANO Y "MONETARIO" ANTERIOR
La actual basílica estaría construida sobre un templo muy anterior, dedicado a Juno Moneta (Templum Iunonis Monetae), en la llamada loma de Arx del mismo monte Capitolino. La leyenda atribuía a Rómulo, además, la construcción de un desaparecido albergue, junto a aquel templo pagano. Debe recordarse que esta colina, adyacente al Foro Romano y al Campo de Marte, en otra época llamada también Monte Saturno, acogió alguna vez también al templo etrusco de Veiovis, además de los altares romanos de Tabularium, Gens Julia y los calabozos de Tullianum.
No hay claridad total de la ubicación del Templo de Juno Moneta, pues algunos autores indican que estuvo justamente en el lugar de la actual Basílica de Santa María de Aracoeli, mientras otros señalan que sólo ocupaba parte del mismo, al borde de la colina y en la escalera que existen entre el Foro Romano y la parte posterior del templo, hacia la Via di S. Piero in Carcere.
Juno Moneta, es decir, Juno la Avisadora, diosa del matrimonio, la maternidad y reina de los dioses, "patrona" del Estado, era parte de la trinidad conocida como Triada Capitolina, junto con Júpiter y Minerva, que reemplazó a la Triada Etrusca de Tinia-Uni-Minerva, y a una aún más arcaica de Júpiter-Marte-Jano. Su templo principal era el Júpiter Óptimo Máximo o Júpiter Capitolino, también en esta colina y al parecer muy cercano a la ubicación actual de la basílica.
Dicen cronistas romanos clásicos, como Livio y Ovidio, que el Templo de Juno Moneta estaba ubicado en la cumbre de la ciudadela de la colina por el militar, dedicado a la deidad por el estadista y dictador Camillus, y que antes había sido la casa del héroe romano y patricio Marcus Manlius Capitolinus, quien había enviado a los ejércitos galeses lejos de los altares del Júpiter Capitolino, evitando un intento de invasión al mismo.
Dicha historia, tocada por algunos historiadores de la época aunque con características de leyenda, señala que fue hacia el año 390 antes de Cristo, cuando los graznidos de los asustados gansos sagrados que paseaban alrededor del Templo de Juno Moneta, advirtieron a Manlius del ataque que en esa noche intentaban los galos, escalando por los murallones de la colina en donde se encontraba residiendo. Su resistencia a la invasión fue epopéyica, por lo que Camillus habría mandado construir el templo conmemorando este hecho, sucedido cuando comenzaron los enfrentamientos con las tribus sureñas de Aurunci.
Empero, hallazgos arqueológicos en jardines y patios del edificio actual, aportan un rigor histórico que riñe un poco con la leyenda: confirman que ya existía un templo anterior al de los tiempos del cónsul Manlius, además de los restos de una fortificación militar en la loma de Arx.
Este centro antiguo era el lugar en donde se inició la tradición de acuñar monedas en Roma, a partir del año 273 antes de Cristo, en un taller al lado del edificio de entonces, costumbre que se extendería después a otros templos bajo el patronato de Juno, cuya fiesta era el 1° de junio. Este régimen llevó a muchos personajes influyentes y adinerados de Roma a tratar de incluir en los cuños episodios prácticamente familiares, poniéndolos a la altura de epopeyas nacionales dignas de conmemorar, en algunos casos más relacionados con leyendas de clanes que con hechos históricos.
Más de cuatro centurias se estuvieron acuñando las piezas allí, hasta que el Emperador Domiciano decidió trasladar estas funciones hasta una casa de moneda ubicada a un costado del Coliseo, hacia fines del siglo I.
A su vez, la palabra moneda procede etimológicamente, de esta relación capitolina con Juno Moneta, como se desprende de lo escrito por cronistas como Ovidio, Marcial y Juvenal. Por su parte, Cicerón dice también que hay relación entre moneda y un verbo antiguo monere, referido al sacrificio expiatorio de una cerda preñada, en un terremoto de Roma.
En el antiguo templo de Juno se guardaba también el archivo conocido como  Libri Lintei, correspondiente a los registros de los cónsules elegidos anualmente, en un rango que va desde el año 444 a 428 antes de Cristo. Se anticiparon, por lo tanto, muchas de las características político-administrativas que después serán propias de este centro institucional instalado en la colina, más allá de sólo el rasgo religioso.
Se sabe también la basílica y el Templo de Juno, ocupaban el sitio conocido como el Auguraculum, es decir, la sede oracular de los monjes augures (Auguri), desde donde obtenían sus pronósticos mirando el comportamiento o vuelo de las aves. No hay continuidad clara entre el Templo de Juno Moneta y el Auguraculum, así que la cosa persiste como bastante nebulosa.
Es imposible no mirar con suspicacia las semejanzas de los cultos a Santa María de Aracoeli y el Santo Bambino del que ya hablaremos, relacionados con asuntos de maternidad y protección infantil, con el original de aquel primer templo consagrado a Juno Moneta.
Cuadro de Oswald Achenbach, siglo XIX. Se observa una gran procesión subiendo por la Escalinata de Aracoeli hacia el templo, y los desaparecidos inmuebles de la colina por el costado izquierdo.
La Escala de Aracoeli y el camino de la Cordonata hacia la Plaza del Campidoglio, en grabado de Giovanni Battista Piranesi del siglo XVIII.
Cuadro del artista danés Christoffer Eckersberg, con las escalinatas y el templo de Santa María de Aracoeli, hecho hacia 1815. Se observan los inmuebles del costado de la escalera, demolidos para la construcción del Altar de la Patria, y de los que quedan algunos restos.
La Escalinata de Aracoeli, en fotografía de Herbert List de 1949. Fuente imagen: Arquitecturaacontrapelo.es.
ORÍGENES MÍTICOS E HISTÓRICOS DEL TEMPLO CRISTIANO
De acuerdo a la famosa guía de la ciudad de Roma del siglo XII, titulada "Mirabilia Urbis Romae", el templo cristiano sería anterior al cristianismo, curiosamente.
Dice dicho documento que el edificio fue levantado en el siglo I antes de Cristo, en donde existió antes el Ara Primogeniti Dei de Augusto, conocido también como el Altar Augustiano, en el mismo lugar en donde la sibila Tiburtina profetizó en sus visiones al emperador, la llegada del Mesías, diciéndole: "Desde el Cielo vendrá un Rey con características de hombre que reinará por siglos y juzgará al mundo". Él quedó tan conmovido con el anuncio, que decidió levantar lugar de adoración allí, adelantándose cerca de un siglo al nacimiento del Rey de Reyes.
Si la leyenda descrita fuera real, entonces, el altar de este templo sería, acaso, el único del mundo de carácter cristiano pero anterior a Cristo. La misma tradición señala que está construido en el lugar en donde el emperador tenía su cámara de descanso o cuarto dormitorio, pues allí, tras la revelación de la ninfa, se le apareció una imagen onírica de la Virgen María con el Niño en sus brazos, mostrándole un altar y diciéndole: "Haec est ara fili Dei"; es decir, algo así como: "Éste es el altar del hijo de Dios", mensaje ante el cual se dejó caer de rodillas el soberano. Acto seguido, ordenó levantar un adoratorio alrededor, en la misma habitación, donde se cuenta que en la edad media se construyó el primer templo.
Dicho altar de Augusto, entonces, sería para la creencia el mismo de la actual iglesia, ubicado en el transepto. Allí se ven las imágenes de Augusto y Tiburtina pintadas a ambos lados, sobre el mismo. Llamado Altar del Cielo, es decir, el Ara Coeli, con el tiempo sirvió de nombre para la propia iglesia cristiana que allí se construyó en torno al altar: Santa María de Aracoeli, denominación oficial que recibió en el siglo XIV (en 1323, según la mayoría de las fuentes) y que mantiene hasta hoy. Otras teorías, sin embargo, suponen que Ara Coeli provendría de la corrupción del nombre Arx, que -vimos ya- recibe esta punta de la colina.
En términos más históricos, resulta difícil que se remonte dicho altar a los tiempos de Augusto, dado que Roma se convirtió oficialmente al Cristianismo recién en el siglo IV. Cuesta creer también que haya existido un altar oficial en algún templo remontado tantos siglos antes de esa época, por cierto. Sin embargo, debe observarse que en el siglo VI, la iglesia existente entonces ya se consideraba antigua, siendo levantado el primer edificio hacia aquella época según otros autores. Como sea, el templete del controvertido Altar del Ara Coeli fue reconstruido más tarde, con la estructura actual que data del siglo XIII.
Como se ve, la historia cristiana del edificio es incierta en sus orígenes, entonces. Aunque se cree erigida sobre el mencionado templo pagano de Juno o bien ocupando al mismo con algunas modificaciones, desde el año 574 había registros de la existencia de una abadía bizantina en este lugar, sometida a un exacta bajo el rito griego. Una leyenda dice que el primer templo fue fundado por Gregorio Magno en el 590, o antes inclusive, por Santa Elena, madre del Emperador Constantino.
Los rasgos primitivos del edificio proceden de aquel viejo período de sus orígenes. Empero, en el siglo IX la abadía y la iglesia pasaron a manos directas del papado, destinándosela a los monjes de San Benedicto. Éstas son las primeras noticias de la presencia de un monasterio benedictino, aunque existiese desde el siglo VI. Lo cierto es que, hacia el año 880, se hablaba ya de Santa María del Capitolio (S. Maria in Capitolio) en este mismo sitio, si bien las noticias de la existencia de un templo cristiano propiamente tal, aparecen hacia el siglo XII.
Como sea, el complejo pasó a manos de la Orden de San Francisco, hacia 1250 por orden de Inocencio IV, gracias a una bula emitida intentando superar los conflictos de intereses entre güelfos y gibelinos. Los franciscanos permanecieron en el lugar suficiente tiempo para introducirle varias modificaciones al edificio, dándole los rasgos románicos y góticos rústicos que aún conserva.
La Escalinata de Aracoeli y, atrás arriba, la basílica.
Fachada con el aspecto actual de la Basílica, sus tres entradas frontales y óculos.
Pasillo y entrada a las capillas de la nave izquierda. Se observa el estupendo piso.
IMPORTANCIA HISTÓRICA DEL LUGAR
El templo fue el más importante de la actividad romana durante la Edad Media, tanto civil como religiosa, en especial durante el intento republicano del siglo XIV. Aunque la instalación de sedes políticas y administrativas en el Monte Capitolino le hizo perder al lugar algo de su carácter sacro ancestralmente reconocido, en el siglo XI se la establece como comuna y la iglesia sigue atrayendo procesiones completas con su aura de fe popular.
Con relación a lo anterior, si grandes basílicas como la de San Pedro, de San Pablo de Extramuros o de San Juan de Laterano han sido más bien sedes majestuosas del poder papal, Santa María de Aracoeli es, desde sus orígenes, una sede de la religiosidad más popular romana y un punto de fusión entre la Iglesia de Roma con la ciudadanía devota, razón por la que es, por ejemplo, el escenario del Te Deum romano de acción de gracias de cada año.
En 1143, con el levantamiento romano  contra el Papa Inocencio II y la designación de Giorgio dei Pierleoni como Patricio, comenzó a usarse este lugar como lugar de la Iglesia y sus escaleras como centro de reuniones y debates. A partir de 1144, además, se convierte en la sede del Senado de Roma, y hacia fines del siglo XII se construye también en el lugar, el primer Palacio Senatorial. Durante el siglo siguiente, en 1341, fue laureado en el templo el poeta y humanista Francesco Petrarca, promotor de la unificación italiana y apologista de la relación hereditaria entre la Roma Imperial y la Cristiana.
Cabe observar que la misma colina experimentó varias veces las irritaciones y enfrentamientos políticos, durante el avance del control del papado sobre toda la ciudad, y los brotes de la resistencia ciudadana, con el capítulo del republicanismo liderado por Cola de Renzo, de quien tendremos más que decir sobre su relación con este sitio. Es presumible que varias veces se viera involucrada la iglesia en esta clase de asuntos.
Una gran remodelación de la colina comenzó en 1536, de alguna forma como consecuencia de las disputas de poder entre el papado y la corona. Correspondió al pontífice Pablo III dar inicio a la reforma planificada planificada por el artista renacentista Miguel Ángel Buonarroti. Fue entonces cuando se construyó el sendero escalonado principal de acceso a la plaza, conocida como la Cordonata, y que se pensó principalmente para quienes llegaban a caballo. Este sendero pavimentado quedó conectado al acceso de la pendiente hacia el templo, cuando los principales edificios palaciegos de la colina ya estaban allí, mismos que vemos en estos días.
Sucedió por entonces que, tras aplastar a la marina de guerra turca en la Batalla de Lepanto, el Almirante Marcantonio Colonna fue homenajeado en esta basílica, en 1571, con grandes actos públicos. Fue con ocasión de estos festejos que se construyó el artesonado y se pintó dorado el techo del edificio, como agradecimiento a la Virgen María, obras que se prolongaron hasta el año 1575.
A fines del siglo XVIII, sin embargo, durante la invasión francesa de 1797 y la breve República Romana, al templo se le desconoció su carácter sacro, fue convertido en establos de la caballería y los franciscanos fueron duramente perseguidos y expulsados. Se cuenta que las tropas napoleónicas maltrataron gravemente el lugar durante este período, destruyendo o robando la mayor parte de sus ornamentaciones y obras de arte. Pasada ya esta amarga experiencia, la iglesia comenzó a ser restaurada a partir de 1799.
Tras la unificación italiana y la coronación de Vittorio Emanuele II, en marzo de 1861, el barrio alrededor del templo acogió a cuarteles policiales y el convento pasó a ser propiedad del Estado. Un tiempo después, cuando comenzó a construirse el enorme edificio del Altar de la Patria o Vittoriano en 1882, muchos de los inmuebles del barrio del entorno acabaron demolidos durante las largas obras, incluyendo los que daban borde a un costado de la escalera de acceso al templo. Dicho edificio monumental sería inaugurado recién en 1911, con obras retomadas años más tarde para darle aún más espectacularidad.
Debe señalarse que la Basílica de Santa María de Aracoeli también es, hasta nuestros días, el lugar de celebración de las solemnidades navideñas de los cuerpos oficiales de Guardias del Palacio Papal, de la Milicia Urbana, de la Guardia Cívica de Primera Elección y de la Guardia Palatina de Honor.
Interior, nave mayor y columnas divisorias de la nave lateral derecha. Se observan las diferencias de origen y diseño entre la columnas de las arcadas.
El extraordinario trabajo de artesonado del techo, en la nave mayor.
Vista general de la nave mayor, desde el acceso hacia el presbiterio.
La nave mayor y las arcadas, desde el sector del Altar Mayor hacia el acceso.
CARACTERÍSTICAS ARQUITECTÓNICAS
En la práctica, el templo fue reconstruido casi completo por los franciscanos, a partir de 1250, en obras que sufrieron grandes contratiempos e interrupciones durante el período en que se ejecutaron. Se aplicó mucha materialidad de ladrillo en su construcción, pero también se reutilizaron algunos cimientos, murallones y elementos estructurales de antiguo edificio o fuerte que ocupa este lugar.
Exteriormente, sus antiguos rasgos románicos de simpleza y escasos vanos en alineación central resaltan al final de la pendiente por la que se sube hasta el edificio. Las ventanas-óculos de los costados, son de entre los últimos rasgos góticos exteriores que puede reconocerse en el edificio. En el tragaluz central se puede observar el escudo de los Barberini, además.
Se le agregó también una tercera entrada frontal que, según entendemos, no sería original, a pesar de la simetría que aporta;  y se le modificaron algunos detalles de la cara principal, aunque ya en el siglo XII, documentos de la abadía benedictina referidos a la llamada Iglesia de Santa María del Capitolio, describían tres accesos para el templo: la que recibe a los visitantes por la fachada y principal (unida al camino de la Cordonata), la lateral que conecta desde la Prisión Mamertina (lugar de detención de San Pedro, según la tradición) y el de la Puerta de San Teodoro hacia el Foro Romano.
En el pasado, esta fachada tenía frescos y mosaicos sobre sus muros, de los que sólo sobrevive parte de un mosaico en el tímpano de la entrada principal. Su proximidad al Altar de la Patria (terminado por fin en los años veinte), sin embargo, produce una percepción falsamente reducida de sus proporciones, desde algunos ángulos del paseo inferior y la Plaza del Campidoglio.
Interiormente, se trata de un templo en distribución de crucero, con nave principal con el fastuoso artesonado artístico de madera del siglo XVI, preciosas lámparas colgantes, y dos naves laterales con techo de bóvedas cruzadas y en donde se encuentran las capillas. Las naves están divididas por arcadas de medio punto.
Llama la atención que no todas las columnas que separan las naves sean de los mismos diseños y órdenes: esto, porque varias de ellas fueron recuperadas en entre ruinas de otros edificios anteriores destruidos, y reutilizadas acá. La abundante decoración de muros y altares convive entre el barroco y el gótico.
Sus suelos son de estilo cosmati, sobre los restos de la antigua ínsula romana que ocupaba este terreno. El conjunto primitivo dejó algunos restos aún visibles abajo, por el costado de la Via del Teatro di Marcello, enfrente de la Plaza D'Aracoeli. Los restos de una capilla o templo pequeño llamado Chiesa del San Biagio de Mercato y la propia ínsula, aparecieron en excavaciones de los años treinta, correspondiendo al primer barrio o ciudadela pequeña que creció alrededor del templo cristiano. Se conservan aún las intercepciones de las lápidas del siglo XIII, pero cabe comentar que el mármol de algunas criptas en los suelos, hoy está tan gastado por las pisadas de los visitantes, que las figuras allí esculpidas están lisas, por lo que se advierte en la entrada tener cuidado con los resbalones.
En el mismo recinto del templo se construyeron, en sus primeros siglos y con el aspecto que conserva, los claustros y dependencias secundarias que aún existen allí. El templete interior para el primer altar, al estilo de baldaquino, se construyó resguardando las reliquias de Santa Elena y el altar original del Ara Coeli. Fue levantado en el transepto pero ocupando alguna de las primeras etapas del templo cristiano, en donde estaba dicho altar augustiano, aunque debió ser reconstruido en 1833.
Durante la construcción del Altar de la Patria, las demoliciones de inmuebles del entorno alcanzaron a otras dependencias religiosas, algunas conectadas al edificio basilical, desapareciendo así la Torre Pablo III y restos de algunas etapas remontadas a tiempos romanos y medievales en los murallones y bases del lugar, especialmente las ubicadas entre el sector al Sur del cerro Capitolino y la Via del Corso. También desapareció lo que quedaba del primer convento dentro del conjunto.
Templete y baldaquino con las reliquias de Santa Elena y el Altar del Ara Coeli de la Edad Media, que la tradición atribuye al Emperador Augusto.
Altar mayor y presbiterio, en plena celebración de un matrimonio. Al centro del altar sobre el sagrario, el icono bizantino de la Virgen María.
Acercamiento a los detalles del cañón y las pinturas del presbiterio, al interior del ábside del edificio.
Vista lateral del Altar Mayor y presbiterio.
LA GRAN ESCALINATA
A la Basílica de Santa María de Aracoeli se accede por una larga escalinata, a un lado del camino hacia la Plaza del Campodoglio. Es llamada popularmente la Escalinata del Aracoeli y considerada otra de las escaleras sagradas de la ciudad, como la del Sancta Sanctorum en Laterano y la de San Miguel y San Mango, a metros del Vaticano. Por esto, antes más que ahora, había devotos que subían por ella en enormes procesiones, y otros de rodillas, como una forma agradecer o de pagar adelantadamente favores divinos o solicitudes de salud, bienestar, amor y maternidad.
Resulta curiosa la imponente estructura escalonada sobre la pendiente, propia de un flujo mucho mayor que el actual de gente, con turismo y todo, podría pensarse en una primera impresión. Una subida zig-zag y más estrecha podría haber sido igual de funcional y más económica, es de suponer; sin embargo, es preciso recordar que casi siempre hubo varios edificios y centros activos alrededor de este lugar, en el pasado, incluyendo un pequeño barrio y un mercadillo, por lo que la concurrencia ha sido históricamente intensa allí.
Habría sido el notario papal y tribuno Cola de Renzo (Nicola Gabrini) quien inauguró la escalera, en el período de la república, con diseño de Simone Andreozzi. Esto habría tenido lugar en 1348.
Se construyó la escalera con con mármol recuperado de las ruinas de la vieja escalera del Templo de Serapis en Quirinale, que estuvo ubicado entre las actuales Piazza della Pilotta y la Piazza del Quirinale, aunque otras fuentes señalan que se empleó también mármol tomado del Coliseo. Unos 5.000 florines costó esta enorme obra, pagados por la ciudadanía romana, voluntaria y entusiasmadamente, según se recuerda.
Suele recalcarse que la escalera se construyó en los días de la plaga de peste negra, pero desconozco si esto se debió a la necesidad de los afligidos concurrentes de subir hasta el templo a pedir por la protección divina ante la calamitosa plaga. Según parece, se trataría más bien de una ofrenda a la Virgen agradeciéndole acabar con la peste, pues las versiones populares en Roma indican que se hizo para mostrarle gratitud al final de la plaga, que se juzgó superada por su intervención.
Irónicamente, Cola de Renzo, el promotor del "buen Estado" administrativo en tiempos de la decadencia de Roma e inaugurador de la escalera según el folklore, sería ejecutado por decapitación en la misma, durante las revueltas y sediciones de 1354. Una estatua recuerda allí el lugar aproximado en  donde fuera muerto.
Según la declaración unánime de las fuentes que consulto, serían 124 los peldaños de esta gran escalera, aunque creo haber contado más, tal vez porque la percepción se altera con la agitación y el esfuerzo. Una leyenda dice que quienes quieran sacarse la lotería o concursos parecidos, deben subir todos esos escalones invocando los nombres de los tres Reyes Magos y recitando De Profundis o el Avemaría, por las almas en el Purgatorio. Todo indica que esta creencia fue muy generalizada en algún período de la vida de Roma.
La enorme secuencia de escalones, en tiempos de la Edad Media era también un lugar usado como foro para discusiones, charlas o discursos ante el pueblo romano, además de anfiteatro para presentaciones menores. Se llenaba también cuando habían asambleas en el templo, casi como una prolongación plebeya del espacio para el público concurrente a estos encuentros políticos. El sector de su acceso también fue utilizado para ejecuciones públicas de criminales, en algún período.
Los mercaderes y modestos campesinos del siglo XVIII que llegaban a Roma a vender sus cargas, solían quedarse durante las noches en esta escalera, lo que incomodó mucho a la aristocrática familia Caffarelli, residente del mismo barrio del Campidoglio, quienes intentaron desalojarlos desde allí. Al no encontrar forma de persuadirlos de irse, procedieron a la fuerza, pero tampoco resultó. Según la creencia, el príncipe de la familia, ofuscado, una noche en que los comerciantes dormían en los escalones, arrojó rodando desde lo alto en el templo unas pesadas barricas llenas de piedras, que además de causar estragos con heridos y hasta muertos, logró convencer de salir de allí a los mercaderes.
Otra gran escala se encuentra en la sección lateral posterior del templo, pero no llega a la majestuosidad monumental ni a la prueba de esfuerzo físico que la principal, situada de cara al edificio. Esa segunda escala es llamada Clivo degli Argentari y sube desde la Prisión Mamertina, orientada hacia la Suburra, más próxima a la Plaza del Campidoglio.
Vieja postal religiosa con el Bambinello original de Aracoeli, con una plegaria para su imagen escrita al reverso. Imagen de la figura original, robada en 1994, hoy reemplazada por una réplica.
Acceso a la sacristía y a la capilla del Babinello de Aracoeli.
Altar del Santo Niño o Bambinello de Aracoelli.
Acercamiento a la imagen del Santo Niño, copia de la original sustraída en 1994.
Pintura con escena del Pesebre de Belén, dentro de la capilla del Santo Niño.
Vista de la sala octogonal del Santo Niño de Aracoeli. Al lado del altar, una caja con peticiones de los devotos.
EL SANTO NIÑO O BAMBINELLO DE ARACOELI
A fines del siglo XV, una atracción adicional que sumó a la Basílica de Santa María de Aracoeli: el llamado Santo Niño de Aracoeli, Santo Bambino o Bambinello, curiosa representación del Niño Dios, tallada por un franciscano en un trozo de madera de uno de los árboles del Monte de los Olivos de Getsemaní, en Jerusalén, con rasgos muy infantiles, casi de neonato. La tradición dice que el fraile no tenía suficientes pinturas para completar la tintura de su figura, pero que ésta fue terminada por intermediación de un ángel, primero de varios prodigios sobrenaturales atribuidos a la misteriosa imagen.
Otro milagro relacionado a la figura está en su propia llegada Italia: cuando el franciscano venía con ella de regreso a su patria, una feroz tormenta atacó al navío en el camino, viéndose en necesidad de arrojar al mar la caja en donde venía la figura. Sin embargo, llegar al puerto de Livorno, se descubrió que la caja habría venido también con ellos, flotando tras la estela de barco. Esta noticia provocó gran júbilo y atención de los creyentes en Roma, que comenzaron a venerarla no bien llegó a Santa María de Aracoeli.
La figura, hoy ubicada en una capilla, motivó peregrinaciones hasta este templo, pues se la tenía por una estatuilla altamente milagrosa y cumplidora con sus fieles. Muchas embarazadas y madres llevaban a sus niños hasta enfrente de esta figura, para consagrarlos al Santo Niño, e incluso realizaban sacrificios personales como subir las escaleras gateando para presetarse ante ella. Por la generosidad que se le atribuye en conceder favores, el Santo Niño acabó envuelto por los exvotos y las ofrendas, muchas de gran valor, que incluían oro, gemas y piedras preciosas.
Sin embargo, varias veces le fueron sustraídas al Niño dichas dádivas y agradecimientos. Y durante las revueltas de 1798, un romano logró sacar y esconder la imagen salvándola del saqueo y del fuego del ejército napoleónico, siendo apresado por eso; según algunas versiones, ejecutado. El rescate de la imagen también fue tomado por algo divino, y la fama de la misma llegó a ser internacional.
Filas de personas en la Colina Capitolina pedían verla, o solicitaban que le fuera llevada a la cabecera de los enfermos. Conciente de la fama del Santo Niño de Aracoeli, entonces, el Papa León XIII y el Capítulo Vaticano decretaron la coronación formal de la imagen, realizada el 2 de mayo de 1897.
La figura permaneció largo tiempo en una nave izquierda, en la Capilla del Presepio de la que ya hablaremos más, abajo. En febrero de 1994, sin embargo, el Santo Niño original fue robado desde la basílica. Jamás pudo ser recuperada la figura auténtica, por lo que se instaló en la capilla una copia de la imagen en la Noche de Navidad del año siguiente, cubierta de joyas, en una sala octogonal con bóveda, vecina a la sacristía, al fondo a la izquierda del transepto, conocida como el Belén de Navidad.
Se accede a dicha sala por un pórtico en cuyo dintel se ve una gruta con la imagen de San Sebastián, y en su interior hay hermosas obras de arte, como un cuadro del nacimiento del Niño Dios. Existe en el lugar un gran candelero para las ofrendas de velas y una caja transparente, en la que los devotos dejan papeles con las peticiones escritas al Santo Niño, al momento de hacer sus plegarias.
El Santo Niño sigue siendo bastante popular y toma especial protagonismo en la Nochebuena de cada año, cuando es sacado de su vidriera y colocado en un trono propio del monumental pesebre, ante el altar mayor, donde se recitan himnos y sermones, con mucha participación infantil en estos eventos.  De hecho, en el pasillo de la nave principal hay un pequeño púlpito metálico, en el que es costumbre que los niños reciten poemas de Navidad antes de hacerlo en sus propias casas, como una suerte de ensayo.
La comunidad asiste masivamente al atardecer del Día de la Epifanía, cuando se da la bendición de la imagen del Santo Niño de Aracoeli, el querido Bambinello de Roma.
Capilla de San Miguel Arcángel.
Capilla de San Bernardino de Siena.
Capilla de San Francisco Solano y de la Inmaculada.
Capilla de Santa Margarita de Cortona.
Capillas de  Santa Rosa de Viterbo (izquierda) y de San Francisco (derecha).
LAS CAPILLAS DEL TEMPLO Y SUS TESOROS
Son varias las capillas distribuidas dentro de la Basílica de Santa María de Aracoeli, algunas de ellas surgidas de subdivisiones de otras o de adiciones no originales al edificio. Están repartidas por los costados de ambas naves y en el transepto.
Nueve de estas capillas están por este lado, en la nave izquierda, y corresponden a las siguientes:
  • La Capilla de la Inmaculada Concepción, de mediados del siglo XVI, antes Capilla de San Francisco Solano. Fue donada por Paolo III Farnese a Gregorio Serlupi (su escudo de armas se observa en la cúpula), con frescos manieristas atribuidos a Francesco Pichi. En ella se encuentra un muy bien conservado órgano, construido por Johannes Conrad Werle en 1725.
  • La Capilla del Presepio, de la segunda mitad del siglo XVI, que recibiera serias alteraciones al demolerse parte de la misma para abrirle espacio al vecino Altar de la Patria. Sus figuras fueron donadas por el Duque Grazioli en 1863, y habían sido expuestas antes en el Palazzo Grazioli.
  • Capilla de San Antonio de Padua, hecha con aportes de la familia Albertoni (la misma de la Beata Ludovica Albertoni) y después patrocinada por los Paluzzi. En ella están las tumbas de la familia y el fresco "San Antonio" del artista Benozzo Gozzoli, sobre el altar. Hay otras obras del siglo XVI pertenecientes a Niccolò Trometta (da Pasaro) y de Muriano.
  • Capilla de Santa Ana, que debió ser repintada y restaurada en el siglo XIX.
  • Capilla de San Pablo, hecha con aporte de la familia Della Valle, donde el artista Pomarancio dejó pintados pasajes de la vida de San Pablo.
  • Capilla de la Ascensión, hecha tras segregar parte del espacio la anterior por voluntad de Vittoria Orsini Frangipani, esposa de Camillo Pardo Orsini. Se observa en ella un busto atribuido a Martino Longhi el Viejo, pero algunos le identifican más bien el estilo de Pier Paolo Olivieri.
  • Capilla de San Miguel Arcángel, que ha tenido varios propietarios a lo largo de su historia: los Tebaldeschi, los Ognisanti y los Mancini, siendo el último de ellos Marini-Clarelli, que reutilizaron las sepulturas y retiraron los retratos que había de dueños anteriores del mismo espacio. La principal imagen es la de San Miguel derrotando al diablo, del siglo XVII.
  • Capilla de Santa Margarita de Cortona, con dos pinturas laterales de 1732 mostrando escenas de la vida de la santa, hechas por Marco Benefial. También ha sido la Capilla de San Bartolomeo, patrocinada por las familias Rossi y Boccapadulli. El altar es obra de Sales, en 1827, y la pintura "Conversión y muerte de Santa Margarita" es de Benefial, de 1732. Se observa el pavimento cosmatesco en buen estado, y reluce una imagen escultórica de la santa con corona, cuidadosamente iluminada, dentro de una caja de cristal.
  • Capilla de la Virgen de Loreto, que pertenecía en sus inicios a la familia Colonna, con frescos de Marzio Ganassini. Tenía un gran mosaico del siglo XIII que después fue trasladado hasta el Palacio Colonna.
En la nave derecha y su fondo, en cambio, encontramos las siguientes capillas:
  • Capilla de San Bernardino de Siena, conocida también como la Capilla Bufalini, por el apellido de la familia que la tomó celebrando la paz entre su clan y el de los Baglioni de Perugia. Es una de las más antiguas y valiosas, remontada al siglo XV. Destacan en ella los frescos de Pinturicchio con pasajes de la vida de San Bernardino, hechos hacia 1485, además del piso cosmatesco muy bien conservado. El fresco de la pared de fondo ocupa prácticamente toda el área del muro, con San Bernardino recibiendo la Gloria con la divina coronación de los ángeles. Cabe añadir que la basílica resguarda entre sus reliquias, una tablilla con el monograma de Jesús que perteneció a San Bernardino y que él usaba para predicar la devoción por el Santo Nombre de Jesús.
  • Capilla de la Piedad, en donde destaca un altar y una obra de La Piedad de Marco Pino da Siena, del siglo XVI. En sus muros laterales hay frescos de Pomarancio, también de aquella centuria, con un extraordinario piso cosmatesco.
  • Capilla de San Jerónimo, también con grandes pinturas murales.
  • Capilla del Crucifijo, con una venerada escena del calvario.
  • Capilla de San Mateo, con pinturas de Gerolamo Muziano mostrando al santo acompañado de un ángel. Estaba destinada originalmente a San Luis de los Franceses, antes de quedar encargadas dichas obras a Caravaggio.
  • Capilla de San Pedro de Alcántara, aunque comparte el espacio con la adoración a San Estéfano. Ha sido patrocinada por las familias Margani, Benzoni, Mandolini y De Angelis. Hay en ella un altar en donde se ve la escultura del santo franciscano en el Éxtasis, acompañado por dos ángeles que levantan una cruz, obra de Michel Maille en el siglo XVII, autor también del óvalo en la pared lateral. La capilla fue obra del arquitecto barroco Giovanni Battista Contini, en la misma centuria. Allí se ve pintada la Gloria del santo, por Napolitano. Hay imágenes de San Raniero y San Estéfano en los muros, y trabajos de estuco de Cavallini.
  • Capilla de San Lorenzo y San Diego, con retrato de ambos santos.
  • Capilla de San Pascual Baylon, en la que se descubrió en nuestra época un fresco de fines del siglo XIII, donde aparecen la Virgen con el Niño, San Juan Evangelista y San Juan Bautista, posible obra de Pietro Cavallini y Jacopo Torriti.
Finalmente, en el transepto podemos encontrar dos capillas más posteriores:
  • Capilla del Bambinello o del Santo Niño de Aracoeli, de la que ya hablamos en el subtítulo anterior, ubicada en el mismo pasillo que conduce a la sacristía.
  • Capilla de San Gregorio Magno, situada entre el pasillo de la sacristía y el presbiterio, en donde se observa un lienzo sobre el altar, obra de Vincenzo Milione de 1771. En este espacio, está sepultado el compositor Emilio de' Cavalieri.
  • Capilla de Santa Rosa de Viterbo, dispuesta al fondo por el lado derecho del transepto y con entrada de frente al pasillo de la nave de este lado. Se impone la imagen de la santa italiana sobre el altar, con una diadema de luces a modo de aureola. La escoltan artísticas figuras de arcángeles.
  • Capilla de San Francisco, dispuesta al finalizar de la nave derecha. Destaca en ella la gran pintura del santo, con otras obras alrededor recreando pasajes de su biografía. Cuenta con un oratorio propio.
Desgastadas criptas del piso, sector nave izquierda.
Monumento funerario del Cardenal D'Albret, de Andrea Bregno, 1465.
Escultura de mármol de Gregorio XIII, obra del escultor Olivieri.
RELIQUIAS, ARTE Y OTROS TESOROS
Como suele suceder con las principales iglesias de Roma, los tesoros artísticos y relicarios de la basílica resultan de incalculable valor para la Iglesia y para la ciudad, no sólo los que pueden verse en las capillas.
Se destacan, por ejemplo, pinturas de enorme valor, como  "La Transfiguración" de Girolamo Siciolante da Sermoneta, además de los frescos de Pietro Cavallini (queda sólo uno, de varios que hubo allí) y otras obras de Giulio Romano, entre muchas maravillas más. Reluce también la imagen de la Virgen María bizantina en el Altar Mayor y un monumento sepulcral hecho por Arnolfo di Cambio, entre otras innumerables piezas.
También está en situación destacada la cripta de Giovanni Crivelli, Archidiácono de Aquilea, hecha por Donatello a un lado del portal de acceso sin coro, aunque originalmente ésta estaba en el piso. Tiene por vecino al monumento funerario del Cardenal Louis (Ludovico) d'Albret, obra de Andrea Bregno de 1465. Sobre ella está una conocida placa conmemorativa alusiva al Papa Urbano VIII, con una calavera alada representando al ángel de la muerte, obra curiosa y de mucha atención para las cámaras fotográficas de los turistas. Al reverso de la fachada está también el escudo de Urbano VII, con las características tres abejas símbolos de esta familia Barberini, obra en la que habrían estado involucradas las manos de Bernini.
En el Altar Mayor, de grandes proporciones y finísima factura rematada por ángeles y un relicario, se encuentra el venerado icono bizantino de la Virgen María ya mencionado, que data del siglo X-XI y que es conocido como la Madonna de Aracoeli. Hay una alusión directa a Gregorio XIII al final de este altar: un dragón, su emblema familiar de Boncompagni, pues fue en su papado que la iglesia recibió importantes trabajos de mejoramiento del siglo XVI. También hay una gran estatua de mármol del pontífice en el sector del pasillo lateral, obra de Pier Paolo Olivieri.
Al costado del mismo Altar Mayor y vecino al presbiterio de cañón colmado de frescos y estucos artísticos, está a la derecha el Altar del Sacramento, otro espacio de cautivante belleza dentro del conjunto, y en el mismo lado derecho del transepto, destaca un monumento funerario esculpido por Arnolfo di Cambio, hacia finales del siglo XIII.
Las reliquias de Santa Elena, la madre del Emperador Constantino el Grande, están resguardadas en esta iglesia, además de algunas pertenecientes al Santo Sepulcro. Se encuentran en el templete adicional que se le construyó allí, en el siglo XIX, cerca del púlpito, a la izquierda del transepto. Se levanta este baldaquino sobre un altar medieval que puede verse a través de un cristal, mismo que la leyenda identifica con aquel en donde el Emperador Augusto tuvo su visión, como dijimos en la entrada anterior sobre esta basílica.
En este mismo lado del transepto izquierdo, se encuentra la tumba del Cardenal Matteo d'Acquasparta, Embajador de Bonifacio VIII y Ministro General de los Frailes Menores, fallecido en 1302. Esta monumental obra fue construida por Giovanni di Cosma, y la acompaña un fresco de la Virgen con el Niño y los Santos, atribuido a Pietro Cavallini.
También relucen el Púlpito de las Epístolas y el Púlpito del Evangelio, obras firmadas de los artistas Lorenzo y Jacopo di Cosma, del siglo XIII, ubicadas al final de las arcadas de las naves. En este último púlpito, está también la piedra de la cripta de la Reina Caterina de Bosnia, fallecida en 1478. La pilastra en que se encuentra, tiene un altar dedicado a San Juan de Caspitrano, erecto por Guidotti en 1682.
En la nave, en la cuarta columna a la izquierda, está el Altar de la Virgen del Refugio, hecho bajo influencia de la Escuela de Viterbo del siglo XV. Muestra a la Virgen María con el Niño en sus brazos. Enfrente de ella está el Altar de San Giacomo della Marca y, más al fondo, tras las últimas columnas, se observan dos hermosos cosmateschi pergami de principios del siglo XIII, atribuidos la mano y talento de Cosimo di Lorenzo Cosma y su hijo Jacopo.
Debe recordarse también que la basílica cuenta con dos imágenes canónicamente coronadas dentro de ella: en el Altar Mayor, la de Nuestra Señora de Mano de Oro de Aracoeli (Nostro Signora di Mano di Oro di Aracoeli), coronada en 1636; y en la sala lateral de la Sacristía, la del Santo Bambino de Aracoeli, del que ya hablamos.
Una curiosidad es que, pasado el centro de la fila de capillas de la nave derecha, se conserva la antigua entrada que daba hacia el Campidoglio, conectando con la escalera entre el Convento y el Palacio Nuevo. Aunque no es una capilla, ha sido habilitado este espacio como lugar devocional con una representación de la Virgen con el Niño en su luneta, obra atribuida a Jacopo Torriti. Y por el pasillo hacia el exterior, se encuentra la tumba de Cecchino Bracci, fallecido con sólo 15 años en 1545, obra diseñada por su amigo Miguel Ángel, a solicitud de la familia. Le acompaña la tumba de Pietro Manzi, Obispo de Cesena, obra de Andrea Sansovino ejecutada en 1504.
Inicialmente, había en el templo un pequeño órgano de pórtico construido en 1583 por Darío de Mezzana, reemplazado en 1585 por uno doble más grande, por orden del Papa Sixto V, que quedó ubicado cerca del crucero, en la pared derecha de la nave central. Era un órgano grande y un tergal positivo, hecho en dos etapas: primero por Domenico Benvenuti y terminado por su hijo cuando murió, y luego por Fivizzano Francesco Palmieri. En 1595, Luca Blasi introdujo la primera de varias modificaciones que se practicaron al órgano, hasta buena parte del siglo XVII, retocado varias veces durante el siglo siguiente por maestros como Giuseppe Catarinozzi y Giacomo Alari.
El descrito órgano fue retirado en 1692, y se cree que pudo haber sido colocado en la pared a la izquierda del transepto. Fue con motivo del Jubileo de 1850 que los hermanos Martinelli de Fratta de Perugia serían los encargados de construir otro órgano, inaugurado el 22 de febrero de 1848, atrás del Altar Mayor, por Carlos Torlonia. Fue ampliado después con mejoramientos y un tercer teclado, por Enrico Priori, en 1863, siendo restaurado en los preparativos del Jubileo de 1900. Sin embargo, acabó reemplazado por uno nuevo en 1926, fabricado por la casa Tamburini di Crema. Aún permanece funcional dentro del templo.

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